Sólo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros". – Jean-Paul Sartre


"La Canción del Céfiro"

Orihime iba saliendo del observatorio. No había lugar como ese para ella. Allí esta se sentía a un paso del cosmos. Al mirar hacia abajo ella pudo ver que a su vestido de rayas se le había abierto un hueco en el área de la rodilla. Se agacho y lo levanto con la mano y solo se pudo escuchar.

— Tch.

Una voz masculina detrás de ella pregunto:

— ¿Qué paso, Inoue?

Ella sonriendo, respondió:

— Tropecé con alguien. — la imagen de Ulquiorra tendido en el piso paso por su cabeza, y empezó a ruborizarse de la vergüenza.

—Deberías tener más cuidado. — este dijo señalando el hueco en su vestido.

— Si, lo sé Ichigo, a veces simplemente me pasan estas cosas — se puso el brazo detrás de la cabeza, riendo.

— ¿Si quieres puedo acompañarte a casa? —continuo— no tengo practica hoy.

— No es necesario. — dijo evasivamente Orihime.

Sabía que aunque fuese con él sólo abría un silencio incomodo, pero este insistió:

— No me molesta hacerlo, Inoue.

— ¡No es necesario!. — subió la voz y aún seguía sonriendo.

— Entiendo Inoue, no veremos entonces… — este dijo con un tono de decepción.

— Hablaremos luego, Ichigo. No te preocupes.

Orihime emprendió su camino a casa la cual no quedaba tan lejos de la Universidad. Ella vivía en una zona llamada: "Karakura Town", esto es un conjunto de viviendas pintorescos. Habían casas con diferentes estilos desde; Barrocas, rococós, góticas y hechas con ladrillos. Orihime vivía en una al fondo hecha con ladrillos rojos, ventanas blancas, y había una hamaca colorida en el balcón del segundo nivel. Ella al llegar pudo ver a su vecino Szayel Aporro, un químico de renombre. Este iba de salida. La escudriño con sus ojos y luego el saludo con su arrogancia de siempre, moviendo su cabello rosa pastel de un lado a otro. Había muchas interrogantes alrededor de él, desde su sexualidad hasta quien era el realmente, pero la pregunta que todos se hacían realmente era; ¿Por qué ese color de cabello?

Orihime buscaba en su cartera floreada la llave para abrir la imponente puerta de madera blanca al frente de ella. Al entrar encendió las luces que iluminaban las pintorescas paredes de esta. Esta parecía más una tienda de recuerdos que una casa por todos los adornos de diferentes culturas que decoraban estas desde; Katanas, las cuales tenían nombres raros que su padre les había dado según la personalidad de cada una de estas, y armas medievales; Lucero de alba y Claymore, Jarras de cervezas, artesanías de Barro, pinturas de Botero y cactus de toda clase. Esto era de todos los viajes de sus padres en su antigua vida de nómadas, que por cierto habían retomado.

— Mama, papa. — ella sonreía al ver esas paredes.

Pero aunque la casa estuviese llena de cosas seguía estando vacía. Miro la foto familiar que había en el área del comedor; con ella, sus padres y su hermano Sora. Este siempre fue un héroe para ella, aunque solo fuese un humano ordinario, y ni siquiera fuesen hermanos de sangre. Esos sentimientos sólo afloraban en ella cuando esta se encontraba sola entre esas paredes. Ella suspiro y dejo su cartera en la mesa redonda con el mantel tribal y subió las escaleras mirando hacia las puertas de las habitaciones, y tomo el pomo de la puerta negra que tenía el atrapa sueños colgando del marco de esta. Esta era la habitación de Sora. Orihime se sentó en la cama, y sus ojos grises escudriñaban la habitación como si en esas paredes estuviera escrita alguna historia. Esta no había cambiado tras el accidente de tránsito de ese día, más bien era como si el tiempo se hubiese detenido ahí. Orihime veía con nostalgia y tristeza cada espacio en esta, y pudo divisar un grupo de libros al lado de la mesa de noche, uno titulado: "La Psicología y los humanos", y pensó en Ulquiorra, el chico que ella había tumbado, y recordó que este también estudiaba psicología como su difunto hermano. Ella levanto el libro de la pila.

— A él le podría ser útil.

