Podría haber descargado su frustración en un enano, pero por suerte tenía las camisas más a mano. En un abrir y cerrar de ojos quedaron reducidas a prácticas tiras, para gran preocupación de los enanos, que sólo oían a Ana rasgar tela con mucha furia y refunfuñar algo que no alcanzaban a entender, pero que definitivamente no sonaba muy amable.

Y como la chica no quería enfrentarse a preguntas, y la verdad es que estaba bastante tronchada por sus aventuras y su visitante mensual, pues decidió echarse a dormir allí mismo sin darle explicaciones a nadie, y que los demás hicieran lo que quisieran. La Compañía se quedó mirando un buen rato el fortín de sacos tras el que se había escondido, esperando que saliera o que al menos diera señales de vida, pero cuando empezaron a oír los ronquidos vieron que era un caso perdido. Gandalf aprovechó para explicarles, fiel a su particular estilo, que el oso que había estado a punto de devorarles era su anfitrión. Nada, oye, la cosa más normal del mundo. Al cabo de un rato de flipar en colores y hablar entre ellos, se echaron a dormir también, a falta de nada mejor que hacer. Son gente práctica, no les hace falta mucha ayuda para asimilar las novedades.

A la mañana siguiente, Ana se despertó rodeada de un angelical coro de ronquidos, y la muy sinvergüenza empezó a chistarles para que se callaran. Era de esas personas que no soportan los ronquidos de los demás, pero que jamás reconocerían que ellas también roncan. Qué hipocresía. Los allí presentes debían de estar todavía bajo la influencia de la MMS, porque no se quejaron ni le tiraron el objeto arrojadizo más cercano a la cabeza por tener la desfachatez de despertarles con tan mala educación, que es lo que habría hecho cualquiera. Y es que en todas las realidades alternativas y no alternativas molesta mucho que le despierten a uno, oiga. Sin embargo, la Compañía se contentó con desperezarse tranquilamente y arrancarle las mantas de encima a Ori (que era un fiel creyente y practicante del culto de los "cinco minutitos más").

Ana aprovechó para asegurarse de que las camisas estaban en su sitio cumpliendo su función, y luego emergió de su fortaleza dispuesta a enfrentarse a lo que fuera. Ninguna notita de ese creído de Melkor iba a poder disuadirla de su renovado propósito de revertir la MMS. Por muchas tonterías que tuviera que soportar en el intento. Para ir empezando la mañana, se le ocurrió que no estaría de más cuestionar las acciones recientes de cierto mago:

- Vamos a ver, Gandalf, ¿tú te crees que es normal que tengamos que huir de un puñetero oso gigante y encima asaltemos la casa de algún pobre leñador aleatorio? ¿De qué vas?

Gandalf se limitó a sonreírse y mandar un par de anillitos de humo en dirección a Ana, porque así era él. Prefería dejarles las explicaciones a los demás mientras él se fumaba sus sustancias cuestionables y se echaba unas risas a su costa. Hay que quererle tal y como es.

- Señorita Ana, no estamos en casa de ningún leñador. El oso al que usted se refería es nuestro anfitrión- intervino Dori, viendo que nadie se dignaba a contestar.

- Aaaahhh, ya, claro. Ahora resulta que los osos tienen casas. ¿Y qué más, eh? Ahora me diréis que los ponis hablan y los pájaros se reúnen para tomar el té, ¿no?

- Señorita, es la verdad. Nuestro anfitrión es un cambia-pieles, según Gandalf. Adopta la forma tanto de hombre como de oso, según le conviene.

- Ah, pues nada, estupendo, oye. Vayamos tranquilamente a colarnos en la casa de un puto loco que se transforma en una bestia asesina, eh, todo muy normal, claro que sí.

Ana no ponía en duda la existencia de tal criatura, al fin y al cabo, si existían en este mundo cosas tan rematadamente feas como el Gran Trasgo, pues un señor que pasaba sus ratos libres transformado en oso tampoco era tan raro. Qué va. Le preocupaban bastante más las tendencias asesinas del susodicho, para qué engañarnos:

- ¿Gandalf, se puede saber en qué estabas pensando? ¿Y es que a todos vosotros os parece esto normal?

- Era nuestra única opción, joven. ¿Cuestionas mi buen juicio?

