T.O.C.

DISCLAIMER: Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko. Yo solo los tome prestado para realizar esta historia. También tomare prestados personajes de otros animes.


CAPITULO DOS: "Día de Locos"

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Un carácter bastante hostil sumado a su malhumor era algo a lo que se terminaban acostumbrando las personas que los rodeaban si mantenían algún contacto prolongado, cabe decir que en la actualidad los privilegiados en soportarlo eran pocos. Pero esa mañana su humor era inmanejable hasta para él. Durante la noche escasamente alcanzo a descansar, en algún momento un estremecimiento lo desterró de los brazos de Morfeo, un escalofrió que hasta el momento se mantenía presente en su cuerpo.

Ranma terminaba de desayunar, cuando el sonido de la alarma del despertador inundo el silencio del departamento. Ni se inmuto por lo molesto que resultaba, su mente estaba concentrado en de recordar alguna técnica que le ayudara a afrontar la jornada.

Minutos más tarde al compás de la música clásica, transitaba las desoladas calles de Tokio, la mayoría de los habitantes preferían salir a último momento contra reloj para terminar avanzando a paso lento terminando amontonados en un tráfico caótico, como si vivir en una ciudad sub-poblada no fuera suficiente.

Salir temprano tenia ventajas, como un estacionamiento vacío, la parte negativa hasta estresante era que a esas horas Mioga seguramente no había ingresado y eso en lo particular era algo estresante, después de pasar sin complicaciones por seguridad, una mueca cruzo en sus labios al llegar al ascensor de mantenimiento, sacando una toalla hipo alergénica del bolsillo frontal de su maletín, presiono el botón. Las compuertas se abrieron y el aroma a desinfectante nuevamente llego a sus fosas nasales. Emocionado por el detalle del anciano, que seguramente lo limpio antes de que su turno terminara.

Al llegar a la zona de recepción, frenó de golpe instintivamente, sacudiendo la cabeza de forma negativa. A esas horas era obvio que "ella" no estaba. Al llegar a la zona de su despacho, arrugó su ceño al ver el escritorio, era de imaginarse que Ryoga no desperdiciaría el tiempo. Afirmando su ultimátum.

— Desgraciado –musitó con rencor, sacando la llave de su oficina.

Necesitaba calmar un poco la ansiedad que sentía en ese momento, sin dudarlo fue hasta el último cajón. El limpiar lo ayudaría a calmarse.

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Tan inmerso en sus tareas apenas fue consiente cuando el movimiento había comenzado en el lugar. Su tan ansiada y amada tranquilidad había llegado a su fin.

Estaba terminando de cerrar el cajón, cuando noto que la puerta había sido abierta.

— Ya te habías demorado Ryo...— se detuvo al comprobar que no era el joven. —¿Happosai? ¿Qué haces aquí? — cuestionó sorprendido al ver a un anciano que era paciente del lugar— ¿Podrías apagar eso? — Gruño señalando la pipa.

El anciano, miro lo que tenía en su mano derecha, sin prestarle atención al pedido, tomo asiento ignorando el gesto molesto de Ranma.

—Vengo a buscar lo que me corresponde. — aseguró aspirando con fuerza, sacando varias hojas dobladas a la mitad.

Ranma contuvo a duras penas una arcada que pugnaba a salir, de solo imaginar lo que habrá hecho con el antes de entregárselo. Además, los uniformes de los pacientes no tenían bolsillos.

— Llegas antes de tiempo. —murmuró sin siquiera atreverse a tocarlo, antes de hacerlo usaría guantes y un par de pinzas.

— El trabajo es difícil— murmuró con recelo.

La ceja de Ranma se levantó ante el descaro del hombre, no por nada era conocido en la instalación por lo fama pervertida. Ryoga había recibido tantas quejas de parte del personal femenino exigiendo su traslado. Lamentablemente el hombre no tenía familiares, eso y el aumento de su cuota de internación lograron que todo quedara en la nada.

El día que iba a tomar medidas, coincidía con el ingreso de la nueva recepcionista, la cual a penas lo vio, prácticamente se lo había devorado con la mirada, instintivamente dio un paso atrás. Esa mujer parecía que iba a saltarle encima para terminar abusando físicamente de su persona.

De la nada un grito de "Carne Fresca" retumbo el ambiente, al instante el rostro del anciano se restregaba con alevosía contra los pechos de la chica. Ranma actuó como la situación lo ameritaba, huyo sin siquiera voltear. Era mil veces más aconsejable quedar como un cobarde, antes de que la chica en agradecimiento por ayudarlo terminara acosándolo.

— La bella de Shampoo cada día sabe defenderse mejor.

Y vaya que él podía dar fe de eso, su cuerpo temblaba cada vez que oía los quejidos lastimeros. Pero admitía que viejecillo era perseverante. Terminaron llegando a un acuerdo, era un buen trato, gracias a él las enfermeras trabajaban tranquilas y Happosai solo acosaba a Shampoo y el como pago le compraba toda la lencería que él solicitaba. En resumen, todos eran felices.

