"Yesterday, all my troubles seemed so far away, now it looks as though they're here to stay – The Beatles, Yesterday


"Sonata Lunar"

Las manos le temblaban. El timbre había vuelto a sonar. ¿Sería él? ¿Qué más quería? Estaba totalmente fuera de sí. Trataba de secarse las lágrimas rápidamente con sus muñecas. Esto era casi un movimiento involuntario de sus manos. No quería verse débil aunque sus ojos delataran lo que había estado haciendo hacia menos de cinco segundos. La casa se veía más oscura de lo normal parecía como si faltaran cosas. Trataba de fijarse en los pasos que daba al bajar por la escalera, pero su vestido blanco marfil que le llegaba hasta los pies le dificultaba esto. No recordaba habérselo puesto. Al estar frente a la puerta respiro profundo y peino su cabello hacia atrás a pesar de que algunos mechones volviesen a su rostro. Era él. Tenía la marca de su mano en su mejilla. Sus ojos la miraban como si quisieran decirle algo que sus labios no podían pronunciar.

— ¿Qué quieres? — dijo Orihime aguantándose las lágrimas sin mucho resultado.

Puso sus manos en los bolsillos de su pantalón, un típico gesto en él, y subió la mirada. Había decisión en su rostro. Al Ulquiorra abrir los labios un ruido parecido a un chirrido empezó a escucharse haciéndose cada vez más intenso mientras este hablaba. El parecía no darse cuenta, porque a pesar del mismo seguía hablando como si nada.

— ¿Qué? — ella grito — No te puedo oír.

Pero este no paraba de hablar. Ella se tapó los oídos tratando de protegerlos del ruido, al parpadear la silueta del había desaparecido de su campo visual. No lo vio irse. Empezó a mirar a su alrededor ¿Dónde él estaba? ¿De dónde venía ese ruido?

— ¡Basta! — grito más fuerte todavía. Nadie lo escuchaba al parecer.

Abrió los ojos de par en par. Tenía el teléfono móvil al lado de su oído. Este estaba sonando. No volvería a poner un tono de The White Stripes mientras tuviera vida. Había sido un sueño, pero uno que se había sentido tan real y vivido. Levanto el teléfono de su lado y se fijó en el número. No lo reconocía. Sus lágrimas estaban secas, pero sus ojos dolían. Había empapado la almohada de Sora. Se sentó en la cama y miro su cuerpo. No tenía ese vestido puesto. Parecía todo tan real. Al tratar de levantarse de esta choco su cabeza con la pequeña estantería en roble ubicada arriba de la cama. Un libro cayó sobre sus piernas. La portada era color crema con las esquinas maltratadas por el pasar del tiempo y tal vez la humedad, parecía un libro antiguo, con unas letras góticas en la portada que decían: Los misterios de los Astros. Este le llamo la atención a Orihime y lo tomo y también su teléfono. Fue a su habitación y dejo estos encima de la cama, y abrió la puerta de su closet, y se dirigió al fondo de este. El vestido con que ella se había visto en su sueño estaba ahí colgando de un gancho de madera aún en el plástico y con sus tickets. Se acercó a este y lo toco a través del plástico delicadamente. ¿Ese era el verdadero Ulquiorra? ¿Esa era la verdad?, Intentaba secarse las lágrimas que volvían a salir, con sus manos, pero sin resultado ya que estas seguían bajando por sus mejillas sin intención de parar. Miro a sus pies. Recordó que había dejado el cuaderno encima de la mesa del comedor, no había tenido el coraje de abrirlo. Se preguntaba muchas cosas acerca de él. Se sentía como si la hubiesen traicionado. Al salir de su habitación, bajo las escaleras lentamente con la cabeza agachada. Se encontró con la portada verde de este y el nombre de ella que estaba perfectamente escrito con marcador negro debajo de la palabra Composition. Se acercó a la puerta de la entrada y la abrió lentamente. No había nadie. Ni siquiera señales de vida en los alrededores más había un silencio asfixiante. De que quería asegurarse, empezó a preguntarse, había sido sólo un sueño. Eso no pasaría. Rio tristemente para sí. Pensó en Ichigo, este se lo había advertido, pero ella había hecho caso omiso a sus advertencias, más bien había sido sabia en su propia opinión. No podía aceptar eso. Algo le decía que eso que Ulquiorra le había dicho no era del todo cierto. No podía explicar cómo. Había algo más, pero aun así tenía el corazón roto. Se recostó del marco de la puerta, y suspiro.

— Me lo merezco— dijo al aire.

Se quitó de esta y cerró lentamente la puerta tras de sí. No le daban muchas ganas de hacer nada en ese instante y se acercó a la mesa y tomo el cuaderno. No pudo abrirlo.

— Cuando esté lista lo haré.

Subió las escaleras, y entro en su habitación. Empezó a ojear el libro que había encontrado en la habitación de Sora. Este tenía dibujos rústicos y poco definidos. Lo cual le llamo mucho la atención a Orihime quien se quedó observando cada uno de ellos detenidamente. Al toparse con el último capítulo vio una nota escrita con bolígrafo con las iniciales de su nombre, parecía la letra de Sora, pero no estaba segura del todo. Pasó la página y se encontró con algo que le llamo la atención, un dibujo. Este era un camino estrecho parecido a un reloj de arena, que unía la luna con la tierra en un punto específico. Algo en esto le pareció bastante familiar, pero antes de que esta pudiese sacar alguna conclusión, su teléfono volvió a sonar, y contesto. Era el mismo número que la había despertado.

— Hola — dijo ella tratando de sonar lo más animosa posible, mientras dejaba el libro a un lado.

