N/A: Los personajes y el mundo de Los juegos del hambre pertenecen a Suzanne Collins. Este fanfiction es creado sólo por diversión.
Una visita inesperada
Cuando nos aproximamos a la mansión completamente empapados, Lavinia y un mayordomo corrieron hacia nosotros con toallas en sus manos, a pesar de la seriedad y la preocupación en sus rostros, pude notar que reprimían una sonrisa. Peeta tomó la toalla que Lavinia extendía hacia mí, delicadamente me secó el rostro y me la puso sobre los hombros, luego le pidió a la pelirroja que me acompañe a mi habitación, creí que él también iría a su cuarto a limpiarse y cambiarse, pero en cambio se dirigió a su oficina con pasos apresurados.
Fui directamente al cuarto de baño, me despojé de mis ropas arruinadas mientras Lavinia preparaba la bañera con algunas esencias florales. Permanecimos en silencio algunos minutos, ella terminaba de lavar mi cabello cuando se me ocurrió preguntarle acerca de lo sucedido.
"Lavinia, ¿exactamente que son los roboespías?" ya tenía una idea en mi cabeza, pero necesitaba confirmarla.
"Son pequeños robots que tienen cámaras incorporadas, Srta. Katniss, los hacen de forma de aves pequeñas y están por todo el Capitolio. Son como pequeños espías del gobierno" me respondió, luego noté que frunció el ceño y prosiguió "pero supuestamente no pueden entrar a los alrededores de la mansión, no deberían atravesar los muros de la propiedad Mellark."
"¿Está prohibido que espíen dentro de propiedad privada?" Lavinia sólo se encogió de hombros.
"Bueno, no es algo prohibido ya que es deber de todo ciudadano colaborar con el orden y permitir que haga su trabajo, pero esta mansión y sus alrededores están protegidos por una señal que interfiere con su fun... cionamiento." Lavinia se mordió los labios y sus ojos se abrieron, me miró un poco asustada, como si de pronto hubiera reparado en que me dio más información de la necesaria.
"¿De eso se está ocupando Peeta en su oficina?" Lavinia bajó la mirada y asintió débilmente, apretando sus labios.
Sentí una ola de molestia al darme cuenta de mi ignorancia en el tema, pero no tenía por qué, me reprendí porque no es que Peeta tuviera que contarme todo lo que ocurría alrededor, pero sin duda era un hombre que estaba envuelto en algunos misterios. Pero si él interfería contra los roboespías del Capitolio, quería decir que de alguna forma no estaba acatando las imposiciones del gobierno, de Snow. Pero entonces, ¿por qué participaba en todos los excesos que el Capitolio ofrecía? ¿Por qué me había comprado, a Cashmere, a Johana, y quién sabe a quién más? Crucé mis brazos por encima de mi pecho, estaba pensando demasiado alrededor de Peeta y empezaba a sentir que la molestia inicial se convertía en irritación. El momento en la laguna de pronto se diluía en mi cabeza, la sonrisa en su rostro que había visto de forma tan natural y genuina daba paso a dudas y preguntas, y la familiaridad que de pronto estaba sintiendo empezaba a causarme recelo.
Decidí no salir de mi habitación por el resto del día, tenía un enredo en la cabeza respecto a Peeta y sus acciones, primero el hecho de haberme comprado, pero también le hecho de no haberme tocado de forma abusiva, la libertad que me daba dentro la mansión, su comportamiento amable, su comportamiento frente a cámaras, sabiendo el momento preciso en el cual sonreír o qué palabras decir, el cuadro de Rue, el cual de pronto desapareció, el sistema de video instalado en mi casa para hablar con Prim. Prim. Recordé sus palabras, el aprecio que parecía tener por Peeta y apreté mis labios, ¿veía ella más que yo?, ¿o había caído también bajo los encantos de su personalidad?
En algún momento, sin darme cuenta, la pelirroja había salido y regresado a mi cuarto con una maleta, al verla fui enseguida a vaciar el contenido. Eran mis preciados pantalones, camisetas y botines. Eran mucho más finos y hasta sofisticados que los que tenía en casa, pero me serviría para mi exploración en el minibosque. No quería esperar más por ponerme esa ropa cómoda, pero antes le pregunté a Lavinia si esa noche tenía alguna otra cena o salida planeada, suspiré en alivio cuando me dijo que no había recibido ninguna orden para esa noche, e inclusive, Peeta había dejado dicho que no llegaría hasta la noche antes de salir a su oficina central en la ciudad. No entendía cómo alguien podía trabajar tanto un día sábado.
