Find your light. Don't hide from what you are and rise before you fall. Yuna (Live Your Life)


Vuelta a casa

Parte 2

Una semana después.

Ulquiorra se empezaba a sentir cómodo allí. No había vuelto a tener ninguna pesadilla. Todo parecía ir normal o bueno lo que abarcara esa palabra. Su madre no había vuelto a mencionar nada. Esta estaba tranquila. Pero el chico de los ojos verdes no se había podido librar de las tareas domésticas. Estas habían aumentado en un número significativo. No sólo era regar las plantas ahora tenía que limpiar cada habitación en la casa. Lo único que su madre no le permitía limpiar eran sus jarrones. Esto realmente era un alivio para Ulquiorra, no se imaginaba como su madre pudiera reaccionar si uno de estos se llegara romper o simplemente agrietar por un descuido suyo. Prefería que le dispararan, realmente, antes que lidiar con eso.

Ulquiorra entro los últimos productos de limpieza al armario al fondo de la cocina. La verdad no entendía para que tantos productos de limpieza. Al final todos terminaban haciendo lo mismo. Desprender un olor nauseabundo y "limpiar". Al terminar empezó a pasear sus ojos por las habitaciones. Todo se veía limpio y hasta espacioso. Se dejó caer en el sillón de la sala, pero no soporto mucho estar ahí por el olor a químicos a su alrededor. Subió con rapidez y se dio una ducha, quería quitarse lo más rápido posible ese olor a desinfectante de encima. Duro bastante en esto ya que el olor no se iba de su cuerpo y especialmente de sus manos. Al este ver lo arrugadas que ya tenía las yemas de los dedos decidió salir, aún sentía ese olor encima de él, pero no iba a perder más tiempo. Tenía hambre. Este fue a su habitación. Allí se sentía a salvo, ya que no había limpiado en ese lugar. Lo había hecho a propósito porque sabía muy bien que no iba a soportar eso en su habitación. Este saco del armario un hoodie rojo vino mangas largas y unos jeans gastados y se puso sus converse, que estaban al lado de la cama. No había cambiado mucho de zapatos, ya que estos eran los más cómodos. Lo único a lo que no se acostumbraba era al clima. No era que hubiese pasado tanto tiempo lejos de casa sino que el frío siempre le había desagradado, aunque a su alrededor no estaba frío del todo, era más humedad a causa de las lluvias. Al este bajar se encontró con que el olor había mermado. Vio en el reloj que eran las 4:00 p.m. le parecía extraño, que su madre no hubiese llegado aún. Aunque sabía que el trabajo de ella al final de cuentas eran sin horario porque si la necesitaban se tenía que quedar sin ninguna objeción. Su madre le había comentado que la habían traslado a un hospital más grande, lo cual significaba más emergencias. Ulquiorra se dirigió a la cocina y empezó a mirar a sus alrededores. No tenía idea de que comer. Abrió el refrigerador y se encontró con tres embaces de cristales con tapas rojas y con sus usuales notas rosas. Todas decían: calentar. Eso lo aliviaba en gran medida, no quería cocinar. No en ese momento. Se estaba acostumbrado a eso de tener a quien cocinase a su lado, pero sabía que desde que volviese a su casa en Hueco Mundo volvería a su dieta común de: sopas instantáneas, café y lo que encontrase en la nevera. Había bajado mucho de peso a causa de eso. Se iba a graduar tenía que cambiar eso. Este empezó a sacarlos de la nevera. Como siempre eran porciones un poco exageradas para sólo dos personas. Lo calentó todo en el microondas. Cuando todo estuvo listo el olor a comida recién calentada elimino todo olor a desinfectante que quedaba en la casa. Tomo un plato de cerámica del escurridor. Este tenía pequeños diseños barrocos de color negro y dorado. Parecía más un plato de decoración, que para comer. No lo pensó mucho y se sirvió. Se arriesgaría, pero dudaba mucho que su madre dejara un plato de decoración en la cocina. Fue a sentarse a la mesa y encendió el televisor de 32' pulgadas. Este estaba montado en una base en la pared. Al encenderla se encontró con el canal favorito de películas de su madre. Este era de películas clásicas. Estaban dando Scarface* recordaba muy bien esa película. Era una de las favoritas de su hermano. Nunca había entendido el porqué de tanta emoción por esta. No era que no le gustaba simplemente no entendía. Todo era molesto hasta el personaje principal. Su hermano se había aprendido los diálogos de esa película. Él siempre que la veía trataba de imitar la forma de hablar del protagonista. Lo cual era molesto ya que su hermano no sabía nada de inglés y a eso sumarle su acento Italiano y, ni hablar de cuando quería imitar su personalidad. No, no necesitaba un Tony Montana viviendo bajo su mismo techo. Este rio un poco. Las cosas habían cambiado. El teléfono empezó a sonar. Este se levantó y se acercó a la pequeña mesa de café cerca de la sala.

— Identifíquese — este dijo sin inmutarse ni quitar los ojos en ningún momento de la televisión.

Le estaba afectando la película.

— Ulquiorra — dijo una voz conocida en un tono autoritario. Era Baraggan.

— Hola — dijo. Se le había olvidado llamarlo — Disculpa.