— Ho…la Orihime Inoue — dijo una voz masculina, un poco nerviosa— Bueno… — respiro profundo — Soy estudiante de Astronomía también… El profesor Hitsugaya…bueno…bueno.

— ¿Qué pasa? — dijo ella no entendiendo el punto en sus palabras.

— Nos pudiéramos juntar en la biblioteca de la universidad mañana, necesito un tutor, por favor. — este dijo lo más rápido que pudo, como si se hubiera quitado todo el nerviosismo de encima al decir esto.

Al escuchar el nombre, Orihime pudo recordar lo estricto que este era con su asignatura. Le apodaban el "Iceberg" por su personalidad tan fría, seria y distante con todos las personas a su alrededor, algo no muy común en alguien de su edad. El actuaba así también para evitar las burlas de sus compañeros de trabajo a causa de su muy baja estatura y su color de su pelo, el cual era blanco natural. Ella siempre había sido buena en Física, y todo lo que incluyese números y formulas, pero las cosas cambiaban cuando se trataba de él. Ya que este no toleraba ningún tipo de error de parte de sus estudiantes. Él era capaz de reprobarte por tener un simple número mal. Este hablaba en serio cuando decía que no aceptaba mediocridad. Toshiro logro salir del colegio con tan sólo 15 años y se graduó de 19 de la Universidad. Él es uno de los profesores más jóvenes y brillante de toda la Facultad. Un prodigio.

Orihime empezó a recordar las noches sin dormir que había pasado gracias a él y sus tareas "cortas y fáciles"

— ¿Por qué yo? — pregunto ella dubitativamente. Ella no recordaba haberle caído bien al profesor, aunque nadie lo hacía realmente.

— El profesor tiene una lista de sus mejores estudiantes, los cuales sirven para tutores y bueno que no son tan mediocres… según él —hizo una pausa mientras este miraba la foto de Orihime en la lista— Estas en el tercer lugar. Y estoy desesperado todos me han dicho que no… — suspiro — por favor, haré lo que quieras. ¿Quieres dinero?

Como impulso Orihime respondió.

— No es necesario… está bien.

— ¡Gracias! — este grito — ¿Mañana a las 9:00 a.m. en la Biblioteca? No debería ponerte hora, ya que tú me ayudaras— ¿Cuál hora es mejor para ti?

— Está bien a las 9:30.

— ¡Excelente!... — que imbécil soy, Mi nombre es Sean. Mi cabello es negro cortó, uso lentes…bueno soy fácil de reconocer. Usare una sudadera roja.

— Yo también soy fácil de reconocer — dijo— Mi cabello es naranja… eso es suficiente descripción — esta dijo riendo para sí.

— Lo sé…Bueno… no es que te he observado o visto antes, pero, bueno, olvídalo mejor… adiós. Gracias.

— Hasta luego —dijo ella con una pequeña sonrisa en el rostro.

No entendía porque había aceptado. Eso era tan común en ella. No pensar cuando se trataba de ayudar a alguien. Tuvo muchos problemas en el Colegio por esto, ya que las chicas solían aprovecharse de esto. Ella miro sus manos, sus ojos volvían a llenarse de lágrimas. Esta recostó su cabeza de sus rodillas, duro unos segundos en esta posición hasta que se levantó. Sintió valor, y bajo las escaleras, y fue directo a la mesa, tomo asiento y abrió el cuaderno.

Tres horas después.

Allí estaba escrito todo lo que Ulquiorra había interpretado sobre ella hasta lo que esta le había contado sobre su familia, todo. Había releído y releído las páginas una y otra vez tratando de convencerse de algo que realmente no existía, el interés de él por ella. No entendía porque intentaba engañarse. No sentía nada, seguía sin procesar la información que había leído y que también había escuchado de él. Pero que mayor prueba que ver eso que tenía en sus manos. Era retorcido hasta un poco enfermo. ¿Cómo alguien podía fingir interés tan bien todo este tiempo sin ni siquiera vacilar? ¿Dudar? ¿Sentir culpa? ¿Nada? ¿O era ella la que no quería ver esto? Él era un monstruo sin corazón. Sacudía su cabeza, intentando borrar esto de su mente. Seguía pasando las páginas a pesar de no haber nada más escrito allí, pero no estaba del todo en lo correcto. Llego una parte que no había visto, eran casi 10 hojas sobre ella. Su aspecto. Su personalidad. Un perfil psicológico completo. Parecía como si hubiese estado viviendo con ella por 10 años sin esta ni siquiera darse cuenta. Al mover un poco el cuaderno cayo una hoja doblada, está se agacho para tomarla. Al desdoblarla pudo ver que era un dibujo de ella, su cuerpo, su rostro y su cabello en proporciones perfectas. Llevaba un vestido blanco griego, parecido a uno que tenía. Esto la extraño. ¿Él nunca la había visto con el puesto o sí? Sólo había ido una vez con él a la universidad, y ni siquiera lo conocía en ese entonces. Hizo memoria. Ese día había tenido que ir a la facultad de psicología a llevarle una tarea al Profesor Hitsugaya. Esa había sido la primera vez que él la había visto. Su manera de dibujar era cercana a la perfección. Trato de imaginarlo dibujándola, y no pudo. Le dolía pensar en él. Doblo el dibujo una vez más y lo dejo dentro del cuaderno, el cual cerró. Sus lágrimas no salían, ya no más. Se levantó y encendió la música. Se podía escuchar Street Of Philandelfia de Bruce Springsteen llenando la habitación con su suave melodía. Esta estaba recostada en el sillón de su sala viendo las agujas del reloj en su pared moverse. Trataba de parar de pensar, y perderse en la música, pero no podía. Puso su brazo encima de sus ojos. Hizo una mueca con sus labios, lo imaginaba. Recordaba cómo se sentían sus labios encima de los de ellas. Sus manos. Las lágrimas caían, pero esta no hacia ningún sonido parecido al del llanto sino que eran más suspiros.

