T.O.C.

DISCLAIMER: Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko. Yo solo los tome prestado para realizar esta historia. También tomare prestados personajes de otros animes.


Capitulo cuatro: Ceder o no ceder esa es la cuestión

Esa mañana era la tercera desde que Akane trabajaba con él y contra cualquier pronóstico habían sido jornadas demasiadas tranquilas y eso por experiencia eso era la calma antes de una tormenta. En ese poco tiempo tuvo que utilizar todo su autocontrol para mantener la compostura necesaria en su presencia y con lo impulsivo que era por naturaleza era casi imposible.

Apoyado en el marco de la ventana de su oficina, contemplaba con aburrimiento el cielo totalmente encapotado, odiaba cuando la época invernal estaba cerca, muchos recuerdos regresaban a su memoria.

Sacudió su cabeza para evitar que estos afectaran su estado de ánimo. Al escuchar que llamaban a la puerta una sonrisa involuntaria curvo por sus labios, solo había una persona que lo hacia y desde que estaba a su lado, había recuperado su preciada privacidad.

La cabeza de Akane hizo acto de presencia, haciendo que la respiración de Ranma se acelerara, se giró nuevamente hacia la ventana, tratando de ocultar lo que ocasionaba.

— Licenciado, llamo el doctor Hibiki avisando que al medio día hay una reunión directiva.

Ranma rodó los ojos ante eso, por la terquedad de su amigo en tratar de involucrarlo contra su voluntad. Todos sabían que él no asistía personalmente.

— Señorita Tendo, avísele a Ryoga que no asistiré. — notificó. — Usted lo hará en mi lugar.

Akane tembló con nerviosismo e incredulidad. No estaba preparada para asumir una responsabilidad tan importante en tan poco tiempo.

— No creo que sea lo más indicado. — musito, su jefe prácticamente la estaba mandando al matadero con un letreo "cómanme soy nueva".

— Sé que podrá con ello. — la tranquilizo brindándole una sonrisa sincera. — Esta informada sobre todos los casos y le di información esencial que le ayudara a enfrentarlos.

Y eso era cierto, el primer día leyó todos los expedientes, destacando en su compromiso e interés. Cuando su hora de salida llegó, Akane seguía en su lugar anotando lo que le consultaría. A la mañana siguiente tal como lo había predicho sucedió, compartieron horas enteras hablando de cada caso.

— ¡HOAAAA!— saludó una tercera vos desde el marco de la puerta. Tanto Ranma como Akane brincaron del susto por la interrupción.

— ¡Auchh! — gimió Ryoga masajeándose la frente, arrugó el ceño al ver lo que había impactado contra su cara.

Akane intercalaba la mirada de forma nerviosa entre ambos hombres. Ranma respiraba agitado con el brazo todavía levantado.

— Podría— suplicó señalando la puerta con una mirada nerviosa.

Akane solo asintió no necesitaba que especificara nada, ¿Quién era ella para entrometerse?

Ranma suspiro cuando la puerta se cerró, ignorando los lamentos de su amigo tomó asiento esperaría hasta que empezara con los reclamos.

—¡Eres un salvaje! — gruñó lanzando la placa a Ranma, quien lo agarro con una mano y sin inmutarse saco una toalla y empezó a limpiarlo ante la mirada molesta de Hibiki. — No tengo gérmenes. — molesto se cruzó de brazos.

— No estaría tan seguro. — comentó sin inmutarse. — Últimamente mantienes tus manos y tu boca muy ocupados y no precisamente atendiendo consultas.

El rostro del castaño se sonrojo y boqueo buscando alguna respuesta con que devolverle la puya.

— A eso se lo llama E-N-V-I-D-I-A – deletreo con malicia—. Es más, dudo que tu personalmente hayas disfrutado de algo parecido.

La mirada molesta de Ranma, hizo que Ryoga se contuviera de decir algo más.

— No te imaginas como te extrañaba. — musitó con ironía, cosa que no fue captado por su amigo.

— ¿Enserio? — susurró con alegría.

— ¡Claro! Te extrañe tanto como lo haría alguien que no tiene un molesto grano en el trasero.

Que fea comparación— pensó ofendido el castaño.

Ranma termino de limpiar la pieza de bronce y la ubico con cuidado en la superficie, tiro la tela y se cruzó de brazos.

