T.O.C.
DISCLAIMER:Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko. Yo solo los tome prestados para realizar esta historia. También tomare prestados personajes de otros animes. Este es un U.A.
Capítulo Once: Verdades
A medida que cada segundo transcurría, el silencio en la habitación aumentaba la incomodidad entre ellos. Ranma miraba con incredulidad a la peli azul, tratando de procesar lo que acababa de escuchar, de la amplia variedad de posibilidades que podrían explicar su comportamiento, esta había terminado por elegir la más fácil, por no decir que era el más cliché que existía.
Akane por su lado al notar el desconcierto en el rostro del pelinegro, le recorrió un estremecimiento por completo al notar su error.
—No eres Gay —musitó avergonzada de haberse equivocado.
—Obviamente no lo soy—gruñó con molestia al cruzarse de brazos—. Creí que después de lo de anoche había quedado más que claro.
Ranma exhaló un fuerte suspiro en un intento de tranquilizarse para no seguirla embarrando. Cuando Nabiki se apareció en su departamento reclamando, no se imaginaba a la conclusión tan descabellada a la que había llegado la peli azul. Definitivamente la castaña le ocultó lo más importante, literalmente se sentía como un soldado que fue enviado a pelear una guerra con las manos vacías. Los deseos de estrangularla no le faltaban, pero no podía llevarlo a cabo, pues para su mala suerte era la hermana de la mujer que le gustaba.
«Uno no elige a la familia» pensó abatido al imaginarse que posiblemente en el futuro tendría que aprender a sobrellevar esa clase de situaciones.
Sacudió la cabeza ante eso, y cuando miró el lugar donde estaba antes la peli azul estaba vacío, ella estaba en la cocina sacando un par de tazas de la estantería y comenzaba a lavarlas.
—¿Qué haces? —cuestionó con curiosidad.
— Preparar café ¿quieres uno? —ofreció con una sonrisa nerviosa.
Ranma solo asintió dejando que el sentimiento de ternura lo envolviera por completo al notar los cuidados que ella empleaba solo para no incomodarlo. Aunque, si era sincero lo hubiera aceptado de todas maneras sin tanto procedimiento de por medio, confiaba demasiado en la peli azul.
El chirrido del cuero del sofá al sentarse tomó por sorpresa a Ranma, si con ese simple movimiento hacia ese sonido no quería imaginarse los que la noche anterior ambos ocasionaron, aunque si era sincero estaba demasiado ocupado como para percibirlos.
Ranma contemplaba el vapor que salía de la taza entre sus manos, tratando de buscar las palabras correctas para empezar a hablar.
—No te sientas presionado —musitó Akane a su lado.
Ranma negó con la cabeza antes de llevarse la taza a sus labios, cuando el líquido caliente inundó su boca, dejó que sus papilas gustativas se deleitaran, sorprendido de como unas simples gotas de vainilla podían realzar el sabor, prometiéndose que cuando viera a Hibiki le propinaría un buen golpe por haber evitado que la vez pasada le quitara la oportunidad de probarlo.
—Esta delicioso —admitió no por darle un cumplido, pues él era un adicto a la cafeína y bastante quisquilloso a la hora de beberlo.
Un nuevo silencio surgió entre ellos. Akane evitaba mirarlo para no presionarlo, prefería esperar hasta que deseara hablar, aunque la curiosidad la consumiera por dentro, le daría su espacio.
—Mi madre tenía T.O.C.— empezó a hablar atrayendo la atención de su acompañante—, pero su padre no aceptaba su condición.
El que hablara en tiempo pasado con respecto a su madre, provocó que la tristeza naciera al comprender que él estaba solo.
Ranma recordaba como con tan solo ocho años le reclamaba entre lágrimas a su nana el por qué su madre se comportaba de esa manera con él. La mujer solo lo justificó como algo muy común en una persona adulta y que él lo entendería cuando creciera.
