La lluvia moja las manchas del leopardo, pero no se las quita ~ Proverbio Africano
"Mientras Cae La Lluvia"
Parte 2
Orihime salió detrás de Ulquiorra intentando brincar sobre los charcos que se acumulaban frente al local. La lluvia se había tornado más fuerte, a tal punto que esta acallaba el sonido del tráfico por la forma violenta de chocar con el pavimento, y todo lo que se encontraba a su paso. Orihime alzo el rostro para mirar la luna, pero no vio nada. Ella no estaba. El cielo estaba cubierto de nubes negras totalmente. El paso de Ulquiorra delante de ella no vacilaba. Él se movía como si estuviera acostumbrado a climas así. Ella tenía miedo de caer, y se aferró suavemente al brazo de él. Su piel era cálida, a pesar de estar totalmente empapado, a diferencia de la de ella. El rostro del bajo al sentirla presionada en su antebrazo, sus miradas se cruzaron por un breve instante, pero la expresión del estaba invariable, al igual que siempre. Ella para tratar de romper la tensión entre ellos, preguntó:
— ¿Falta poco para llegar?
Los ojos de él volvieron a mirar el camino.
— Mmm — respondió él o eso fue lo que le dejo escuchar la lluvia.
Ellos entraron a un conjunto de calles, las cuales ella nunca había visto antes. Vio un letrero que decía: Bienvenidos a Hueco Mundo. "Hueco Mundo" dijo Orihime como un murmuró para sí. Siguieron unas calles hasta el fondo, y entraron a un edificio de una fallada extraña, mejor dicho, que la oscuridad lo hacía ver así. Al entrar a este, en la recepción solo había una lámpara encendida al fondo. Algo que sorprendió a Orihime, y esta miro a Ulquiorra, el cual pronunció sin vacilar:
— Por aquí —dijo señalando unas escaleras al lado del elevador, que se veía apagado.
Orihime se resignó de hacer preguntas. La lluvia no paraba, y no era opción irse a casa. Esta soltó el agarre del brazo de él, y lo siguió de cerca. Esa era una escalera de emergencias, estaba totalmente oscura, que ni siquiera los escalones se podían ver. Ella iba subiendo por esta aferrada al barandal, como si temiera a irse hacia atrás. Ulquiorra volteo, y al verla como estaba le pregunto:
— ¿Tienes miedo, mujer? — murmuró él.
— Si, a caer — suspiro — y de las noches como estas.
— ¿Cómo estás? — pregunto él con poco interés.
— Totalmente oscuras y sin luna, dicen que la verdadera naturaleza humana sale, ya que no hay luz — dijo observando la ventana al frente de ellos.
Este subió una ceja, ese comentario lo extraño o no era la respuesta que él esperaba. "Qué la luna tenía que ver con eso" pensó.
Al llegar al cuarto nivel, Ulquiorra camino hacia la puerta, y la abrió rápidamente. Orihime sólo pudo oír el ruido de la cerradura al abrir, no se podía distinguir nada en su departamento. Ulquiorra bajo un interruptor que estaba al lado del marco de la puerta.
— Tch, al parecer se cortó la electricidad en todo el edificio — dijo con un toque de molestia.
Orihime sólo veía siluetas y sombras a su alrededor.
— No entres — dijo Ulquiorra antes de perderse en las sombras, y que Orihime pudiera poner un pie en su departamento. Esta se paralizo en la puerta. Ulquiorra volvió con una toalla envuelta en sus manos, y se la entrego:
— Sécate — pronunció él sin emoción alguna.
— Gracias — dijo ella, sonriente.
— No me agradezcas.
Esta se empezó a pasar la toalla por el cabello, brazos y torso. Daba gracias porque estuviera oscuro, ya que las camisas suelen ceñirse mucho al cuerpo al estar mojadas.
— Quítate los zapatos — prosiguió — deben de estar mojados también.
"Él se está preocupando por mi" pensó Orihime. Esta no lo contradijo. Se los quitos con los calcetines. Realmente estaba empapada. Ella comenzó a temblar al momento de sus pies hacer contacto con el frío piso del departamento.