— ¿A que debo tu visita?

Ryoga parpadeo confundido, por la brusca manera de cambiar de tema.

— Sobre la reunión… debes estar presente. — afirmo recuperando la compostura.

— Akane ira...

— No… tu presencia es requerida. — lo corto— Antes de que me recalques tus condiciones y excusas para no ir. —suspiro con pesadez, porque prácticamente estaba obligando a su amigo a participar. — Ranma esta vez estas involucrado, Kuno está furioso por el traslado de su hermana.

Después del incidente con Kodashi, y con pruebas que comprobaban que ellos no estaban calificados para contenerla, solicitaron su traslado. Kuno hizo hasta lo imposible para evitarlo sin lograr nada.

Ranma mentalmente debería estar preparado, siendo sinceros había esperado que la bomba estallara antes. Su cabeza empezó a palpitar al imaginar con que disparates saldría el hombre con tal de defender a su hermana.

— Te aconsejo que busques pruebas… lo vas a necesitar. — musito antes de salir, dejando a un pelinegro pensativo.

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Llevaba cinco minutos observando a su jefe parado cual estatua frente a la puerta, con el brazo levantado dispuesto a llamar. Akane empezaba a impacientarse bien podría hacerlo ella, su impedimento el peso de más de diez carpetas en sus manos.

Observo el reloj ubicado en el pasillo, arrugando el ceño al ver que era mediodía, si seguían asi no llegaría a sus clases del día. Suspiró con molestia ante la actitud del hombre que prácticamente solo le informo que debía acompañarlo a la reunión. Con solo veinte minutos antes de que esta se produjera, apenas tuvo tiempo de recolectar lo necesario y tratar de encontrar el lugar indicado ¡El hombre era un completo desconsiderado! ¿Cómo sabría ella donde era, si solo llevaba allí tres días?, ni se molestó en acompañarla, dejándola totalmente descolocada y perdida sino fuera gracias a una enfermera que se presentó como Ukyo que la guio no lo habría logrado.

— Es mucho peso para ti. — comentaron a su espalda.

Akane se giró, y antes de darse cuenta era despojada del peso que cargaba. Ryoga le brindo una sonrisa conciliadora antes de sacudir su cabeza al ver al pelinegro en esa posición.

Sin esperar abrió la puerta con cuidado de no rosar a Ranma y paso haciendo un movimiento gracioso, desde adentro le hizo una seña para que hiciera lo mismo. El pasar fue más sencillo para Akane al ser más pequeña en estatura.

— Toma asiento aquí. — señalo la tercera silla del lado derecho del gran mesón que ocupaba el lugar.

Akane siguió las instrucciones, observando la habitación que no era muy amplia y estaba sombríamente decorada, una vez ubicada alcanzó a escuchar un patético de los labios del Psicólogo seguido del sonido de algo elástico, curiosa vio como Ryoga se ponía un par de guantes de látex antes de llegar al pelinegro y sin delicadezas lo empezaba a sacudir para hacerlo reaccionar. Lo cual parecía no resultar.

Apenas diviso que se acercaba y susurraba algo contra el odio de su jefe, quien reaccionó miraba para los costados nervioso.

— ¿Dónde está la loca? — inquirió asustado.

Ryoga empezó a reír con fuerza, captando la atención de Ranma que lo miro con molestia a saber que todo era un chiste.

—Cuanto lo odio. — Ranma gruñó al ubicarse al lado de Akane, manteniéndose de pie. — ¿A qué hora va empezar?… mi tiempo de salida esta próxima, tendrás que pagarme las horas extras Hibiki.

Ryoga solo rodo los ojos, ignorando completamente al pelinegro antes de ubicarse en la cabecera de la mesa y abrir la computadora, de golpe se abrieron las ambas puertas de la sala de juntas y una figura masculina hizo acto de presencia.

— ¡El gran Kuno Tatewaki hace acto de presencia, el mejor psiquiatra de Mundo! — anunció a todo volumen.

Akane miraba sorprendida al hombre que se mantenía inmóvil, con la respiración agitada a causa de tal extravagante presentación la cual había sido ignorada por el psicólogo y su jefe.

—Llama al circo y avísales que su payaso principal ha escapado. — comentó Ranma sin inmutarse.

