¡Qué insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente! ~ Goethe
Graduandos, ¡Felicitaciones!
Tres días después. Miércoles.
Las luces del departamento de Ulquiorra estaban todas apagadas a excepción de la lámpara de lectura de la mesa de noche. Tenía el computador encendido con su correo electrónico abierto, había enviado su currículum a diferentes compañías y consultorios, necesitaba continuar con su vida, a pesar de sentirse igual o peor que la basura. El ambiente a su alrededor se sentía pesado, como si hubiese una neblina imperceptible a los ojos, pero palpable. El silencio se había apoderado de ese departamento. El chico se encontraba acostado en su cama con la mirada fija en el techo de su habitación, estaba rodeado de libros de psicología y un pequeño libro rojo que contenía la biografía de Sigmaud Freud, que le había tomado prestado a Grimmjow, quien al momento de pedírselo prestado le expresó a Ulquiorra que no tenía ni la más remota idea de cómo ese libro había llegado a su estantería ni mucho menos de que se trataba. Releía esos libros con el fin de adentrarse en la mente de la mujer, entender que impulsó a esta a tomar esa decisión tan drástica, de irse. No la culpaba, pero algo dentro de él, le decía que ella no era de las personas que dejasen las cosas así como así, se lo había demostrado en muchas ocasiones. La mujer era fuerte hasta más de lo que él podía imaginar.
No deseaba creer que la mujer se hubiese ido, pero lo había comprobado, ella no estaba. Ichigo, no estaba exagerando, le había dicho la verdad. Le llamó unas veinte veces mal contadas al teléfono móvil, el mensaje de la contestadora que ella misma había grabado, hizo creer a Ulquiorra más de una vez que era ella quien le estaba hablando y no una simple grabación. Era patético. No podía sacarla de su cabeza ni tampoco el hecho que todo eso había sido por su culpa, hasta se había atrevido a ir a su casa, para confirmar lo que ya sabía; ella no estaba allí. Realmente la había herido. En que estaba pensado no había cambiado, seguía siendo un monstruo inhumano, con sed de conocimiento. No había nada dentro de él. Su teléfono móvil había empezado a sonar, pero este no lo encontraba y comenzó a mover los libros, que ocupaban una parte importante de la cama. Este lo encontró debajo de unos gruesos tomos azul marino de introducción a la psicología, al desbloquear el teléfono pudo divisar en la pantalla la llamada entrante de Baraggan.
— Hola — dijo el moreno fríamente — ¡Qué sorpresa!
— ¿Estás en casa? — preguntó Baraggan.
— Claro.
— Tengo más de cinco minutos tocando el timbre, ¿piensas abrir o no?
— Si — contestó, realmente estaba distraído.
Este cerró el teléfono y se levantó de la cama. Llevaba puestos unos pantalones de pijama de Batman y una camiseta blanca ancha. Había subido un poco de peso, no le sorprendía, eso daba constancia de que había ido a Nápoles y había estado todo ese tiempo con su madre. Se dirigió a la puerta, la cual abrió con lentitud al acostumbrarse sus ojos a la claridad del día. Baraggan le miró de arriba hacia abajo al abrir la puerta.
— Ahora que te veo bien, estás más fuerte.
— No estoy fuerte, subí de peso.
— Te hacía falta — dijo este mirándolo — cámbiate, que vamos a salir.
— ¿A dónde?
— No te preocupes — dijo Baraggan con autoridad.
Ulquiorra se limitó de hacer preguntas, le haría bien salir. Fue directo al baño donde se dio una ducha de agua tibia. Podía sentir las gotas cayendo por su cabeza y deslizarse por su pálida piel. Pero algo no se terminaba de ir con el agua y era el sentimiento de incomodidad. No se sentía bien esa mañana. Este duró más de lo usual duchándose. Al entrar en su habitación fue directo al closet, y se puso unos jeans verdes pardos ajustados a su cuerpo y un sweater negro mangas largas con sus converse. Este se miró al espejo y salió de su habitación, al Baraggan verlo se levantó del sillón y se dirigió a la puerta.
— Vámonos — este le dijo abriendo la puerta de entrada.
— Está bien — dijo fríamente el chico.
Este le siguió en silencio. Al bajar por el ascensor, Baraggan quien siempre ponía temas de conversación guardó silencio en todo el transcurso.
— ¿No tenías mucho trabajo? — preguntó Ulquiorra.
— Sí, pero tengo algo más importante que hacer hoy.
