Gracias A. por corregirme.

Lo seguí hasta la casa. En la entrada había una placa con la inscripción "El hogar está donde está el corazón". John Green

"Una casa es el lugar donde uno es esperado." Antonio Gala


Vuelta a Casa

Parte 1

Viajar era agotador. Ulquiorra entendía totalmente a las personas que preferían hacer escalas y no coger vuelos directos. Ya no podía contar las veces que se le habían acalambrado las piernas. No había podido conciliar el sueño, tal vez porque era nunca le había gustado realmente dormir en los aviones o tal vez porque el chico a su lado se la había pasado cantando canciones de Whitney Houston y un repertorio de "éxitos" de tres décadas atrás con un terrible acento inglés. Ulquiorra había asumido que esa era la forma de castigarlo por no haberle dado el asiento. Vaya que lo había logrado. Faltaba poco para llegar, este lo sabía. Ulquiorra se había pasado todo el viaje sumergido en sus pensamientos. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había ido a casa, no sabía si llamar a ese lugar así, más bien, no era necesario llamarlo de ninguna forma. Veía su pasado como una sombra oscura, que por más que intentase no podría alejarla de él. Aunque lo ocultase por la necesidad de guardar las apariencias y su misma seguridad este no se iría. Las noches en el avión eran la única parte silenciosa del día, pero las más molesta para él, ya que no paraba de pensar en toda las cosas de su alrededor desde su vida hasta ella. Pero el pensamiento que más se repetía en su cabeza era: No quiero pisar tierra Napolitana.

Dos horas después.

Podía ver como los puntos borrosos se volvían grises y verdes y, esos verdes y grises terminaban de convertirse en árboles, edificaciones y carreteras. El letrero de abrocharse los cinturones se volvía a encender. Pudo sentir el impacto de las ruedas al chocar con la rampa de aterrizaje. Ulquiorra empezó a estrujarse los ojos por el cansancio. El avión se detuvo y, las puertas se abrieron en cuestión de segundos. Las personas empezaban a estirarse y tomar sus cosas del porta equipaje. Este se levantó y tomo su mochila de allí. Le dolía el cuerpo. Los pasajeros empezaban a salir en orden. El chico a su lado seguía durmiendo. Este lo miro indiferente, su molesta voz resonaba aún en su cabeza. Ulquiorra se dirigió a la salida con parsimonia. Al entrar al aeropuerto tuvo que detenerse a hacer los procesos de lugar para entrar a un país y el típico interrogatorio de: que se suponía que venía a hacer allí. Este entro al lobby de espera. Pudo ver muchas familias con caras expectantes, otros con lágrimas en los ojos y algunos con cartelones de colores con nombres escritos en ellos. Este miraba a su alrededor buscando un rostro conocido o un cartelón con su nombre, cualquier cosa. No tenía idea de a quien esperar. Al voltear el rostro vio al chico que estaba sentado a su lado en el avión alrededor de una familia, quienes lo abrazaban y de vez en cuando le sacaban una que otra sonrisa. No parecían realmente familia de él. Ya que estos hablaban perfectamente el inglés. Ulquiorra siguió caminando mirando a los lados. Parecía perdido. Los parlantes no dejaban de anunciar los próximos vuelos que iban a salir. Esto se mezclaba con el ruido a su alrededor. Llego a la puerta de salida sin darse cuenta. Allí había un letrero gigantesco que decía Aeroporto Internazionale di Napoli. Podía ver através de los cristales de la puerta la multitud de gente entrando y saliendo de allí. El cielo se había tornado gris, las nubes no dejaban paso a los rayos solares. No sabía qué hora era. Una mano enguantada toco su hombro y dijo:

¿Ulquiorra Cifer?

Este volteo con sorpresa al sentir esta. El hombre llevaba un traje negro con una camisa del mismo color. Tenía el cabello castaño perfectamente peinado hacia atrás con una que otras canas sobresaliendo de este. Una plaquita dorada ubicada en su pectoral izquierdo que sobresalía del traje, decía: Guillermo Caccini. Parecía un agente de seguridad.

Si.

Bienvenido — dijo con una sonrisa.

Gracias — este lo miro. No lo reconocía.

Disculpa la tardanza. No te puedes imaginar el tráfico para llegar hasta aquí.

Este le empezó a señalar la salida con la mano derecha mientras le tocaba el hombro con la izquierda.

No hablas mucho, ¿cierto? — este empezó a reír para sí mismo — Baraggan me hablo bastante de ti. Me pidió que te cuidara.

Ya veo — eso no lo sorprendía para nada. Baraggan había estado bastante preocupado por él y el viaje.

Estos salieron con dirección al estacionamiento. Ulquiorra se pudo dar cuenta que este siempre iba tres paso detrás de él y miraba constantemente hacia los lados. Una práctica común entre los guardaespaldas.

Me puedes dar tu equipaje si deseas, chico.

Está bien — dijo indiferente Ulquiorra.

