VII. La Selección

La noche ya se había cerrado sobre Hogsmeade cuando el Hogwarts Express se detuvo en la estación con un suspiro ahogado. Casi de forma inmediata -en el caso de James el tren apenas se había detenido-, todas las puertas de los diferentes vagones del tren se abrieron para dar paso a una ola de alumnos, ataviados todos ellos con sus uniformes de Hogwarts.

- ¡Alumnos de primero! ¡Por aquí, por favor!

- Wow… -Sirius y Lupin bajaron por la última puerta del tren y aún así pudieron distinguir claramente la figura que los reclamaba. No era difícil, se alzaba varias cabezas por encima de los alumnos más altos- Es enorme.

James corrió como alma que persigue el grindylow para estar en la primera línea del grupo que pronto se formó alrededor del semigigante. Peter, perseguido por su asma, apenas pudo seguirle el paso, entre resoplidos y algún que otro sollozo.

- ¿Estás bien compañero? -incapaz de hablar, Peter se limitó a sacudir la cabeza ante la pregunta de James- ¡Esto es emocionante! ¿No crees?

- ¿Estáis todos? Perfecto -su voz resonaba como un trueno en medio de la plácida calma que reinaba en las inmediaciones-. Mi nombre es Rubeus Hagrid, soy el Guardabosques del Castillo. Seguidme, por favor.

- En serio, es…

- Enorme. Sí Sirius, ya lo veo -replicó Remus, que se sentía incómodo en su uniforme.

- Es que lo es. Tranquilo, no se te ve -Remus lo miró confundido-. La cicatriz, digo. No se ve.

Todas las alarmas de Remus se dispararon, cuyo primer instinto fue dar media vuelta y subirse al tren de nuevo. No había pasado ni un día y ya lo habían descubierto. Menudo éxito.

- Yo también tengo un par de cicatrices -continuó Sirius-, pero mi madre se ocupó de hacerlas en sitios que no se vean… A lo que voy es que yo te cubro, no te preocupes.

Sentimientos encontrados libraron una batalla silenciosa en el pecho de Remus. Descubrir que Sirius era un niño maltratado era devastador. Pero casi peor era la culpa de dejar que creyera que él también lo era, que estaban unidos por algo tan horrible. Sin embargo no podía contarle la verdad. Su secreto era peor, muchísimo peor.

En ese instante tomó una decisión que sabía que le perseguiría durante el resto de sus días. Sabía qué era lo correcto y, sin embargo, se vio incapaz de hacerlo, pues por primera vez en su vida sentía que tenía un amigo. Y el miedo a perderlo era ya demasiado grande.

- ¿Crees que nos harán algún tipo de prueba? -preguntó James con un entusiasmo que Peter no compartía en absoluto- Igual nos hacen nadar hasta el castillo… ¡O luchar contra el calamar gigante! Mi padre dice que es realmente enorme.

Las manos de Peter empezaron a sudar profusamente ante la posibilidad de que algo de lo que James sugería fuera remotamente posible. Y sus expectativas no mejoraron en cuanto Hagrid les pidió que se organizaran en grupos de cuatro. Al menos podrían dejarnos luchas a todos juntos. Antes de que pudiera reaccionar, James lo agarró de la túnica, arrastrándolo a través del grupo.

- Todavía no sé tu apellido. El mío es Potter, por cierto -la melena pelirroja suspiró antes de darse la vuelta-.

- ¿Qué te hace pensar que me importa lo más mínimo?

- Que me estabas mirando.

- No te estaba mirando.

- ¿Por qué no te pierdes por ahí Potter?

- Nadie está hablando contigo, flacucho.

Fue un visto y no visto. En un abrir y cerrar de ojos la varita de Severus había hecho acto de presencia en su mano derecha.

- Ya me tienes harto -sus palabras sonaron en un susurro apenas audible, pero la amenaza se escuchó alta y clara.

- Vosotros cuatro, ¿a qué esperáis?

James también había sacado su varita cuando se percató de que eran los últimos alumnos que quedaban en la orilla del lago. Todos los demás estaban en las barcas que ya habían empezado a cruzar el Lago negro.

A regañadientes, James guardó de nuevo la varita y se adelantó para ayudar a Peter a subirse a la barca.

- ¿Madame? -Lily ignoró deliberadamente la mano que James le ofreció y subió a la barca rechazando su ayuda. Tras un breve mohín, James suspiró y subió detrás de ella.

