T.O.C.


DISCLAIMER: Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko. Yo solo los tome prestado para realizar esta historia. También tomare prestados personajes de otros animes a futuro. Este es un (U.A.)


Capitulo Ocho: "Métodos pocos ortodoxos"

Esa mañana Ranma lo primero que vio al doblar en el pasillo que lo conducía a su oficina dentro de la clínica, fue la figura de un Ryoga apoyado contra la puerta con los brazos cruzados y sus ojos cerrados en una pose pensativa. Grande fue su decepción cuando se paró frente a él y escuchar un pequeño, pero perceptible ronquido. Su rostro se contrajo por la desfachatez del castaño, bien podría apelar a su lado sensible para actuar con delicadeza y despertarlo, lamentablemente para Hibiki no era merecedor para obtenerlo, además, por el aspecto que cargaba y el aroma que desprendía, terminó por corroborar que no lo haría.

Antes muerto, que tocarlo—pensó con una mueca nerviosa.

Con cautela, sacó la llave de su bolsillo para ubicarla en la cerradura, debía ser cuidadoso para cumplir su meta. Al escuchar el característico clic, su cuerpo vibró de anticipación a la vez que una sonrisa maliciosa bailaba en sus labios.

Al ser fiel espectador de tan estruendosa caída, esperó que algo en su conciencia dictara que sentía algún tipo de remordimiento, como era de esperarse eso no sucedió, aunque a estas alturas ya no le resultaba extraño. Hibiki le había hecho pasar por tantas situaciones que cada vez que podía se las cobraba.

—¡Maldición Ranma!... Esa es la forma de agradecer que madrugara por ti —gruñó molesto al ubicarlo, masajeando la parte trasera de su cabeza donde sufrió el impacto en la caída.

Ranma solo ignoró las palabras del castaño, caminando hasta dejar sus cosas en el perchero. Siendo consciente de la penetrante mirada de su amigo encima en él.

— Pareces un niño pequeño haciendo un berrinche —comentó con desgana, al ubicarse en su silla—. Además, por el aspecto que te cargas dudo que hayas pasado la noche en tu casa.

Una sonrisa nerviosa se dibujó en los labios de Hibiki, el pelinegro tenía razón. Su apariencia lo delataba fácilmente, pues llevaba la misma ropa del día anterior.

—Me tratas mal y yo que pase la noche en vela preocupado por ti—musitó con dramatismo, intentando desviar el tema. Al mirar la incredulidad en el rostro del pelinegro estaba claro que no le creía—. Bueno… la mitad de la noche— dijo esquivando la mirada—. Bien, solo lo recordé cuando salía de su departamento— terminó aceptando avergonzado, aunque en el fondo no era del todo sincero, ya que la castaña lo había expulsado prácticamente, pero se abstendría de decirlo, no quería que empezara a sacarle en cara su comportamiento.

— Si, como sea, no quiero detalles de tu vida sexual. Es muy temprano para terminar descompuesto —musitó, su amigo iba a protestar—. Aprecio tu amistad, pero todo tiene un límite.

— Bien, dime en que puedo ser útil— terminó aceptando la decisión del pelinegro. Ranma murmuró algo muy despacio— ¿Qué dijiste? ¡habla fuerte, hombre! — lo presionó.

Ranma arrugó el ceño, pues estaba seguro de que lo había escuchado. Y lo hacía intencionalmente para poder divertirse a cuestas suya.

— Quiero poder controlar mi ansiedad —gruñó cruzándose de brazos.

Al ver el rostro de Ryoga tan desencajado y balbuceando sin sentido, bastaría para decirle algún sarcasmo como burla, pero al verse involucrado en estos momentos tenía que ser cuidadoso. Hibiki era tranquilo hasta cierto punto, pero si lo presionabas un poco se transformaba en otra persona.

El castaño observaba con suspicacia a su amigo, alargando el tiempo de espera, esperando a que en algún momento dijera algo como: ¡Es broma, te la creíste!

— ¿Me vas ayudar? —indagó removiéndose incómodo y expectante.

—Primero me gustaría saber a qué se debe esta decisión— preguntó con curiosidad, pero ante el silencio del pelinegro suspiró con pesadez—. Entiendo… sabes que esto tomara tiempo ¿cierto?