- Nooo, qué va, lejos de mí hacer tal cosa… - respondió ella, con todo el sarcasmo que fue capaz de condensar en tan pocas palabras. A Gandalf hay que reconocerle que es un tipo perceptivo, así que seguramente se dio cuenta de que le estaban faltando al respeto, pero la verdad es que Ana había llegado a hacerle bastante gracia. Le gustaba reírse de ella tanto como a ella reírse de él. Así que lo dejó pasar, y en vez de dignarse a responderle se dirigió a poner orden en el resto de la Compañía. Se ve que los dejas cinco minutos sin vigilancia y se ponen a discutir como unos descosidos, es parte de su encanto. El caso es que Gandalf tenía un plan pensado a medias para presentar a toda la Compañía sin abrumar a su amabilísimo y nada homicida anfitrión, y empezó a explicárselo a todos para hacerles callar. Según entendió Ana, la cosa consistía en aparecer por allí de dos en dos cuando Gandalf hiciera una señal. Encima, el cabroncete del mago tuvo la desfachatez de decirle a Bombur que él mejor fuera solo, que valía por dos, y ya iba Ana a tirarse a la yugular del mago por llamar gordo al pobre Bombur cuando vio que el enano ni se ofendía ni nada. Se ve que era un enano bien seguro de su imagen corporal, deberíamos todos aprender de él.

Así las cosas, el mago se fue con el pobre Bilbo (que parecía un poco asustado porque era el único con un poco de sentido común, hay que reconocerlo), dejando a todos los demás preguntándose cuál sería la puñetera señal.

Había opiniones para todos los gustos, y como los enanos al parecer seguían sin ver problema alguno con el hecho de ir tranquilamente al encuentro de una bestia salvaje, Ana no puso pegas a que fueran saliendo todos como les viniera en gana. Al fin y al cabo, si al bicho le entraba hambrecilla, pues mejor que se comiera a un montón de enanos antes que a ella… o eso se decía, aunque en el fondo estuviera preocupada por los demás. Estuvieran bajo los efectos de la MMS o no, compartir aventuras une mucho, oye. Así fue como, mientras ella estaba demasiado ocupada mirando por las rendijas a ver si se estaba produciendo una masacre o no y mordiéndose las uñas de los nervios, se quedó a solas con Thorin. Hecho que, en un principio, no debería ser alarmante. Al fin y al cabo, el Rey de las Miradas Despectivas había sido uno de los más moderados en cuanto a su comportamiento hacia ella más allá de mirarla mal, lo cual bien mirado hasta era medio normal teniendo en cuenta lo mucho que a la chica le gustaba vacilarle. Quizá su sangre real le protegía de hacer demasiadas tontunas (aunque a sus sobrinos no pareciera protegerles mucho), quizá su trágico pasado y sus responsabilidades de líder le hacían algo más inmune a los efectos de la MMS, o quizá es que simplemente tenía la misma expresividad que una patata y nunca sabías lo que le pasaba por la cabeza. Sin embargo, esta vez Ana encontró motivos para empezar a preocuparse cuando se fijó en el susodicho echándole la mirada más intensa que nadie le había echado hasta la fecha. Entre tanto pelo y esos ojos tan penetrantes que tenía el rey, a la chica le pareció que o bien quería matarla a ella y a toda su familia o bien se encontraba un tanto indispuesto así de golpe. ¿Sería esto una broma de los diosecillos? ¿Se habría acabado de golpe el efecto protector de la MMS y Thorin había entrado en razón y querría eliminar a esa extraña de su Compañía? A Ana no le pareció sabio quedarse a averiguarlo, por si acaso, sino que eligió el mal menor y salió escopetada de ahí seguida de cerca por Thorin. Y le habría ido bien, si no fuera por una de las muchas diferencias muy notables entre ellos. Ella tenía tirando a poca gracilidad y todavía menos elegancia, más o menos las mismas que un tubérculo, así que mientras él salía de su trance y desfilaba con majestuosidad por los pocos metros hasta donde estaba Beorn, ella se tropezó con un obstáculo invisible y cayó al suelo de bruces. Cosas de la vida.


En ese preciso instante, la puerta de cierta taberna cósmica se abrió de sopetón y entró jadeando Gandalf, como si se hubiera echado una buena carrera. Melkor paró la película, tanto porque le hacía gracia la imagen de Ana inmóvil en el aire a punto de estrellarse contra el suelo con la cara desencajada en preparación para el impacto, como porque preveía risas a costa del recién llegado mago. Hay que ver, parece que pudiera predecir el futuro, este hombre.

- ¿Qué pasa, Gandalf? ¿Huyendo del mal de amores? ¿O de algún marido celoso quizás?

- … no quiero hablar de eso.

- ¿Y a Elrond dónde te lo has dejado, eh?

- Tampoco quiero hablar de ese bastardo chivato.

Dicho lo cual, el Señor Oscuro Primigenio empezó a reírse como si no hubiera un mañana, para consternación y mayor enfado del mago. En el fondo por muy villano que sea Melkor tiene gustos sencillos, hay que quererle.