Su teléfono celular empezó a sonar. Y esto la saco del estado letargo que la consumía. Salió de esa habitación con el libro aun en las manos a la suya que quedaba contigua. Su habitación: era amplia y había una cama con un dosel, esta tenía arriba de su espaldar las fases lunares pintadas con temperas de los ataques artísticos de Orihime, había un tocador a la izquierda repleto de cosméticos, los cuales ella casi no usaba y pinzas chinas para el pelo. Su Smartphone estaba donde ella siempre lo dejaba, en su mesa de noche. Aún seguía sonando este, era Tatsuki. Ella dio un salto entre los libros y la ropa que estaba en el suelo. Si sus padres estuvieran en casa su cuarto no estuviera tan desordenado. Alcanzo su teléfono y deslizo el botón verde de la pantalla.

— ¡Hola!— se pudo escuchar.

— ¡Hola Orihime!

— Tatsuki, ¿Cómo estás? — prosiguió — ¡que sorpresa!

— Estoy bien, gracias… te iba a pedir algo.

— ¿Si? — se escuchaba la emoción en la voz de la peli- naranja.

— Vamos a ver una película esta noche. Ichigo, Rukia y yo. ¿te gustaría ir?

Es un poco incómodo para Orihime salir con ellos.

— Déjame ver algo. — dijo Orihime.

Ella se levantó de su cama, y fue a revisar el calendario que estaba pegado detrás de su puerta, y lo sabía era noche de "Luna Llena". Se recostó en su cama otra vez.

— Tatsuki, ¿estás ahí?

— ¡si!

— Eeh… hoy no puedo… hay Luna Llena.

¿Quién iba a decir yo cancelándole a ellos?, aun me recuerdo de cómo eran ellos conmigo en el Colegio. Como siempre deseaba que me tomaran en cuenta, y las ansias de ser "La amiga" de ellos. Cuanto más me esforzaba para que me tomasen en cuenta y no me vieran como un estorbo, más lejos los sentía de mí. Nunca olvidare la vez que logre que me invitasen a salir con ellos, ese día dure horas arreglándome, estaba muy feliz, y al llegar todos me saludaron tan cálidamente. Lo logre— pensé. Al verlos sonriéndome a mí, pero luego apareció el sentimiento de ser "invisible", que siempre sentía al estar con ellos. Ella estaba sola a pesar de estar en un lugar lleno de personas; Ichigo con Rukia, estos eran pareja, se amaban, lo veía en sus ojos, no los culpo. El me gustaba mucho, pero simplemente deje ir el sentimiento, ya que al final entendí que solo era un sentimiento de amistad. Él fue mi primer amigo hombre, aunque a veces su actitud sobreprotectora me confundía acerca de mis sentimientos, pero aunque duela, el nunca sintió nada por mí. Tatsuki con Ishida; era como si no hubiese estado ahí. Sé que nunca tuve los mismos intereses que ellos, todos eran buenos en deportes a excepción de mí. Diferíamos desde gustos musicales hasta sobre películas. Y mi amor a la naturaleza y el cosmos, del cual evitaba hablar con ellos. Era como si habláramos diferentes idiomas. Me sorprende cómo las cosas cambian y no dependo tanto de ellos.

Tatsuki dudo un poco para responder.

— Entiendo… ¿Pero… no puedes faltar?

Al final de cuenta ellos no entendían nada.

— No lo sé —se escuchó vacilación en su voz— no me sentiría cómoda haciendo eso. La verdad.

— Está bien, será una próxima vez, Hime. — esta dijo sin insistirle.

Orihime sintió culpa. Al cerrar el celular se vio la tristeza en sus ojos grises por rechazarlos, pero amaba demasiado las noches de Luna Llena. Sentía la cercanía, era como si fuera una con esta. Reviso un poco el teléfono, y lo dejo encima de la cama. Sintió como su estómago gruñía y salió disparada de la habitación. Bajo por las escaleras y entro a la cocina modular.

— ¡Quiero pastel! — dijo en voz alta.

Sus hábitos alimenticios habían dejado de ser tan balanceados desde que su madre no estaba, aunque su figura no había cambiado para nada. Su refrigerador estaba lleno de sus combinaciones extrañas, al fondo estaba el pastel de chocolate con Wasabi, que tanto le encantaba. Se le hizo agua la boca de solo verlo. Lo puso en la mesa y cortó un pedazo, aunque sabía que un solo pedazo no sería suficiente, y busco su Ipod en su cartera, y lo puso en las bocinas, y activo la reproducción aleatoria en su Playlist: ~Lunar~, estas eran un conjunto de canciones con temática astrales y místicas. Se podía oír Manto Estelar de Moenia. La música llenaba cada espacio de la casa mientras esta comía, movía la cabeza al ritmo de esta, y ese chico de los ojos verdes pasaba por su mente, nunca lo había visto antes. Esa mirada.