— Realizare el pedido de inmediato… y te lo hare llegar cuando lo tenga. — masculló al ver que el humo de la pipa comenzaba a inundar el lugar.

El viejo solo asintió emocionado, de un brinco descendió de la silla antes de desaparecer por la puerta.

A este paso seré fumador pasivo. — pensó al abrir la ventana, necesitaba cambiar el aire con rapidez.

Iba por la segunda botella de aromatizante, cuando la puerta de su oficina nuevamente fue abierta, molesto por la falta de respeto que tenían cuando ingresaban, se giró observando a un Ryoga que miraba nervioso toda la habitación.

— ¿Buscas algo? — indagó con una mueca molesta.

Ryoga parpadeó confundido por verlo allí, faltaba una hora ante de que fuera su hora de ingresar. Sus ojos vagaron hasta lo que el pelinegro tenía en las manos entendiendo el porqué de todo.

— Perdimos… un paciente. — murmuró nervioso.

Ranma solo abrió los ojos con asombro, segundos después abrió uno de los cajones sacando varios formularios.

—Debería decir que lo siento, pero en vez de eso será un TE LO DIJE. — comentó como si nada buscando una lapicera. — Hace meses te dije que cambiaras a la cocinera, me sorprende que demorara tanto en que alguien muriera por culpa de su comida.

Ryoga avanzo molesto hasta quitarle la lapicera, ante lo poco sutil que era su amigo.

— Nadie murió. — gruñó molesto. — Esta desaparecido y vagando por el edificio… o eso espero.

Ranma hizo una mueca por el atrevimiento. Con tranquilidad saco una toalla del paquete y empezó a limpiarse las manos. Todo siendo observo por el incrédulo psicólogo.

—¿Y por qué lo buscas aquí? — cuestionó sacando otra toallita. — Ve a seguridad… ellos tienen acceso a las cámaras. — recalcó con obviedad.

— Eres Insoportable. — musitó con molestia, tirando la lapicera sobre el escritorio del joven.

Ranma ni se inmuto por el comentario y con la toalla agarró la lapicera y empezó a limpiarla. Molesto Ryoga se dio media vuelta para salir.

— ¿Qué paciente es? — interrogó deteniendo a Ryoga cuando iba a salir.

— No… es importante. — tartamudeo. — Mejor preocúpate, que dentro de una hora empezaran a llegar las postulantes.

Ryoga salió de la oficina con rapidez, antes de delatarse tenía que encontrar a "esa" paciente con urgencia. Haría hasta lo imposible para que este hecho no trajera consigo graves consecuencias.

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Ya había perdido la cuenta de las veces que miro el reloj. Las últimas tres horas había entrevistado a más de una decena de mujeres, en esos momentos su mal humor estaba rayando los límites permitidos, sin contar que sentía que su cabeza explotaría en cualquier momento por escucharlas.

— Bien… eso es todo… cualquier cosa me estaré comunicando con usted. — comunicó antes de señalar la puerta.

Una vez que estuvo solo empezó a masajear sus mejillas, las cuales le molestaban por forzarse a sonreír tantas veces.

¿Cuándo terminara este suplicio? — Pensó incomodo de solo imaginarse la cantidad de gérmenes que flotaban en esas cuatro paredes, sus manos picaban por ansiedad, sus ojos vagaron hasta toparse con la cantidad de carpetas. Empezó a contar mentalmente para evitar sacar el espray anti bacterias y vaciarlo sobre ellos.

Ninguna de las féminas cumplía con lo necesario, y sus estándares no eran bastantes altos, pero todas dejaban mucho que desear, desde su forma de vestir hasta la cantidad de perfume que usaban, su sentido del olfato estaba dañado a causa de la variedad que percibió en tan poco tiempo.

— Necesitare una larga ducha. — musitó al empezar a desanudarse la corbata, deteniéndose de golpe cuando abrieron la puerta.

— Ranma-sama. — Canturreo una voz femenina.

Todo su cuerpo tembló al reconocer a la persona que tenía en frente.

— Ko…dashi. — Tartamudeo asustado. — ¿Qué haces aquí? — musitó con miedo, presionando con rapidez el botón de su escritorio.

— Amor, me escape para verte. — susurró melosa al cerrar la puerta apoyándose contra esta. — Hay que terminar lo de la última vez.

Ranma ese momento comprendió que ese era el paciente que huyo, por eso fue a su oficina y el muy maldito de Ryoga había ocultado su identidad. Su desesperación aumento al ver que la mujer empezaba a desabotonar la camisa que llevaba.

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Se detuvo de golpe al estar frente al edificio, su respiración era agitada por correr las ultimas cuadras, ese día el transporte había pasado antes de lo normal y por consiguiente iba tarde a la entrevista.

