Gracias E. por compartir tu experiencia conmigo. Discúlpenme la tardanza.
"Puedes huir de los demás, pero no de ti mismo (Séneca)"
"La confesión: Rompiendo Los Hábitos"
Parte 2
El eco de la puerta al cerrarse no fue tan fuerte como para callar las palabras de él que aún seguían resonando en su cabeza. Se había prometido no llorar fuese cual fuese la respuesta. Iba a respetar su decisión. Pero no se esperaba esa reacción de parte él. ¿Por qué había dejado que ella lo besase, si él se sentía así? Esto iba a ser un constante recuerdo de él. Una marca invisible en sus labios y su corazón. Había sentido algo, lo sabía. Entendía porque las personas en ocasiones preferían callarse sus sentimientos, porque oír de la boca de la persona que te gusta semejantes palabras. Dolía. Quemaba. Ardía. Pero una promesa era una promesa, no se desplomaría ahí. No permitiría que sus sollozos fuesen audibles para alguien más que sí misma. Bajo por el ascensor donde había un espejo a su espalda. Detestaba ver su reflejo cuando se encontraba en esas condiciones. A las puertas abrirse se encontró con un vestíbulo vacío, como siempre. La única gota de color en ese lugar eran unos girasoles en un centro de mesa. No volvería. Lo sabía.
No era tan tarde al juzgar por los débiles rayos del sol. Estos no la molestaban. Intentaba buscar las llaves del carro dentro de su cartera. Rogaba por no haberlas dejado donde él. No podía volver a verle el rostro en el estado que se encontraba. Estaban debajo de su monedero color café. Encendió el motor y se puso en marcha. Su rostro estaba inexpresivo. Su alrededor se veía más vivas que nunca. Esperaba encontrarse con mucho tráfico por la hora que era, pero no fue así. Encendió la radio para ver si podía distraerse, aunque fuera un poco.
— ¡Son las 6:00 de la tarde de este hermoso domingo! — decía animosamente el locutor — hoy recibimos muchas llamadas solicitando una canción en específico — continuó—Demasiados corazones rotos para mí gusto Jajaj, pero ¡disfrútenla!
Empezó a sonar Big Girls Don't Cry de Fergie. Orihime escuchaba detenidamente la letra. Ella había cantado esa canción en muchas otras ocasiones. Pero como dicen empiezas a entender las letras de las canciones cuando tienes el corazón verdaderamente roto. Orihime estaba en total silencio con los ojos fijos en el camino. Llego a un semáforo en el cual tuvo que parar. Sentía la humedad de sus lágrimas mojando sus mejillas.
— ¡Basta! — se decía así misma apretado las manos en el volante — Cálmate.
Sus lágrimas no paraban. Trato de sonreír. Ser madura. Aceptar las cosas, pero necesitaba tiempo y dejar que esas cosas salieran de ella. Empezó a escuchar los claxon de las personas que estaban detrás de ella. Esto la hizo reaccionar y pisar el acelerador.
Al llegar a su casa. Dejo el carro en el garaje. Esta abrió la puerta lo más rápido que pudo y fue a su habitación donde se dejó caer en la cama. La suavidad de esta amortiguo su caída. Dejo caer todas esas lágrimas que ella se había guardado. Sus almohadas se humedecieron debajo de ella. Dolía. Su respiración se calmó. Sus lágrimas se habían secado en sus mejillas. Ella se había quedado dormida. Llorar a tal punto que tengas miedo de que tus ojos se sequen y no vuelvas a poder llorar jamás. Pero mañana estaría bien. Ella lo sabía. Como si nada hubiese pasado. Mañana sería un lunes. Iría a clases y el mundo seguiría su curso normal. Pero su corazón seguiría roto.
Lunes: Departamento de Ulquiorra
Ulquiorra se despertó a las 6:00 a.m. No podía dormir. Cuando se estresaba sus pesadillas volvían con mayor intensidad y vividez que antes. No era la primera vez que esto le sucedía. Se dio un baño de agua fría para ver si podía alejar muchos de esos pensamientos de su cabeza. Por cosas como esas preferiría estar solo. No sabría cómo explicarle a nadie sobre esas cosas que él soñaba. En su departamento sólo había una luz encendida y era la de la habitación donde se encontraban sus cuadernos. Después de lo sucedido con ella, ni siquiera sabía que decirse así mismo. No debió reaccionar así. Lo sucedido se repetía en su cabeza como una película. Se había comportado mal. Estaba enojado consigo mismo. Si hubiese tenido el valor para decirle tal vez no se sintiese tan presionado como se sentía en ese momento. Al principio Ulquiorra no estaba muy feliz de irse de viaje, pero sería lo mejor que podría hacer en esa situación. Tal vez así pudiese poner en orden sus sentimientos. Tenía pensando decirle el viernes o el sábado. Pero aún no encontraba las palabras necesarias. Algo lo detenía.
Él se estaba dedicando en lleno a hacer el proyecto de Aizen. No quería distracciones. Este realmente trataba de distraerse de todo y enfocarse en eso. Borrar e ignorar sus sentimientos era lo que trataba de hacer, como siempre lo hacía. Necesitaba estar frío para poder contarle. No se encontraba del todo bien, pero no lo quería admitir.
