Capítulo 3
-¿Qué te ocurre?
Draco sabía diferenciar siempre su estado de ánimo, podía, con de echarle un vistazo, saber que algo pasaba. Podía notar la tristeza en ella, la felicidad, sabía cuándo estaba preocupada por algo, o cuando estaba determinada en conseguir un objetivo. Esta vez veía que el brillo que caracterizaba sus ojos estaba apagado, y lamentaba profundamente no estar ahí para poder abrazarla y decirle que todo estaba bien.
-Nada, sólo estoy cansada.
Hermione jugueteó con la manita de Scorpius mientras éste miraba embobado la pantalla del pc, riéndose de vez en cuando al ver a su padre del otro lado.
-Te conozco demasiado bien, Hermione, y sé cuándo me estás mintiendo.
-No es nada, de verdad. – No quería hablar del tema, pero sabía que de Draco no podía ocultarse, él era su pañuelo de lágrimas, lo era desde hacía años, y por lo mismo, sabía qué era lo que pensaba con respecto a Ronald. Draco siempre había sido sincero con ella, se las cantaba firmemente aunque le doliera, y por eso muchas veces quería ocultarle cosas, porque sabía que al enterarse, él le diría esa verdad que no quería escuchar, pero que a fin de cuentas, la necesitaba.
-Sabes que puedes contarme lo que sea.
Hermione suspiró.
-Esta mañana, cuando iba a verte, me encontré con Lavender. – Draco puso los ojos en blanco al escuchar el nombre de esa insoportable chica, no entendía cómo Weasley había podido dejar a Hermione por ella, es decir, era insólito - Ella y Ronald van a casarse.
Aunque eso no se lo esperaba, y la sorpresa lo dejó sin palabras. Se quedó mirando a su bebé unos segundos, frunciendo el ceño con preocupación. Sabía que Weasley, a pesar de lo que había hecho, era parte de un pasado importante de la chica, uno que no se podría borrar de la noche a la mañana, y sabía también, que esos dos años que habían pasado separados, no habían sido suficientes, a pesar de lo que ella dijera.
-Vaya…
-Sí, vaya.
-Qué mal gusto tiene la comadreja – trató de bromear, pero ella solamente le dio una sonrisa triste, y bajó la vista a Scorpius, de repente, sintiéndose cohibida -. Oye ¿estás celosa?
Pensó en lo que hubiese sucedido si Ron jamás se hubiese involucrado con Lavender, pensó en qué habría pasado si ella le hubiese dedicado más tiempo. ¿Estarían ambos casados ahora? ¿Sería su boda la que tendrían que celebrar?
Y ante esos pensamientos, volvió a cuestionarse qué había salido tan mal como para que Ron la engañara con Brown, qué tenía Lavender que ella no tenía.
-No… No estoy celosa de que vaya a casarse con Ron - mintió apenas, claro que estaba celosa de que Ron se casara con otra, cómo no iba a estarlo, a pesar de lo que había tratado de convencerse todo ese tiempo, una parte de sí siempre lo amaría -. Sino del hecho que tenga una boda – aunque esa parte sí era cierta, sí estaba celosa de la boda.
-¿Quieres tener una boda, Hermione?
-Puede que no sea el sueño de casi ningún hombre, pero muchas mujeres soñamos con tener una boda, con el vestido blanco, los invitados, la iglesia, el coctel, en fin, todo eso. Y esta se suponía iba a ser mi boda, antes de… tu sabes.
-Mejor sola que mal acompañada, nena. – Dijo Draco, mientras acercaba su dedo a la pantalla, puesto que Scorpius trataba de tocarlo a través de ella. Adoraba la inocencia de su bebé, una que él no experimentó con el suficiente tiempo, ya que su padre lo había convertido en alguien duro desde muy pequeño. No dejaría que Scorpius pasara por lo mismo.
-¿Por qué todos se empeñan en decir que estoy sola? No lo estoy, he estado teniendo citas – Comentó bruscamente, cosa que hizo levantar las menos a Draco como signo de rendición.
-Hey, tranquila, ¿fue ella quien lo dijo?
-Sí. Merlín, esa mujer me va a volver loca.
