Mi Niñera Favorita
Capítulo 2
Era la primera vez. ¿De verdad estaba pasando? Nunca antes se había sentido así, con los nervios a flor de piel y la adrenalina corriendo por sus venas de una manera tan loca y descontrolada que pensó que pronto podría tener algún tipo de ataque cardiaco. ¿Loco o no? Su vida desde que la guerra había terminado no era exactamente tan tranquila como lo era antes, a pesar de que era ridículo, porque se suponía que con Voldemort bajo tierra estarían más tranquilos todos. Pero no. Las pesadillas estaban ahí, la atacaban por las noches, despertándola en la madrugada y dejándola con el temor de volverse a dormir y encontrarse de nuevo en los escenarios más terribles que una persona normal jamás podría imaginar.
Por eso estaba llegando tarde a clases.
¿Cuándo había pasado, en la historia, que Hermione Granger llegara tarde a sus preciadas clases? Exacto, nunca. Por eso corría por los pasillos de la escuela, cargando con ella tres libros en los brazos, más su bolso que tenía otros dos y la varita entre sus dientes para que no se le cayera. Aunque tenerla ahí le dificultaba respirar por la boca, por lo que varias veces tuvo que parar a tomar un respiro.
¿Por qué justamente hoy tenía que tener clases en el séptimo piso? El destino era cruel.
Aunque no tan cruel como pensaba, pues cuando llegó al salón, el profesor Binns no estaba en él. Sus compañeros la miraron con extrañeza, pues era ella la que estaba llegando tarde, pero no les prestó atención, y fue directamente a su asiento… Al lado de Draco Malfoy.
Su respiración era tan irregular que de verdad pensaba que le iba a dar algo. Dejó sus libros en la mesa, se quitó la varita de la boca, y tomó una gran bocanada de aire. Lo necesitaba con urgencia. Pero lo que realmente necesitaba en esos momentos era un trago de agua, jugo, cerveza de mantequilla, ¡lo que fuera! Pero su cuerpo le pedía con desesperación ingerir líquido.
Y como si sus plegarias fueran escuchadas, frente a ella, cuando abrió los ojos, había una botella de vidrio llena de un agua helada. Con las mejillas sonrojadas por el esfuerzo y los ojos muy abiertos, miró a Malfoy con sorpresa, pues alcanzó a ver como él retiraba la mano de la botella y agarraba su pluma para seguir escribiendo quizás qué cosa en su pergamino, sin voltear en ningún momento a mirarla.
-Gra… gracias – jadeó, sacándole la tapa al agua embotellada y bebiendo un gran trago de él.
Malfoy le restó importancia con un movimiento de la mano, y siguió con su tarea. Quería preguntarle qué tanto hacía, pero seguía respirando con dificultad como para hablar con normalidad. Aunque el agua había ayudado bastante…
Así que Draco Malfoy si tenía un corazón dentro de ese pecho.
Se bebió la botella entera antes de preocuparse de buscar sus cosas para tomar apuntes, y puso una nota mental de que debía devolvérsela en cuanto tuviera la oportunidad.
Sentía la mirada de Ronald en su nuca, pero no quería voltear, puesto que sabía que estaría pensando algo relacionado con el agua que Malfoy le había dado y el posible envenenamiento que podría haber sufrido por ser tan imprudente. Así que se quedó sentada ahí, respirando profundamente esperando que poco a poco se le pasara la agitación.
-Señorita Granger, qué bueno que nos acompaña hoy – dijo el señor Binns, cuando entró en el salón unos dos minutos después.
-Siento llegar tarde – dijo avergonzada.
-Siempre hay una primera vez para todo, no se preocupe.
Eso era lo bueno de ser una alumna de excelencia, que tenía ciertos privilegios, los maestros generalmente no se enfadaban con ella – a excepción de todas las veces que había ayudado a Harry durante los seis años anteriores, a meterse en problemas.
-Les pedí a todos hacer un ensayo sobre qué pasaría si hubiese una revolución de los elfos domésticos y con qué eventos históricos podrían basarse en hacerla.