— Quiero avances para este fin de semana.

La risa masculina de Ryoga inundó la habitación, al notar que la seriedad del joven abogado se mantenía, esta fue disminuyendo con lentitud.

Vaya, va enserio— pensó asombrado.

— Déjame entender ¿quieres avances para la fiesta que se realizará el viernes? — inquirió incrédulo.

Ranma asintió con fastidio, por más que entendía el desconcierto del psicólogo, pues en los años que trabajaba en la clínica le huía a esos eventos como si se tratara de la peste. Además, siempre hay una primera vez para todo y estaba dispuesto a que ese evento fuera el inicio para intentar llevar una vida social normal.

Sí que iba a ser una verdadera prueba, estar rodeado de personas para recaudar dinero y que a la vez uno mismo tenía que hacerlo no era el inconveniente, sino el ambiente de hipocresía que flotaba en el ambiente, dándole un plus de consumir bebidas gratis.

— En dos horas te esperó en mi consultorio, allí daremos comienzo a tus terapias— anunció al ponerse de pie—. Estamos contra reloj y necesitaré de tu completa disposición en esto.

Un escalofrió le recorrió por toda la espina dorsal, al distinguir el brillo de malicia reflejada por un efímero instante en los iris de Hibiki, en una clara advertencia que esta ayuda le saldría caro.

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Comprobó por décima vez que todo estuviera en su lugar, satisfecho emprendió la marcha hacia el lugar requerido, tratando de ignorar el presentimiento de que su amigo se cobraría todas las que le ha hecho a lo largo de su amistad.

Al salir al corredor, se recriminó al darse cuenta que estaba caminando en dirección a su ascensor particular. Levantó la cabeza con determinación, manteniendo una fachada de confianza avanzó hacia el elevador de uso público. Después de una espera de menos de cinco minutos que a su parecer fueron una eternidad, las puertas de este se abrieron, sorprendiéndole que este estuviera vacío.

A penas alcanzó a ingresar, casi lo pierde por dejarse envolver en un innecesario debate de último momento. Con un suspiró ansioso recorrió el espacio que a simple vista se aparentaba estar limpio, no queriendo imaginar la cantidad de gérmenes que habría allí.

—Un paso a la vez — se auto convenció, manteniéndose parado en medio del lugar, no estaba dispuesto a apoyarse para así lograr estar cómodo. En el fondo se sentía satisfecho por la pequeña victoria obtenida.

Al escuchar el timbre que anunciaba la llegada a su destino, salió con paso titubeante y apenas notó que las miradas de secretarias de los especialistas estuvieran sobre él, a regañadientes contuvo el impulso de volver sobre sus pasos, lamentablemente a estas alturas el elevador ya estaría en otro piso.

—¡Maldito Cerdo! —gruñó entre dientes, se regañaba por no haber exigido que las terapias fueran en la oficina, en vez de su consultorio.

Las palabras de Nabiki, llegaron a sus pensamientos llenas de maldad, recriminándole su posición. Dispuesto a demostrarle que estaba equivocada se obligó a seguir con lo planeado. Ignoró los cuchicheos que surgían a cada paso que daba, era entendible, pues era la segunda vez en años que pisaba ese sector, arrugó el ceño cuando algunas risas se escuchaban de fondo en el trayecto de llegar a la maldita puerta.

—¿Qué diablos llevas puesto? — preguntó Ryoga mirando detalladamente la vestimenta de este.

—Un traje contra ataques biológicos— recalcó con obviedad.

Hibiki detalló el overol blanco que lo cubría casi por completo; un par de guantes azules y una máscara de plástico transparente completaban el atuendo. Maldijo por lo bajo al ver como los iris azules del pelinegro destilaban superioridad.

— ¡Ve a cambiarte! —ordenó cruzándose de brazos deteniendo el ingreso del pelinegro—Asustaras a mis pacientes con esa apariencia.

—Primero deja que yo me encargue de la limpieza de este lugar— rebatió—, esa es mi única condición, después estaré a tu completa disposición.

Ryoga rodó los ojos ante la petición del pelinegro, pero a regañadientes terminó accediendo, no era conveniente forzarlo a la primera. Una de las reglas de Psicología es lograr que su paciente se sienta cómodo en el ambiente, así lograría que este se abriera con más facilidad.

