Disclaimer: Ningún personaje de la serie Naruto me pertenece, sino a Kishimoto. Solo he utilizado dichos personajes para el fin de entretenimiento.
Summary: Naruto y su generación están obligados a compartir dolor y alegrías en la Academia o también conocido como El Internado, desde la tierna edad de ocho años. Camaradería, Sangre y el Final. ¿Quién sobrevivirá a la prueba final de gennin de la Konoha Sangrienta?
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Konoha Sangrienta
[Arco de la Camaradería]
Capítulo 5: Sangre y Castigo
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La sangre empezaba a formarse como un charco irregular bajo los cuerpos inertes de los que había considerado sus compañeros por largos años. Había vencido. Había acabado el examen gennin con él siendo el único sobreviviente de la lucha dentro de esas cuatro paredes. Su premio, a parte de una banda ninja en la cabeza, seria recordar por el resto de sus días, los chillidos de las niñas y los gritos de horror de los niños.
También la forma en como la gran cantidad de sangre escurriendo de los cadáveres, se juntaba hasta chocar contra la suela de sus zapatos ninja. El rojizo suelo le devolvió su propio reflejo como en una situación sobrenatural. Sasuke Uchiha lo mirada desde el charco de sangre con una sonrisa arrogante y desquiciada. Con los dientes perfectamente alineados y el Sharingan desorbitado. Había vencido. Los había matado a todos. Eso era lo único que importaba ahora.
Él estaba vivo, entonces podía completar su venganza. Era fuerte. Era lo único que necesitaba para matar a Itachi. Su sonrisa de locura reflejada sobre la sangre escurrida, de pronto tomaba una transformación demoniaca, afilándose poco a poco y agradándose mientras las manecillas de un reloj sonaban un repelente tic tac. Sus ojos ya no tenían el Sharingan, tenían una calavera simbolizando la muerte.
Una larga y desenfrenada sombra recorrió su menudo cuerpo sangrante con altivez.
—Ódiame, Sasuke —una voz que conocía muy bien estaba metiéndose en sus oídos como una tortura, mientras la sangre seguía aumentando y rebasando sus zapatos, se escurría entre los dedos de sus pies… aparentemente cálida, aparentemente bien.
La sombra detrás de él jamás tomó forma, pero sabía quién era sin ni siquiera mirarla. Su sonrisa afilada aumentó, con una locura no muy propia de su naturaleza, y solo entonces, la figura oscura detrás suyo tomo forma líquida y cayó pesadamente sobre sus hombros, su cabeza y su cuerpo. El líquido negro como el petróleo se deslizó por cada rincón de su cuerpo y cuando finalmente lo envolvió hasta que no fuera visible ningún poro de su cuerpo. Se fundió en él y… explotó.
Pequeñas migajas de Sasuke recorrieron a los cadáveres de sus compañeros. El rojo sangriento se estaba fundiendo con la espesa negrura en la que se había convertido el Uchiha. Ambos líquidos empezaron a dar vueltas el uno con el otro, inseguros, tanteando la situación, y para cuando finalmente lograron encontrar su equilibrio, un Sharingan se había formado.
Finalmente, después de eso, Sasuke pudo despertar de su pesadilla.
Sus músculos estaban adoloridos, y su cabeza le daba mil vueltas. Su respiración estaba alterada, sus nervios deshechos y por supuesto, sentía su cuerpo pegajoso por el sudor frio que recorría su espalda, como un ciempiés. Estaba asustado. Por todo lo que había visto en su sueño, y todo lo que había sentido. Tuvo que ordenar las cosas en su cabeza antes de empezar a sentirse peor. En realidad, el miedo de matar a sus compañeros era realmente mínimo, lo que le daba miedo, es que… le llegará a gustar.
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Un largo silencio se hizo presente luego de que el rubio sacudiera la cabeza negativamente.
—Entonces —el profesor se levantó de su puesto, dejando en claro la posición que representaba dentro de dicho salón de clases. El rubio niño frente a él se encogió ligeramente—, me dices que no has hecho la tarea que deje la semana pasada.
Naruto sintió un nudo formarse en su garganta, jamás le había temido a Iruka de esa manera, ni a Mizuki. Sin embargo, este profesor, que mantenía su único ojo visible en él, estaba alterándolo. No sabía que podía suceder ahora. Solo había escuchado rumores acerca de lo que le sucedían a los alumnos que no entregaban su tarea a tiempo.
—Yo… no. No la hice. Lo olvide…
—Lo olvidaste —suspiró el profesor—. Entonces, que tal si la cafetería también se olvida de darte de comer.
El silencio se hizo más pesado mientras Naruto agrandaba sus ojos escondidos tras su flequillo.
—Y qué tal si te castigo por "unas horas" en un salón vacío y me olvidó de ti unos cuantos días. Sin nadie que te escuche, o sin nadie que pueda abrirte, Uzumaki Naruto. Yo también puedo olvidarme de ciertas cosas, ¿verdad?