¿Revolución de los elfos domésticos? ¿De verdad? ¿Y Malfoy también estaba escribiendo sobre eso? No quería ni imaginar las cosas que él pondría en su ensayo, porque los Malfoy se caracterizaban por la esclavización de las pequeñas criaturas, tan solo tenían que recordar a Dobby, quien solamente se libró de ellos por el gran corazón de Harry. Asintió en dirección al maestro, quien le sonrió con su fantasmagórica sonrisa, y fue a sentarse en su escritorio.
Hermione tomó su bolso, entonces, para sacar los pergaminos, la tinta y su pluma para comenzar de inmediato con el ensayo. Y sacó de él los dos primeros, pero su pluma no estaba, ¿dónde la había metido? Buscó en todos los bolsillos del bolso y en los de su túnica, pero la bendita pluma no estaba. Maldición.
-Demonios, ¿dónde te metiste? – susurró, rebuscando en su bolso.
-¿Qué se te perdió ahora?
Draco la miraba aburrido, con la cabeza apoyada en mano y el codo en la mesa. Otra vez, Hermione lo miró extrañada. Sin duda, ese no era el mismo Draco Malfoy con el que había convivido por los pasados siete años, el antiguo Malfoy estaría burlándose de ella por ser tan distraída.
-Mi pluma.
-Ten.
El muchacho le pasó la pluma que tenía en la mano que no tenía apoyada la cabeza, cosa que sorprendió todavía más a la castaña. Draco Malfoy era toda una caja de Pandora.
-¿Cuál es el truco?
En el salón solamente se escuchaban sus murmullos, pues todo el mundo estaba concentrado en sus deberes, a excepción de Ronald, quien, sentado varios puestos más atrás, no le quitaba el ojo a su novia y a su archi-enemigo, sin poder llegar a entender lo que conversaban. Pero estaba listo para ir a su rescate si Malfoy se pasaba de la raya e intentaba atacarla de alguna manera.
-No hay truco, perdiste tu pluma, te presto la mía.
-No es propio de ti.
-No me conoces – Hermione lo miró con los ojos entrecerrados -. ¿La quieres o no?
-¿Y tú como escribirás?
-Tengo otra.
-Gracias, entonces.
Jamás pensó que le agradecería algo a Malfoy en su vida, y menos hacerlo dos veces en menos de diez minutos.
...
-¿Qué tal está mi niñera favorita?
Hermione sonrió, despidiéndose con un beso del pequeño y lindo Scorpius, a quien había dejado en la guardería de Susan, para poder ir a trabajar.
-¿No deberías estar en un traslador? – preguntó Hermione.
-Pues sí, pero la incompetencia de este ministerio es cada vez peor.
-Hey no hables así del lugar en que trabajo.
Casi podía ver a Draco poner los ojos en blanco, y también esa sonrisa de burla que tenía en el rostro cada vez que hablaba mal del Ministerio de Magia y ella lo regañaba. Ya ni siquiera la molestaba el hecho de que él hablara así, pues en muchas cosas, como todo en este mundo, el ministerio fallaba.
-Como sea – rio Draco a través del teléfono - me voy en diez minutos, ¿crees que estarás aquí en ese tiempo?
-Por supuesto, llego en dos.
Hermione se despidió de Susan entonces, no sin antes pedirle prestada la Red Flu para llegar más rápido al ministerio. Ya se había despedido de Draco la noche anterior, pero nunca eran demasiados los abrazos que darle. Obviamente, la dueña de la guardería no se negó, y la tranquilizó diciéndole que Scorpius estaba en buenas manos, estaría alimentado y entretenido esas cuatro horas que pasaría con ella. El pequeño estaba fascinado jugando con unos colgantes de animales que ni se percató que se marchaba. Eso era bueno.
Hermione llegó al ministerio con una sonrisa en el rostro. Ver la hermosa cara de Scorpius riéndose le podría alegrar el día a cualquiera, el niño transmitía tanta pureza e inocencia que parecía imposible que fuera pariente de la loca de Bellatrix Lestrange. Y más de alguna vez se le pasó por la mente lo que pasaría si Scorps se metiera en el lado oscuro de la magia cuando creciera, sería lo peor que podría pasarle a Draco, quien había puesto todo su empeño limpiando su nombre como para ser condenado por su hijo. Sin embargo cuando veía esas sonrisas de alegría, de paz y tranquilidad, todos esos oscuros pensamientos se evaporaban.
