Holi! he vuelto con la actualización xD
Tenía planeado actualizar desde la semana pasada, pero esto resultó ser más largo de lo que esperaba D: el capítulo solamente tiene un largo de 5.012 palabras, es el cap más largo en la historia de mis fics xD incluso iba a agregar más cosas, pero mi cerebro quedó seco.
Los personajes pertenecen a CAPCOM; lo único mío es la trama, y las burradas de los Burton.
Sin más que agregar... ¡A leer!
No Es Tan Fácil.
Capítulo 7
Moira Burton se encontraba sentada en una de las bancas que había cerca del mirada estaba perdida sobre el suelo y suspiros abandonaban su alma cada cinco minutos. La había cagado de manera descomunal; se suponía que estaba ahí para apoyar a Claire, no para alejarla con una de sus idioteces.
Realmente temía que Claire pudiese alejarse después de aquello.
"Seguro ahora me odia… eso me pasa por no pensar antes de hablar."
Sacó su teléfono con la horrible esperanza de que en cualquier momento apareciera un texto de Claire mandándola a la mierda; aunque bien sabía que la pelirroja tampoco sería capaz de decirle algo así mediante un estúpido mensaje. Una de las cosas que más le gustaban sobre Claire, era su capacidad para enfrentar las situaciones y decir las cosas en la cara, pero, desafortunadamente parecía como si aquella Claire Redfield se hubiese desvanecido hace meses, en parte gracias a su madre. Era deprimente saber que tras ciertas experiencias, una persona fuerte se iba volviendo cada vez más vulnerable con el paso del tiempo.
Fue sacada de sus pensamientos al ver unos pies posarse delante de los suyos. Alzó la vista para encontrarse con un joven alto, de cabellos oscuros, y con lo que las chicas definían como una sonrisa encantadora. Pero a Moira la estaba poniendo de los nervios. Era normal que comenzara a sentirse asustada cada vez que un desconocido se le acercase, después de todo lo que tuvo que pasar, ya no podía fiarse absolutamente de nadie que no conociera.
—¿Todo bien? – El chico, sin desaparecer su sonrisa, se agachó un poco para poder apreciar a la joven de los ojos castaños.
—Sí… — Tragó saliva. Su corazón estaba latiendo demasiado rápido –¿Te conozco? – viendo como éste ensanchaba su sonrisa.
—No lo creo. Me llamo Adam, un placer. — Moira sonrió incómoda y dirigió su vista hacia otro lado.
—¿Podrías… darme tu número? Puedo invitarte a tomar algo un día de estos y…
—Lo siento, no suelo darle mi número a desconocidos. – Se levantó.
—¿Y tú nombre? – La castaña estaba entrando en pánico con la proximidad de aquella persona. Si Claire hubiese estado ahí, seguro que ya le habría pateado el culo antes de que si quiera se le ocurriera acercarse un poco más. Pero en esta ocasión estaba sola, tendría que buscar alguna manera de apañárselas –No te acerques. – Su voz tembló al igual que sus rodillas, sentía que en cualquier momento colapsaría en ese lugar.
—¿Por qué? Sólo quiero hablar.
—Déjame sola.
—Vamos, sólo dime tu nombre. – Cuando éste estuvo a punto de poner su mano sobre el hombro de la castaña, automáticamente su mecanismo de defensa se activó, causando que Moira lo empujara hacia atrás y se alejara varios pasos. Claramente Adam ahora estaba molesto. Poniendo mala cara, y a segundos de acercarse para tomar su venganza, se vio interrumpido por una voz.
—¿Moira? —La castaña giró sólo para encontrarse con una chica rubia que iba caminando en dirección hacia ella.
—¿Aria? – Moira entrecerró los ojos para poder verificar que en efecto era ella, ignorando por completo que junto a ella aún se encontraba aquel sujeto.
—¿Te está molestando? – Habló posando una mano sobre el hombro de Moira, la cual simplemente lanzaba intentos de palabras al aire sin decir algo coherente.