Pero el descrédito de Gandalf estaba lejos de quedarse ahí, no os vayáis a creer. La Compañía allí presente eligió ese preciso momento para contarle la desorganizada actuación de su alter ego con Beorn, y para recordarle que en la pantalla se le veía…asustadillo, cuanto menos.

- Sí Gandalf, no recuerdo yo haberte visto tan nervioso en nuestro tiempo – dijo Dwalin, socarrón a más no poder.

- Y además, nosotros nos organizamos mucho mejor. ¡Y no nos colamos ilegalmente en casa de Beorn primero! – le apoyó Balin.

- Y por lo menos a nosotros tuviste la decencia de decirnos cuál era la señal, mago.

- ¡Eso! Aunque también es verdad que a nosotros nunca se nos echó encima el cambia-pieles en forma de oso gigante… igual a tu otro yo le traicionaron los nervios, ¿eh Gandalf? ¿Eh?

- Es normal que te pongas nervioso, hombre, no te preocupes.

- ¡Pero si ese no soy yo!

- ¡Excusas, mago! ¡Excusas baratas!

Y a esto le siguió un coro de abucheos por parte de la Compañía, que aprovechaba cualquier momento en que su mago estuviera con la guardia baja para hacer leña del árbol caído. Pero no lo hacían a malas, era una reacción nacida de la convivencia. La confianza da asco, que dicen. Y ya que estaban, a los abucheos se unieron disimuladamente Frodo y Sam (había que aprovechar cuando se podía para meterse con una figura tan intimidante que tanto impacto había tenido en sus vidas), Melkor y Sauron (que eran los que abucheaban más alto porque les gustaba el caos, simplemente), y un par de elfos aleatorios que asomaron la cabeza por la puerta a ver de qué iba el jaleo. Hasta Thorin consiguió superar su hobby favorito de ruborizarse para abuchear al mago por lo bajini, que la vergüenza de los demás siempre ayuda a superar la propia. Resoplando, Gandalf intentó su truquito mágico de hacerse grande e imponente, pero como todos le conocían ya sobradamente no les impresionó mucho. Ya estaban más que acostumbrados. De nuevo, la confianza da asco. Así que el mago se sentó donde pudo con un resoplido de indignación, a esperar a que pasara la ola indiscriminada de abucheos, y echando de vez en cuando miraditas mal disimuladas hacia la puerta. Quizá como si esperara que en cualquier momento apareciera cierto esposo despechado a reventarle el alma, pero sólo quizá sea esa la razón, quién sabe.

Después de tanto reír, y sin esperar a que un alma caritativa pusiera al mago al día sobre lo que se había perdido, Melkor se impacientó y quitó la pausa. Así es el muchacho.


Y ya de vuelta de una pausa de la que nunca fue consciente, Ana tuvo el placer de ver desde el suelo cómo un señor muy muy alto, muy muy peludo, y que empuñaba un hacha muy muy real centraba su atención de pronto en ella. "Genial, oye, estupendo, nuestro anfitrión no solo es un oso a tiempo parcial, sino que encima tiene un hacha. Un tipo solitario, con una casa en medio de la nada, con un hacha… ¿cuándo nos hemos cambiado a una película de terror sobre asesinos en serie?", pensaba ella dejándose llevar por el pánico. Poco le importaba el hecho de que el susodicho hubiera estado usando su hacha para cortar leña, como probaban los troncos partidos esparcidos a su alrededor. Naaaah. Dolorida como estaba por la caída y otros asuntos de biológica naturaleza, su mente no estaba para bromas y ya había entrado en "modo supervivencia".

Menos mal que el supuesto asesino en serie les deleitó a todos con una carcajada profunda en ese instante, porque si no igual Ana habría salido corriendo escopetada y ni todos los huargos del mundo hubieran podido alcanzarla. Así, al ver que Beorn se reía de su caída, por lo menos consiguió cambiar el miedo por la más profunda y absoluta indignación. Y ya sabemos todos que cuando Ana se indigna, no hay quien pare sus irracionalidades.

- ¡Oiga usted! ¿Pero qué modales son estos, hombre, riéndose de las desgracias de los demás? – le gritó la chica, sin percibir la ironía de la pregunta porque ella era la primera que solía hacer precisamente eso a la primera oportunidad. Pero debe ser que no es lo mismo cuando de quien se ríen es de uno, vaya. Por lo menos consiguió el apoyo entusiasta de Bilbo, que no podía tolerar a la gente con malos modales y, además de ayudar a Ana a levantarse, le echó una mirada muy poco amigable a Beorn. Eso no os parecerá muy impresionante, pero para la sociedad hobbit son palabras mayores, que lo sepáis.