Sin embargo, en cuanto pisó el suelo del Atrio, se encontró frente a frente con una persona a la que no quería ver ni en pintura.
-Oh, miren nada más, la gran jefa ha llegado temprano.
La castaña puso los ojos en blanco con disgusto, y se volteó para seguir su camino. Esa loca maniática no la haría perder su tiempo. Sin embargo la chillona voz de la mujer la persiguió hasta los ascensores.
-¿No quieres saber lo que paso anoche, Hermione?
-No me interesa, y no me llames Hermione. - La castaña siguió su camino, se paró frente a los ascensores, y tocó el botón para que llegara, no obstante el aparato estaba tardando más de lo normal. Miró la hora, Draco se iba en ocho minutos y no quería llegar tarde.
-Es tu nombre, y no me digas qué hacer.
-No te diré qué hacer si tú no me hablas con esa voz chillona que tienes.
-¡¿Voz chillona?! - gritó - ¡¿Quién te crees que eres para hablarme así?!
-Alguien que habla con la verdad - ya se le estaba haciendo costumbre eso de poner los ojos en blanco.
-Pues te diré de todas formas lo que pasó anoche.
-Por Merlín - suspiró Hermione, pensando en voz alta - que alguien me libre.
No tenía planeado encontrarse con ella precisamente, para arruinar el perfecto humor que traía consigo. Pero ahí estaba, la chica que, en un momento, pensó que le había arruinado la vida. No era que una mínima parte de sí misma no lo creyera aún, pero luego de tanto llanto y desveladas, se había dado cuenta de que no valía la pena seguir con ese sufrimiento. No obstante, el hecho de que haya pasado la página, no quería decir que la ponía feliz ver a esa desagradable chica.
-Anoche Ronald y yo estuvimos en la cama teniendo sexo salvaje – comenzó sin ningún tipo de pudor -, lo estábamos pasando de maravilla, y después de un orgasmo grandioso, ¿sabes lo que me preguntó él?
-No, no sé qué te preguntó – contestó cabreada.
-Pues fue una pregunta muy importante – Hermione suspiró, poniendo las manos en puño, tratando de que el fastidio se evaporara un poco para no golpearle la nariz operada y volvérsela horrible como era antes.
No entendía por qué demonios no llegaba el ascensor. Y tampoco entendía por qué no había nadie más ahí en el Atrio que llamara la atención de ella o alguien que la librara de esa odiosa. Si esa imbécil le seguía hablando un minuto más pensaría seriamente que el suicidio era una buena idea para huir de su chillona voz.
La miró con una ceja levantada, totalmente molesta de que siguiera prolongando la conversación. Pero el hecho de voltearse hacia ella no le permitió mirar por su lateral que alguien se acercaba a ella a paso decidido. Y si lo hubiese escuchado también, podría haberse apartado de inmediato y ver si habría alguna otra forma de llegar a donde Draco.
-¡Mi amor!
La chica gritó haciendo a Hermione estremecerse por la agudeza de éste. Y si las miradas mataran, estaría a cien metros bajo tierra por la mirada que le lanzó luego de tal escándalo. La novia de Ron corrió hacia él, quien la recibió con los brazos abiertos y una gran sonrisa, antes de que ella saltara y enrollara sus piernas a su alrededor cuan koala, dejándolos en una posición bastante comprometedora. Sin embargo no parecía importarle nada, y si lo hacía, solamente quería hacer sentir mal a Hermione.
La chica lo besó en la boca como si no estuvieran en un lugar público, le metió la lengua y movió sus caderas de forma insinuante. Hermione sólo tenía ganas de vomitar. Por suerte su celular comenzó a sonar en ese momento, y sin ver quién la llamaba, supo que era Draco.
-¿Dónde estás? Creí que llegarías en dos minutos.
-Perdón, estoy en el Atrio – contestó, girándose para no seguir viendo la escena que estaban montando esos desubicados. Esperaba que llegaran pronto los guardias a regañarlos –. Al parecer el ascensor se averió.
-Demonios. No vas a llegar, se adelantó el traslador, me voy en un minuto.
-No…
-Lo siento, nena, adiós.
-No me llames nena.
-Será tu nuevo apodo, acostúmbrate. Adiós, nena.
