Cuando el cuerpo habla

Lavinia me cepillaba y secaba el cabello, algo que yo no podría hacer en estos momentos debido al temblor de mis manos, brazos, cuerpo en general. Respiré hondo mientras intentaba reconocerme en mi propio reflejo en el espejo, reflexionando mis últimas acciones, minutos antes le había pedido a Peeta dormir con él.

Se quedó mudo, me miró extrañado, balbuceó un "eh… ah… bueno" cuando le interrumpí diciéndole que tomaría un baño y vine corriendo a mi habitación con el corazón palpitando a mil. De pronto el sonido de la secadora paró y escuché a la pelirroja decirme que ya había terminado. Se despidió y se retiró de forma discreta, lo cual agradecí desde el fondo de mi corazón. Normalmente ella hubiera insistido en incluso arroparme en la cama, pero sabía que esta noche no dormiría en mi habitación.

Mi habitación.

¿Cuándo la convertí en mía?

Me eché la bata de seda encima del camisón que tenía a juego, color plateado con encajes negros en los bordes que apenas y llegaban a cubrir mis muslos. Cinna se había encargado de también equipar mi clóset con cosas como éstas. Vi mi reflejo una última vez, mis cabellos caían sedosamente sobre mis hombros, mis ojos plateados parecían brillar, y agradecí que mi piel olivácea atenuara el color carmesí que seguramente delataría mis temores.

Caminé lentamente por el pasillo hacia la habitación de Peeta, sabía dónde estaba pero al pararme frente a su puerta caí en cuenta que nunca antes había entrado ahí, lo cual incrementó mis nervios aún más porque de pronto todo se sentía muy íntimo. Podía escuchar y sentir mi corazón y por un momento pensé que toda la mansión se enteraría. Me decidí a entrar de una vez y luego de respirar hondamente con mis ojos cerrados giré el pomo de la puerta, ya había llegado hasta aquí y no daría marcha atrás.

La habitación de Peeta era enorme y majestuosa. Las paredes eran blancas y en el centro del techo colgaba una enorme lámpara de lo que supuse sería oro, las enormes cortinas que colgaban eran de un color mostaza con detalles florales en rojo que parecían labrados sobre el fino material. Pero sin duda era su enorme cama la que se llevaba mi atención, sentí un hoyo en el estómago al pensar en que pronto estaría ahí, con él. Las almohadas eran blancas y el cubrecamas de un color rojo oscuro que parecía ser de terciopelo. A los pies de la cama un diván que encajaba perfectamente con todo. Sobre la cabecera de la cama parecía haber un arco de madera del cual desplegaban tenues luces que le daba calidez a la habitación. Del lado opuesto había una chimenea empotrada a la pared, sobre la cual había un cuadro con un paisaje rural y algunas fotos familiares hacia los lados. AL lado izquierdo de la habitación estaba un enorme ventanal que daba hacia una terraza, sobre la cual alguna vez vi que me observaba. Del lado derecho se encontraba un pequeño escritorio de cedro con un banquito que se ocultaba debajo de ella, y hacia el fondo, una puerta adicional que supongo sería la del baño. Recorrí la habitación nuevamente, como grabando todos los detalles y nuevamente sentí un hueco al posar mi mirada sobre la cama.

De pronto la puerta del fondo se abrió y mi corazón se detuvo, Peeta dio un par de pasos y se quedó petrificado al verme. Tenía una toalla envuelta alrededor de su cadera y otra sobre el cabello, por lo demás, no llevaba ninguna otra prenda que lo cubriera.

"Katniss…" susurró luego de unos segundos en que ambos nos quedamos sin habla ni movimiento.

"Yo… volveré después…" empecé a retroceder sobre mis pasos, pensando que hubiera sido mejor si llamaba a la puerta antes.

"No. Está bien" me dijo justo en el preciso momento en que tenía el pomo de la puerta en mi mano. "Quédate, ponte cómoda. No tardaré" terminó de decir mientras secaba sus rizos dorados con la toalla. Me detuve en seco mientras mi corazón parecía querer salirse de mi pecho. Cerré la puerta tras de mí y me acerqué con pasos lentos hasta el diván, donde me senté porque no me atreví a ir directamente a la cama.

Continuó secando su cuerpo, sus brazos, su pecho. Yo observaba sin querer, tratando de apartar mi mirada pero nuevamente terminaba observándolo, de pronto y sin aviso, se quitó la toalla de la cintura y empezó a secar sus piernas. Entonces giré hacia otro lado, para él parecía tan normal desvestirse frente a mí, pero yo tenía problemas con la desnudez. Aún no me acostumbraba a Lavinia bañándome y ella siempre se gira o aparta la mirada cuando yo entro o salgo de la bañera, pero es porque se lo pedí.

