N/A: Los personajes y el mundo de Los juegos del hambre pertenecen a Suzanne Collins. Este fanfiction es creado sólo por diversión.

Ya era hora de algún tipo de acercamiento, no? ;)


Una clase distinta de hambre

Los días siguientes pasaron en una misma tranquila monotonía: por las mañanas desayunaba sola en la gran mesa del comedor, iba al estudio del segundo piso y me entretenía leyendo o exploraba los salones de la mansión, encontré en el amplio balcón un lugar apacible donde hacer mis apuntes sobre lo que recordaba de hierbas y plantas medicinales, a la hora de la comida también me encontraba sola en la mesa, luego iba al jardín trasero acompañada de Lavinia, por las noches Peeta llegaba de sus oficinas y me preguntaba sobre mi día, apenas intercambiábamos unas cuantas oraciones y se internaba nuevamente en su oficina principal pasando el pasillo del salón, los malos sueños y pesadillas no se hacían extrañar, cada madrugada despertaba sobresaltada por algún recuerdo o escena referente a la arena, o a Snow, o al podrido sistema del gobierno de Panem.

Cinna aún no me había enviado las ropas adecuadas, eso me impedía trepar por los árboles, lo cual sospecho que Lavinia agradecía, pero había encontrado un pequeño refugio en medio de este mini bosque, con la mansión varios metros detrás. Sentía un poco de lástima por la asistenta pelirroja, miraba a todos lados y se sobresaltaba ante el menor ruido, parecía no gustarle estar tan alejada de un techo seguro, a pesar de todo eso siempre insistía en venir conmigo.

Tanta tranquilidad solo me causaba ansiedad y mi presencia en esta casa empezaba a impacientarme. ¿Qué se supone que hago aquí? Me sentía más como un adorno dentro de la mansión. Las primeras noches temía que en algún momento se abriera la puerta de mi habitación y que Peeta entrara mostrando sus verdaderas intenciones, pero ahora empezaba a dudar que pasara algo así, incluso la sola idea parecía ridícula. Aquel domingo que desayunamos y comimos en la pequeña mesa de la cocina conversando y ocasionalmente sonriendo de pronto se veía lejano o casi inexistente, por momentos me preguntaba si había sido real.

Sin darme cuenta el día viernes había llegado. Una semana exactamente desde que llegué al Capitolio, misma noche que Snow me convirtió en un cuerpo más a la venta. Lo que no lograba entender eran los motivos de Peeta a comprarme, pienso en mil motivos y descarto cada uno de ellos, simplemente porque él no parece ser del tipo de quiera alardear de su estatus, ni de su poder, y cuando lo hace es cuando está fuera, como si estuviera frente a cámaras, como si cumpliera un papel. Honestamente no sé qué pensar de él, porque tampoco ha intentado tocarme de forma íntima. Siento que mis mejillas arden y se me contrae el estómago, no es algo en lo que quiera pensar y quizás ese pequeño detalle debería darme tranquilidad, pero al contrario, sólo hace que me pregunte qué pasará cuando este mes se acabe, cuando otra persona compre una noche í que mis tripas se dan una vuelta, de pronto perdí el apetito. Salí de mi habitación y fui al balcón a tomar un poco de aire fresco, Lavinia me alcanzó unos minutos después y me avisó que la comida estaba lista, pero le contesté que no tenía hambre. Decidí adelantar mi paseo por los jardines y la pelirroja me sigue con la sombrilla de siempre, antes insiste en aplicarme nuevamente protector solar. Noté que particularmente hoy está inquieta desde que amaneció y puedo ver que hace un gran esfuerzo en contenerse.

"¿Pasa algo Lavinia?" le pregunté y de pronto vi que su menudo cuerpo tembló de emoción.

"¡Srta. Katniss!" suelta entusiasmada, pero luego se muerde los labios. "Es que, hoy no se puede distraer mucho tiempo afuera, ¡tenemos que alistarla para esta noche!"

"¿Qué hay esta noche?" le pregunté, sospechando que posiblemente hoy tendría que salir.

"¡Lo siento tanto! No sé si deba decirle, el amo Mellark…" Lavinia se interrumpe y parece entrar en un conflicto, debatiéndose si seguir hablando o permanecer callada.

