Disclaimer: Ningún personaje de la serie Naruto me pertenece, sino a Kishimoto. Solo he utilizado dichos personajes para el fin de entretenimiento.
Summary: Naruto y su generación están obligados a compartir dolor y alegrías en la Academia o también conocido como El Internado, desde la tierna edad de ocho años. Camaradería, Sangre y el Final. ¿Quién sobrevivirá a la prueba final de gennin de la Konoha Sangrienta?
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Konoha Sangrienta
[Arco de la Camaradería]
Capítulo 4: Esperanza
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Las pisadas del patio a una hora que aproximaba el oscuro cielo; se hacían un consuelo para sus respiraciones agitadas y sus fuertes corazones bombeando por el agotamiento de energía. El grupo de chicos y chicas, sin distinción, corrían alrededor del círculo en el patio para el contento de su único maestro presente. El sujeto en cuestión tenía un silbato colgando del cuello y unos lentes oscuros que lo delataban como un Aburame.
—¡Sigan corriendo! —el casi ochenta por ciento de las personas en la faena, soltaron un pesado jadeo al escuchar a su maestro. Llevaban poco más de dos horas corriendo, y no faltaría mucho hasta que la última de aquel grupo (que era Hinata) desfalleciera del cansancio.
—Siento que voy a… d-desmayarme —susurró ella siendo escuchada perfectamente por Aki, quien estaba solo unos centímetros por delante de ella. Aki se puso completamente azul y temblando ligeramente, se dio el valor de correr un poco más lento hasta el punto de que quedo casi varios pasos detrás de la peli azul.
Hinata, aun con la vista borrosa por su propia transpiración, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y la miro confundida. Aki, con su corto cabello celeste oculto en una capucha le sonrió con miedo.
—Te alentaré desde aquí —le susurró y Hinata, con un pequeño sonrojo ante la delicadeza de su compañera, le sonrió de vuelta. Le dio un mudo gracias para luego mirar la espalda de Keita, que era el siguiente en tener muy poco físico. Hinata realmente podía correr mucho más rápido pero su resistencia era verdaderamente pobre; además ya llevaban más de dos hora en ese plan, estaba agotada. Un pronunciado ceño fruncido se formó en sus cejas; su mirada aún seguía perdida, pero estaba determinada a continuar. Si tenía a alguien apoyándola ahí atrás, ella se esforzaría hasta que dejará de sentir las piernas.
Para su suerte y el resto de sus compañeros, se oyó un único "alto" que hizo que todo el mundo se tirará al suelo.
—Me… siento… tan… —intentó Ino luego de respirar fuertemente y secarse la transpiración de la frente—pegajosa.
Sakura, echada a su lado y jadeando como ella, le asintió a favor de su comentario. A diferencia de Ino, ella no podía decir absolutamente nada. Su respiración estaba lo suficientemente agitada como para no poder emitir ni una sola sílaba. La peli rosa logró levantarse para acompañar a Ino a las duchas, luego de un rato. El cuerpo de la peli rosa se sentía completamente húmedo y desagradable, las piernas le temblaban y el mundo le daba vueltas; si alguien osara tocarla o invadir su espacio personal, era muy probable de que pusiera una mueca de disgusto. Ni siquiera ella soportaba su humor.
De alguna forma, extrañaba esas noches de pijamada con Ino y otras de sus amigas, todas tumbadas sobre la alfombra, con las piernas envueltas en sabanas rosadas y lilas, y con algunos bocaditos esparcidos por la estancia. Riéndose, algunas llorando, otras gritando y algunas otras jugando una jugarreta a alguna chica dormida.
La memoria de Sakura no era de las que fallaba, ella podía verlo claramente: cuando era una cría y mantenía escondidos sus sentimientos por cierto Uchiha, podía recordar como la conversación entre todas las presentes siempre terminaba en dicho muchacho popular, guapo y fuerte de la academia; curiosamente el muchacho que abarcaba todos sus pensamientos. Sakura se acostumbró a ver a todas sus amigas suspirar por aquel chico de frio mirar y por consiguiente, logró enamorarse un poco más de aquella fantasía de niño perfecto.
Con un ligero temblor en su mandíbula, decidió voltear su mirada hacia el único muchacho que permanecía prácticamente imperturbable, sus cabellos negros lacios se ondeaban en la dirección del viento, dejando a su paso un reguero de su olor que Sakura mataría por sentir. El muchacho camino recto e indiferente hacia las duchas de los varones mientras detrás de él se arrastraba Naruto.
La muchacha de grandes ojos esmeralda admiró su porte, aquella inalcanzable belleza masculina y oriental. La forma en como sus hombros se tensaban, y la forma en como el sudor de su frente rebasaba su cien para terminar en su, aun, delicado mentón. Ella tuvo que aspirar con fuerza al darse cuenta de que seguía apoyándose en Sasuke para continuar hacia adelante. Seguía viendo al Uchiha para guiar sus pasos en su dirección, y seguía arreglándose, aunque él nunca la mirará, para que en algún momento Sasuke la descubriera como un diamante en bruto.