El auto no se encontraba muy lejos. Este era un Alfa Romero 156 negro con vidrios totalmente tintados y una placa oficial. Él le abrió la puerta derecha de atrás a Ulquiorra y le hizo un ademan para que pasase. Toda esa amabilidad fingida empezaba a molestarlo, pero prefería no decir nada. El interior del auto era en piel. No era un carro para nada barato. Guillermo encendió este y, en unos poco segundos estaban en la carretera. Este manejaba de una manera calmada y algo sigilosa. Este encendió el radio y se pudo escuchar la sinfonía 1812 Overture de Tchaikovsky inundando el lugar. Este subió al máximo volumen de esta.

¿Te gusta la música clásica? — este pregunto sin dejar de mirar el camino en ningún momento.

No mucho — este dijo mientras miraba por la ventana— pero esa canción en específico me recuerda a algo.

¿A qué? — este dijo con una ligera sonrisa en su rostro.

A las ejecuciones de los traidores adentro de sus autos — recordaba a ver escuchado sobre ese método de: subir cualquier sinfonía al máximo volumen y disparar en las muchas reuniones a las que había asistido con su padre.

Cierto, pero no estaba pensando en eso — este empezó a reír a carcajadas — eres muy serio — volteo el rostro — Todo estará bien. Te lo aseguro. Se nota que eres hijo de Nico.

Este respiro. Tenía que relajarse estaba demasiado paranoico.

Cambiaré la estación si te hace sentir mejor.

Está bien. No importa — dijo Ulquiorra mirando sus manos.

No, no, no… además que llego tarde te hago sentir incómodo — empezó a cambiar las estaciones, pero sólo se podía escuchar la estática, eso significaba que aún estaban lejos de la ciudad. Este término apagándola.

El silencio una vez más se apodero del auto. La mirada de Ulquiorra estaba totalmente perdida en el paisaje que se desplegaba a su alrededor. Había muchos árboles frutales y granjas. Las primeras gotas de lluvia habían empezado a caer. Los cristales del auto empezaban mojarse. Unos kilómetros más adelante se podían ver las vallas publicitarias y las casas coloridas que tanto caracterizaban al lugar por todas partes. Ulquiorra estaba bastante ansioso. Todo le traía recuerdos. La lluvia empezaba a parar y sus ojos se posaban en el océano.

Te gusta mucho mirar por la ventana — este dijo en un tono amable.

Supongo.

Las horas pasaban rápido y el tráfico empezaba a volverse pesado. Mientras más se adentraban a la ciudad más empezaba a reconocer restaurantes, calles emblemáticas y parques. Las cosas no habían cambiado del todo al parecer. Guillermo piso el acelerador al ver una calle totalmente vacía lo cual hizo subir la mirada a Ulquiorra.

Cuando vez una calle vacía debes hacer esto, no pensarlo dos veces sólo arrancar — este suspiro — estamos cerca ya.

Puedo verlo.

Tienes muy buena memoria si recuerdas las calles, aunque las cosas no han cambiado tanto.

Aja.

Me permites darte un consejo.

¿Si? — dijo con vacilación Ulquiorra despegando los ojos de la ventana.

Ve a la playa, no te pongas protector solar y recuéstate debajo del sol. ¿Entendido? — pareces un vampiro.

Claro — este dijo — no es la primera vez que me lo dicen.

Estamos progresando. ¡No sólo dices monosílabos! — dijo animado.

En el rostro de Ulquiorra se dibujó una mueca parecida a una sonrisa, pero solo se limitó a voltear su rostro a la ventana. Guillermo estaciono el auto y empezó a buscar algo debajo del asiento del pasajero. Ulquiorra empezó a mirar a los lados no reconocía ese lugar. Ni siquiera sabía dónde estaba. Este mantuvo la mirada fija en el hombre. Al este subir el rostro Ulquiorra pudo divisar que este tenía en la mano un maletín de armas cortas plateado. Ulquiorra empezó a mirar las puertas. Todas tenían los seguros puestos. Este encendió el radio una vez más y, esto lo sobresalto, aunque no se notara del todo. Sabía lo que le esperaba. No tenía absolutamente nada con que defenderse. Guillermo volteo el rostro hacia donde él con una sonrisa extraña.

¿Estás bien? — este lo miro con preocupación — te vez pálido.

Hazlo rápido la voz dentro dela cabeza de Ulquiorra decía. ¿Por qué se molestaba en preguntarle eso?

Este abrió el maletín y saco la pistola, le puso el silenciador con sumo cuidado. Tenía agilidad en esto, no era la primera vez que tocaba uno al parecer. Ulquiorra podía verlo. Suspiro y cerró los ojos al ver que este iba a voltear.

Es para ti. Baraggan me dijo que la comprara, aunque no la necesites, pero nunca sabes que puede pasar. Quería probar si el silenciador le servía. Tómala, no la he cargado.

Ulquiorra trago en seco y la tomo. Era liviana a pesar de llevar el silenciador. Era una pistola 9mm.

No salgas solo — dijo seriamente — si vez a alguien sospechoso, llámame. ¿Entendido, Massimo?, disculpa Cifer — trabaje mucho tiempo con tu padre.

Está bien.

¿Creías que iba a hacerte algo? — este volvió a reír a carcajadas— estas muy tenso— dijo como si estuviera cantando— Aunque no te culpo encendí el radio, pero era para molestarte.