Con una sonrisa de victoria Ranma estaba a punto de ingresar, hasta que la mano del castaño sobre su brazo lo detuvo.

— Aceptó tu solicitud, pero ya va a entrar mi paciente. Lo harás después de que se marche—dictaminó antes de soltarlo.

Con un simple asentimiento se ubicó en el rincón más alejado.

Varios minutos después tuvo que contener un bostezo, llevaba sentado esperando que el paciente estuviera dispuesto a hablar, estaba empezando a hartarse del silencio que había ahí adentro. La incomodidad aumentaba a cada segundo que transcurría.

— Señor Totosai, ¿ha visto algún avance con las actividades que le indique? — cuestionó cansado de ver que el hombre no hablaba, sino que mantenía la vista fija en su amigo. Ya que su apariencia resaltaba fácilmente en la habitación.

—Ignóreme, Señor— solicitó Ranma incomodo por la mirada profunda de esos ojos saltones que el anciano poseía y asombrado de su tamaño pues estos resaltaban en su rostro.

Los minutos siguieron transcurriendo, Ryoga ya se había dado por vencido después de varios intentos de sacarle alguna palabra, obteniendo nulas respuestas. Entonces la alarma sonó anunciando que la consulta había terminado.

—¡Ese muchachito es un malagradecido! —gritó de repente asustando a ambos jóvenes—Años bajo el servicio de su padre, y me hecho como si fuera un maldito trapo viejo.

Los gritos siguieron escuchándose a lo lejos como un eco, aprovechando que estaba solo se levantó, estirando sus músculos el hecho de que el traje le ayudaba no significaba que este fuera cómodo, preso de la curiosidad tomó el expediente que reposaba en el escritorio, al hojearlo lograba comprender con facilidad el caso.

— No debes violar la privacidad de un paciente —advirtió Ryoga al ingresar al consultorio y descubrirlo infraganti.

— Soy abogado, esa regla no rige para mi persona —comentó sin importarle lo sucedido —¿Cuál es el porcentaje de los pacientes que vienen de allí?

—El treinta —contestó sin rodeos—. Totosai es un hombre mayor que esta resentido y no acepta la decisión de su jefe.

Ranma solo asintió, ya que en la ficha se detallaba todo y por la edad del hombre era obvio que no lo habían echado, sino que lo estaban retirando por tener más de sesenta años, y que su resentimiento hacia su jefe era más que todo, por la cantidad de años desempeñando su trabajo.

— Tienes media hora para hacer lo que desees aquí — anunció encaminándose a la puerta. —, después seguiremos haciendo hincapié en tu tolerancia y empatía con mis pacientes.

Mientras que Ranma emocionado ponía en marcha su pasión, Ryoga aprovecharía ese tiempo para buscar a cierta castaña que no respondía sus mensajes.

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Ver a su amigo ubicado cómodamente dentro de su consultorio vistiendo ropas normales, logró apaciguar algo la molestia que sentía al regresar después de una búsqueda nada fructífera.

—¿Quién es el siguiente paciente? —preguntó Ranma al notar su presencia.

— Pacientes — lo corrigió— es una pareja.

—¿Eres consejero matrimonial? — la incredulidad se reflejaba en cada palabra— Aunque no debe ser complicado para ti, tienes un repertorio bastante amplio en ese tema, solo espero que seas bueno dando consejos que en lo particular no sigues.

—¿Lo dices por ti, querido amigo?

El silencio inundo el ambiente. Ranma gruñó algo por lo bajo esquivando su mirada con molestia, gracias a que llamaron a la puerta en ese instante evitó que lo siguiera molestando. Discutir con el pelinegro era uno de sus pasatiempos favoritos, aunque este en sus respuestas lo terminara masacrando.

—Doctor Hibiki ¿ya puedo hacer pasar a los pacientes? —consultó una mujer mayor, quien desarrollaba el puesto de secretaria.

Con un asentimiento de cabeza accedió emocionado, esta sería su primera vez, rogando poder desempeñar un buen papel y brindar buenos consejos.

Era palpable la molestia de la pareja, la cual se reflejaba en sus rostros al tomar asiento frente a ellos. Ranma detalló a cada uno a simple vista no demostraban tener más de veintiún años, eran tan jóvenes para tener echarse la soga al cuello.