Pero vamos, la indignación y las malas miradas les sirvieron de poco, porque Beorn empezó a reírse aún más fuerte si cabe, y sin previo aviso levantó a Ana del suelo y se la cargó al hombro cual saco de patatas. Suponemos que lo hizo por si ella se había hecho daño en su caída, aunque quizá fuera por las risas. Con Beorn nunca se sabe. El caso es que se la llevó para dentro de su casa, indicando a los demás que lo siguieran. Tanto la Compañía como el saco de patatas anteriormente conocido como Ana se estaban preparando para protestar, muy efusivamente, ante tan descortés tratamiento (y aparente secuestro de su querida Mary Sue, desde el punto de vista de algunos), si no fuera porque enseguida vieron que se estaba preparando un festín con toda clase de comida que olía de rechupete. Y ante eso no podían decir ni mu, que todos eran de buen comer y a una comida gratis nunca se le dice que no, y menos después de sus últimas aventuras. Que esas cosas despiertan el hambre como ninguna otra.

Al que ni se le habría pasado por la cabeza protestar era a Gandalf, ante otra oportunidad más de reírse de las cosas que le pasaban a la chica. Más allá de no tener el suficiente sentido común como para impedir que tan extraña individua se uniera a una misión supuestamente secreta, la MMS no parecía haberle afectado mucho (y el porqué seguía siendo objeto de encarnizados debates en cierto bar). Como mucho, le inclinaba un poco más de lo normal a reírse de ella en vez de tomarse las cosas en serio. Es más, por mucho que tratara de disimularlo, hay quien diría que hasta estaba disfrutando con las tontunas habituales. Qué tío. Por si fuera poco, se sonreía pagadísimo de sí mismo, pensando que su plan para colar a los enanos en casa de Beorn había ido de maravilla (sí, claro). Tan feliz de la vida, sin sospechar que su alter-ego del bar las pasaba canutas.

Sea como fuere, la MMS tenía una cosa de bueno. En vez de ponerles caras largas e intimidarles con su triste historia y los peligros del bosque que tenían por delante, su anfitrión les duchó con comida y se pasaron el rato intercambiando historias y echándose unas buenas risas. Se ve que la presencia de la Mary Sue, lejos de hacerle sospechar como habría sido lo normal, le hacía mucha gracia a Beorn y le ponía de buen humor. O eso, o había alguna sustancia sospechosa en la bebida, que si no tanto colegueo no se explica. Lo que estaba claro es que ya desde la segunda ronda de alcohol la Compañía y su anfitrión habían llegado al nivel de confianza de contarse historias embarazosas unos de otros, entremezcladas con una buena dosis de canciones desafinadas de borrachos mientras Gandalf marcaba el compás con su vara. A la cuarta ronda, habían alcanzado el momento de cogerse de los hombros unos a otros y susurrarse algo ininteligible que seguramente fuera el equivalente al clásico "eresh un tío de puta madre" (que es un evento universal de las borracheras a lo largo y ancho de todas las culturas, parece ser). A la sexta ronda, Beorn ya les había ofrecido hospitalidad para ellos y para toda su familia durante sendas generaciones, y la Compañía por su parte estaba a un paso de nombrarle enano honorífico. Y ya a la séptima ronda, el cambia-pieles, Gandalf, y la parte de los enanos que tenía menos tolerancia al alcohol (para su inmensa deshonra) pasaron al dichoso estado de dormir la mona, dejando cualquier posibilidad de algo que se pareciera remotamente a una conversación seria para un (resacoso) futuro.

Así, una vez que la Compañía hubo devorado todas las reservas para el invierno de Beorn, los que quedaban conscientes salieron a dar una vueltecilla por sus campos, para bajar la comida. Y la bebida sobre todo. Qué gente más sana. Y a Ana la alejaron a rastras de allí, porque sin que nadie supiera muy bien como seguía consciente y relativamente funcional, y pensaron que también le vendría bien el paseíllo (por mucho que ella se agarrara a la pata de la mesa gritando desconsoladamente que la dejaran dormir). Hay que reconocer que un poco sí consiguió despejarse, en cuanto percibió las atenciones de abejas casi más grandes que su cabeza, de las que todos tuvieron el dudoso placer de disfrutar. Y eso por no hablar de los perros, caballos, cabras, y demás especímenes que por allí rondaban. Igual Beorn había montado el primer zoo de la Tierra Media y no se lo había dicho a nadie, vaya usted a saber. A los demás no parecía importarles mucho, pero como Ana no había tenido muy buenas experiencias con los animales durante esa aventura (aún se acordaba con cierto resquemor de su burra), prefirió mantenerse alerta y observando en el centro del grupo, no sea que a algún bicho le diera por embestirla. O pegarle un bocado. O mirarla un poco mal. Y cada vez que pasaba una abeja en un radio de 10 metros, se escondía detrás del enano más cercano y se dedicaba a mirarla mal hasta que se iba revoloteando, como una cobarde, aunque jamás lo hubiera reconocido.

