N/A: Los personajes y el mundo de Los juegos del hambre pertenecen a Suzanne Collins. Este fanfiction es creado sólo por diversión.
El roboespía
A la mañana siguiente desperté con una extraña sensación de descanso. No recordaba haber tenido alguna pesadilla y eso era nuevo para mí. Me levanté y fui al baño, quedé viendo mi reflejo en el espejo, y aunque me veía igual que siempre me dio la impresión de ver algo diferente. Observé mis labios entreabiertos y recordé el beso de Peeta, no pude evitar sentir un cosquilleo en el estómago, inmediatamente mordí mi labio inferior y cerré los ojos, como si con eso pudiera borrar las imágenes de mi cabeza.
Al retornar a mi habitación Lavinia ya se había hecho cargo del desorden que dejé la noche anterior, mi vestido y los accesorios que usé ya no estaban en el suelo, los tacones habían desaparecido, quizás tomando su lugar ordenado en el enorme clóset que bien podría parecer una tienda entera. Entrecerré mis ojos al sentir el fuerte brillo dorado del sol a través del ventanal, luego que la pelirroja terminara de abrir todas las cortinas se acercó con mucho entusiasmo a saludarme.
"Buenos días, Srta. Katniss" me dijo con una sonrisa de oreja a oreja, noté que cruzó sus dedos y sus pies se empinaban como si diera pequeños sobresaltos.
"Buen día, Lavinia" la saludé mientras la observaba con un poco de recelo. Había reconocido su actitud, su forma de sonreír y los gestos de su rostro, era muy similar a Prim cuando quería algo, exactamente cuando quería pedir algo que sabía que no me agradaría mucho, como quedarse con el estúpido gato. De pronto extrañé mucho mi casa y mi familia, en estos momentos estaría con ellas de no ser porque decidieron convertirme en mercancía de carne. Snow había decidido qué hacer conmigo sin darme ninguna opción. Respiré lentamente porque no quería pensar en el presidente y malograr el día que apenas empezaba. "Sé que traes algo, dilo de una vez" le alenté a confesarse regalándole una sonrisa. Ella no merecía mi malhumor.
"¡Lo siento tanto!" se disculpó poniendo un rostro de culpabilidad, "¡Perdóneme por ser tan entrometida!"
"Sólo te daré una oportunidad, Lavinia, dilo ya" era algo similar a lo que le decía a mi hermana, cuando se andaba con rodeos antes de hacer su pedido.
"¿Cómo le fue en la cena de anoche?" soltó precipitadamente y sus mejillas se tiñeron de rojo.
Debía imaginarlo, por supuesto que la capitolina que tenía por asistenta moría por saber todo y a detalle de lo que había pasado. De seguro se enteraría mañana de la boca de Claudius y Caesar, pero supongo que esperar un día más se le hacía difícil. En algún momento en el pasado, su actitud me habría hecho rodar los ojos y verla con desprecio, pero luego de haber conocido mejor a mi equipo de preparación, a la misma Effie, había logrado comprender en pequeña medida su comportamiento. Por lo menos, había aprendido a ser un poco más tolerante. No era su culpa, había crecido y aprendido a ser así, como todos en el Capitolio.
"Estuvo bien" le comenté de forma breve y sus ojos se abrieron expectantes, el silencio se prolongó varios segundos y una sombra de decepción empezaba a cursar su rostro. Odié sentirme con la obligación de decirle algo más, "El banquete fue exquisito, hubo baile, mucha gente importante, tomaron fotos… muchas fotos" mi mente traicionera eligió este momento para hacerme recordar el beso del ascensor, y luego, con un revoltijo en mi estómago, el beso en la puerta de mi habitación. "Regresamos pronto, no nos quedamos mucho"
"¡Sí, sí vi las fotos! Bueno, una que publicaron en el diario nacional. Se veía maravillosa, Srta. Katniss, ¡parecía una princesa!" su comentario me produjo una sonrisa incómoda.