— ¿En que los puedo ayudar? — cuestionó Ryoga después de terminar de anotar los datos necesarios para llenar la ficha para abrir el expediente.

— Él es el problema, su actitud me tienen cansada —señaló con la cabeza, hacia su pareja. —, después de años de relación, se sigue comportando como un "extraterrestre pervertido del planeta de las feromonas" * y ni hablar de sus celos.

Ranma casi se ahoga por contener a duras penas la risa ante el apodo aportado por la mujer, destacando que era muy original.

— Sigues resentida porque no quiero que trabajes de maid— rebatió con suficiencia haciendo que sus ojos verdes esmeralda brillaran—. Estando a mi lado no lo necesitas, estaremos bien económicamente.

Ryoga, sin perder nada de lo que escuchaba, comenzó a anotar algunas cosas, a su lado Ranma hacía lo mismo, después de sacudir su cabeza en forma negativa y poner en letras grandes y resaltantes "Machista". Arrugó el ceño con molestia él no consideraba que fuera la palabra para definir el actuar del rubio sino uno más a protector.

— Nunca me interesé en tu dinero—gruñó la pelinegra—Después de tantos años juntos, creí que me entenderías, pero veo que no es así. No sé si es aconsejable que sigamos con esto. — mencionó con tristeza señalándonos a ambos.

Hibiki estaba por intervenir, pero su amigo le ganó en tomar la palabra

—Usui, estas cometiendo un error —interrumpió con clara molestia—. No puedes interponer tú deseos sobre los de tu pareja. Puedo entender que la ames y quieras protegerla, pero no puedes mantenerla en una caja de cristal.

—Pero…

—Tarde o temprano terminara odiándote si sigues por ese camino. Recuerda que del amor al odio hay un solo paso— siguió ignorando la interrupción del joven—, y una vez que eso sucede, no hay regresó posible.

El silencio incomodo por parte del paciente basto para entender que había captado la idea.

— Y tu Misaki, entiendo que seas alguien que sepa defenderse en la vida, pero si sigues con esa actitud perderás una persona que está dispuesta a dar todo por ti y terminaras sola viviendo rodeada de gatos, que en lo personal me resulta una idea penosa.

—Entiendo—musitó avergonzada por el regaño recibido.

El desconcierto en el rostro del castaño, era grande puesto que, aunque había sido directo, fue sincero sin encontrar ninguna ironía.

—En resumen, tengan una larga noche de sexo desenfrenado asi descargan sus tensiones. Está comprobado científicamente que el estado de relajación obtenido después de eso el ser humano libera la oxitocina, también conocida como la hormona de la felicidad, en conclusión, podrán hablar con mayor tranquilidad.

Iba tan bien—pensó apesumbrado Ryoga.

Minutos más tarde, después de despedir a la pareja de jóvenes. Ranma le brindó a su amigo una sonrisa de superioridad, ya que el rostro del rubio demostraba que estaba más que dispuesto a seguir las indicaciones dadas con su prometida, resaltando con honores el apodo que recibía de parte de ella.

—No todo se resuelve con sexo —lo reprendió con molestia—. Solo con ver la reacción de la Ayasawa es obvio que le dará una paliza antes.

—Contigo resulta efectivamente—Ranma levanto las cejas con sugerencia—. Es una chica lista, te apuesto lo que quieras que ella lograra imponer sus decisiones. El poder de una mujer es grande.

Sin ganas de seguir, debatiendo más, gruñó por lo bajo antes de sentarse en su silla. Observó al pelinegro quien terminaba de guardar lo utilizado, asi a simple vista no demostraba ser preso de sus temores.

—Ya hemos terminado por hoy— anunció al ver la hora en su reloj de muñeca—. Mañana te esperó a la misma hora. Me voy a almorzar, muero de hambre.

—¡Maldición! — gritó de repente al recordar algo o mejor dicho a alguien importante.

Sin notar que el pasillo estaba desierto a esas horas, debido a que la mayoría de los empleados debían estar disfrutando de sus almuerzos, llegó hasta el ascensor con pasos rápidos, al llegar presionó reiteradas veces el botón sin obtener respuesta, sin ánimos de esperar dobló sentido a las escaleras.