Ulquiorra se levantó repentinamente de la mesa que se encontraba en la habitación de sus cuadernos a causa de un calambre en su pierna izquierda. Se dirigió a su habitación donde vio que su teléfono móvil tenía una luz parpadeante color azul. Al desbloquearlo vio 5 llamadas perdidas de Grimmjow
— Tch… ¿Qué diablos Grimmjow quiere? — suspiro.
Esa semana la iba a dedicar a fondo a sus estudios. No le había contado a nadie sobre esta decisión. Tenía bastante en que pensar todavía. Detestaba tener tanta ansiedad. Fue a la cocina. Él no tenía hambre, pero si quería mantenerse despierto necesitaba comer. Preparo un café. Este olor inundo su departamento. Era lo único que realmente le podía pasar por la garganta en esos momentos. Escogió un CD's al azar del montón de la izquierda. Cuando estuvo a punto de abrir la caja paro. No música. No iba a escuchar música. No podía. Dejo la caja a un lado, fuera de su lugar. Termino de beberse su café. Apago la luz y volvió a la habitación y continuó escribiendo.
Universidad
Orihime iba saliendo de la facultad cargando con un grupo de libros de física. Uryu la había invitado un café, pero ella lo había rechazado nerviosamente. Él se había dado cuenta que algo no andaba bien del todo con peli naranja, pero no se atrevía a preguntarle. Ella siempre trataba de no preocupar a los demás, pero lograba todo lo contrario. Quería llegar lo más rápido posible a su casa para así poder estudiar un poco y evitar a toda costa, ver el rostro del chico de los ojos esmeraldas. Aunque los libros le pesasen bastante esto no le impedía caminar rápido. Parecía como si quisiera correr de algo que estaba trás ella. Una mano agarro su hombro. Ella suspiro para sus adentros. Volteo el rostro con temor. ¡No puede ser él! ¡No podría verlo a la cara!
— ¡Princesa! — una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
Era Grimmjow. Llevaba el uniforme del equipo y pintura a azul turquesa debajo de sus ojos que hacia juego con su cabello.
— ¡Hola! — todo rastro de temor se borró de su rostro. Estaba aliviada — ¿Cómo estás?
— Pues yo estoy muy bien — respondió mientras se peinaba su cabello con su mano — Como sea ¿Y Ulquiorra? — preguntó poco cortes.
Esta se sonrojo un poco y miro sus pies. Ese era el nombre que ella había tratado de sacar de su cabeza en todo el día, pero su esfuerzo había sido en vano.
— Eeh… bueno… — suspiró— no sé…no he hablado con él.
Eso no era del todo cierto.
— ¿De verdad? — se asomó un poco de preocupación en su rostro— Creí que ustedes eran cercanos.
No sabía que decir ante eso.
— ¿Pero haz intentando llamarlo? — dijo la chica de cabello de fuego tratando de evitar responder a eso último.
La expresión de ella cambio a una de preocupación. Grimmjow se dio cuenta.
— Lo he llamado más de cinco veces y él no contesta— por algo te estoy preguntando ¿no crees? — sonrió burlonamente.
Ella ignoro su respuesta. Y miro a sus libros. ¿Estaría bien? ¿Le habría pasado algo? sacudió su cabeza tratando de borrar esos pensamientos de su mente. No tenía sentido preocuparse por él. Ya no más.
— Supongo — miro hacia abajo — me tengo que ir.
Esta dio vuelta.
— ¿Paso algo entre ustedes? — dijo él con un tono serio.
Sus ojos se volvieron a humedecer. Daba gracias que él no le pudiese ver la cara.
— ¡Claro que no! Jajajaja— ¡Imposible!
Ni ella misma creía en sus palabras.
— Está bien...
Esta empezó a alejarse lentamente de él. Eso fue un si para Grimmjow, pero no quiso insistirle más. Iba tarde a la práctica.
Campo de Fútbol Americano
Todos estaban alineados en una fila de frente al entrenador quien hablaba con su asistente, quien era una chica de baja estatura y cabello rosa, que llevaba una sudadera negra. Grimmjow llego jadeando por haber corrido tan rápido en tan poco tiempo. Se ubicó en su posición. Yammy que estaba a su lado le susurro sin moverse ni un centímetro de su posición. Este llevaba pintura roja en sus pómulos.
—No deberías arriesgarte a llegar tarde con Kenpachi y menos en la semana de aniversario — dijo Yammy — No me mal intérpretes, no es que me importe si Kenpachi te hace algo, pero aún es necesario que pagues la otra mitad de la renta.
—Gracias por preocuparte — dijo Grimmjow poniendo sus manos en su cintura— Odio esta mierda que tengo en la cara — dijo con asco.
— Ni lo digas. Voy a golpear a Yumichika desde que esto se acabe — Yammy rio con malicia.
Grimmjow asomo su cabeza. Había un lugar vacío y era el de Ichigo. Una sonrisa se dibujó en su rostro, sabía que eso significaba. Kenpachi dejo de hablar con su pequeña asistente.
— ¿Has hablado con Ulquiorra? — preguntó Grimmjow.
Kenpachi volteo hacia ellos y la pregunta quedo en el aire.
— ¡Infelices! — dijo sonriendo Kenpachi— falta alguien — este frunció el entrecejo — Kurosaki Ichigo — No fui claro con que no me gustaban las tar...
— Discúlpenme — este grito jadeando corriendo hacia su lugar.
Ikkaku y Yumichika compartieron una mirada cómplice. Sabían lo que venía. Dieron un paso al frente y voltearon hacia los demás. En el tiempo que les quedaba iban a presentar el reto del día.
