N/A: Los personajes y el mundo de Los juegos del hambre pertenecen a Suzanne Collins. Este fanfiction es creado sólo por diversión.


La amenaza de Snow

Finnick no dejaba de observarme y aprovechaba cada momento que nuestras miradas se cruzaban para enviarme una de sus sonrisas coquetas o guiñarme el ojo. Yo bufaba notoriamente para que mi molestia se aprecie, lo cual causaba que el Vencedor sonriera aún más y que Peeta suspirara en derrota. Hubiera querido desayunar en silencio, pero Finnick no dejaba de hablar, estaba muy animoso y claramente se sentía cómodo en la mansión, como si fuera su propia casa. Me pregunté cuál sería su grado de amistad, recordé cuando bailamos en la fiesta de la mansión de Snow y Finnick se mostró formal con Peeta al momento de cederle mi compañía para el baile, apenas cruzaron alguna mirada y un par de palabras cordiales, nunca hubiera imaginado que estos dos fueran amigos. Tampoco es que haya escuchado ninguna noticia sobre ellos, si bien yo no me preocupaba por esas cosas, Madge se encargaba de llenarme de ese tipo de chismes.

Pero mis pensamientos se vieron interrumpidos por un leve bip que provenía de la muñeca de Finnick. Él tocó su reloj para apagarlo y le dio a Peeta una mirada significativa, a lo cual él respondió asintiendo la cabeza. El vencedor agradeció por la comida y salió como un bólido del comedor, dejando su desayuno sin terminar. Peeta esbozó media sonrisa e indicó a uno de los mozos que podía recoger las sobras de Finnick. ¿Qué fue eso?

"Tiene una llamada que hacer" comentó Peeta, seguramente mi rostro reflejaba la pregunta que ahora me hacía sentir un poco indiscreta.

¿Habría Peeta también instalado el sistema de video para llamadas en casa de Finnick? ¿Estaría el vencedor llamando a su familia en el Distrito 4? Eso no era de mi incumbencia, pero estando en la misma situación de Finnick, podía entender su apuro en ir a atender su llamada. Yo misma había pasado un buen rato con Prim y mi madre, era algo que realmente apreciaba mucho. Observé a Peeta durante unos segundos y luego aparté la mirada hacia mi taza de té vacía, sentí que mis labios se curvaban ligeramente en media sonrisa mientras reflexionaba en lo que el heredero de la compañía Mellark hacía tan sólo por servir a otros.

Quizás no era mala persona.

Y sé que no me puedo engañar a mí misma. Ya sabía que Peeta no era mala persona, es sólo que aún no puedo confiar en él por competo. Incluso ahora me sigo preguntando, ¿por qué me compró? Y hasta que no me lo diga claramente siempre tendré esa molestia, como un bicho fastidiándome.

"Podemos seguir trabajando en tu libro de plantas" Escuché a Peeta y me sacó de mis pensamientos, "Finnick tardará un rato ahí adentro, podemos ir al balcón, como ayer."

Asentí y me di cuenta que la pequeña sonrisa en mis labios de hace un instante no se había esfumado. Apreté mis labios sintiéndome tonta y me puse de pie rápidamente.

"Iré por mi libro" me apresuré en decir, mientras empujaba la silla a mis espaldas, farfullé un 'gracias' al mayordomo que estaba hacia un lado del comedor y subí las escaleras tan rápido como pude.

No sé por qué me es tan fácil descuidar mis defensas cuando se trata de Peeta, ya concluí que es una buena persona, pero está envuelto en algunos misterios que no me permiten confiar en él plenamente. En tanto Finnick pareciera que sólo quiere fastidiarme un rato, pero no lo conozco y no sé más de él sino que estamos en el mismo lodo.

"¿Katniss?" escuché a Peeta llamarme desde la puerta y me sobresalté un poco, "¿estás bien?".