Hermione se pasó una mano por el cabello, procurando no soltar a Scorpius, que seguía tratando de tocar a su padre a través de la pantalla.
-Si quieres mando a un par de mortífagos, amigos de mi padre, a asustarla. – Bromeó el joven.
-No es gracioso, Draco.
-¿Y por qué sonríes?
Ella no podía evitarlo, y eso era lo que le encantaba de su amistad con Draco, siempre podía sacarle una sonrisa aunque estuviera muy mal anímicamente.
-Ya déjalo. ¿Qué tal tu día? – Preguntó tratando de cambiar de tema.
-Aburrido, los americanos son demasiado estructurados.
-Ha hablado el príncipe inglés.
Le encantaba llamarlo así, era una forma de molestarlo por ser tan altanero de repente. Pero ciertamente, ya no le molestaba que fuera presumido, ya no lo era tanto como cuando iban a la escuela, antes de la guerra, esa época oscura lo había cambiado mucho, para bien.
-¿Qué has hecho?
-Pues he estado en un par de reuniones, he conocido a un montón de magos que se creen los dueños del país, a los que casi le he lanzado una maldición por lo altaneros que son… - Hermione puso los ojos en blanco, divertida por la ironía - y bueno, recién llegué de un restaurant italiano, esa creo que fue la mejor parte del día.
-Eres un glotón.
-Así me quieres, nena.
-No me digas nena.
Pero él simplemente ignoró su comentario. Pensaba llamarla así por mucho tiempo.
-Entonces… ¿Qué tal se portó mi bebé hoy?
-De maravilla, obviamente, es un niño precioso.
-Por supuesto, si es igual a mí.
-Y decías que los americanos son altaneros.
Cuando más tarde se despidieron, Hermione y su nuevo hijo adoptivo salieron a dar un paseo. Era extraño ir de aquí para allá con un bebé que acaparara toda tu atención. Sus amigos aún no tenían bebés, cosa que le parecía extraño puesto que Harry y Ginny ya estaban casados hacía dos años, y George con Angelina, cuatro. No estaba acostumbrada a cuidar niños, pero sinceramente le encantaba la idea. Siempre había querido ser madre, y puesto que ahora mismo no estaba en una relación seria, el hecho de poder cuidar a Scorpius era una oportunidad magnífica para conocer las costumbres de los niños.
Esa tarde de Marzo el clima estaba cálido, perfecto para caminar por el parque. Con sus once meses, Scorpius comenzaba a tomar consciencia de las cosas que lo rodeaban, y cuando Hermione se detuvo junto a un árbol, en donde puso una manta para que pudieran merendar, el pequeño Malfoy quedó maravillado por las flores, los árboles y las personas que caminaban por ahí. Lo sentó en la manta y puso varios cojines que traía en su bolso sin fondo a su alrededor, para que no se fuera a lastimar si se iba hacia los lados.
Las señoras mayores que pasaban por ahí miraban al bebé con baba en la boca, no podía culparlas, Scorpius era un niño hermoso, con sus cachetitos rosados que daban ganas de apretarlos, y qué decir cuando reía con esa risa de bebé que hacía a las mujeres suspirar. Sería todo un rompecorazones cuando creciera.
"Qué hermoso hijo tienes" comentaban y ella no las sacaba de su error, puesto era una historia muy larga para contársela a desconocidas.
Quién diría que Hermione Granger estaría de niñera. Ni siquiera ella lo creía cierto de a momentos, pero lo disfrutaba. Probablemente si las cosas hubiesen sido diferentes, en esos momentos estaría con sus propios hijos en lugar de Scorps, o con sus hijos y el pequeño Malfoy, puesto que sabía que si hubiese sido diferente su relación con Ronald, de todas formas ella habría sido amiga de Draco, aunque no se simpatizaran.
Una mariposa pasó volando por encima de la cabeza del bebé, lo que lo hizo soltar gritos de alegría y estirar las manos para tratar de atraparla. Era adorable. Realmente adorable. Constantemente se preguntaba cómo había sido Draco a esa edad, ¿lo atraerían esas cosas simples de la vida? ¿Lo atraían ahora? Lo cierto era que Malfoy había cambiado luego de la guerra, había madurado o había sido forzado a madurar antes de tiempo. No todo adolescente tiene que vivir con un lunático asesino hambriento del poder, pero él había tenido que coexistir en su misma casa con tal aberración y lo había llevado a ver horrores que muy pocos han visto.