—¿Y tú quién demonios eres? – Trató de imponer su presencia, provocando una risa por parte de la rubia. Vio como ladeó su cabeza y pasó su brazo sobre los hombros de Moira.
—Soy su novia. – La jaló para que estuviese más cerca de ella. La Cara de Moira simplemente no tenía precio, era una mezcla entre miedo y confusión por lo que recientemente había dicho su ahora acompañante –Y será mejor que te vayas o llamaré a la policía. – Dijo con una sonrisa un tanto arrogante sobre su rostro, recibiendo a cambio una mirada molesta de arriba abajo.
—Como sea, perra. – Soltó para después irse caminando.
Tuvieron que pasar un par de segundos para que Moira reaccionara. De todas las personas en el mundo, jamás pensó que Aria fuese la que salvaría su trasero. Cabía decir que ambas tenían su historia; habían sido buenas amigas en preparatoria, en algún punto durante esa etapa Moira se sentía bastante atraída hacia la rubia. Si no fuera porque su amiga era una completa rompe corazones, tal vez habría llegado más lejos con ella, pero simplemente se cansó de esperar algo que jamás pasaría, y comenzó a salir con una que otra chica, hasta llegar a hacerse de una reputación de "Don Juan" debido a la cantidad de novias o muchachas con las que había salido. A ratos Moira pensaba en eso como una exageración, tampoco era como si se metiera con la primera que se le pusiera en frente. –¿Estás bien? – Aria aún rodeaba los hombros de Moira con su brazo; le dio unas pequeñas palmadas para llamar su atención.
—Yo… Lo siento. Me he vuelto demasiado paranoica. – Habló presionándose el puente de la nariz –Pero gracias, en serio. – Le sonrió comenzando a caminar junto a ella.
—Tranquila, no pasa nada.
Caminaron un rato en silencio. Para entonces ambas ya guardaban la distancia suficiente como para que ahora Moira se dedicara a admirarla vagamente. Ya no era aquella joven que llevaba el cabello hasta la cintura, ahora llegaba un poco más debajo de sus hombros, su forma de vestir ahora era ligeramente formal, aunque dudaba que fuese su vestimenta casual. Lo notó por la libreta y el folder que llevaba dentro de su bolso.
—¿Vienes a trabajar por aquí? – Moira fue la que inició la conversación, señalando el bolso, Aria dio un vistazo rápido y echó una risa negando con la cabeza.
—No, vine a hacer una entrevista… para mi proyecto de periodismo.
—Oh, universitaria.
—Así es. – Sonrió de medio lado.
Moira se quedó mirando por un momento; ahora recordaba por qué le gustaba tanto en un pasado. Aria era la clase de persona que podía hipnotizar a alguien con una simple sonrisa, la clase de persona que resultaba ser como un imán de miradas, llamando la atención con su presencia sin importar en donde estuviese.
—¿Y tú?
Moira parpadeó.
—¿Yo qué? – Aquello la hizo reír nuevamente.
—¿Tú qué haces por aquí? ¿No estás muy lejos de casa?
—Oh… — se rascó la nuca –Tenía un asunto que atender. – Moira aún se dedicaba a mirar a los alrededores asegurándose de que no hubiese algún loco con la intención de hacer algo. No estaba mintiendo con el hecho de que estaba algo paranoica.
—¿Segura que estás bien? Estás pálida. – Definitivamente a la rubia parecía importarle muy poco lo que era el espacio personal. No es como si Moira fuese una extraña para ella, pero para tratarse de un reencuentro, el hecho de que casi no dejara distancia entre ellas era una situación muy confusa, no sabía decir si eso le agradaba o le hacía sentir incómoda.
—Uh… — Los ojos de Moira fueron un poco hacia abajo para encontrarse con los verdes de la chica. Casualmente, Aria era unos centímetros más baja que la superviviente estrella de Terra Save, tal vez por una diferencia de cuatro o cinco centímetros –Yo… no desayuné. – su voz era apenas un hilo, estaba poniéndose demasiado nerviosa al momento que vio a Aria sonreír para pasar a morderse el labio inferior y volver a tomar distancia.