Ryoga negó con la cabeza, feliz del comportamiento del pelinegro, en menos de cinco minutos debido a la prisa que llevaba había hecho varias cosas sin prestarle importancia a los gérmenes.

— ¡Ah!... el poder del amor—musitó emocionado.

Por más que Ranma creía que podía engañarlo, era obvio que este estaba interesado en cierta peli azul.

Con la respiración agitada a causa del esfuerzo realizado frenó de golpe al llegar al escritorio de su secretaria, llevándose la sorpresa de que este estaba vacío. Palpó sus bolsillos en busca de su celular, de repente recordó que al no tener donde guardarlo, lo dejó en su portafolio.

Al ingresar a su oficina, fue directo a sacarlo, al desbloquearlo notó que tenía varias llamadas perdidas y mensajes de Akane, disculpándose por no poder concurrir ese día debido a que estaba resfriada. Había estado tan ensimismado esa mañana en sus sesiones que no había notado su ausencia.

El cursor titilaba esperando a que se decidiera a escribir para preguntarle si necesitaba algo, exclamó una maldición entre dientes temiendo así quedar al descubierto o peor que lo rechazara.

Brincó en su sitio debido al sonido del aparato, casi por milagro no lo deja caer de su mano, rechazando la llamada al notar que era de Ryoga, minutos después le envió un mensaje con una sola frase: "Mañana fuera de las instalaciones".

—Me estoy arrepintiendo de esto—musitó abatido, sin querer imaginarse lo que podría acontecer al día siguiente.

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A la mañana siguiente, al salir de su departamento Ryoga lo esperaba en el vestíbulo cómodamente sentado, apenas notó su presencia se acercó con paso decidido.

—¿Por qué me hiciste vestir así? —cuestionó a modo de saludo, al estar frente del castaño.

Antes de irse a dormir había recibido un llamado donde le solicitaba que vistiera casual en cambio, el idiota de su amigo no lo hacía.

—¡Buenos días!, primero se saluda o ¿acaso dormimos juntos?

Ranma gruñó por lo bajo, antes de darse media vuelta caminando hacia el estacionamiento, sinceramente no tenía ganas de envolverse en una discusión a esas horas. No sintió la necesidad de girarse para saber que Ryoga lo seguía, reconocía a la perfección el sonido de sus pisadas.

Al ingresar a su automóvil, apenas logró reaccionar al sentir que la puerta de copiloto era abierta.

—¿Se puede saber, que demonios haces en mi automóvil? — cuestionó con dientes apretados, brindándole una mirada furiosa.

—Así comenzaremos la sesión del día. Debes tolerar mi presencia en tu automóvil—Ryoga musitó al abrocharse el cinturón de seguridad—. Además, mi auto estará en el mecánico hasta mañana.

Con cada manera que conducía, era evidente que el pelinegro estaba molesto, tal comportamiento le causaba risa al psicólogo, este sin dudas era el trayecto más extraño para ambos.

—Debe ser una maldita broma—repuso con clara incredulidad al ver el edificio al frente de donde tuvo que estacionar.

—Es un favor para una amiga— se defendió encogiéndose de hombros, antes de salir —. Además, si sobrevives a este ambiente, la fiesta será un juego de niños.

Ranma hizo una mueca ante el doble sentido que tenía esa oración. Apurado salió de su automóvil, al ver que el castaño se le había adelantado.

—Nunca había sentido este aroma — fue lo primero que alcanzó a decir al estar al lado del Psicólogo.

—Es la mezcla de hormonas revolucionadas en la pubertad—aclaró con sabiduría, antes de ingresar a una oficina que tenía el letrero de "Dirección".

Varios murmullos hacían eco a su alrededor, aumentando su incomodidad. Sus iris azules observaban ansiosos la maldita puerta, esperando ansioso que la figura de Hibiki hiciera acto de presencia. Hizo una mueca de molestia por ser el centro de atención de varias adolescentes que no le quitaban la vista de encima.

—Bien, sígueme— indicó de pasada, dejando a un Ranma sorprendido por su seriedad.

Sin perderle el paso, detalló la decoración del edificio sin comprender el por qué era arrastrado a ir a esa clase de lugar. Nunca en su vida había pisado uno y tener la oportunidad de vivir la experiencia le causaba curiosidad.