Cogí el libro que estaba sobre mi mesita de noche y me dirigí hacia la puerta, no me di cuenta de que había tardado demasiado inmersa en mis pensamientos. Al salir me encontré con la mirada de preocupación de Peeta, sus ojos azules me estudiaban, pero a la vez trataban de decirme algo.

"Entiendo que las bromas de Finnick te caigan un poco mal, pero realmente es una buena persona. Es un amigo…"

"¿Un amigo al que compras de Snow?" solté sin pensar. No tenía intenciones de ir a la ofensiva con este tipo de comentarios, pero ahí estaba de nuevo mi lengua suelta. Había agarrado a Peeta con la guardia baja, por un momento pareció quedarse sin palabras.

"A veces no tenemos otras alternativas" me contestó calmadamente, nos quedamos en silencio unos instantes y surgió la idea en mi cabeza de disculparme por mis palabras, pero la sensación sólo se quedó en mi estómago. "Tenemos un libro en el cual seguir trabajando" agregó luego de unos segundos, a la vez que cogía mi mano y me guiaba hasta el balcón. Asentí callada y dejé que me guiara.

El ambiente silencioso y tenso se aligeró en cuanto nos pusimos a la obra, en lo que me di cuenta, estaba contándole acerca de algunas plantas comestibles que nos ayudó a mi familia y a mí en tiempos malos, en cómo lo había aprendido de mi padre.

"¿Entonces no habías comido nada en días?" preguntó con preocupación. "Tu madre, Prim…"

"Nadie quería comprar las ropas de bebé, estaba frustrada, hambrienta, desesperada" me detuve y dudé en seguir con mi historia, no quería decirle que hurgué en los basureros de las tiendas para buscar comida, pero había llegado al punto en que no me podía echar atrás. "Hay personas que están tan desesperadas que buscan incluso en los tachos de basura de la ciudad, por si tienen suerte de encontrar algo con que calmar el hambre" vi a Peeta tratando de reprimir el shock y no mostrar una cara de espanto al escucharme, así que bajé la vista cuando proseguí. "Fui al jardín trasero de la casa del alcalde, y tuve suerte ese día, encontré un paquete de galletas tirado. Había pasado su fecha de vencimiento, quizás por eso lo tiraron, pero no se veía en mal estado y cuando eres de la Veta no puedes darte el lujo de desperdiciar comida sólo porque se pasó un par meses de vencido. Cuando llegué a casa, preparé un té de menta y repartí las galletas entre nosotras, las galletas tenía forma de flores y el paquete era amarillo, mi hermana me preguntó si eran galletas de diente de león y fue ahí cuando supe que no volveríamos a pasar hambre."

Al terminar mi historia levanté la cabeza, pero no esperaba ver el rostro de Peeta tan cerca, ni mucho menos sentir sus labios sobre los míos. Fue un beso suave, pero firme, sus manos sujetaron mi rostro y podía sentir sus pulgares sobre mis mejillas. Pero terminó demasiado pronto. No supe qué responder, ni cómo actuar, decidí esperar a que él dijera algo.

"No pude contenerme, realmente eres especial"

Especial.

Ya lo había oído antes, Haymitch, Cinna, yo no encontraba nada de especial en mí, era una sobreviviente más de los podridos juegos. Sólo quería cuidar a mi hermana y no volver a pasar hambre. Pero el hambre que empezaba a sentir en estos momentos no era por comida, de pronto quería sentir nuevamente los labios de Peeta, pero al contrario, él soltó mi rostro y llevó sus manos a la libreta que trajo consigo.

"Quería darte una noticia luego de la comida, pero ya no puedo esperar un minuto más" Peeta sonrió y sacó una hoja de su libreta, me la extendió y vi que había un listado de Distritos, fechas y horas. "Últimamente he estado muy ocupado con la compañía, ha habido dificultades en algunas fábricas y por eso armé un cronograma de viaje. Me gustaría que vengas conmigo, ya envié una carta al Presidente para gestionar tu salida del Capitolio como acompañante mía."