JAJA — rio sarcásticamente Ulquiorra

No es gracioso, lo sé, pero tienes un pésimo sentido del humor igual que Nicolás. Pero me diste esa idea.

Este intentaba parar de reír, pero sin ningún resultado. Él se llevó las manos a su rostro con la intención de hacer que sus carcajadas no fueran tan sonoras. La mirada gélida de Ulquiorra se posó en él. Este volvió a encender el auto, y acelero de una manera bastante imprudente. Eso le recordaba a Stefano. Se estaba haciendo tarde. Unas calle más adelanté este se detuvo al frente de una casa. Esta tenía un jardín delantero repleto de orquídeas moradas y blancas y algunas enredaderas que trepaban por las paredes alrededor de la imponente puerta rustica color verde. Se veía cuidada. Esta era una casa de dos plantas. En las ventanas del segundo nivel se podían ver cortinas color crema moverse delicadamente con el viento. Había también un pequeño balcón con las puertas corredizas de cristal cerradas al parecer por la lluvia. La recordaba, esa era su casa. Seguía igual. A su madre siempre le habían gustado las flores, pero se había esmerado con ese pequeño jardín. Guillermo abrió el seguro de la puerta y, le dijo burlonamente:

Se acabó el tour — mientras le pasaba el maletín para que guardarse el arma — No la saques a menos que sea necesario — saco una tarjeta de su bolsillo y, se la paso.

Lo sé — dijo respondiendo a lo anterior mirando la tarjeta. Él era un guardaespaldas, lo sabía.

¡Suerte! — y llama a Baraggan.

Si — dijo.

Este abrió la puerta y, se acomodó la mochila y la maleta que estaban a su lado. Había llegado. Abrió la pequeña puertecilla blanca que separaba la calle de su casa. Oyó el motor del carro encenderse para marcharse. Había un camino de piedras en granito, que conducía a la puerta. Este tenía los ojos fijos en sus converse negros. Subió los dos pequeños escalones delante de la puerta y toco el botón del timbre. Faltaba poco para que las enredaderas cubrieran también este. Oyó una voz del otro lado de la puerta decir: —Ya voy.

Estoy aquí — musito para sí mismo de manera inaudible Ulquiorra.

Empezó a escuchar los cerrojos de la puerta abrirse. Recordó cuando su madre había insistido en poner estos a pocos días de haberse mudado allí. La puerta lentamente empezó a abrirse delante de él. La mirada de ella y la de él se cruzaron. Esta tenía estatura media y pelo negro azabache al igual que él. Esta lo llevaba recogido con un gancho en forma de mariposa. Por encima de la ropa tenía un delantal de cocina con girasoles. Los ojos cafés de esta se llenaron de lágrimas de alegría al verlo delante de ella. No dijo nada. Sólo se abalanzo arriba de él. Ese fue un abrazo por todos los abrazos, que no le había podido dar en todo ese tiempo. Esta se empinaba para poder alcanzarle el cuello. Ulquiorra podía sentir las lágrimas de ella mojar su hombro. Este correspondió el abrazo de una manera poco efusiva poniendo en el piso la maleta y el maletín. Esta intentaba calmarse sin resultado, ya que la felicidad y la emoción que esta sentía eran inexplicable.

Estás aquí — decía entre lágrimas suavemente a su oído — estás aquí.

Sí, estoy aquí.

Esta rompió el abrazo y empezó a delinear su rostro con la yema de sus dedos como si intentara grabar ese momento para siempre. No sólo en su memoria sino también en su corazón.

Estas tan grande y lin… — se detuvo antes de poder terminar la palabra. Sabía que a él le desagradaban esos adjetivos. Pero no lo podía evitar el siempre seguiría siendo su niño. — varonil como siempre — empezó a agarrarle la mejilla derecha— ¡Pasa! — dijo emocionada.

Este se limitaba a observarla. Al entrar no pudo evitar mirar a su alrededor. Todo estaba igual que antes. El aspecto de la casa no había cambiado para nada. Seguía el mismo color verde limón en las paredes de la sala. Los muebles en madera y los jarrones chinos que esta se esmeraba tanto en limpiar. Había pinturas por doquier, pero un marco plateado en específico le llamo la atención. Era la última foto familiar que se habían tomado todos juntos en la otra casa antes de que pasase todo. Su padre tenía un traje cruzado con botones dorados, su madre un vestido rojo de terciopelo que hacia juego con su labial, su hermano Adriano con un traje gris y su típica sonrisa, y él estaba al lado de su padre con un traje negro y su mirada perdida. El ambiente de la casa se sentía diferente. Tal vez eran por las plantas o la paz que se sentía allí. Su madre al verlo parado en la sala con la mirada fija en la foto. Sólo pudo decirle:

Extraño que estemos todos juntos. ¿Tú también?

Ulquiorra no supo que decir. No era que no extrañaba eso, al final de todo ellos eran su familia. Pero no quería volver a vivir nada de lo que había pasado con ellos.

No tienes que responder — dijo con melancolía.

Disculpa — dijo Ulquiorra. Era lo menos que podía decirle a esas alturas.

