X. Los Merodeadores
La buena planificación se presentó como la mejor amiga de James, Peter, Remus y Sirius. Gracias al conocimiento que habían adquirido de la estructura de Hogwarts y contando con la ruta de patrulla de los prefectos, los cuatro amigos consiguieron llegar al tercer piso sin incidentes.
Sin embargo, había un factor con el que no habían contado.
Cuando James alcanzó la puerta de la Sala de Trofeos, detectó al instante que algo iba mal. Había ruido dentro de la Sala. Y ruido era quedarse corto, lo que se escuchaba al otro lado de la puerta era un estruendo de manual. Los cuatro amigos se miraron confundidos. Sirius hinchó sus fosas nasales con fastidio. Ya no sólo era que alguien se les había adelantado, sino que ese alguien era lo suficientemente idiota como para atraer a todo profesor que hubiese despierto por la zona haciendo tanto ruido como fuera posible.
Así pues, el joven Black se adelantó y abrió la puerta, con la intención de darle una lección al cretino que les estaba arruinando el plan.
- Mierda…
- ¿Qué pasa? -James le había seguido, con la misma disposición que su amigo.
- Peeves.
El poltergeist se estaba divirtiendo de lo lindo lanzando trofeos de un extremo al otro de la Sala, fingiendo estar practicando algún tipo de concurso. En el silencio de la noche, el sonido del metal chocando contra las paredes de piedra emulaba a los truenos de una tormenta infernal.
- ¿Y ahora qué hacemos? -Remus y Peter se habían unido a sus amigos, apresurándose en cerrar la puerta para amortiguar en la medida de lo posible el concierto que estaba llevando a cabo el travieso poltergeist.
- Tengo una idea -James parecía decidido.
- No lo hagas…
- ¡Hola Peeves!
El interpelado detuvo abruptamente su actividad y acercó a los cuatro Gryffindors con una sonrisa traviesa en la cara.
- Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? -su voz chillona resultaba más molesta que el estruendo del metal- ¿Un grupito de alumnos de primer año merodeando de noche por el castillo? -negó teatralmente con la cabeza- Eso no está bien…
- Te equivocas, no estamos merodeando, nos ha mandado el Barón Sanguinario -repuso James, apreciando el pánico que brilló por un segundo en la translúcida cara de Peeves-, ha escuchado todo este ruido y quería descubrir quién lo estaba causando… No le gustará descubrir que has sido tú Peeves…
- ¡Mientes!
- No miente -Sirius intervino para seguirle la corriente a su amigo-, si quieres le llamamos y a ver qué pasa…
- ¡No! No os atreveríais…
- ¿Cómo que no? Somos Gryffindors, ¡nos atrevemos a cualquier cosa!
- Pero podemos hacer un trato, Peeves -fue el turno de Remus para continuar con la farsa-. Si te vas ahora, haremos como si no hubiese pasado nada.
El poltergeist no parecía del todo convencido. Al contrario, estaba claramente molesto por que un grupo de niños de primero le estuvieran ganando la partida.
- ¿Qué va a ser Peeves? -les sacó la lengua y desapareció sin mediar palabra a través de la puerta.
- ¿Creéis que ha colado?
- Creo que no deberíamos quedarnos aquí para comprobarlo -todos asintieron.
Los cuatro amigos se acercaron al espejo y tiraron de él para dejar al descubierto el hueco en la pared. Encendieron la punta de su varita con un Lumos y, de uno en uno, fueron colándose al otro lado.
Justo en el momento en que Sirius cerró el espejo tras de sí pudo escuchar como la puerta de la Sala de los Trofeos se abría e hizo señales a sus compañeros para que guardaran silencio.
- ¿Merodeadores?
- Sí profesora, merodeadores de Gryffindor, cuatro pequeñajos.
La irritante voz de Peeves iba acompañada de la familiar y temida voz de la profesora McGonagall. esta vez, Peter no fue el único que empezó a sudar al pensar en la posibilidad de que su jefa de casa los pillara en esas circunstancias. Los cuatro se aguantaron la respiración al escuchar los severos pasos de la profesora al otro lado del espejo.
- Aquí no hay nadie. Ya sabes que no me gusta que me hagan perder el tiempo. ¿Y qué es todo este estropicio?
- Eh, uhm… ¡Han sido ellos, Los Merodeadores!
- ¡Deja de decir sandeces e inventarte excusas! Voy a avisar al Barón Sanguinario ahora mismo…
- ¡Nooo…!
Casi pudieron escuchar a Peeves huyendo de la escena del crimen. Acto seguido, el ruido metálico les hizo suponer que McGonagall estaba devolviendo cada trofeo a su lugar correspondiente mediante un hechizo sin pronunciar. Cuando escucharon la puerta cerrarse de nuevo, expiraron todo el aire que habían estado reteniendo.
- Maldito Peeves, es una rata traicionera… -Sirius sacaba fuego por los ojos.
- Cálmate, el tiro le ha salido por la culata -repuso Remus en tono apaciguador.
- ¿El qué le ha salido por dónde? -Sirius todavía estaba aprendiendo el argot muggle que Remus a menudo utilizaba.
- Es una forma de hablar.
- Deberías venir acompañado de un diccionario, Rem.
- Chicos, ¿cómo nos ha llamado Peeves? -inquirió James
- Merodeadores -respondió Peter rápidamente, siempre atento para complacerle.
- ¡Han sido ellos, los merodeadores! -Sirius trató de imitar la voz de Peeves lo más bajito que pudo- Maldito chivato…
- Tiene gancho
- ¿El qué?
- ¡El nombre, Black, el nombre! Los Merodeadores -acompañó sus palabras con las manos, como si pegara un cartel imaginario en el aire-.
- Los Merodeadores… Me gusta
- Valientes -empezó James
- Intrépidos -continuó Remus, que le costaba menos de lo que le gustaba admitir contagiarse de sus compañeros
- Atrevidos -se atrevió a compartir Peter.
- Los mejores -concluyó Sirius.
- ¿Quienes son los mejores? -preguntó James.
- ¡Los Merodeadores!
