VIII. Lily
El ambiente en la clase resultaba algo pesado debido a la mezcla de vapores que flotaban en el aire. El profesor Slughorn estaba enumerando los ingredientes que eran necesario para preparar la Solución Limpiadora, mientras los alumnos de primera de Ravenclaw y Gryffindor tomaban apuntes en sus pergaminos.
- Pero ¿por qué se habrá sentado con él?
Desde el último pupitre del aula, James estaba demasiado ocupado intentando averiguar de qué hablaban Remus y Lily dos filas más adelante, como para prestar atención a la lección que el profesor de Pociones estaba impartiendo. A su lado, Sirius apenas era capaz de mantener los ojos abiertos, y tampoco hacía grandes esfuerzos para lograrlo. Si le preguntaban a él, tener que dar clase de pociones a primera hora de la mañana debería estar prohibido. Más aún cuando el sol brillaba en el cielo y ellos tenían que estar encerrados en esa maldita mazmorra.
Hacía una semana que habían empezado las clases en Hogwarts y Sirius era más feliz de lo que lo había sido en toda su vida. Por primera vez desde que tuviera uso de memoria, estaba pudiendo dormir bien, sintiéndose completamente seguro. Podría haber confundido Hogwarts con el cielo de no ser por los madrugones.
Su bostezo rebotó en las paredes de la mazmorra, y el eco hizo que se expandiera por toda la clase. Todos los presentes clavaron sus miradas en ellos. Algunos escondiendo una risilla tras la túnica, otros sintiendo vergüenza ajena y otros fingieron no haber oído nada.
- ¿Es que la lección le resulta aburrida, joven Black? -inquirió el profesor Slughorn desde la pizarra- ¿Quiere que le traigamos una almohada?
- No profesor, la mesa está bien para mí, soy un chico de gustos modestos -a su lado, James tuvo que ahogar una carcajada tapándose la boca con ambas manos.
Slughorn, rojo como un tomate maduro, el profesor Slughorn se encaminó con paso bamboleante hacia el fondo del aula. Pero fue interrumpido por una mano que se alzó en su camino para hacer una pregunta.
- Profesor, tengo una duda -Slughorn se detuvo frente al pupitre de Remus, pero su mirada seguía fija en Sirius, que había vuelto a hundir la cabeza entre los brazos-, ¿entonces qué sería mejor, trocear o laminar las colas de rata?
- ¿Qué? ¡Oh, buena pregunta señorito Lupin! Pues veréis, dependiendo de la intensidad que queráis aplicar a…
- Lo has vuelto a hacer -susurró Lily al oído de Remus, mientras el profesor Slughorn se encaminaba a su puesto frente a la clase-.
- No sé de qué me hablas -la sonrisa de Remus hablaba por sí sola.
- Oh Remus, no hace falta que disimules, y menos si lo haces tan mal -la sonrisa de Lupin se ensanchó-. Me parece muy noble por tu parte que los protejas, aunque no se lo merezcan…
- Son mis amigos.
- ¡Joder, Sirius mira! Sus cabezas están exageradamente juntas.
- James, estoy intentando dormir -la voz del joven Black sonaba ahogada debido a que su boca se encontraba en contacto directo con su manga-.
- Pero es que no es normal, te digo que hay algo raro ahí.
Sirius levantó la cabeza acompañando el movimiento de un resoplido frustrado. Las greñas le caían salvajemente por la cara, ocultándole parcialmente los ojos somnolientos, acentuando el aire de extraño misterio que le acompañaba habitualmente.
- Está bien Potter. ¿Si te digo de qué están hablando te callarás?
- Palabra de león. -respondió James emocionado. Durante la última semana había comprobado que el oído y el olfato de Sirius eran mucho más agudos que los del resto de los mortales.
- Está bien. Guarda silencio… -James obedeció, mientras Sirius se inclinaba ligeramente hacia delante, ladeando la cabeza y concentrándose en escuchar- Vaya, vaya… No te lo vas a creer…
- Qué, ¡qué dicen!
- Lily le está diciendo que… ¡oh, vaya! Que le pareces muy mono y adorable… -James se puso inmediatamente colorado.
- ¿En serio?
- ¡Pues claro que no! -repuso Sirius, fastidiado y aún así orgulloso de haberle tomado el pelo a su amigo- Hazme un favor, ¿quieres? Ve allí, dile que te gusta para que pueda darte calabazas de una vez y podamos seguir con nuestras vidas…
- ¡Que no me gusta! -alzó la voz más de lo que ningún alumno habría querido en una case con esa acústica, logrando que la atención del profesor volviera a centrarse en el fondo del aula- Quiero decir… Que no me gusta cómo está explicado en el libro profesor, usted lo describe mucho mejor.
Slughorn puso los ojos en blanco y volvió a darse la vuelta para seguir apuntando los pasos en la pizarra, mientras Sirius se agarraba de las costillas con fuerza, como si temiera que se le fueran a caer por culpa del ataque de risa que le había entrado.
- ¿Qué decías de que son más maduros de lo que parecen? -inquirió Lily, terminando de tomar apuntes sobre lo escrito en la pizarra.
Remus sacudió la cabeza, divertido a pesar de todo ya que, dadas las palabras gritadas de James, podía imaginarse el tema de conversación que estaba teniendo lugar entre los dos Gryffindors que ocupaban el fondo del aula.
- ¿Y qué me dices de ti? -los ojos verdes de la chica se clavaron en Remus, que hizo lo posible por no levantar la mirada del pergamino. Tenía la sensación de que si sus ojos se cruzaban con los de Lily, podría leerle la mente como si de una legeremante experta se tratara.
- ¿Yo? Yo sólo intento aprender a preparar la Solución Limpiadora…
- Está bien -a pesar de que estaba intrigada, Lily era tan (o más) perspicaz de lo que Remus sospechaba y supo ver la ansiedad oculta en la respuesta de su compañero-. Yo sólo digo que si algún día necesitas hablar de algo que no sean escobas o motos… Aquí estoy.
Por toda respuesta, Remus solo fue capaz de asentir ligeramente. No sabía por qué, pero las palabras de Lily acababan de removerlo por dentro y ahora luchaba para evitar que una lágrima de agradecimiento se deslizara por su rostro.