No te disculpes. Sé que no es fácil — esta se quedó en silencio por uno segundos — Porque no subes y te acomodas. Debes estar cansando — esta dijo sonriendo con ternura — ¡y el cambio de hora! Claro, el cambio de hora— esta dijo mirándolo con sorpresa — Vete a dormir — le ordeno como a un niño señalándole las escaleras.

Si, madre — este dijo sin discutir demasiado ya que estaba cansado.

Desempaca mañana.

Eso haré.

Este comenzó a mirar su reloj mientras subía por las escaleras. Se le había olvidado cambiar la hora. El reloj marcaba las 3:30 a.m. mientras allí eran las 7:45 p.m. Su habitación quedaba al fondo. Aún tenía el letrero amarillo chillón con letras en grafiti negro, que había puesto Adriano. Este decía: Yo mando aquí. Al abrir la puerta se encontró con dos camas perfectamente arregladas paralelas. Había una lámpara encima de la mesa de noche en medio de estas y un espejo que ocupaba media pared. Estas estaban pintadas de blanco hueso. No quedaba mucho en esa habitación, ni siquiera parecía que hubiese vivido alguien allí alguna vez. Dejo su mochila, la maleta encima de la antigua cama de Adriano. Y guardo el maletín con el arma debajo de su cama. Con suerte no la necesitaría. Este se acostó en su cama y sus ojos se fijaron en el techo de la habitación. Estaba en casa. Pero no se sentía así. Este comenzó a bostezar de manera seguida y sus ojos comenzaron a cerrarse. Intentaba mantenerse despierto, pero el cansancio lo había vencido.

Dos horas después.

Regina llevaba una bandeja con dos emparedados y un vaso de jugo de sandía. Se dirigía a la habitación de él. Esta toco la puerta tres veces sin respuesta. Dejo la bandeja en el piso y abrió esta. Se encontró con la imagen de Ulquiorra durmiendo. Su semblante se veía tan tranquilo. Le recordaba cuando este era un niño. Pero esta también conocía las pesadillas que constantemente tenía su hijo. Aunque este nunca le hubiese contado sobre estas. A veces en las madrugadas lo veía con la respiración entre cortada parado en el balcón, intentando calmarse. Esta entro al closet de la habitación con sigilo y saco unas sábanas y, las puso encima de él con delicadeza para no despertarlo.

Descansa, Ulquiorra — dijo mientras lo miraba con nostalgia.

8:00 A.M.

Ulquiorra había decidido darse una ducha para quitarse el cansancio, que le quedaba. El agua estaba fría. Había dormido bastante ni siquiera recordaba cuando se había puesto las sabanas con las que había amanecido. Había un olor a tostadas y queso fundido inundando la casa. Esto le abrió el apetito. El desayuno estaba listo. Tenía mucho sin comer un desayuno totalmente casero. El clima no había cambiado. Este fue a su habitación a cambiarse. Tenía frío. Se puso una camiseta color negra mangas largas, unos jeans azul gastados y sus converse, era lo que tenía a mano ya que no había empezado a desempacar. Al bajar por las escaleras el olor se hacía cada vez más intenso. Este al llegar al área de comedor pudo ver la mesa puesta. La mesa era redonda, tenía cuatro sillas color café del mismo color. Esta tenía servilletas de tela, mermeladas, mantequillas y, dos tazas. Su madre al verlo salió de la cocina. Y dijo:

¡Buenos días! ¿Descansaste?, ¿Tienes hambre? y ¿Por qué usas colores oscuros? — esta le pregunta sin hacer pausas para escuchar su respuesta.

Buenos días — dijo él y, prosiguió a responder en orden a las preguntas — Si, si, aún no he desempacado.

Me alegra que estés aquí.

Su madre tenía su típico uniforme de enfermera puesto. Esta se sentó a la mesa con él. Tenía la mirada fija en él como si tratase de averiguar algo con sólo mirarlo. Dio un sorbo de la taza azul marino delante de ella.

¿Cómo va todo? No sabes lo feliz que estoy porque te vas a graduar — esta tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Este levanto la mirada.

Todo va bien. Yo igual.

Esta arreglo el reloj rojo en su muñeca y prosiguió:

¿Y qué piensas hacer después de graduarte?

Ulquiorra no vacilo mucho ante esa pregunta. Parecía como si estuviese preparado para cualquier pregunta de parte de ella.

Conseguir un trabajo y ahorrar para comprarme un carro — prosiguió— Un departamento también, más adelante. No siempre quiero vivir de la ayuda de Baraggan.

Esta asintió con la cabeza.

¿Piensas tener una familia, algún día? — esta le sonrió.

Para su madre tener una familia era algo de suma importante. Según ella toda persona debería tener una.

No lo sé, la verdad.

Nunca esa idea le había llamado la atención.

Ya veo — esta dijo observándolo detenidamente y, continuó cambiando el tema — Te puedo conseguir un trabajo aquí. Conozco al encargado del departamento de Psicología en el Hospital. Sé que tienes buenas referencias.

No me interesa — este dijo sin más — No quiero volver.

Esta callo ante esa contundente respuesta. Ulquiorra había terminado de desayunar y, movió la silla para levantarse de la mesa y llevar los platos al fregadero.