-Que no me llames nena – le reclamó divertida, sin embargo Draco colgó antes de que pudiera escucharla.
-¿Quién te llama nena?
Hermione se volteó entonces, de mala gana, hacia la pareja empalagosa que tenía a un par de metros. Maldito fuera el ascensor que aún no llegaba. Ronald ya había bajado a su novia, pero la tenía agarrada posesivamente de la cintura, y ella, por supuesto, lo miraba con ojos de adoración. Se veía patética.
Y Ron, a pesar de como la abrazaba, tenía ese molesto tono de voz cargado de celos, y el ceño fruncido, como queriendo una explicación de inmediato. Irónico. Como si realmente tuviera el derecho a pedirle explicaciones, si ni siquiera eran amigos.
-Quien me llame o no me llame así no es de tu incumbencia, Ronald – dijo cruzándose de brazos.
Quién diría que las cosas terminarían así. Luego de todo lo que habían pasado juntos, de lo que les había costado llegar a ser novios, de una noche a la mañana, todo se había ido abajo. Bueno, no de la noche a la mañana, puesto que estaba bastante segura que le había estado poniendo los cuernos mucho antes de que los descubriera. Y ahora él se venía a hacer el ofendido porque alguien la había llamado nena. A pesar de que habían pasado dos años desde que habían roto.
Ron se dispuso a hablar, pero su novia lo calló, poniéndole un dedo en los labios para impedirle hablar.
-Chist, cariño, debe ser su amiga esa, la loca que habla de criaturas extrañas – susurró tan fuerte para que Hermione la escuchara -. No creo que tenga algún chico que la soporte.
-¡¿Disculpa?!
-Además, nena es un apodo más sensual si lo dice un hombre – continuó sin prestarle atención a la castaña -, y con lo mojigata y frívola que es…
-Que yo no sea una zorra que se acuesta con todo aquel que tenga pene, como tú haces, no quiere decir que no tenga a alguien con quien acostarme.
-Hermione, te estás pasando – advirtió Ron.
-No, Weasley, ella se está pasando desde que llegó a este lugar.
Se volteó para marcharse de ahí, era obvio que el ascensor no iba a aparecer hasta que lo arreglaran, así que iría a la oficina de aparición que estaba en ese mismo piso, tras pasar un largo pasillo, para que deshabilitaran el hechizo anti-aparición de su oficina e ir directamente ahí. No estaba para estar soportando más burlas, su día había partido bien y no quería que se arruinara. Aunque la verdad ya estaba bien negro.
-Pues es mentira lo que dices – la chica la siguió, caminando a su lado por los suelos del Atrio, haciendo que Hermione cada vez más hirviera de rabia -, porque sólo me acuesto con Ron ¿y sabes por qué?
-Déjame de una maldita vez en paz.
-Porque mi amorcito anoche me pidió matrimonio.
¡¿Matrimonio?! ¡¿Era en serio?! ¡¿Con esa estúpida chica?! Ronald Weasley de verdad se había vuelto loco. No podía creerlo, y al parecer su cara reflejaba su asombro, pues la chica formó una sonrisa de satisfacción que quiso borrarle con un puñetazo. Y antes de que pudiera darse cuenta, ella le estaba mostrando su mano izquierda con un sencillo anillo con incrustaciones de rubí rodeándolo.
-Bien por ti.
De un manotazo, alejó la mano de la novia de su rostro para seguir caminando.
Toda la mañana fue un completo desastre para ella. Al llegar a su oficina no tuvo más que problemas, desde café derramado sobre los pergaminos que estaba leyendo a noticias nefastas sobre la desaprobación de proyectos que estaba ansiosa por realizar. Tenía que decir que esa chica era su trébol de mala suerte, sí, mala suerte, era como si la odiosa mujer le hubiese lanzado un hechizo para que todo ese día saliera mal.
O era simplemente que la noticia del matrimonio la había afectado más de la cuenta.
No era que tuviera celos, por Ron ya no sentía nada hacía bastante tiempo, sin embargo sentía envidia, de que ella consiguiera lo que siempre había soñado, es decir, casarse. Hermione adoraba la idea del matrimonio, el vestido blanco, la iglesia, los invitados y la fiesta. El despertar con el amor de tu vida cada mañana, sonreírle y que te sonría de forma tierna, que te acaricie sin reparos, y compartan todo lo que les ocurre en sus días. Siempre admiró a las personas que llevaban años casadas, como sus padres, quienes si aún seguían juntos, estarían cumpliendo en junio veintiocho años de matrimonio, una eternidad.