—Tuvo una vida difícil —prosiguió—, pero mi madre se las ingeniaba para complacerlo, lamentablemente sus esfuerzos no eran suficientes, los reproches continuaban, la tachaba de caprichosa si en algo se rehusaba. Un día a ese hombre le diagnosticaron cáncer y para acceder a dejarla a cargo de la clínica pidió como condición que se estableciera, verla realizada en una familia ya que antes de morir deseaba poder ser abuelo.
La manera tan impersonal que empleaba Ranma para dirigirse a ese hombre la estremecía al comprender que le tenía rencor.
—Al comienzo ella se rehusó, su condición le impedía estar tan cerca de las personas por largos tiempos, llegaba a hasta ocasionarle crisis —murmuró con tristeza ya que cuando él nació lo padecía varias veces en carne propia—. Entonces busco la única solución factible, fue a una clínica de fertilización asistida, el dueño era un antiguo compañero de Universidad.
—¿Fertilización in vitro? —preguntó sorprendida. Ranma negó.
—Alquiló un vientre y para no levantar sospechas le mintió a su padre de un viaje, nueve meses después regresó conmigo, dos meses después el falleció.
Ranma empuñó sus manos con fuerza, tratando de aplacar el dolor que le ocasionaba recordar como su vida cambio al encontrar la documentación del procedimiento, Nodoka Saotome no solo no toleraba su presencia, sino que no lo quería, fue criado por su nana, mientras que su madre permanecía la mayoría del tiempo en el trabajo o encerrada en su habitación.
—A pesar de vivir bajo el mismo techo, éramos dos desconocidos.
Pero en las ocasiones que coincidían solo se dedicaba a regañarlo e imponerle sus costumbres de limpieza e higiene, su niñez la vivió dentro de las paredes de la casa, al obtener la edad escolar no fue un cambio significativo en su rutina, tomar clases particulares fue la decisión de su progenitora, desde los cinco años tuvo que ver más de diez tutores, cada año era uno diferente.
—En mis tiempos libres me gustaba ver series donde los abogados lograban sacar casos difíciles, asi decidí mi profesión.
Una a una las lágrimas empezaron al deslizarse por las mejillas de Akane que, aunque Ranma no especificaba mucho, era fácil imaginarse las cosas que podría haber padecido y que estas al ser tan dolorosas prefería no contarlas.
—Hace poco fue el quinto aniversario de su fallecimiento, y lo más gracioso es que no provoca ninguna clase de sentimiento en mí. Es más, siento que con su partida fue como si desaparecieran las cadenas invisibles que me apresaban.
—Lo siento —musitó Akane apoyando su mano sobre la de Ranma.
—Ya no me afecta, creo que me acostumbre, además es parte de mi pasado —admitió con sinceridad correspondiendo al gesto al afirmar su agarre.
A pesar de que la muerte de Nodoka Saotome no significaba nada, no podía evitar que cierto resentimiento siguiera ahí latente por tener que soportar que ella se desquitara con él, marcándolo profundamente al heredarle sus miedos y fobias.
Además, aunque quisiera no podía dejar su pasado atrás como algún recuerdo, estaría unido a ella por siempre. Odiaba esa clínica, por eso le cedió el puesto a Hibiki apenas la tuvo en sus manos, pero para que el Psicólogo aceptará tuvo que acceder a permanecer en las instalaciones, así podría ejercer su profesión.
—Te daría un abrazo, pero no quiero hacerte sentir incomodo —admitió Akane con tristeza.
Ranma la miró con ternura y de un rápido movimiento la atrajo hasta su pecho. Akane dejó que la colonia masculina inundara sus fosas nasales, ocasionándole un estado de relajación y sin poder evitarlo sus brazos envolvieron con fuerza el torso del pelinegro.
—¿Realmente creías que era Gay? —cuestionó Ranma de la nada.
Akane solo asintió con la cabeza, tratando de acomodarse en una posición cómoda para poder escuchar con más claridad como los latidos del corazón del pelinegro empezaban a arrullarla como a un bebé.