Siéntate — dijo esta como una orden al verlo levantarse.

Este volvió a tomar asiento y la empezó a mirar. Conocía el temperamento de su madre.

¿Por eres así? — esta dijo — se la respuesta. ¿Pero no crees que es suficiente? Actúas como un niño — respiro profundamente — peor que eso. Respeto tus decisiones. Pero siempre intentas correr de todo. Ni siquiera me llamas. No importa a donde vayas nada va a cambiar sino lo enfrentas. ¿Crees que es fácil?

Esta lo observaba con dolor.

Yo soy la única que ha tenido que cargar con esto. Tu siempre ha sido indiferente con casi todo lo que ha sucedido aquí. Es como si intentaras borrar las cosas. Si sigues así, tu vida no va a cambiar y esto se volverá un patrón. Que se repetirá y se repetirá constantemente. Dejaras ir las cosas que son importante para ti por — Miedo — esta dijo con todas sus fuerzas — Ser indiferente con la vida no te llevara a ninguna parte.

Esta se levantó de la mesa sin esperar ninguna respuesta de él, ni siquiera lo miro.

Tengo que irme a trabajar. Adiós — esta saco de su cartera café una pequeña hoja rosa y se la paso.

Adiós— dijo este.

Esta no dijo nada más y se dirigió a la puerta y tomo una sombrilla, que estaba al lado de esta y se fue. Este al oír el estruendo de la puerta al cerrarse se quedó unos segundos con la vista pegada en la nota, que ella le había entregado. No tenía ganas de discutir. Nunca las había tenido. Al abrir la nota se encontró con una lista de cosas para hacer. Él sabía que su madre no lo tendría allí sin hacer nada. Esta decía: regar las plantas, quitar las luces navideñas del balcón e ir a buscar unas especias en una tienda que quedaba a unas cuadras de allí. Esta le escribió la dirección de manera detalla en la parte de atrás de la hoja. Esto era típico en ella.

Este se levantó. Llevo los platos y las cosas del desayuno a la cocina. Las palabras de su madre retumbaban en su cabeza. Ella tenía sus razones al final de cuentas. Pero sentir a él sólo le había traído problemas. Su indiferencia era una forma de mantenerse al margen de las cosas que sucedían a su alrededor. Más que mantenerse al margen, era una forma de protegerse.

Este salió al patio delantero y empezó a buscar la manguera por entre las flores. Esta era verde, por eso tendía a confundirse con el pasto. El aire estaba demasiado frío para el gusto de Ulquiorra. De un momento a otro este yacía boca abajo en el suelo. La manguera se había enredado en su tobillo y esté tratando de zafarse término cayéndose con esta. Tenía hierba y tierra por toda la cara. Por suerte no había caído encima de ninguno de los maseteros antiguos de su madre porque eso si le hubiese dolido. Este al levantarse empezó a limpiarse sin mucho resultado el rostro y las manos. Su camiseta estaba sucia al igual que sus jeans. Este rego las plantas con una expresión de molestia en su rostro. No podía explicar cómo, pero sentía que lo estaban observando. Este al terminar con esta tarea. Subió con dirección al baño para lavarse la cara y luego ir al balcón. El trato de abrir las puertas corredizas de este sin mucho resultado, ya que estas al parecer estaban atascadas. Tuvo que hacer el doble esfuerzo para poder abrirlas. Podía ver las instalaciones enredaderas entre las rejas. Le sorprendía lo grande, que estas le parecían antes. Quitar instalaciones navideñas no era lo suyo. No entendía para que quitarlas si siempre volvía a ser Diciembre. Este empezó a quitarlas desde las esquinas con sumo cuidado para no enredarlas o no enredarse él. Cuando termino con estas. Suspiro. Graduarse de la universidad había sido más fácil que eso. Este se levantó, y dejo las puertas del balcón abiertas. Entro las instalaciones dentro de un pequeño armario de puertas dobles al lado de la puerta de su habitación. Allí sólo había adornos navideños y cajas. La próxima tarea era la última. Decidió cambiarse de camiseta, ya que no iba a salir sucio. Fue a su habitación. Donde empezó a desempacar. Trato de no dispersar mucho sus cosas, porque al final de cuentas sólo eran dos semanas allí y no podía correr el riesgo de que algo se le quedase. Este saco el maletín de debajo de su cama y lo abrió. Fijo sus ojos esmeraldas en este. Si decidía considerar la oferta de su madre y quedarse a vivir a allí tendría que volver a acostumbrarse a salir con un arma a donde quiera que fuese y también tener en mente que su cabeza valía dinero. Su madre tenía razón en que no podía correr de esas cosas. Stefano se lo había recordado también. Pero podía mantenerse lo más lejos posible de todo eso y lo iba a hacer. Este decidió no salir con el arma. Lo cerró y lo volvió a poner en el mismo sitio. Busco las llaves extras, que su madre solía poner adentro del florero color malva en el estante de la sala. Busco la nota en el bolsillo de su pantalón.