"Srta. Katniss, no es buena idea que salga hacia el jardín, a menos no por estas horas." parecía que me hubiera leído la mente.
"¿Por qué no?" le pregunté un poco decepcionada, había esperado por esto toda la semana.
"Podría ingresar otro roboespía a los alrededores, y quizás no sería bueno que la vean sola. A veces usan los videos para hacer los reportes semanales."
Aparté mi mirada de su rostro y me fijé en la ropa que tenía en mis manos y que estaba dispuesta a dar uso en ese preciso momento. Me resigné a que mi aventura por los árboles debía esperar. De pronto mi molestia hacia Peeta se deshizo, incluso deseé con todas mis fuerzas que cualquier cosa que hiciera para mantener los roboespías fuera de mi alcance tuviera éxito.
Saqué mi libro de plantas familiar debajo de mi almohada y me puse a repasarlo con mucho cuidado, había hojas secas que estaban por desintegrarse, y apenas había empezado a trasladar todo ese conocimiento en folios nuevos y aún tenía por agregar lo último que había aprendido gracias a Rue. Rue. Pensé en su cuadro, había ido al estudio a buscarlo un par de veces más, pero nunca lo encontré, quería verlo una vez más, me preguntaba si podría pedírselo a Peeta.
"¿Bajará a cenar, Srta. Katniss?" la asistenta interrumpió mis pensamientos, yo ni me había dado cuenta de que había ingresado nuevamente a mi habitación.
"Aún no, Lavinia, esperaré a Peeta. Gracias" noté que la pelirroja ahogaba una sonrisa, aun haciendo su máximo esfuerzo en tratar de ocultarlo, un brillo en sus ojos la delataban.
"¿Necesita que la ayude en algo más?" me preguntó y negué con la cabeza, "Comprendo. Con permiso, Srta. Katniss. La veré el día lunes." Se despidió.
Me fijé por la ventana y el sol ya se había ocultado hacía un buen rato. A lo lejos vi los faroles de un auto acercarse poco a poco hasta que llegó a la entrada de la mansión. Dejé mi libro a un lado y me apresuré a salir de la habitación y bajar al primer piso. Con el apuro ni me preocupé en ponerme zapatos por lo que mis pies tocaban el frío mármol, pero podía ser sigilosa.
Nada me hubiera preparado para la forma en que vi a Peeta, vestido simple y casualmente en pantalones negros, una camiseta negra que se pegaba a la forma de su cuerpo, de sus amplios hombros y unas zapatillas oscuras deportivas atados con doble nudo. Su cabello rubio estaba deshecho en ondas y algunos mechones caían sobre su frente. Se veía joven. ¿Cuántos años tendría? Vi que se despedía de algunos mayordomos y asistentas de la mansión, me disgusté conmigo al comprobar que podría espiarlo desde mi escondite junto a las escaleras por horas, simplemente no podía apartar mis ojos de él. No podía negar que se veía atractivo.
Sólo fue cuando escuché mi nombre que recuperé la noción del tiempo y me apresuré en volver por donde había bajado hacia mi habitación. Mi corazón latía fuertemente, mis mejillas ardían, escuché los pasos pesados de Peeta acercarse por el pasillo, y cogí mi libro de plantas, fingí leerlo pero sólo me sentí más patética por mi pobre actuación. Escuché un par de toques en mi puerta y respiré profundamente para calmarme.
"Adelante" dije con una voz que debía mostrar lo serena y tranquila que estaba.
"¿Lista para cenar?" me preguntó Peeta desde la puerta, luego se acercó con pasos lentos, "la Sra. Potts nos dejó un poco de sopa. ¿Qué lees?" me preguntó a la vez que sentaba al borde de mi cama.
"Una reliquia familiar" le contesté sin prestarle mucha atención, de pronto sentí sus manos tibias envolver mis pies fríos. Me sobresalté, pero no aparté mis pies, se sentía bien recibir esos masajes. "Es un libro que contiene conocimientos de varias generaciones sobre plantas y sus propiedades"
"Pues parece que lo lees al revés" me dijo y percibí en su voz un tono divertido.
"¡Las hojas están sueltas!" me defendí y esta vez a mi pesar aparté mis pies y doblé mis piernas llevando mis talones debajo de mis nalgas y lejos de sus manos. "Está demasiado viejo y estoy pasando todo en uno nuevo"
Bajé el libro y lo dejé sobre mi cama, en el espacio libre entre su cuerpo y el mío, Peeta lo cogió con cuidado y lo observó, repasó por entre algunas páginas y luego lo depositó nuevamente en la cama, esta vez cerrado.