—Vaya, eres más despistada de lo que imaginaba.
Akane apenas levantó la cabeza para mirarlo ese par de lagunas azules la contemplaban con diversión, provocando miles de cosquillas en su estómago.
—¿De que estas hablando? —cuestionó curiosa.
—Llevo meses atrás de ti —admitió con un leve rubor en sus mejillas, pero la peli azul parecía no querer entender —. Te estoy diciendo que me gustas.
Ver como la mirada de Akane empezaba a cristalizarse, le ocasionó cierto temor de que tal vez estaba apresurando las cosas o tal vez ella no sentía lo mismo.
—Perdón no debí decir eso —se disculpó con tristeza, tratando que su voz no se quebrara al hacerlo, mientras sus brazos lentamente se alejaban del cuerpo de Akane.
Bien esta era una posibilidad que podía ocurrir admitió con pesadez, ser rechazado no era una sensación agradable, pero por alguna razón el poder decirlo liberó algo la presión en sus sentimientos.
Estaba tan perdido en sus emociones, que se sorprendió al sentir como la peli azul lo sacudía con fuerza, la miró temeroso.
—¡Idiota, te estoy diciendo que tú también me gustas! —el gritó de Akane retumbó con fuerza dentro de toda la habitación.
—¿Q-que acabas de decir? —tartamudeó con incredulidad al no creer lo que escuchaba.
—Que me gustas —murmuró agachando la mirada avergonzada.
Invadido por la emoción, Ranma con cuidado posó su mano en la mejilla femenina tratando de creer que no estaba soñando, cuando sus miradas hicieron contacto sonrió aliviado, se sentía completo con ella y sin poder aguantar se fue acercando hasta que sus labios se unieron en un beso.
Su corazón latía emocionado, era claro que la única persona que podría ayudarlo y sobretodo comprenderlo era la mujer que estaba en sus brazos en ese momento.
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A pesar de no haber dormido casi nada en la noche, la sonrisa en el rostro de Ranma no desaparecía, al llegar a la entrada del estacionamiento, donde el guardia debía levantar la barrera, esperó pacientemente a que este apareciera, cinco minutos más tarde lo vio que corría apurado por su descuido.
—Mil disculpas Licenciado, Mioga necesitaba ayuda —habló de pasada y segundos más tarde le concedió el ingreso.
—No te preocupes —le restó importancia a lo sucedido con una sonrisa amplia.
Mioga desde su lugar miraba interrogante el comportamiento, quien al cerrar la puerta del auto lo saludó de pasada antes de ingresar al elevador que todos utilizaban.
—¿Qué bicho le habrá picado? —cuestionaron a su lado.
El hombre mayor negó con la cabeza sin entender lo que acababa de presenciar, pero podría jurar que lo había escuchado silbar.
A medida que avanzaba por el pasillo se encontró con varios empleados que lo miraban con curiosidad hasta con temor, era la primera vez que el pelinegro los saludaba en tantos años que trabajan allí.
Al pasar por la recepción, fue consiente como la mirada de Shampoo, lo siguió todo el trayecto hasta que lo perdió de vista, obviamente no la saludo, que estuviera de buen humor no quería decir que cometería la estupidez de que la mujer creyera cosas erróneas, que podrían causarle problemas a futuro.
Su buen humor aumentó considerablemente al estar cerca de su oficina, desde ese lugar podía contemplar fácilmente a su secretaria quien acomodaba las cosas sobre el escritorio.
—Señorita Tendo, necesitó hablar con usted —avisó asustando a la chica en el proceso.
Apenas ingresó con rapidez dejó el maletín en su escritorio y una idea traviesa surco por su cabeza al mirar la puerta.
Con manos temblorosas Akane agarró la agenda y una lapicera, se frenó al quedar parada frente a la puerta, miró a ambos lados del corredor y al comprobar que no había ningún curioso ingresó sin llamar.