—No sé por qué no me sorprende, siempre salías apresurada de casa y tu madre iba detrás de ti gritando que no habías desayunado.
La castaña rió para sus adentros recordando aquellos días, cuando lo único que importaba era no llegar tarde para ir a la escuela, salir a dar una vuelta con sus amigos, o pasar la tarde con Claire y Chris cuando iban de visita a Canadá; antes de que la pelirroja decidiera establecerse ahí permanentemente.
"La vida si que te hace mierda en un abrir y cerrar de ojos."
—Lo curioso es que ahora me alimento como esos tipos en las competencias de comer.
—¿En serio?
Moira asintió con una sonrisa ladina, provocando otra risa en la rubia.
—¿Tienes tiempo para ir a dar una vuelta? – Vio como la castaña se encogió de hombros.
—Tengo tiempo de sobra.
—Si es así entonces vamos, conozco un lugar genial en el centro.
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En la casa de los Burton el ambiente se encontraba algo tenso. Polly sólo se apresuró a desayunar para huir a la escuela antes de que comenzara alguna clase de discusión entre sus padres; la más pequeña no parecía comprender la situación, así que sólo se dedicó a obligar a Barry para que jugara a las muñecas con ella.
Se encontraban en el patio trasero; Barry miraba alrededor, el lugar estaba lleno de juguetes regados por todos lados, cosa que, le trajo numerosos recuerdos de cómo era la vida cuando sus hijas eran apenas unas chiquillas. Sonrió para sí mismo al ver la vieja casa de muñecas con la que solían jugar hace años, seguía manteniéndose en buen estado así que las chicas no quisieron deshacerse de ella, y ahora lo agradecía enormemente. –Muy bien. – Habló el hombre sentándose en el césped –Entonces, Trisha – Levantó a la muñeca rubia que llevaba puesto un horrible vestido de lentejuelas color rosa –Es la novia de Max. – ahora le mostró un muñeco Max Steel que pertenecía a Moira, viendo como la niña asentía enérgica.
—Sip.
—Okay. – Le sonrió.
—Pero Jessica también es la novia de Max. – señaló a la otra muñeca que llevaba puesto un vestido floreado –Y Brittany y Brian son sus hijos. – ahora miró hacia los pequeños.
Barry sólo miró confundido aquello, casi preguntándose qué demonios pasaba con los niños de ahora, inventando sus historias sobre infidelidad mucho antes de saber que rayos era.
—¿Entonces Max tiene dos novias? – La castaña asintió otra vez.
—¿Y las dos se conocen?
—Nop. – Decía "peinando" el cabello de la tal Jessica, dejándolo más alborotado de lo que estaba antes.
Barry volvió a tomar a la muñeca que Natalia había bautizado como "Trisha" y la fulminó con la mirada. Claramente tenía toda la facha de una bailarina exótica adicta al crack –Zorra rompe hogares. – Dijo para sí mismo, olvidando por completo que Natalia estaba presente, hasta que su vista se dirigió rápido hacia la niña –Err… digo… Mujer entrometida. – Se corrigió, pero ya era demasiado tarde, el daño estaba hecho.
—¿Qué es una zorra? – Ladeó su cabeza. Barry se rascó la nuca un tanto incómodo, tratando de pensar en cómo salir de aquella situación.
—Es… un zorro, pero en mujer.
—¿Y una rompe hogares?
El pobre hombre casi se ahoga, pero eso se ganaba por abrir su bocota sin pensar. Ahora se estaba hundiendo hasta el fondo y ya no había vuelta a atrás.
—Una rompe hogares… veamos. – Se pasó la mano por la barba hasta que su pulgar e índice quedaron sobre su barbilla, dándole una pose pensativa –Es la clase de mujer que gusta de ser novia de hombres casados y con familia. – dijo al fin.
