Hello... It's Me...
xD Ha llegado la actualización! No puedo creer que he actualizado tres veces en menos de un mes, creo que estoy drogada. :v
Como saben, el capítulo anterior fue bastante largo para mi gusto, y pudimos conocer algunas cosillas sobre Aria. Preparense para verla por aquí un rato, porque al igual que Kathy, Aria es un mal necesario xD
En fin, no haré spoilers, pero preparen sus gritos de fangirls. :3
Los personajes pertenecen a CAPCOM; lo único mío es la trama... y las mensadas de los Burton, y Trisha la zorra rompe hogares. xD
Sin más que decir, ¡A leer!
No Es Tan Fácil
Capítulo 8
Una exhausta Claire Redfield se encontraba recogiendo el montón de documentos que tenía apilados sobre su escritorio; al parecer tendría que llevarse algo de trabajo a casa, puesto que no había podido avanzar mucho con el paso de las horas. Tomó los archivos, revisando que no faltase ninguno, y una vez con todo en mano, se dispuso a marcharse. Aún seguía pensando en alguna manera de arreglar las cosas con Moira, pero, para eso, debía quitarse un poco de la pesada culpa que llevaba cargando ya hace varios meses, o, en el mejor de los casos, fingir que ésta había desaparecido. Sacudió su cabeza desechando la idea al instante; ya no quería mentirle más a la joven. Después de todo, fue ella la que prometió que no habría secretos entre las dos.
El jardín de los Burton se encontraba lleno de invitados aquella tarde. Como era usual, a Barry le gustaba hacer reuniones y barbacoas por cualquier mínimo motivo; en éste caso, era porque Claire había decidido mudarse a Canadá. Aparentemente todo iba bien, Chris y Barry estaban teniendo una especie de competencia por ver quién comía más hamburguesas, Jill, que en ese entonces aún tenía el color castaño en el cabello charlaba con Kathy sobre decoración de interiores, Rebecca y Billy discutían por alguna cosa estúpida. Y sentada al final de la mesa, se encontraba Moira, con la mirada perdida y distante de todo lo que pasaba a su alrededor. Cuando la joven decidió levantarse por algo de tomar, no pudo evitar toparse con Claire mirándola de manera curiosa.
—¿Está todo bien? – Preguntó la pelirroja, acto seguido dio un sorbo a la botella de cerveza, y obteniendo en respuesta un suspiro por parte de Moira, que después sólo atinó a negar con la cabeza. Claire la llevó a la parte de adentro de la casa, esperando poder hablar con ella tranquilamente; una vez ahí, esperó paciente para que Moira estuviera dispuesta a contarle.
—Me gustaría saber por dónde empezar… — Respiró profundamente, pero aquello no sirvió, puesto que sólo llevó a su mente a lugares más oscuros. La urgencia por sacar todo lo que sentía en ese momento era demasiada, pero, a su vez, el miedo también la estaba matando. El pensar en qué era lo que la Redfield le diría una vez que la verdad saliera a la luz le aterrorizaba de sobremanera; aquello logró romperla, las lágrimas brotaron y su voz tembló –Claire, ¿A caso hay algo malo en mí? – preguntó abrazándose a sí misma.
La frente de Claire se arrugó en señal de preocupación.
—¿Qué dices? ¿Por qué tendría que haber algo malo en ti, Moira? – La pelirroja buscó que Moira la mirase a los ojos, colocó ambas manos sobre los hombros de su amiga para atraer su atención.
—Es que… — Se agarró la cabeza –Si te digo esto tal vez no volverás a hablarme – Desvió su mirada.
—¿A qué te refieres? Moira, si estás teniendo problemas con drogas o algo así, yo…
—¿Qué? ¡No!... no es eso. – La tranquilizó. Claire suspiró aliviada.
—Entonces no entiendo qué puede ser tan malo como para creer que podría alejarme.
Moira volvió a respirar hondo, dignándose a mirar por fin a la pelirroja.
—Soy… gay. – Dijo finalmente al tiempo que más lágrimas amenazaban con salir. Para su sorpresa, se encontró con Claire sonriéndole cálidamente.
—¿Era eso lo que tanto te preocupaba? – Vio como la castaña asintió, intentando sacarse las lágrimas con la manga del suéter, pero Claire la detuvo tomando sus muñecas para que pudiera mirarla, ensanchando su sonrisa –No pasa nada, Moira – La pelirroja fue la que usó sus pulgares para borrar el rastro de llanto en las mejillas de la más joven.