Pero ya no es necesario que me diga nada más, de seguro hoy tendría otra cena a la vista del público para darle de qué hablar al Capitolio este fin de semana. Lo que me empezaba a molestar era porqué Peeta no me lo decía en persona y yo me tenía que enterar por medio de mi asistenta pelirroja. Estaba segura que todos en esta casa estaban al tanto, incluso Cinna seguro no tardaría en aparecerse con algún gran vestido, pero yo me enteraba de último. Una extraña irritación recorría mi cuerpo, me hizo cruzar mis brazos por encima de mi pecho y apretar los dientes, en ese momento apareció el mayordomo Jeremy y anunció que tenía una llamada por teléfono de Peeta. Relajé mi postura y lo seguí hacia dentro de la mansión y hacia la oficina principal donde se encontraba el teléfono. Me acerqué tímidamente, ya había estado una vez antes cuando reclamé tener prendas cómodas, pero Peeta había estado presente y en ese momento el lugar no me había parecido nada intimidante. Ahora era casi como invadir su espacio privado, si había un lugar en la mansión al que ni me había acercado era a su habitación, y en estos momentos, esta oficina me daba la misma impresión.

"¿Diga?" dije al teléfono cuando lo levanté, mis ojos de pronto recorrieron las paredes y los cuadros que colgaban alrededor. Justo frente al escritorio había uno con una manzana verde que llamó mi atención, pero decidí ignorarlo y seguí el recorrido visual por el recinto.

"Katniss. Espero no haberte interrumpido" Sacudí mi cabeza negativamente, olvidando por un momento que él no puede verme. "Esta noche hay un evento importante al que me gustaría invitarte. Es una cena de gala para una fundación de caridad. Perdón por el pronto aviso, pero casi lo había olvidado si no fuera porque Portia me llamó para decirme que pasaría a dejar mi atuendo de esta noche" Peeta se ríe nerviosamente y no puedo evitar sonreír al escucharlo. "Estoy seguro de que Cinna tiene algo especial para ti también."

"No lo dudo, aunque espero que tenga mis pantalones listos también" le respondo de pronto olvidando mi irritación, mi mal humor y sintiéndome sorpresivamente relajada.

"Espero me perdones la grosería de no pasar por ti, pero apenas y tendré tiempo de salir de la oficina a la gala, Axell se encargará de llevarte en la limo y te encontraré allá."

"¿Haremos el número de ir a mi departamento nuevamente?" le pregunté, recordando la cena anterior.

"Sí, es lo mejor. Vamos a hacer ruido Katniss, pero tampoco es para convertirlo en un escándalo" me dijo con cierto tono de pesar en su voz.

"Estoy segura que Caesar y Claudius estarían super encantados de hacer más que un escándalo" casi pude escuchar su sonrisa formarse en su rostro. "No te precupes, ya Lavinia me había dado un pequeño adelanto"

"¿Lavinia, eh? No sé qué haría sin ella, es como una agenda humana. Qué bueno que lo recordó porque en verdad se había ido de mi cabeza." Noté un poco de cansancio en su voz, y me pregunté si quizás fuera mejor evitar esa cena.

"¿Es necesario que vayamos a la gala? Podrías… descansar. Has estado muy ocupado esta semana…" rodé los ojos porque no entendía esta repentina ola de preocupación por Peeta Mellark o lo que hiciera con su vida, apreté mis dientes y cerré los ojos al darme cuenta de la magnitud de mis palabras.

"¿Ha sido una semana ocupada, cierto? Perdón, no era mi intención desatenderte. Es mucha grosería la que tendrás que perdonarme" en este momento respiré fuertemente, no era la reacción que esperaba generar en él, yo misma me había alejado de él y me había refugiado en mi mini bosque del jardín trasero intentando evitarlo, lo cual ni fue necesario ya que él estaba casi todo el día fuera, "Sólo estaremos ahí un par de horas, no puedo faltar ya que la compañía Mellark es uno de los principales benefactores." Me quedé muda y con la boca abierta, y pensé si acaso había algo que Peeta no hiciera. "¿Me parece que la conversación más larga que hemos tenido esta semana ha sido por teléfono?" sonreí ante su comentario y asentí mi cabeza, otra vez olvidando que él no podía verme. "Te ves linda cuando sonríes, Katniss." Me quedé en seco, borré la sonrisa de mi rostro y abrí mis ojos como platos. "Mira al frente" hice como me indicó y vi que el cuadro de la manzana verde de pronto se transformaba en una pantalla y su rostro sonriente se encontraba en primer plano.