Ulquiorra empezó a tocar sus sienes. Sabía que le esperaba. Él le iba a empezar a reñir.

— ¿Cómo estás? — dijo este en un tono más tranquilo — Al parecer se te olvido llamar.

— Si — no tenía excusa — estoy bien y, ¿tú?

— Bien — prosiguió — Vi que el clima estaba frío. Es bastante extraño para esta temporada. ¿Tienes suéteres? — dijo con intranquilidad.

— Si, traje un suéter — dijo este con neutralidad — estuvo bien el viaje.

Un silencio se hizo presente en la línea un momento. Ulquiorra estaba dudoso de comentar a Baraggan acerca de lo que había sentido. Este no era el mejor a la hora de comunicar problemas. La verdad es que sabía que él se preocupaba de más y casi se iba. Dudaba que le hiciesen algo. Si hubiesen querido hacerle algo lo hubiesen hecho y este lo sabía muy bien.

— ¿Te gusta allá? — dijo Baraggan — entendería si te quisieras quedar con tu madre. Ella trabaja en un Hospital. Tendrás trabajo de una vez.

¿A qué venia eso? pensó el chico de ojos color aceituna.

— No me gusta aquí. Tú lo sabes más que nadie — no entendía porque tenía que repetir tanto eso — Si me quedo aquí. Tendría que volver a acostumbrarme a cosas — este pensó en que tendría que lidiar con amenazas, vigilancia, tener que declinar ofertas de personas que no terminaban de entender que estaba fuera de los negocios y hasta tal vez visitas de los Mallardo.

— Entiendo — Baraggan pensó en todo eso también— Sé que puedes lidiar con todas esas cosas.

— No quiero hacerlo. Quiero ser Ulquiorra Cifer no Massimo. Sólo Cifer — este dijo con autoridad al mismo tiempo en que la película acababa y empezaba a sonar la pelicular sinfonía del final.

Este miro de reojo la televisión. Si, la película le estaba afectando.

— Estas muy decidido por lo que puedo ver.

— Nos veremos el lunes entonces, Ulquiorra Cifer — dijo con energía.

— Si — este replico — Gracias — hizo una pausa — por el viaje — dijo mientras miraba los créditos de la película.

Había olvidado agradecerle por haber pagado todo. A veces daba por sentadas las cosas que Baraggan hacía por él.

— ¡Por Dios! No tienes que agradecer nada — dijo este molesto.

Cuando Ulquiorra estuvo a punto de cerrar. La voz de Baraggan volvió a resonar por el parlante.

— ¿Esta Regina? — este dijo.

— No, aún no llega.

— Que extraño, son más de las tres allá — este continuo — Hablaremos luego. Tengo cosas que hacer — este oyó la voz de una mujer en la otra línea diciéndole que tenía que volver a la oficina.

Este cerró. Ulquiorra empezó a mirar la puerta. Le extrañaba, que esta no hubiese llegado. Volvió a sentarse a la mesa. Termino de comer y volvió a servirse de una crema de hongos mezclada con algo que él no terminaba de reconocer. Empezó a cambiar canales. Paro en uno de música; la calidad de la imagen de los videos era terrible. Esto no le molestaba, ya que su atención estaba concentrada en su plato.

En algún otro lugar.

Sus ojos grises se empezaban abrir. Tenía bastante durmiendo o eso creía. No había mucha diferencia si era de día o de noche. Se encontraba en una habitación bastante amplia, casi vacía. Allí había una cama con un dosel dorado y en una esquina de la habitación había un tocador antiguo con un espejo redondo en madera tallada. Al fondo de la habitación había algo que parecía ser un cristal haciendo la función de una pared. Esto dejaba ver afuera. Allí no había nada, que se pudiese distinguir del todo. Aunque Orihime había tratado de hacerlo. Sólo pudo divisar estrellas. Definitivamente estaba en un plano diferente. Había pasado una semana de haber llegado allí, eso tenía por seguro, pero las cosas no parecían ir hacia ningún lugar. Nadie respondía sus preguntas o más bien las ignoraban.

Flashback

Una semana antes.

Las doncellas al cambiarla de ropa, la volvieron a llevar donde estaba Selene. La expresión en el rostro de Orihime era indescifrable. Ella no entendía nada de nada. Pero estaba muy atenta a su alrededor. Reconocía el lugar, pero no recordaba haberlo visto antes. Al ella estar delante de Selene, todos guardaron silencio. Las doncellas que venían con Orihime dieron un paso atrás, dejándola adelante.

Sube el rostro — dijo Selene con autoridad.

Orihime hizo caso a sus palabras, pero no dijo nada.

¿Por qué tienes esa cara? — volvió a preguntar.

No entiendo nada — respondió Orihime.

Esta rio y todos los que estaban en la habitación rieron con ella a excepción de Orihime. Quien no entendía que había sido tan gracioso.

¡Basta! — dijo la mujer sentada en el trono.

Todo el mundo callo al escuchar la intimidante voz de la mujer.

Entiendo, Orihime. Esto debe ser — se empezó a tocar la barbilla buscando la palabra — extraño.

Orihime se empezó a observar. Llevaba un vestido blanco con un escote en V. Simple, pero elegante. No sabía dónde había ido a parar su ropa.