"Los dibujos son buenos, pero están algo despintados, pero hay otros que sería mejor hacerlos de nuevo. Quizás yo pueda ayudarte con eso." Se ofreció mirándome a los ojos "De hecho, me gustaría ayudarte, si me lo permites"
"Um… Ok, te lo permito" le respondí mientras mi mirada pasaba de sus ojos azules a los mechones que caían en ondas sobre su frente. Estiré mi brazo y aparté el cabello que caía sobre sus ojos. "Siento que el chapuzón de la mañana arruinara tu peinado perfecto"
"Oh, me gusta más así. Pero… debo cumplir con un rol a diario, debo vestirme acorde con mi posición, eso incluye domar mi cabello a diario. Pero hoy tuve que salir con un poco más de urgencia."
"¿Por el roboespía?" le pregunté y el asintió silenciosamente "¿Podré volver a salir con libertad por los alrededores de la mansión?, ¿o tendré que quedarme adentro?"
"Claro que puedes salir, pero no demasiado lejos. Los árboles están muy lejos" dijo mientras le echaba un vistazo a la nueva ropa cómoda que Cinna me había enviado. "Por mucho que me encanta charlar contigo, debo detenerme ahora y pedirte que me acompañes a cenar".
Se puso de pie y estiró una mano hacia mí sonriente, la tomé y le respondí una media sonrisa. Me puse unas pantuflas que estaban al borde de la cama y salí tras él, pensando en lo inconstante que me volvía con él, por la mañana me sentía desarmada, por la tarde desconfiaba de él nuevamente, y ahora había descubierto que su presencia me causaba cosas que no podía definir pero que estaban por darme una taquicardia.
"Ah, y también, no andes descalza, podrías coger algún resfriado"
Al día siguiente desperté con los primeros rayos del sol entrando por mi ventana, me dirigí al baño y me metí a la ducha, Salí envuelta en una toalla y cogí un par de pantalones cómodos para pasar el día en la casa, sabía que no podría ir a los árboles, pero quería verme como yo misma frente al espejo. Luego de ponerme la camiseta verde, tomé unos botines marrones de cuero, estaba atándolos cuando sentí un movimiento extraño en la pared del frente. Levanté mi cabeza y vi que el televisor de la vez pasada se había acomodado nuevamente.
Por supuesto, Panem al día. Luego del himno nacional salieron en pantalla dos de las figuras televisivas más importantes del Capitolio: Caesar Flickerman y Claudius Templesmith. Rodé los ojos y proseguí con mis botines. Mientras escuchaba desinteresadamente lo que tenían que decir. Sabía que pronto llegarían a la cena de gala y no me apetecía escuchar lo que ya me sabía de memoria.
Bajé las escaleras y vi que en salón principal también había aparecido un televisor encima de la chimenea, donde normalmente había un cuadro de algún antepasado de los Mellark, un hombre maduro con el cabello rubio que parecía platino y los ojos tan azules como el mismo Peeta. Estaba por ignorarlo y dirigirme a la cocina a preparar algo, pero caí en la curiosidad cuando escuché mi nombre ser nombrado. Me acerqué y me senté en el sillón más próximo.
"¡Es imposible quedarse callados cuando este par están dando las noticias cada semana! ¿Mostramos las imágenes al público, Claudius?"
"¡Oh, por favor, muéstralos! ¡Sé que mueres por hacerlo!"
"¡Claro que sí! Veamos ahora lo que pudimos captar internamente." Presentó Caesar y seguidamente salió un video de la gala.
En el video mostraban la mesa de honor con los fundadores del centro de caridad, así como los principales donantes, me vi a mi misma del brazo de Peeta sonriendo ante las cámaras fotográficas, cenando con él, luego bailando. Cuando creí que ya era todo lo que tenían que mostrar, de pronto salió un último video que al parecer fue tomado desde un ángulo lejano y oculto, porque salía la imagen a la mitad, pero claramente éramos Peeta y yo esperando por el ascensor.
Me llevé una mano a la boca y sentí la sangre acumularse en mi cara. No estaba preparada para verme besando a Peeta, simplemente no. Las puertas del ascensor se abrieron y Peeta se inclinó hacia mi, pero no parecía un beso, más bien como si se hubiera acercado a decirme algo secretamente, entramos al ascensor y las puertas se cerraron.