Como os imaginaréis, a Ana no le gustaban demasiado los bichos. Y por si fuera poco, estaba observando que los animalitos se comportaban de una manera extraña. Era como si pudieran entender todo lo que se les decía, como si fueran inteligentes, y eso, en su opinión, era profundamente perturbador.

- Lo que me faltaba ya, primero una película de terror, y ahora tenemos animalitos de película de Disney. ¿Qué será lo siguiente? – murmuró ella por lo bajini. Aunque, por supuesto, no tan por lo bajini como se pensaba.

- ¿Qué es una película Disney, señorita Ana? ¿Y tiene algo que ver con shippear? – preguntó Ori, aprovechando la ocasión. Al muchacho hay que reconocerle, además de una sorprendente resistencia al alcohol para alguien tan joven, que nunca se olvidaba por completo de sus objetivos. Y ella, ya que pretendía seguir dándole largas en cuanto al shippeo, se vio en la obligación moral de responderle al menos a una de sus preguntas.

- Pues a ver, Ori, una película Disney es como… como una obra de teatro, donde los protagonistas misteriosamente casi siempre son de la realeza, y cantan muchas canciones, y los animales les hacen caso, y…

- ¡Ah, entiendo! ¿Y cree usted que si Thorin, Fili o Kili cantan algo, los animales les obedecerán? ¿Es por eso que lleva todo el paseo vigilando a las abejas tan de cerca?

Y ante esta idea, expresada con total inocencia y sin conocimiento de causa, Ana no pudo menos que echarse a reír imaginando a los tres susodichos embutidos en un vestuario colorido y con una cuestionable cantidad de volantes, entonando alegres tonadillas en el bosque. Le vino esa imagen a la cabeza, no lo pudo evitar. Y acompañando a esa idea, empezó a formarse en su cabeza un plan sin mucho sentido, pero un plan al fin y al cabo. No es que quisiera conseguir nada de particular con esto, nooo. Simplemente era curiosidad malsana. Echémosle la culpa al alcohol, o a su naturaleza más bien caótica. El caso es que quería ver si todos los bichos que había por ahí sueltos acudirían al "dulce" sonido de la voz del Rey de las Miradas Despectivas. Quería comprobar, en definitiva, si un enano serio como Thorin estaba a la altura de los príncipes y princesas Disney, en el fondo de su alma.

Así que se puso manos a la obra.

Para empezar, emprendió una maniobra sutil de acercamiento. Y quien dice sutil, dice que se aproximó al rey enano a pasos exageradamente grandes, pisando con cuidado, intentando no hacer ruido. Poco le importó que todos menos el objetivo de su plan se dieran cuenta, y se apartaran entre codazos, haciendo un corrillo para observar. Lo importante era pillarle desprevenido, no levantar sus sospechas, ya que raramente se había acercado a él para algo que no fuera vacilarle. Puso su mejor sonrisa inocente, sin ser consciente de que la hacía parecer una auténtica perturbada, y le dio al rey un toquecito en el hombro. Quizá el susodicho pegó un saltito de sorpresa, quizá no, pero el caso es que a su alrededor se alzó un coro de risitas mal disimuladas como toses. Y por si fuera poco, al ver la cara de Ana, Thorin se quedó helado mirándola con cara de pasmo. En su defensa, hay que decir que al menos no salió huyendo (aunque probablemente habría sido un curso de acción mucho más sabio):

- Ey Thorin, me han dicho que cantas.

- Está usted bien informada, señorita- reconoció él con cautela, sin saber muy bien por dónde iban los tiros.

- ¿Y qué te parecería cantarnos algo? Para levantar los ánimos de la Compañía, aprovechando este respiro, ya sabes…

La sonrisa de perturbada se intensificaba, y Thorin no sabía muy bien qué hacer. El comportamiento…errático, por decirlo suavemente, de la chica no hacía más que confundirle. Así que se dejó llevar por el pánico, y sin pensar mucho le soltó lo primero que le pasó por la cabeza:

- Solo si usted canta algo primero, señorita.