Al este ver que se estaba alejando de su casa o más bien de la zona que él conocía. Este fijo los ojos en la nota que le había entregado Regina como en las muchas señalizaciones con los nombres de las calles en cada intersección. Aunque era normal ver turistas perdidos, algunas personas que le pasaban por el lado le miraban extrañados o de manera sospechosa. Un chico de ojos azules y cabello rizo, con una cazadora negra Harley Davidson hasta le ofreció ayuda al verlo tan atareado, pero este no quiso aceptarla. No estaba perdido para su sorpresa. Continúo caminando sin ninguna dificultad. Pero el sentimiento de que lo observaban cada vez se hacía más fuerte. Este tenía una expresión imperturbable en su rostro. Debí haber salido con el arma, decía para sí mismo. Al llegar se encontró con una tienda con una fachada antigua. Al igual que todas las casa del alrededor. Delante había un Ford Chevelle 69. Esta tenía un aparador lleno de libros de cocina, que al parecer tenían mucho tiempo allí. Había un letrero de letras góticas que sobre salía del establecimiento que decía: Il Sapore Napoletano*. Lucia como un negocio familiar. Al este entrar sonó la campanilla, que estaba arriba de la puerta. Pero este sonido no era tan fuerte como el de la música que había adentro del local. Se podía escuchar The Wild One de Suzi Quatro a todo volumen chocando con las paredes y los cristales del lugar. La chica en el mostrador bailaba al ritmo de esta. Esta tenia uno pantalones de cuero de talle alto y una camiseta de un grupo que él no reconocía. Esta camiseta parecía a ver sido pintada con pintura en aerosol. Tenía nariz aguileña y el cabello negro teñido, que hacia un perfecto contraste con su rostro y piel. Esta al ver el rostro de Ulquiorra frente a ella, de impulso desconecto las bocinas.

¡Bienvenido! ¿en puedo ayudarlo? — dijo sonriendo. Su rostro daba la impresión de que estaba molesta.

Vine por un encargo de Regina Cifer.

Voy enseguida — pronunció con simpatía.

Esta antes de irse volteo a mirarlo una vez más y con sorpresa abrió sus ojos chocolates excesivamente maquillados de negro.

¿Tú eres Ul – quio - rra, no? — esta lo miraba de arriba abajo. Pronunciando cada silaba —No te pareces para nada a tu madre.

Ulquiorra estaba con una expresión taciturna. Sus ojos verdes estaban fijos en cualquier otra parte excepto en ella.

No me mires así. Pareces como si fueras a congelar a alguien— dijo con un tono dramático— Ella suele hablarme mucho de ti. Me comunico que venias, pero no me dijo cuándo.

Ya veo — este dijo.

Te puedo hacer una pregunta — dijo está mirándolo.

Dime.

¿Tu cabello es naturalmente así?

Este no entendió la pregunta.

¿Cómo?

Oscuro.

Si.

¡Lo sabía! — No sabes la suerte que tienes. Mi cabello es rubio — dijo con desagrado — Tenía miedo de preguntarle a Regina. Porque no le debes preguntar nunca esas cosas a una mujer.

No entendía la confianza de esa mujer con él. Este se limitó a escuchar.

Déjame adivinar te fuiste porque querías tener más libertad — esta lo miraba con una sonrisa indescifrable — Sabes aquí hay una escena amplia para todos los gustos y estilos — hizo una pausa — en el ámbito de la música — No tenías que irte tan lejos si querías formar una banda.

¿Qué? Este pensó.

No tengo ningún grupo — dijo Ulquiorra con intensión de que esta se callara.

Esta lo observo con un dejo de sorpresa.

Pareces un bajista o un cantante. No lo sé — dijo tocándose la nariz con vergüenza — Iré por el pedido.

Esta se dirigía a una puerta, que estaba al lado de la caja registradora. Este podía escuchar la risilla de ella. Eso había sido extraño. Ella duro unos segundos hasta que volvió con una bolsa y la puso en el mostrador y lo empezó a observar. Ella le miraba como si supiese algo que él ignoraba.

¿No perteneces a ningún grupo de Heavy metal o Death Metal, en serio? — pregunto más insistente la chica, que la vez anterior.

No — este le miro — ¿Por qué insistes con eso?

— No te has visto en un espejo. Tu piel — Tu aspecto — suspiro — esa actitud — dijo arreglándose uno de los muchos anillos que llevaba puestos.

Esta se rindió al ver que Ulquiorra no se inmutaba en lo más mínimo.

— Trabajo en un salón de tatuajes también hacemos perforaciones y esas cosas. Arriba hay un local, solemos tocar allí. Puedes ir, si quieres.

Esta empezó a buscar entre facturas y cheques debajo del mostrador un volante. Esta se lo entrego. El chico de los ojos verdes empezó a mirarlo. No le interesaba en lo más mínimo.

— Uhum — este dijo tomando la bolsa para irse.

Al este estar a punto de salir. Pudo escuchar como esta conectaba una vez más los cables de las bocinas. Y le dijo en un tono bastante seductor:

— Te puedo perforar la lengua, gratis.

— No, gracias.

¿Que había sido eso?