Pero ahora era Lavender Brown quien se casaba con su ex novio, con quien había terminado por culpa de ella. Era Lavender Brown quien se empeñaba en recordarle que Ron la había escogido a ella cada vez que se veían. Era Lavender Brown quien conseguía la boda y se burlaba de ella por seguir soltera.
Era Lavender Brown quien volvía a arruinarle el día.
-Señorita Granger – su secretaría, Lucy, interrumpió sus oscuros pensamientos al entrar a su despacho -, ha llamado el señor Zabini, pregunta si el juicio programado para mañana contra el señor Goyle puede ser aplazado para las dos de la tarde.
-El horario de los juicios se dictan por el ministerio y no por los abogados defensores – dijo Hermione con voz firme -, será a las diez de la mañana como se ha previsto y no tiene cambio.
-Está bien, señorita Granger.
-Y Lucy – la detuvo cuando la secretaria se estaba yendo -, desde hoy hasta Junio, toda actividad que requiera de mi presencia en el ministerio tendrá que ser en la mañana, ya sean juicios o reuniones, a no ser que sean de extrema urgencia. El resto del día trabajaré desde mi casa.
-Perfecto, lo tendré en cuenta al programar su agenda.
-Gracias, Lucy.
Cuando llegó el medio día, no quería otra cosa que escapar del ministerio. Ya estaba harta de ese lugar por el día. Y no era por otra cosa que por el desagradable encuentro de la mañana, que le había arruinado el humor por el resto del día. Esperaba que la buena vibra que siempre tenía consigo Scorpius le levantara el ánimo. Aunque estaba segura que durante la tarde, o quizás al día siguiente ese buen humor que el pequeño le contagiara sería desprendido de sí cuando Ginny Potter la llamara por teléfono para preguntarle cómo estaba. Porque sabía que su amiga la interrogaría hasta el cansancio sobre su opinión con respecto a la boda de Ron y Lavender, cosa de la que no quería hablar. Obviamente.
Quizás, si Ronald se hubiese sincerado con ella no estarían en esta situación. Si le hubiese dicho que no quería estar con ella porque en realidad amaba a alguien más no habría sido tan difícil. Se habría enfadado, sí, y habría llorado a mares preguntándose qué había hecho mal – bueno, no es que no lo hiciera -, pero finalmente lo habría perdonado, y quizás ahora hasta estará feliz por la inminente boda. Pero no. Los había encontrado en su cama la noche en que la habían promovido. Lo recordaba con gran nitidez.
Kingsley la llamó aquel día a su oficina para hablar de algo importante, cosa que la extrañó de sobremanera pues el ministro no solía preocuparse directamente por el Departamento de Criaturas Mágicas. Para eso tenía delegados. Pero cuando él le dio la noticia de que se le ofrecía el puesto de Jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, no pudo hacer otra cosa que sonreír y responder con un energético Sí.
Y llamó a Ron, por supuesto, para contarle la noticia, pero él no contestó, cosa que no la extrañó tampoco, puesto que el pelirrojo seguía siendo ajeno a todo lo que fuera tecnología muggle. Pero ella no se esperaba que al llegar a casa, contenta por su ascenso, lo encontrara desnudo, teniendo el sexo más salvaje que jamás pensó ver, con la pesada de Lavender Brown.
"Oh, ahí estás, perdón por el escándalo"
Eso había dicho Ron sin inmutarse por su presencia, ni sentir una mínima pisca de culpa. Ronald Weasley le había roto el corazón de mil maneras esa noche, y aún no podía reunir todas esas piezas que había salido salpicadas para todos lados.
...
-¿Qué fue todo eso? – preguntó Ronald algo brusco, cuando la clase terminó y se acercó a ella.
Malfoy, para ese entonces, ya se estaba marchando.
-¿De qué hablas?
-El agua, la pluma, ¿qué mierda pretendía Malfoy?