Levanta el rostro — dijo al verla distraída — Toda tu vida estuviste destinada para esto. Tus padres te explicaron acerca del porque estuviste con ellos todo este tiempo ¿Cierto?

Si — dijo — la voluntad de la luna — repitió con letanía.

Esta se levantó de su trono. Hizo un delicado gesto con su mano para echar hacia atrás su hermoso cabello. Orihime nunca había visto a nadie tan imponente como aquella mujer delante de ella.

Pues… no deberías sentir tanta sorpresa. Todo esto es tuyo — dijo señalando la habitación.

Orihime volvió a poner cara de sorpresa, pero tomo valor y pregunto:

¿Pero por qué ahora? ¿Por qué no antes? — esta respiro profundo.

Le hubiese podido evitar todos esos malos ratos.

Por qué ahora y por qué no antes — esta paro y la miro a los ojos — tenía que probarte — dijo como si fuese lo más obvio — tenías que demostrarme, que no eres igual, que ellos. La plaga esa.

Se refería a los humanos.

Pero yo no he hecho nada — dijo Orihime — no soy mejor, que nadie. Me quejo. Digo mentiras. Siento rencor. Soy egoísta — murmuro mirando hacia sus manos.

Esta rio una vez más, pero nadie rio con ella.

No eres igual. Te lo aseguro. Nunca lo serás. Jamás. Aunque me digas todo eso, sigues teniendo un corazón, puro. A pesar de todo lo que te ha sucedido, nunca has cambiado.

Selene al estar delante de Orihime le sonrió y acaricio su mejilla con delicadeza, para luego tomarle la mano. La llevo a donde estaba su trono.

Todos esos sentimientos de los cuales me hablas son culpa de vivir en un mundo así — dijo Selene.

Orihime miraba el trono delante de sus ojos. Este ere hermoso. Parecía estar lleno de estrellas y constelaciones.

¡Siéntate! — prosiguió Selene como una orden.

Al ella tomar asiento. Alzo el rostro para ver las personas que estaba en esa gigantesca habitación llena de columnas corintias y candelabros antiguos. Todo parecía salido de una película de época. Algunos estaban sorprendidos y otros molestos por la acción de la diosa. Pero nadie dijo nada. Orihime bajo el rostro tratando de ocultar el rubor en sus mejillas y sintió como su Madre ponía algo encima de su cabeza. Era su corona. Esta levanto el rostro violentamente.

¿Por qué? — dijo tocándola

Es tuya.

Selene tocó sus sienes exasperada al ver la reacción de su primogénita.

No me has estado escuchando. Esto es tuyo.

No, no, no — grito Orihime levantándose abruptamente — No lo puedo aceptar. Me quiero ir de aquí.

Todos en la sala estaban atónitos con las palabras de la chica.

¿De qué hablas? — respondió Selene — Quieres volver allá con ellos — dijo con asco— A pesar de lo que te han hecho. Esta es tu casa.

Orihime se quitó la corona y se la entrego ignorando las palabras de ella.

No la puedo aceptar. No la quiero. Quiero volver — suspiro— No me quiero ir así. Mi carrera, mi vida y — paro en seco antes de decir algo más.

Selene volvió a ponerse su corona y, dijo a una doncella con cabellos negros, labios carnosos y ojo café saltones en el medio de la multitud.

Llévatela — pronunció con molestia — a la habitación al lado de la mía.

Esta dio un paso adelante sin subir la mirada ni mirar a Selene en ningún momento a los ojos.

Si, diosa — dijo haciendo una reverencia— Ven conmigo — le dijo a Orihime con la cabeza aún agachada.

Orihime la miro y la empezó a seguir. Antes de estas salir de ese lugar. Selene dijo:

Que inocente soy. Como creía que aceptarías —dijo con burla— Necesitas tiempo para acostumbrarte. Eres una humana aún.

Orihime seguía a la joven doncella delante de ella. Esta caminaba rápido y a la peli naranja le costaba seguir su paso. Ella no hablaba y mantenía el rostro siempre inclinado hacia abajo. Orihime al alcanzarla halo delicadamente su manga y le preguntó:

¿Crees que me pueda ir?

Esta volteo el rostro lentamente y, sus ojos cafés que alguna vez habían demostrado timidez, ya no lo hacían más. Ellos se clavaron en Orihime. Y dijo con furia:

Jamás vuelvas a dirigirte a mí, humana — volteo el rostro con altanería y siguió caminando.

Orihime no esperaba eso. Prefirió guardar silencio el resto del camino. Al llegar esta abrió la gigantesca puerta, que parecía estar hecha de oro y, pronuncio:

Entra.