Pero al no ver al pelinegro, creyó que podría estar en el baño iba a llamarlo cuando algo le sujetó de la cintura.
—No te imaginas como te extrañaba —murmuró contra su oído enviando un estremecimiento a todo su cuerpo.
—Ranma alguien puede entrar —susurró con las mejillas sonrojadas, y al escuchar el clic del seguro de la puerta estas empezaron a calentarse.
Ranma apoyó su mentón en el hombro de su novia, era increíble lo bien que se sentía al saber que había logrado tenerla a su lado, aspiró con fuerza el aroma a vainilla que desprendía el cabello azulado.
—Creí que anoche teníamos un acuerdo —mencionó Akane.
Ranma negó al recordar el acuerdo de mantener las apariencias en el trabajo algo con lo que no estaba de acuerdo, pero no quería que rumores maliciosos empezaran a surgir sobre ella y por esa razón terminó accediendo.
Su cabeza tenía en claro la situación, pero ni su corazón ni su cuerpo querían cooperar, así que solo se rendía ante ellos. Algo ilógico ya que estuvo hasta tarde en la casa de ella, tal vez al ser un novato en el tema influenciaba de más, pero algo le decía que ese estado no cambiaría a pesar de que el tiempo transcurriera.
Un escalofrió lo recorrió al darse cuenta que a este paso su comportamiento sería igual o hasta peor que el que tenía Ryoga.
La melodía en su celular en el bolsillo de su pantalón le hizo maldecir por lo bajo, al tener que hacer malabares para lograr sacarlo y que la peli azul no se escapara de su agarre.
—¡Genial! —gruñó al ver el nombre de su amigo en la pantalla, como si lo hubiera invocado.
—Deberías atender —sugirió Akane. Ranma negó—. Podría ser algo importante.
Ranma protestó al ver como ella se soltaba. Akane comenzó a reír divertida y se acercó a darle un rápido beso antes de quitar el seguro y salir de la oficina.
—¡Mas te vale que sea de vida o muerte! —gruñó al responder.
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Al ingresar a la oficina presidencial de la clínica, Ranma no se inmutó por el silencio y la oscuridad que había dentro de la habitación, sin dudarlo apresuró el paso hasta las ventanas para levantar las persianas metálicas.
—No era necesario que hicieras eso, no ves que estoy mal —gruñó Ryoga tratando de cubrir sus ojos con sus brazos, le afectaba la claridad.
—¡Eres el rey del drama! —la ironía era palpable en su tono de voz.
—Insensible ¿no ves que me estoy muriendo?
Ranma se encogió de hombros, antes de acercarse al nuevo escritorio que adquirió el día anterior, desde ese lugar podía contemplar detalladamente la apariencia del psicólogo recostado sobre el sofá. Ryoga siempre fue demasiado dramático y varias veces llegó a pensar que eligió la carrera equivocada. Lo que le estaba pasando era algo demasiado común, aunque al principio era doloroso con el pasar de los días se hacía más tolerable, sin mencionar que la fortaleza del castaño era inquebrantable.
Cuando Ryoga lo miró a duras penas logró contener las ganas de reírse en su cara, pero era algo difícil no ceder ante la tentación, era graciosa su apariencia de sus ojos rojos, junto a su nariz hinchada.
—No es gracioso —gruñó al desechar un pañuelo usado en el cesto de basura que estaba al lado del sofá.
—Tu estado es deplorable ¿por qué viniste? —preguntó con molestia.
—Porque soy muy responsable —ambos empezaron a reír, ya que era una mentira.
—Solo quieres ser el centro de atención y que las enfermeras se ofrezcan para mimarte.
Ryoga esquivó su mirada avergonzada. Ranma rodó los ojos con fastidio, su amigo demasiado predecible, pero su estado no solo llamaba la atención, sino que provocaba lastima.
Un escalofrió le recorrió por completo al ver que se levantaba y comenzaba a acercarse a él.