Aeropuerto.

Ni siquiera la manera de conducir de Stefano les había ayudado a llegar rápido al Aeropuerto. Había un choque en medio de la carretera, que llegaba directo al Aeropuerto. Este quedaba a la salida de la ciudad. Ulquiorra al ver el reloj Casio en su muñeca se pudo percatar de que llegaría retrasado, y además de eso tenía que registrarse, y hacer los tediosos procesos de revisión de equipaje y lo que más lo molestaba de todo que era pasar por las máquinas de rayos equis y los arco detectores de metales. Al llegar al frente de las imponentes puertas corredizas de cristal, se desmonto lo más rápido que pudo del auto poniéndose su mochila al hombro, y abriendo con la otra mano el maletero para sacar su equipaje. Tenía que hacer tiempo fuese como fuese. Ignoro al comité de bienvenida integrado por un grupo de chicas vestidas como azafatas que lo saludaban amablemente. Las personas se quedaban mirándolo al este pasar corriendo delante de ellos. Para su suerte no había podido distinguir ninguna fila a los alrededores. Recupero el aire. Este dejo su equipaje, el cual no era mucho, ya que sólo duraría dos semanas.

Dos horas después.

— Listo — dijo de manera monótona la chica de ojos azules y pelo rubio teñido por los hombros mientras le sellaba su pasaporte, su rostro denotaba cansancio— que tenga buen viaje, señor — dijo pasándole el pasaporte por debajo de la ventanilla a Ulquiorra, con letanía. Esta hizo una mueca parecida a una sonrisa a la cual Ulquiorra no presto mucha atención. Cogió su documento y se fue.

Llego a la aérea de espera y se fijó en la gran pantalla negra que anunciaba los vuelos. Su vuelo estaba retrasado por unos 16 segundos, algo que lo aliviaba un poco, pero al mismo tiempo le daba ansiedad por la espera. No habían muchas personas a su alrededor más bien estaba desierto este. Tal vez porque no era temporada alta. Había un chico con unos audífonos durmiendo con una frazada de cuadros encima a dos asientos de él. Pudo ver a la distancia a Baraggan quien lo estaba buscando con la mirada. Ulquiorra se levantó y le hizo una seña con la mano desde donde estaba. Este se acercó lo más rápido que pudo y se sentó a su lado.

— Sera un viaje largo — dijo Baraggan sin mirarlo.

— Lo sé — dijo Ulquiorra. Nunca podría olvidar el tedioso último vuelo.

Ulquiorra se tocó la mejilla izquierda, ya no dolía. Se sentía extraño, tal vez eran los nervios que sabía disimular bastante bien. Baraggan tenía la mirada perdida en la fila de silla adelante de ellos.

— ¿Estás bien? — dijo Baraggan con preocupación.

Esto sorprendió a Ulquiorra.

— Creo que sí

— No te preocupes por nada. No te dejare solo allá. Abra alguien esperándote en el Aeropuerto, para llevarte a casa — hizo énfasis en esto— llama cuando llegues, por favor.

Baraggan se escuchaba como un padre. Ulquiorra lo miraba detenidamente, antes que este pudiese decir algo prosiguió.

— Por tu novia no te preocupes. Lo arreglaran — dijo mirando la mejilla de Ulquiorra.

— Ella no es mi novia — porque se molestaba en dar explicaciones.

El vuelo con destino a Italia, acaba de llegar, decían los parlantes en diferentes idiomas. Ulquiorra se acomodó la mochila.

— Te llamaré, lo prometo — Gracias — dijo con distancia, no se acostumbraba a ese calor humano.

En el rostro de Baraggan se dibujó una pequeña sonrisa.

— No hay porque.

Este abrazo a Ulquiorra, y le dio unas palmaditas en la espalda. Ulquiorra le correspondió el abrazo.

— Vete ya— dijo este agarrándole los hombros y mirándole el rostro.

Ultimo llamado para abordar el vuelo con salida a Italia, decía el altavoz. El chico que estaba durmiendo con la frazada, se levantó con sobresalto y empezó a correr a la salida tratando de agarrar su teléfono para que no se le cayera al piso.

— ¡Madre mía! — este dijo con acento español mientras trataba de mantener el equilibrio.

Ulquiorra se dirigió a la salida siguiendo al chico de la frazada quien se le había adelantado. Aún faltaba una última revisión. El chico de los ojos verdes estaba tranquilo. Este volteo para despedirse una vez más de Baraggan y se encontró a Stefano a su lado quien le sonrió de manera irónica y desafiante, Ulquiorra se limitó a voltear el rostro. Pero de vez en cuando el rostro de ella volvía a él como una sombra. Todo había acabado.

Al entrar al avión Ulquiorra no pudo evitar sentir un poco de nostalgia, había pasado tiempo desde la última vez que había pisado uno. Las luces eran brillantes y daban un toque de calidez. Quedaban pocos asientos libres. Ulquiorra empezó a buscar el suyo. Este quedaba al lado de la ventanilla. Había más personas en el avión de las que él había podido ver en el Aeropuerto. Suspiro. El chico de la otra vez tomo asiento a su lado. Este respiraba forzosamente mientras se acomodaba.