Y sin más la doncella cerró puerta. Pero no era que Orihime no podía salir de esa habitación ni nada por el estilo. Más bien podía hacer lo que le placiera. Pero esta prefería mantenerse en su habitación y salir cuando ella realmente necesitase algo. Una noche, o bueno cuando vio que todos estaban dormidos, salió de esta y, empezó a explorar ese lugar. El lugar era amplio y hermoso. Habían un sin número de habitaciones. Las paredes eran blanco hueso. En estas había figuras de lunas y letras del alfabeto griego talladas con precisión. Para su sorpresa las entendía. Llego hasta una puerta al final del pasillo. Esta era de plata a diferencia de todas las puertas de allí, que eran en oro. En esta estaba tallado la figura de un sol sonriente. Empujo un poco la puerta y esta cedió sin mucho esfuerzo. Allí dentro había un jardín lleno de flores blancas y una pequeña fuente blanca con una escultura de una mujer, en el centro. El piso estaba hecho de diferentes tipos de cerámicas blancas. No entendía como podía haber plantas en aquel lugar. Al fondo también había un ventanal como en su habitación, pero se podía ver hacia afuera. Allí había luz. No era la luz del sol, ni mucho menos de una lámpara. Alzo sus ojos grises arriba de ella colgaba la figura de un sol y una luna juntos, hecha en plata también. Hasta el ambiente de la habitación era cálido. ¿Qué es esto? Ella se preguntaba. Escucho pasos y antes de ella poder ocultarse o reaccionar, la puerta ya estaba abierta. Allí parada estaba la misma chica, que la había llevado a su habitación.

Princesa humana, no puede estar aquí — pronunció esta con temor.

Orihime pudo notar el temor en las palabras de la chica con los ojos café.

Por favor, venga conmigo. Salga de aquí — esta siguió diciéndole mirando hacia el pasillo. Ella vigilaba, que no viniese nadie.

Orihime poso sus ojos una vez más en la escultura de la fuente. Esa era Selene. Sabía que le parecía conocida.

Está bien — dijo Orihime dirigiéndose a la puerta.

Al ella estar al lado de la doncella. Sólo se limitó a guardar silencio.

Por favor, no vuelvas a entrar allí o me castigaran — dijo con más miedo.

¿Por qué te tendrían que castigar? — dijo Orihime confundida.

Esa habitación está prohibida. Selene te explicara con el tiempo.

Esta la llevo a su habitación y, antes de irse, dijo:

¿Entiendes, humana? — sus ojos café brillaban — si me llegasen a castigar por tu culpa. Me las pagaras. Conozco a los de tu clase.

Esta no intimido a Orihime. Más bien esta se limitó a asentir con la cabeza. Estaba cansada de siempre sentirse intimidada por los demás. La doncella al ver la expresión en su rostro, cerró la puerta de golpe para irse.

Fin de Flashback

Orihime se levantó de la cama, y se fue a mirar al espejo de la habitación. Tenía la marca de un cuarto menguante en la frente. Esta al verlo se sorprendió y empezó a tocarla. No se quitaba. Parecía como si fuese una mancha en su piel. Al mirarse más detenidamente en este pudo ver, que su piel se había empezado a volver pálida. Esto le recordó a Ulquiorra. Una sonrisa triste se dibujó en su pálido rostro. Él era una de las razones por las cuales ella no quería quedarse allí. No quería dejar las cosas así. Aunque ella al final no tenía nada que decirle después de lo que él le había confesado. Su corazón aún seguía preguntando por él y pidiéndole que a pesar de todo siguiese. Se estaba volviendo masoquista. No entendía como podría mirarlo a los ojos una vez más. Quería salir. Caminar un poco y, tal vez distraerse o ir a ese jardín misterioso sin que nadie la viese. Aquel lugar le daba curiosidad. Antes de abrir la puerta, se agacho y trato de mirar por la apertura de debajo de esta para asegurarse de que no hubiese nadie afuera. Pero sintió la puerta abrirse y esta se echó hacia atrás de una manera violenta con el impulso de esta. Diviso unas largas piernas. Alzo su mirada y pudo ver un hombre alto de cabello castaño corto con un traje negro y una camisa blanca con una corbata de moño negra. En la solapa este llevaba el símbolo de un sol. Sus ojos azules estaban fijos en Orihime. Ella se levantó con sorpresa y empezó a arreglarse su vestido. Este empezó a acercarse a ella.

— ¡Qué hermosa eres! — este dijo caminando hacia donde ella. Parecía fuera de sí. Sus ojos la escudriñaban — Eres perfecta. Es tan obvio, que eres su hija.

Este siguió acercándose a ella, lo que hizo que ella empezara a echarse hacia atrás rápidamente. Termino chocando con el cristal del fondo de la habitación, pero él no tenía ninguna intención de parar. Al él estar al frente de ella puso su mano en su rostro y lo comenzó a tocar sin ningún reparo para luego llevarla a su frente.

— Tienes la marca — este la miro con tristeza.

— ¿Qui…én eres? — dijo Orihime nerviosa.

— Helios, dios del Sol — dijo este mostrándole su mano izquierda donde tenía la marca de un sol cubriéndole una parte importante de la mano — disculpa por venir así — hizo una pausa — te quería ver.

Orihime lo miraba, sus mejillas estaban rojas como tomates. Este vio lo cerca que estaba de ella y, dio un paso hacia atrás.

— Disculpa — este rio y le sonrió.

Sus facciones eran perfectas. Desde su nariz perfilada hasta sus cejas pobladas. Parecía sacado de una revista.

— ¿Qué haces aquí? — este pregunto mientras formaba con sus manos algo parecido a una silla hecha con lava congelada — Toma asiento — dijo señalándola.

Este formo otra de la misma manera, que la anterior. Orihime puso sus manos sobre la silla que él le había señalado. Se sentía tibio.