—¿N-no crees que soy rara o una mierda así? – Dijo con la voz aún temblorosa, viendo como la pelirroja negaba con la cabeza. Sin pensárselo mucho, se lanzó a los brazos de Claire, haciéndola reír quedamente, para que después ésta correspondiera el gesto. En ese momento era lo único que necesitaba, después de sentirse como una completa extraña, el saber que había alguien ahí para apoyarla y para decirle que todo estaría bien, era lo más reconfortante del mundo.
—Jamás podría pensar eso de ti. – Pasó la mano por la espalda de la castaña para hacer que ésta se relajara –Pero pudiste habérmelo dicho desde el principio, tal vez así no hubiera sido tan pesado. –
—Lo siento. – Varios segundos después rompieron el abrazo.
—Acordemos algo. – Dijo la pelirroja sin dejar de sonreír –A partir de ahora no habrá secretos… Puedes contar conmigo para lo que sea, Moira. – La mirada que tenía era completamente sincera. Claire de verdad quería que Moira confiara en ella, quería hacerle saber que no estaba sola.
—Bien. – Moira rió ligeramente, para luego levantar su mano y enseñarle el dedo meñique; la de los ojos azules la miró sin comprender –Debes cerrar el trato, Redfield – las comisuras en los labios de Claire volvieron a curvarse al comprender al fin de lo que iba todo eso, y aunque le pareciera un poco infantil al principio, esa fue la forma de sellar su promesa.
Su móvil sonando la trajo de vuelta al presente. Era Barry. Sin pensárselo mucho decidió atender.
—Barry, hola.
—Claire, ¿Está Moira contigo?
La pellirroja frunció el entrecejo confundida, pues, todo éste tiempo supuso que la castaña estaba en su casa.
—No… La vi ésta mañana, pero fue sólo por unos minutos.
—Mierda.
—¿Intentaste contactarte con ella? – Claire comenzó a caminar fuera de su oficina a paso rápido.
—Sí, pero no me responde… No la encuentro por ningún lado – Escuchó como la voz del hombre tenía un dejo de desesperación.
Ahora estaba más preocupada que nunca.
—Voy a buscarla, por favor mantén la calma. – Claire buscaba con la mirada la oficina de comunicaciones. Maldijo internamente, pues su ansiedad no la estaba haciendo pensar claramente. Cortó la comunicación y corrió una vez que dio con el lugar; abrió la puerta sin pedir permiso, encontrándose con un hombre de unos treinta años trabajando en uno de los ordenadores. El pobre casi se cae de la silla. Se puso una mano en el pecho y suspiró –Dios, casi me matas de un susto, Redfield. – Dijo mirando a la mujer, pero al parecer ésta no tenía ni tiempo de disculparse por su intrusión.
—Zac, ¿Puedes rastrear a alguien con su número telefónico? – El pelinegro parpadeó un par de veces.
—Uh… sí. ¿Por qué? ¿Pasa algo?
—Moira. – fue lo único que dijo.
—¿Qué pasa con Moira? ¿Está bien?
—Es lo que necesito saber, Barry no la encuentra por ningún lado. – Dicho eso, el hombre se giró nuevamente al ordenador y comenzó a teclear lo que parecían ser algunos comandos.
—Bien. Déjame ver qué puedo hacer. ¿Tienes el número? – Habló sin dejar de mirar la pantalla. Claire dio una respuesta afirmativa y le proporcionó la información, rogando internamente por que pudiesen encontrarla, y una vez que eso pasara, poder hallarla sana y salva. No podría perdonarse ésta vez si algo le llegara a pasar a la castaña; ya había tenido que pasar por suficientes cosas, y no estaba segura de poder soportar algo más.
—Lo tengo. – El corazón de la pelirroja se aceleró. La incertidumbre la estaba matando, sólo quería saber en dónde estaba y salir corriendo a buscarla –Está cerca del centro, aquí tienes las coordenadas. – Claire marcó la ubicación en su GPS y volvió a apresurarse.
—Gracias, ¡Te debo una! – Habló saliendo rápidamente de la oficina.