Hermione puso los ojos en blanco, no podía creer que Ron aún se comportara con un niño cuando se trataba de Malfoy, a pesar de que ya llevaban una semana en el "proyecto de conocer a su compañero", como ella lo había nombrado, y ningún incidente había pasado, ningún insulto, ni maldición, ni golpes, simplemente se habían sentado juntos todos los días en las distintas clases que tenían juntos, compartían con suerte un par de palabras, y nada más.
-Solamente estaba siendo amable – y lo extraño para ella, y para Ronald también, era que lo estaba defendiendo.
-Sí, claro, y mi pelo es negro, ¿cierto?
-No me trates como a una idiota, Ronald.
Sin dejar que siguiera insultándola, tomó sus cosas rápidamente y se fue caminando. Por suerte no tenía más clases ese día, podría volver a la biblioteca con tranquilidad, o ir al gran salón para comer algún bocadillo y terminar el ensayo sobre la revolución de elfos domésticos.
-No me dejes hablando solo – por segunda vez, Hermione puso los ojos en blanco -. ¿Por qué llegaste tarde? No es propio de ti.
-Me quedé dormida en la biblioteca.
-Te quedaste dormida en la biblioteca.
-Sí, eso dije – no sabía por qué la estaba exasperando tantas preguntas.
-¿Estás bien? Últimamente te encuentro extraña.
Suspiró, claro que se sentía extraña, no era normal que tuviera ese tipo de pesadillas cada noche, que despertara llorando algunas veces, que sintiera que los músculos de dolían por la falta de descanso y que su cabeza doliera como mil demonios cuando despertaba luego de poder volver a dormirse. Pero Ron no entendía eso, sabía que él también estaba dañado por la guerra, la que le había quitado un preciado hermano, pero seguía teniendo a su familia para apoyarlo, el resto de sus hermanos, sus padres. Sin embargo ella estaba sola. Sola en ese gran mundo, pues aún no podían encontrar a sus padres, a quienes les había borrado la memoria y enviado a Australia para protegerlos de la furia de Lord Voldemort y sus secuaces. Sabía que la familia Weasley la consideraba una más del clan, pero a pesar de que ella se sentía amada y parte de ellos, aún necesitaba a sus padres, los abrazos tranquilizadores de su padre cuando tenía una pesadilla, y los consejos que su madre le daba siempre que podía.
Los extrañaba muchísimo.
-Estoy bien, Ron – mintió -, de verdad. Solamente estoy cansada.
-¿Segura?
-Sí.
Sabía que Ron no le había creído, pero agradeció de que no siguiera insistiendo con el tema, él simplemente suspiró, la tomó de la nuca y la besó en la frente, antes de tomar los libros que ella tenía en los brazos y agarrar su pequeña mano con la que tenía libre, para irse caminando juntos a donde sea que fuera ella. Sin embargo, en cuanto tocaron el suelo de la biblioteca, Ron se excusó diciendo que no había comido lo suficiente en el almuerzo y que iría a las cocinas para coger algo de fruta. Por supuesto, esa conducta no era extraña para Hermione, pues parecía que a su novio le tuviera alergia a la biblioteca y a la idea de tener que estudiar. Completamente opuesto a ella, pero como todo el mundo dice, los polos opuestos se atraen.
No obstante, luego de unos veinte minutos de lectura, el sueño venció a Hermione nuevamente. Estaba empezando a pensar que debía consultar a un sanador por esos trastornos del sueño, porque ya no era normal todo eso. Pero como ya se le estaba haciendo normal, se adentró en un escenario siniestro, lleno de dolor, sangre, y muerte, un sitio aterrador que solamente la hacía gritar y correr en dirección opuesta mientras la oscuridad la perseguía con ahínco.
-Granger – la llamaba una voz masculina mientras corría -, Granger, despierta.
De cierto modo, aquella voz era lo suficientemente suave como para no asustarla, pero firme como para hacerla sentir segura. Era una voz a la que quería seguir.
-Granger.
Despertó de golpe, y frente a ella había un par de ojos grises que la observaban con el ceño fruncido. Draco tenía apoyada su mano en el hombro de ella, el que había sacudido para conseguir que ella saliera de su pesadilla y volviera al mundo real. Y verlo ahí, de alguna forma ayudó, pero no evitó que sus ojos se llenaran de lágrimas, las que comenzaron a caer por sus mejillas a los pocos segundos después.