Eran las 7:00 p.m., ya la luna se podía ver dibujada en el cielo, esta se ducho, y se puso un maxi dress aqua con una espalda abierta con un ligero escote que dejaba a la imaginación, que marcaba su figura de diosa, peino su cabello con paciencia, y se puso una diadema con cadena. Al verse en el espejo de su tocador volvió a su mente el sentimiento de culpa y pasaron por su cabeza imágenes de sus amigos divirtiéndose sin ella, pero era tarde para arrepentirse. Bajo por las escaleras más lento de lo normal esperando algo que la hiciera ir con ellos, y el sentimiento de soledad maquillado de una sonrisa se hizo presente en su persona.

—Necesito amigos. — dijo mirando hacia abajo.

Al llegar a la puerta se vio llamando a Tatsuki para aceptar su invitación, pero todos los momentos en que estuvo sola en los almuerzos y fiestas se revivían en su cabeza como si fueran películas. Estar en la misma universidad no había mejorado nada. Busco su cartera que estaba encima de la mesa e Ignoro eso, y prefiero seguir su camino a la playa. Esta se llamaba: "Cabeza de Toro", y quedaba a tres calles más abajo de Karakura Town. Era perfecto para ella vivir ahí. Al llegar a la playa de arenas totalmente blancas esta se quitó los zapatos, y corrió hacia la costa cómo una niña pequeña al ver a sus padres. Era sorpréndete el reflejo de la luna en el agua. Se sentó en la arena con su cabeza apoyada en sus rodillas y subió su rostro para observar la Luna Llena y las olas revueltas, y los surfer que montaban estas. La costa mojaba sus pies. Podía sentir el calor de Luna y la gravedad sobre ella.

Se levantó, dejando su estado de letargo, y empezó a danzar al compás de las olas. Los rayos de Luna se reflejaban en su rostro.

— Luna Llena, siempre envuelta entre nubes negras. No me abandones más. — susurro para ella.

Mientras ella danzaba pudo recordar como sus padres la llevaban a la playa las noches como esas. Un recuerdo de Sora sonriente antes de salir en el carro ese día — Te quiero Hime—. Varias lágrimas descendieran por sus mejillas, pero los ojos verdes esmeraldas de aquel chico se colaban una vez más en su mente. No entendía porque ese chico tanto le recordaba a Sora. Y al recordar todo eso suspiro y empezó a llorar en silencio aunque sus ojos estaban rojos estos eran imperceptibles por la oscuridad.

— ¡Oh, Luna, si supieras!

Ella termino de bailar cuando las olas se suavizaron, una silueta con una tabla de Surf en las manos salía del agua, y se acercaba a ella.

— ¡Hey, Orimoon! — una voz masculina y gruesa dijo.

Orihime abrió sus ojos. Reconoció la voz. Era Álvaro, su pelo castaño debajo de los hombros aun goteaba. Este clavo su tabla en la arena, y se sentó en esta e invito a Orihime a sentarse con él. Un olor a sal marina llenaba el ambiente.

— Hola, Al. — su sonrisa era amplia

Trataba de secarse las lágrimas de su rostro disimuladamente con la palma de su mano.

— Sabía que te vería por aquí. La Luna Llena esta hermosa esta noche. — decía mientras acomodaba su cabello y su Rashguard mangas largas de Quiksilver.

— Siempre lo está, pero esta noche lo está más. — decía mirando el cielo — casi me lo pierdo— susurro.

— ¿Y cómo estás?

— Estoy bien, me encantan las nuevas clases en el Observatorio. Veo supernovas y planetas. —prosiguió— me encanta. ¿Y cómo te va a ti en la Universidad?

— ¿Estas triste, Orihime? — este dijo mirándola seriamente.

— No para nada. Imposible.

— No te creo. — dijo con un tono acusador — no tienes por qué mentir.

— Solo estoy un poco nostálgica, nada importante— hizo una pausa, pensando en lo que debía decir—Mis amigos me invitaron a salir hoy y sólo pude recordar las cosas de antes. Y Conocí a un chico que estudiaba Psicología como Sora, no lo conocí realmente, lo tumbe. —JAJA — era una risa fría. — Que día el de hoy.