"Te veo en la cena" le solté con el tono más cortante y seco que pude sacar, colgué el teléfono y salí como un bólido de su oficina completamente azorada y no dudaba que con el rostro rojo.

No me había equivocado en que Cinna aparecería con un vestido impresionante, era de color azul noche que parecía el mismo cielo estrellado que solía ver desde el bosque de mi hogar. Era impresionante la cantidad de brillantes que tenía en toda la falda, por el pecho era un vestido sin tirantes pero con detalles de encaje que se extendían por mis hombros y a lo largo de los brazos. Mi trenza fue cubierta también con algunos pines brillantes y esta vez no usé los zapatos de cristal, sino unos negros como el carbón. Agradecí que el maquillaje no fuera cargado, aunque me aumentaba ligeramente de edad, sólo me hacía parecer contemporánea con Peeta. El toque final fue el broche del sinsajo sobre mi pecho, Cinna lo puso cuidadosamente y me guiñó un ojo.

"Estás lista, mi chica en llamas. Perfecta."

Igual que la vez pasada, a Cinna lo esperaba un automóvil y a mí la limusina con el emblema de Mellark sobre el parachoques. Me despedí de mi estilista preferido con la promesa que me enviaría las ropas que le pedí al día siguiente, Lavinia daba saltitos de emoción y me ayudó a hacer entrar la falda del vestido, tomando el lugar de Axell y prácticamente haciéndole a un lado, el chofer sólo se limitó a sonreír y volvió al asiento del conductor del vehículo. Una vez que la pelirroja se aseguró que todo estaba bien, me deseó suerte en la cena y cerró la puerta cuidadosamente.

Entonces iniciamos el recorrido que ya estaba programado, pasando unos minutos por el edificio donde se encontraba mi departamento para luego dirigirnos al lujoso hotel donde se llevaría a cabo la cena de gala. Realmente no entendía por qué se hacían actividades con tanta pomposidad para reunir fondos de caridad, reunirían mucho más sin hacer tanta gala del evento. Pero por supuesto, eso sería imperdonable en el Capitolio, incluso el más noble de los actos debía celebrarse con fastuosidad.

Llegamos al hotel y un mayordomo me ayudó a salir de la limusina, me escoltó hacia el vestíbulo donde se encontraban Peeta y unos hombres más conversando animosamente, al verme se despidió de ellos y se acercó a mí con pasos rápidos. Debía reconocer que era un hombre muy atractivo, más aún con el traje azul noche que hacía juego con mi atuendo, claro que él no llevaba brillantes por todos lados, pero no los necesitaba, su sonrisa perfectamente derecha y blanca, sus ojos azules y las ondas ordenadas de su cabello que se fijaban hacia atrás ya lo hacían resaltar bastante.

"Srta. Everdeen, un gusto de verla nuevamente" me saludó tomando una de mis manos y llevándola a sus labios, depositó un suave beso en mis nudillos sin dejar de verme a los ojos. Tomé aire y esbocé una sonrisa.

"El gusto es mío Sr. Mellark" le contesté a la vez que sentía que él enroscaba mi mano alrededor de su brazo y me guiaba hacia unas puertas de metal que se abrieron automáticamente al acercarnos.

Entramos en lo que parecía una cabina de vidrio, el ascensor se encontraba de cara a la ciudad, empezamos a subir y al sentir cada vez más intenso el vértigo me aferré más al brazo de Peeta. Él debió sentir la tensión de mi cuerpo pues me acercó más a él y empezó a hablarme de cualquier cosa, distrayéndome del incómodo viaje hacia los pisos superiores. Para cuando llegamos al piso treinta del edificio y escuchamos el timbre darnos el aviso, yo prácticamente estaba abrazándolo. Me solté rápidamente y salí del ascensor con dos pasos apresurados, sólo recién pude respirar tranquila. Nuevamente sentí a Peeta coger mi mano para enroscarla en su brazo y me dio una sonrisa reafirmante.

"Sólo un par de horas" me susurró y entramos a un gran salón donde se desplegaba la más grande fiesta.

Había varias mesas enteras con grandes banquetes, en una esquina estaba una banda musical donde una mujer morena cantaba una canción suave, hacia el lado opuesto estaba una mesa principal donde estaban personas importantes celebrando y tomándose fotografías. Una mujer que me hizo recordar mucho a Effie nos reconoció y se acercó a nosotros con pasos presurosos.