— No te quemaras, descuida, hermosa — dijo mientras se sentaba en la silla que había acabado de hacer. Cruzo sus piernas y reposo sus manos sobre esta.

Orihime a pesar de dudarlo un poco, tomo asiento en la silla delante de él.

— Hagamos algo — dijo este al percatarse del nerviosismo de la diosa delante de él — Responde mis preguntas y, si tienes alguna — este sonrió — claro que debes tener preguntas.

Orihime lo miro con duda, pero al final de cuentas no podía dejar pasar esa oportunidad de hacer preguntas. Ya que nadie realmente tenía la intención de escuchar sobre estas.

— Repito, ¿Qué haces aquí? — dijo este observándola.

— No lo sé — pronunció — se supone, que ocupare el lugar de Selene. Ella me quiso entregar su corona.

— ¡El tiempo pasa tan rápido! — este se ruborizo, pero volteo el rostro.

— Mi turno de hacer preguntas.

— Adelante.

— ¿Qué haces tú aquí? — pregunto Orihime.

Este empezó a tocarse la nariz. Parecía un tic nervioso. Este se acomodó una vez más en la silla.

— Curiosidad — suspiro — Algo así, pero no. Quería verte — dijo seriamente.

Esa no era el tipo de respuesta que ella esperaba.

— ¿Estas emocionada? Serás la nueva luna.

Los ojos de la chica se tornaron tristes.

— Yo no quiero estar aquí y nadie quiere escucharme.

Los ojos de este se abrieron de par en par.

— No te entiendo — su rostro expresaba confusión — ¿Por qué deseas volver allá? Aquí jamás volverás a experimentar dolor, incertidumbre y burlas. Absolutamente nada relacionado con los humanos — este continuó — Te estas convirtiendo en una diosa. Tienes la marca en tu frente.

Orihime llevo sus manos allí. Se había percatado de ello momentos antes.

— No me importa. No me quiero ir así — apretó sus puños en su regazo — Eso que dices es tentador, pero sabes — esta sonrió con nostalgia — aprender a sobrellevar esas cosas te hace fuerte — dijo refiriéndose a las burlas— Aprender a encontrar belleza en un mundo imperfecto — sonrió.

— No perteneces allí — este dijo sin dudar.

— ¡Si, ese es mi hogar! — dijo conteniendo las lágrimas —A pesar de toda las cosas que han pasado — dijo tocándose el pecho — aunque duela mucho — sintió gotas tibias bajar por sus mejillas — Mi corazón esta allá.

Este delimito el dibujo del sol en su mano y se levantó de repente de su silla. Y le dio la espalda a Orihime. Este rio, pero extrañamente esa risa no sonaba para nada feliz.

— Nadie te hará cambiar de opinión por lo que veo.

Su tono de voz cambio. Este se había vuelto algo tímido. Orihime vio como este se acercaba a su tocador y empezaba a mirarse en el espejo.

— Nos parecemos — este dijo peinando su sedoso cabello hacia un lado con su mano — Somos dos masoquistas — una sonrisa se asomó en su rostro — te ofrecen salir de ese hueco, que ustedes humanos llaman hogar y, sigues insistiendo en quedarte allí.

Orihime empezó a mirar a su alrededor. Ese comentario tenía cierto grado de verdad, pero correr de las cosas al fin y al cabo no iba a resolver nada. Había personas, que la habían pasado peor que ella y aun así seguían viviendo y haciendo frente a las situaciones adversas.

— Nuestra situación es algo parecida— este fijo sus ojos en la chica del pelo naranja — Yo me quiero ir de aquí. Puedo hacerlo, y no lo hago.

Sus ojos se oscurecieron. Era tristeza. Orihime trato de no hacer contacto visual con él, ya que parecía el tipo de tristeza que se contagiaba.

— ¿Por qué?, te preguntaras — este dijo — Porque no la puedo dejar. No me lo puedo permitir. Mi hogar está aquí también por culpa de ella.

Orihime le observo con confusión.

— ¿Hablas de Selene? — pregunto tímidamente ella.

Su rostro se ilumino al escuchar ese nombre.

— ¡Eres brillante! — dijo este sarcásticamente.

Volvió su rostro al espejo una vez más. Este era bastante narcisista. Tomo una fuerte bocanada de aire y pregunto con desgano.

— ¿Cuántos años tienes?

— 20 años — dijo Orihime sin vacilar.

— Pues, hace 20 años, estuve prometido con Selene. Ha parecido más — dijo este con nostalgia dirigiéndose hacia la chica — Nunca antes me había sentido más feliz, pero supongo que esa feliz sólo era mía — su rostro se volvió a oscurecer. Este tomo asiento — Ella nunca me conto que estaba enamorada de un humano.

Flashback

¿A dónde vamos? — dijo Selene con intriga.

Mientras Helios la llevaba tomada de la mano. Selene hacia su mayor esfuerzo en no quitarse la venda roja de los ojos que él le había puesto.

¿Estamos cerca? — esta tenía una sonrisa dibujaba en su rostro a pesar de odiar las sorpresas — ¿A dónde vamos? — volvió a preguntar.

Puedes guardar silencio — dijo este suavemente, pero estaba exasperado.

Este había tomado el camino largo para aumentar la sorpresa. Pero ya habían llegado.