— Ujum — este dijo.
Al abrirse las puertas del elevador, el portero que casi nunca estaba, saludo a Baraggan, el cual le devolvió el gesto. Ulquiorra pudo divisar un auto negro en la salida, era nuevo. Era un bmw m5.
— ¿Ese es tu nuevo auto?
— No.
Baraggan rebusco el bolsillo izquierdo de su pantalón de tela negra, al parecer buscando las llaves, pero no las encontró. Comenzó a tocar su blazer con la misma minuciosidad de los policías cuando revisan a las personas, su expresión cambió a una de tranquilidad cuando pudo sentir las llaves dentro de su blazer, las cuales sacó de un pequeño bolsillo del interior de este. Ulquiorra aunque tuviera los ojos fijos en Baraggan no lo miraba a él. Su cuerpo estaba allí, pero su mente se encontraba divagando.
— ¡Ulquiorra! — dijo Baraggan sacándolo de sus cavilaciones — tómalas — dijo este arrojándole las llaves al chico delante de él.
— ¿Qué? — preguntó Ulquiorra mientras evitaba que estas cayeran al piso — no deberías tirarme las llaves.
— ¿Por qué no, si son tuyas? — dijo Baraggan mirándole.
— ¿Mías? — preguntó el chico mirando las llaves en sus manos.
— Es un regalo de graduación. Te lo mereces.
Ulquiorra hizo contacto visual con Baraggan, quien le sonreía.
— Gracias — dijo Ulquiorra con una expresión impasible.
No sabía qué decirle ni mucho menos cómo reaccionar ante semejante sorpresa. Ese carro valía más del sueldo promedio de una persona y él se lo estaba obsequiando.
— ¿Nos vamos, Ulquiorra?
— Claro — dijo él, pulsando el botón para abrir el auto— pero, ¿A dónde?
— Te indicaré el camino.
— Ya veo — otra sorpresa, pensó Ulquiorra.
El susodicho abrió la puerta del lado del conductor y entró, al mismo tiempo que Baraggan lo hacía. El auto era hermoso, tenía una fragancia mezclada entre piel y menta, esto era por el ambientador en forma de pino a medio abrir en el asiento de atrás, lo cual hacía sentir el lugar acogedor. Ulquiorra encendió el auto, se acomodó en el asiento, abrochó su cinturón y puso en marcha el automóvil. Se podía escuchar en la radio Bohemian Rhapsody de Queen, este no era el grupo favorito del chico, pero no le molestaba escucharlos en ese momento. Baraggan debes en cuando miraba su reloj y al mismo tiempo la pantalla de su teléfono. Parecía atareado, aunque él no quisiese decir nada. Ulquiorra manejaba con prudencia, muy diferente a como le había enseñado a conducir su padre.
— ¿Te gusta? — preguntó Baraggan mirándole.
— Claro que si — dijo este sin quitar los ojos del camino — no tuviste que molestarte tanto.
— ¡Por Dios!, por una vez en tu vida deja la modestia — este dijo arreglando el cuello de su camisa — simplemente quise hacerlo, lo necesitarás, ya eres un profesional y la presentación vale mucho — pauso — sigue por esta calle sin doblar.
Se estaban dirigiendo al centro de la ciudad. Allí se encontraban tiendas, centros comerciales y algunas de las oficinas gubernamentales. Ulquiorra no frecuentaba mucho estos lugares, no había porque realmente, por así decirlo salir no era lo más importante para él. Este siguió las indicaciones de Baraggan, no tenía ni la más mínima idea de a donde se dirigían. Las calles eran anchas y estaban llenas de vallas publicitarias de marcas de ropa y uno que otros anuncios de bancos y aseguradoras. Las calles como siempre estaban concurridas de personas que se dirigían a los bancos y oficinas del estado.
Pasaron por el frente de uno de los centros comerciales más grandes del país, en el cual Baraggan había participado en la construcción. Este era un edificio color azul ultramar, pero que aparentaba ser gris. Las puertas eran de cristal, estas dejaban ver perfectamente hacia adentro, había columnas que hacían ver bastante elegante e imponente el lugar. Baraggan le dijo a Ulquiorra que doblase tres calles más adelante. La cual lo condujo a una pequeña tienda con grandes escaparates en los cuales se podían ver maniquíes con trajes de diseñador. Lo cual extraño a Ulquiorra. No necesito un traje, este pensó.
— Llegamos — dijo Baraggan.