Se aseguró de que la barca se inclinaba mucho al subir, ya que Severus estaba intentando hacer lo propio por el otro lado. De tal forma que cuando James estuvo a bordo, la inercia de la barca hizo que Severus tropezara, cayendo al suelo y provocando la carcajada del joven Potter.

- Eres insoportable, ¿lo sabías? -Lily se apresuró a ayudar a su amigo, que fulminó con la mirada al chico.

- ¿Insoportablemente adorable?

- Insportablemente engreído. -repuso Severus en su tono de voz habitual.

La paz se hizo momentáneamente en la embarcación cuando la barca se puso en marcha de sola y empezó a surcar las tranquilas aguas del lago negro. Estará durmiendo, pensó James con su mente puesta en el calamar gigante.

A medida que las barcas fueron llegando al embarcadero, el grupo de jóvenes alumnos se arremolinó de nuevo alrededor del Guardabosques, que les guío en una pequeña travesía ascendente hasta las puertas del castillo.

Remus y Sirius compartieron una conversación que a ojos del joven Lupin fue de lo más divertida acerca de la tostadora. El entusiasmo que demostró Sirius ante la existencia de un aparato capaz de tostar el pan resultó de lo más gracioso para Remus. Por otro lado, James se dedicó a animar a Peter, cuyos pulmones amenazaban con colapsarse a cada escalón que subía.

Poco a poco, la imponente silueta del castillo se fue convirtiendo en un muro cuyo final eran incapaces de ver. Al llegar a la puerta principal, Hagrid se despidió de ellos, invitándoles a subir por la gran escalera de mármol. Al final del primer tramo, les esperaba una bruja de mirada severa que vestía una túnica verde esmeralda aterciopelada.

- Seguidme -algo en su tono de voz dejó claro para todos los presentes que no iba a admitir ningún tipo de réplica. Hasta James se vio cohibido por el respeto instantáneo que sintió por esa mujer-.

Pasaron por delante de un gran portalón de madera al otro lado del cual se escuchaban cientos de voces. Ese debe de ser el Gran Comedor, pensó Remus mientras seguía a la bruja junto al resto de sus compañeros de primero hasta una habitación vacía.

- Bienvenidos a Hogwarts -un silencio expectante acompañó las palabras de la profesora McGonagall-. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas.

Los ojos de James brillaban con intensidad.

- La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts -Espero que no, repuso Sirius mentalmente-. Tendréis clases con el resto de la clase que os toque, dormiréis en el dormitorio de vuestra casa y pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa. Las cuatro casas se llaman Gryffindor -el pecho de James se hinchó con orgullo-, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin.

Sirius no hizo el menor intento de esconder su mueca de completa repulsión ante la mención de la casa a la que pertenecían todos los miembros de su familia.

- Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que vuestra casa gane puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierda.

Me pregunto cuántos puntos perdería por comerme a un alumno, pensó Remus con un cinismo del que se arrepintió inmediatamente.

- Al finalizar el año, la casa que haya obtenido más puntos será premiada con la Copa de las Casas, un gran honor. Espero que todos vosotros seáis un orgullo para la casa que os toque.

La mirada de Mcgonagall se paseó por toda la estancia en un barrido rápido. Las manos de Peter empezaron a sudar de nuevo.

- Esperad aquí en silencio. En unos minutos, cuando esté todo listo, volveré a por vosotros.

El rumor de conversaciones a media voz no tardó en expandirse por la estancia, pero cesó de golpe apenas cinco minutos más tarde, cuando la puerta se abrió de nuevo y la bruja que les había recibido les invitó a seguirla.

En cuanto cruzaron las enormes puertas de madera que separaban el hall del Gran Comedor, cientos de ojos se posaron sobre ellos mientras cruzaban el largo de la habitación. Cuando llegaron al frente, la bruja les indicó que se detuvieran. Los ojos de James, así como los de la mayoría de sus compañeros, bailaban de un lado al otro del salón, admirando la inmensidad y majestuosidad del Gran Comedor.

La profesora les hizo formar una gran fila quedándose de cara a sus futuros compañeros, que los observaban desde las cuatros grandes mesas que ocupaban el largo y ancho del lugar. Mientras Mcgonagall colocaba un taburete de cuatro patas frente a los alumnos, a través de la pared contraria -aquella en la que se encontraba la puerta por la que habían entrado- aparecieron una veintena de fantasmas, aquellos que moraban en Hogwarts y no querían perderse la ceremonia.