Quítatela — pronunció como una orden el susodicho.

Esta removió la venda lentamente tratando de disimular sus ansias de ver lo que tenía adelante. Era una puerta en plata imponente con un sol tallado en ella.

¡Wau! — pronunció mientras escudriñaba la puerta con la mirada. Alzo la mano que sostenía la venda y toco la puerta — es hermosa.

Helios se sonrojo un poco, pero volteo el rostro para que ella no pudiese darse cuenta.

Si, lo sé — dijo este con arrogancia — quería que destacase — así como tú lo haces — él susurro de manera inaudible esto último— también porque todas las puertas son de oro. Esta es especial.

Selene enrollo sus brazos en su cuello y le dio un casto beso en los labios. Helios trato de recomponerse. Hoy seria un gran día para él, ya que daría un gran paso.

Entremos — dijo con dureza.

Este empujo la puerta con todas sus fuerzas. Se sentía más pesada, que la última vez o tal vez eran sus nervios.

Los ojos de Selene, no sabían hacia donde mirar. Todo era tan hermoso y perfecto, que la abrumaba. El color blanco. La luz que entraba allí.

¿Cómo lo hiciste? — pregunto señalando el gran ventanal del fondo.

Te preste un poco de la luz de la que ilumina mi palacio — este pronunció — Los flores no podrían crecer en un lugar tan oscuro como este.

¿Él no se opuso? — dijo refiriéndose a su padre.

Siempre lo hace.

El padre de Helios desde un principio estuvo en contra del noviazgo de ellos. No era porque fuese amargado ni nada por el estilo sino más bien porque sabía algo que su hijo se esforzaba olímpicamente en ignorar. El hecho de que: "El sol y la luna jamás podrían estar juntos".

Ella se arrodillo y empezó a tocar las flores. Eran reales. Al subir el rostro pudo ver una estatua hecha en mármol blanco.

Es hermosa.

Helios la tomo del brazo e hizo que se pusiese de pie de manera brusca. Ni siquiera midió su fuerza. Él tenía la cara roja como un tomate. Le avergonzaba que ella descubriese que la figura tallada en la fuente era la de ella y, tampoco quería perder más tiempo, era ahora o nunca.

Este se arrodillo ante ella y, abrió una pequeña cajita negra con un lazo dorado. En esta se asomaba una sortija de oro.

Permíteme ser parte de tu vida.

Este trago en seco. La expresión de Selene denotaba sorpresa, pero al mismo tiempo sus ojos lo miraban con ternura. Esta se arrodillo y lo abrazo.

¡Acepto! — pronunció ella en su oído.

La boda no duro mucho en celebrarse. Gracias al entusiasmo de los dos. Fue una de las bodas más imponentes y elegantes que se hubiesen celebrado en mucho tiempo, ya que esta práctica no era común. El padre de Helios seguía sin aceptar su compromiso y se reusó a participar. Este el día antes de la boda le dijo:

Esto es un error, que te perseguirá por mucho tiempo. Hijo mío.

Helios hizo caso omiso a las palabras de su padre, una vez más.

Pasaron años y el matrimonio se fue desgastando. Parecían dos extraños, que vivían bajo un mismo techo. No había rastro de la pareja, que alguna vez había prometido al frente de una gran multitud, que uno seria parte del otro. La personalidad de Helios siempre había sido hosca, algo con lo que Selene había aprendido a tratar desde un principio, pero cuando su padre le cedió el trono este quedo a cargo de todo. Él nunca había lidiado con tanto poder ni con tantas responsabilidades. Algo que lo volvió soberbio. Selene por otro lado, no sabía tratar con esa nueva faceta de su esposo, algo que hizo que se distanciase de él. Se pasaba los días en su trono mirando hacia la tierra. Pero su vista realmente estaba fija en un humano. Este se llamaba: León. Era un músico. Su apariencia no era nada especial. Tenía ojos cafés, cabello negro que hacia juego con su barba descuidada y un cuerpo bastante escuálido para un hombre. Pero su música había llamado la atención de ella. Este a diferencia de otros humanos le solía hablar a ella a través de esta. A veces sentía, que cuando este alzaba su rostro era para observarla.

Selene no tenía nada que perder. No veía a Helios desde hacía mucho tiempo y, a quien lastimaba una pequeña escapada a la tierra. En ese entonces los dioses y humanos no tenían prohibida la convivencia. Al bajar y poder contemplar el mundo con sus ojos. Se sintió abrumada. Era más hermoso que de donde ella venia. Su grupo iba a tocar esa noche en uno de los usuales bares de mala muerte en el centro de la ciudad en donde este solía tocar. La fallada en estos lugares siempre era deprimente al igual que su interior. Muebles viejos y olor a vodka barato alrededor. Pero Selene no prestaba mucha atención a eso. Él siempre se retrasaba bastante en salir. Pero siempre aparecía repentinamente en el escenario. Como siempre hizo un ligero ademan con la mano para saludar. Sus ojos se cruzaron con los de Selene. Este iba totalmente vestido de negro con unas botas cortas con las cuales marcaba el ritmo mientras tocaba su guitarra. Él había sentido esa mirada anteriormente. Trato de reconocerla, pero no pudo y, continúo. Esto se repitió en muchas otras ocasiones y, Selene siguió asistiendo a sus conciertos por más de tres meses con la esperanza de que un día la notase. Una noche tomo su guitarra y comenzó a cantar sin su grupo. Sus letras eran hermosas y relajantes. Al terminar la presentación este se levantó de su asiento y no la volvió a mirar más. Esta se sintió enojada. La noche avanzaba. Grupos tocaban y se iban. Cuando Selene estuvo a punto de irse vio como este se sentó en su mesa. Puso su guitarra acústica aún lado y encendió un cigarrillo. Sus ojos la miraban de arriba abajo.