"¡Sr. Mellark! Lo estábamos esperando. Mucho gusto de tenerla por aquí, Srta. Everdeen" la mujer prácticamente jaló a Peeta hacia la mesa principal donde le pidió reunirse con los otros personajes a tomarse fotografías, vi que Peeta gesticuló hacia mi dirección un "lo siento" y yo sólo me encogí de hombros.

Me dirigí hacia una de las mesas de banquete y empecé a probar algunas de las delicias que estaban servidas, en algún momento levanté mi mirada y me encontré casi frente a frente con Cashmere. Ambas nos quedamos inmóviles unos momentos mirándonos a los ojos, luego ella desvió su mirada a la mesa principal, donde se encontraba Peeta, y al volver a mirarme esbozó una sonrisa que no pude descifrar. Se enderezó en su sitio sin perder contacto visual conmigo, pero esta vez me estudiaba con sus ojos, como si tratara de encontrar en mí algo que aprobar. Finalmente pareció encontrar algo, aunque no la veía satisfecha, pero se acercó ligeramente y susurró algo que apenas llegué a entender.

"Hazlo bien"

Y tan fugaz como se había acercado, de pronto ya veía su espalda alejarse. No entendí para nada su actitud ni sus palabras, no sabía si tenía que ver conmigo o con Peeta, pero decidí que no me pasaría la noche pensando en ello. Me fijé en los asistentes al salón buscando por Finnick o algún otro Vencedor, pero no, sólo Cashmere y yo estábamos presentes en esta gala. Vi que rubia compartía muestras de afecto con un hombre mayor, pero no parecía fingido, parecía tan real e íntimo que aparté mi mirada sintiendo un poco de vergüenza. Al mismo tiempo sentí un par de manos sobre mis hombros y luego la voz de Peeta a mis espaldas, invitándome a bailar.

Sonreí y acepté, nos acercamos al centro del salón, donde otras parejas bailaban a un ritmo suave y comenzamos nuestro propio movimiento lento. Me dejé guiar por él, y aunque había decidido no pensar en Cashmere, no pude evitar que mi cabeza empezara a dar vueltas sobre lo que había querido decirme. De pronto los flash de algunas cámaras me devolvieron a la realidad y sonreí para las fotos, Peeta me atrajo hacia su cuerpo y sonreía con total naturalidad, tenía una mano en mi cintura y no me soltó en ningún momento. Nos fotografiaron solos, con otras personas importantes, también con Cashmere y el hombre que vino con ella, que luego aprendí que era el magnate Ford.

Demoramos un poco más de dos horas, pero finalmente Peeta me pregunta en un susurro si estaba lista para irme. Sonrío en respuesta pues no veía la hora de irme de este lugar, pero a la vez la idea de volver a subirme a ese ascensor me daba una sensación de vértigo.

"Siento que sea la única forma de bajar" me dice mientras esperamos frente a la puerta de metal. Respiro profundamente y dejo salir el aire pesadamente.

"Podrías hablarme e intentar distraerme nuevamente" le contesté no convencida de que funcione. Tenía la anticipación acumulada en el estómago y empezaba a sentir el malestar, de pronto la puerta de metal se abrió y al ver el vacío a través de la cabina de cristal se incrementó la sensación de devolver lo que comí del banquete "o podríamos bajar por las escaleras" terminé de decir lo que repentinamente me pareció una buena idea.

"O podría…" empezó a decir pero no terminó la oración.

En un movimiento rápido puso una mano en la parte baja de mi espalda y me jaló hacia su cuerpo, con la otra mano cogió mi mentón y levantó mi rostro, luego él se acercó cortando distancia entre nosotros y me besó.

Mi primer impulso hubiera sido empujarlo, gritarle groseramente, pero no me dio tiempo a reaccionar pues sentí que giraba conmigo y mis pies retrocedieron unos pasos. Supe que estábamos dentro del ascensor, de pronto tuve esa misma sensación de vértigo así que instintivamente llevé mis manos a sus hombros y clavé mis dedos lo más que pude sobre su traje. Sentí que la cabina empezó a moverse, mi cuerpo se tensó y pensaba en lo inútil que estaba siendo ese beso para distraerme. Pero Peeta no tardó en probar lo equivocada que podía estar, el beso que hasta ahora no había sido más que un suave roce de sus labios sobre los míos se deshizo y dio paso a uno que me causó otro tipo de vértigo. Sentí cómo tomaba mi labio inferior entre los suyos, luego su lengua rozó tímida y lentamente el borde de mis dientes superiores, lo que envió ondas eléctricas en todo mi cuerpo.