Tatewaki vocifero algunas palabras lo suficiente alto para que todos lo oyeran. Las mejillas de Akane se sonrojaron por el tan florido vocabulario que el especialista poseía. Se giró avergonzada para ver la reacción de sus acompañantes, los cuales cada uno seguía en lo suyo como si estuvieran acostumbrados a semejante espectáculo.

—Necesito razones válidas, ante tal injusticia cometida. — Exigió apenas se ubicó al costado de Ryoga quien solo seguía concentrado en su portátil.

Ranma bufo, y de la nada una clásica melodía de notificación de una red social conocida rompió la tensión del momento. Las tres figuras masculinas se giraron en busca de su ubicación.

— Lo siento mucho. — se disculpó Akane, con manos temblorosas saco su celular que era el culpable.

— Si, como sea. — acotó Kuno con gesto desinteresado. — Tu. — señalo a Ranma. — Te deshiciste de mi hermana, una vez que saciaste tu lujuria.

Ryoga arrugo el ceño al ver que su amigo no se defendía, sacudió su cabeza, el pelinegro estaba más concentrado en tratar de ver lo que su secretaria tecleaba en su móvil. Se aclaró la garganta con fuerza.

— ¿Qué? — cuestionó curioso, parpadeando totalmente desorientado.

—¿Eres o te haces? — la molestia se reflejaba en las facciones del Psiquiatra.

— Aquí el licenciado, te acusa de mantener una relación con la paciente, que queda demás aclarar que está prohibido. Sino que utilizaste esa "excusa" — recalcó lo último — Para deshacerte de ella, ¿Cómo respondes en tu defensa?

— ¡Que no la tocaría, ni con una rama! Y quisiera tenerla a mil kilómetros de distancia preferiblemente. — retumbo lo último en su cabeza.

— ¡Mientes! — los puños del médico se estrellaron contra la mesa.

Ryoga comenzó a masajearse la sien, en un vano intento de retrasar la jaqueca que sufriría al final.

— Tal vez el estado de Kodashi, no es óptimo para tomar en cuenta la veracidad de su declaración.

— ¡No está loca! yo personalmente la evalué. Doy fe de que es asi.

— La genética es compartida, ambos están jodidos — aseguró con franqueza.

Hibiki abrió los ojos con sorpresa por el comentario. Ranma seguía de brazos cruzados en pose desafiante hacia Kuno, quien parecía ni inmutarse por el insulto recibido. Tal vez solo lo dejo pasar por alto, esperó algunos segundos para ver si reaccionaba. Al ver que no lo hacía sacudió su cabeza con pesadez, era claro que no había entendido la indirecta sarcástica de su amigo ¿Podría culparlo? Cuando él personalmente terminaba en la misma situación.

— Pruebas. — exigió desafiante.

Un brillo apenas perceptible se reflejó en los iris azules del abogado, Ryoga tembló al ver como curvaba los labios con una sonrisa maliciosa. Delatando que prácticamente estaba esperando esa petición.

— Bien, si en esas estamos. — musitó con sorna. — Señorita Tendo.

Akane brinco en su sitio, mirando confundida a su jefe, estaba más concentrada en que la dichosa reunión terminara.

— Necesito que diga lo que vio el día de la entrevista. — solicito.

Con un asentimiento de cabeza, Akane comenzó a narrar lo que presencio ese día, desde el ruido de cosas romperse, finalizando cuando el Psicólogo llego. Los tres hombres escuchaban atentos cada palabra.

— Eso no significa nada. — gruñó Kuno obstinado. — Es obvio que la manipulaste para que saliera en tu defensa.

La peli azul arrugo el ceño ante lo dicho, aceptaba que no era mucho lo que presenció, pero de allí a que dudara de su declaración y a la vez la acusara de dejarse manipular era otra cosa.

— Hay más pruebas. — aclaró Ranma a sus espaldas. — Pero primero señorita Tendo, puede marcharse su presencia ya no es requerida.

Akane asintió confundida y sin ganas de cuestionar empezó a recoger todo y salió de la sala.

— Ryoga, reproduce el video que te envié. — solicitó, girándose para mirar contra la ventana.

El sonido de la filmación inundo la habitación, Ranma estaba concentrado en la vista que tenía, esperando ansioso que eso ayudara a que Tatewaki dejara de molestar.