Recordaba como era antes, antes de que Voldemort volviera y se hiciera del poder. Draco era el típico hijito de papá, caprichoso, quien se creía superior a todos y no le rendía cuentas a nadie, salvo quizás, su padre. Sin embargo cuando volvió a hacer el séptimo curso luego de la guerra, era un chico taciturno, callado, que, sin perder nunca su elegancia innata, trataba de no llamar mucho la atención. Quizás cuando Hermione y él comenzaron a hacerse amigos, Draco empezó a recuperar la confianza y la fuerza que el tiempo le había quitado, y hoy, podía decir con orgullo, que era un hombre de éxito, perseverante, centrado en darle lo mejor a su bebé.
-Tu padre es un hombre muy bueno - le dijo la chica a Scorpius, mientras éste la miraba sonriente-, alguien que daría todo por ti.
Era una suerte que Draco hubiese empezado a usar la tecnología muggle, puesto que de otra forma no habría podido enviarle una imagen de su bebé, quien trataba de pillar con sus manitos la mariposa que revoloteaba a su alrededor. Ronald jamás había entendido como usar un teléfono básico, menos podría hacerlo con un celular, seguramente, si siguieran juntos, ya se estaría volviendo loca por lo mismo, por no poder contactar con él de forma inmediata si lo requería.
Y hablando de celulares, el suyo comenzó a sonar justo cuando Draco le había respondido con un corazón. Sonrió ante la llamada, y sin poder evitarlo se mordió el labio. No era propio de ella ponerse coqueta, pero ese día, especialmente, quería sentirse querida por esa noche.
-Hola – saludó en un susurro.
-¿Qué tal, preciosa? ¿Quieres salir a cenar esta noche?
-No puedo salir – dijo haciendo un puchero -, pero ¿por qué no vienes a mi casa? Podrías quedarte.
-Nada me gustaría más.
Draco Malfoy podría haber perdido algo del respeto que inspiraba a sus compañeros, pero aun así, él seguía siendo el príncipe de Slytherin, con su andar altanero, sus brillantes zapatos y su anillo con el escudo de la familia Malfoy. Pero aunque la apariencia fuera la misma, - bueno casi, pues había añadido a su piel unas cuantas cicatrices y por supuesto, un tatuaje que cada día que lo miraba se arrepentía,- su interior había cambiado. Aunque ¿quién no lo haría con todo lo que había tenido que vivir ver los dos años anteriores? Las palabras trauma post-guerra podrían definir su estado actual, lo que se resumía en constantes pesadillas, frecuentes alucinaciones y un estado permanente de alerta máxima.
Si Granger creía que sus pesadillas eran horribles, no quería imaginar lo que sentiría si tuviera que vivir una de las suyas. En sus sueños no solo veía gente morir, él las mataba, y digamos que no lo hacía con un simple Avada Kedabra, sino que los veía desangrarse hasta que su alma dejaba el cuerpo, les quitaba los dientes con las manos, los ahogaba en un río lleno de sangre y suciedad. Esos horrores hacían que despertara de noche gritando, bañado en sudor, lleno de una oscuridad interna que parecía consumirlo hasta convertirlo en ceniza.
Había comenzado a beber la poción para dormir sin sueño cada noche, pero con ella no despertaba, igualmente, descansado y tranquilo. Sentía una opresión en el pecho que nadie podía disipar. Veía los ojos rojos de Voldemort en sus pesadillas, obligándolo a hacer cosas imperdonables, y cuando ya las hacía, tenía que ver cada noche como el maniático mataba a sus padres frente a sus ojos, y no podía hacer nada para salvarlos.
Sacudió la cabeza tratando de disipar esos pensamientos. No era posible que lo atormentara aun estando despierto. Sus padres estaban bien, cumpliendo la condena que les había dado el Ministerio en Azkaban, pero estaban bien, a salvo. Y él también lo estaba, Voldemort ya se había ido.