—¿Qué diablos estás haciendo? —cuestionó con nerviosismo levantando sus manos como una barrera para evitar su avance.
—Voy a agradecerte por este hermoso detalle —aclaró emocionado acariciando la superficie del mueble de roble, después siguió avanzando abriendo sus brazos en una muda invitación.
—Con tus palabras es más que suficiente— admitió al esquivarlo, no dejaría que lo abrazara.
—Creí que lo habías superado — inquirió curioso.
Ranma solo asintió al seguir retrocediendo, pero el que estuviera mejorando en su T.O.C. no significaba que lo quisiera cerca con la apariencia que tenía.
—Eres cruel, ¿no ves que estoy mal? ¡Te necesito! —gritó con tristeza.
—¡Maldición Ryoga, solo tienes gripe!
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Akane releía con incredulidad el documento en la pantalla de su computadora, sin creer que esa eran las líneas que ella había escrito la noche anterior, su propia carta de renuncia.
—Ya no necesito esto —susurró emocionada al eliminarlo, solo de recordar lo acontecido con el pelinegro una sonrisa se curvo en sus labios.
Le costaba creer como en menos de veinticuatro horas, su estado sentimental haya cambiado con rapidez, si no fuera porque Ranma apareció de improviso en su departamento la situación sería diferente.
Estaba conmovida por la confianza que él depositaba en ella, ya que seguramente le costó mucho contar su pasado, mucho más si este era doloroso, se prometió que trataría de cicatrizar las heridas que su madre dejo en él.
—Disculpa, ¿Ranma Saotome se encuentra en su oficina? —preguntó una voz masculina.
Akane buscó a la persona que preguntaba, parpadeó confundida al verlo parado hablando con una planta cerca del ascensor. Se levantó para acercarse al hombre, cuando las puertas del elevador se abrieron y de adentro salía el joven abogado.
—¿Mousse? —cuestionó mirando al hombre – ¿Que estás haciendo?
—Saotome, estaba hablando con tu secretaria —declaró con molestia—, pero aquí entre nosotros, no es muy habladora que digamos.
Ranma negó con la cabeza, al acercarse al joven y colocarle las gafas en su lugar, no entendía por qué se las quitaba ya que sin ellas no veía nada.
— ¡Oh! —exclamó avergonzado al notar su error— Lo siento —se disculpó al ver a la peli azul.
—Si como sea, esa es la puerta de mi oficina —señaló la ubicación, evitando que se acercara a su novia—, ve entrando yo tengo algo importante que decirle a mi secretaria.
Akane sonreía nerviosa al escuchar como el hombre soltó un "es tan amargado" cuando paso frente a ella.
— ¿Que es tan gracioso? —preguntó Ranma al llegar a su lado— ¿Acaso te parece atractivo?
Akane parpadeo confundida ante la molestia de su novio, ¿la estaba celando?, miró a su alrededor por si había alguien cerca y al ver que estaban solos se acercó y le dio un beso en la mejilla del pelinegro.
—No seas celoso —comentó divertida al verlo respirar agitado por el contacto, dio un paso atrás cuando él quiso acercarse— ¿Que necesita, licenciado?
Ranma la miró confundido por su brusco cambio de actitud, pero al sentir como las puertas del elevador se abrieron comprendió la razón.
—Licenciado, aquí esta lo que solicitó—habló Kaede la jefa de enfermería, al entregarle una carpeta—. Hoy también faltó a trabajar.
—Gracias, Kaede —mencionó Ranma al ver el nombre de la persona en la primera hoja, eso era lo que necesitaba para deshacerse por fin de Ukyo Kounji.
Kaede solo asintió antes de seguir de largo camino a recepción.
—Te invitó a almorzar —soltó Ranma cuando nuevamente estuvieron solos.
— Me encantaría, ahora ve que te están esperando en tu oficina —Akane evitó que el pelinegro hiciera algo que los delatara.
Ranma la miró con tristeza antes de dirigirse a su oficina, se le iban a hacer eternas las horas que faltaban para poder estar con ella libremente.