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Al ingresar al elevador, apenas parpadeo al ver la figura de Ukyo apoyada al final de este leyendo un expediente. Sin intenciones de molestarla se ubicó en el otro extremo. Un aroma dulce llegó a sus fosas nasales.

— Chanel n° 5. — Musito.

—Lo conoces. — Inquirió Ukyo a su lado— Es un perfume poco accesible.

Akane parpadeo por la ironía de las palabras de la castaña, refiriéndose al precio de este lo cual solo lo podían adquirir gente sofisticada. La detallo a conciencia descubriendo que a pesar de que el uniforme blanco era grueso, resaltaba el color rojo de su ropa interior.

— Si creo haberlo sentido hace un rato. — susurró pensativa.

— Imposible, soy la única que lo usa en todo este establecimiento. — confirmo con seguridad, las puertas del elevador se abrieron. — ¡Que tengas un buen día! — se despidió.

Arrugó el ceño ante el movimiento exagerado de caderas al caminar, y lo notable que de su ropa inferior ¡era una tanga! Hizo una mueca ante lo incomoda que resultaba para ella esa clase de prendas. Por más que Ukyo aseguraba que ese perfume solo lo utilizaba ella, estaba segura de haberlo sentido antes de manera más tenue, pero era el mismo. Intento recordar de donde, pero con lo distraída que era no lo lograba, pero su olfato era mil veces mejor que su cerebro para recordar esa clase de detalles.

No es mi problema. — pensó con desgana, tenía que llegar rápido a la universidad.

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Después de varios, gritos e insultos y más de una amenaza al aire, Kuno dejo la sala con un portazo.

Ryoga suspiro profundamente, había sido una reunión demasiada caótica. Tatewaki era terco por naturaleza y demasiado inmaduro para su edad. Al finalizar el video seguía en total negación.

— Fue una buena jugada, la amenaza. — admitió mirando al pelinegro que en ningún momento había cambiado de posición.

— Sabe que, si le quito mi apoyo podría terminar mal. — aseguro Ranma satisfecho al ver a su secretaria tomando un Taxi. Sintiendo culpa ya que por su causa llegaría tarde a sus clases.

— Pero ese tema ya está zanjado, por algo la trasladaste. — musito pensativo. — Además no era cien por ciento acoso.

— Él sabe que me debe una, es lo único que importa.

— Hoy es ese día. — cambio de tema. — ¿Iras a visitarla? — cuestionó

— No lo sé. — respondió incomodo, por más que el castaño no la nombro sabia a quien se refería.

Ryoga solo suspiró con fuerza, cada vez que se tocaba ese tema, su amigo le rehuía como loco.

— ¿Quieres hablar de ello? – cuestionó, ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que ofreció su ayuda.

— Primero muerto. Me voy, mi hora de salida ya paso hace rato. — se despidió caminando hasta la salida.

Ranma se detuvo frente a la puerta y procedió a sacar un pañuelo descartable y envolvió la manija, ni loco tocaría algo que con anterioridad Kuno había hecho.

— Sabes que tarde o temprano terminaras en mis manos. — dijo Ryoga con molestia.

— ¡Aj! No eres mi tipo. — respondió el pelinegro con la puerta abierta. — Ve a buscar a Ukyo urgente. — aconsejo al cerrar la puerta.

—¡No me refería a eso! — el grito masculino retumbo en toda la sala, seguida de la carcajada de Ranma.

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Seguía dentro de su vehículo, y por más que miraba con detenimiento el complejo seguía sin decidirse en entrar. Al llegar a su casa y realizar su rutina, las palabras de Ryoga seguían vagando en su cabeza y cuando menos se dio cuenta había manejado hasta allí.

Un trueno resonó, Ranma murmuro algo por lo bajo, hasta que vio que varias personas salían del lugar, seguidos por la seguridad que los despedía. Suspiró con fuerza, nuevamente no había cumplido. Seis campanadas de la catedral hicieron que se sorprendiera por el tiempo transcurrido.

— Es tarde. —musitó arrancando el vehículo.

Una hora más tarde doblo en la esquina de donde vivía, la tormenta se había desatado con fuerza mientras estaba atascado en el tráfico. Abatido estacionó frente a la parada de ómnibus, triste por verla vacía. Era obvio que llegaba tarde.