Abrí la boca con incredulidad, mis ojos repasaban la lista para asegurarme que no me había equivocado al leer. Estaba todo detallado, la llegada y partida de cada Distrito y la fábrica que tenían. Así pararíamos en el Tres, por su oficina central de desarrollo tecnológico, en el Cuatro por su división de comida marina, en el Nueve por los cereales y granos, en el Diez por su división principal de comida y carnes, en el Once por la división de verduras y hortalizas, y finalmente el Doce.

No, no me había equivocado al leer, ahí en su ruta de viaje estaba mi hogar, y marcaba una estancia de 3 días. Sentí un vacío en el estómago, pero aún no me quería hacer de ilusiones.

"Peeta, aquí dice Distrito Doce… pero en el Doce no hay una fábrica Mellark" resalté enseñándole el papel, tratando de dominar el temblor de mi mano y mantenerla estable.

"No" contestó tomando el papel y guardándolo de nuevo en su libreta, sonrió y tomó una pausa "pero es parte del viaje porque creí que querrías ver a tu familia"

No necesité más.

Dejé que la ligera esperanza que sentí en un inicio ahora fluya por todo mi ser, y casi por impulso abracé a Peeta. Creo que fui un poco brusca, escuché sus lápices de colores caer al piso, pero no importaba en estos momentos, ya me disculparía después y los recogería. Mis ojos picaban y los cerré con mucha fuerza porque sería estúpido llorar ahora, cuando me sentía tan feliz. Recuperé la conciencia de lo que hice cuando sentí sus brazos cruzando mi espalda, su mentón apoyado a un lado de mi cabeza, abrazándome fuertemente.

No me quise desprender de él, quizás estaba muy agradecida, o muy avergonzada, o muy cómoda ahí, en el calor de su abrazo. Sin embargo ya era hora de la comida, como nos lo hizo recordar una avergonzada Lavinia, que lo dijo tan bajito y rápido que apenas la oí antes de verla desaparecer por la puerta. Me enderecé y recogí los colores de Peeta, eran finas piezas de una altísima calidad, su valor podría alimentar familias enteras durante semanas. Los puse en su estuche y vi que tenía letras en un idioma desconocido. Él acababa de guardar sus brochas y tomó la caja de colores de mi mano para ponerlo junto con sus otros materiales de dibujo.

"Russki" me dijo como si respondiera a una pregunta que no hice "Una de las escrituras oficiales de Neo Asia. Nunca terminé de aprenderlo, toma prácticamente toda una vida hacerlo. Además yo vivía en la región de Hanyu, al sureste, tienen otro idioma ahí."

"¿No hay distritos?" le pregunté a la par que seguí sus pasos hacia el pasillo.

"Algo así, se llaman regiones. Son cuatro en total" me respondió con una sonrisa, luego cogió mi mano y dejé que me guiara.

"¿Cuatro regiones y un capitolio?" parece que mi pregunta le tensó un poco pues sentí su mano rígida por unos segundos, sin embargo la sonrisa en su rostro no había desaparecido.

"No hay un capitolio en Neo Asia. Sólo regiones"

"¿No tienen un capitolio? ¿Quién gobierna esas regiones entonces?"

"Cada región tiene su propio gobierno. Huele delicioso, ¿qué habrán cocinado para este día? Espero que tengas mucha hambre…"

Asentí una vez y me quedé en silencio, ambos estuvimos en silencio hasta llegar al comedor donde Finnick ya nos esperaba sentado. Un país sin capitolio no me hacía lógica, pero a la vez sentía mi sangre calentarse y recorrer rápidamente, era fascinante saber de un mundo donde no existía un gobierno sino cuatro, para cada distrito… o región en este caso. Quería preguntar más, pero la evasiva de Peeta me había dejado en claro que no quería seguir hablando del tema. Y tan pronto como me senté a la mesa y sentí el aroma de la comida me di cuenta que estaba hambrienta. Esa conversación podía esperar para otro momento.

"¿Qué tal su mañana?" preguntó Finnick con una gran sonrisa, pero no con su molestosa sonrisa de cámaras, parecía más sincera, más real.