Esto se había convertido en su mantra, se lo repetía cada día para evitar caer en un ataque de pánico.
Cerró los ojos un momento, respiró hondo y luego siguió caminando. Había leído la mente de un Gryffindor de segundo año, el cual pensaba en lo hermosa que se veía Hermione Granger durmiendo plácidamente bajo la sombre del Sauce Boxeador. Así que hacia allí se dirigía. No entendía como Granger podía sentarse tan relajada bajo un árbol que podría fácilmente asesinarla, pero ahí estaba. La vio durmiendo con un libro sobre su regazo.
Y no estaba sola.
Pansy Parkinson y Enriqueta Avery se acercaban sigilosamente a ella, con varita en mano. La primera, por delante, apuntó a Hermione con su vara, y sonrió con malicia. Draco podía ver que las intenciones de Parkinson no eran maldecirla con un hechizo inocente, había algo oscuro en sus facciones, en sus ojos, y realmente no estaba de humor para esas cosas, ya le bastaba con lo que sucedía cuando estaba dormido.
-Hechizar a alguien dormido es una sucia artimaña, incluso para ti, Parkinson – dijo con la mayor serenidad posible, aunque por dentro un sentimiento de rabia lo empezaba a invadir.
Pansy saltó de susto al escucharlo, y tanto ella como la chica Avery se voltearon a ver a Draco, a quien miraron con asombro.
-¿Por qué la defiendes, Draco? – preguntó la chica frunciendo el ceño.
-No quiero discutir contigo, solo vete.
-¿Qué…? – La mandíbula de Pansy casi se disloca al escucharlo - No puedes estar hablando en serio, es un blanco fácil, Drakie.
-Lo repetiré una vez más, aléjate.
La chica hizo un puchero, pensando que con eso lograría convencerlo. Sin embargo Draco la observó con tal frialdad que pronto salió corriendo de ahí, seguida de Enriqueta. Se las quedó viendo hasta que desaparecieron de su rango de visión y sólo ahí soltó el aire que había estado conteniendo y que no sabía que hacía. No entendía por qué había hecho eso, pero no se arrepentía.
-Gracias por eso – la voz de Hermione lo despertó.
Draco frunció el ceño, no esperaba que ella escuchara como la defendía.
-La cuota va aumentando, Granger.
-Lo sé
-Aquí va otra – se volteó a verla, su rostro somnoliento y su pelo algo más revuelto de lo normal hizo que sintiera una puntada en el estómago que no supo identificar. Decidió ignorar ese sentimiento extraño y buscó en su túnica lo que había llevado para ella.
-¿Qué es? – preguntó Hermione cuando él le tendió el brazo con una botella pequeña en su mano.
-Poción para dormir sin sueño
-Vaya, gracias –respondió casi sin habla por el asombro -. ¿Quieres quedarte un rato?
La miró sorprendido, jamás pensó que Hermione le pediría pasar el tiempo juntos, pero ahí estaba, y él estaba aceptando. Miró el árbol, preguntándose cómo es que estaba tan tranquilo con dos personas a sus pies. Lo había visto en acción años atrás, había presenciado como Crabbe volaba luego de haber sido golpeado por una de las ramas. Pero ahora estaba más quito que Potter petrificado. Solo sus hojas se movían ligeramente por la brisa.
Así que se sentó a su lado y como si fuera lo más normal del mundo, le quitó el libro que tenía en su regazo para ver qué leía. Sorprendentemente se sentía relajado en ese lugar.
-Bueno, ¿qué quieres de pago?
-Una tarta de melaza – contestó sin pensarlo mucho.
Hermione rio ante la ocurrencia del muchacho, pero no le dijo nada, aceptando de inmediato la propuesta. Creía que él le pediría otra cosa, algún atentado a la moral que la haría dudar y salir corriendo de inmediato. Pero la inocencia de Draco era tan grande como la de sus amigos, algo que realmente le sorprendió.
Una ligera canción de cuna cantaba Hermione para arrullar a Scorpius y lo mecía en sus brazos para que se quedara dormido. Le había dado el biberón hacia un rato atrás y esperaba que se durmiera antes de que llegara su invitado. No sabía cómo iba a tomar la noticia de que tendrían que verse en su casa por los siguientes dos meses, sin embargo, estando ahí podían hacer cosas que a él le encantaban.