"Por un momento creí que veríamos un beso, Claudius, qué te puedo decir, me sentí decepcionado" Caesar suspiró y esperó por la respuesta de su compañero. Por mi lado, yo exhalé en alivio.
"Bueno, el ángulo del video no ayudó mucho, además estaba muy lejos. Pero aún es muy temprano para decepcionarse, mi estimado Caesar. No se preocupen pueblo de Panem, pueden volver a agarrar sus corazones en un puño."
"Pero, Claudius, ¿qué quieres decir? Si luego de la cena, la Vencedora fue embarcada nuevamente a su domicilio" Caesar exclamaba con una cuota exacta de animosidad, nadie podría decir que estaba fingiendo sorpresa, era obvio que él sabía lo que venía a continuación. Lo que sea que fuese.
"Tan sólo te diré, así como a nuestros compatriotas en Panem, que no se pierdan ni un segundo del siguiente video"
Apreté los puños y me faltó el aire al verme ahora con Peeta en los alrededores de su mansión. Bordeando la laguna, conversando y riendo. Luego en el muelle, cuando me abrazó por la cintura y me dio besos en la mano, luego me envolvió de una forma más íntima, vinieron las cosquillas, más risas, ambos al agua.
Y ahora todo Panem lo sabía, en casa, mi mamá, mi hermana, Gale. Bueno, Gale estaría ahora en los bosques cazando, pero no dudaba que se enteraría después. Sin embargo mi preocupación mayor no es que todos se enteraran, seguramente muchos pensarían que es algo actuado, sobretodo quienes despreciaban la superficialidad el Capitolio, pero lo que más me preocupaba era que me había visto a mí misma, y por unos momentos, a pesar de la tensión que tuve al saber que éramos espiados, pude reír. Sólo reía con mi familia o amigos más cercanos, Peeta no era ninguno de ellos, pero aun así, había sido capaz de reír a su lado.
"Mejor dejamos de ver eso" escuché a mis espaldas, me giré y vi a Peeta apoyado en una columna con sus manos al bolsillo. Este día también vestía de forma casual, pantalones negros y una camiseta verde oscuro, su cabello en rizos húmedos y hasta creí sentir un ligero olor a jabón y lavanda que se me hizo agradable. "Vamos a comer algo y luego podemos trabajar en tu libro" me ofreció sonriendo.
Asentí y le devolví la sonrisa, en algún momento había tenido la idea de llamar a Prim, e inventarme alguna invitación a la mansión Mellark, pero luego de lo visto no tenía ganas de afrontar sus preguntas, ni las de mi madre. Quizás era mejor dejar pasar un día más y aprovechar este domingo en tomar la ayuda de Peeta para avanzar con mi libro. La televisión siguió prendida por un tiempo más pero simplemente la ignoramos.
Esta vez el desayuno fue más simple y rápido, comida congelada que en sólo un minuto al microondas ya estaba listo. Y no sabía nada mal, aunque agradecía que sólo fuera por un día a la semana. Terminando de comer, Peeta me dijo que llevara mi libro al estudio, que me vería ahí en algunos momentos y fue a su oficina. Hice como me indicó, fui por mi libro, pero aproveché en lavarme los dientes y también en echarme unas gotas de perfume. Arrugué mi nariz frente al espejo, ¿por qué me preocupaba de pronto en oler bien? Gruñí en frustración y salí de mi habitación antes de hacer algo estúpido como echarme brillo labial, porque aparentemente, ya me estaba empezando a preocupar ese tipo de cosas.
Esperé algunos minutos en el estudio, mientras estudiaba algunos de los cuadros en la pared y luego me fijé en algunas fotografías sobre el escritorio. La familia de Peeta, ahí estaba su padre, en quien pude reconocer el sello distintivo de los Mellark, cabello rubio y ojos muy azules, a su lado, una mujer de cabellera y ojos negros, pero una piel tan blanca como el mármol. Se veía altiva, sin duda sería una mujer con mucho estatus y no dudaba en demostrarlo, pero algo en sus rasgos simplemente no la dejaba verse agradable. Luego sus hermanos mayores, uno con cabellera negra, y otro con una cabellera rubia pero un tono más oscuro. Sólo Peeta era el vivo retrato de su padre, y del señor en el cuadro que estaba sobre la chimenea en el salón. Sonreí al estudiar mejor la foto, Peeta tendría quizás unos diez años cuando la tomaron.