Las semanas de aniversario del equipo desde que Kenpachi era capitán eran así, competencias brutales de todos contra todos con temáticas. La de esa semana era: El ejército; por eso les habían pedido que se pintaran la cara simulando camuflaje. El objetivo siempre era el mismo tratar de aturdir a tu enemigo al punto que este no pudiese volver a levantarse. Sólo debía haber un único ganador en cada uno de los retos. Esto garantizaba que estuvieras a salvo del reto final, que era el más brutal de todos. Ikkaku y Yumichika son los autos proclamados favoritos del entrenador. Nadie se explica como dos personas tan diferentes siempre estan juntas. Uno es un Ingeniero Civil bastante descuidado y el otro un Arquitecto que esta obsesionado con la belleza y la simetría. Mucho se especula sobre ellos desde que pagan dinero extra para poder tener esa posición en el equipo hasta que tienen una relación sentimental. Estos se complementaban en muchos aspectos.
Al ellos terminar explicar el reto del día. Ikkaku empezó a contar.
— ¡Tres!
— ¡Dos! — dijo Yumichika moviendo su hermoso cabello purpura a un lado de su rostro.
Todos empezaron a mirarse, nadie entendía que pasaba. Las sorpresas en esa semana nunca significaban nada bueno
— ¡Uno! — dijeron a unísono Yumichika, Ikkaku y Yachiru.
Kenpachi empezó a correr en dirección hacia Ichigo. Él no era de las personas que hablaban ni mucho menos que dieran advertencias. Ichigo no reacción hasta que vio el rostro de él a unos poco centímetros del suyo.
— ¡Corre! — grito un chico de pelo castaño que estaba al lado del.
Ichigo no lo pensó ni un segundo para salir corriendo, casi cae al subir por la gradas. Kenpachi iba detrás de él con un balón y su peculiar sonrisa. Él era su presa.
— ¡Diablos! — grito Ichigo a lo lejos.
Todos empezaron a mirarse. Sabían cómo era Kenpachi.
— Pues bien — continuó Yumichika como si nada hubiese pasado— veo que todos pintaron sus rostros… excelente trabajo hasta para… —dudo un poco— ustedes.
Ikkaku chasqueo la lengua.
—¡Comencemos! — dijo.
30 minutos después. Duchas.
Grimmjow terminaba de ponerse su sudadera gris Emerica, mientras se miraba en el espejo del baño en donde había un letrero con letras negras, que decía: La Violencia siempre es la respuesta, algo que Kenpachi decia/practica bastante. La pintura de debajo de sus ojos no se terminaba de quitar, esto lo incomodaba, pero había ganado el reto del día.
Yammy salió de las duchas con una toalla enrollada en su cintura y con una colgada de su cuello. La pintura en el rostro del se había ido completamente.
— No he sabido nada de Ulquiorra ¿Paso algo? — ¿Se suicidó? — dijo este.
— No lo sé — este sonrió con sorna, pero algo dentro de él le decía que había sucedido algo, si Ulquiorra había tomado la decisión de alejarse.
— ¿No le preguntaste a la mujercita?
— La princesa tampoco sabe. Estaba tensa, parecía como si estuviese a punto de llorar.
— ¡Se suicidó entonces!, porque das tantas vueltas al asunto. Piensa con lógica— este alzo una ceja poniendo su mano en su barbilla.
Grimmjow estaba sorprendido con la seriedad y seguridad con que Yammy hablaba en ese momento.
— Sabía que terminaría así — continuó, y su expresión se tornó a una de enojo — ¡Te hubiese ganado!
Este dio un ligero brinco y casi se deshace el ligero nudo de su toalla.
— ¡No, por favor! — dijo Grimmjow tapándose los ojos — mejor me voy, ¡vístete! — este tomo su mochila celeste y se fue.
Al Grimmjow dirigirse a la salida se encontró con Ichigo quien estaba sucio de tierra y polvo. Tenía unos moretones en el brazo y en la frente y tenía el ceño más fruncido de lo usual.
— ¡Fresa cálmate! — dijo este riendo a carcajadas al ver su aspecto.
Ichigo apretó los puños evitando así golpearle la cara. No le importara que se rieran del, pero ellos estaban hablando de ella. De Orihime. De su amiga. Ellos no tenían derecho de hablar de ella. Ella no tenía nada que ver con lo que a Ulquiorra le pasara o dejase de pasarle. Tenía un mal presentimiento.
Grimmjow le paso por el lado Ichigo quien no parecía responder a sus burlas. Sus hombros chocaron, pero este simplemente no presto atención. Sintió la vibración de su móvil en su bolsillo era un mensaje de Nelliel diciendo:
"No podre hoy, tengo cosas que hacer"
Algo que lo molesto un poco.
Miércoles: Departamento de Ulquiorra.
— Termine — dijo él con su expresión impasible. Tenía los ojos fijos en la pantalla.