"Ya estamos otra vez con el Momento Mary Sue", se dijo ella. Pero en esta ocasión no le importó mucho, porque tenía un objetivo último y transcendental. Tampoco os creáis que se pensó mucho la elección de la canción, nooo. En su humilde opinión, tal y como estaban las cosas, cuanto más aleatoria fuera la tonadilla, pues mejor. Sin más se arrancó con una versión de Un elefante se balanceaba, acompañada de vez en cuando por algo de canto difónico y gritos en balleno. Como esta vez ya estaba sobre aviso, no le sorprendió mucho que a todo el mundo le encantara inexplicablemente la interpretación (con la posible excepción de los animalitos allí presentes, que se alejaron en desbandada en cuanto abrió la boca). Lo importante era que ahora le tocaba a Thorin. Y así se confirmarían sus sospechas.

Era verdad que, sin pensarlo, él había dado su palabra. Ya se estaba arrepintiendo de hablar sin reflexionar primero, pero como enano de honor no podía echarse atrás, habría sido una deshonra. Encima, la chica miró al susodicho con tamaña socarronería, que el pobre se sintió obligado a empezar a cantar.

Varias cosas deberían haberle servido a Ana para darse cuenta de que el Momento Mary Sue seguía en pleno apogeo, aunque quizá no en la dirección esperada. La primera, que Thorin accediera a cantar, así, aleatoriamente, sin tener que crear tensión dramática en casa de cierto hobbit ni nada. Por mucha palabra que hubiera dado. La segunda, que lo hiciera en khuzdul delante de ella, que para ser la lengua súper secreta de los enanos, no hacían más que utilizarla cada dos por tres. La tercera, que lo que sea que estuviera cantando hacía que al rey se le quedara una cara de pan de agárrate y no te menees. A pesar de no entender ni papa de la letra, estaba segura de que tenía que ser algo sobre tesoros enormes o reclamar patrias o algo así, a juzgar por lo ensimismadito que se había quedado. Y la cuarta cosa, que todos los demás allí presentes ni se inmutaran por esta situación y la presenciaran tan felices, sin que les pareciera raro que su habitualmente estoico líder empezara a cantar a la más mínima oportunidad como si de un musical se tratara.

Pero no, a Ana le daba igual todo. Ella tenía un único objetivo en mente, y no vio ninguna de estas cosas. Sólo tenía ojos como platos para observar el comportamiento de la fauna local … y echarse a reír en consecuencia. Y es que, ya fuera por curiosidad o porque Thorin realmente podría protagonizar sin problemas el próximo éxito de Disney, los animalitos volvieron a dejarse ver por las inmediaciones. Por si fuera poco, se fueron acercando lentamente, con mucho interés. Y ahí Ana ya no pudo más, y a mitad de canción se cayó al suelo de tanto reírse, y por poco la perdemos por falta de oxígeno. Con esto se rompió la magia del momento, los animales volvieron a salir en estampida y Thorin se interrumpió a mitad de un verso con mucho sentimiento, el pobre. Él, que con esta actuación se habría podido presentar a Erebor's Got Talent y ganarlo de calle, si algo así hubiera existido. Así de dura es la vida. Pero estando las cosas como estaban, el líder se quedó mirando confuso a la chica hasta que el resto de la Compañía vio apropiado arrastrarlo lejos de allí. No tenían mucha idea de qué más hacer en esa situación, no os creáis. Menos mal que siempre está Bilbo para salvar el día, que si no la Compañía no habría llegado muy lejos (ni en sus relaciones interpersonales ni en minucias como la misión, vaya). Viendo que el rey tenía gente de sobra para apoyarle, el hobbit esperó pacientemente a que la chica recuperara el aliento, dándole palmaditas alentadoras en la espalda de vez en cuando.

- Vamos, vamos, señorita Ana, tranquilícese. Entiendo que el comportamiento de los animales le pueda parecer inusual, pero tiene que tranquilizarse, por su salud.

- ¡Pero Bilbo, que acuden a la voz de Thorin! ¡Pffffft! ¡Que es el primo perdido de alguna princesa Disney, confirmado! – respondió ella, todavía riéndose pero más flojito.

- No sé de quién me habla, señorita, los hobbits no hacemos mucho caso de los linajes reales de la Tierra Media... pero es posible que tenga usted razón y esto sea un talento secreto de aquellos con sangre real. Los enanos son gente peculiar, al fin y al cabo… - siguió él, entrando al trapo con una sonrisilla.

- ¿Te imaginas que el resto de la Compañía se hubiera puesto a hacer el acompañamiento musical?