— No se puede dormir en paz ya — decía mientras desamarraba la frazada que se había puesto en el cuello a causa de la rapidez, esta parecía una capa.

— Aja.

Las azafatas, quienes llevaban trajes negros bastante elegantes hasta las rodillas y tacones bajos del mismo color, empezaron a dar indicaciones para el despegue. El avión empezó a elevarse lentamente y Ulquiorra fijo sus ojos en la ventanilla. Se alegraba de que Baraggan hubiese conseguido ese asiento. Las cosas empezaban a verse tan minúsculas ante sus ojos hasta el punto de no distinguir nada más allá de las superficies verdes mezcladas con grises. Su mente empezó a divagar hasta que sintió la mano del chico a su lado en su pierna.

— ¿Podemos cambiar de asiento? — dijo dudoso este con los ojos fijos en la ventanilla.

— No — dijo Ulquiorra impasible.

Este al escuchar la respuesta se limitó a sonreír cínicamente y bajar el rostro hacia su teléfono.

— Joder, que hijo de puta — dijo para sí, pero en un tono audible para Ulquiorra — de vi ver el mapa de asientos.

Ulquiorra ignoro el comentario más bien hizo caso omiso de este. Volvió a mirar por la ventanilla, trataba de concentrarse en la vista, pero no podía, algo lo perturbaba, era ella. Su rostro lloroso frente a él. ¿Qué significaba eso? ¿Era culpa?

Casa de Orihime. Domingo 7:50 a.m.

Los tenues rayos del sol daban un toque cálido a las paredes de la casa. Se había quedado dormida escuchando música en el sillón. Orihime se había despertado temprano a causa de no poder conciliar el sueño por su vecino Szayel quien tenía toda la mañana discutiendo con quien sabe quién, y además del compromiso con Sean. Esperaba distraerse un poco ayudándolo. Se había dado una ducha larga, como si quisiera lavar algo más allá de lo visible. Al salir pudo ver que sus dedos estaban arrugados. Fue a su armario y busco unos jeans azul desgastado y un sweater cuello tortuga mangas cortas gris y un cárdigan verde pardo que le llegaba a los muslos. Empezó a mirarse en el espejo trataba de sonreír para sí misma, pero no era tan fuerte. Se sentía ¿triste? No realmente. Era un sentimiento extraño. Cuando estuvo a punto de irse recordó.

— ¡Necesito libros! — empezó a rebuscar entre sus cajones y estantes, buscando sus libros de física. mientras reunía estos, se topó con el que había encontrado en la habitación de Sora lo había dejado tirado en el piso abierto en la misma página. Se quedó unos segundos mirando fijamente la imagen — Donde el cielo y la tierra se unen — dijo inconscientemente.

Vio tres fechas al pie de página, eran de eclipses. Habría uno ese día, esto la emociono en gran manera. ¿Cómo no se había enterado? Se levantó dejando todos los libros de física en el piso. Volteo la puerta para ver el calendario, no había ningún eclipse marcado en ese día. Que extraño pensó. Levanto el libro de los Astros y empezó a buscar su año de impresión, datos sobre este. No decía nada. Que extraño seguía repitiéndose en su cabeza. Su teléfono empezó a vibrar, no se decidía que tono poner. Era un mensaje de Sean.

— Que no se te olvide hoy, por favor.

El parecía ser un chico un poco ansioso ya que había mandado el mismo mensaje cinco veces al parecer por error.

Eran las 8:30 Orihime pudo ver en su teléfono. Lo mejor sería ir temprano para acomodarse. Recogió todos sus libros, la gran mayoría de estos eran gruesos, los cuales entro todos en su vieja mochila Jansport negra. Desde siempre a ella le parecían tan incomodas estas, sentía que se veía como una tortuga ninja o algún animal con caparazón y pelo naranja. Busco las llaves del auto, las cuales había cambiado de lugar por un percance que tuvo con la cajita donde las guardaba. Se miró una última vez en el espejo y salió. Al encender el auto no pudo evitar que un sentimiento de nostalgia la invadiera, pero debía concentrarse. Todo iba a estar bien o eso quería pensar. Encendió la radio en una emisora cualquiera, pero esta parecía tan absorta en el camino que ni siquiera tarareaba. No era mucha la distancia de la universidad a su casa, pero no quería caminar. El transito estaba bastante despejado, no la sorprendía por la hora. Al llegar al estacionamiento sólo pudo ver una motocicleta y tres autos. Al bajarse del coche respiro profundo, y sonrió para sí. Tienes que ser fuerte, pensó. La Biblioteca no quedaba tan apartada de allí, pero no veía la hora de llegar y quitarse la mochila. Camino unos diez segundos hasta que se topó con el edificio azul no tan imponente como las facultades de sus alrededores. Empezó a subir las escaleras de esta con parsimonia o lo más rápido que la mochila a su espalda la dejaba moverse. Había un chico parado en la puerta que coincidía completamente con la descripción que Sean le había dado por teléfono. Este llevaba una mochila pequeña con espirales. Al observarla se sonrojo un poco, pero miro hacia el lado tratando de disimular. Orihime se sorprendió al verlo ya que faltaban diecisiete segundos para las nueve. Esta se acercó a él y pregunto:

— ¿Sean? — dijo tratando de pronunciar su nombre correctamente.

— Si… — ¿Orihime Inoue?

Esta asintió con la cabeza, y su cabello se movía con ella.

— No son las nuevas, lo sé, pero no quería que me esperases, bueno, más bien prefiero esperarte yo a ti que tú a mí. Te envié varios mensajes y, bueno, disculpa, no fue mi intención — No quiero que pierdas tu tiempo en esto, trate de llamarte para explicarte, pero, — este hablaba rápido — me preocupe.