Ella podía sentir su mirada sobre ella, aunque estuviese en la total oscuridad. Se sentía como la presa acechada por el depredador.
— Toma asiento, si quieres.
Ulquiorra se dirigió a donde estaba el teléfono, y lo levanto, no había tono. "que molesto" pensó este. Busco su móvil y marcó a la recepción, nadie contesto. Opto por llamar a Baraggan, ya que él siempre le contestaba. Este duro unos minutos conversando con él, al parecer sin muchos resultados, al juzgar por las respuestas que Ulquiorra daba, que no eran más que monosílabos.
— La electricidad se fue por la tormenta — este le dijo a la chica de ojos plateados, que lo observaba.
— Desde que se detenga la lluvia, me iré — pronunció — ¡No te preocupes!
— Dudo que se detenga, mujer es una tormenta — continuó — Puedes quedarte hasta mañana, no me molesta, la verdad.
— Gracias — dijo esta, agarrando la toalla para entregársela.
— Guarda tus energías.
Este fue a su habitación, y busco en sus cajones una camiseta y un pantalón de pijamas para ella. "le prestare ropa" fue un pensamiento fugaz en su cabeza. Salió de su habitación y se las entregó. Ella rozo sus dedos con los de él. Estaba aún ahí, su calidez. Sus miradas se volvieron a encontrar una vez más, pero esta vez ella sintió algo más en esos ojos, no lo sabía explicar. Ulquiorra se sintió escaneado, algo que no le gustaba, para nada.
— Cámbiate… si quieres — dijo tranquilo, esquivando su mirada — el baño esta al fondo.
— Está bien — murmuró — pareces una persona fría, pero veo que no es así — dijo ella mirándolo.
— Mmm — dijo poniendo las manos en sus bolsillos, y dándole la espalda para irse.
Orihime se levantó y se encamino baño. La camiseta olía a él. Era una fragancia casi embriagante e indescifrable. Ella escucho la puerta de la habitación principal cerrarse al mismo tiempo que esta entraba al baño. Él ya no estaba. Ella realmente odiaba esas noches. Después de cambiarse y dejar la camisa y su pantalón en el baño para que se secaran, se fue a sentar en el sillón. Quería evitar dormirse a toda costa, pero sus parpados se fueron haciendo pesados, y cayó dormida donde estaba. El sillón no se sentía tan rígido, ya.
Habitación de Ulquiorra
Eso había sido extraño. Ella era extraña de por sí. Él no podía perder tiempo, por eso había cerrado la puerta. Tenía que avanzar con su proyecto, y busco su cuaderno en el cajón, y un bolígrafo y una linterna. Empezó a escribir como si el mundo dependiera de ello. Hablo de absolutamente todo; lo que había aprendido de ella, lo que había hecho y lo que había logrado; con su ropa y ser su amigo. Aun así faltaban dos temas para que su proyecto estuviese completo, pero ya sabía cómo lograrlo. Ella ya no lo dejaba sin herramientas como antes, pero si seguía desconcertándolo con sus reacciones. Recordó su tacto y la suavidad de este, le había agradado, odiaba admitirlo. Había pasado media hora desde que él había empezado a escribir, y quería evitar pensamientos como esos a toda costa, todo con respecto a aquella mujer le seguía causando intriga, y solo pensar lo que había hecho para poder llegar a donde estaba, lo sorprendía. Él era un hombre, al final de cuentas, tenía que cuidarse de los impulsos. Al terminar de escribir, puso en el pie de página: "Aquí se destruye la última muralla"
Ulquiorra empezó a sentirse cansado, y sus parpados se empezaron a cerrar. "Descansare cinco minutos" pensó él. Y cayó al lado de su cuaderno, aún estaba un poco mojado a causa de la lluvia, y termino durmiéndose en esa noche sin luna.
6:55 A.M.