No era mi primer beso, Gale había creído que era buena idea besarme luego que regresara como Vencedora, confesando de pronto lo que llevaba sintiendo por mí hacía un tiempo. Aunque todo aquello me cayó de sorpresa y fue tan repentino, le dije que lo quería sólo como un amigo y que no veía en mi vida una relación romántica de ningún tipo. Con nadie. Insistió un par de veces más, creyendo que cambiaría de parecer, pero sólo reafirmaba mi decisión. Ninguno de esos tres besos me había hecho sentir lo que ahora estaba sintiendo. Aunque no estaba segura si era por el ascensor, esa sensación de un gancho tirando de mi estómago y mi cabeza flotando.

El timbre de aviso que llegamos al primer piso se escuchó demasiado pronto, sentí como si apenas se hubiera cerrado la puerta tras nosotros y de pronto ya se abría de nuevo. Peeta se separó de mí y abrí los ojos, aún confusa con un ligero mareo, nuestras miradas se cruzaron y vi que sonreía satisfecho.

"Logré distraerte" dijo en un susurro, tomando mi mano para enroscarla nuevamente en su brazo.

La puerta del ascensor se abrió y salimos al vestíbulo, sentí mis labios enfriarse al contacto con el aire, un cosquilleo se extendió en mi labio inferior y al caminar mis pies parecían ligeros y flotantes, estaba segura de que mi rostro tendría un tono rojizo por la forma de cómo lo sentía arder. Como era de esperarse, afuera del hotel había un tumulto de personas que apenas eran contenidas por los mayordomos y guardias del lugar. Vi el camino despejado hacia la limusina y fuimos escoltados hacia el vehículo. Como si se tratara de un guion preestablecido, Peeta se despidió de mí con un beso en la mejilla y me ayudó a subir, cerró la puerta tras de mí y Axell nos dirigió hacia el edificio donde supuestamente me dejaría.

Minutos más tarde veía las rejas con la inconfundible M abrirse para darnos paso, luego de pasar por el camino rodeado de árboles y dar vuelta a la fuente que adornaba la entrada principal, Peeta abrió la puerta y me ayudó a salir. Tomó mi mano para ayudarme a subir los escalones y luego entramos en silencio a la mansión. Nos mantuvimos en silencio todo el recorrido hacia la puerta de mi habitación, empezaba a sentirme incómoda, no sabía si decir algo, me sentía confundida. Frente al público él mostraba un tipo de conducta muy relajado, un hombre sin complicaciones y con mucho por disfrutar de la vida y de su juventud, no me cabía duda que todo aquél que cruzara un par de palabras con él cayera rendido a su carisma y su encantadora personalidad. Pero estos días había observado lo duro que trabaja, lo estresado y cansado que puede llegar a estar al fin del día. Incluso el cuadro donde me estaba pintando se había quedado a medias y no lo había vuelto a tocar.

Cuando el calor en mi mano se hizo evidente, vi que desde que me ayudó a salir de la limusina no me había soltado, su agarre continuaba cálido y firme.

"Se presentaron muchos asuntos de la compañía" empezó a decir con una voz suave, "sobre todo con la expansión en Neo Asia, donde se encuentran mis padres y mis hermanos mayores. Sé que no he sido el mejor anfitrión estos días, pero buscaré la forma de compensarte." Levantó su mano libre y acarició mi mejilla.

No entendía por qué me comentaba algo tan privado, sabía que tenía padres y una familia, pero hasta ahora nunca me había importado saber de ellos. Sabía que Neo Asia estaba al otro lado del mundo y era diez veces más grande que Panem, pero eso era todo lo que mis conocimientos de geografía alcanzaban. Entonces me pregunté por qué Peeta se había quedado aquí si podía ir y ser diez veces más exitoso en otro continente, en otro país donde no habían juegos ni represiones gubernamentales. De pronto empecé a preguntarme muchas cosas sobre el hombre de ojos azules que tenía frente a mí, no lo conocía en lo más mínimo, no sabía nada de él, sólo que era el atractivo, soltero, codiciado y millonario heredero el emporio Mellark. Además es pintor, empresario y filántropo que trata justamente a sus trabajadores, escuché mi propia voz en mi cabeza recordármelo. Y se preocupa por ti.