Se tapó los ojos con sus manos. Su respiración se tornó tensa. Orihime podía ver como sus manos le temblaban.

— Disculpa — susurro — No es tan fácil — dijo.

— Está bien — dijo Orihime tratando de quitarles las manos de su rostro suavemente, aunque no sabía a qué se refería — No importa, la verdad. Todo está bien— Orihime repetía — Cálmate.

10 minutos después.

Su respiración se empezó a regular. Puso su mano en su pecho. Miro hacia abajo.

— Disculpa. trato de controlar mis ataques de pánico. Estoy — vacilo un poco — combatiendo mi trastorno de ansiedad. Dure un año completo sin salir de casa — dijo con asco.

Orihime le sonrió.

— ¡Tú puedes! Si has llegado hasta aquí. Claro que puedes.

Este hizo una mueca parecida a una sonrisa. No sonreía mucho al parecer. Se arregló los lentes. Aún Orihime podía escuchar su respiración.

— Tenemos que estudiar — dijo este recomponiéndose — No importa mucho, la verdad.

Abrió la puerta de cristal cromado detrás de ellos para que ella entrara primero. Orihime estaba dudosa de estudiar con él, porque sabía el estrés que causaba estudiar con presión. Pero no sabía cómo decirle que si no se sentía bien mejor no estudiaran hoy. Esta estaba en silencio mirando cada paso que daba encima de la gran alfombra de estampado tribal que cubría toda la biblioteca. Había olvidado por uno segundos, lo que sentía y, del dolor presente en su pecho. El aire acondicionado estaba bastante frío. Este caminaba detrás de ella con la mirada posada en su cabellera naranja, pero su miraba denotaba preocupación más que cualquier otro sentimiento. El lugar estaba desierto, sólo estaban allí la bibliotecaria quien apoyaba su quijada de su brazo y un hombre de cabeza rapada y con barba leyendo un diario antiguo. Orihime saludo a la Bibliotecaria quien sonrió desganada, y le señalo una mesa café con varias lámparas de estudio. Esta al dejar la mochila encima de la mesa, estiro sus hombros encima de su cabeza. Odio las mochilas dijo en voz baja. Sean tomo asiento en la silla delante de ella sin mirarla, y saco una carpeta roja llena de hojas.

— ¿Qué no entiendes? — dijo Orihime tomando asiento.

— Bueno... — este empezó a tocarse la cabeza — podemos retomar desde el principio.

Orihime lo miro un poco sorprendida. Suspiro. Yo puedo, dijo para sí.

— ¿Tienes un examen o algo?

— Mañana — dijo sonriendo.

La expresión de ella cambio.

— No puedes dejar el estudio para último momento, porque tengas exámenes. Tienes que ser constante. La física es constancia. Todo es constancia — dijo Orihime seriamente.

— Trato, de verdad, pero este no ha sido el mejor año — no es excusa, lo sé. Esto parece que va a controlar mi vida. Retome la universidad el otro Trimestre.

Orihime no era quien para juzgarlo, tampoco había estaba pasando por el mejor momento. No se comparaba con él. Recordó el rostro de su padre…

— Te entiendo — más de lo que piensas — dijo mirándolo.

— Te puedo pagar, sigue en pie la oferta.

— No es necesario.

Dijo esta mientras sacaba los libros de su mochila y, dijo:

— ¡Manos a las obras! — una sonrisa ilumino su rostro.

Orihime empezó explicándole lo básico, lo cual él entendió inmediatamente. Ella misma estaba sorprendida de aún recordar tantas cosas de física. Este de vez en cuando la observaba y volvía inmediatamente sus ojos al libro con que ella le explicaba. Trataba de concretarse, lo más que podía. Este tenía un tic de despeinarse cuando no se sabía algo, lo cual hacía reír un poco a Orihime, ya que cuando ella preguntaba que si quería que le volviese a explicar este negaba rotundamente con la cabeza. Podía tardar hasta treinta y cuatro minutos pensando en un mismo ejercicio. Al llegar al último tema, este tardo más que con los otros para poder entenderlo, la bibliotecaria les había mandado a bajar la voz más de diez veces y, los amenazo con sacarlos si seguían según ella "discutiendo". Cuando Sean le dijo que había entendido todo, Orihime le lleno dos hoja completas con problemas de cada tema. Este la miro un poco sorprendido por la rapidez con que escribió todos estos y, le sonrió. Orihime empezó a mirar a su alrededor tratando de matar el tiempo a lo que Sean terminaba. Eran casi las dos de la tarde. La biblioteca tenía una pared completamente hecha de cristal que daba a un patio central al cual los estudiantes no tenían ascenso. Sus ojos se posaron en un cuadro que estaba un poco torcido de Monumento Stonehenge, le habían hablado del uso de este según la arqueo astronomía. Recordó sobre el libro y la fecha inscrita en el. Iría a la playa en la noche, pensaba. Volvió su rostro al chico delante de ella, si su cabello estaba despeinado, ya había perdida cualquier forma que tuviese este. Trataba de recordar a que le parecía conocido el dibujo del libro, estaba bloqueada. Puso sus manos en su rostro tratando de recordar.

— ¡No recuerdo! — dijo casi gritando.

— ¡Ssshhh! ¡señorita! — dijo la bibliotecaria indignada.