— Hime, sé que es difícil lo que te diré, pero deberías dejar ir esos sentimientos. Todo lo que me has contado no debería afectarte ya, porque es pasado. — hizo énfasis en esto— Deberías perdonar. Somos como el mar en constante cambio. Tu siempre me lo decías ahora aplícalo a tu vida.

— Cierto. — dijo ella mirando sus pies.

Se podía sentir la melancolía de la noche, y como las nubes tapaban la única fuente de luz, pero este después de un largo momento de silencio. Intento cambiar el ambiente de tensión. Y prosiguió:

— ¿Lo tumbaste? JAJAJA

— Si, JAJAJAJ — su risa retumbaba como si nunca hubiese parado de hablar— no fue mi intención.

— Claro, claro, te creo — una sonrisa sarcástica apareció en su rostro.

Las risas se prolongaron.

— Me gustaría conocerlo. — Respiro profundo y continuo — Me recordó tanto al Sora Universitario.

— Eso está bien. — Este dijo con inseguridad en su voz — no te guíes tanto por tus emociones. Ten cuidado.

Álvaro es bastante desconfiado. Después que su novia Kitty (Katherine) lo engañase con su mejor amigo por todo un año en sus narices.

— Vi un libro en la habitación de Sora que le podría interesar. Lo leí una vez, pero no me llamo mucho la atención, pero es interesante. No es mi área. — suspiro— Creo que le serviría más a él.

El céfiro volvía a soplar tocando sus rostros una vez más; moviendo sus ropas y sus cabellos suavemente. La diadema de esta se movía suavemente.

— Él te hablara si le hablas. Simplemente. No es necesario que le des nada.

— Si, supongo. — cambio su tono a uno más serio— es que no me gusta que las personas se vean afectada por mi torpeza. — esta continuo — Sería interesante conocerlo, hasta llegar a ser su amiga. Me sorprende la fama que tienen los psicólogos en mi Universidad, son como una clase de mafia. — empezó a reír en estas últimas palabras —Sora no era así. —continuo — Ni creo que tampoco ellos sean así. — pensó en el chico de ojos esmeraldas y cabello azabache.

El miro hacia otro lado. Entendía muy bien porque decían eso de Los psicólogos de la Universidad de ella. Ya le habían contado cuales eran sus pruebas finales, y sus métodos para evaluar a las personas a su alrededor. Las historias como la de Alfredo abundaban bastante.

— Solo ten cuidado. — dijo sin más.

Se quedaron una hora más hablando de temas sin interés.

— ¡Son las 11:00 p.m.!, tengo que irme, mañana tengo práctica. — esta se levantó y se sacudió la arena de su vestido aqua, y busco su cartera.

— En la próxima Luna Llena nos veremos, Orimoon.

— ¡Gracias, Álvaro! — se escuchó ternura en voz.

— Siempre que pueda —continuo— ¿Te acompaño a casa?

— No es necesario…

— Insisto. — dijo de manera obstinada.

Este la acompaño todo el camino a su casa. Y la abrazo al dejarla en su puerta, y su fuerte olor a sal penetraba sus fosas nasales. Esta entro a su casa con un ánimo diferente. Hablar reconforta el alma. Sentía menos nostalgia. Subió a su habitación, se quitó los zapatos y se arrojó en la cama.

— Intentare hablarle. —Dijo mirando el libro, y pensando en todos los comentarios que decían de los psicólogos de su Universidad.

Bendiciones y gracias por su tiempo

Espero que les esté gustando la historia


Gracias a:

Rociio Uchiha: ¡HOLA!, Gracias por tu observación, lo arregle desde que leí tu comentario. Muchas Gracias. ¡Un beso!, espero seguirte viendo por aquí.

Hanasaki95: ¡HOLA! Graciaaas, lo aprecio bastante. Es cierto, últimamente no hay tantos Ulquihime como antes. HAHAH ¡UNA GRAN PARED!, TE LO ASEGURO. Gracias por el ánimo y el apoyo. ¡Un fuerte abrazo y un beso! Gracias por tu tiempo.

Y a todos los que leen.

Canciones que me inspiraron/ayudaron a escribir este capítulo: Manto estelar de Moenia, My Hero de Foo Fighters, Vía Láctea de Zoé y The Zephyr Song de los Red hot chili peppers.

Chapters 199 (Ugly) of Bleach Manga help me a lot.