—Saeko Ninomiya—saludó Hibiki a una mujer que los encontró en el trayecto.

Ranma no alcanzó a detallar la figura pequeña femenina que abrazaba con fuerza a su amigo, conociéndolo podía asegurar que ambos habían mantenido alguna relación en el pasado.

—Saeko, él es Ranma Saotome —comentó emocionado señalando al pelinegro.

—Es un gusto conocerlo, licenciado.

A simple vista demostraba ser una mujer pequeña, su cabellera castaño claro se agitó por la rapidez del movimiento de respeto hacia él, sus ojos marrones brillaron al levantar la vista, extrañándose que vistiera ropa casual.

—El placer es mío —musitó incomodo por el comportamiento de femenino, además de la risa irónica de su amigo.

—Síganme, les tengo algo que mostrar—solicitó emocionada.

Antes de procesar era arrastrado por la mujer hasta el exterior. Su sorpresa aumentó al notar la figura que estaba en la pared.

—¿Lo hizo él solo? —cuestionó sorprendido Ryoga, Saeko solo asintió como respuesta—. Es impresionante.

Ranma miraba a sus acompañantes sin entender a que se referían, pero ninguno se tomaba la molestia de explicarle que sucedía.

—Yo ya no sé qué hacer —admitió con pesar—. En mis cinco años como consejera estudiantil, es la primera vez que utilice todos los métodos a mi alcance y nada dio resultado.

—Cerdo aprovechado — murmuró incomodo al girándose y así no presenciar como Hibiki, envolvía a la castaña con un abrazo en un intento de contener los sollozos femeninos.

Después de varios minutos de tener que soportar tal escena y sufrir casi un coma diabético, en medio de sollozos la concejera los guió hasta un salón en el cual un par de adolescentes los esperaban.

—Ellos son Shizuku Mizutari—presentó señalando a una chica de cabello castaño tirando a pelirroja con un peinado anticuado de dos coletas bajas, que se mantenía sumergida en la lectura de un libro—. Y él es …Yoshida Haru— mencionó con voz temblorosa indicando al muchacho. *

Con un movimiento rápido se puso de pie, acercándose de manera amenazante a la mujer

—¿Qué haces aquí? ¡vete! —murmuró con molestia.

Ranma apenas notó como Ryoga se interpuso frente al estudiante, evitando que siguiera avanzando. De repente escuchó un "Lo dejo en sus manos" antes de que la puerta se cerrara. Odiaba la sensación que lo embargaba, era como si lo ofrecieran en sacrificio.

—Haru, siéntate— ordenó Mizutari sin dejar de leer.

Para sorpresa de ambos, este le hizo caso, aunque murmuró algunas maldiciones antes de hacerlo.

—Lee esto— comentó Hibiki entregándole una carpeta.

A medida que sus ojos azules se perdían entre las líneas, se asombraba por todo lo que decía, quien creería que Yoshida siendo alumno de primer año golpeara a uno de tercero y que la marca de la pared era obra del pelinegro.

—¡Deja de mirarla! —gruñó molesto—¡Ella es mía!

Esa amenaza captó la atención de Ranma, e hizo una mueca ante el comportamiento del chico.

—No tengo ningún interés en tu amiga — la voz del psicólogo era suave pero firme.

Ranma quiso golpearlo, esas palabras no eran las indicadas para calmarlo y lo comprobó al ver que el ceño del pelinegro se fruncía.

Apenas logró reaccionar con rapidez, un ardor en su mano derecha comenzó a notarse.

—Tranquilo, chico bonito—advirtió con voz neutra. Aumentando la fuerza en un intento de contener el puño que iba dirigido a su amigo.

Los ojos grises del pelinegro reflejaban la sorpresa, solo fueron unos segundos antes de arremeter con el otro puño, siendo detenido también. No estaba seguro, pero creyó escuchar gritos femeninos.

—Sé que estás enojado con la vida—empezó a hablar—. No sé cuál es la causa de ello y siendo sincero no me importa, pero si sigues en este plan la perderás.

Al ver que Yoshida empezó a dudar, era claro que sus palabras le habían afectado, debía seguir presionándolo.

—A las chicas les gustan los chicos malos, pero no los que se comportan como idiotas. Cuando te des cuenta será demasiado tarde y la terminaras perdiendo.