Al salir ni siquiera miro hacia atrás. Volvía la extraña sensación de que estaban observando sus pasos. Unas pequeñas gotas empezaron a caer del cielo. Este acelero el paso. Empezó a tronar. Detestaba la lluvia cuando no estaba en un lugar cerrado. Faltaba poco para llegar a su casa. Hasta las personas de los alrededores que parecían cómodas con esta aceleraban el paso. Pero él se detuvo y comenzó a mirar hacia atrás. Había oído algo.

Que molestia, este pensaba.

Retomo el paso y al llegar estaba totalmente empapado. Este había cubierto la bolsa con su cuerpo para que no se mojara. En la entrada duro unos segundos adivinando cual era la llave de la puerta. Al este entrar dejo la bolsa en la mesa. Subió y entro al baño donde tomo su toalla blanca. Se quitó su camiseta, la cual estaba empapada y prosiguió a secarse el cabello, el cual se le pegaba en el cuello y la frente. Se empezó a sentir extraño. Era ella. Sentía algo en su pecho. ¿Cómo estaría? ¿Lo odiaría? Eso era imposible, no la podía imaginar odiando nada ni siquiera a él. Este termino de secarse y, se dirigió a su habitación y se quitó los tenis y se recostó en su cama con los pantalones humedos. ¿Por qué pensaba en ella? Se empezó a cuestionar. Había dejado las cuentas claras con ella y con él mismo. Tal vez.

— Yo no siento nada por esa mujer — dijo en un intento de callar sus pensamientos.

Pudo escuchar la puerta abrirse.

— ¡Ya llegue! — dijo la tranquilizante voz de su madre. Esto lo ayudo a salir de sus cavilaciones.

Este se levantó y bajo las escalera con parsimonia.

— Tienes el pelo mojado. ¿Saliste a buscar las cosas sin sombrilla? — dijo ella mirándolo fijamente con la preocupación típica de las madres

— Fue de improviso que llovió.

— Te puedes enfermar — esta dijo mirándolo — no estás viendo el cielo — lo miraba inquisitoriamente.

Nadie menciono nada de lo ocurrido esa mañana.

Dos horas más tarde.

Ulquiorra no era el mejor cocinero. Pero cuando se trataba de preparar espaguetis y lasaña sabía lo que hacía. Su madre le había mandado a buscar a esa tienda; especias y una serie de ingredientes para justamente prepararle una lasaña. Este se había quedado en la cocina observándola. Le gustaba la cocina. De vez en cuando la sensación de que lo observaban volvía. No sabía si contarle o no a su madre. Prefirió no hacerlo por el momento. Su madre tenía una sonrisa en su rostro.

15 minutos después

La lasaña estaba lista. Su madre había puesto un mantel de rosas pequeñas, servilletas de tela, copas de vino demasiado elegantes para la ocasión. Y también dos platos extras además de los de ellos. Uno era para su difunto hermano, Adriano y otro para su padre. Estos estaban puestos tal vez con la intención de que en cualquier momento ellos fuesen a entrar por la puerta, se excusaran por llegar tarde, también que dijesen que todo había sido un mal entendido o una broma de mal gusto y, que retomáramos el papel de familia, que tanto su madre extrañaba.

Su madre salió de la cocina con los guantes de tomar cosas calientes puestos agarrando el paire de cocina para la lasaña. Esta sonreía. Le sirvió a Ulquiorra un pedazo bastante grande hasta para él. Ella se sirvió un pedazo pequeño. Esta no dijo mucho. Sólo se limitó a comer.

Este se levantó a buscar jugo en el refrigerador. Sólo había de piña. No le gustaba para nada.

— ¿Quieres jugo? — dijo Ulquiorra en voz alta.

Nadie respondió. Este asomo la cabeza. Ella no estaba. Había dejado la servilleta arriba de la mesa y los cubiertos adentro del plato. Esto hizo sentir extraño a Ulquiorra. No esperaba esa reacción de parte de ella. Él tomo el vaso de jugo y se fue a la mesa a terminar de cenar. El silencio lo molestaba. Había un sentimiento de soledad adentro de la casa.

Al terminar recogió todo. Y limpio los platos. Al subir por las escaleras pensó en tocar la puerta de la habitación de su madre, pero algo lo detuvo de hacerlo. Termino yendo directo a su habitación donde se acostó, ignorando todo lo que decían de acostarse después de comer. No tardó mucho en dormirse.

Una vez más Ulquiorra se veía en la mesa con los ojos fijos en su plato. ¿Deja vu? Su madre acababa de salir de la cocina con una resplandeciente sonrisa en su rostro y el paire. Esta vestida como en su última foto familiar. Esta le sirvió un gigantesco pedazo a Ulquiorra. Este toco su estómago, no se sentía lleno. Llevaba un traje. El timbre de la puerta comenzó a sonar. Este volteo el rostro al ver a su madre levantarse rápidamente. Eran su padre y Adriano quienes venían con una sonrisa en el rostro también. Este se levantó de la mesa al verlos.

Imposible — dijo incrédulo.

¿De qué hablas? — dijo Adriano riéndose.

¡Oye Ulquiorra! ¿estas pálido? — dijo su padre mientras abrazaba a su madre.

Este miraba a su alrededor tratando de buscar algo que probara que eso no era cierto.

Vamos a comer — dijeron a unísono.