**oOo**
Moira suspiró mirando a su alrededor; al parecer una de sus botas había desaparecido misteriosamente en el transcurso de su reciente encuentro con la rubia. Buscó bajo la cama, en el clóset, en cada uno de los rincones de la habitación, pero ni rastro alguno del objeto. Se rascó la nuca, no sabía si por confusión o frustración. –¡Lotería! – vio a Aria entrar con el zapato en la mano, alzándolo victoriosa, para luego entregárselo a Moira –¿Cómo mierda acabó en el pasillo? – Preguntó. Su "amiga" sólo atinó a encoger los hombros y reírse, viendo como la castaña se sentaba en la cama para atarse los cordones.
Aria se dejó caer a un lado de Moira; importándole poco si la ropa que llevaba puesta se desordenaba. Su compañera miraba vagamente como el pecho de ésta subía y bajaba cuando respiraba. Al cabo de un rato, y al ver que no había palabra alguna en boca de Aria, Moira fue la que inició conversación –¿Todo bien? – Preguntó, recostándose junto a la joven, usando su codo para recargarse y la palma de su mano para apoyar su mejilla –Espero que no vayas a decirme que tienes novia o una mierda así. – Aquello que dijo sólo sirvió para que la rubia echara una risa e imitara la posición de Moira, acercándose hasta propinarle un corto beso en los labios. –Todo está de maravilla. – Habló sonriente –Sólo estoy agotada. – La castaña sonrió al tiempo que se ponía de pie.
—No te culpo, caminamos bastante. – Ahora se dirigía afuera de la habitación para buscar su sudadera, tratando de localizarla con la mirada. Aria tenía una habilidad sorprendente para que las cosas cayeran en los lugares menos esperados. Segundos después, la rubia apareció para hacerle compañía.
—Nah, puedo pasármela todo el día caminando y no tengo problema.
Moira encontró la prenda más rápido de lo que se esperaba; entonces se giró para encarar a Aria, instantes después dándose cuenta del significado en las palabras de la rubia.
—Oh… — Esbozó una sonrisa, viendo como la rubia se dirigía hacia la cocina, para abrir la nevera y sacar una lata de gaseosa.
—Al parecer los rumores eran ciertos. – Dijo para después dar un sorbo de la bebida, notando como Moira fruncía el entrecejo con confusión, caminando hasta la barra de la cocina para quedar frente a la chica.
—¿Rumores? – Preguntó, observando como la rubia asentía –¿Qué clase de rumores? – Aria no hizo más que morderse el labio y formar una sonrisa picara, haciendo que a la castaña se le subieran los colores al rostro. Moira era una chica con el ego bastante alto, a decir verdad, pero, cuando se trataba de su vida sexual y su famoso complejo de Don Juan, no dejaba de repetir que todo eso no era más que exageraciones. Sí, había tenido más de una novia, y sí, aquella no era la primera vez que se acostaba con alguien, pero tampoco era para tanto.
—Ah, por favor. La gente no se cansa de exagerar con esa mierda.
Aria rodó los ojos y se rió.
—Eres tan modesta. – Se acercó para pellizcarle las mejillas, obteniendo un ligero gruñido por parte de la castaña.
Tras quedarse platicando por un rato, Moira decidió que ya era tiempo de volver a casa. Un par de besos de despedida después, se dispuso a irse, pues ya se había tardado más de lo que tenía planeado ese día; sólo esperaba que algún taxi pasara por ahí pronto, la idea de ir por la calle sola la estaba poniendo de nervios.
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Claire trataba de conducir lo más calmada posible; estaría mintiendo si decía que no estuvo a punto de chocar en dos ocasiones por ir buscando en los alrededores. Minutos después, Zac llamó para informarle que Moira había comenzado a moverse; le mandó la nueva ubicación, y la pelirroja decidió apresurarse antes de que se alejara más. Cuando se encontró cerca, hizo contacto con Barry para avisar que la había encontrado.
—¿En dónde está? Voy para allá. – Se escuchó la voz del hombre por el altavoz de su móvil.
—No te preocupes, yo la llevo a casa. – Respondió sin dejar de mirar al frente, entrecerró los ojos al ver a una persona a la distancia, sobre una parada de autobús.
—Bien, entonces. – Suspiró agotado –Gracias, Claire, en serio. –
—Tranquilo, nos vemos en un rato. – Dicho aquello, cortó la comunicación y siguió conduciendo hasta que al fin pudo reconocer a Moira.
