Lincoln estaba bastante preocupado, le contó a Liam lo que pasó sobre lo ocurrido con el candado y la notorias evidencias, era más que nada, que lo que le había echo era un robo. El albino termino dejando eso para después, no quería preocupar al resto del equipo, menos cuando ya habían logrado ejecutar un plan que llevo tiempo de preparación y costo buen tiempo, poder lograr el resultado.

—Oye Lincoln, vien…— antes que Liam pudiera terminar, el albino, lo llevo dentro del casillero quedando atrapado—¿Lincoln que demonios pasa?.— pregunto ya por el modo de accionar de su amigo.

—Liam hay un problema.— dijo el albino preocupado.

—¿Cual es ese problema?.— pregunto el pelo naranjado.

—Mira esto.— mostró el candado—se supone que el candado debe de estar siempre cerrado en el casillero asta que regrese pero este está oxidado, algo que es una muy, muy, muy mala señal.

—No me digas que.

—Exacto, no tengo el papel con la receta, y si no tengo la receta, ya tendremos varios problemas con nuestra amistad con Chandler, y así eso pasa ya sabes que podría pasar.— dijo el albino mientras mostraba una mueca rara, con los ojos profundo, y la boca muy abajo.

Liam miro a Lincoln unos segundos y después salió, respirando aire de la falta que había dentro.

—Entonces que hacemos.

—No sé, pero lo que sea necesario.— camino de un lado al otro—debe haber alguna persona que estuviera cerca de ver lo sucedido.— murmuró el albino.

Liam movió la cabeza fijándose que no estuviera alguno de sus amigos, pero de suerte no había ni uno cerca, y además que ya mayoría estaban bañándose por el duro duelo, a lo cual también presenció a una rata caminar, la única diferencia era que esa rata tenía un aspecto diferente, sus ojos era ya de un color rojo intenso, con un pelaje oscuro de color morado que era difícil distinguir si era en realidad negro, pero también tenía unos grandes dientes delanteros los cuales parecían echo para cortar carne, a lo que se dio cuenta.

—Lincoln.— dijo a lo que su amigo miro dónde quería—mira es una rata.

—¿Y de que nos sirve una rata?.— dudo.

—¿No lo vez verdad?.— pregunto también—es una rata morada.

Cuando escucho la palabra «Morada», se dio cuenta al instante, no era una rata cualquiera era las ratas de Haiku, una de las niñas gótica más conocida de la escuela después de su hermana Lucy, ella de seguro estaba espiando a los chicos para buscar algo que vender ya conociendo que tiene ya mayoría 12 años, y las hormonas no tardaron en aparecer para algunos, su práctica comercial era algo rara.

Y la rata salió corriendo de ahí.

—Vamos a por ella.— exclamó el albino que salió corriendo antes de su amigo.

—Espera lincoln.— dijo Liam.

Los dos corrieron por el pasillo persiguiendo a la mugrosa rata que estaba ahí, y que posiblemente sabría algo respecto al tema del candado oxidado, donde la rata termino entrando en una puerta de madera de la cual llevaba al club de góticos. Ambos entraron sin mucho rodeo, olvidándose que era el club de góticos, uno de los club casi tan peligroso como el de los atléticos, cuando entraron recordaron que era el club de los góticos, a lo que la puerta se cerró a sus espalda, y fueron rodeados de la inexistencia de la iluminación, de donde sin permiso, el albino soltó el sonido de una patrulla de policía lo cual espanto a muchos dentro, que tú que tuvieronron que prender para ver qué pasaba y el albino, tuvo que controlarlo.

—. ¡No hagas eso!, ¡Arruinaste la entrada escalofriante y aterradora del club!.—. Esclavo enojado un chico de lentes, con capa negro y roja—. Pero ya, yo soy e…

—. El conde del royal.— irrumpieron los dos amigos.

—. No hagan eso, es molesto y una falta de respeto.

—. Si claro, pero bueno no venimos a pelear y menos a que me chupen la sangre cuando soy un duende.— mirando atrás—. Solo queremos saber dónde está Haiku para hablar.

El vampiros los miro unos segundos, y después de eso, una manada enorme de más de mil murciélago invadió la habitación, haciendo casi imposible ver, nadie podía ver asta que los murciélago terminarán pasando un rato, el vampiro se acercó a ellos.

—Bueno, resulta no puede hacer mucho por ustedes, pero les dará información de la persona, a cambio de unos verdes y una muestra de sangre.—. Dijo el vampiro con una sonrisa—y tiene que ver de los dos.

—¿Cuánto tenemos que pagar?.— pregunto Liam.

—. Jujujuju, tiene que pagar una suma de 600 dólares.

—Okey, Lincoln ya tiene más de la suma, ¿No?.

—De echo si Liam, sabes que ahorro desde hace mucho, son más de 30.000 dólares, así que no me hace más agotar algo, ya están en descuento varias figuras de acción de varios héroes, pero yo quiero la figura del delivery sin licencia.

—Bueno. Tendrían que entregarlo mañana, junto con su sangre y el dinero.— dijo el vampiro marchándo se mientras tapaba su cara con la capa, y desaparecía en la sombras junto a los demás.

—Okey, no te miento que eh visto esto más de una ocasión.— comento Lincoln.

—Cierto que tu hermana es una de las góticas de aquí, pero porque motivo quería tu sangre, si la tuya es de duende y la mía de un señor invisible.— dijo Liam queriendo saber porque—osea es muy ilógico que ella quisiera tu sangre. Todo el mundo sabe eso, la sangre de duende jamás ah sido gustaba por muchos vampiros, incluyendo te a ti que eres de duendes del tiempo y planta.

Ya por la mente de Lincoln, llego un pequeño recuerdo de cuando era niño ya por el jardín. Donde estaba con Haiku en la caja de arena, y habían castillos, en donde el albino ignoraba el echo de que Haiku es un vampiro —ya debido que la raza de vampiros y duendes jamás se ah llevado muy bien en parte por siglos y mileñós—, sin que de diera cuenta Haiku le clavo sus dientes al pobre albino en donde este ya cuando lo siente, le chuparon ya como 10 miligramos de sangre y de eso, ella le gustó el sabor de esa sangre diciendo « no sabe tan mal como pensaba», fue lo que dijo para después marcharse.

« me siento sucio, me siento sucio». Dijo el albino quien se balanceaba de un lado al otro, mientras que Leni ni sabía qué pasaba con su pequeño hermano.

—Nah, ni yo se porque quiere mí sangré.— comento el albino mientras cruzaba la puerta del lugar, y se marchaban.