El nudo en su garganta no desapareció, además la tensión dentro de esas cuatro paredes empezaba a volverse insoportable y Naruto no era de los que podían soportar tal aura incomoda a su alrededor. Se sentía tan impotente y tan desdichado que tuvo la idea de realizar una tontería que seguramente le pesaría más adelante. Para su suerte, se quedó en una idea y no llegó a gestionarse debido a la interrupción de su propio maestro.
—Dado que es la primera vez que sucede, supongo que puedo tener piedad. Ya te vez lo suficientemente desnutrido como para matarte de hambre y encerrarte por varios días solo te hará faltar a clases importantes.
El ojo negro como el carbón de su maestro, brillo tenuemente, pero nadie llego a notarlo.
—Por ahora, solo sal de este salón —su profesor le estiró un pase metálico reluciente con la palabra "castigo" en él—. Vete a la biblioteca y entrégale a la encargada este pase, has tus deberes ahí, y cuando termines, puedes volver a entrar a este salón. Pero recuerda…
El niño estiró la mano para coger el pase y cuando sus dedos tocaron el metal frio, Hatake Kakashi, su maestro, le susurró con una voz de ultratumba.
—…esta será la única vez.
Naruto se estremeció perceptiblemente y luego de tomar sus útiles, corrió a la salida cerrando la puerta muy despacio. Durante esos dos minutos que el rubio tomo sus cosas y se fue, nadie respiro. Era la primera vez que alguien olvidaba hacer su tarea. Todos habían escuchado cosas terribles sobre lo que podía suceder si no la hacían, era por eso que incluso Naruto, quien penaba para hacerlas, pedía ayuda a Kiba, Shikamaru o Chouji para que le enseñaran lo que no podía entender.
Kiba pudo respirar nuevamente cuando vio al Uzumaki desaparecer por la puerta gris de metal. A su lado, en un impecable pupitre individual, Shikamaru daba un suspiro de resignación. Sabía que en algún momento iba a suceder que el rubio se olvidará de hacer sus deberes. Ya habían pasado seis meses desde que vivían y estudiaban en el Internado. Durmiendo en literas, muchos metros bajo la superficie y comiendo una masa asquerosa que parecía sacada de una película de horror. También jugando juegos de mesa que fortalecían sus habilidades mentales y corriendo tantas horas como fueran posibles.
Shikamaru era lo suficientemente vago como para admitir que si seguía por ese camino, moriría antes de poder siquiera acercarse al examen final que decidiría su futuro. Sus perezosos ojos recorrieron la estancia sin mucho interés, el reloj de la pared marcaba la hora en un incesante y fastidioso tic tac que, luego de tanto tiempo, empezaba a perder sonido en su cabeza.
A sus dos costados estaban tanto Kiba como Chouji y delante de él estaba Sakura. Por lo general, Naruto solía sentarse con ella, pero ahora su pupitre estaba vacío. Sus labios se arrugaron antes de poderlo evitar; no es que le desagradara el hecho de que Naruto haya sido castigado, es decir, sabía que en algún momento sucedería. Lo que le molestaba era el hecho de que sabía que no sería la última vez ni en broma. Naruto no era una persona responsable ni mucho menos, Shikamaru sabía que el rubio trataba de poner empeño pero era simplemente imposible para él. Los libros, y el razonamiento mental no eran algo que su rubio compañero disfrutaba, a diferencia de otros alumnos de ese mismo salón.
Entonces, no era osado pensar que Naruto volvería a olvidarse alguna tarea.
Sus pequeños ojos se desviaron del pupitre vacío hacia donde su maestro explicaba un tema lo suficientemente complicado como para marearlo. Hatake Kakashi era un instructor muy serio y tranquilo. Sin embargo, era estricto a rabiar, era por eso que muchos alumnos lo miraban con miedo. Shikamaru había notado esas miradas sin mucho esfuerzo, y haciendo algunas preguntas a cursos superiores, descubrió que su maestro era temido por los castigos que daba cuando alguien olvidaba su tarea.
Las amenazas que le dio al rubio, realmente podían suceder y este no tendría derecho a quejarse.
Shikamaru sintió sus manos sudar… si Naruto volvía a olvidarse sus tareas, esta vez no tendría un castigo tan vago. Quien sabe que era lo que tendría que pasar su rubio compañero si lo volvía a hacer…
Un estremecimiento lo recorrió de pies a cabeza luego de sentir un leve apoyo sobre su hombro. Shikamaru volteó su cabeza muy ligeramente para observar a la persona que lo había tocado. Detrás suyo, se estiraba un papel muy blanco y pulcro siendo sostenido por una mano delgada y esbelta. El niño Nara entrecerró los ojos antes de tomar la hoja que le estiraba su compañero, sin decir absolutamente nada. Sin ser consciente, había tragado la saliva que se había acumulado en su garganta.
Hasta el momento nadie tenía claro porque Sasuke había decidido tomar la última fila de los asientos, justo detrás de Shikamaru. Sin embargo, nadie se lo cuestionaba tampoco. Aunque no era como si Sasuke les fuera a responder, de todas formas.
Solo sabían, que ese era su asiento.
Ahí detrás, bajo un foco que titilaba constantemente, Sasuke Uchiha había reconocido su sombrío lugar dentro de esas cuatro paredes…
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Review?