—¿Y eso es malo?
—Uh… sí. Aunque a veces no es siempre la culpa de la rompe hogares. – dijo –A veces no saben sobre la familia del hombre y piensan que son la única novia. – Agregó tratando de explicarse lo mejor que pudo. Natalia tomó a Trisha y a Jessica en sus manos, mirando primero a la del vestido rosa, y luego a la otra, repitiendo la acción varias veces, para después mirar a Barry.
—¿Y si mejor Trisha es la novia de Jessica? – Preguntó inocente, provocando que el hombre soltara una carcajada.
—Me temo que sigue siendo una rompe hogares, cielo. – Habló aún entre risas –Mejor busquémosle a su propio novio… o novia, lo que sea. –
—Pero no hay más novios. – Se quejó señalando al pobre Max Steel, que se encontraba en el suelo con su propio harem de muñecas.
—Rayos.
Hubo silencio por un momento.
—¿Sabes qué? Vayamos a la juguetería y veamos si podemos encontrar un novio para cada una de estas chicas.
El rostro de Natalia se iluminó inmensamente al escuchar las palabras de Barry.
—¿De verdad? – Vio como el hombre asintió con su típica sonrisa.
—Anda a abrigarte y nos iremos.
—Pero no hace frío.
—Entonces sube a ponerte los zapatos. – Le ordenó dándole unas palmaditas en la espalda mientras entraba con ella a la casa.
Al llegar a la puerta tropezó con Kathy, la cual llevaba en la mano un vaso infantil con zumo de naranja. Siguió con la mirada a la pequeña que entró corriendo emocionada y subía las escaleras tarareando una melodía desconocida. Barry miraba divertido la escena, luego pasó a ver a su mujer, que básicamente tenía escrito "¿Qué demonios fue eso?" por toda la cara. –Creí que iban a jugar en el patio. – dio media vuelta para caminar hacia la cocina con su esposo.
—Sí, pero le prometí que todas sus muñecas tendrían a su propio novio para que dejaran de ser unas zorras destroza hogares. – Ante esto, Kathy no hizo más que juntar las cejas y abrir un poco la boca, casi indignada por los malos ejemplos que Barry le estaba dando a la niña.
—¿En serio le dijiste eso a la niña?
—No… ¡Pero Trisha se estaba metiendo con un hombre casado!
—¿Qué? ¿¡Quién diablos es Trisha!?
—¡La bailarina con cara de adicta! – Se agarró la cabeza mientras su mujer seguía manteniendo la expresión de hace unos momentos. El cabecilla de los Burton terminó por rendirse, soltando un largo y sonoro suspiro –Es una historia complicada, pero el punto es que iremos a la juguetería. –
—Está bien. – Le sonrió – Pero vas a terminar convirtiéndola en una niña mimada. – Barry echó una leve carcajada al tiempo que se recargaba sobre la barra de la cocina.
—Ese es el plan. Así cuando crezca mandará a la mierda a todos los muchachos porque ninguno cumplirá con sus expectativas. – Sonrió ampliamente mostrando los dientes como si fuera un chiquillo ocultando una travesura, causando que Kathy negara divertida con la cabeza –¿Y estás seguro de que funcionará? – indagó la mujer.
—Me encargaré de que así sea. – Se acercó para darle un beso en la frente –¿Quieres venir con nosotros? – Vio como la sonrisa de la mujer se desvaneció un poco y acto seguido se cruzó de brazos.
—No lo sé, Moira no ha llegado y…
—Amor, no han pasado ni dos horas desde que se fue. Dale un poco de espacio. –Pasó gentilmente la mano por los cabellos de su esposa, pero esta sólo bajó la murada sutilmente.
—La última vez que le dimos "un poco de espacio" – habló marcando las comillas con los dedos –Terminó en una maldita isla llena de monstruos. – Se alejó unos pasos para poder mirar mejor al pelirrojo.
—Eso no fue así.