Al lado vi otra fotografía de Peeta con unos quince años aproximadamente acompañado del señor cuyo cuadro estaba abajo en el salón, claramente más joven. Intuí que él sería el abuelo y que su relación era muy cercana, ambos sonreían felices a la cámara, tenían esos sombreros y pantalones de cuero y estaban sobre caballos en un vasto campo. Si no me equivocaba ése era el Distrito Diez que se dedicaba a la crianza de ganado y donde usaban ese tipo de ropa. Escuché los pasos de Peeta acercarse y dejé las fotografías en su sitio, pero no me aparté.
"Siento la demora, pero aproveché en ordenar arroz oriental para la tarde. ¿Estás bien con eso?" se disculpó desde la puerta y luego se acercó a donde yo estaba.
"Está bien" le dije y me encogí de hombros, con que no fuera otra comida congelada me sabría bien.
"Espero que te guste, apenas hace unas semanas que la compañía empezó a importar algunas especias desde Neo Asia, y un amigo dueño de un restaurant está probándolos y ofreciéndolos en su carta. Hasta ahora va teniendo gran aceptación. De seguir así, podríamos expandir un línea nueva de alimentos procesados, con un toque oriental." dijo mostrando orgullo de su nuevo proyecto.
Genial, su empresa no paraba de crecer y crecer, lo cual me causaba admiración, porque demostraba que Peeta no era sólo un joven que recibió una gran fortuna y se dedicó a despilfarrarla, sino que se hizo de un trabajo ahí. Sin olvidar que hace donativos a fundaciones de caridad, me dijo una voz en mi cabeza. Sí, también eso. Y estaba a cargo de la compañía él solo mientras su familia estaba en Neo Asia. Era admirable.
"Espero que tengas éxito, y que tu compañía logre abrir su nueva línea de comida."
"Gracias, pero no es mi compañía aún" me contestó esbozando una sonrisa floja.
"¿No te dejaron a cargo cuando se fueron a Neo Asia?" pregunté sin estar segura si estaba yendo muy lejos con mi curiosidad.
"Bueno, yo… regresé a Panem cuando escuché que mi abuelo enfermó. Sólo me faltaba un semestre en la escuela de negocios, y mi abuelo insistió en que termine de estudiar. Volví a Neo Asia y cumplí con la escuela, pero ya tenía mi meta fijada en regresar a Panem. Mi abuelo había empeorado y no lograban hallar el origen de su mal. Para cuando terminé mis estudios y regresé a casa, apenas lo tuve un mes conmigo. Una mañana me dijo lo orgulloso que estaba de mí, que sabía que lograría grandes cosas, que no se había equivocado en su testamento y algunas otras cosas más. Esa misma tarde tomó su siesta de siempre, pero ya no despertó." Tenía su mirada fija en el cuadro donde estaba con su abuelo sobre los caballos.
"Peeta" le dije suavemente y tomé su mano.
Él giró la mano que tomé y nuestras palmas chocaron, luego entrelazó sus dedos con los míos y los llevó a la altura de sus labios, me dio un suave beso y prosiguió con su relato.
"Fue hace tres años aproximadamente, me dejó el control de toda la corporación en Panem, pero había una serie de condiciones que sin querer las estaba cumpliendo. Por ejemplo, logré terminar estudios superiores, ninguno de mis hermanos soportó la exigencia de las escuelas y lo dejaron. Otras cosas menores, como aumentar el crecimiento de cierta línea, o cumplir con la cuota reservada a caridad, y esa la he estado sobrepasando" una sonrisa se dibujó en su rostro, "porque supuestamente debía aprender más, y lograr hacer grandes cosas. Por un tiempo creí que si aumentaba la cuota de caridad estaría logrando más" en este punto Peeta llevó su mano libre a su cuello y sacó una cadena de oro que llevaba un pendiente un poco extraño, sin duda una reliquia familiar ya que llevaba la M característica de su apellido y su compañía finamente tallada "Tengo el poder de administrar y disponer de la compañía según crea apropiado, pero no tendré el control legal y completo hasta cumplir veinticinco años. Para entonces mi abuelo pensó que ya habría aprendido lo suficiente. O que habría entendido… su mensaje" Peeta apretó el pendiente que tenía en manos, me miró como si por un momento quisiera seguir hablando, pero apretó los labios y guardó nuevamente su reliquia familiar dentro de su camiseta. "Debía lograr grandes cosas"
"Lo estás haciendo" le dije suavemente, sus ojos se clavaron en mí y vi que dudaba
"Sí… sí…" contestó de pronto desviando su mirada al escritorio y hacia mi libro de plantas.