"Genial, avanzamos gran parte de un libro de Katniss" contestó Peeta también con una sonrisa relajada, cualquier indicio de tensión completamente desaparecido.

"¿Escribes libros Katniss?" esta vez la pregunta fue dirigida a mí, pero esperé a que Peeta contestara. Pasaron unos segundos en silencio, entonces vi que debía ser yo quien dé respuesta.

"No, es un libro familiar que necesita unos arreglos"

"Oh. Creí que escribías como parte de tus talentos" dijo pensativamente, pero me cayó en gracia y bufé una sonrisa, ¿talentos? "Los vencedores debemos tener algún talento especial. Si aún no te lo han pedido, en algún momento lo harán"

"¿Tú tienes algún talento?" le pregunté sin estar realmente interesada.

"El modelaje, la actuación. Leer mentes, sacar secretos." Respondió lentamente mientras la sonrisa molestosa volvía a aparecer en su rostro. Arqueé una ceja y di otro bufido.

Seguimos comiendo en silencio, casualmente Finnick y Peeta intercambiaban algunas palabras, pero yo prefería mantenerme al margen y sólo los observaba. Parecían llevar una relación amistosa sincera, no como millonario y Vencedor comprado, sino algo de mucha más confianza. Finnick era quizás un año mayor que Peeta, sería por esa cercanía de edad que se llevaban tan bien.

Al término del almuerzo, el reloj digital de Finnick volvió a bipar, se disculpó y se dirigió nuevamente a la oficina de Peeta. Los mayordomos empezaron a retirar todo y no sabía qué hacer. No era seguro salir de la casa, pero ya toda la mañana había estado trabajando en mi libro. Lo que me apetecía era tomar aire fresco, sentir la tierra entre mis manos, escuchar a Prim hablarle a Lady o al asqueroso gato. Pero ya vería pronto a Prim. Si el viaje de Peeta era cierto, entonces vería pronto a mi familia.

"Debo ir a la empresa un momento" escuché a Peeta decir a mis espaldas, sacándome de mis pensamientos "Prometo no tardar" me dijo a la vez que llevaba su mano a mi rostro y repasaba mi mejilla con su dedo pulgar "Sé lo mucho que ansías salir a los jardines, pero no es conveniente ahora. ¿Puedes permanecer dentro de la casa mientras tanto?"

Asentí y traté de no mostrar la decepción en mi rostro, aunque ya era tarde, pues él ya lo había notado cuando miraba melancólicamente hacia la ventana. Sonrió a medias, pero se acercó y me dio un beso en la frente, luego con largas zancadas cruzó el salón y salió por la puerta principal. Me llevé las manos al estómago porque de pronto lo sentí como vacío, lo cual no tenía sentido pues acababa de almorzar y literalmente estaba llena. Subí a mi habitación y me estiré sobre mi cama, repasé todo en mi mente, cada vez tenía más y más preguntas. No pasó mucho antes que me quedara dormida.

"Katniss" escuché por tercera vez, pero ahora mucho más cercano y firme. Era Peeta y estaba sentado a un lado de mi cama.

Abrí los ojos y estuve desorientada al principio, pero ya luego recuperé la noción del tiempo. Miré por la ventana y vi que el sol estaba ocultándose.

"Me quedé dormida…"

"Perdón por despertarte, pero no falta mucho para la cena, y además luego no podrás dormir por la noche"

"¿Y Finnick?"

"Abajo, viéndose a sí mismo en la televisión" dijo con un tono divertido y con una sonrisa que me contagió. "Supuestamente, le ayuda a mejorar sus dotes actorales"

Bajé con Peeta y me uní a ver a Finnick en alguna telenovela donde, por supuesto, era el actor principal. Todo era tan superfluo y tan ridículo, pero retrataba a la perfección la vida en el Capitolio. Nos quedamos a ver la siguiente novela que ahora tenía por protagonistas a Cashmere y a Gloss, en algún idilio de amor incestuoso y prohibido que aparentemente rompía la sintonía y tenía a los Capitolinos suspirando con el corazón en la mano y al borde de las lágrimas.

