Capítulo 2

Me encuentro en las empresas Uzumaki, la madre de Naruto ha creado un imperio desde cero. Debo aplaudir todo lo que ha hecho. Le indico a la recepcionista que voy al departamento de recursos humanos, obtengo un gafete de visitante, anoto mis datos en un libro. Miro a mi alrededor, vaya que es una empresa distinguida. Nada que envidiarles a las empresas Uchiha, hasta diría que tiene más poder en el país. Me monto en ascensor con otros más, marco el piso 20. Observo como va vestida la gente, al igual que yo, tienen traje negro, zapato del mismo color y camisa blanca. Todos bajan en el piso 15, una mujer entra. Tiene puesto un vestido que hace resaltar su figura. A pesar de su edad, todavía tiene el toque para que alguien como yo caiga bajo sus pies.

Tengo que concentrarme a lo que vine hacer; hace mucho que no me acuesto con una mujer, y me gustaría volver a las andadas. No pienses en eso ahora. No puedo evitar mirarla, me gustaría estar con alguien que lleva mucho camino recorrido. Se retoca los labios. Acomoda su cabello, es rojo intenso. Desvío la mirada. Mi cuerpo está reaccionando.

—Que gusto volver a verte, Sasuke—sabe mi nombre. Me mira de frente, no puede ser es la dueña de la empresa, la madre de Naruto. Kushina Uzumaki.

—Señora, Uzumaki, disculpe que no la reconociera.

—Vaya que has crecido, no te disculpes, me costó un poco reconocerte.

—Sigue guapa, como siempre—¿por qué le dije eso? —digo, lo siento, yo…

—Hmm, el gran Sasuke Uchiha se puso nervioso—muerde su labio inferior, siento que quiere conmigo; es una locura, es la madre de mi mejor amigo, y sigue casada con Minato Namikaze, prácticamente es el dueño de esta ciudad.

—Vine a buscar trabajo.

—Tienes suerte en encontrarme, te daré el trabajo perfecto. No tienes que ir a recursos humanos, iremos directo a mi oficina— marca el último piso. Al llegar al piso 20 ella apresura cerrar las puertas.

Se lo que va a pasar, lo presiento y no haré nada para impedirlo. Es peligroso meterse con una mujer que tiene dueño. Pero hace mucho que tengo ganas de acostarme con ella. Cuando descubrí lo bueno del sexo, mi atención hacia Kushina Uzumaki no ha disminuido.

—Siempre quise hacerlo en un ascensor. Lástima que haya cámaras.

El ascensor cae directo en la oficina, esto todo un piso. Ella deja el bolso en el sofá, el suelo está alfombrado, hay un mini bar, y tiene una gran mesa redonda, imagino que aquí mismo hace las reuniones.

—Siéntete como en casa, a veces he dormido aquí, soy una mujer que le gusta trabajar mucho. Además aquí no hay cámaras, ya imaginarás todas las cosas que he hecho.

Se sienta encima de la mesa redonda, baja la cremallera de su vestido, muestra su cuerpo desnudo, esta mujer está hermosa, todavía tiene todo firme.

—Sasuke Uchiha, siempre me has atraído, en el momento que me di cuenta que creciste, quise saber lo que es acostarme con jovencito como tu, el popular entre las chicas. Ahora que tengo la oportunidad, no pienso desaprovecharla, no tengas miedo, pruébame.

Voy directo a ella, la beso con salvajismo, estrujo sus senos, juego con sus pezones, paso mi lengua por su cuello hasta llegar hasta sus pezones, me gusta morderlos suavemente, jalarlos con mis dientes. Mis dedos están jugando con su vagina, está mojada, meto dos dedos, tengo que probar, separo sus piernas, ella se acuesta en la mesa, la veo por un momento arquear su espalda, paso mi lengua por sus pliegues, chupo con un poco de rudeza su clítoris. Me gusta escuchar los gemidos de una mujer. Me duele mi erección, necesito metérsela. Me bajo los pantalones, la arrimo un poco hacia a mi, la penetro. Me gusta darle con rudeza, me gusta ver sus senos moverse al movimiento de mis envestidas.

Rayos, no aguanto, hace mucho que no me vengo, saco mi verga y termino encima de ella, veo mi semen en su abdomen y parte de sus pechos. Es excitante lo que veo.

—Sasuke Uchiha. Todavía tienes que el toque.

Es difícil no poder dormir en mi cama. He pasado las noches en un alberge. Que difícil es saber que ya no tengo a alguien que me apoye. Le pedí a mi madre que me diera algo de dinero para conseguir un lugar a donde dormir. Se que cometí un terrible error, pero creo su reacción es extremadamente dura. Mi madre me desprecia, es como si hubieran esperado a que cometiera algo imperdonable para deshacerme de mi.