"No menosprecies tu trabajo. Tu abuelo estaría orgulloso." Nunca había sido buena con palabras, pero esperé con todo mi ser que haya elegido las adecuadas para este momento.
Peeta apretó la mano que tenía entrelazada con la suya, me dio otro beso en el dorso y luego me soltó para coger el libro que había quedado olvidado.
"Creo que ya nos hemos saltado nuestra tarea mucho tiempo, Srta. Everdeen, debemos rescatar valiosos conocimientos ancestrales" dijo sonriente con un poco de… ¿coquetería?
Logró sacarme media sonrisa y sentí un poco de calor acumularse en mis mejillas. Apreté los labios y asentí en silencio. Nos sentamos en el sillón y Peeta acomodó sus acuarelas y pinceles y demás instrumentos de arte en una mesita aledaña, habían dibujos que ya no se podían rescatar y él los imitaba a la perfección, también dibujaba aquellas que sólo tenían descripción física sin ninguna foto o muestra y las podía sacar exactamente a como las recordaba. Con mi caligrafía más fina empecé a reescribir y él a dibujar. Habíamos avanzado mucho cuando de pronto escuchamos la campanilla del timbre resonar.
Me sobresalté un poco, había perdido la noción del tiempo y me había olvidado que era hora de comer. Peeta me dijo que tomemos un descanso, tomó mi mano entrelazando sus dedos con los míos y me guio escaleras abajo, comentando acerca de lo agridulce que a veces podría resultar la comida oriental, pero también que podía ser deliciosa. Abrió la puerta pero nuestras manos seguían en un solo agarre, estaba por preguntarle si necesitaba ayuda con cargar las cosas de la comida, pero en ese momento dos personas entraron hacia el comedor y prepararon todo en la mesa. Obviamente no era la primera vez que lo hacían, Peeta debía ser un cliente especial, prácticamente le habían traído el restaurant a casa.
Nos sentamos a comer y me sentí un poco incómoda que las personas del servicio del restaurant se hayan quedado a un lado del comedor, parados firmemente como estatuas, esperando porque terminemos, me hacía recordar a los avox en el departamento de los tributos. Por suerte Peeta parecía tener el don de distraerme y hacerme sonreír incluso en los momentos más tensos, pronto me olvidé de ellos mientras escuchaba alguna historia graciosa de Neo Asia.
Cuando terminamos, las personas rápidamente limpiaron todo, dejándolo como antes. Vi que Peeta le extendió unos billetes y luego los despidió. Pude notar en el rostro de las personas agradecimiento cuando se fueron. Una de ellas era mujer y aunque noté que me miraba furtivamente, hizo todo lo posible por no demostrarlo.
"No te preocupes" me dijo Peeta, notando quizás mi preocupación "sólo les causas curiosidad, pero no dirán nada, están bajo un acuerdo de confidencialidad y no querrán arriesgar su trabajo" suspiré aliviada y lo miré a los ojos "¿Seguimos con el libro?"
"Preferiría salir un rato" comenté, pero a la vez fue como una pregunta. Él lo consideró un momento y luego asintió.
"Sí, creo que podemos salir" me respondió y buscó por algo en su reloj digital, "No hay ningún incidente. Creo que estamos seguros, pero déjame confirmarlo con la computadora central" Peeta avanzó hacia su oficina, yo no estaba segura si seguirlo o esperarlo en el salón.
Decidí esperarlo, no creí que tardara mucho de todas maneras, regresó unos minutos después con una libreta. Extendió su brazo y tomé su mano automáticamente, no podía creer lo natural que ahora me resultaba. Salimos hacia el jardín trasero, pero no avanzamos mucho, llegamos hacia unas bancas frente a un jardín de flores silvestres, podía reconocer algunas de ellas, las había visto en mis bosques.
"Tienes una jardín muy variado" le comenté casualmente mientras nos sentábamos en las bancas "esas crecen en mi distrito" le señalé unos irises azules y violetas, recordando aquellos que solía ver cerca de la laguna donde me llevaba mi padre de niña.
"Mi abuelo solía traer recuerdos de sus viajes, alguna vez me dijo que había quedado impresionado con la flora natural de algunos distritos. Aquí es raro encontrar alguna planta que no haya sido genéticamente modificada. Pero puedes estar segura que todas las de este jardín son completamente naturales" afirmó orgulloso, a la vez que abría su libreta.