Sean no despego sus ojos ni un momento de su hoja. Esta bajo su cabeza y las recostó en sus brazos, ¿Cómo estaría él? ¿Le habrá parecido cómodo el vuelo? ¿Estará emocionado de ver a su madre? ¿Tendrá miedo? Todas estas preguntas llegaban su mente como destellos de luces. Esta vez al contrario de tratar de evitarlos los dejo fluir, pero no podía evitar que sus ojos se humedecieran. Aquí no. Por favor no. ¿Por qué me preocupo? Sintió una mano tocándole la cabeza. Esta levanto el rostro y rápidamente trato de secarse las lágrimas con su abrigo. Este se percató, pero no hizo ningún comentario al respecto y, dijo:

— Termine.

Empezó a rebuscar en su bolsillo y saco un pañuelo rojo.

— Toma.

Esta miraba su mano.

— No es necesario de verdad, estoy bien — dijo moviendo la cabeza y las manos para evitar que este se lo entregara.

— ¡Qué mentirosa!

Esta miro la hoja ignorando el comentario y empezó a corregir. No duro mucho en esto, tenía casi todas las respuestas correctas, esta lo miro y sonrió.

— ¡Felicidades! — dijo en tono bajo.

— Gracias — este pronunció en el mismo tono — no tengo derecho a decirte mentirosa, ugh, Disculpa, yo te mentí — la mirada de Orihime se fijó en él, más mentiras — no es malo, disculpa, suelo ser un poco fatalista. Bueno, le había dicho a otras personas que fueran mis tutores, pero todos me rechazaban… no los culpo, tuve un ataque de pánico con el primero y este empezó a observarme recogió sus libros y se fue, y el segundo, bueno, no sé cómo explicarte, casi vomité — este sonrió tristemente — y me dijo que mejor fuera con un psiquiatra. Fue amable. Trato de dejar las pastillas

Orihime se limitó a poner una expresión triste ya que no supo que responder a esto.

— Gracias por tu amabilidad, tu paciencia y tu tiempo — este trato de sonreír.

Ella estaba aguantándose las lágrimas. Desvió la mirada de él.

— No hay porque.

La peli naranja termino de recoger sus libros, le entrego la hoja y cuando estuvo a punto de irse. Este le agarro la mano y le dijo:

— Te mostrare algo.

Este se levantó y la halo a los estantes grises que estaban a unos centímetros de distancia de su mesa. Estos estaban llenos de libros de psicología, matemáticas y manuales de informática. Al fondo de esta había una línea de libros totalmente diferentes eran: de ciencia ficción y novelas negras*.

— En el tiempo que estuve encerrado en mi casa a causa de mi ansiedad, mi psiquiatra me recomendó este libro… para que según el dejara de preocuparme tanto— este empezó a buscar un entre todos los libros — no está — dijo en voz baja para sí decepcionado.

Suspiro.

— Decía lo siguiente: "No debo temer. El miedo es el asesino de la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando ya haya pasado, giraré mi ojo interior para ver su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo permaneceré yo.*" — Dijo recitándolo. Lo que sea que te pase, ya pasó. No llores. Eso no resolverá nada. Yo también llore bastante.

Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y no aguanto más. Recostó su cabeza en su hombro y lloro en silencio mientras este seguía repitiendo la letanía contra el miedo en su oído y acariciando delicadamente su cabello. Cuando esta se calmó levanto su rostro y trato de sonreír.

— No lo hagas — si no deseas hacerlo.

— Gracias, Sean — dijo ella arreglándose el cabello y limpiando sus mejillas

Orihime fue a buscar la mochila de la mesa, él venía detrás de ella.

— Adiós — dijo él.

— Que te vaya bien mañana.

— Gracias por no verme como un enfermo — este sonrió — aún soy útil.

Esta sonrió. Se sentía un tanto aliviada. En ocasiones sólo necesitamos compañía, esta pensaba. Volvió a ponerse la mochila y se empezó a dirigir a la salida. Antes de esta poder salir se volteo a ver si veía a Sean el cual estaba aún sentado revisando sus ejercicios. Al abrir la puerta se encontró con un grupo de estudiantes de diseño Industrial quienes estaban dibujando la fachada del edificio. Un chico de cabello café dijo seriamente:

— También la puedo dibujar a ella — dijo señalándola, esta se sonrojo al escuchar esto.

Sus mejillas estaban totalmente rojas y se dirigió al estacionamiento ignorando los comentarios que este seguía haciendo acerca de ella. Se montó en el carro y se puso en marcha, de vez en cuando soltaba una risita tonta y miraba el retrovisor. Al llegar a Karakura Town se pudo percatar de que había un gran camión de mudanza al frente de la casa de Szayel quien tenía el rostro enojado y los brazos cruzados encima de su pecho. Orihime trato de observar sin parecer metiche, pero Szayel al percatarse de su mirada le sonrió de una manera maliciosa. Ella acelero el paso a pesar de tener la mochila encima y, cerró la puerta tras de ella lo más rápido que pudo. Respiro profundo y paseo sus ojos por los alrededores de las paredes de las casa, todo se veía opaco. Subió a su habitación donde dejo la mochila en una silla y se dejó caer en su cama. Abrió los ojos con sorpresa. ¿Cómo pude olvidarlo? Y se levantó y empezó rebuscar entre las gavetas de su tocador.

— ¿Dónde lo puse? — preguntaba en voz alta.

Continuo buscando entre los libros y sus cosas. No lo podía encontrar. ¿Qué clase de hija soy? Me olvide del cumpleaños de mi propio padre. Siempre olvidaba de pasar al movil el número que su padre le dio para contactarlo, aunque todo los años era igual trataba de llamar, pero nadie contestaba. Pero no cambiaba el hecho de que siempre lo intentaba, y se había olvidado de ello por estar tan distraída.