- Pues no sé si lo sabía usted, pero Thorin también toca el arpa, y algunos de los otros tienen bastante talento con otros instrumentos…

- ¡Pueden montar una banda!

Y con esa imagen mental en las cabezas, ambos se echaron unas buenas risas. En compañía, que siempre sienta mejor. Bilbo se acomodó sobre la hierba al lado de Ana, vagamente echando de menos su pipa en un momento tranquilo como ese. Eran bastante raros últimamente en su vida, la verdad. Aunque visto que no había nadie intentando desmembrarle, ni comerle, ni arrancarle la cabeza de cuajo, pues tampoco estaba tan mal. Sólo había una extraña chica de salud mental cuestionable, pero al menos era graciosa. En conclusión, podía ser peor.

- Ay Bilbo, muchas gracias por acompañarme. Sé que no hemos hablado mucho tú y yo últimamente, pero eres un tío grande, Bilbo.

- Pero si soy un hobbit, señorita, no puedo estar más lejos de la Gente Grande…- dijo él, todavía perdido en las sutilezas idiomáticas que Ana nunca se había molestado en explicarle a nadie. Ni falta que le había hecho hasta ahora, por ventajas inesperadas de la MMS.

- Ay, perdona. Quería decir que me caes bien.

- ¡Ah! En ese caso, muchas gracias, señorita. Es usted muy amable…– el hobbit no sabía a qué venía tanto halago de pronto, pero no lo iba a despreciar, la verdad. Después de todo lo que había pasado, era de agradecer que alguien le expresara en voz alta su aprecio.

Y estando tan contentos de tranquis, Bilbo y Ana acabaron hablando un buen rato. Se pusieron al día, como quien dice. La verdad es que parecía que ya desde el principio al hobbit no le había afectado en exceso la MMS… pero últimamente todavía menos, ahora que lo pensaba. Lo cual era de agradecer. Tenía que ir reconociendo, aunque ni en sueños se lo diría a la cara, que le estaba cogiendo cariño a toda la Compañía. Eran buena gente cuando la MMS no les obligaba a hacer tonterías, y cada vez se sentía peor por ellos cuando eso pasaba. Sería egoísta, pero mientras no encontrara la forma de romper la MMS para liberar a los demás, estaba bien tener alguien con quien hablar que pareciera libre de su influjo y que no fuera majo con ella sólo por culpa de una maldición. Y parecía que Bilbo podía ser esa persona. Sobre todo teniendo en cuenta que sus otras dos opciones eran un mago fumeta al que le gustaba reírse de ella, o un señor enano muy serio con quien su relación consistía en vacilarle y que él la mirara mal por toda respuesta (merecidamente, todo hay que admitirlo). Sí, definitivamente, Bilbo era un tío grande. ¿Qué podía haber cambiado en él últimamente, para que los efectos de la MMS se notaran tan poco? Ana se puso a pensar fuerte en lo poco que recordaba… y tampoco es que se le ocurriera nada, no os vayáis a creer. Su conocimiento no iba más allá de la primera película, y todo lo que sabía que pasaba después resumía en spoilers que le habían hecho, faltos de sentido sin contexto. Ni siquiera se acordaba de cuál era el final.

Por suerte para ella, en cierto momento Bilbo metió la mano en su bolsillo y empezó a juguetear con algo, así como sin pensarlo, y eso le dio un buen empujón a su memoria. ¡Claro, el Anillo! Bilbo había encontrado el famoso Anillo, la pieza de joyería más codiciada de todos los tiempos, y de paso ella se había llevado una buena pedrada por parte de Gollum de regalo. Con toda la conmoción de los últimos días, se le había pasado el no tan pequeño detalle de que la joya seguía en posesión del hobbit. Ella no sabía si acaso el poder del Anillo sería superior al de la MMS, o que ambas maldiciones eran incompatibles cual becas del ministerio, o que los hobbits eran gente más resistente que el común de los mortales, pero el caso es que a la MMS, si le quedaba algún efecto sobre Bilbo, era cada vez más sutil.

Todos estos bonitos y reconfortantes pensamientos no le duraron mucho, evidentemente. Siendo ella como es y estando en la historia en la que estamos, se le ocurrió una idea un tanto… particular.

"Oye, ¿y qué pasaría si le pido el Anillo a Bilbo? Eso no se lo espera nadie, seguro que ni los dichosos diosecillos. Y seguro que con él en mi poder no les es tan fácil mangonearme, ¡que ya estoy harta! Tanto corretear y tanto huir de cosas que no tienen mi bienestar en mente, precisamente. ¿Por qué les tiene que pasar todo a las Mary Sues, eh? ¿Por qué no podía venir yo a ser un personaje de relleno aleatorio y vivir mi vida feliz, por qué, vamos a ver? ¡Que desde Rivendel no he tenido ni un minuto de descanso! ¡Pues hala, dicho y hecho! ¡Si me doy prisa igual hasta cuela!"