Todos se dirigieron a la mesa. Este se sentía mareado. Sintió unas tersas manos acariciando sus hombros.

¿Estás bien? — dijo dulcemente ella.

Conocía esa voz. Volteo y la vio. Era Orihime. Se veía hermosa con un vestido azul ajustado al cuerpo.

¿Qué haces aquí, mujer? — pregunto confundido tratando de desviar la mirada de su cuerpo.

Tú me invitaste, no te acuerdas — esta dijo sonriéndole.

¿Qué diablos?

Vamos a comer — esta dijo tomándole la mano.

Yo no te invite. Yo ni siquiera entiendo que haces aquí — este volteo el rostro a la mesa — ¿Qué ustedes hacen aquí?

¿De qué estás hablando? — dijo su hermano violentamente.

Empezó a sentir que las cosas empezaban a dar vueltas a su alrededor. Perdió el equilibrio y cayó al piso.

Me asustas — dijo Orihime observándolo.

Los ojos fijos de ella en él. Lo hicieron sentir incómodo. Esa era la misma mirada con la que ella lo había observado la última vez

Al este abrir los ojos, se pudo dar cuenta de que estaba en su habitación. Miro la cama de al lado. Esta seguía vacía. Su respiración se tornó tensa. No consideraba eso una pesadilla, pero se sentía mal. Empezó a tener nauseas. Fue al baño y vomito. Se levantó y lavo su rostro. Evito ver su reflejo. Sabía que se veía terrible. Salió de este y se dirigió al balcón como solía hacer cuando era más joven y tenía pesadillas. No entendía porque pero estar allí lo tranquilizaba. La temperatura estaba fresca. La brisa movía sus cabellos lentamente. Esto le ayudab un poco a tranquilizarse y evitaba que le volviesen las náuseas.

Ulquiorra — dijo su madre con preocupación.

Este volteo. Sabía que ella era la última persona que debía ver su aspecto en esos momentos. Esta se acercó a él. No le pregunto nada simplemente lo abrazo.

Estoy bien — este dijo aunque ella no le hubiese preguntado. Sabía que ella quería oír eso de sus labios.

Esta se tranquilizó y dijo:

Disculpa por esta mañana — pero tengo mis razones — y la cena. No debí dejarte solo

Está bien — este dijo devolviéndole el abrazo.

Ella no tenía por qué disculparse con él, al final sólo había dicho la verdad esa mañana. Una que él sabía bien.

Continuara

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Dato: esta historia es publicada los domingos o lunes.


Notas del Autor:

Hola, ¡Feliz navidad y Próspero año nuevo! Espero que todos ustedes la hayan pasado excelente. Disculpen la tardanza. Para escribir este capítulo quise visualizarme en una situación como la de Ulquiorra. La cual es complicada. También investigue bastante sobre Italia. Vi programas de viajes, ni se imaginan JAJAJA, puedo ser guía turistica. La chica de la tienda fue inspire en Kristen Stewart (Joan Jett) en The Runaways. Disfruten el capítulo.

Aclaraciones:

Il sapore napoletano: El sabor napolitano.

Gracias a:

IrisTohruSohma: ¡Hola! Gracias por el comentario. Jajaja, no estás sola en querer darle un cabezazo. Reaccionara, tiene que u-u. Me alegra, estoy contigo, hay persona que aparecen de la nada, pero ayudan mucho. Ella es muy cruel, la verdad. ¡Sí!, ¿en serio? Jajaja está bien. Entenderás muchas cosas más adelante y eso lo veras en este. Espero que te guste este capítulo. Gracias por tu tiempo y ánimos. Bendiciones. Un beso y un abrazo. Suerte con todo.

Hanasaki95: ¡Hola!, si, es que me he tardado bastante en actualizar. Ando ocupada y eso. ¡Gracias!. Exactamente por eso puse la nota abajo porque el prólogo y el primer capítulo así como dices los trate muy superficialmente. JAJAJAJAJ La maldades de Ulquiorra, eso me hace sentir malvada. ¡Eres muy deductiva! En serio o-o. Eso me alegra muchísimo, trate de que fuese así. A veces yo igual. ¡Claro! no quería dejarlo en el aire. Esa relación la tratare más adelante y averiguaras como es ella. Tratare de actualizar más rápido. Gracias por tu tiempo y ánimos. Bendiciones. suerte con todo. Un beso y un abrazo.

CrazyLadyNight: ¡Hola! No sabes la sonrisa que me acabas de sacar. Yo igual, por eso trato de esforzarme con eso siempre, de que los personajes mantengan su forma. Me gusta su personalidad. Eso sí es cierto. Él es también es uno de mis espadas favoritos, con Grimmjow. Gracias por eso, lo aprecio muchísimo. Besos y abrazos para ti también. ¿De verdad?, Entiendo, no te preocupes. Pero gracias por comentar espero verte siempre por acá. Bendiciones. Suerte con todo.

Canciones que me inspiraron y ayudaron a escribir: Homecoming de Kanye West, In my place de Coldplay, Where Do Broken Hearts Go de Whitney Houston, Lady Grinning soul de David Bowie, After All de Peter Cetera And Cher y I'm the wild one de Suzi Quatro

Los comentarios son bienvenidos.