Este se levantó, y empezó a estrujarse los ojos y a estirar los brazos sobre su cabeza. Ulquiorra no había podido consentir el sueño en esos últimos tres días. Seguía sin sentirse bien a pesar de haber terminado, había escrito cincuenta y cinco páginas. Salió de la habitación. El silencio del apartamento era demasiado molesto. Vio en el reloj de la pared que eran la 7:00 a.m. había perdido la noción del tiempo totalmente en esos últimos días. Se dirigió a su habitación, encendió la luz y saco su maleta color verde de adentro de su closet y la puso encima de la cama. Se quedó unos segundos mirándola fijamente. Iba a volver. Iría a "casa". No había tenido tiempo de digerir eso todavía. Sentía como si hubiese estado ausente de su cuerpo todo ese tiempo. Suspiro. Abrió sus cajones. Saco algunas camisetas, pantalones y tres pares de tenis. No duraría tanto, eso esperaba. Miro su maleta con una expresión neutral. También tenía que decirle a ella. El timbre comenzó a sonar. Esto lo saco de sus cavilaciones. Tenía que recomponerse. Se acercó a la puerta parsimoniosamente.
¿Quién sería? — pensó.
Al abrir la puerta. Se encontró con Stefano, el chofer de Baraggan. Este tenía una camisa blanca mangas largas y unos pantalones negros ajustados. Llevaba en las manos un sobre con la firma de Baraggan.
— Hola Señor Ulquiorra — dijo con bastante formalidad observando de arriba abajo a Ulquiorra.
Tch, que molesto — pensó.
— Hey.
— Disculpe que me presente tan temprano, pero el señor Baraggan me mando a entregarle esto.
Tanta formalidad lo haría enfermarse.
Este le entrego el sobre y lo miro con una expresión seria.
— Gracias…supongo.
Ulquiorra miro el sobre que tenía en sus manos. Era el boleto. Cuando estuvo a punto de cerrar la puerta la mano de Stefano la detuvo.
— ¿Eres hijo de Nicolás Massimo? — este preguntó con un tono temeroso — Disculpa, eso es imposible, tu apellido es Cifer ¿cierto? — este dijo quitando la mano de la puerta, estaba a punto de darse la vuelta para irse cuando Ulquiorra respondió.
— Si, lo soy.
Este abrió los ojos con sorpresa.
— ¡Diablos! Lo sabía — dijo él riendo — ¿Me recuerdas?
Ulquiorra miro fijamente su rostro. No tenía ni la más mínima idea de quién era él.
— No te esfuerces — este se recostó de la pared con una sonrisa — estábamos en el mismo Colegio — Ulquiorra seguía mirándolo sin expresión alguna — Fiorenzo Baldassare, es mi Padre.
Ulquiorra duro unos segundos pensando detenidamente. Recordó. Ese era el hombre de la cabeza rapada con la cicatriz en el pómulo derecho. Este solía usar muchas joyas. Era un fiel comprador de su padre.
— Sé quién es.
— Creí que estabas muerto — este sonrió — veo que no — ¿Volverás a Italia, cierto?
¿Por qué el sabia eso?— pensó
— Si — dijo mirándolo impasible.
— Yo también quisiera volver a casa. Odio este lugar, pero si vuelvo…sabes cómo son las cosas — dijo con molestia, mirando las paredes a su alrededor — ¿y en dónde vivirás? ¿conseguiste un trabajo allá? ¿te vengaras?— este parecía un reportero.
— Sólo voy de visita.
— ¿Por qué? — lo miro extrañado— ¿Cómo te através a decir eso? Este nisiquiera es tu país al final de cuentas —sus ojos denotaban fastidio— hasta las mujeres allá están mucho más buenas que las de aquí.
— Ya veo… — dijo sin variar el tono de voz.
Que le importa— pensó
— Jajaja. Nunca cambias — este subió una ceja y puso sus manos en los bolsillos su pantalón. Ulquiorra pudo visualizar la culata de una pistola sobresaliendo de adentro de sus pantalones — este sonrió — miras esto — dijo sacándola y apuntándola al rostro de Ulquiorra.
Ulquiorra como un reflejo le agarro la muñeca a Stefano con toda su fuerza haciéndolo apuntar el cañón hacia arriba, para enseguida arrebatársela de las manos y por instinto apuntarla hacia él.
— La tengo por defensa nada más, ¡Lo prometo!— dijo este echándose hacia atrás intentando recuperar el equilibrio y subiendo los brazos. Empezó a reír, pero su expresión se tornó seria—Nunca me han agradado los hijos de los traidores — hizo una pausa prolongada y suspiro — pero por desgracia mi familia le debe mucho a la tuya — este rebusco en el bolsillo de su camisa — Ten. Si necesitas un trabajo — hizo énfasis en eso— o algo llama a mi padre — lo miro con molestia.
Ulquiorra tomo la tarjeta en su mano y se agacho para recoger el sobre con el boleto. No entendía que acababa de pasar.
— Gracias Ulquiorra Massimo de parte de mi familia — este sonrió— te la puedes quedar, pero no está cargada — rio a carcajadas, y se fue.
Tenía mucho sin escuchar ese apellido en combinación con su nombre*.
Ulquiorra cerró la puerta y miro la tarjeta que este le había entregado. Tenía tiempo sin ver ese código de área. Esa era otra razón de las muchas por las cuales no quería volver. Siempre seria el hijo de un traidor. Su teléfono empezó a sonar. Algo dentro del deseaba ver el número de ella en su pantalla, pero eso no pasaría. Era Grimmjow otra vez. Ignoro la llamada. No quería hablar con él. Cuando éste terminaría de entender eso. No tenía ganas de explicar nada a nadie. Volvía su ansiedad. Tiro la pistola en el sillón y la tarjeta también. En otro tipo de situación y Ulquiorra siendo otra persona, lo más acertado hubiese sido llamar a la policía, pero hacer eso lo podría perjudicar.