Quise ignorar lo último que mi mente decidió decirme, porque ya empezaba a delirar. Debía ser por la tensión que sentía desde hacía un rato, al saber que mi mano seguía atrapada en la suya y ver que no tenía intenciones de soltarme. Una semana atrás había rechazado todo contacto con él y ahora me veía incapaz de retirar mi mano de la suya, más que nada porque parecía querer seguir hablando y decirme algo, pero no salían palabras de su boca.

En cambio se inclinó y volvió a besarme.

No fue suave como en el ascensor. Tomó mi boca con la suya con una fuerza que me impresionó y me dejó sin aire. Mordió suavemente mi labio inferior y si antes, en el ascensor, había sentido una electricidad recorrer mi cuerpo, ahora lo sentía con mucha más intensidad, acompañado de un temblor en el estómago y en las rodillas, dudaba que pudiera mantenerme de pie por más tiempo. Sentí mi espalda chocar contra la pared y ambas manos de Peeta en mis mejillas, rozando sus dedos por mi cuello y la parte trasera de mis orejas y cada punto en mi piel donde sentía su tacto me enviaba más descargas eléctricas. Mis brazos colgaban inserviblemente y sólo atiné a cerrar mis manos en puños alrededor de mi vestido, cuando sentí su lengua entrar a mi boca reclamando por más, instintivamente alcé mis brazos y me sujeté en sus hombros.

Entonces se separó de mí y apoyó su frente contra la mía, sentía su respiración pesada y agitada, yo estaba igual o incluso peor que él, mis ojos aún permanecían cerrados y no tenía fuerza para abrirlos. Este beso me hizo desear otro. Pero no lo obtuve, en cambio se separó más de mí y marcó cierta distancia retrocediendo un paso, "Perdón… estoy… deberías descansar. Buenas noches, Katniss" balbuceó un poco antes de despedirse.

Vi que avanzó con pasos torpes, en algún momento creí que se daría la vuelta y retrocedería, pero siguió avanzando y lo vi entrar a su habitación. Por fin pude hacer que mi mano alcance el pomo de la puerta a mis espaldas y entré a mi cuarto, cerré la puerta y me apoyé sobre ella. Me quedé ahí un buen rato sin moverme, me llevé una mano a la altura de mi boca y con mis dedos índice y medio toqué mis labios donde aún seguía la sensación hormigueante que Peeta me había dejado con ese beso. No sabía si estaba furiosa, o si tenía pánico, o si era alguna otra sensación que no conocía o una mezcla de varias. Pero hay algo que sí logré reconocer, aunque no estaba muy segura.

Era hambre. Pero siendo una experta en ello, podía asegurar que esta era una clase totalmente diferente de hambre a la que estaba acostumbrada.


A continuar...

¡Hola nuevamente!

Gracias por seguir aquí, y por esperar un capi más de esta historia. Sobre todo gracias por sus lindos reviews! En la semana espero contestarlos todos como lo intenté en un principio, pero para ello les sugiero tener una cuenta en ya que mi respuesta se envía como PM.

Ya quisiera hacer 2 actualizaciones por semana, pero wow! no podría seguir ese ritmo, además que tengo otros fics y fanarts en espera... aunque me he propuesto hacerlo semanal, y subir capis cada viernes... ya sé que hoy es sábado, pero bueno! un día más creo que no hace daño! jaja :p

Poco a poco se irán revelando detalles, así que vayan creando sus hipótesis y teorías! y veamos cómo se va dando en la historia. Ya luego revelaré la edad de Peeta... nah, la diré ahora!, tiene 24 años próximo a sus 25, y esto tiene una super mega razón! que ya esa sí me la reservo por ahora ;)

Muchas gracias por los favs, los follows, y realmente aprecio que se den un tiempito de dejarme un review, me emociona mucho leer qué les gustó o qué opinan y sobre todo que me alienten a seguir escribiendo, y es super genial! GRACIAS

Perdón si hay errores, y les pido me los hagan saber, pero es que sólo le he dado una re-lectura de rigor, si me planeo corregir más de seguro tardaré más días aún y ya no quiero hacerles esperar tanto (sé lo que se siente!)

Nos vemos a la próxima! (asumo y espero que sea el viernes que sigue)