¿Te conozco? — pregunto.

No — ella respondido sin más — me encanta tu música.

Este la miro más extrañado aún. Mi música, este pensó.

Debes estar confundida — hizo una pausa — Estoy pensando en retirarme. Tengo 30 años y mírame — este dijo señalándose — debí haber seguido estudiando, pero quise ser Kurt Cobain y no me salió bien.

Selene sonrió. No era en manera de burla. Él era sincero al igual que su música.

Me gustas.

Esta se acercó a él y lo beso repentinamente. No hubo vergüenza ni una pizca de culpa. Lo último que se cruzaba por su cabeza era el rostro de Helios. Este correspondió el beso. Sus labios se despegaron por la necesidad de aire. El lugar se había vuelto pequeño por culpa de la tensión entre ello.

Vivo cerca — dijo este — ¿Quieres venir? — este empezó a tocarse la barba.

Porque no — dijo con seguridad.

Su departamento era pequeño, pero acogedor. Este estaba desordenado. Ropa por doquier, lienzos en blanco, botellas vacías y partituras. Este la invito a pasar y, le ofreció algo de beber, pero ella no acepto. Ellos sabían mejor que nadie a que habían ido allí.

La noche había pasado rápido o eso pensaba ella. León aún seguía durmiendo a su lado. No iba a olvidar esa noche. Se había sentido libre. Miro su mano, llevaba aún el anillo puesto. No sentía nada. Al tratar de levantarse. Sintió las manos del alrededor de su cintura.

¿A dónde vas? — dijo soñoliento.

A ningún lugar — esta comenzó a mirarlo.

Este subió su mano a su rostro donde empezó a acariciar su mejilla.

Eres hermosa — ella beso la palma de su mano — ¿Estas casada?

Ella lo miro extrañada.

Lo digo por esa alianza que llevas puesta — este subió una ceja.

Ya no — esta dijo sin vacilar — hablemos mejor de porque no debes dejar la música —pronuncio mientras se acurrucaba a su lado.

No estaba lista para irse.

Los años pasaron y estos se volvieron una pareja. Selene le animo a seguir en la industria musical y, la fama le llego a León con la ayuda y el apoyo de ella. Dicen que la fama saca lo peor de las personas, y él no fue una excepción. Su música empezó a recorrer el mundo al igual que mucha mercancía con su nombre. León tenía una debilidad. Una terrible debilidad. Que eran las mujeres. Algo que fastidiaba en sobre manera a Selene. Ella había perdido la cuenta de cuantas veces lo había encontrado con alguna chica en un baño de algún hotel después de algún concierto y hasta cuando encontraba ropa interior de otras mujeres en la casa que él le había comprado a ella. Selene se había hartado y una noche antes de su primera gira mundial le dijo que se iría lejos. Este no se sorprendió por su comentario, si se quería ir no la iba a detener. Y le dijo:

Eres muy egoísta. No estamos casado ni nada por el estilo para que me exijas tanto — dijo este tomando un sorbo de su cerveza negra mientras cambiaba los canales con el control — Podemos tener una relación abierta. Tú experimentas, yo experimento. Todos felices. ¿no lo crees? — dijo fríamente.

Selene no reconocía quien le estaba hablando. Una relación abierta significaría compartir. Lo único que de verdad quería para ella sola.

No puedo.

Esta se fue. Se sentía terrible. ¿Cómo los humanos podían ser así? Se preguntaba mientras sus lágrimas caían. Ella recordó, que se había comportado como uno con Helios. Lo había traicionado. Habían pasado seis años y, a esas alturas entendía la gravedad de sus acciones. Debía volver. Costase lo que costase. Se sentía sucia. Aunque las lágrimas mojasen su rostro. Ese sentimiento no se iba. Duro un año más antes de volver. Trato de acostumbrarse a la vida en la tierra, pero fue demasiado para ella. Rutina y estrés se volvieron las palabras que más escuchaba y sentía sobre su cuerpo. Pero no se sentía digna de volver. Había sido infantil.

El día que decidió volver. Se tragó su orgullo. Al entrar en su palacio vio que Helios estaba sentado en su trono con su usual pose de emperador. Su rostro denotaba ira. Corrió hacia ella al verla. Esta tomo sus hombros y la empezó a sacudir con toda su fuerza.

¿Dónde estabas? — pregunto.

Su ira, se volvió tristeza. Parecía un niño asustado. Pero Selene a pesar de sentir dolor a causa de su reacción. No decía nada. No tenía nada, que decir. Sentía que había despertado de un sueño. Selene al ver que este se había calmado se quitó el anillo de su dedo y se lo entrego.

Vete, por favor — dijo esta.