Orihime abrió los ojos. Estaba amaneciendo, y aun se sentía la humedad de la noche anterior en el ambiente. Se estiro y se levantó. Llevaba una camiseta negra del grupo; The Killers y unos pantalones de Pijama de rayas, muy cómodos. Su cabello estaba seco, pero algo esponjado. Seguía sin haber rastros de Ulquiorra. Ella observaba su alrededor, todas las sombras de la noche habían adquirido forma. Su departamento era bastante espacioso, pero no quitaba que el ambiente en este fuera: "solitario", era como si ahí no viviese nadie. El estilo impersonal en este.
— Tanto espacio para una sola persona — dijo para sí.
Se fijó en los dos montones de CD'S que estaban perfectamente ordenados. Algo no encajaba, y esto era la diferencia abismal de gustos musicales. El montón de la izquierda era de: música clásica, Rock Clásico e Indie, y el de la derecha era: Punk, Heavy Metal y Hardcore. "Aquí debe vivir alguien más, esto es extraño" pensó. Esta se imaginó a Ulquiorra como miembro de alguna banda, con la uñas pintadas de negro y con dos líneas verdes bajando de sus ojos, y con mucho maquillaje negro y un tatuaje de un número 4 en su pecho, empezó a reír. Ella se asomó al balcón, la vista era hermosa desde ahí, la ciudad se veía completa, hasta las montañas que enmarcaban el horizonte. Fue al baño a recoger su camisa y pantalón. se fijo que al lado del baño había una puerta negra, y ella tomo el picaporte de esta, y la abrió guiada por el sentimiento de curiosidad. Todo se veía normal en esa habitación: un escritorio con una taza llena de lápices y un gran librero que ocupaba la pared completa, y estaba repleto, "no sabía que le gustase leer tanto" pensó. Al mirar más de cerca se dio cuenta de algo, Esos no parecían libros. Orihime se acercó y lo comprobó; eran cuadernos. Esto la sorprendió bastante, ¿Quién necesitaba tantos cuadernos?, ella se preguntaba, tomo uno al azar entre todos ellos. Era un cuaderno Composición negro, que tenía un nombre escrito afuera: Vasili Jökull. Este se veía un poco estropeado al parecer por el tiempo. Orihime intento pronunciar el apellido sin mucho resultado.
Ulquiorra se estrujo sus ojos esmeraldas con las palmas de sus manos antes de abrir estos con sobresalto, su diafragma se expandía rápidamente, mientras se entre cortaba su respiración, él intentaba tranquilizarse, después de esa pesadilla, el dudaba que volvería a dormirse. Siempre era lo mismo. Seguía con la misma ropa, aunque esta estaba seca ya. Recordó, que ella aún estaba ahí. Abrió la puerta de su habitación, y vio que la puerta que se encontraba al lado del baño estaba abierta: Ella estaba ahí. No era que le molestase, pero en esos cuadernos estaban plasmados muchos estudios, teorías e informaciones de utilidad para él, acerca de persona que él había estudiado en el pasado, y no estaba en condiciones para dar explicaciones. No era prudente que ella los leyera, ya que ella era uno de ellos.
Ella no se dio cuenta cuando él entro, ella sólo volteo al sentir a alguien en el marco de la puerta, era él con su mirada gélida posada en ella.
— Mmm… Hola — dijo ella nerviosa.
— No deberías estar aquí — murmuró él con los brazos cruzados.
Orihime alzo la cara y dijo:
— Discúlpam…. — no termino de pronunciar — ¿Tienes… sangre… seca debajo de la nariz?
Ella se acercó a este con la intención de limpiarle la cara. Sus manos tocaron su rostro, pero este la observo, y aparto la cara y dijo:
— No es necesario, mujer
— ¿Te golpeaste la cara?
— No.
Sus pesadillas cada vez eran más vividas. No le iba a decir nada, no tenía sentido que ella lo supiera, al final de cuentas eran sus problemas.
Ella le paso el cuaderno, que tenía en sus manos. Estaba preocupada, pero sabía que no le iba a sacar más información, y dijo sin más:
— Lindo nombre e impronunciable apellido, ¿de dónde es? — pronunció ella
— Islandés.
Él tenía mucho sin ver ese nombre, como al dueño del mismo, Su padre.
"Entre todos los cuadernos tuviste que escoger este, mujer" pensó él, mirándolo en sus manos.