—¿Ah, no? – Arqueó las cejas con algo de molestia –Sólo mírala, Barry. Dejaste que hiciera lo que quisiera y ahora está traumada por unirse a Claire y a su grupo de amigos.
—¡Yo nunca quise que se metiera en toda ésta mierda! – Señaló alzando la voz, para éste punto Barry ya estaba harto de que Kathy se la pasara culpando y juzgando a todo el mundo —¡Sabes que le insistí para que no lo hiciera, y sabes perfectamente bien que todo esto pasó justamente porque no le dimos el espacio ni la atención que se merece! – Respiró agitado viendo como la mujer no se inmutaba. Simplemente cuando algo se le metía en la cabeza a Kathy Burton, era casi imposible hacerla cambiar de opinión –Por dios santo… Me perdí muchas cosas en la vida de mi propia hija, todo por hablarle como no era debido cuando pasó ese estúpido accidente – Se pasó la mano por el cabello –Ni siquiera tenía idea de que le gustan las chicas hasta hace dos semanas, ¿Qué clase de padres somos si hacemos que nuestra propia hija no confíe en nosotros para estas cosas? – Después de eso, el silencio reinó en el lugar, siendo la respiración de los casados el único sonido que inundaba la habitación. Barry, ya resignado, y algo decepcionado de que Kathy no dijera nada, soltó un suspiro y comenzó a caminar hacia la salida de la cocina, pero antes de salir por completo se detuvo.
—Será mejor que pienses bien en lo que le vas a decir a Moira cuando vuelva, no quiero más mentiras en mi casa. – Dicho aquello, solamente salió y llamó a Natalia para irse.
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Cuarenta minutos de camino en autobús, platicas sin sentido, unos buenos waffles con miel de maple y tocino en una cafetería eran exactamente todo lo que Moira necesitaba para ser feliz en ese de su estúpida realidad y todo el problema que había con su madre y Claire. Tal vez pasar tiempo con alguien que no estaba involucrado en toda esa mierda podría resultarle mucho mejor de lo que esperaba.
—¿Cómo demonios es que nunca supe de éste lugar? – Moira estaba encantada con el sabor de la comida, básicamente fue algo así como amor a primera mordida.
—Es nuevo, lo abrieron hace tres meses. – La rubia logró robar la porción que Moira recién había cortado.
—¡Hey! – La castaña hizo un intento por recuperarlo, pero ya era demasiado tarde, así que lo único que pudo hacer fue fingir una cara de enojo, haciendo que Aria soltara una carcajada.
—Mírate, no has cambiado nada. – La rubia le sonrió gentilmente a ésta, notando como después la expresión en el rostro de Moira se hacía un poco seria.
—Yo no diría lo mismo.
—Bueno, si lo dices por tu corte… no importa, a mí me encanta.
—No lo digo sólo por eso, Aria, yo… — Fue interrumpida.
—Lo sé. Pero no sabía si querías hablar sobre eso. – Habló recargando su cabeza sobre la palma de su mano.
—¿Lo sabes?
—Sí… Un diario habló brevemente sobre el secuestro y ese asunto.
—Oh… — Moira dejó de comer por un momento y se quedó callada pensando en algo que decir, pero simplemente no sabía qué. ¿Qué podía contarle sobre el bioterrorismo a una persona que no tenía idea de lo que era?, ¿Quería contarle sobre cómo pasó seis meses de su vida cazando animales inocentes y asesinando monstruos que antes solían ser personas normales? No, lo que menos quería en ese momento era dar un discurso sobre su calvario.
—Fue duro… Realmente sentí que te habías ido, ¿Sabes? – Su voz se apagó por un momento –Cuando supe que estabas viva quería ir a visitarte, pero supuse que necesitarías tiempo.
La castaña seguía en silencio. Hablar sobre su experiencia en ese maldito lugar no era exactamente lo que tenía planeado para hoy, y mucho menos con Aria. Tal vez más adelante, si consideraba tenerla de vuelta en su vida. Pero en ese momento sólo quería hablar sobre la cosa más insignificante que se le pasara por la mente, quería hablar sobre el clima, o los animales, por muy estúpido que sonase.