Al ver como una lagrima descendía, aflojó lentamente el agarre hasta que lo soltó por completo.

—Tienes muchas personas que te quieren, no te resguardes entre paredes de violencia—le aconsejó revolviéndole el cabello en un gesto cariñoso, a pesar de que ambos tenían la misma estatura—. Estoy seguro que Saeko vio eso en ti, y aunque es extraña y tiene mal gusto a sus relaciones personales, ella quiere lo mejor para ti, y quiere ayudarte.

—¡Oye! —protestó su amigo a su costado.

La risa natural de Ranma inundó el salón, contagiando a Haru en el proceso, satisfecho con lo obtenido le guiñó un ojo en forma cómplice antes de decirles que se podían marchar.

—Wow, en cuestión de minutos calmaste a la bestia— musitó asombrado Ryoga cuando ambos estuvieron solos.

—Es su método de defensa, Haru en el fondo tiene sentimientos nobles y no se envuelve en una coraza para cubrir sus inseguridades.

Se contuvo de decir, que seguramente Yoshida en un futuro usara la información de la relación de ese par para su propio beneficio, lamentándose de no poder disfrutar de esas escenas.

Tiempo más tarde desde la comodidad de su auto, observaba como Saeko abrazaba emocionada a Ryoga en la entrada del instituto. Ranma recordaba pensativo la peculiar personalidad del adolescente ya que de una forma extraña se sentía identificado con Yoshida, ya que seguramente si hubiera tenido la oportunidad de estudiar en un colegio como una persona normal se habría comportado de la misma manera. *

—Necesito que me lleves a un lugar— solicitó su amigo al ubicarse en el asiento de copiloto.

—No te acompañare a comprar condones —advirtió molestó al poner en marcha el automóvil.

—No me refería a eso. Además, los consigo gratis—comentó emocionado.

—Tacaño.

— Ya, necesito que me lleves a la clínica— comentó con seriedad.

Minutos más tarde, estacionó frente al edificio, Ryoga lo miró con curiosidad.

—¿No vas a entrar? —cuestionó.

Ranma solo negó con la cabeza, no tenía razón para hacerlo, ni siquiera Akane se encontraba allí, ya que la noche anterior él le avisó que no fuera, él no estaría en las instalaciones y de paso tendría un día más para descansar.

—Entiendo, mañana temprano te esperó en mi oficina, es la última sesión y en la noche la gran prueba.

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Si le hubiera prestado más atención a su sexto sentido, no estaría en esa posición. Había dejado que sus emociones nublaran su sentido común, al grado de pasar por alto el brillo de malicia en la mirada de su amigo, cuando hizo acto de presencia en su oficina para la última sesión.

Tenía una mezcla de sentimientos, los cuales aumentaron al ver la presencia de su secretaria, a la cual solamente había alcanzado a saludar ya que se le hacía tarde.

—¡No me hagas esto! —suplicó con dolor a su amigo.

El chirrido de sus talones contra las baldosas, captaban la atención de todos los que lo veían, varios murmullos se escuchaban ya que la escena que ambos estaban desarrollando era extraña.

—No te va a pasar nada— comentó con fastidio por el esfuerzo de empujar al pelinegro, valla que tenía que hacer fuerza.

—Te comprare una colección de la Peppa pig, si me evitas esto— hizo otro intento, apelando sobre una de las debilidades.

En un vano intento afirmó con más fuerzas sus talones, maldiciendo por lo bajo al que realizaba el enceramiento del piso.

—¡Ryoga, hermano, te quiero! —exclamó nervioso al estar cerca del lugar que más odiaba —¡Haré lo que quieras!, pero no me lleves allí— su voz empezaba a quebrarse por el pánico que sentía.

—¿Lo que yo quiera? — Hibiki preguntó con picardía.

—No haré un trio contigo y Ukyo, ¡es asqueroso!

—¿Por quién me tomas? — murmuró deteniéndose de golpe.

Ranma creyendo que había logrado salir victorioso, palideció al percibir el aroma a comida y antes de darse cuenta estaba frente a la puerta que tenía el letrero "Cocina".