"¿Estás bien? ¿Pasa algo?" Me preguntó mientras terminaba de secar su cuerpo

"No tienes nada cubriéndote" le respondí rápidamente, mientras fijaba mi mirada en la chimenea y me concentraba en algún punto que mi mente trataba de inventar

"No me importa que me veas desnudo" contestó como si fuera lo más normal del mundo.

Aun así se dio la vuelta y fue hacia una puerta que no había visto en inicio porque se encontraba casi oculta detrás de las cortinas, desapareció por un momento y luego regresó usando unos shorts y una camiseta de algodón blancos. Nuevamente nos quedamos varios segundos sin apartar la vista del otro. Empecé a preguntarme si hice una buena elección en mis atuendos.

"Eh…" Peeta intentó decir algo, pero sólo se llevó una mano a la cabeza y la pasó por entre sus rizos aún húmedos. Se giró y con un movimiento rápido fue a su cama, abrió el cubrecamas y se sentó ahí, con sus mejillas completamente rojas, aún en la tenue luz.

Por un momento quise sonreír ante su reacción. El gran Sr. Mellark, portador de una gran labia y que era capaz de lidiar con gente como Snow con gran seguridad y confianza, de pronto parecía que no pudiera decir nada. ¿Tendría los mismos nervios que yo? Entonces, antes de intentar esbozar una sonrisa caí en cuenta de que debía ir con él, entrar en la cama, con él.

Me paré del diván y caminé lentamente hacia al lado opuesto de la cama, apenas eran cinco pasos pero me pareció una eternidad, más aún con los ojos de Peeta sobre mí, midiendo cada movimiento que daba. Deshice el nudo de mi bata torpemente, de pronto mis hábiles dedos capaces de preparar trampas, descuartizar ardillas y manejar el arco con flechas, ahora eran de mantequilla. Finalmente lo logré, y me quité la bata, la cual dejé caer al suelo porque no sabía dónde más ponerlo. Cogí el cubrecamas de mi lado y lo abrí con mucha más fuerza de la que hubiera querido, me pareció escuchar que Peeta maldecía en un susurro.

Apoyé una rodilla sobre la suave sábana e impulsé mi cuerpo de modo que ahora estaba sentada a su lado. Sentía mi sangre ir a toda velocidad, mi corazón era un incesante tambor que parecía querer estallar.

"Eres hermosa" dijo suavemente, casi como si se hubiera quedado sin aire.

"Gracias" contesté torpemente casi con un gruñido, mi garganta se sentía rasposa y mi boca completamente seca. Peeta sonrió y trató de ahogar una leve risa.

"Aun gruñéndome, eres hermosa"

Esta vez aclaré mi garganta y traté de pasar algo de saliva.

"¿Y ahora?" pregunté con apuro, no vine a hacer de payasa frente a Peeta.

"¿Y ahora?" preguntó él, de pronto ya había normalizado su color rojizo a un tono más normal de piel.

"¿Qué… hacemos?" pregunté sintiendo que mis orejas quemaban.

"¿Qué quieres hacer?"

"Do-dormir contigo"

"Entonces durmamos"

"No me refiero a eso"

"¿Entonces?"

"Ya sabes… dormir contigo…" Ahora no sólo eran mis orejas, sino todo el cuerpo me quemaba.

Estaba claro que Peeta sólo estaba divirtiéndose a mi costa, era obvio que sabía a lo que me refería. ¿Por qué más dormirían un hombre y una mujer juntos?

Recordé aquella vez que me quedé dormida con Gale en el bosque. No en el sentido de mujer-hombre, pero nos agarró una fuerte lluvia y tuvimos que buscar refugio hasta que pasara. Cuando desperté, ambos estábamos dormidos, apoyados hombro a hombro, y a él le gustaba fastidiarme algunas veces mencionando aquella vez que "dormimos juntos". Se divertía haciéndome renegar y sonrojar. Fue hace tantos años… pero esto era completamente distinto. No había tormenta, no buscaba refugio, vine a esta habitación por mi propia cuenta, y fui yo quien le propuso esto.

"Entiendo lo que dices… lo que no entiendo es por qué" dijo Peeta, pero más hacia sí mismo "¿El presidente te dijo algo sobre esto?"

"No" respondí inmediatamente.