—Y supongo que aún lo necesitas.
—Algo así, pero descuida… La gente dice que mejorará con el tiempo. – Le sonrió, y comenzó a cortar otra porción del waffle.
—Entonces… —Robó el pedazo que Moira estaba a punto de comerse, haciendo que, en tal acción, ésta se acercara en un intento de seguir el bocado y provocando que su rostro quedara pocos centímetros cerca del suyo –¿Sigues teniendo tiempo después del desayuno?
Demonios. Estaba soñando, ¿No?, esa chica, la cual solía ser su "amor imposible" en la preparatoria, ahora la estaba apedreando con coqueteos y sonrisas picaras constantemente. Si eso hubiese pasado hace cuatro años, no habría dudado ni un segundo en caer a sus pies y hacer cualquier cosa que ésta le pidiera. Moira ya no era esa niña apresurada por experimentar el montón de cosas que todos los adolescentes idiotas hacían, ya no era tan manipulable como en ese entonces, y si Aria quería jugar, Moira estaba lista para sacar sus cartas.
La castaña fue la que tomó el control de la situación ahora, imitando las acciones de su amiga, atrayéndola hacia a ella y acortando aún más la distancia. Para sorpresa de la rubia, lo único que pasó fue que Moira logró ganar aquella pequeña batalla, llevándose la porción de waffle a la boca y sonriéndole con arrogancia, sin apartar sus ojos de ella.
—Seguro, ¿Qué tienes en mente?
**oOo**
Los ojos azules estaban completamente perdidos sobre el panorama que aquel amplio ventanal dejaba a la vista. Para entonces había estado mirando los edificios de la ciudad de Toronto repetidamente durante las últimas cuatro horas. La pila de trabajo seguía acrecentándose con el paso del tiempo y ella no había revisado ni la mitad de los archivos que le habían llegado; pero simplemente le era imposible poder concentrarse en sus actividades. Después de un rato dejó caer su cabeza sobre el respaldo de la silla y procedió a masajearse las sienes. La irritabilidad y el malestar por no haber comido en todo el día se estaban haciendo más fuertes, pero no tenía ánimos para nada, considerando que cada cinco minutos volvía a su mente la idea de que Moira no querría volver a hablarle después de su discusión en el estacionamiento.
—¿Redfield? – La voz en la bocina del teléfono fijo la hizo dar un brinco. Una vez que se giró, respiró hondo antes de presionar el botón para hablar; no tenía ganas de nada.
Cerró los ojos por unos segundos antes de contestar.
—¿Sí?
—Tu hermano está aquí, dice que es sobre la investigación.
—Está bien, dile que pase. — Presionó el botón para desactivar el altavoz. Momentos después, el mayor de los hermanos entró a la oficina sin molestarse en tocar la puerta; llevaba una carpeta en la mano y caminaba a paso seguro hasta el escritorio de la pelirroja, Una vez ahí, se sentó y le tendió los archivos.
—El primer informe de la desinfección de… — Entrecerró los ojos tratando de leer el nombre –Su… Sushest… Sush… —
—Sushestvovanie. – Dijo finalmente la pelirroja, mirando con sorna a su hermano.
—Eso. – Se rió –No sé cómo puedes decirlo tan fluido. – Habló dejando descansar su espalda sobre la silla.
—Bueno, supongo que se me quedó grabado. – Aquello no era ninguna exageración. Claire memorizó el nombre y cada detalle de la isla un mes atrás, justo antes de salir a buscar a Barry.
Cuando la B.S.A.A. interceptó el mensaje de auxilio que Moira había enviado seis meses atrás, Barry no dudó ni un segundo e inmediatamente empezó a planificar el rescate de su hija, obviamente, sin tener idea de la antigüedad de aquel aviso, ya que Claire jamás le comentó nada de eso porque no lo creyó necesario. Claire se enteró de aquello dos días después de que Barry se fuera. La pelirroja recordaba claramente haber discutido con su hermano, ya que éste sabía lo afectada que estaba.