- Oye Bilbo, que digo yo, ¿qué te parecería dejarme el Anillo un rato, eh? Nada, que lo quiero para unos asuntillos míos y AHGFBGDAGB…

Antes de que Bilbo tuviera tiempo de sorprenderse debidamente no sólo porque ella supiera de su existencia, sino porque se lo pidiera tan tranquilamente; y antes de que averigüemos si de verdad Ana sólo quería el Anillo para sus cosicas o esto era un intento del susodicho de cambiar de manos (probablemente con catastróficas consecuencias para el mundo en general); los Valar estuvieron rápidos e intervinieron a tiempo. Mientras Ana se ahogaba con nada, Bilbo se quedó sospechosamente inconsciente (y posteriormente diría que se echó una buena siesta, sin recordar que hubiera pasado nada perturbador). Para más inri, una nota garabateada rápidamente le dio a Ana directamente en las narices (y con bastante mala leche, por qué no decirlo):

Pero qué puñetas haces, chavala.

Que estás obligando a esta gentuza de la que me rodeo a trabajar. Que mira que eres torpe, pero no tanto como para atragantarte con tu propia saliva, eso ha sido cosa suya.

Yo te diría que sigas con esas ideas espontáneas tuyas, así, por las risas, pero a ellos les ha molestado tener que improvisar algo tan directo así de sopetón, sobre todo cuando no es para su propio entretenimiento. Se ve que una eternidad de tocarte la punta de las orejas te hace todavía más vago.

¡DEJA DE INSULTARNOS, MELKOR, CABRÓN!

En fin, voy acabando, que me están quitando el bolígrafo de las manos. Por cierto, dice Sauron que no le gusta que juegues con su Anillo, que no está hecho para manos tan toscas y poco elegantes como las tuyas. Sus palabras ojo, no es que lo diga yo, pero es que le tocas el tema del Anillo y se pone hecho una fiera.

Por aquí se habla de castigarte, pero yo les he dicho que bastante vais a tener ya con el bosque… ¡ ¡ ¡ ¡ ¡BWAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA! ! ! ! !

¡Hale, a disfrutarlo!

- Melkor, el más Oscuro y Sexy de los Señores

Echándole una mirada intranquila a Bilbo a ver si todavía respiraba después de tan repentino (y sospechoso) colapso, Ana no podía dejar de pensar en lo que acababa de leer. "Bosque, ¿qué bosque? ¡No me acuerdo de ningún bosque! ¡ ¡Y no puede ser nada bueno, a juzgar por las cinco exclamaciones! ! ¡ ¡ ¡Que cuantas más exclamaciones, más loco está el que las profiere! ! ! Ay madre, en qué me habré metido ahora…".


Nota de la autora: ¡buenas! Aquí os traigo otro capítulo, tirando a larguillo para compensar los meses de ausencia (aunque no tengo perdón, lo sé (*se esconde de la lluvia de tomates que le lanza el público*)).

¡En fin! Espero que os guste y os haga reír aunque sea un poquito. Diría yo que la MMS no está actuando sobre todos por igual, ¿no os parece? ¿O acaso nos aguarda alguna sorpresa? Yo no digo ná pero lo digo tó…

¡Por cierto! Que veo que se me olvidó responder a los últimos anónimos, qué desastre, que ha pasado más de un año de eso XD Pero mejor tarde que nunca. A WildWinds618229 y el otro comentario sin nombre, que sepáis que valoro mucho que siguierais la historia y vuestros comentarios (y vuestros ánimos), y vuelvo a decir que no tengo ninguna intención de abandonar, por muchos años que me cueste XD

Y eso es todo de momento. ¿Qué venganza idearán los Valar por que Ana tenga la desfachatez de hacerlos trabajar? ¿Llegará el día en que Celeborn le reviente el lomo a Gandalf por celos? ¿Vosotros también apoyáis la teoría de que cuanto más loca está la gente, más exclamaciones usa (como dijo el gran Terry Pratchett)? ¿Seguirá siendo el shippeo un misterio para Ori? Todo esto y mucho más en las próximas entregas de esta locura ;)

Por último, como siempre, ¡gracias por leer y comentar! Todo el apoyo se aprecia y me anima para seguir, así que ya sabéis, hacedme llegar lo que sea que se os pase por la cabeza.

Que os vaya bien, ¡y hasta el próximo capítulo! ;D