"Son mejores actores que tú" comentó Peeta en algún momento, volviéndome a la realidad por un momento.

"Bridiana no es precisamente la mejor actriz…"

"Hablo de ti, no de Bridiana"

"Si fuera mejor actriz, quizás tuviéramos mejor química y nuestra historia no sería tan sosa"

"Acéptalo Finn, eres un asco de actor. Sólo tu apariencia te salva"

"¡Es que soy modelo! Esto de la actuación es algo nuevo… es mi primera novela"

La seriedad con la que intercambiaban esos comentarios al principio me pareció ridícula, ¿acaso se lo tomaban en serio? Pero luego pude notar que las comisuras de sus labios estaban curvadas en una sonrisa burlona. Sonreí para mis adentros, era imposible que este tipo de conversación fuera en serio, pero quizás era parte de su amistad el hacer bromas y tener diálogos ligeros. Había visto, desde el día en la fiesta que podían comportarse como perfectos desconocidos, y este día pude ver que se enviaban miradas significativas y podían entenderse en silencio, sin necesidad de hablar mucho. Algo así como Gale y yo. Entonces me pregunté realmente, desde hace cuánto se conocían, qué tan profunda era su amistad.

Cenamos tranquilamente, esta vez Finnick ya no recibió más llamadas, se unió a Peeta y a mí en mi libro de plantas. Peeta dibujaba, yo escribía, y Finnick sólo observaba, pero de cuando en cuando soltaba algún comentario que pretendía ser gracioso. Concluí que el Vencedor no tenía mi completa confianza, pero no parecía ser tan malo.

Luego de un par de horas, nos retiramos a nuestras habitaciones. Por supuesto Finnick tenía ya una preparada para él, y al parecer era su habitación. Peeta me acompañó a la mía, y se despidió de mi con un beso en la frente. Cerré la puerta y nuevamente sentí esa ridícula sensación de vacío en mi estómago. Lavinia apareció de la nada, casi no la había visto en todo el día e insistió en ayudarme a ponerme la ropa de dormir. Sólo dejé que escogiera por mí lo que usaría esa noche, pero luego la envié a descansar, podía ponerme la pijama yo sola.

Luego del desayuno del día siguiente, una limusina oficial del Capitolio esperaba en la puerta por Finnick, casi pude ver una sombra en sus ojos cuando llegó la hora de irse, pero inmediatamente la ocultó con una sonrisa. Peeta y yo lo acompañamos a despedirlo, el Vencedor agradeció en voz alta las extraordinarias atenciones de Peeta y de la chica en fuego. Traté de no hacer una mueca, sino sonreír, pero no sé si tuve éxito. De improviso, Finnick se acercó a mí, cogió mi rostro con sus manos y me besó en los labios.

Vi que miró a Peeta con una sonrisa burlona e hizo una reverencia, luego bajó los escalones y se internó en la limusina despidiéndose efusivamente sacudiendo el brazo. Me giré a ver a Peeta y él seguía con la sonrisa en el rostro, igual despidiéndose sacudiendo el brazo, aunque su mandíbula estuviera en una posición extraña. Lo imité y sacudí mi brazo también, al inicio estaba confundida, pero ahora me sentía irritada. Sin embargo, sabía que estábamos siendo vigilados y me limité a seguir el papel y el juego. Pronto la limusina arrancó y se alejaron hasta salir de las propiedades Mellark, recién en ese entonces Peeta cogió mi mano y entramos nuevamente en la mansión.

Ni bien la puerta principal cerró tras nosotros, Peeta me jaló y me puso contra la pared de mármol más cercana.