Los bellos ojitos de Scorpius la miraban con serenidad, y sueño, y trasmitían una paz que necesitaba. Era el niño más lindo que había conocido, el bebé más hermoso. Le habría encantado ver alguna foto de Draco cuando era pequeño, solo tenía recuerdos de él cuando se conocieron, a los once años. Le diría algún día que le mostrara una.
El bebé balbuceó algo, y cerró los ojos quedándose finalmente dormido en los brazos de su niñera. Le dio un beso en la frente y lo dejó en su cuna, antes de salir de la habitación, dejando la puerta ligeramente abierta para escucharlo en caso de que se despertara.
El timbre sonó cuando terminó de colocar las copas en la mesa. Caminó hacia la puerta con sensualidad, y la abrió dejando ver a un muy entusiasmado rubio.
-Tú si quieres matarme – comentó el mirándola de arriba abajo.
-¿Y eso por qué? – preguntó fingiendo inocencia.
-¿Esperas que terminemos de cenar para poder quitarte ese vestido diminuto?
Había escogido ese vestido rojo, más corto de lo que generalmente usaba, a propósito para torturarlo. Ya que no pensaba dejarlo tocarla antes de que hubiesen comido. Sonrió con malicia y lo agarró de la corbata para acercarlo a ella. El conocido jugador de Quidditch la atrapó entre sus brazos, devorándole los labios en un beso apasionado. La levantó del suelo con si fuera de pluma, haciendo que Hermione enrollara sus piernas en sus caderas. Entró en la casa, cerrando la puerta con el pie.
-La cena está lista – le dijo Hermione mientras él le comía a besos el cuello.
-Tengo hambre de otra delicia.
Hermione rio y él la dejó con delicadeza sobre el sofá de la sala, para luego recorrer su cuerpo con las manos.
-Hice tu plato favorito – comentó tratando de disuadirlo, aunque sabía que no lo iba a conseguir, y eso realmente no le molestaba. Se sentía bien, más que bien. Se sentía querida, deseada, sexy. Y un día como aquel, luego de recibir tal noticia, realmente necesitaba eso.
-Tú eres mi plato favorito.
-Sí que has aprendido, McLaggen.
-Me encanta cuando me llamas así, Granger.
Sí, Cormac McLaggen, era ahora el chico con el que salía. No podría decir que eran novios, no se habían prometido exclusividad, y aunque Hermione no estaba realmente interesada en nadie más, no podía decir lo mismo de él. No podría las manos al fuego por Cormac.
Podía afirmar que el chico había cambiado, claro que sí. Ya no era tan presumido como lo era en la escuela, cuando alardeaba de sus habilidades en el Quidditch. Aunque claro, ahora sí tenía motivos para presumir, puesto que jugaba como guardián con los Chudley Cannons. A sus 28 años, Cormac había salido tres veces en la revista Corazón de Bruja, como el mago más sexy del año, y eso lo hacía el soltero más codiciado del momento.
Se habían reencontrado en la fiesta de cumpleaños de Ginny el año anterior, cuando ella lo había invitado debido a sus contactos en el mundo del Quidditch. Cuando él la vio, se acercó para poder hablar con ella y quizás trabar algún tipo de relación. Hermione por supuesto no le había hecho caso, debido al recuerdo de él en la escuela, y específicamente ese fatídico día en el que habían ido juntos a la fiesta de Navidad de Slughorn.
"Siento haber sido un imbécil contigo antes" le había dicho cuando ella se volteó para irse "era un chico inmaduro que no sabía cómo llamar la atención. Pensé que presumiendo podría gustarte por mis habilidades, ahora sé que estaba equivocado".
Aquella noche se la pasaron conversando, él preguntándole sobre su vida, su trabajo, si es que estaba soltera, y por qué no, coqueteándole un poco. Habían bailado un poco también, lejos de la multitud y sobre todo lejos de los ojos de Ronald Weasley. Y al final de la noche, ambos ligeramente borrachos debido al Whiskey de Fuego, habían terminado en el departamento de él.