Era una libreta de bocetos, vi desde animales, plantas hasta rostros y algunos de ciudades. Pasó las páginas hasta llegar a una en blanco y empezó a hacer trazos en el papel. Eligió la flor que le señalé para dibujarla.
"No son completamente naturales" solté de imprevisto, ocasionando que se detuviera y me mirara con detenimiento.
"Puedo asegurarte que sí lo son"
"No me refiero a eso" le contradije rápidamente y sonreí ante su rostro de confusión, "Son hermosas, no lo niego, pero son muy... perfectas. Cuadradas. Al natural las flores y plantas silvestres no tienen tanta simetría, algunas crecen a lo alto, otras a lo ancho, son desordenas, incluso caóticas, pero son hermosamente disparejas. Tienen una belleza especial al ser libres, y no al estar constantemente podadas..." lo vi mirar pensativamente hacia el jardín perfectamente cuidado frente a nosotros y de pronto pensé que quizás le estaba dando ideas equivocadas, "¡Oh, pero apuesto a que el jardinero hace un excelente trabajo! No es nada contra él, sino sólo puntualizaba algunas diferencias..." Peeta rompió en risas y negó con la cabeza.
"No voy a despedir a nadie, Katniss. No te preocupes que el jardinero seguirá con su labor" suspiré en alivio ante su respuesta, lo último que quería era complicarle la vida a alguien, "¿Pero me prometes una cosa?" me sorprendí ante su pregunta, Peeta me miró expectante unos segundos, por un momento me quedé estática sin saber qué hacer hasta que asentí y él continuó "Algún día me mostrarás esas flores silvestres de las que me hablas." terminó de decirme con una sonrisa.
Le respondí la sonrisa y volví a asentir, aunque en realidad lo veía imposible de cumplir, primero él tendría que ir al Distrito 12, y luego yo tendría que estar ahí. Pero supongo que mi nueva vida ahora me impediría ir a casa tanto como quisiera. Peeta volvió a hacer los trazos de su boceto y yo sentí la sonrisa desaparecer de mi rostro al recordar la realidad de mi situación que parecía haber olvidado estos últimos minutos. Ahora yo le pertenecía al Capitolio. Ciertamente, no estaría con Peeta por mucho más tiempo que el que me había comprado. Él también debía saberlo, quizás arrancarme esa promesa sólo fue por cortesía.
Permanecimos ahí por algunas horas más. En algún momento Peeta empezó a hacer bocetos de mí, me opuse en un principio pero luego lo dejé, incluso deshice mi trenza cuando me lo pidió para hacer un nuevo dibujo. Era impresionante lo que podía salir de sus trazos, cuando terminó y me mostró el resultado, en vez de sonreír hice una mueca, la del dibujo no era yo, era una versión mía mejorada, yo no era tan bonita. Luego sentí sus dedos sobre mi cabello e insistió en que me trenzaría de nuevo, pero me dio la impresión que jugaba con mi cabello, demoraba mucho, o quizás no tenía idea de cómo hacer una trenza.
"¿Cuál es tu color favorito?" me preguntó luego de deshacer mi cabello por cuarta vez
"Verde" le respondí luego de pensarlo por un momento, hasta ahora no me había puesto a pensar en si me gustaba algún color en particular.
"Veo porqué" comentó en voz baja, me giré a verlo y vi que miraba hacia los árboles, luego agregó, "a mí me gusta el anaranjado"
"Effie tenía el cabello de ese color" dije casi en un susurro mientras arqueaba una ceja.
"No, mira" me señaló el horizonte y vi que el sol empezaba a ocultarse, el cielo se teñía de varios tonos entre celestes y naranjas, "me gusta el anaranjado de la puesta del sol".
"Es lindo" le afirmé y quedamos en silencio algunos segundos, cuando sentí que deshacía mis cabellos por quinta vez le pregunté "¿alguna vez terminarás de trenzarme?"
"Sólo practico un poco, he descubierto que hay más de una forma de trenzar"
"Parece que estuvieras jugando…" le comenté tratando de reprimir una sonrisa
"Quizás un poco…" me contestó y casi pude escuchar su sonrisa "Quizás no quiero dejar ir tu cabello. Es suave. Me gusta."
Me giré completamente y nuestras miradas se cruzaron, hizo un puchero cuando tuvo que soltar mi cabello, pero me observó atentamente mientras yo lo trenzaba. Por un momento sentí que se perdía en sus pensamientos y su mirada se desviaba hacia los árboles que estaban al fondo y hacia el atardecer, llevó su mano a su cuello y sacó nuevamente el pendiente que llevaba oculto, lo apretó firmemente en su mano y volvió a guardarlo. Su mirada se volvió a enfocar y de pronto regresó de donde quiera que se hubiera ido hace unos instantes. Cogió su libreta y se puso de pie, luego me ofreció su mano y regresamos a la mansión.