"Ese idiota…" susurró con una sonrisa mientras apoyaba sus brazos en la pared y nuestra distancia se acortó súbitamente. Y era la segunda vez en este día que alguien me besaba en los labios, pero a diferencia de Finnick, este era un beso que no me causaba irritación sino hambre, pero no de comida. Igual y no duró mucho, el reloj de Peeta dio un par de bipidos lo cual hizo que él se retrajera y soltara un suspiro de derrota.

"Debo ir a la compañía…" dijo casi sin aire

No supe qué decir, y aun sabiéndolo no habría podido hablar porque apenas volvía a usar mis pulmones. Sólo asentí la cabeza manteniendo mi mirada fija en su corbatín, incapaz de mirarle a los ojos y hacer contacto visual, tenía una mezcla de emociones, estaba irritada por el beso de Finnick, pero el beso de Peeta me dio otro vuelvo de sensaciones. Vi que se alejó y salió nuevamente por la puerta principal. Noté un ligero movimiento en una de las esquinas y vi que uno de los mayordomos se ocultaba detrás de unas cortinas, en un intento inútil de ocultar su presencia. Fui a mi habitación rápidamente, los mayordomos sólo hacían su labor silenciosamente y trataban de pasar desapercibidos, pero mis reflejos de cacería estaban intactos, detecté por lo menos a siete de ellos en mi recorrido desde la puerta principal. Me sentí aliviada cuando cerré la puerta tras de mí y me eché sobre mi cama.

Saqué mi libro de plantas y revisé las páginas que habíamos avanzado con Peeta, sus dibujos eran impecables, ya los había visto mientras los trabajaba, pero cada vez me sorprendía y admiraba más su talento. En algún momento entró Lavinia con un cesto y empezó a ordenar ropas mías en el closet, me acerqué para ayudar pero no me dejó, así que sólo me quedé observándola manipular con cuidado las creaciones de Cinna.

Luego del almuerzo recibí una llamada desde las oficinas Mellark, conversé con Peeta un momento mediante el sistema de video, se disculpó por no comer conmigo y prometió regresar lo más pronto posible. Fue difícil cortar la llamada, me sentía cómoda cuando sentía su presencia en la mansión, bufé para mis adentros, pensando que tan solo hace unos días deseaba no verlo en absoluto.

Extrañaba cazar, extrañaba el bosque, sentir el aire puro y la mezcla de aromas propias de un espacio salvaje donde el capitolio no ha llegado a invadir. Lo único que me llenaba de esperanzas era el viaje que Peeta me había prometido, tan sólo esperaba que fuera realidad y no un sueño. No sé cuánto tiempo había pasado cuando de pronto unos toques en la puerta del estudio me sacaron de mis pensamientos, no era Lavinia, sino uno de los mayordomos con un gesto demasiado serio, incluso sombrío, me dijo que me estaban esperando a la puerta.

Peeta no me había dicho nada de alguna visita, más la actitud del mayordomo me pareció muy extraño, fui a atender el pedido y al salir por la puerta principal vi un auto oficial del Capitolio, uno igual al que recogió a Finnick esta mañana. El chofer salió del auto portando una tableta electrónica la cual puso frente a mi cuando estuvo cerca, vi la imagen de Snow, y no sólo eso, también sentí su aroma a rosas y sangre, como si fuera él mismo en persona.

"Señorita Everdeen, me complacería que me acompañe a tomar un té. Estoy seguro que el Señor Mellark no tendrá ningún inconveniente." Me dijo con lo que sería su mejor sonrisa.

Asentí en silencio y la imagen de la tableta desapareció. Seguí al chofer, quien abrió la puerta para mí en la parte trasera y entré en el auto. Miré por la ventana y vi al mayordomo en la puerta, erguido y con la mirada al frente, tras él vi a Lavinia, con una mano en su boca y tratando de mantener firmeza. Por mi parte me mantuve en silencio todo el recorrido hasta la mansión de Snow, por la ventana veía al sol a punto de ocultarse y yo tan sólo quería retrocediera en el tiempo. Sentía una corriente fría invadir mi espalda, me preguntaba si Snow sabría que no he consumado nada con Peeta, que no he sido la puta del Capitolio que se supone que fuera. El único que sabe esto es Finnick, pero creí o quise creer que él estaba de nuestro lado, no pudo haber dicho nada.