Parpadeo confundido al divisar algo en un extremo de la casilla. Alguien se encontraba sentado, temiendo lo peor salió, cruzo la desolada calle y se frenó de golpe al ver que esa persona no era nada más que Akane.

—¡Akane! — La llamó asustado por su estado.

Estaba completamente empapada ¿Cuánto tiempo llevaría allí? Dudoso se acercó unos pasos para acercarse. El corazón de Ranma se estrujo al ver su rostro mojado, pero sus ojos estaban rojos clara señal de haber estado llorando.

— ¿Licenciado? — cuestionó sorprendida ante la presencia de su jefe. — ¿Qué hace aquí?

— Vivo cerca de aquí. — confeso a medias, no le diría que justamente al frente. — ¿Estas bien? ¿Puedo ayudarte en algo?

Akane solo negó con la cabeza, el sentimiento de culpa creció en el pecho del pelinegro, algo le decía que fuera lo que le sucedía a la chica él era responsable. Tragando con fuerza la miro dudoso.

— Te llevare a tu casa. — musito con determinación.

Y sin darle tiempo a nada, la había agarrado de la mano y jalaba de una desconcertada Akane que reaccionó al estar dentro del vehículo a causa del cambio de temperatura.

— Su automóvil se estropeará. — susurró avergonzada, Ranma acababa de entrar.

— Es solo agua. — comentó restándole importancia.

El pelinegro, no la miro aprovechando para girarse en busca del cinturón, rogando que el color de sus mejillas no fuera muy evidente. Pocas veces lo usaba, pero no se sentía con la valentía de mirarla después de haber cedido a un impulso.

— Podrías guiarme. — solicitó encendiendo el motor del auto.

Akane solo asintió, después de darle su dirección permanecieron en silencio, lo único que resaltaba era uno que otro trueno a lo lejos.

— Sé que no debería, pero ¿me podrías contar porque estas asi?

Al terminar de decir esa oración, Ranma quería estrellar su cabeza contra el volante por su osadía, estaba más que claro que no había la suficiente confianza entre ellos. Su nerviosismo aumento al escucharla suspirar.

— Tengo que presentar un trabajo en la universidad que equivale al ochenta por ciento de la nota de una materia. — empezó a narrar. — Se debe trabajar con algún alumno de último año, lamentablemente llegue tarde y los únicos que estaban libres ya habían sido elegidos.

El remordimiento aumento en el pecho de Ranma, tal como lo había predicho esto era su culpa.

— Podría pedirle ayuda a mi hermana, pero una de las condiciones lo prohíbe, asi que literalmente estoy perdida.

— Yo podría hacerlo. — se ofreció, girándose. — No pienses mal, te debo una. Además, yo tengo bastante experiencia.

Su pulso seguía acelerado, ya que su acompañante no había dicho nada. Se estacionó frente a un condominio humilde, arrugo el ceño al ver que la zona no era muy segura.

— Oye si no quieres, no hay probl…

Un movimiento brusco detuvo lo que decía, una sensación cálida envolviendo su mano capto su atención. Su respiración se agitó al ver que era gracias que Akane sujetaba de ella.

— ¿De verdad? — cuestionó ansiosa, Ranma solo asintió, por más que quería estaba seguro que no podría hablar. —¡Gracias!, oh perdóneme por mi atrevimiento. — susurró incomoda deshaciendo el contacto.

El abogado se auto regañaba, intentando controlar el impulso de agarrar su mano. Apenas parpadeo al verse solo en el vehículo, asustado vio hasta la entrada del edificio y de allí una sonriente Akane lo saludaba, antes de entrar.

Al estar en el estacionamiento de su departamento, contemplaba su mano con una sonrisa boba, a pesar de haber sido algo tan repentino y fugaz para su gusto, no podía dejar de anhelar la sensación.

— Ceder o no ceder. — murmuro con pesadez, había hecho un gran esfuerzo los últimos días para mantener a raya sus sentimientos. Mandando al diablo todo en un segundo. — Estoy perdido. — admitió porque algo en su interior le decía que tarde o temprano terminaría cediendo.

Salió del auto sin importarle que en el lugar del copiloto hubiera un charco de agua, el cual normalmente habría corrido a limpiar y desinfectar hasta quedar satisfecho.


Continuara…