No se había visto en un espejo, pero se podía imaginar las ojeras que tendría. Iría a dormir, aunque fuera un poco, lo necesitaba.
Jueves: Casa de Neliel
Grimmjow bostezaba ruidosamente. No recordaba la última vez que se hubiese levantado tan temprano y mucho menos para estudiar. Nelliel aún vivía con sus padres, estos eran muy conservadores y religiosos. Ellos le habían insistido en esperar a que Grimmjow llegase para saludarlo/conocerlo. Su aspecto no les pareció agradable y se lo hicieron saber. La casa de ellos parecía sacada de un catálogo. Los colores de esta eran una mezcla entre avena y gris. Había un gran crucifijo encima de la televisión. Demasiado sobrio y ordenado. Nelliel salió de la puerta de la cocina con una bandeja de galletas de avena y jugo.
— ¡Disculpa por lo del lunes tuve que ayudar a Nnoitra! — dijo con su voz chillona.
Grimmjow odiaba escuchar ese nombre y más cuando salía de los labios de ella. Él miro la bandeja aun con los ojos adormecidos.
— ¿No tienes café? ¿o algo con azúcar?— dijo este bostezando.
— Uh… No, a mis padres no les gustan esas cosas — vio la expresión de sueño de Grimmjow — Hay azúcar… puedes comerla si quieres.
Este subió una ceja. Como alguien en este siglo podía vivir en esas condiciones.
— TCH…Olvídalo — dijo tomando el vaso de jugo de la bandeja.
Esta rio para sus adentros.
— Mejor vamos a mi habitación es más cómodo que aquí — dijo mirando a su alrededor.
Grimmjow tomo su mochila y empezó seguirla.
La habitación de Nelliel a diferencia de toda la casa estaba llena de color. No parecía parte de allí. Las paredes estaban pintadas de un color purpura brillante y estaban llenas de poster de mangas Shojo y artistas.
— No hay nada de color aquí tampoco— dijo Grimmjow irónicamente.
— Supongo.
Estos se acomodaron en el escritorio que estaba al fondo de su habitación. Ella empezó a mover peluches y libros para hacer espacio para Grimmjow.
— No suelo tener muchas visitas — dijo riendo.
Grimmjow sólo se limitaba a observarla.
— Toma asiento — dijo señalándole una silla color fucsia.
Este se acomodó a su lado. Saco su portátil y empezaron.
Dos horas después.
— ¡Terminamos! — grito Nelliel alzando los brazos para chocar los cinco con Grimmjow.
— ¿Estamos en preescolar?
Al este no recibir respuesta, la miro extrañado, y sólo se limitó a chocarlas. La mesa estaba llena de vasos de jugo vacíos y azúcar desparramada por todos lados. Nelliel se acercó a su mesa de noche, de donde saco un Snickers.
— Tómalo, lo compre para ti… no te duermas — se lo entrego.
— Me hubiese servido dos horas antes — dijo arrebatándoselo de la mano evitando así que se viera su ligero sonrojo.
— Jajajaja. Siempre de mal humor.
Este cruzo los brazos encima de su pecho.
— ¿Emocionado por la graduación?— dijo Nelliel mientras se sentaba en su cama.
— Da igual. Te gradúas consigues un trabajo, mueres. Esa es tu vida y fin.
— A mí no… estoy feliz — esta le sonrió, y prosiguió intentando cambiar el tema—Ayer empecé a ver un anime, ¡Oh dios mío! — hay un antagonista igualito a Ulquiorra, creí que era él — continuó — ¿y él? Tengo muchísimo tiempo sin verlo.
— Yo igual.
Esta abrió los ojos con sorpresa y apoyo sus manos en sus piernas.
— ¿Cómo va a ser? Ustedes son los Best Friends Forever — dijo hacienda énfasis en lo último — y El bromance ¿dónde quedo?
— Nunca fue así — este dijo tratando de suprimir su risa.
— ¿y qué sucedió? ¿pelearon? — dijo esta con un tono de preocupación.
— No ha pasado nada que yo sepa — dijo — no es la primera vez que algo como esto pasa. Ahora que lo pienso. Esto mismo paso cuando recién empezábamos la universidad. Se encerró por una semana en su departamento — simplemente deje que se le pasara, pero — recordó la manera en que Orihime le hablo — pienso que paso algo en serio ahora — Hablar con Ulquiorra es lo mismo que hablar con una pared en ocasiones. Demasiado cabeza dura.
— Se parece a alguien que conozco y esta frente a mi— ella empezó a reír— ¿has intentado llamarlo?
— Todos me preguntan eso mismo — continuó— claro que lo he intentado — dijo este molesto.
— En casos como estos — dijo mientras se hacía una coleta con un gancho— lo mejor sería que fueras a su departamento y le hablaras.
— Si…
Le avergonzaba admitirlo, pero no se le había ocurrido eso.
— Aw, esto es tan tierno. Tu preocupándote por alguien además de ti.
Esta se levantó de la cama, y se acercó a Grimmjow quien tenía cara de molestia y empezó a halarles las mejillas como si de un niño se tratase.
— ¡Qué lindo! — esta decía — ¿Tienes pintura azul debajo de tus ojos?
— ¡Diablos! — él dijo con molestia.