Llegamos a la mansión y alguien más abrió la puerta del auto, era una avox pelirroja parecida a Lavinia, hizo una reverencia y me ayudó a salir, luego me indicó que le siguiera. Sólo Snow tendría la mente retorcida de enviarme a alguien similar a la criada a mi servicio en la mansión Mellark para recibirme en su recinto, pero me mantuve fuerte y traté de que no me afectara. Finalmente llegamos a una habitación que no era su oficina, sino era una sala de té propiamente, justo antes de entrar a un jardín privado de rosas con el olor tan fuerte que me causó un revuelco en el estómago.

"Señorita Everdeen, qué gusto que haya aceptado mi invitación" saludó sonriente indicándome la silla de al lado.

"No podría haberme negado" repliqué casi sin pensar, esperando que mi tono de voz sea lo más neutral posible. La sonrisa no se esfumó de su rostro.

Me senté donde me indicó y al instante entraron avox portando bandejas con bocadillos. Al cabo de un par de minutos la mesa estaba servida y los avox se retiraron dejándonos solos. Snow hizo un gesto con la mano indicándome que tome mi taza, al mismo tiempo que él tomaba un sorbo.

"He recibido una petición muy peculiar por parte de su anfitrión, el Sr. Mellark" soltó directamente y sentí que se me enfriaba la sangre. Tomé un sorbo de mi propio té para poder calmarme un poco "Es muy raro que los Vencedores favorecidos a ser huéspedes salgan del Capitolio a menos que sea por un Tour Oficial…" me pregunté cuántas veces he visto a Vencedores llegando de visita al Distrito 12. A menos que sea por la Gira, nadie. "Sin embargo, el Sr. Mellark es un anfitrión muy generoso con nuestros Vencedores, como comprenderás, es difícil decirle que no" Es increíble el gran poder que tiene el dinero, me pregunto cuánto extra le habrá costado a Peeta mis días fuera del Capitolio en este viaje.

"Ciertamente, Peeta es muy generoso…" repetí tratando de hacer mi voz cándida.

"¿Peeta?" repitió interesado, luego una sonrisa se curvó en sus labios "Veo que han llegado a tener mucha confianza en estos días, Srta. Everdeen" no pude evitar sentir calor en mis mejillas "Sin embargo, no debe olvidar que el Sr. Mellark será su anfitrión sólo por un mes… Luego tendrá invitaciones a ser huésped de otros generosos y honorables caballeros. Hay una fila de espera de anfitriones que desean tener el honor de que sea su huésped" Snow tomó otro sorbo de té y yo casi dejo caer la taza que tenía en mis manos. Lo dejé en la mesa y me empezaba a sentir enferma, llevé mis manos a mi regazo para disimular el temblor que empezaba a sentir "No es recomendable que un Vencedor le tome cariño a un solo anfitrión, Srta. Everdeen, es bueno que lo sepa desde ahora. Pero lo más importante aún, espero que su comportamiento sea el adecuado durante este viaje. Estoy seguro que su madre y su pequeña hermana estarán muy felices con su visita." Su tono era amenazante, el hecho de mencionar mi familia y el comportamiento adecuado que debería tener me dio escalofríos y furia, pero sabía que debía controlarme.

"Mi comportamiento en el viaje será el apropiado, soy la Vencedora de los últimos juegos y huésped del Sr. Mellark" contesté con voz calmada, pero sentía mi mandíbula tensa. Snow sonrió satisfecho.