—Sakura.
Con un anhelo muy parecido al capricho, dio vuelta a su cuello para mirar a su compañera de largos cabellos rubios. Esta tenía la respiración agitada por la reciente carrera y aparentaba enojo por su retraso. Solo entonces Sakura se dio cuenta de que se había desviado del camino hacia las duchas de las chicas, para seguir el camino del de los chicos. Un sonrojo cubrió sus mejillas por la vergüenza.
—Frentona, deja de… perder el tiempo… y vamos.
—Está bien.
Con una última mirada hacia la esquina que la separaba de Sasuke, retomó sus pasos hacia el camino que la llevaría a la limpieza que necesitaba.
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Las noches de Aki solían tener un tinte de tranquilidad. Nada más llegar al cuarto conjunto, deslizaba su menudo cuerpo entre las sabanas de su cama y suspiraba en su almohada, dejando entrever lo mucho que había estado cansada cuando el sol se encontraba en lo más alto del cielo. Sus pequeñas manos empezaron a picar cuando sintió un movimiento sobre ella, el camarote donde se encontraba ella echada, tenía un ocupante más en la parte superior. Aki sabía que Hinata estaba ahí, seguramente leyendo algún libro o tratando de distraerse. Personalmente, Aki no podía decir mucho de la muchacha rara y de ojos blancos que pertenecía al clan Hyuuga, nunca había tratado con ella mientras estuvieron en la academia.
Por ende, no sabía cómo había logrado ser capaz de apoyarla ese día, en la clase de Reforzamiento corporal. Aki era introvertida y asustadiza, al menos lo suficiente como para dudar o pensarse dos veces antes de entablar conversación con alguien que no fuera su entorno usual. Por ende, no tenía la menor idea de cómo había podido correr más despacio que Hinata y decirle que la apoyaría desde atrás.
Es decir, le tenía miedo a muchas cosas, entre ellas, la capacidad de amar y ser traicionada. Era por eso que no tenía mucho interés por sus compañeros…. pero…
—Aki-san.
Un largo escalofrió recorrió su columna antes de decidirse a voltear ligeramente su cabeza y observar a la intrusa que escurría su propia cabeza dentro de su espacio personal. Los escondidos ojos de Aki, por su largo flequillo, aun así pudieron discernir los rasgos faciales de Hinata Hyuuga. La misma, ciertamente se hallaba observándola desde el borde de la cama superior del camarote.
—L-Lo siento, Aki-san —pronunció la Hyuuga en un bajo tono de voz—. ¿Estabas intentando dormir?
La muchacha de la capucha negó con la cabeza lentamente. Las luces aun seguían encendidas y muchas muchachas dentro de la estancia no estaban durmiendo todavía.
—Ya veo… solo quería darte las gracias por animarme hoy mientras corríamos.
Aki sintió su corazón estrujarse al escucharla. Hasta el momento la única persona que le había agradecido por algo había sido Keita, debido a que era amigos desde muy niños por sus clanes. Por lo que tener a esta niña, conocida por ser la heredera del clan Hyuuga, dándole las gracias, era como un logro desbloqueado súper raro. Sus ojos se cristalizaron poco a poco sin que Hinata lo notara.
Cuando Aki le sonrió y le asintió, Hinata le dedicó una tierna mirada y volvió a esconder su cabeza en su propia cama. Solo entonces las luces se apagaron, anunciando la hora de dormir para todos los que aun estuvieran despiertos. Ese día, Aki no le dio muchas vueltas a su cama, como había hecho desde que los entrenamientos del Internado empezaron; nada mas relajar su respiración, cayo en un profundo sueño tranquilo.
Su sueño al igual que su postura al dormir y su respiración, era bastante tranquilo. Era ella, con una caña de pescar de un perfecto color plateado, pescando en un algún lugar del mundo; sobre una barca sin remos y en mitad del océano.
Su caña de pronto pescaba algo, pero cuando intentaba obtener su recompensa, el jaleo se detenía y volvía a empezar de cero, y de esta manera su sueño se quedaba en un perfecto bucle que no le permitía pensar acerca de una posible muerte de sus compañeros o de la suya propia.
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N/A: Me pregunto si alguien lo habrá notado pero las actualizaciones serán todos los lunes, o hasta que suceda algo que me obligue a cambiarlo.
PD: Solo he logrado obtener dos personajes extras de los que necesitaba, por el momento ellos están fijos y cualquiera puede revisarlos en los Review. Pero necesito dos personajes extra más por favor, pueden revisar mayor información en el capítulo anterior a este. Realmente apreciaría la ayuda de los lectores.
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