— ¿Necesitas un traje?
— Yo no — respondió — ¿Andas distraído hoy? — dijo más como un hecho, que como una pregunta.
Ulquiorra no dijo nada y se limitó a estacionarse al lado de un auto rojo pequeño de una marca que no reconocía. Baraggan le estaba diciendo eso y ni siquiera sabía la mitad de la historia. Este se desmontó del auto con lentitud y guardó la llave en su bolsillo. Baraggan por igual se desmontó. El clima estaba soleado, parecía un día perfecto para ir a la playa. Estos se dirigieron a la puerta doble de cristal con un letrero amarrillo que decía Open. Al abrir la puerta un señor con una barba y un bigote perfectamente arreglados y un traje de rayas color marrón, les recibió con una expresión seria. Tenía una plaquita plateada en el pecho que decía Lorenzo M. Al parecer Baraggan y este se conocían, porque al verlo su expresión facial se suavizo.
— Louisenbairn, cuanto tiempo sin verte — dijo este tocándose la barba.
— Lo mismo digo Lorenzo.
Estos tuvieron una breve conversación de temas que carecían de interés, pero el ambiente entre ellos se podía traducir en: quiero decirte algo, pero no sé por dónde empezar.
— ¿Quién es él? ¿tu nieto? — dijo este cuando al parecer no se le ocurrió nada más que decirle a Baraggan
— No, no, hijo de un colega.
— Ya veo — este miro a Ulquiorra comprobando que no había ningún parentesco — ¿Qué necesitan?
— El necesita un traje para su graduación.
Ulquiorra miró a Baraggan con sorpresa. Aún era muy pronto para comprar un traje para su graduación, él tampoco tenía por qué hacerlo, le había regalado un auto.
— Baraggan no es necesario, no pienso asistir a la investidura.
Baraggan subió la mirada y le miro con molestia, y le dijo:
— ¿De qué hablas? ¿Cómo es eso de que no quieres asistir?
Lorenzo al ver la reacción de su amigo, se alejó fingiendo no escuchar nada, y se dirigió al escaparate a la izquierda de estos. Había aprendido a no interferir en las discusiones de sus clientes.
— La verdad es que no estoy de humor. No me interesan mucho esas cosas, son formalidades, con que me entreguen mi título es más que suficiente y has gastado demasiado dinero en mí en todo este tiempo, no tengo como pagarte. Me diste un departamento, dinero y ahora un auto — este miro hacia afuera — ¡y que auto!, ahora quieres comprarme un traje y pagar la graduación, no es justo — dijo este.
— ¿Por qué piensas así? No me pesa hacerlo, ni siquiera pienso en eso, si es para ti. ¿Qué sabes tú de justicia?. Recuerda algo, lo hago porque quiero, no porque me sienta obligado — pauso— Ya pague la graduación y si decides no ir, realmente será un gasto de dinero — dijo este mirándolo fijamente.
— Entiendo.
Momentos como esos Ulquiorra sabía que Baraggan no iba a aceptar un no por respuesta. Realmente no tenía cómo agradecerle lo que este había hecho por él. Obligarlo a ir a la graduación era una manera de sacarlo de su zona de confort, no podía dejar que las cosas le afectaran de la manera en que lo hacían, pero no lo podía evitar. Tenía una carga en la consciencia.
— Gracias — dijo Ulquiorra.
— Mejor, pero no me tienes que agradecer.
Estos siguieron adentrándose en la tienda, la cual estaba vacía. Las luces de esta eran tenues, dando un ambiente cálido al lugar. Los estantes eran de roble, y estaban llenos de camisas y pantalones de diferentes tonos, pero todas parecían encajar perfectamente con el lugar. Había maniquíes con trajes y corbatas a juego. Una sección al fondo de la tienda dedicada exclusivamente a las plumas fuentes. Parecía una de esas tiendas sacada de las revistas de decoración. Lorenzo se acercó una vez más a ellos y pregunto a Ulquiorra:
— ¿Qué tienes en mente?
El chico de los ojos verdes, no tenía ni la más mínima idea de que contestar a eso.
— ¿Algo sobrio? No pareces de los que usen cosas llamativas — este le dijo al ver la mirada perdida del joven.
— Está bien.
Lorenzo le hizo una seña a una chica que estaba agachada al lado de una mesa, ella estaba ordenando algunos zapatos. Esta llevaba gafas de pasta negras, que iban a juego con su pelo de similar color, llevaba una camisa café y unos pantalones blancos ajustados. Esta parecía ser tímida.