— ¿Eres de Islandia?
— No, realmente. Soy mitad Islandés y mitad Italiano.
— ¿De verdad?, sabía que no eras de aquí, tus facciones — continuó — creo que entiendo, eres un escritor y estos son tus personajes — dijo señalando el librero, sonriendo.
— Si…— pronunció con un tono indiferente.
Era mentira.
— Disculpa por entrar sin permiso — dijo avergonzada mirando hacia abajo — no leí nada.
— Está bien… — "me alegra" pensó él.
— Mejor me voy — prosiguió — gracias Ulquiorra — sonrió aliviada— la pase muy bien.
Esta salió de la habitación pasando por al lado del, en dirección a la puerta. El olor de ese cabello de fuego choco una vez más con su nariz. Ella vio sus converse al lado de la puerta, y se los puso. Ulquiorra iba detrás de ella en silencio con las manos en los bolsillos. Al ella al abrir la puerta se encontró con un señor mayor con bigote, y una corona de cinco puntas, que estaba a punto de tocar.
— Ulquiorra — dijo este, hasta que vio a Orihime con esa camiseta que a simple vista se veía que no era de ella, y esa ropa doblada que llevaba en las manos. — Señorita — pronunció seriamente él.
Orihime le sonrió mientras le cruzaba por el lado. "Tal vez él fue a quien Ulquiorra llamo ayer en la noche" pensó ella.
— Adiós Ulquiorra — ella volteó, antes de bajar por la escalera y le sonrió — nos veremos.
Baraggan miro sospechosamente a Ulquiorra.
— No sabía que tuvieses una novia — lo miro, y le empezó a dar palmaditas en la cabeza— Por eso me llamaste tan impaciente.
Ulquiorra lo observo impasible. Este siempre lo trataba como un niño.
— No estaba impaciente — dijo alzando una ceja, y sin cambiar su expresión — te llame simplemente por la electricidad.
— Si, si, si, no me expliques — dijo riendo — yo también era así en mis tiempos — ¡qué buenos tiempos! — este dijo mirando a la escalera como si pudiera ver sus recursos reflejados allí, volvió su rostro a Ulquiorra — Tienes sangre en la cara, ¿sigues teniendo pesadillas?
— Si…— dijo Ulquiorra mirándolo.
Orihime al bajar a la estancia vio que esta estaba totalmente vacía, y el color blanco en ella no hacía más que aumentaba el sentimiento de soledad, algo que parecía común en esos departamentos. Al salir del edificio, Orihime volteo su rostro, y vio aquella fallada que le había parecido tan extraña, para darse cuenta de que esta parecía una fortaleza medieval, y se escapó un suspiro de sus labios.
— ¡Qué día! — dijo para sí — me gustaría que se repitiese.
Bendiciones y gracias por su tiempo
Espero que les esté gustando la historia, háganmelo saber.
Dato: esta historia es publicada los domingos o los lunes.
Muchas Gracias a:
Hanasaki95: ¡Hola!, ¡sí!, en verdad. Jajajaj, eso es característico en ella. Muchas gracias, de verdad, trato. Me subes mucho el ánimo siempre. Jajajajaj lo escribí pensando en lo que me comentaste n-n. Nos leemos entonces. ¡Gracias por tu tiempo siempre!, ¡un beso y un abrazo!
IrisTohruSohma: ¡Hola!, no importa, entiendo. Jajajajaj, lo iban a hacer tarde o temprano. A mi igual, la verdad, se parece un poco algo mío, tienes buen gusto para la ropa n-n. A mí no tanto. A cualquiera le gustaría dormir así. ¡Si!. No te puedo dar respuesta aun. Veré que se hace ajjaajajjaaj. Suerte con todo. ¡Gracias por tu tiempo siempre!, ¡un beso y un abrazo!
Y a todos los que leen esta historia.
~ Canciones que me inspiraron/ ayudaron a escribir: Un deseo de Cultura Profética, Dreams de The Cranberries, Precius de Depeche Mode y Californication de Los Red Hot Chili Peppers.