Este se echó hacia atrás tratando de verse en el espejo de su closet, esto hizo que Nelliel resbalara y casi callera arriba de él, pero en un movimiento reflejo Grimmjow le agarro las caderas, pero esto no pudo evitar que ella cayese encima de él en la silla, y en ese justo instante entro su madre.
— ¡Nelliel tu odelschwanck! — grito.
Grimmjow soltó a Nelliel.
— No me jodas — dijo para su interior.
— No pasa nada, Madre — dijo la chica del cabello verde.
La mirada de la madre de Nelliel se posó en Grimmjow.
— Creo que deberías irte — dijo Nelliel calmadamente.
Este empezó a recoger su computadora y sus pertenencias. Este al cruzarle por el lado a su madre, sintió como sus ojos se clavaban en su espalda. Este cerró la puerta tras de sí. Y Escucho la voz chillona de Nelliel como un eco a través de la puerta.
— ¡Haz lo que te dije!
— ¡Sí! — este dijo a punto de salir.
Ese mismo día: Departamento de Ulquiorra
Ulquiorra estaba con la cabeza debajo del grifo del lavamanos. Su respiración se escuchaba forzosa. Sus manos le temblaban. Subió el rostro, se veía mal. Se limpió la sangre que salía de su nariz. ¿Por qué tenía que sentirse así? Estaba harto. Se dio una ducha rápido y se puso una camiseta verde y unos jeans azules gastados. Necesitaba salir. Despejar la mente, un poco. Tomo su teléfono, la llamaría después que volviera. Cerro la puerta de su departamento tras de sí, y pulso el botón del ascensor. La luz estaba más brillante de lo normal o era que tenía bastante sin encender la de su departamento. Al llegar al vestíbulo pudo ver al portero el cual leía una revista vieja de Muy Interesante. Este saludo a Ulquiorra, él cual no le devolvió el gesto. Camino parsimoniosamente hasta que llegar a Black Coffee. Tenía bastante sin ir allí. Al entrar pudo ver que había más personal que antes. Recordó la vez que fue allí con ella. Ahí comenzó todo. Fue directo al mostrador donde estaba la chica que los había atendido esa vez. Esta le reconoció.
— ¡Hola! — dijo Momo — mucho tiempo sin verte ¿Cómo te sientes?
— Bien…
— ¿Vienes solo?
— Sí — este la miro impasible.
Momo evito hacerle más preguntas al ver su reacción.
— ¿Que deseas ordenar?
— Un café negro para llevar y…
— Entendido.
Momo se había ido antes que Ulquiorra hubiese podido terminar su orden. Suponía que era por la costumbre de sólo pedir eso.
— ¡Tenga! — dijo poniendo el café en el mostrador — ¿algo más?
— Dame unos Malboros.
Tenía desde que había empezado la Universidad sin tocar ninguno. Eso solía tranquilizarlo cuando estaba muy estresado. Cuatro años de autocontrol echados a la basura por una simple estupidez— pensó.
Esta le puso la cajetilla al lado del café y lo miro un poco sorprendida. Él no parecía de los que fumasen, pero viendo detenidamente su rostro se percató que sus labios estaban un poco oscurecidos por la nicotina. Ulquiorra conocía esa mirada, le molestaba. Este pago, y se fue sin decir más, no te tenia porque explicar nada y menos a alguien que no lo conocía.
Al llegar a su departamento. Encendió la luz. Dejo el café y los cigarrillos encima de la mesa del comedor y saco su teléfono de su bolsillo. Le diría. Terminaría eso. Al ver su número en su pantalla dio al botón de marcar. Su dulce voz contesto y dijo:
— Hola Ulquiorra.
¿Por qué le respondía así? ¿No recordaba lo que había pasado?
Al este intentar hablar quedo en blanco. ¿Qué le diría? ¿Por dónde comenzaría?
— ¿Hola? — pregunto con preocupación ella — ¿estás bien?
No puedo. No puedo. No puedo. Se repetía incesantemente en su cabeza. Cerró el teléfono y lo tiro a un lado.
¿Por qué perdía su tiempo ella preocupándose por él?
Se reincorporo. Sólo tenía un día, ya que se iría el sábado. Busco su encendedor y cenicero en el último cajón de la mesa de noche en su habitación. Los puso en la mesa del balcón. No quería que ese olor se impregnara en sus muebles. Abrió la cajetilla de cigarrillos y saco uno con un poco de nostalgia. Lo llevo a sus labios y lo encendió. Tenía tiempo sin sentir el fuerte olor a tabaco. Inhalo el humo. El timbre empezó a sonar. ¿Sería ella? Se dirigió a la puerta. Al abrirla se encontró con Grimmjow quien lo miraba con sorpresa. Ulquiorra exhalo el humo cerca de la cara de él.
— ¿Volviendo a los viejos hábitos? — dijo con una sonrisa burlona y quitándole el cigarro de las manos antes de que este se lo pudiese volver a llevar a sus labios.
— ¿Qué quieres? — dijo fríamente.
— Hablar.
— No hay nada de qué hablar— dijo Ulquiorra.
Lo cual era una gran mentira. Grimmjow entro sin que este le dijera que pasase y vio el desorden de la sala.
— Y yo soy el del problema después.
Ulquiorra seguía sin responder. Grimmjow tomo asiento en el sillón de cuero.
— ¿Paso algo? — dijo mientras apagaba el cigarro con la mesa.