— Ginger, mide al caballero — dijo señalando a Ulquiorra.
— ¿Pero con que le diga mi talla no es suficiente? — dijo el chico.
— Tal vez en una tienda normal sí, pero aquí no, el hombre tiene medidas diferentes. Nada es genérico, esas tallas que te dicen no son las verdaderas — dijo este a la defensiva.
Ella se levantó y saco cinta azul de su bolsillo, era de las que usaban los modistos y se dirigió a Ulquiorra. Ni siquiera le miro, para que este no se pudiese percatar de su sonrojo. Esta le puso la cinta en los hombros, cintura y caderas del moreno, por último midió el largo de sus piernas. Ella le dijo a Lorenzo en voz casi inaudible las medidas del. Este asintió con la cabeza y miro a Ulquiorra. Este la señalo y dijo:
— Ella es Ginger, mi hija — prosiguió — ella se gradúa este año también, pero del Colegio. Ella me es de gran ayudada aquí, ya que no me puedo agachar a medir a las personas.
Todos la miraron lo que provoca a la chica voltear el rostro aún más avergonzada.
— Pasa por aquí, muchacho — dijo Lorenzo tocándole el hombro.
Él lo llevo al fondo de la tienda, al lado de donde se encontraban las plumas. Aquí había un pequeño espacio dedicado exclusivamente a los trajes. Había de todos los estilos, tonos y formas. Este tomo un sin número de trajes color negro, gris y verde y se los entregó al chico, quien hizo lo posible para no dejarlos caer. Todos estos estaban en plástico.
Pruébatelos — este le señalo una puerta blanca con detalles de redondos de madera.
Este camino hasta esta con cuidado, al abrirla se encontró con cuatro espejos que estaban ubicados a cada lado de su cuerpo, habían unas luces halógenas iluminando cada uno de ellos. Si este se hubiese quedado lo suficiente allí se hubiese podido broncear. Ulquiorra primero tomó los grises, los cuales no le gustaron. Él los descarto sin ni siquiera pensarlo. Tomo uno de los negros, este era cruzado. Se lo probó y se empezó a mirar en el espejo. Era demasiado elegante y le recordaba a su padre. El traje no hacía al hombre, pero realmente ayudaba. Lo engancho a un lado, no lo había descartado del todo. Tomo uno de un color distinto a todos los otros y al probárselo lo supo, no necesitaba seguir buscando, ese era el suyo. Era sobrio, no era cruzado, no era gris, era un traje simple y era color verde pardo. Se veía perfecto en él .
Tomó los trajes e intentó salir del vestidor, y antes de abrir la puerta se le cayó el traje cruzado, la etiqueta se salió de este, era negra y tenía las iniciales de Lorenzo, y también una etiqueta con el precio. Ulquiorra nunca antes había visto tantos ceros juntos en una sola etiqueta. Eso contaba como el sueldo de alguien por tres meses. Entendía porque esa tienda estaba vacía. Suspiro y abrió la puerta. Lorenzo estaba arreglando los trajes, y al verlo le pregunto:
— ¿Elegiste?
— Este — levanto el último que se había probado.
— Tenía una corazonada de que elegirías ese — dijo Lorenzo.
Este tomo los trajes y los volvió a poner en su lugar. Ulquiorra empezó a mirar una mesa que estaba a un lado de ellos, esta estaba repletas de corbata. Lorenzo tomo una corbata color negra fina de la mesa y se la entrego.
— Esa va perfecta con ese traje — dijo haciendo una seña rápida con la mano — tienes que elegir unos zapatos también.
Ulquiorra le miro de arriba abajo.
— ¿Que piensas?, que te puede comprar un traje e irte sin comprar unos zapatos — este empezó a tocarse la barba mirándolo seriamente — estas muy equivocado, déjame decirte, muy equivocado.
Estos fueron a la parte delantera de la tienda, allí se encontraba Baraggan hablando por celular y Ginger arreglando unos maniquíes.
— Aquí están los zapatos — dijo Lorenzo señalándole un escaparate — te ayudare a elegirlos.
—No es necesario — dijo Ulquiorra.
Este empezó a buscar, entre unas docenas de zapatos. No parecían los típicos zapatos, que encontrabas en una tienda, estos parecían que por el hecho de estar allí, ya valían mucho dinero. Este tomo unos negros con cordones. Eran muy elegantes, iban a perfección con el traje.
— Quiero estos.