No podía darse el lujo de perder a otro amigo, no podía dejar que otro Burton muriera a causa de ese maldito lugar. En menos de doce horas recopiló toda la información que pudo sobre la isla, y, aún con el desapruebo de su hermano, subió a un helicóptero de Terra Save y se fue. Al principio no sabía con lo que se iba a encontrar al volver ahí; su prioridad era hallar a Barry, y nada más. Pero su sorpresa fue cuando vio al hombre, y a su lado estaba Moira, también pudo reconocer sin problema a Natalia.
Cuando su mirada se encontró con la de Moira, fue como volver a estar viva después de todos esos meses.
—¿Estás escuchándome? – La voz del hombre corpulento resonó, trayéndola de vuelta a la realidad. Claire parpadeó un par de veces.
—¿Qué?
—Dije que debes devolverme el informe cuando termines de revisarlo.
—Está bien. – Claire no dijo más, pues su mirada volvió a perderse sobre el montón de documentos que tenía por terminar. Su mano se posó en su cuello, como si estuviera tratando de darse un masaje. Aquello fue suficiente para que Chris supiera que algo andaba mal, Claire sólo hacía esas cosas cuando se encontraba pensando de más en algún asunto.
—¿Pasó algo? — Su voz sonó tranquila, lo suficiente para hacer entrar a su hermana en confianza.
—Moira fue a buscarme ésta mañana.
—¿Y cómo está?
Claire suspiró.
—Molesta.
El castaño juntó las cejas en señal de no entender mucho. Era muy raro que Claire y Moira tuviesen peleas, de hecho, nunca las habían tenido hasta ahora.
—¿Por qué?
—De alguna manera se enteró de lo que hizo su madre.
—Pero, ¿Por qué iba a estar molesta contigo?
La pelirroja guardó silencio y procedió a levantarse de su asiento. Sus ojos puestos sobre cualquier otro lugar que no fuese su hermano. Después éste la imitó poniéndose de pie también.
—Le dije que Kathy tenía razón, que todo fue mi culpa. — Al decir eso, Chris arrugó la frente preocupado y se acercó a su hermana; no soportaba la idea de que Claire se siguiera culpando, y era perfectamente entendible que Moira se molestara ante ese pensamiento tan absurdo.
—Claire… — Puso una mano sobre el hombro de su hermana.
—No quiero hablar sobre esto ahora.
—Está bien. – Sonrió levemente –Pero deberías arreglar las cosas con Moira… las dos son personas adultas, pueden hacerlo. – Le dio un ligero apretón.
Chris tenía razón, Moira ya era una persona adulta, y, tal vez ese fue su error, y no sólo de ella; los demás seguían tratándola como si fuese una chiquilla o una adolescente.
—Lo haré…
—Bueno. – Comenzó a caminar hacia la puerta –Debo irme, sólo venía a dejarte el informe. –
—Lo revisaré en cuanto pueda. – Habló caminando detrás de él, una vez que éste salió, volteó a verla y le sonrió.
—Y por amor de dios, ya duerme un poco.
—Y tú deja los esteroides.
—¡Que no uso esteroides!
Claire rió viendo como el hombre dejaba el lugar con una expresión de molestia. Obviamente el castaño no consumía ninguna de esas cosas, aunque a Barry y a ella les encantara molestarlo con eso. Chris también tuvo una especie de crisis después de que creyeron que Jill había muerto al intentar salvarlo de las manos de Wesker. Aunque él no había llegado a los extremos como Claire, se la pasaba todo el tiempo haciendo ejercicio o en galerías de tiro. Aquello le convirtió en un soldado implacable, llevándolo a convertirse en uno de los miembros más respetables de la B.S.A.A. Era gracioso como la historia de los Redfield tenía tantos paralelos, pues, tras todo el sufrimiento, Claire llegó a ocupar el puesto de jefa, haciendo un trabajo incluso mejor que el de Neil.