— Volveré a Nápoles — dijo secamente — No pude hacer nada al respecto— dijo refiriéndose a ella, aunque Grimmjow no se percato.
— Entiendo ¿pero eso tiene algo de malo? — dijo él subiendo una ceja.
— No, realmente. No quiero ir, eso es lo que pasa — ahora que se acabó la Universidad veo que estudiar era lo único que me mantenía alejado de esos —vacilo un poco — sentimientos. Esa ya no es mi casa — recordó las palabras de Stefano —No puedo dormir ni siquiera— dijo eso refiriéndose a sus pesadillas— No soy tan fuerte.
Grimmjow miro a sus alrededores. Las vibras que emanaban de Ulquiorra hacían pesado el ambiente.
— No me puedo imaginar cómo te sientes— dijo él sorprendido por sus palabras— Crecí en un hogar normal con problemas normales, eso me enfermaba, todos querían ser ingenieros y yo no — este dijo molesto — y en comparación contigo lo más cerca que estuve de un arma fue Call Of Duty — hizo una pausa— Pero algo tengo entendido, hogar es donde alguien te espera— Grimmjow dijo serio — tu madre te espera allá— o eso decía… es algo así. Entendiste que es lo importante.
— Sí — dijo fríamente.
— Puedes buscar ayuda si algo te molesta — este miraba a Ulquiorra.
Grimmjow subió los pies en la mesa.
— ¿Hay otra cosa que te moleste? ¿La princesa?, Hable con ella el lunes y la note algo nerviosa cuando le pregunte sobre ti.
— Ya veo — su tono era frio — No pude decirle la verdad y cometí un error — dijo mirando sus dedos.
Grimmjow no quiso preguntarle cual había sido su error, pero si él lo consideraba así debía ser algo grave.
— El problema es que te esfuerces mucho. Sólo déjalo salir de ti — lo miro a los ojos— a menos que haya otra cosa que te detenga.
Este duro unos minutos para responder. Ella le llamaba la atención, pero no creía en lo que estaba sintiendo realmente. No podía ser eso. A pesar de lo que habían pasado juntos. No lo creía.
— No hay nada.
— Pues… — Grimmjow sabía que eso no era cierto — eso no debería de ser tan difícil para ti. Sólo piensa en que dirás y listo.
— Supongo.
No era tan fácil.
— ¿Cuándo te iras?
— El sábado.
—Tienes el día de mañana entero para decirle.
— Cierto.
Un silencio se hizo presente entre ellos.
— y por favor, si te pasa algo, puedes hablar — continuó — deja de huir de las cosas como siempre lo hace. No te encierres y no uses esa basura para tranquilizarte — dijo señalando la collina de cigarrillo— ¡Habla con los demás! ya no estas en Italia. — este subió la voz— ¡Maldición! Es una mierda jugar con Yammy. Necesito un oponente digno.
Este bajo la cabeza.
—Gracias — dijo Ulquiorra tímidamente.
—¡Cállate! — este se levantó rápidamente del sillón — Me voy.
Se dirigió a la puerta y la abrió, se paró unos segundos en el marco de esta y le dijo:
— Ahora que tienes la oportunidad, hazlo bien.
— Lo haré.
— TCH. ¡Qué molesto! — Compre Street Fighters, la recibí ayer.
Ulquiorra sabía que significaba eso.
— Quieres perder en mi propio juego — dijo el chico de los ojos esmeraldas muy confiado.
— Sí, claro…
Ulquiorra suspiro. No entendía como, pero eso lo había hecho sentir un poco mejor. No estaba tan estresado. Fue al balcón, donde recogió los cigarrillos y los boto. No necesitaba eso. Ya no. Al volver a la sala vio que la pistola seguía en el sillón ¿cómo Grimmjow no se había percatado de ella? pensó en lo que le dijo de nunca haber estado cerca de una. La recogió y la guardo en su bolsillo, se la devolvería. Quería estar lo más lejos posible de todo lo que tuviese que ver con armas de fuego. No le gustaban para nada. Entendió algo hace mucho sobre estas, cuando aprendes a usar una, tienes que estar dispuesto a matar o que te maten.
Sábado: 5:55 p.m. Salida del Edificio.
A Ulquiorra la noción del tiempo se le había ido jugando Street Fighters con Grimmjow y Yammy el viernes. Este último le lanzaba mirada sospechosas a Ulquiorra de vez en cuando. Nadie pudo vencer a Ulquiorra.
No se sentía tan estresado. Tenía la mente clara en que debía de hacer y decir. Se había convencido de que sólo había estado confundido en todo ese tiempo y que no sentía nada por ella. Estaba listo para decir la verdad.
— No conseguí vuelos tempranos ¿no te molesta? — preguntó Baraggan detrás de él.
— No.
Vio a Stefano salir del auto al frente de ellos. Este le sonrió Ulquiorra como si nada hubiese pasado. Se acercó a estos y educadamente dijo:
—¿Nos vamos, ya? — Nadie respondió, y este se limitó a tomar la maleta de Ulquiorra — ¿me permites tu mochila? — Ulquiorra negó con la cabeza ya que hay llevaba lo más importante. Este llevo su maleta al maletero.
Ulquiorra miro a Baraggan, y suspiro.
— ¿Podemos hacer una parada?
— Tuviste una semana para hacer lo que tenías que hacer — dijo Baraggan molesto.
— Lo sé.