Estoy segura que quiere seguir oyendo más, pero le cambio de tema preguntándole que me sugiere usar hoy. Se vuelve a emocionar eligiendo un vestido naranja que llegan a mis rodillas con tirantes que se ajustan detrás del cuello, dejando mis hombros al descubierto, el contorno de falda acampanada lleva un estampado de flores blancas. Lavinia elige unas sandalias blancas y algunas pulseras que me hacen arrugar la nariz cuando me los pongo, son ruidosas y siento que delatan mi ubicación cuando estoy acostumbrada a moverme en silencio. Pero de alguna forma agradezco su entusiasmo en elegir mi atuendo del día, me quita el estrés de no saber qué combinar o usar, y estoy segura que una vez que lleguen mis pantalones eso será lo único que yo elija. Hago mi trenza de siempre y me dirijo al comedor en el primer piso, esperando encontrarlo vacío como ya se me había hecho costumbre.
No sólo no lo encuentro vacío, sino que veo hay un segundo set de cubiertos acomodados al lado de Peeta. Dudo sobre si tomar mi lugar de siempre, lo más lejos posible de él, o si tomar el lugar a su derecha, pero cuando me encuentro con su mirada y su sonrisa amable mis pies avanzan automáticamente hasta tomar el asiento que estaba preparado. Me sentí tonta, como si hubiera caído en una trampa por voluntad propia, pero extrañamente no me irritaba. No cuando veía que la sonrisa de Peeta se extendía más en su rostro.
"Buenos días, Katniss" me saludó sin romper contacto visual conmigo.
"Bu-buenos días" odié que mi voz se cortara, aclaré mi garganta, "Peeta".
"¿Cómo dormiste?" cogió la servilleta de tela que estaba sobre el plato y se lo puso en el regazo.
"Bien" le contesté, tomando mi propia servilleta e imitándolo, le decía la verdad, no había tenido ningún sobresalto a causa de algún mal sueño, sin embargo sentía que no decía la verdad completa. Decir 'bien' no era completamente honesto. Pero no quise pensar más en eso y retorné la cortesía "¿Cómo dormiste tú?"
Vi que apretó sus labios antes de responder, como si lo pensara lentamente o como si recién lo estuviera considerando. Quizás no imaginó que yo le devolvería la pregunta. O quizás estaba buscando las palabras adecuadas, ya que por un segundo vi que sus ojos se posaron en mis labios y sentí que mis mejillas se llenaban de calor repentinamente.
"Para serte honesto, no tan bien como me hubiera gustado"
Ahí estaba. Palabras rebuscadas para expresar, u ocultar, de forma sutil lo que yo misma sentía por dentro pero era incapaz de decirlo en voz alta. No necesitaba mayor explicación, lo entendía perfectamente, era el complemento que le faltaba a mi pobre 'bien' de respuesta.
En ese momento dos mayordomos entraron con bandejas y nos sirvieron el desayuno. Agradecí que eso nos distrajera momentáneamente, ya que empezaba a sentir calor acumulándose en mis orejas. Por momentos intercambiábamos miradas, pero era siempre yo la que apartaba los ojos o giraba el rostro, odiaba sentirme así, desarmada. Peeta me preguntó por mi familia, y aunque al principio me puse en alarma, decidí ser breve hablándoles de ellas, de mi madre y de Prim, rodé los ojos y también le mencioné el gato. Las extrañaba y no sabía de ellas desde hacía dos semanas. Pero hice mi mejor intento en usar una máscara de dureza y no mostrar lo mucho que me afectaba hablar de mi hogar.
"Hoy no tengo que salir temprano, pensaba que podría quedarme y me dejaras acompañarte en los jardines" me dijo luego de tomar su último sorbo de café.
"Bueno, es tu jardín… puedes ir si quieres" le contesté con una voz tímida, me exasperaba de pronto comportarme de esta manera. ¿Qué me estaba pasando?
Peeta sonrió y sus ojos azules se clavaron en los míos. "Pero antes, me gustaría que me acompañes a mi oficina."
Me sobresalté porque no tenía la menor idea de por qué me querría en su oficina. Me pregunté si habría hecho o dicho algo malo, de pronto la imagen del cuadro de Rue vino a mi cabeza. Quizás sabe que estuve husmeando, o quizás me quiera decir porqué la dibujó o por qué la ocultó de donde estaba. Lo seguí por el corredor, el piso resplandecía debido a la luz solar que se colaba por las enormes ventanas, miré hacia fuera y presentí que debía hacer calor, pero dentro de la mansión se sentía fresco. Llegamos a su oficina y Peeta abrió la puerta y con un gesto me cedió en paso. No pude evitar mirar el cuadro de la manzana y recordar lo ridícula que me debí haber visto durante la llamada telefónica.