La luz del auto la segó por un momento y casi le da un ataque al ver que había quedado demasiado cerca. El idiota que casi la atropella todavía se dignó a pitar el claxon cuatro veces, cosa que la molestó aún más. Pero para su sorpresa, se encontró con la mismísima Claire Redfield bajando de la SUV con una expresión indescifrable sobre su rostro. Eso no restaba el hecho de que casi hacía que se cagara en los pantalones.
—¿¡Se puede saber qué mierda te pasa!? ¡Casi me matas! – Gritó extendiendo los brazos como esas personas que se ponen a discutir antes de agarrarse a golpes tras haber chocado sus autos. Claire cerró la puerta con fuerza. Las cejas juntas. Definitivamente estaba molesta, y no era para menos.
—¿¡Qué mierda te pasa a ti!? ¡Tu padre casi me llama llorando porque no contestas el puto teléfono! – Moira parpadeó un par de veces. Escuchar a Claire diciendo malas palabras en sus reclamos era el sinónimo de que estaba más que furiosa. Pero estaba confundida, pues, su móvil no había sonado para nada en todo el día. Mientras la pelirroja iba caminando a zancadas hacia a ella, sacó el aparato para verificar si había alguna llamada perdida, encontrándose con que la condenada cosa estaba en modo avión. Tal vez eso pasó durante su agradable experiencia con el tipo que tenía planes de acosarla.
—Mierda... Lo siento, tal vez puse el modo avión accidentalmente y…
Guardó silencio de golpe. Sus ojos se abrieron ampliamente al sentirse presionada contra el cuerpo de la pelirroja, que en ese momento se encontraba envolviéndola en un abrazo.
¿Debía hacer algo?
Respiró profundo. No, no había nada que decir. El momento era jodidamente perfecto como para arruinarlo diciendo alguna estupidez, y después de la pelea que habían tenido esa mañana, aquello simplemente era lo mejor que pudo haberle pasado en el día. El sentir como la pelirroja la abrazaba con fuerza, le hizo sentir la necesidad de aferrarse a ella como fuera. Sus brazos encontraron la manera de enredarse por la cintura de Claire, escondiendo su rostro en el hueco que había entre el cuello y el hombro de la mujer, permaneciendo así por varios segundos, que llegaron a sentirse como una eternidad.
—Demonios, Moira. – La voz de la mayor sonaba grave, tal vez porque trataba fervientemente contener el llanto debido al momento que la hizo pasar –No vuelvas a hacer algo así, casi me da un ataque – Dijo juntando las cejas con preocupación, tomando algo de distancia para poder ver el rostro de la castaña. Sus manos se posaron sobre el rostro de la más joven de manera protectora, mirándola de arriba abajo, como asegurándose de que no tuviera ni un rasguño. Moira comprendió aquello a la perfección, apresurándose a hablar antes de que las preguntas se hicieran presentes –Estoy bien, Claire, tranquila. – Vio como la pelirroja apretó los labios, forzándose a no dejar salir las lágrimas, y asintiendo levemente, bajando sus manos hasta los hombros de Moira.
—Lo siento. Por preocuparte, y por lo de ésta mañana. – Vociferó quedamente, rompiendo lo poco que quedaba de aquel abrazo.
—Descuida, yo entiendo que… — Se vio interrumpida al sentir una fragancia diferente en el aire. Arrugó la nariz en un intento por saber de dónde provenía, y entrecerró los ojos al darse cuenta de que la castaña era la portadora de aquel perfume. Se alejó un poco, aún con la misma expresión, dejando a Moira bastante extrañada.
—¿Claire? – Arqueó una ceja sin comprender.
—Creí… — Volvió a olfatear –Creí que no te gustaban los perfumes dulces. – Dijo sin más. Moira sólo pudo desviar la mirada y rogar porque la pelirroja no notara que su cara estaba empezando a ponerse más roja que un tomate.
—Es... Es una larga historia, no importa.
Vio a Claire sonreírle como siempre, después la mujer movió su cabeza en dirección a la SUV.
—Vamos, te llevaré a casa antes de que Barry diga que intenté poner mis lujuriosas manos sobre su bebé. – Habló divertida, causando que una carcajada se le escapara a Moira.
—Eres una tonta. — Dijo entre risas.
Fin del capítulo.
¿Qué les ha parecido? ¿Éste momento Burtonfield compensa el que Moira se haya tirado a Aria? Yo sé que no, pero vale la pena preguntar xD
¿Revs? harían muy feliz a un dinosaurio.
¡Un abrazo de oso! ¡Gracias por leer!