Este cruzo los brazos.
— ¿A dónde quieres ir?
— A la casa de ella.
— Entiendo. Te quieres despedir.
Este no respondió, no tenía sentido explicarle. Estos se montaron en el carro y Baraggan le informo a Stefano a donde irían primero.
— Sí, señor — este respondió.
Había mucho tráfico, pero independiente de esto llegaron en mucho menos de lo pensado a Karakura Town, gracias a la manera imprudente de Stefano de manejar. Este se habia pasado dos semáforos en rojos y casi choca un auto, que según él su conductor había frenado apropósito, pero Baraggan seguía indiferente sobre esto o eso parecía. Al este estacionarse, Ulquiorra respiro profundo, y saco el cuaderno de adentro de su mochila.
— Vendré pronto — dijo abriendo la puerta.
— Espero — dijo Baraggan con una sonrisa.
Este respiro profundo y camino lo más rápido que pudo. Al estar al frente de su puerta, vacilo unos instantes antes de tocar el timbre, pero ignoro ese sentimiento. Al tocarlo unas tres veces escucho la voz de ella diciendo:— voy. A esta abrir la puerta, la expresión de su rostro cambio a una de sorpresa.
— Hola — dijo tímidamente.
Este no correspondió el saludo.
— Seré breve.
Esta estaba sorprendida. ¿Qué quería él?
— ¿Qué pasa? — esta prosiguió— ¿quieres pasar?
— No.
No esperaría más.
— No me acerque a ti porque quería tener una amistad contigo ni nada por el estilo, te estaba usando para mi proyecto final. ¿Creías que realmente quería ser tu amigo?— Eres muy crédula — sus ojos esmeraldas se clavaron en ella.
Orihime lo escuchaba, pero no terminaba de entender las palabras que salían de sus labios.
— ¿Qué? — dijo ella.
No entienda nada.
— Déjame hablar, mujer. Nada de esto fue cierto, pero fuiste un proyecto perfecto. Por ti tendré una calificación perfecta y me podre graduar, gracias. y toma — le entrego el cuaderno en las manos — léelo para que así lo comprendas mejor, hay lo explica todo. Supongo que ellos te advirtieron sobre esto— dijo refiriendose a sus amigos. Su mirada se torno fría.
— Mientes — dijo ella.
— Patético.
Orihime con los ojos vidriosos por las lágrimas levanto la mano y por impulso de la misma impotencia que sentía le pego una bofetada en la cara. La respiración de ella se tornó forzosa. No entendía nada. Lo que había pasado entre ellos había sido cierto. Lo sabía. Se sentía como un pañuelo usado o mucho peor.
Este se quedó mirándola fijamente con sus ojos esmeraldas. Veía como las lágrimas de ella bajaban por sus mejillas. Las manos a ella le temblaban. Él no iba a hacer nada, ya se le pasaría. Dio media vuelta y se fue.
— Adiós.
Había sido fácil.
— Estas mintiendo, lo sé — dijo para sí.
Este se encamino al auto. Al abrir la puerta se encontró con la mirada de Baraggan y una pequeña risilla saliendo de los labios de Stefano.
Este toco su mejilla izquierda. Dolía, pero no era para tanto. Se vio en el retrovisor, para su sorpresa tenía su mano marcada en su rostro. Baraggan le susurró al oído.
— ¿No tomo muy bien que te fueras de viaje?
— Al parecer.
Algo dentro de él dolió más que la misma bofetada.
Continuara.
Muchas bendiciones y gracias por su tiempo
Dato: esta historia es publicada los domingos o lunes.
Notas del Autor:
¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Le dijo!, Pobre de Hime. Me ha gustado mucho escribir este capítulo. Gracias por su paciencia.
*En Italia los niños/as solamente llevan el apellido de su padre.
Gracias a:
IrisTohruSohma: ¡Hola chica! Demasiado cruel. Lo estará, aunque cualquiera lo estaría si le llegasen a hacer una cosa así. En verdad, ¡Te apoyo 100%, lo es! No importa, hasta a mí me dolió cuando lo escribí. ¡Muchas gracias por considerar así mi historia! ¿De verdad? ¡Qué cool!, es una de mis favoritas, y sí que lo hace. Me puedo imaginar. Gracias por tu tiempo y apoyo, siempre. Un beso y un abrazo. ¡Suerte con todo! ¡Nos leemos! ¡Bendiciones!
Dixiebeat: ¡Hola Dixie! Está bien, entiendo, no te preocupes. ¡Cosas que pasan! jajajaja, exactamente, que se va a hacer con Ulqui. Y muchísimas gracias. Tienes un muy buen gusto musical. Gracias por tu apoyo y tiempo. Gracias por el reviews. Un beso y un abrazo. ¡Nos leemos! ¡Bendiciones!
Hanasaki95: ¡Hey Hanasaki! ¡Muchísimas gracias! Me alegra muchísimo leer eso, ¡sí! Exactamente, esta entre la espada y la pared. Habrá más, te lo prometo. Sí :c, ¡Gracias por tus palabras y apoyo! Un beso y un abrazo ¡Bendiciones! ¡Nos leemos!
Canciones que me ayudaron/inspiraron con este capítulo: Breaking The Habit y In The End de Linkin Park, Big Girls Don't Cry de Fergie y Coffee And Cigarettes de NeverShoutNever y La Sinfonía N. 5
¡Los comentarios son bienvenidos!