— Disculpa — dijo al aire. Continuo buscando sin resultado hasta que saco los últimos short del fondo de la última gaveta, ahí estaba la pequeña libreta de cuero llena de teléfonos que su padre le dejo debajo de la almohada el día que se fue, este no le comento nada a su madre. Esta suspiro aliviada. Bajo a la cocina donde había un teléfono blanco, el único en la casa. A pesar de estos ser nómadas tenían lugares específicos donde pernotar. Esta marco el primero en la lista. Empezó a sonar. Se sentía como una niña haciendo eso. Su corazón latía rápido. Alguien levanto el teléfono.

— Si — dijo una mujer con voz molesta

— Hola, pudiera hablar con Adonis — se sentía tan extraño llamar a su padre por su nombre.

— Espere.

Un silencio se hizo presente en la línea hasta que alguien volvió a levantar el teléfono.

— Hola… — era la voz de una mujer — ¿Quién es?

No podía ser.

— ¿Mama?

— Orihime — dijo con desagrado la voz — ¿Qué se te ofrece? — prosiguió con distancia.

Ella vacilo antes de contestar.

— Hoy es el cumpleaños de Papa, quería hablar con él…

— Ya veo. Él no quiere hablar contigo — dijo ella sin pensarlo.

Ella permaneció unos segundos en silencio. Sabía que eso era mentira. Ni siquiera le había preguntado a nadie. Orihime más exigente dijo:

— Quiero hablar con Papa.

— Ya te hable, ¿No?

— Pero… es su cumpleaños.

— Siéntete agradecida que conteste por lo menos el teléfono y, te estoy hablando.

— Eso es mentira — esta se enojó — estas celosa, siempre has estado celosa. Tomaste como excusa irte por la muerte de Sora, pero lo único que querías era volver a tener tu vieja vida y Papa para ti sola — sus lágrimas empezaron a caer — lo sé.

— Tú no sabes absolutamente nada, acerca de perder un hijo. No sabes nada— Nunca debimos adoptarte. Ni siquiera recogerte, nada. Debimos ignorar a la Luna. Nunca llegaras a nada. Eres basura. Si algún día te llegase a pasar algo no cuentes conmigo — se podía escuchar distancia e ira en sus palabras. Le había agradado decirle eso.

Estaba enojada, su ira había hablado por ella, pero no había sido su intención decir eso. Las palabras de su madre calaban a fondo en su corazón.

— Disculpa — dijo Orihime.

Esta suspiro. Abigail, ¿con quién hablas?, Orihime pudo escuchar la voz de su Padre.

— No vuelvas a llamar — y colgó el teléfono antes que ella pudiese decir algo.

Orihime estaba mirando hacia sus pies. Las cosas no podían ir peor. No le sorprendía la actitud de su madre. Esta no la quería. Pero quería hablar con su padre, para felicitarle, tal vez recobrar las esperanzas de que ella realmente le importaba a alguien o simplemente hablar. Salió de la cocina. Sentía pesadez. Aún seguía el cuaderno de Ulquiorra arriba de la mesa, no lo había vuelto a mover más.

Dos horas después.

Había pasado casi dos horas llorando con la pequeña libreta de su padre en las manos. Eran las 9 p.m. Tenía la música bastante alta con la intención de no poder escucharse a ella misma llorando. La imagen del libro volvió a aparecer en su mente. Esta salió de debajo de su sabanas y lo busco lo había dejado al pie de la cama. Solo quedaban 30 minutos antes que pasase. Se cambió con ropa más ligera, un maxi dress negro con escote. Tomo el libro y salió. Se dirigía a la playa tal vez pudiese así ordenar sus ideas.

Al llegar se percató del vacío en esta y de la fuerza con que las olas se movían y chocaban con la arena. No había ningún surfer. No podía ver tampoco la luna por ninguna parte. Esta comenzó a mover la cabeza buscándola. Esta se dirigió al pequeño bosquecito que había allí y empezó a caminar hasta que llego al punto donde se podía ver el claro de luna. Esta se sorprendió al ver que el astro estaba a poca distancia de la saliente. Iluminaba todo los alrededores del lugar con su inmaculada luz. Esta abrió los ojos de par en par.

— ¡Eso es! — abrió el libro en el último capítulo — este es el Lugar.

Esta empezó a observar su alrededor como si fuese su primera vez allí. El letrero que decía: "Cabeza de Toro" brillaba. Esta se sentó en el borde. Podía sentir la luz de esta bañando su cuerpo.

— Creí que no estabas — dijo a la luna sonriendo con tristeza — averigüe sobre el eclipse gracias a este libro— dijo alzándolo — Bueno, últimamente las cosas no van del todo bien — volvió a reír — te recuerdas del chico de los ojos verdes que traje aquí.

Esta hizo una pausa como si quisiera escuchar una respuesta por parte de la Luna. El mar seguía inquieto y chocaba con las grandes piedras al fondo. Y prosiguió.

— Cometí un error — tal vez no fue un error, yo no quería escuchar lo que me decían — Hable con mi madre hoy — trataba de que su voz no temblara — nos dijimos cosas — no abundo más— Tengo el presentimiento de haber nacido en el momento equivocado, en el tiempo equivocado, en el país equivocado, tuve los padres equivocados en el momento equivocado, gracias por interceder por mí cuando lo hiciste, no soy quien para cuestionarte, Selene, pero pienso que si no me hubiese adoptado nadie y tal vez, sólo tal vez, nada de esto hubiese pasado. Soy un error.