En aquel momento, el sombrero que la profesora había colocado sobre el taburete empezó a moverse perezosamente, hasta que sobre su rasgada tela pudo distinguirse claramente una cara. Nadie pudo reaccionar antes de que el sombrero se pusiera a cantar la tradicional canción de Hogwarts. Cuando terminó, todo el GRan Comedor estalló en una calurosa ovación.

- Cuando os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para ser seleccionados -dijo McGonagall- ¡Abbott, Clarah!

La chica fue rápidamente seleccionada para Hufflepuff y fue recibida entre los vítores de sus compañeros de casa. Otros dos alumnos de primero fueron seleccionados antes de que llegara su turno.

- ¡Black, Sirius!

Podía notarlas. Podía notar las miradas desafiantes de sus parientes desde la mesa de Slytherin y se encargó de devolver todas y cada una de ellas antes de sentarse y colocarse el sombrero, ajeno a los murmuros que se alzaron en el Gran Comedor.

- Veamos… ¿Qué tenemos aquí? Así que un Black, ¿eh?

- No por favor, yo no soy como ellos. Por favor.

- Mmm… ¿No eres como ellos? ¿No eres ambicioso? ¿No consigues todo lo que te propones?

El pánico galopó por las venas de Sirius como un caballo desbocado. De repente, el cuello de la camisa empezó a arderle. Podía escuchar los latidos de su propio corazón en las orejas.

- No. Hay cosas más importantes.

- Si eso es lo que sientes serás bien recibido en ¡GRYFFINDOR!

La mesa situada en el fondo izquierdo de la sala estalló en un bramido de bienvenida y el pánico desapareció tan rápido como había venido. Al mismo tiempo, una sonrisa burlona apareció en la boca de Sirius, que tuvo a bien de dedicarla a la mesa de Slytherin, donde se ganó varios enemigos de forma instantánea.

Que Lily fuera seleccionada para Gryffindor no fue más que un aliciente delicioso para James, que sentía la extraña necesidad de estar cerca de aquella chica, aunque fuera sólo para molestarla. Casi la mitad de los primerizos habían sido seleccionados cuando llegó el turno de Remus.

- Vaya, vaya… -sabía que era imposible, pero Remus habría jurado que distinguió un deje de sorpresa en la voz del sombrero- Interesante, sin duda.

- Es una bonita forma de decirlo…

- Percibo un gran miedo en ti…

- No quiero hacerle daño a nadie.

- Te ayudarán a afrontarlo en ¡GRYFFINDOR!

Los leones estallaron el vítores de nuevo y Sirius se adelantó un poco para darle la bienvenida a su amigo. Remus no quiso reconocerlo en ese instante, pero se sentía feliz de compartir casa con el atormentado muchacho.

El número de alumnos que faltaba por Seleccionar era inversamente proporcional a la sudoración palmar de Peter. Cuantos menos quedaban, más sudaban sus manos.

- ¡Pettigrew, Peter!

El muchacho quedó totalmente paralizado por el miedo. No fue hasta que James le dio un pequeño codazo que fue capaz de moverse. Yo puedo.

Casi cinco minutos pasaron antes de que la voluntad férrea que James había inducido en él sin saberlo hiciera que Peter ganara una discusión por primera vez en su vida.

- ¡GRYFFINDOR!

Se apoyó en la sonrisa radiante del joven Potter, que aplaudía junto con los leones la decisión del sombrero. Pero su momento había llegado. ¡Potter, James! lo llamó la profesora. Y el tiempo que había invertido el Sombrero con Peter fue rápidamente recuperado, pues apenas un segundo más tarde de que el muchacho se lo colocara sobre la cabeza el veredicto fue revelado.

- ¡GRYFFINDOR!

Pletórico, James saltó del taburete y corrió hasta la mesa de los leones para aceptar su bienvenida. No lo dudó y, para pena de Peter, rodeó la mesa para poder sentarse entre Lily y Remus.

- ¡Snape, Severus!

Tanto Sirius como James alzaron la mirada como si un resorte se hubiese activado en su cabeza y la clavaron en el escuálido muchacho que avanzaba hacia el taburete para colocarse el sombrero. La decisión también fue rápida.

- ¡SLYTHERIN!

- Por supuesto -espetaron ambos a la vez, atrayéndose la mirada mutuamente.

- ¿Tienes algo en contra de ese? -preguntó Sirius con limitada cautela.

- No le soporto -respondió James, olvidándose de Lily, que puso los ojos en blanco.

El joven Black, en cambio, sonrió abiertamente y le tendió la mano desde el otro lado de la mesa.

- Yo tampoco. Sirius.

- James -repuso él, aceptando el saludo-. Esto va a ser divertido.

- Sin duda.