Ya estaba cansada de huir de sus pesadillas, quería que se detuvieran.
-¿Estás bien?
Hermione se sorbió la nariz, negando con la cabeza. Sabía que mostrarse débil frente a Draco Malfoy probablemente no sería buena idea, pero no le importaba, porque había alguien ahí que, aunque fuera fingido, se preocupaba por ella luego de salir de ese terrible sueño. El rubio frunció más el ceño, y pasó sus pulgares por las mejillas, secando las lágrimas que corrían desenfrenadas por ahí.
-Fue sólo una pesadilla, nada de eso es real – la consoló, sin dejar de acariciarle el rostro.
-Lo parecía.
-¿Quieres hablar de ello? – era extraño que Malfoy se estuviera comportando como alguien civilizado y no se estuviera burlando de ella, lo que le hizo sentir algo cálido en el interior, sin saber por qué.
-Es… es casi siempre lo mismo – comenzó hablando bajo -, despierto bajo un cielo rojo como la sangre, se siente el olor a humo y cuando me siento, veo que estoy sobre una montaña de cadáveres putrefactos que me hunden cada vez más… - una nueva lágrima cayó por sus mejillas, siendo secada por él de inmediato – Me cuesta levantarme, pero al hacerlo, comienzo a correr para alejarme de ahí y de repente veo los cuerpos sin vida de mis amigos, mi familia, de los profesores… en fin de muchas personas a las que sí conozco y sólo escucho una maniática risa regodeándose de mi dolor.
-Vaya… eso es… horrible.
-No tienes que confirmarlo – dijo Hermione con tristeza. Sentía un agujero negro en el interior de su corazón cada vez que despertaba de aquella pesadilla. Era como si un millón de dementores se adentraran en la habitación y arrancara de ella toda felicidad que hubiera en sí. Ver a sus amigos muertos en un escenario como aquel era algo que la aterraba, y el hecho de no saber nada la localización de sus padres en la vida real, y menos si estaban bien, la asustaba aún más.
-¿Por eso llegaste tarde hoy? ¿Tuviste otra pesadilla?
Asintió.
No entendía qué la impulsaba a contarle sus pesadillas al rubio, pero no se sentía incómoda con ello, más bien sentía que se estaba quitando un gran peso de encima. Draco suspiró, y se frotó los ojos con los dedos, como si estuviera cansado. Pero en realidad estaba pensando.
-¿Has probado con la poción para dormir sin sueño?
-Merlín, ¿cómo es que no lo había pensado? ¿Por qué no lo había pensado?
-Porque has vivido toda tu vida en un mundo casi perfecto, donde la oscuridad no era la que predominaba en él – comentó él, colocándole un mechón de pelo detrás de la oreja -, y ahora que has vivido la guerra, y tienes que enfrentarte a esa oscuridad, no sabes cómo hacerlo.
-Pero tú sí…
-Pero yo sí.
Hermione frunció el ceño. Puede que la vida de Draco Malfoy no fuera de color de rosa como lo había pensado, al menos antes de que Voldemort volviera al poder. Tal vez él se mostraba tan arrogante y despreciable porque había sufrido en su vida horrores que nadie imaginaba, que ese aspecto siempre impecable, esa actitud de príncipe del universo eran sólo una máscara que ocultaban el verdadero ser, vulnerable y atormentado, que era.
Tal vez Ronald nunca había comprendido qué era lo que pasaba por su cabeza. Tal vez Draco Malfoy era quien siempre había la entendido, quien podía hacer que esas pesadillas se fuera, quien sabía cómo enfrentarse a la oscuridad, y la ayudaría con ello.
...
HOLA! Feliz año nuevoo! Espero que todas sus metas se cumplan y que éste sea un año mejor que el anterior.
Bueno, terminando los saludos, aquí les traigo el segundo capítulo de esta historia. La verdad es que cuando empece a publicarla no pensé que la universidad me iba a consumir tanto, sin dejarme tiempo para nada. Espero que, ahora que estoy de vacaciones, pueda avanzarlo lo más posible, porque yo sé lo que es tener que esperar por un capitulo.
Y qué les pareció? cuéntenme en un comentario :)
Besoos y nos vemos pronto espero
MRS Taisho Potter