— Estamos listos, entonces.
Baraggan seguía aún hablando por el teléfono, pero al este ver que Ulquiorra había terminado de elegir todo, dijo un cortante hablamos luego al parecer a su secretaria. Este se acercó a donde estos estaban.
— ¿Satisfecho con tu elección? — pregunto a Ulquiorra.
— Si — este respondió fríamente.
No se había molestado en ver el precio del que había seleccionado. Prefería no hacerlo, sabía que no encontraría nada por menos de la cantidad que vio en esa tienda. Estos se dirigieron a la caja registradora. Lorenzo hizo una sumatoria de todo y al decir el precio, Baraggan se limitó a pasar la tarjeta de crédito a este. Es demasiado dinero, Ulquiorra sólo pensaba. Nunca daría esa ridícula cantidad por nada, que no lo valiese realmente, pero este se limitó a guardar silencio.
— ¡Gracias por su compra! — dijo este sonriente — espero que nos volvamos a ver Louisenbairn y que te vaya bien en tu graduación, muchacho.
Ginger les abrió la puerta. Ulquiorra llevaba el traje en una mano y una bolsa con los zapatos y la corbata en la otra. Baraggan le ayudo abrir la puerta de la parte de atrás del auto para enganchar el traje y poner las fundas en el asiento. Habían llegado con sol y se iban con este ya poniéndose. Este abrió la puerta del conductor y encendió el auto. Baraggan tenía una expresión de preocupación en su rostro, que no disimulaba.
— ¿Te pasa algo? — pregunto Ulquiorra antes de arrancar el auto.
— Creo que me tendré que ir — dijo este.
— ¿Por qué? — dijo el chico sorprendido.
Baraggan suspiro.
— Problemas… —dijo— esto es a causa del arresto de Stefano, me están investigando mis cuentas, mi compañía y mis contactos. Lo mejor es que me vaya.
Ulquiorra no dijo nada en el momento. Lo entendía todo. Eso era una despedida, tal vez no volvería a ver a Baraggan. Esos eran regalos de despedida y compensación por no estar
— Me alegra, que por lo menos esto haya sucedido ahora que te vas a graduar y no antes — este dijo con tristeza — no podré ir a tu graduación, pero no te preocupes por nada te he dejado dinero.
— ¿Cuándo te vas?
— Mañana al amanecer — este dijo — no quiero que vayas al aeropuerto, desde ahora no nos conocemos, ¿Entendido?, no te quiero involucrar en esto.
— Entendido… — Ulquiorra no se esperaba lo que estaba escuchando — extrañare esto — este dijo — todo lo que has hecho por mí, no sé cómo pagarlo. No tenías por qué hacerlo ni siquiera, no somos familia.
— Al principio pensé eso, aunque no lo creas, pero cuando vi lo que pasó con tu familia, me sentí responsable. Me he ablandado contigo, chico. Me necesitabas y yo aunque pareciera que no, también, me recordaste a la familia que no pude tener.
Ulquiorra apretó el volante al escuchar esas palabras. No tenía que decir. Encendió el auto y lo puso en marcha. Las luces de todas las plazas y centros comerciales estaban encendidas. El transito estaba ligero. No había ni una sólo estrella en el cielo esa noche. Llegaron a Hueco Mundo en menos de lo pensado. Este estaciono el auto en la entrada de su edificio. Necesitaba pedirle una llave del garaje al portero desde que lo viera.
— Hasta aquí, entonces — dijo Ulquiorra con incomodidad al apagar el motor del auto.
— Me temo que sí.
— No sé qué decirte, disculpa — este suspiro — Adiós.
— Está bien, no me lo hagas más difícil a mí tampoco.
Baraggan se quitó el cinturón de seguridad y abrazo a Ulquiorra.
— Adiós… te aprecio.
— Ujum — dijo Ulquiorra correspondiéndole el abrazo.
Esto duro unos veinte segundos hasta que el teléfono de Baraggan comenzó a sonar, era al parecer su secretaria.
— Me tengo que ir.
— ¿Te llevo?
— No nos conocemos, se te olvida.
— Cierto — dijo el chico.
Baraggan miro hacia los lados y bajo del auto, a unas cuadras más atrás lo estaba esperando un Mercedez Benz, era el mismo auto que lo había ido a buscar al aeropuerto, pudo divisar Ulquiorra por el retrovisor. Baraggan camino hacia este con parsimonia. Lo extrañaría, realmente. Lo que Baraggan había hecho era algo que no iba a olvidar. Pasase lo que pasase.