—Estas muy lejos de tu puesto de trabajo —mencionó al ingresar y ubicarse en su silla.
Mousse era un quiropráctico que trabajaba en la clínica de Taisho, lo conocía de vista, aunque rara vez cruzaron palabras en las pocas reuniones que se vio obligado a concurrir.
—Mi agenda está muy desorganizada, necesito una secretaria.
Ranma miró confundido al joven especialista, pues no tenía sentido que el viniera a solicitarle eso a él.
—Pídeselo a Taisho, es su responsabilidad —gruñó con molestia por hacerlo perder su tiempo.
—No has entendido —negó con nerviosismo—, la secretaria que quiero está en tu clínica.
Sus manos se empuñaron, si él se estaba pensando en Akane lo iba a sacar a patadas, no permitiría que su novia estuviera en ese lugar.
—Quiero que Shampoo ocupe ese cargo.
Ranma suspiró aliviado y empezó a reír con fuerza.
—Claro hombre, yo mismo me encargaré de hacer el traslado, pero necesito alguien que ocupe su lugar.
—Eso te soluciono hoy sin falta —avisó emocionado al parase y salir con rapidez de la oficina.
Ranma miraba sonriente por la ventana, las cosas estaban saliendo favorablemente ese día para él, en muy poco tiempo estaba por librarse de dos personas que no soportaba ver.
Continuara…
¡Hola! ¿Cómo están?, esperó que bien. Sé que demoré mucho en hacer este capítulo, pero fue difícil lo hice cinco veces y no me gustaba como quedaba y después vino un bloqueó del que me costó mucho salir.
El mes de Julio fue un desastre para mí, me suspendieron del trabajo (por ser bocona). La fuente de mi C.P.U. empezó a hacer un ruido horrible que me alteraba, la logré arreglar semanas después murió, pero aquí sigo firme a pesar de tantos desafortunados acontecimientos.
Bien, ahora explicaré el capítulo. Creo que más de uno ahora estará feliz, por fin Ranma y Akane están juntos.
Sé que Shampoo casi no tuvo participación en la historia y la verdad no iba a tenerla. No tenía pensado que hubiera malos entendidos y peleas, ya era más que suficiente con lo de Ranma.
Esperó haberlos engañado en la escena de Ranma y Ryoga, quería que creyeran que el estado de Hibiki se debía a Ukyo. Además, quería demostrar que hay hombres que son demasiados exagerados cuando se enferman.
Ahora responderé a sus Reviews:
Rj45: ¡Que cruel eres conmigo! (T.T) Lo de Ranma fue impulsado por su Madre quien lo manipuló desde que era un niño, lamentablemente hay personas que hacen eso con sus hijos. Sobre lo del revolcón no sé, pues soy pésima para hacer esas escenas, pero prometo hacer un esfuerzo.
Mei: Gracias por comentar, no dejaré ninguna historia abandonada, aunque me cueste lágrimas de sangre en el proceso las terminaré, sin contar que esta historia no le falta mucho para que terminé. Tengo dos historias más que quiero subir, pero deberán esperar hasta que finalice estas.
Ruth: Gracias por tener paciencia conmigo y esperó que el capítulo te gustara.
Anonimo v: ¿Enserio? Me alegra saber que te gusta, es un mimo para mi corazón, ¡Gracias por comentar!
Caro: Inuyasha tiene una rivalidad con Ranma desde niños, y aquí se explica cómo es que Ranma porque su molestia, pues Inuno fue quien ayudo a Nodoka en su plan.
Nk: ¡muchas gracias!, cuando esta historia se creó en mi cabeza, me pareció extraña y no dejo de darme vueltas hasta que empecé a escribirla.
Muchas gracias por sus comentarios, a los que faltan le responderé por privado. Pero mi mayor agradecimiento es para "Sheila", quien siempre me ayuda en todo y me brinda lo más valioso que es su amistad.