Este no discutió e hizo lo que ella le pidió. Las situaciones después de eso se volvieron tensas entre los humanos y los dioses. Nadie miraba a Selene sin pensar en lo que había hecho. Ella era el ejemplo vivo de porque los humanos y los dioses no debían estar juntos. Estos corrompían. Se prohibió totalmente el contacto entre estos. Pero Selene a pesar de la prohibición le concedió el deseo a una gitana de tener una hijo y le exigió, que le entregase a su primogénito. Esta alegaba que quería que su hija viviera en la tierra y pudiese conocer todo lo que alguna vez le causo curiosidad y, viese que allí no había nada bueno que buscar. Le iba a llamar Orihime a su hija. Amaba ese nombre.

Fin del Flashback

Orihime no se podía creer lo que había escuchado. Pero entendía como se sentía. Su padre le había advertido de no casarse con ella y el como quiera siguió adelante. Al igual que ella no escucho a Ichigo cuando le advirtió sobre Ulquiorra. Ella tomo su mano, pero este la retiro inmediatamente.

No sientas pena por mí — odio eso —este miro por encima de su hombro — No soy mejor, que ella. Quise vengarme. Hacerle lo mismo y, lo hice. Pero ese tipo de cosas funcionan cuando le importas a la persona a quien se lo estás haciendo. Busque una humana— hizo una pausa — Ella estaba casada, aún peor, destruí un matrimonio. No me sentí mejor. Dañe a alguien — dijo con culpa.

Ella lo miraba intrigada.

¿Tuvieron un hijo?

Si — rio — pero me fui cuando ella me lo conto. Ella tuvo que lidiar con todo eso sola. Su esposo la dejo. Lo vi todo y aun así no hice nada.

Orihime no lo aguanto más.

¡Pobre chica! Y tu también — dijo la chica del pelo naranja mientras miraba hacia abajo.

Él está bien — dijo refiriéndose a su hijo.

Este se levantó de la silla. Orihime tomo su mano y la apretó. Él no lo vio venir. Ella lo estaba abrazando. Sentía calidez. Estos duraron unos minutos en la misma posición. Él se alejó de ella. Arreglo su traje y le dijo:

Si te quieres ir. Tienes que hablar pronto con Selene o esa marca se hará permanente en tu frente.

Ella toco su marca y asintió con la cabeza.

Te entiendo más de lo que piensas — dijo ella — gracias por hablar conmigo.

Este camino hacia la puerta y antes de salir dijo:

— Entiendo porque él te ama.

— ¿Quién? — pregunto la chica.

En un abrir y cerrar de ojos el había desaparecido de allí y las sillas también. Esta asomo su cabeza en la puerta. Los pasillos estaban vacíos.

Continuara

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Dato: esta historia es publicada los domingos o lunes.


Notas del Autor:

¡Primer capítulo de año! Salut! Disculpen la tardanza. Estoy ocupadísima con todo. ¿Cómo están? Espero que bien. Pues, me gustó mucho escribir este capítulo. Me inspire mucho leyendo sobre mitología y viendo Scarface (Cara cortada). Tenía bastante sin verla. La recomiendo. ¡Amaras a Al Pacino! Te lo aseguro. En otras cosas: Es muy triste cuando las relaciones acaban de esta manera. Cuando llegan a pasar este tipo de situaciones se pierde mucho más que una relación. Se pierde la capacidad de volver a confiar en las personas.

Aclaraciones:

En la Mitología griega, Selene y Helios son hermanos. Aquí no.

Scarface: Es una película de crimen. La sinfonía del final, que suena mientras Ulquiorra habla por teléfono, se llama Tony's Theme de Giorgio Moroder, pero se escucha un poco diferente en los créditos, supongo que le dan un toque de dramatismo, la pueden buscar por el nombre: Scarface Soundtrack - End Credits.

Gracias a:

Hanasaki95: ¡Hola, Hermosa! Para mi igual. Me alegra muchísimo leer eso. Trato de que siempre sea así ^-^. Me esfuerzo con las descripciones. Creo que es una buena decisión. Espero haber aclarados dudas en este capítulo. Gracias por tu tiempo y ánimo. Besos y abrazos. Feliz año.

IrisTohruSohma: ¡Hola! Gracias, igual para ti. Jajajaja en verdad lo es. Qué bueno. Lo hice para romper la tensión con Guillermo y si, es un buen consejo ir a la playa jajaja. JAJAJA Es por su estilo, siempre pienso eso con él. Es muy extrañaba y ya verás más adelante. JAJAAJAJAJ así todos quieren Lasaña, ¡cómo no!, eso sí es cierto. Las madres nos conocen más de lo que pensamos. ¡Gracias, me esfuerzo con las descripciones! Gracias por tu tiempo y ánimo. Besos y abrazos. Feliz año.

Canciones que me inspiraron y ayudaron a escribir: Tony's Theme de Giorgio Moroder, Live your life de Yuna, Don't Dream It's Over de Crowded House, Cool Kids de Echosmith, Como tú de León Larragui y Dancing Queen de ABBA.

Los comentarios son bienvenidos.

BONUS, próximo capítulo: Un reencuentro inesperado entre dos personas, que no necesariamente desean verse. ¿Quiénes creen?