"Katniss…" esta vez su tono fue firme

Por un momento quise decirle que sí, que Snow había amenazado sutilmente a mi familia, que nunca dejaría de hacerlo, que pronto sería la huésped de alguien más, y luego de otro, y luego de otro, y otro… Y que prefiero mil veces que fuera él el primer hombre que durmiera conmigo. Pero nada salía de mis labios, ninguna palabra, tan sólo una lágrima silenciosa y traicionera que ahora llegaba a mi mandíbula fuertemente apretada y que Peeta limpiaba con su dedo pulgar.

"Ven" dijo suavemente y jaló de mi brazo hacia él.

Me dejé guiar y él se acomodó sobre la cama y las almohadas, me jaló hacia su lado y apoyó mi cabeza en su pecho. Escuché latir su corazón tan rápido como el mío, me abrazó junto a él y balbuceó algo como que cierre los ojos. Así lo hice, cerré los ojos con fuerza, esperando el momento en que finalmente llegaría lo de consumar mi trato de huésped, pero nada pasaba. El me seguía abrazando y ahora su otra mano pasaba suavemente por mi brazo hasta mi hombro en un ritmo monótono, subía y bajaba. Esperé más, y el momento decisivo no llegaba.

Abrí mis ojos y me separé de él, levantando la parte superior de mi cuerpo, nuestros rostros quedaron a pocos centímetros de distancia.

"¿Pasa algo?" pregunté sin saber exactamente qué quería escuchar de respuesta.

"No, nada"

"¿No harás nada?" insistí, porque aunque nunca lo haya hecho no quiere decir que no sepa qué es lo que ocurre.

"Créeme que mil cosas pasan por mi cabeza… pero dejaré que seas tú quien decida"

"Ya lo decidí. Ya te dije que…."

"No has sido tú" me interrumpió suavemente mientras cogía unos mechones de mis cabellos sueltos y los pasaba detrás de mi oreja. "Cuando en verdad lo decidas, será tu cuerpo quien lo diga, sin necesidad de palabras"

No supe qué contestar, yo creía que ya había le había dejado en claro mis intenciones de dormir con él esta noche, sin embargo él seguía rodeándome. De pronto pensé que quizás me estaba evadiendo, que en realidad no quería complicarse conmigo de esta forma. ¿Pero entonces por qué me besaba de esa forma...?

Decidí hacer lo mismo, bajé mi rostro al suyo y lo besé. De pronto empecé a sentir la diferencia en su agarre. La mano que tenía en mi brazo dejó su vaivén de arriba abajo y más bien ahora me daba un apretón firme, su otra mano la apoyó en mi nuca y me atraía hacia él, su boca devoraba la mía, su lengua y sus labios se apropiaban de los míos y no sabía cómo seguirle el ritmo. Por un momento me había sentido en control, era yo quien lo besaba, pero en un segundo había pasado de ser cazadora a la presa. Lo supe en cuanto sentí la almohada bajo mi cabeza y ahora él se inclinaba sobre mí.

La mano que hace un momento sujetaba mi brazo ahora estaba en mi cuello y bajaba lentamente por mi clavícula hacia mi pecho, sentí una descarga eléctrica que jamás pensé sentir cuando su dedo pulgar rozó mi pezón. Pero su mano no se detuvo ahí, siguió bajando por mi cintura, mi cadera y estaba llegando a mi zona más íntima y privada. Sentí cómo centímetro a centímetro bajaba y sus dedos se arqueaban hacia mi centro, aún por encima de mi ropa interior. Y entonces fue demasiado, cerré las piernas por impulso, puse mi mano encima de la suya para detenerlo y de por sí todo mi cuerpo se contrajo. Había roto el beso sin querer, mi corazón estallaba y mi cuerpo ardía.

"Tu cuerpo ha hablado" dijo con voz ronca, y se echó sobre su lado.

Yo seguía agitada, ¿qué había sido todo eso? Parte de mí quería continuar y saber qué más pasaría, que más sentiría, cuántas descargas eléctricas, cuanto más podría arder. Pero sentí miedo.

"Perdón" dije débilmente, sabiendo que lo había arruinado. Pero Peeta sólo sonrió y me jaló hacia él nuevamente.

"No tienes que disculparte. Dejaste que tu cuerpo hablara y respeto eso. Ahora tan sólo vamos a dormir"

Tardé varios minutos en conciliar el sueño, mi corazón seguía palpitando, pero me sentía cómoda junto a él. Me quedé a dormir esa noche, y no podía recordar cuando había sido la última vez que había dormido en paz y sin tener pesadillas.


N/A:

Hola! Gracias por sus mensajes! :) He tratado de actualizar pronto... disculpen las faltas ortograficas/gramaticales! No estoy dádole la doble leída (je je...)

Bueno, a ver que me dicen de este capi... cuántos pensban que sí lo harían?

Hasta la próxima!