Crucé mis brazos instintivamente y me giré hacia Peeta para enfrentarle y que me diga de una vez qué quería. Pero él sólo negó con la cabeza y esbozó una sonrisa.
"¿Volvemos al día uno, cuando desconfiabas hasta de mi sombra?"
"No sé qué hago aquí" le respondí en defensa.
"Tengo una sorpresa para ti" me contestó y se acercó dos pasos, lo suficiente para estar frente a frente con pocos centímetros de distancia. Por un momento quise retroceder, pero decidí quedarme inmóvil y no dejarme intimidar por su cercanía. "Es verdad lo que te dije ayer, te ves linda cuando sonríes" diciendo eso, llevó una mano a mi rostro y me acarició la mejilla con su dedo pulgar, el cual bajó lentamente hacia mi boca y cuando lo sentí sobre mi labio inferior un estremecimiento se expandió por todo mi cuerpo. Miró mis labios y parecía como si luchara contra alguna fuerza extraña, segundos después apartó su vista y su mano de mi rostro, cogió algún aparato que estaba sobre el escritorio y lo acomodó en mi oreja, "Con esto podrás hablar de forma libre, está conectado al teléfono inalámbricamente." Me guió hacia el teléfono y me dio otras indicaciones, "si pulsas este botón puedes cambiar en modo altavoz, o en modo privado. Y con este finalizas la llamada."
No entendía por qué tanta explicación sobre su teléfono, ¿acaso esperaba que habláramos todos los días por esa forma? Debí tener la pregunta escrita en mi cara porque provoqué que se riera y volví a ver el hoyuelo se formaba en su mejilla izquierda.
"Espera, y verás" me dijo guiñándome un ojo y fijó su mirada sobre el cuadro de la manzana.
Hice lo mismo sin saber exactamente qué esperar, escuché un par de bips de marcado en el altavoz antes de que el rostro de Prim apareciera frente a mí.
"¡Katniss!" gritó ella y saludó con su mano a la pantalla.
"¡Prim!" me sorprendí al verla y corrí hacia el cuadro, como si de esa forma pudiera alcanzarla.
"Katniss, aléjate un poco, veo tu nariz en toda la pantalla" me reí un poco avergonzada, pero retrocedí hasta volver al escritorio, al lado de Peeta. Había olvidado que él se encontraba aquí.
"Prim, él es Peeta Mellark, de las industrias Mellark…" de pronto me sentí insegura de qué decirle, no podía contarle sobre el trato que tenía el Capitolio ni que ahora yo era parte de una transacción. Sobre todo no sabía qué decir de mi presencia en la mansión de Peeta.
"¡Lo sé¡ Hablamos temprano para probar si funcionaba esto, es muy amable de su parte invitarte a su casa para que podamos charlar con video. ¡Buenos días de nuevo, Peeta!" saludó ella a mi izquierda agitando su mano.
"Buenos días de nuevo, Primrose. Las dejaré conversar en privado. Con su permiso" Peeta hizo un gesto de despedida y se giró para salir de su oficina, automáticamente estiré mi brazo y alcancé su mano.
"Gracias" no fue todo lo que quería decirle, pero era lo más importante en ese momento. Peeta llevó mi mano a sus labios y depositó un suave beso sobre mis nudillos.
"No es nada" me contestó con una sonrisa y con unos pasos salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí.
"¡Ajam!" escuché a Prim hacer un carraspeo exagerado y me giré a verla con los ojos abiertos, como si me hubiera descubierto cometiendo alguna fechoría "¿Así que Peeta Mellark?" me preguntó alzando y bajando sus cejas repetidamente. Me apresuré a apretar el botón para convertirlo en una conversación privada.
"No te hagas ideas Prim. Peeta es…" en ese momento me pregunté, ¿qué era Peeta? Consideré mis opciones y no pude hallar alguna mejor que decir, "un amigo".
Yo no tenía amigos. Los podía contar con los dedos de una mano, por supuesto Gale estaba ahí desde hace años, pero Peeta había entrado como un huracán en mi vida hacía apenas una semana. No me podía permitir catalogarlo como un amigo, pero estaba muy por encima de ser un extraño, no lograba encontrar un lugar específico para Peeta. Sin embargo debía mantenerlo simple para Prim.
