V. Odio a primera vista
Peter y James habían conseguido un compartimento para ellos solos cerca de la cabeza del tren. Sin embargo, no pasaron ni dos minutos antes de que James sintiera la necesidad de volver al andén a estirar las piernas. Preguntándose cómo iba a aguantar las más de cinco horas que duraba el viaje hasta el Colegio, Peter se despidió del que ya consideraba su amigo prometiéndole que le guardaría un sitio.
Ya de vuelta en el andén, y no habiendo aprendido nada de la experiencia, James consideró una buenísima idea volver a jugar con la snitch. Porque, ¿qué podía salir mal? Desde que tenía uso de razón había soñado con formar parte del equipo de quidditch de Gryffindor y ganar el Torneo Escolar siete veces seguidas.
Sí, siete, porque tenía un plan que iba a llevarle al estrellato.
Tuvo que utilizar sus encantos en un par de ocasiones, pero al final dio con alguien que le indicó quién era el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor. Se trataba de un chico de quinto, alto y fuerte como un armario llamado Richard King. Un robusto bate de madera con revestimiento metálico reposaba sobre su hombro derecho. Con que golpeador...
Con la seguridad que lo caracterizaba, James esquivó a un par de familias que se despedían y se acercó al grupo de Gryffindors en el que estaba King.
- ¿Eres Richard King? -el grupo estalló en una carcajada, ignorándolo por completo - ¿Oye? ¡Perdona!
El silencio se hizo en el grupo cuando James por fin se hizo escuchar.
- ¿Eres Richard King?
- ¿Quién lo pregunta?
James sonrió con seguridad.
- Tu futuro buscador. -tras apenas un segundo de silencio, el grupo volvió a estallar en una carcajada generalizad. Esta vez sí que habían oído las palabras de James, y por alguna razón que el muchacho lo lograba comprender les habían resultado tremendamente graciosas.
- Piérdete, enano.
James frunció el ceño. Ya había lidiado con gente de esa calaña antes. Personas que por ser más grandes que él se creían con el derecho de ningunearle, y tratarle mal. Vaya un ejemplo de Gryffindor.
- No pienso irme a ninguna parte hasta que no me des una oportunidad de demostrarte lo que valgo.
- Chaval, me caes bien, en serio, tienes pelotas -su tono le molestaba-, pero el equipo está completo y además, no está permitido que los alumnos de primero entren en el equipo.
- Eso es porque McGonagall no me ha visto volar todavía -cuando alguien intentaba hacer menos de él, la respuesta natural de James siempre había sido hacerse el gallito. Era un defecto de fábrica. Seguramente, culpa de Fleamont- Apuesto lo que quieras que soy mejor que tu buscador y puedo demostrarlo, aquí y ahora.
- Cómo ya he dicho antes, piérdete, enano -Richard dio la conversación por finalizada, girándose para darle la espalda de nuevo.
- ¿Qué pasa King, acaso tienes miedo?
Un "Uuuuuh" se extendió entre la pandilla mientras el grandullón se giraba lentamente, casi a cámara lenta. Algo que James sólo había visto en las películas. Al ver la mirada peligrosa de Richard, se preguntó tres cosas: si se había pasado de la raya; hasta qué punto peligraba su vida, y dónde estaba su padre.
- Tú lo has querido. ¿Jones? ¿Qué me dices? -un chico bastante más pequeño que su capitán, pero que aún así le sacaba más de una cabeza a James se acercó al muchacho con una sonrisa divertida en el rostro- ¿Te apuntas a darle una lección al mequetrefe?
El buscador de Gryffindor miró a James. Cada vez parecía más divertido con la situación.
- ¿Estás decidido, no? -James respondió con un decidido asentimiento de cabeza- No hay más que hablar, ¿tienes una snitch a mano?
James se sacó del bolsillo la pequeña bolita dorada y se la tendió al capitán.
- Está bien, cerrad los ojos. -ambos obedecieron, espalda contra espalda. A su alrededor se había formado un coro de curiosos que aumentaba a cada segundo que pasaba- Soltaré la snitch, luego contaré hasta diez. En ese momento podréis abrir los ojos. El que capture la snitch gana. ¿Entendido?