Miraba el libro en sus manos cuando de repente empezó a ver como la Luna se cubría de nubes negras, y se acercaba más y más hacia donde ella estaba. Orihime no entendía nada. El mar parecía más violento. Su reacción natural hubiese sido echarse hacia atrás, pero extrañamente no sentía temor estaba calmada. Esta paro de acercarse, pero aún seguía oscura. Algo empezó a bajar desde allí hasta donde ella se encontraba. Era una escalera o eso parecía. Miro hacia a los lados y se estrujo los ojos. Puso una mano en ella, la podía sentir, era totalmente maciza.

— Levántate y ven — dijo una voz femenina.

¿De dónde viene esa voz? Pensó ella.

— No tengas miedo.

— ¿Quién eres?

— Yo soy Selene. La diosa de la Luna.

Esta se quedó frisada unos segundos no terminaba de entender.

— No entiendo — dijo está dudando de su salud mental.

La escalera empezó a iluminarse por pequeñas estrellas que parpadeaban. Parecía como si esas escaleras fueran parte del universo.

— Sube y te explico.

Esta tomo valor y puso un pie en el primer escalón. Miraba hacia abajo, donde todo parecía tan distante. Continuo subiendo, al mirar hacia atrás se pudo dar cuenta que los escalones que ella pasaba empezaban a desaparecer. Estaba lejos de la tierra firme. Pero algo la atraía y quería seguir subiendo. Con cada paso que daba más se acercaba a una luz. Al llegar tuvo un sentimiento abrumador de estar en casa. Había una imponente entrada delante de ella. Parecía un templo griego de los cuales había visto en History Chanel, tenía columnas corintias sosteniendo la fachada. En el tímpano* estaban talladas Lunas, soles, constelaciones y estrellas. La puerta de lo que parecía ser oro se abrieron.

— Bienvenida, Orihime, hija mía — dijo una mujer hermosa de cabello largos naranjas igual que los de ella, pero mucho más largos con una diadema dorada, tenía el símbolo de una luna creciente en su frente con oro. Llevaba un vestido blanco hasta los pies con un mínimo escote adornado con brillantes.

Orihime trato de echarse hacia atrás.

— ¡Vístanla! — dijo como una orden, pero ella no pudo ver a quién o quiénes.

— Espera, no — esta dijo — ¿Qué esto? ¿Qué quieres?

— Cumpliste tu tiempo en la tierra. Llego el tiempo de enmendar mi error.

Unas doncellas vestidas con túnicas blancas quienes llevaban pequeñas coronas, la empezaron a halar con una fuerza descomunal.

Continuara

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Dato: esta historia es publicada los domingos o lunes.


Notas del Autor:

¡Hola! Les agradezco la paciencia, más de lo que piensan, he estado muy ocupada en estas últimas semanas. Extrañaba estar por aquí. Este ha sido un capitulo bastante complicado de escribir porque he querido combinar la fantasía con la realidad sin que se vea forzado, aquí se une el primer capítulo con la historia. Espero que sea de su agradado. Tratare de no durar tanto para actualizar, pero no prometo nada. Besos.

Pues bien, aclaraciones:

Novelas negras: Es una cultura popular o de género, cuyo trabajo tiene como tema principal para representar uno o más delitos, mientras que la identidad del agresor suele ser un misterio para el lector.

"No debo temer. El miedo es el asesino de la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando ya haya pasado, giraré mi ojo interior para ver su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo permaneceré yo." – este es un fragmento que aparece en el libro Dunes de Frank Herbert, se llama Letanía contra el Miedo.

Tímpano (Arquitectura griega): No es más que el espacio plano de forma semicircular o triangular existente entre el dintel y el arco de una puerta, o las arquivoltas de la fachada de una iglesia.

Gracias a:

Hanasaki95:¡Hola nena! Jajajaja bastante peculiar diría yo. Tal vez, pero quien sabe. ¿De verdad? tratare de desarrollar mejor en los próximos capítulos, gracias. Y muchísimas gracias. Tendrá más participación más adelante, ya verás cómo y, ¡sí!, sabe mucho, pero no te iré más ;). Si, las haré en el próximo capítulo. Gracias por tu tiempo y ánimo como siempre. Un beso y un abrazo. Bendiciones.

Guest: ¡Hola, Me acabas de sacar una sonrisa! Lo sabrás pronto, prometido. Si pobre: c y, imagínate Ulqui es así, que se le va a hacer, lo queremos como es. Lo haré siempre que pueda. Besos también y abrazos. Bendiciones. ¡Gracias de verdad!

IrisTohruSohma:¡Hey chica! Jajajaj. ¡Si! Trate de hacerlo. Sabes cómo es su forma de ser, tardara un poco en entender las cosas. Hasta a mí, pero imagínate una reacción conforme la situación. No me quisiera ver en su lugar. ¡Ni te imaginas!, Jajajaj ya verás más adelante. ¡Gracias! Kenpachi es el mejor entrenador JAJAJAJ, ¿No? El ya sabrá que pasa. Bueno, eso lo sabrás en los próximos capítulos. Yammy y sus conclusiones. Nadie quiere ver eso jajaja *muere* tratare de no tardar tanto. Gracias por tu tiempo, como siempre y los ánimos. Un beso y un abrazo. Bendiciones.

Canciones que me ayudaron/Inspiraron a escribir este capítulo: Yesterday de The Beatles, Hasta la Piel de Carla Morrison, Wrong de Depeche Mode, Labios Rotos Zoé, Why de Annie Lennox, Why Does My Heart Feel So Bad? De Moby, Un viaje Largo de Marcela Gandara y Street Of Philadelfia de Bruce Springsteen

Los comentarios son bienvenidos.