Nadie sabía lo que había entre ellos, solamente Ginny, a quien no podría haber engañado, aunque hubiese querido, debido a que ella los había impulsado a irse juntos. No habían querido que su "relación" saliera a la luz debido a que las fans de él eran algo agresivas cuando se enteraban de que salía con alguien. A la pobre Katie Bell, su ex novia, la habían mandado al hospital mágico debido a su noviazgo. Aunque claro, no eran realmente novios, así que tampoco tenían que declararlo públicamente. Pero sí se veían unas tres veces a la semana y hablaban todos los días. Y cuando salían, lo hacían con un disfraz para que nadie los reconociera, sino ya serían noticia en todo el mundo mágico. "Famoso jugador de Quidditch y la heroína del mundo mágico juntos".
Un gemido salió de su boca cuando McLaggen le mordió el cuello, dejando una marca roja que esperaba que no estuviera ahí al otro día, sino tendría que usar un pañuelo para trabajar. Cuando él comenzó a bajarle el cierre del vestido, un ruido en la otra habitación se escuchó, y segundos después, el llanto de un bebé.
-¿Qué fue eso? – cuestionó él, mirando con el ceño fruncido hacia la puerta de la habitación de Scorpius.
-Espera un momento – le dijo Hermione, empujándolo ligeramente para poder levantarse.
-¿Está llorando un bebé?
Ella fue caminando hacia la habitación, seguida por él, quien la miraba curioso y extrañado.
-¿Tienes un hijo del que no sabía?
Scorpius lloraba a moco tendido en la cuna, debido a que tras de él se había caído el colgante de dinosaurios y lo había asustado. Hermione se acercó a él y lo tomó en sus brazos, tratando calmarlo mientras lo mecía ligeramente.
-No, - le contestó a Cormac – es el hijo de Draco, lo estoy cuidando.
-¿Draco Malfoy? ¿aún eres amiga de él?
-Por supuesto.
Basta decir que luego de que Hermione le contara que iba a cuidar al pequeño rubio por dos meses, lo próximo que hicieron fue cenar.
Harry notaba algo extraño en su amiga, algo en su mirada había cambiado y no sabia si era algo bueno o malo.
Sin embargo, la sonrisa que le dio al entrar lo tranquilizó un poco. No estaba enterado si Hermione sabia del matrimonio de Ron y sinceramente no quería ser él quien se lo contara. No era bueno consolando, para eso estaba Ginny. Lo sabía, no era una actitud muy Gryffindor.
-Qué sorpresa verte por el ministerio a estas horas – le comentó Hermione cuando se lo encontró en el Atrio el sábado por la mañana.
-Debía firmar unos pergaminos - contestó Harry - ¿Vendrás al almuerzo mañana?
Cada domingo los Weasley se reunían en la Madriguera para almorzar. Era una tradición establecida desde que George se había casado hacía cuatro años atrás y Harry y Ginny se habían ido a vivir juntos. Era la oportunidad para estar juntos. Aunque no podían decir que todos estaban ahí, puesto que Ronald se iba a comer con los padres de Lavender y ella cada domingo, por lo que Hermione podía ir con tranquilidad, sin tener que lidiar con la pesada de Brown y sus comentarios.
-Claro, ¿crees que podré llevar un invitado?
-Por supuesto, Molly hace comida para un regimiento, podrían llegar veinte personas más.
Hermione rio y eso alegró a Harry. Estaba seguro que Hermione iba a estar bien.
El domingo Hermione vistió con las prendas más lindas que había encontrado al pequeño Scorpius. Le cantaba una canción improvisada mientras lo vestía y el bebé, con sus cachititos colorados, reía por las caras divertidas que le ponía ella. Cada pequeña carcajada del niño llenaba su corazón de dicha, una que sin duda le alegraría todo el día.
Cuando le dijo a Winky que fuera con ellos a almorzar a La Madriguera, especificándole que no como sirvienta, sino como amiga, la pequeña elfa con una lágrima en los ojos le agradeció, pero se negó, demasiado avergonzada por la propuesta. Por lo que Hermione no tuvo más remedio que aceptar su decisión. Le dijo que podía hacer lo que quisiera ese día, que era su día libre, y como nunca había tenido uno, la chica le enseñó cómo usar el televisor, le mostró la estantería enorme que tenía en la sala para que escogiera el libro que quisiera, y hasta le dijo cómo funcionaba la radio. Winky sin duda estaba fascinada con todo aquello.