Tengo que salir de este lugar, no soporto tener que compartir un cubículo con un desconocido. Meto lo poco que tengo en un bolso y me voy. Ya es de noche, hace mucho frio. Hay un basurero, busco en el algo de comida, consigo un envase que tiene trozos de pollo con salsa y patatas asadas. Es impresionante como tengo la valentía de comer algo tirado en la basura. Es el tercer día que como así, la primera vez vomite, pero ya mi estómago asimila algo contaminado por el simple hecho de sobrevivir.

Veo un parque de niños. Me meto en una construcción que tiene forma de iglú, a pesar de tener una forma abovedada no hace que el frio sea menos intenso. Me acurruco.

Es casi imposible tratar de dormir cuando escucho las risas de personas que confiesan el consumo de drogas. Y tienen armas, escuche como quitaban el seguro a una. Me asomo para verificar que no haya nadie, aliviada por estar sola salgo del iglú. Me siento en un banco, miro el cielo. No puedo evitar llorar, no puedo creer que esto esté pasando, de la noche a la mañana pase de una chica rica a estar en la calle sin nada.

Tengo que buscar un trabajo, no es tiempo de lamentarme. Entro a un baño público, como puedo me limpio, hago un cambio de ropa. Voy al centro comercial, paseo por el lugar, busco tiendas que estén solicitando empleados, no es mi día de suerte.

Nuevamente escarbo entre la basura para encontrar algo que calme mi hambre. Encuentro un poco de lechuga. Me da mucho miedo tener que comer esto, pero me está siendo insoportable aguantar el dolor. El sabor es terrible, tanto así, que termino por escupirlo.

—¡Ya basta de esto! —grito de impotencia por no poder comer algo digno y por la injusticia del castigo. Tengo que volver a casa, decirles a mis padres que es demasiado injusto.

Salgo corriendo sin importar mirar la calle y creo que voy a morir…

La chica se a travesó en mi camino, no me dio tiempo de frenar, el impacto hizo que el parabrisas se astillara. Por el momento no me interesa la situación de mi auto. Llame a la ambulancia, no tardó mucho para trasladarla hasta la clínica. Llené los formularios de ingreso, no encontré algo que me indicara la dirección o número de teléfono. Le dije a mi esposa que llegaría para el almuerzo, pero nuevamente tendré que suspenderlo, maldición otra vez arruinaré todo. Me siento en la sala de espera, aviso a mi secretaria que suspenda la reservación y le pido que llame a mi esposa, no me atrevo a llamarla.

Pasan las horas, nada de la chica, me preocupa que no pase de esta noche. No puedo pensar de esa manera, si, el accidente fue fuerte, pero no creo que para matarla…

—Sr. Namikaze—el doctor aparece—todo salió bien, tendrá que estar en cama por tres meses.

—¿Tan grave fue?

—Tuvo tres costillas fracturada, al igual que la muñeca derecha y también el fémur izquierdo, por suerte no hubo daños órganos importantes. Estará aquí por unos cuantos días para tenerla en observación.

Qué alivio siento el saber que se recuperará, ahora me tocar saber más de ella, necesito contactarme con un familiar. Le pido a la enfermera que me indique cual es la habitación en la que está la chica. La veo con un yeso desde la muñeca hasta el antebrazo, y otro en la pierna izquierda. Me siento en el sofá, voy a esperar a que despierte.

Me despierto por un gemido, me levanto para verla, está despertando, abre los ojos y me impacta los hermosos que son, un color esmeralda, vaya, es una chica bella, me recuerda a mi esposa cuando estábamos en la universidad.

—Hola—ella trata de levantarse, lo evito—no hagas esfuerzos, estás un poco estropeada.

—¿Qué pasó?

—Eres una loca, te a travesaste y te atropellé.

—Ah, ya recuerdo, pensé todo lo que ha pasado era un sueño—se da cuenta que tiene un yeso en el brazo, mueve un poco la pierna enyesada—fue mi culpa, solo corrí y no recuerdo más.

—Necesito comunicarme con un familiar tuyo. Deben estar preocupado por ti.

—No tengo a nadie—agacha la cabeza, se nota que le da vergüenza hablar de eso— Estoy sola. Hace tres días perdí a mi familia, desde entonces estoy viviendo en la calle.

—El doctor dijo que tienes que estar al menos tres meses de reposo. Ya veremos qué podemos hacer.

Lo que me faltaba, atropellé a una chica sin familia, siento que mi deber es protegerla. Algo en ella me cautivó, creo que terminaré convirtiéndome en su protegido.