"Buttercup, saluda a Katniss" escuché decir a mi hermana y alzó al peludo animal poniéndolo a la altura de la pantalla. Me reí al comprobar que aún a distancia el gato me seguía mostrando los dientes.
"No sabía que teníamos una pantalla oculta por ahí" le comenté pensando en cómo no se me había ocurrido llamar antes a mi casa.
"¡Oh, no teníamos! Sólo estaba el teléfono, pero ayer vinieron unos técnicos a instalarlo, al principio mamá desconfió de ellos, a pesar de que eran enviados por la compañía Mellark, pero cuando dijeron tu nombre los dejó pasar." Fruncí mis cejas al escuchar que la compañía de Peeta estaba detrás de esto. "Y esta mañana nos sorprendió mucho recibir una llamada, mamá atendió y era Peeta Mellark diciendo que dentro de poco llegarías a un picnic y podríamos charlar un rato. ¿Cómo estás allá?"
"Bien. Es un poco agotador, siempre hay cenas y galas y reuniones y picnics…" me apresuré en narrar lo que sería una agitada agenda de una Vencedora, ocultando ciertos detalles "No podré ir a casa por ahora" terminé de decir esperando que mi voz no sonara con tanto pesar como me sentía.
"Entendemos, eres toda una celebridad ahora" me dijo tratando de confortarme, vi que dudó unos segundos, pero después continuó "Cuando vi la transmisión de Panem al día, y te vi en esos videos noté lo tensa que estabas y supe que algo andaba mal detrás de todo eso de la cita con Mellark" sentí que mi corazón latía fuertemente y mis manos sudaban en frío "Pero lo que acabo de ver…" de repente Prim sonrió y su rostro se iluminó "Pensé que quizás al principio debió ser difícil, pero ahora te vi tan natural. Estoy segura de que Peeta es un buen amigo, Katniss, creo que se preocupa mucho por ti. ¿Te das cuenta de ello?"
Desvié mi mirada hacia un cuadro que tenía un diente de león. Alguna parte de mi sí se daba cuenta, pero el resto quería ignorarlo. Era problemático. Ya no recordaba el momento en que dejé de odiarlo o pensar que era de lo peor, busqué en mi interior por algún sentimiento negativo hacia Peeta y realmente no encontré ninguno. Aún no confiaba en él por completo, pero ya no me erizaba la piel en la espera por algo malo de su parte.
"¿Cómo está mamá?" le pregunté esperando que cambiemos de tema, Prim suspiró en derrota, pero no insistió en seguir hablando de Peeta.
Seguimos conversando sobre cómo iban las cosas en casa y en el distrito, al rato apareció mi madre y también se unió a nosotras unos momentos, luego fue a preparar algunas medicinas con las hierbas que había ido a adquirir. Sentí no poder estar ahí para conseguirlas yo misma, ir al bosque, poder cerrar mis ojos y trasladarme a ese lugar feliz y que me llena de paz.
"Ya debo irme Katniss, le prometí a una amiga que le daría galletas un poco de queso de cabra para el cumpleaños de su hermano. Dale las gracias a Peeta por todo, ¡y disfruta de tu picnic!"
"Cuidate mucho, patito"
"¿Cuándo te veré de nuevo?" estuve a punto de decirle 'mañana', pero me detuve a tiempo, supuestamente era una invitada de Peeta a su mansión, no debía mostrar que vivía aquí.
"Dentro de poco, te lo prometo"
"Te quiero, Katniss"
Y tan pronto como había empezado, nuestra conversación había terminado. La pantalla volvió a ser el cuadro de la manzana y el silencio volvió a la oficina. Me saqué el aparato de mi oído y lo dejé sobre el escritorio, salí de la oficina buscando a Peeta. Lo encontré en la sala, leyendo en su tableta electrónica, al sentir mi presencia la dejó de lado y se puso de pie.
"¿Qué tal estuvo la charla?" me preguntó, mientras echaba ambas manos en los bolsillos de su pantalón.
No estoy segura de lo que me poseyó en ese momento, pero un impulso hizo que me acercara a él con pasos rápidos y definidos, me paré en puntillas y besé su mejilla. Debí sorprenderlo porque me miró como si de repente me hallara con fiebre. Sonreí porque no pensé que pudiera desconcertarlo usando sus propias armas. Peeta imitó mi sonrisa y tomó mi mano derecha.