Ambos asintieron. James había jugado a ese juego innumerables veces con su padre. Le encantaba y siempre le ganaba. Claro que su padre era un completo negado para los deportes.
King empezó a contar y James se concentró. Tensó los ligeramente los músculos, listo para echar a correr en la dirección que hiciera falta.
- Nueve… ¡Y diez!
La vio una milésima de segundo antes que Jones y salió disparado en su búsqueda. El buscador del equipo le seguía de cerca, sorprendido por la velocidad de aquel niño de once años. James saltó por encima de un baúl que un par de elfos estaban subiendo al tren, al mismo tiempo que Jones apoyaba sus manos para saltar por encima de un carrito.
Corrieron varios metros en paralelo al tren.
- James Charlus Potter, qué demonios estás… -no llegó a escuchar el final de la frase de su madre, pero se lo podía imaginar.
La snitch giró de forma abrupta al pasar una columna del andén y ambos chicos le siguieron. Sin embargo, Jones perdió un segundo muy valioso esquivando a una familia que acaba de cruzar el portal del andén. La snitch giró de nuevo, de manera que los muchachos corrían hacia su punto de partida, donde el grupo de curiosos aguardaba ahora expectante.
Dispuesto a ganar costara lo que costase, James se apoyó en la espalda de un revisor que se había agachado para atarse los zapatos -"¡HEY!"- y saltó por encima de su cabeza. Iba a atraparla, ya la tenía.
Entonces, un pesado proyectil le golpeó en el costado, desequilibrándolo por completo. Antes de aterrizar pesadamente sobre su espalda, tuvo tiempo de ver la sonrisa petulante de King. "Serás tramposo…"
- ¡Quítate de encima! -alguien le empujó, haciéndole rodar por el suelo. Creck.- ¿Estás bien Lily?
Desorientado, incorporarse apoyando las manos en el suelo. Sólo que lo que tocó no era una mano, sino una pierna.
- ¡Te he dicho que le quites las manos de encima!
- Severus, cálmate, estoy bien.
- Pero este…
- La señorita ha dicho que está bien, Severus -James ya estaba de pie-. Y tú me has roto las gafas.
- Yo no te he… -James le ignoró de la forma más absoluta en que un ser humano puede ignorar a otro, para dirigirse a la chica sobre la que había aterrizado.
- Mil disculpas por…
- ¿Haber aterrizado encima de mí? -Lily se levantó a su vez, ignorando la mano que James le había ofrecido- ¿O por acusar a mi amigo de romperte las gafas cuando todo el andén ha visto como ese gorila te tiraba algo con su bate?
- Me ha dado en las costillas no en… ¡Oh! Así que estaba mirando… -James sonrió, orgulloso de sí mismo, a lo que Lily respondió rodando los ojos.
- Vámonos Severus.
- Oh venga, ¡era broma! Yo sólo quería disculparme…
- Déjala en paz -el chico que lo había empujado se interpuso entre James y ella.
- ¿Oye y tú qué eres, su guardaespaldas? -lo miró de arriba abajo. Era bajito, escuálido y extremadamente pálido- ¡Yo pediría que me devolvieran el dinero!
Alzó la voz para que la chica de la melena pelirroja que ya se alejaba pudiera escucharle. James tenía la intención de insistir, pero el silbido del tren le obligó a cambiar sus planes. Eso, y la severa mano de su madre agarrándole por el codo.
- ¿Qué se supone que estabas haciendo?
- Pues…
- ¿James? ¿¡Qué haces aquí todavía!? ¡Corre o vas a perder el tren!
- ¡Sí papá! -sonrió a sabiendas que acababa de librarse por los pelos- ¡Adiós! ¡Os quiero!
Corrió hasta la puerta más cercana y se unió a las decenas de alumnos que se despedían de sus familiares desde las ventanas del Hogwarts Express, que ya se ponía en marcha.