Y luego de darle un cariñoso abrazo a la elfa, quien lo recibió con emoción, tomó a Scorpius, su cartera, a la que había hechizado con un hechizo de expansión indetectable y entró en la Red Flu.
Aparecieron en la sala de la Madriguera, con hollín sobre el cuerpo y sobre la nariz. Un tierno estornudo salió de los labios del bebé, quien pronto le sonrió a su niñera cuando ella rio ante esto. Scorpius tenía sobre la punta de su nariz el polvillo negruzco, contrastando enormemente la porcelana de su piel. Hermione tomó su varita y con un simple movimiento ambos estaban limpios.
Por la puerta lateral entró Ginny en el momento en el que ella guardó su vara.
-Cuando Harry me dijo que traerías un invitado, pensé que sería más alto – comentó riendo, acercándose a su amiga para abrazarla -. Qué hermoso bebé ¿de quién es?
Scorpius miraba embelesado a Ginny, y más aún su cabello, el cual traía medio cogido con una trenza. Sin duda el futuro adolescente Malfoy tendría una preferencia por las pelirrojas.
-De Draco, tuvo que viajar a Estados Unidos y yo lo cuidaré.
-¿Por cuánto?
-Dos meses.
La pelirroja le sonrió al bebé, embobada, y divertida por como él la miraba. Scorpius de inmediato estiró los brazos hacia ella, y sin dudarlo, Ginny se lo quitó de los brazos a Hermione, quien agradeció el gesto, porque así podría sacar de su cartera los juguetes.
-¿Practicando para cuando tengas tus bebés con Cormac?
-Muy graciosa.
Ginny rio, sin embargo algo hizo click en la mente de Hermione, que provocó que su sonrisa no fuera real. La pelirroja tiró de ella del brazo, y ambas, más bien los tres, se sentaron en el sofá de la sala. La miró con preocupación, no había tenido tiempo de hablar con la castaña esos días, ahora entendía en qué andaba tan ocupada, y no era una conversación que debiesen tener por teléfono, así que ahora era el momento, antes de que todo el mundo llegara a invadir la sala antes del almuerzo.
-Oye, ¿estás bien con la noticia?
Hermione sabía a qué noticia se refería. Por supuesto. Era el gran notición del momento. Lavender se había hecho amiga de Rita Skeeter en esos años, y por lo tanto, la noticia de la boda había llegado a el diario El Profeta, había ocupado la plana completa de la edición del sábado, y luego había ocupado lugar en la chimenea de Hermione.
-Sí – dijo, tratando de parecer convencida.
-Herms…
Suspiró y frunció el ceño. No quería que las personas la miraran con lástima, eso arruinaría su humor, y ese no era el plan de ese día. No cuando el pequeño Scorpius la había alegrado tanto.
-Voy a estarlo – afirmó, sacando al señor Bigotes de su cartera, el conejo de peluche del joven Malfoy -, aún estoy asimilándolo.
-Mi hermano es un idiota, le trae desgracia a la familia.
El bebé lanzó una carcajada, tomó su juguete entre sus pequeñas manitas levantándolo y dejándolo caer sobre las piernas de Ginny. Una gran O se formó en sus labios de bebito al momento en que el señor Bigotes cayó al suelo, y Hermione lo imitó en el gesto, agachándose para recogerlo y pasárselo otra vez.
-Con el tiempo aprenderás a quererla como…
-No digas "como a una hermana", porque eso jamás pasará. Es una cabeza hueca.
Scorpius levantó la cabeza y observó que el ceño fruncido de esta se dirigía a su niñera, así que él como un chico inteligente, la imitó, mirando a Hermione con el mismo gesto, cosa que la hizo sonreír. Merlín, ese bebé era hermoso, estaba enamorada de él.
-Tendremos que aceptarla solamente.
-Vendrán hoy – comentó Ginny con cuidado, temiendo la reacción de su amiga.
El gesto de horror en los ojos de la castaña no tenía nombre.