Aquella noche los malos sueños se hicieron presentes, como casi todas las noches, desperté sobresaltada nuevamente ante los gritos de súplica de Cato. No es real. No es real. Repetí en i cabeza incesantemente y me volví a recostar, me fijé en el reloj y marcaba hacia las tres de la mañana. Demoré en conciliar el sueño nuevamente, mañana llamaría a Prim, quizás charlar con ella me dé un poco de tranquilidad, ella solía calmarme en las noches cuando tenía estos sueños.
"Buenos días, Srta. Katniss" me saludó Lavinia en lo que creí que había parpadeado, me fijé en el reloj y marcaban hacia las seis de la mañana. No había tenido suficiente descanso, pero sería inútil intentar dormir ahora. "¿Le preparo un baño, le ayudará a relajarse y llenarse de energía?"
"Sí, gracias"
Me desperecé y fui hacia el ventanal de mi habitación, abrí las cortinas y recibí la luz solar en todo su esplendor. Luego me dirigí al baño donde Lavinia echaba algunas esencias florales a la tina. La pelirroja tuvo razón, de alguna forma me sentí reanimada luego del baño. Me vestí con el atuendo que ella eligió para mí, y bajé hacia el comedor. No encontré ahí a Peeta en la mesa, pero sabía que podía encontrarlo en su oficina, así que empecé a caminar por el pasillo para saludarle.
Pero no estaba solo en su oficina, cuando entré deliberadamente y empujé la puerta semi abierta, me sorprendí que Finnick se hallaba a su lado y ambos veían unos papeles en el escritorio.
"¿Finnick?" pregunté sorprendida, era la última persona que hubiera esperado encontrar en la mansión esta mañana. El guapo Vencedor se enderezó y me dirigió una de sus sonrisas más coquetas, de las que siempre había visto en la televisión. "¿Qué haces aquí?" le pregunté secamente.
"Buenos días, Katniss, ¿no te alegra verme de nuevo?" me respondió y me guiñó un ojo. Miré a Peeta, pero él parecía más concentrado en los papeles que tenía en frente. Me encogí de hombros, pero no abandoné mi postura, al contrario, me crucé de brazos esperando que me respondiera. "Bueno, como ya sabes, aquí todo se compra, todo se vende. Soy huésped de Peeta por este día"
"¡¿Qué?!" no pude ocultar mi sorpresa, volví a fijar mi vista en Peeta y esta vez él se llevó una mano al rostro, apretando el puente de su nariz con sus dedos pulgar e índice y suspirando pesdamente.
"¿Acaso no lo sabes?" continuó Finnick, expandiendo aún más su sonrisa.
"Finnick…" le interrumpió Peeta con un tono de advertencia, pero el Vencedor lo ignoró.
"Al parecer la chica en fuego es insaciable, así que vengo aquí a ayudar un poco. Ya sabes, calentar un poco las cosas."
"Déjala en paz, Finn" le advirtió Peeta con tono cansino.
Me di media vuelta y cerré la puerta con fuerza, el golpe seco retumbó el pasillo y esperé que les doliera el oído.
"¡Es tan pura!" logré escuchar a Finnick entre risas antes de alejarme de la puerta.
Ahora no entendía nada. Peeta cada vez estaba más misterioso y extraño, y no entendía la presencia de Finnick Odair aquí, pero pude notar que eran amigos. ¿Qué estaba pasando?
A continuar...
Hola!
Sorry por la demora, estuve enferma el fin de semana, y luego, de pronto me confirmaron unos proyectos que desde hacía un mes estaba ahí medio descolgado y abandonado, y bueno, han sido días ocupados. Les hice una promesa y no la pude cumplir, y veo que no podré mantenerla al menos por un par de meses en que debo seguir con los proyectos y por eso les pediré paciencia y comprensión. Y tendré que romper mi promesa del "cada viernes".
Agradezco sus comentarios! en serio, me encanta leerlos y saber que les va gustando, o leer lo que van anticipando, las teorías que van formando, y espero ahora aún más con este nuevo capi :)
Espero les guste, en compensación este capi es un poquito más larguito de lo habitual, jiji, y espero ver que tienen que comentar a esto!
Gracias por seguirme en este fic! ;) me dejas otro comentario?