Recuperando un poco la compostura, exhalo dándose ánimos para cruzar la puerta de entrada, necesitaba calmarse para dar una buena impresión necesitaba el trabajo, rogando que la persona que la entrevistara no fuera alguien odiosa.

Al llegar al llegar al sector de información, fue recibida por una chica que tatareaba una melodía al compás de que limaba sus uñas. Ignoro el comportamiento de esta y poniendo su mejor sonrisa se acercó.

— ¡Buenos días! — saludo, siendo ignorada por la mujer.

Hizo una mueca por el accionar de esta, la cual ni se dignaba a verla y seguía en lo suyo como si nada. Carraspeo con fuerza logrando asi la atención de la peli morada.

— Disculpe… vengo por la entrevista. — informó con tranquilidad.

Shampoo clavo sus ojos rubí e hizo una mueca de desagrado al detallarla minuciosamente.

— Seguir ese pasillo, hasta el final. — señalo con desgana con su mano derecha.

Sin darle tiempo a responder, prosiguió en lo que hacía. Akane se mordió la lengua al ver la forma de atención que esta brindaba al público, aguantando la tentación de decirle algunas verdades.

Siguió las instrucciones guiadas hasta llegar a la última puerta y al lado había como un pequeño cubículo armado con bastante espacio y en el cual había un escritorio vacío, entendiendo que ese era el lugar indicado. Acomodo su vestimenta esperando no lucir desarreglada. Cuando iba a golpear se detuvo al escuchar ruidos de cosas romperse, proseguido de un grito masculino de ayuda.

Sin pensarlo dos veces abrió la puerta con fuerza, lo cual sintió que impactaba contra algo pesado y este caía. Con prisa ingreso y lo primero que vio fue el cuerpo de una mujer desmayada atrás de esta, que seguramente se debía al golpe.

Recorrió con la mirada la habitación hasta toparse con una figura masculina tirada en el piso, con la camisa desprendida, asustada llego hasta él e instintivamente se arrodillo al comprobar que respiraba, ubico la cabeza del chico sobre sus rodillas para que estuviera cómodo. Observo su rostro que le parecía familiar, sin estar segura de dónde.

Unos pasos pesados y rápidos sonaron hasta que se detuvieron en la entrada. Akane observaba curiosa a las tres figuras masculinas que llegaron.

Ryoga arrugo el ceño al ver el estado de la oficina y suspiró al ver el cuerpo de la pelinegra.

— Chicos… llévensela. — ordeno a los guardias de seguridad.

Una vez que desaparecieron con la mujer, el castaño sacudió la cabeza al ver el estado de su compañero, era más que obvio que cuando despertara haría un gran alboroto.

— Disculpe— Musito Akane.

Ryoga se sonrojo al haber ignorado a la chica que estaba presente, pero en su defensa había tenido una mañana complicada. El tratar de dar con el paradero de Kodashi teniendo solamente resultados negativos, y su estado empeoro al comprobar que su temor había sido cumplido, la paciente había ido en busca de su obsesión.

— Ryoga Hibiki. —se presentó estirando su mano. — Soy el Psicólogo de aquí.

— Akane Tendo. — Respondió correspondiendo el saludo. — Vengo a la entrevista ¿Crees que se encuentre bien? — cuestiono señalando al pelinegro

Eso espero— pensó el castaño.

Un quejido capto la atención de ambos. Ranma empezaba a reaccionar, lo primero que hizo al abrir sus ojos, fue arrugar el ceño al sentirse desorientado. Recuerdos de lo último acontecido llegaron a su mente y busco a su agresor con la mirada, suspiro al no verla.

— ¿Se encuentra bien? — Cuestiono Akane con delicadeza captando la atención del pelinegro.

Ranma fijo sus ojos azules en el rostro de la chica que lo miraba, de repente un aroma muy conocido llego a su nariz, dejando que lo envolviera totalmente.

— Eres tú. — Musitó cerrando sus ojos.

Ryoga miraba la escena asombrado, seguidamente una sonrisa maliciosa curvo en sus labios al entender que posiblemente esa mujer podría logra grandes cambios en la vida de su amigo, no por nada no había repelido el contacto con ella.

Continuara…


N/A:

¡Feliz 2020!, Perdón por la ansiedad del momento y el que me costó lagrimas que la pagina publicara el documento sin modificar nada, fue una Odisea.

Voy a agradecer el voto de confianza a las personas que pusieron la historia en sus favoritos y en sus alertas.

Las actualizaciones serán los días domingos, ya que, aunque ahora me encuentro de vacaciones y estoy adelantando capítulos y escribiendo tres historias al mismo tiempo. Además, estoy editando Limites y las otras que poseía.

Este año quiero hacer las cosas bien, asi que esa es la mejor opción que elegí.

Sin más esperó que disfruten del segundo capítulo, cualquier duda que tengan me lo dejan en los comentarios, si tienen cuentas le responderé por privado, y si no lo haré cuando actualice.

¡Que tengan un lindo día!