Al ver que Ryoga estaba abriendo la puerta, se dio media vuelta dispuesto a correr, pero una fuerza que lo sujetaba del brazo detuvo su huida

—Vamos, no seas gallina—gruñó tirando con más fuerza, pero Ranma negaba con la cabeza, mientras su brazo libre se sujetaba del marco de la puerta—. Si aguantas diez minutos, la prueba será superada.

—¿En qué puedo ayudarlos? —cuestionó una tercera, curiosa por lo que veía.

—Señora Colongne. —un avergonzado Ryoga se inclinaba en saludo, soltando al pelinegro quien aprovechó la oportunidad.

—¡IDIOTA! —gritó Ranma mientras corría a toda la velocidad que le daban sus piernas.

Siendo consciente que elegir el elevador no era una buena opción, fue directamente a las escaleras, al abrir la puerta alcanzó a divisar la figura del castaño quien corría también. Con destreza descendió de dos en dos los escalones.

Al llegar al piso indicado salió emocionado, al doblar la esquina divisó a su secretaria que apenas lo vio se puso de pie.

—Licenciado Saotome—lo llamó al estar cerca de ella.

—¡Ocupado! —respondió antes de cerrar la puerta de su oficina.

Akane parpadeaba confundida ante el comportamiento de su jefe, ella solo quería entregarle el expediente, la respiración agitada de alguien a su lado la asustó, pues Ryoga estaba apoyado en la pared tratando de tomar algo aire.

—Ese maldito si… que es rápido—comentó con la voz entrecortada molestó, por no poder darle alcance a la vez sorprendido por la agilidad de su amigo no cualquiera podía correr asi vistiendo traje.

Con determinación se puso de pie y caminó dando zancadas pesadas hasta la puerta y al ver que estaba cerrada empezó a golpearla con su puño.

—¡Eres un cobarde! —gritaba a la vez que golpeaba—. Acabas de mandar todo avance al diablo, con tu actitud inmadura.

Esperó varios minutos y al no ver reacción de parte de su amigo, terminó por darse por vencido.

—Esperó que esta noche, no vayas a faltar, porque si no ya no seré tu amigo— habló con firmeza antes de irse.

Continuara…


N/A:

¡Hola!, vaya este capítulo me salió más extenso de lo que deseaba, pero me siento satisfecha con él.

Como notaron aparecieron personajes de otros animes como Totosai de Inuyasha sé que así a simple vista no tiene sentido como la aparición de Kikyo, pero sus apariciones se explicaran en un futuro. Bueno ahora aclararé los (*) que utilice:

El primero, fue para marcar la frase famosa que utiliza Misaki con Usui en el anime Kaichō wa Maid-sama.

El segundo para señalar los personajes principales de Tonari no Kaibutsu-kun.

El ultimo es un guiño a la personalidad de Ranma tiene en el anime, por si no lo notaron ambos comparten algunas características.

Quiero agradecer a Sheila nuevamente, por brindarme su ayuda para que esto quedará decente para poder leerse.

Ahora responderé a los comentarios:

Benani0125: Muchas gracias por tu comentario, es verdad lo que dices, aunque creo que este capítulo Ranma evolucionó mucho. Esperó disfrutes de la actualización.

Mei: Gracias, por tus deseos yo también esperó lo mismo estoy demasiada asustada. Sobre Akane ya veremos avances en el próximo capítulo ¡lo prometo!

Rj45: Es cierto, Akane ya lo cambio, también que el T.O.C. no tiene cura. Pero en este capítulo dejé algunas pistas de como él puede superarlo sin darse cuenta, más adelante se explicará bien cuando él lo confiese.

Guest: Hi! ... I'm not a fan of Ranma for Nabiki. Ranma is the defendant's lawyer, Kuno is the one who had a relationship, in chapter four I made a mention of it. Sorry if I confused you and hoped to have clarified that point. Thanks for comment.

Nancyricoleon: coincido contigo Ranma no pega una, aunque su suerte empezará a mejorar o eso esperó

Sin más que decir me despido, no sé cuándo actualizaré, pemañana comienzo con mis estudios médicos y ruego que todo salga bien, pero en el dia me hago tiempo para avanzar en los siguientes capitulos, siempre que mi tiempo y mi pierna colaboren. Ya saben cualquier duda que tengan me preguntan.

¡Que tengan un lindo dia!