-No, por Merlín, ¿por qué no me avisaste?
-Creí que Harry lo haría.
-No lo hizo.
Ginny negó con la cabeza y Scorpius la imitó.
-Ese tonto… Aún puedes escapar si quieres.
-No, esa arpía y el estúpido de tu hermano no tendrán el placer de verme afectada.
Hermione tomó a Scorpius en sus brazos, puesto que él había estirado los suyos hacia ella.
-Esa es mi chica. Vamos, seguro mamá querrá conocer al pequeño…
-Scorpius – dijo, al darse cuenta que no le había dicho como se llamaba el bebé – Scorpius Malfoy.
Molly por supuesto recibió encantada al pequeño invitado, mostrando de inmediato su debilidad por los bebés. Se lo quitó de los brazos a Hermione y lo alzó en los suyos, haciéndolo reír de una manera inolvidable. Sin duda era una mujer con experiencia en el tema, puesto que con siete hijos y cinco nietos, los hijos de Bill y Percy, había cuidado más bebés en su vida que cualquiera de las mujeres que llegarían ese día a la casa. De inmediato trasformó una de las sillas de la mesa en una silla de bebé, y lo sentó ahí, dejándole encima de la mesita un par de galletas enormes de chispas de chocolate, que Scorpius empezó a babosear. Y, por supuesto, agregó una olla más sobre el fogón de la cocina para prepararle un banquete apto para niños sin dientes.
La matriarca de los Weasley no insistió más en el tema de la boda al darse cuenta que Hermione estaba tranquila. Sabía que en el fondo a la chica aún le dolía, era normal, puesto que lo que le había hecho su hijo no tenía perdón. Pero ella como madre había tenido que callar y simplemente aceptar la decisión de Ron de querer estar con esa pesada, aunque jamás había aprobado el que la hubiese engañado de esa forma. Cuando se enteró, le había mandado un vociferador exigiéndole que fuera a verla, y al visitarla él, lo había abofeteado en la cara, sin ningún reparo.
Pero ese domingo una mezcla de emociones se veía en los ojos de la castaña. Nostalgia, rabia, tranquilidad, pero también alegría y emoción, y sabía que la razón de eso era el pequeño bebé rubio que estaba sentado en la cocina. Quién hubiera dicho que un Malfoy estaría disfrutando ahí.
-Y este bebé tan hermoso ¿de quién es?
La voz chillona hizo que Hermione dejara de abrazar a Harry, quien había entrado por la puerta de la cocina, para mirar con ojos asesinos a la chica.
-No te atrevas a ponerle un dedo encima, Brown
Wow, cuando retomé esta historia no podía creer que habían pasado dos años desde que publique capítulo. No saben cuánto me ha costado escribir este capítulo. Sí, me costó dos años hacerlo. El tiempo se me pasa muy rápido, estoy haciendo muchas cosas y la verdad es que no he tenido inspiración hasta ahora. Me desanimé un poco cuando vi que mi otra historia no tenía tanta audiencia, así que había dejado de escribir. Pero cuando vi la foto que subió Emma Watson hace unas semanas a instagram empecé de nuevo a fangirlear como loca sobre esta parejita (si no la han visto, qué esperan de buscarla!) y el estreno de Los Crímenes de Grindelwald me ha devuelto al mundo mágico que había extrañado.
Espero que les haya gustado este nuevo capitulo. Aquí pueden ver varias facetas de Hermione, como niñera, como amiga, como amante. ¿Qué les pareció? Cuentenme en sus comentarios. ¿Qué piensan de su relación con Cormac? ¿y de la relación con el precioso Scorpius?
Gracias a todas las personitas que se han tomado el tiempo de leer esta historia y comentarla, me emocionaba ver que a pesar de que tenía el fic pausado habían varias que me pedían continuarlo. Por ustedes no lo borré y lo seguí. Espero que la musa siga presente para traerles más capítulos.
Bueno, ahora espero leerlas a ustedes. Y siendo las 2 AM, me despido, y les deseo Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo desde ya, por si no alcanzo a actualizar antes de las fiestas.
Besoos.
MRS. Taisho Potter.
(Extrañaba firmar así)