"Me alegra que te haya gustado la sorpresa" me dijo mientras empezaba a caminar conmigo a su lado.
"¿Cómo supiste mi número de casa? Ni yo misma lo sé. Nunca se me hubiera ocurrido apuntarlo."
"Oh, no es difícil si conoces a las personas correctas. Ahora, creo que me debes un paseo por los jardines"
Seguimos caminando hacia el jardín, hacía calor fuera de la casa, por lo que Peeta se quitó el saco del terno y se lo dio a un mayordomo que apareció casi de la nada. Se arremangó las mangas de su camisa blanca hasta medio brazo y volvió a coger mi mano para ir hacia el lago, lo bordeamos mientras me preguntaba sobre mi casa y mi vida en general cuando era pequeña.
"¿Me creerías si te dijera que he visitado el Doce?" me detuve y fijé mi mirada en él, sus ojos azules brillaban y se rio al ver mi reacción, "claro que fue hace tiempo, cuando era un niño, una vez con mi abuelo hicimos un tour por todos los distritos. No recuerdo mucho, pero todo lo que me cuentas parece fascinante."
Ahora fue mi turno de reírme. Nada en el Distrito 12 era fascinante. Al menos no desde mi perspectiva. Escuché un par de bips que venían de la muñeca de Peeta, él alzó su brazo y vio en su reloj algo que hizo que su sonrisa de tensara. Por un momento fugaz me alarmé, vi que sus ojos se desviaron con soslayo, como si buscara algo, cogió mi mano y seguimos caminando hasta llegar a un pequeño muelle. Él prosiguió con una conversación que ahora se sentía distinta, no era el Peeta genuino de hace unos momentos.
Avanzamos por el muelle y al llegar al borde sentí que me abrazó por detrás, cruzando sus brazos por encima de mis costillas y hundió su nariz en la curva de mi cuello.
"Tenemos un roboespía, actúa como si estuvieras feliz" me dijo en un susurro muy tenue que hizo que se me pusiera la piel de gallina.
Sonreí automáticamente y puse mis brazos sobre los suyos, apreté con fuerza sus músculos para ocultar mi repentino temblor. Pero sabía que era inútil, intentaba sonreír con felicidad, pero en mi rostro sólo debía haber una mueca indescifrable. Peeta cogió mi mano derecha con la suya y la llevó a su boca, me dio pequeños besos en cada uno de mis dedos.
"No sé como se finge estar feliz" le dije en un susurro.
"Tan sólo sonríe, como hace unos momentos"
"Lo estoy intentando"
"Te ayudaré un poco" me respondió y me pregunté cómo lo haría.
Me sentí enrojecer cuando pensé que me besaría de nuevo, como en el ascensor, pero su ayuda vino de una forma distinta. Cosquillas. De pronto me vi forcejeando entre risas que no quería tener debido al roce de sus dedos sobre mis costillas, intenté zafarme de su agarre, lo empujé, grité entre carcajadas y por un momento olvidé que estábamos siendo espiados, y que estábamos al borde de un muelle. Retrocedí un paso y el peso de mi cuerpo venció al vacío.
"¡Katniss!" escuché a Peeta antes de sentir que mi cuerpo se hundía en las oscuras aguas de la laguna.
Pero no estaba sola en el agua, el perfecto traje caro de Peeta se había arruinado así como su peinado recto. Nos reímos al ver nuestras fachas y escuché en él una risa totalmente genuina. Fue como verlo por primera vez.
A continuar...
¡Hola!
Es viernes con 5 minutos del sábado, no me maten! jajaja he intentado cumplir con mi palabra. Tengo búhos nocturnos aquí?
Sé que el capi quedó un poco corto, pero creo que es un avance muy grande para Katniss, que opinan?
Como siempre agradezco mucho, muchísimos sus comentarios y sus reviews! Saludos a quienes se conectaron recientemente, y claro, también a quienes están desde el primer momento. (Disculpen los errores de typo! los corregiré en estos días, me dejan saber si hay alguno escandaloso que corregir inmediatamente!)
Miles de gracias!
... me dejas un review? :D
Hasta el próximo viernes!