**oOo**
El sol ya pintaba de tonos naranja las calles de la ciudad, algunos le llamaban atardecer, las personas que se dedicaban a las artes le conocían más como la hora dorada, y para Moira Burton era "otro estúpido día casi termina". Aunque, bien debía admitir que, se la había pasado genial en compañía de Aria.
Tras pasar todo el día juntas, la rubia decidió que era hora de volver a casa, siendo acompañada por Moira hasta allá. El lugar era bonito, un edificio con departamentos un poco pequeños, pero modernos. Subieron hasta el segundo piso, donde Aria vivía con una de sus compañeras de universidad. Aria abrió la puerta y poco después invitó a pasar a Moira, adentrándose en el apartamento; Moira la siguió y cerró una vez que estuvo dentro.
—Lindo lugar. – Habló mirando a los alrededores. Había un montón de libretas y hojas sobre la mesa, en la pequeña sala había más de lo mismo, junto con un portátil que suponía, era de la rubia.
—Hago lo posible para mantenerlo en orden, pero la universidad es un infierno. – Dijo sacándose la chaqueta, viendo como Moira se paseaba por el lugar, mirando los cuadros de esa cosa horrorosa a la que muchos llaman "arte" moderno –¿Quieres tomar algo? – llamó la atención de la castaña, la cual simplemente con una sonrisa negó –¿No quieres sentarte? – se acercó hasta a ella.
—Estoy bien, tranquila. – De pronto se encontró de frente con Aria, la sonrisa en su rostro no había desaparecido.
—Bien. – Se encogió de hombros.
El silencio se hizo presente después de eso, creando un momento de tensión entre las dos jóvenes. Los ojos verdes no se despegaban de los cafés. Lo siguiente que pasó, fue que ambas se rieron por lo recientemente sucedido. –¿Qué rayos fue eso? Nunca hubo silencios incómodos entre nosotras. – Habló divertida la rubia –Yo qué voy a saber. – Moira se recargó en la mesa, soltando otra risa, y poco después volvieron a lo mismo.
—Tiene que haber una forma de llenar ese silencio. – Aria se acercó hasta quedar a escasos centímetros de los labios de Moira. Una sonrisa ladina apareció en el momento que rodeó el cuello de la castaña con sus brazos. Un roce fue suficiente para iniciarlo todo. Al segundo siguiente ya se encontraba besando a Moira, con un poco de vacilación al principio, pero, cuando ésta comenzó a corresponder, el beso se fue haciendo más intenso.
Las manos de la castaña se posaron en la cintura de Aria, atrayéndola un poco más, en busca de la proximidad que su cuerpo le estaba pidiendo, mientras que ésta se dedicaba a bajar el cierre de la sudadera de su compañera. Al lograr su objetivo, la prenda salió volando para caer en algún lugar de la casa. Cuando sus pulmones rogaron por algo de oxigeno, tomaron un poco de distancia. La respiración agitada le hizo tomarse un momento para poder hablar.
—No puedo creer que tuvieron que pasar cuatro años para esto. – Susurró la castaña, provocando que Aria riera y volviese a aferrarse a su cuello, recargando su frente sobre la de ella.
—¿Y qué nos detiene ahora?
Moira sonrió y negó con la cabeza, poco después sus labios volvieron a unirse en un beso más apasionado. La castaña cargó a su acompañante, haciendo que ésta enredara sus piernas alrededor de su cintura para poder agarrarse mejor, dirigiéndose a paso torpe hasta la habitación de la rubia.
Tal vez tardaría un poco más en volver a casa.
FIN DEL CAPÍTULO
¿Revs? ¿Amenazas de muerte? ¡Gracias por leer!
¿Qué les ha parecido Aria? Espero que no me odien después de éste capítulo. :'v
Me estoy muriendo, así que para el próximo capítulo responderé a sus revs. :'v
¡Un abrazo de oso!