"Me alegra saber que cuento con su cooperación. Por cierto Srta. Everdeen, espero que su comportamiento como huésped esté a la altura del Sr. Mellark. Nunca antes alguien había sido solicitado por un tiempo tan prolongado, y ciertamente en el Capitolio nos preocupamos por la salud de nuestros Vencedores, pero el Sr. Mellark ha insistido en que su médico privado se hará cargo de su salud. En tanto termine su estadía con su anfitrión, será revisada por los médicos oficiales del Capitolio, para asegurarnos que Ud. Se encuentra en perfecto estado de salud." A estas alturas ya empezaba a sudar en frío, si caía bajo revisión de sus médicos sabría que no he consumado nada con Peeta, quien me ha seguido protegiendo puesto que nunca ninguno de sus médicos ha venido a verme.

"¿Peet… El Sr. Mellark se ha quejado de mi conducta como su huésped?"

"Al contrario, parece muy satisfecho. A pesar de…" se detuvo unos segundos, pero luego rio de forma accidentada "Por momentos parecieran ser cercanos, en otras ocasiones pareciera que le fuera un poco indiferente. Pero debo haberme equivocado, en vista de la confianza que ahora parece tenerle"

"Ud. Lo ha dicho, es muy difícil decirle que no…"

Snow esbozó una sonrisa amplia que no llegó a sus ojos. Tomó un último sorbo de té y dejó la taza sobre el platillo en la mesa.

"Ha sido un gusto tenerla como compañía esta noche Srta. Everdeen. No queremos preocupar al Sr. Mellark con su ausencia."

Jamás me había sentido tan aliviada de dejar un recinto como ahora, mis pulmones se llenaban de un aire más puro al nauseabundo olor de sangre y rosas. A lo lejos observé el portón de la mansión Mellark y un alivio me invadió. Casa. No era el Distrito 12, ni donde se encontraba mi familia, pero el calor y la sensación de seguridad que sentía era lo más cercano. Pronto cruzamos el gran jardín de árboles y ya me encontraba frente a la puerta principal, el vehículo ni se había detenido cuando la puerta principal se abrió y Peeta salía como un bólido, bajando rápidamente las gradas hasta llegar al auto y abrir la puerta donde me encontraba.

"Katniss" susurró casi en un ahogo, sus ojos abiertos de par en par y diminutas gotas de sudor en su pálida frente. Se aclaró la garganta y se dirigió al conductor "Yo me encargo desde aquí. Gracias." En un primer momento parecía un fantasma y un segundo después había recuperado su habitual compostura.

Me ayudó a salir del vehículo y cerró la puerta, cruzó mi brazo entre el suyo y me guió por los escalones. Giré mi cabeza y vi al auto del capitolio alejarse, en tanto nosotros entrábamos a la mansión.

"Katniss" volvió a susurrar, me giró y cruzamos nuestras miradas. Había vuelto a su aspecto fantasmal "¿estás bien? ¿te hicieron algo? ¿qué te hicieron?" me preguntó atropelladamente mientras observaba mi rostro, sus ojos moviéndose frenéticamente, como buscando algo.

"Nada. Estoy bien Peeta, no me hicieron nada" le contesté para darle cierta calma.

De hecho fui amenazada nuevamente, con esa forma sucia de Snow de usar mi familia para someterme a sus fines. Mi familia. Prim. Peeta dejó escapar una bocanada de aire y me abrazó, varios segundos, o varios minutos, y yo también lo abrazaba a él. De pronto tomé fuerzas, si quería poner mi familia a salvo, a Prim, a él a salvo, debería cumplir con mi deber de Vencedora, de huésped.

"Peeta…" alcancé a decir débilmente contra su pecho, él se apartó unos centímetros, los suficientes para oírme. Dejé de abrazarlo, llevé mis manos a sus brazos y apreté de su traje porque necesitaba reafirmar lo que estaba a punto de decirle. "Quiero dormir contigo. Esta noche"


A continuar...

Hola! Lo sé... lo sé.. ha pasado muuuucho tiempo -_-u ... hay alguien aquí?

Mi vida ha dado giros de 360 grados en los últimos tiempos... pero espero terminar este fic (y los otros) ... aún hay alguien siguiendo esto?

T_T si es así muchas gracias por la fe... estooo, me dejas algún mensajito?