Dos semanas después. Sábado. Día de la investidura.
7:30 p.m.
El traje, los zapatos y la corbata, seguían donde lo había dejado, al fondo de closet. Say It Ain't So de Weezer se podía escuchar a todo volumen en el departamento de Ulquiorra. Él había perdido la cuenta de cuántas veces había repetido esa canción ese día. Todas las luces estaban apagadas y tenía las ventanas del balcón abiertas. La brisa era cálida, parecía un día de verano cualquiera. El chico se encontraba acostado boca abajo en el sillón. Se estaba disputando entre levantarse o no. Era la gran noche, y no podía faltar, por respeto a Baraggan, pero estaría solo. Lo sabía de antemano. Seguía sintiendo culpa.
Este se levantó y empezó a estirar los brazos, con parsimonia se dirigió al reproductor de música y cambió la canción por How To Save a Life de The Fray, y se dirigió a su habitación, donde entró al closet y busco el traje y lo colocó arriba de la cama para luego quitarle el plástico que lo protegía.
Entró una vez más al closet y sacó la camisa blanca que había comprado un día antes. Comprar ropa no era lo suyo, sabía combinar la ropa, pero no se veía en la necesidad de hacerlo, ya que su armario estaba compuestos de colores oscuros, como negros y blancos y pantalones de colores similares. Nada especial. La camisa se ajustaba perfectamente a su cuerpo, se abotonó los botones hasta arriba y luego se puso el traje, primero los pantalones y luego el blazer. Le gustaba cómo le quedaba. Se puso la corbata con la ayuda de una imagen que había guardado en su teléfono móvil, sobre cómo ponerse una corbata paso a paso.
Él tenía la intención de invitar a la mujer a su graduación, si lograba hacer las paces con ella, pero como las cosas habían cambiado en ese corto tiempo.
Se miró en el espejo detenidamente, este tenía una expresión seria. Trato de peinarse, sin mucho resultado, ya que su cabello parecía no querer seguir sus órdenes ese día. Su rostro se veía descansado, ya que había dormido bastante esos últimos días, pero no entendía porque se sentía agotado, bueno si lo sabía, pero le costaba aceptarlo. No había podido parar de preguntarse donde ella se encontraba y la impotencia que sentía al saber no podía hacer nada ni por ella ni por Baraggan, era inútil, aunque intentase borrar esos sentimientos y acusarse de monstruo para compensar la culpa, siempre volvía a preguntarse lo mismo, una y otra vez:
¿Con quién estaría? ¿Estaría feliz? ¿Estaría bien? ¿Estaría con sus padres?, no obstante, algo Ulquiorra tenía por seguro que fuese cual fuese la respuesta, ella estaba mejor porque no estaba con él. Él no tenía nada que ofrecerle, nada en lo absoluto.
Este salió del departamento y cerró la puerta tras de sí. Esa sería una noche larga. Bajo por el ascensor y se dirigió al garaje del edificio. Había conseguido la llave hace unos tres días, este era amplio y estaba muy mal iluminado.
Ulquiorra se montó en el auto y se puso en marcha. Llego en menos de lo pensado a la Universidad. El estacionamiento estaba repleto, pero después de dar muchas vueltas en este logro estacionarse, pero estaba lejos del auditorio. Camino un largo camino hasta llegar a este, el cual se encontraba al fondo de la universidad.
Este era un edificio blanco con ventanales negros y grandes escaleras en el frente hechas en mármol. Al entrar fue a registrarse y tomarse la fotografía de graduación. El lugar estaba repleto de personas, que de vez en cuando le chocaban el hombro al pasarle por el lado, prestaba poca atención a su alrededor, estaba ensimismado. Al terminar con todo lo que tenía que hacer, la chica del protocolo de la graduación, le indicó que debía ponerse en la fila con las demás personas, que habían estudiado su carrera. No había rastros de Grimmjow ni de Nelliel por ninguna parte. Este miraba al alrededor. El lugar estaba lleno de personas. La fila más larga era de los graduados de doctores. Este no se dio cuenta de cómo ni cuándo, pero la fila se empezó a mover. Estos entraron al auditorio, este tenía un gran escenario con luces brillantes iluminando este como también el podio en donde se encontraba el maestro de ceremonia, quien tenía cabellos negros y un traje gris que se observaba bastante usado, las butacas casi todas estaban ocupadas, pero a los graduandos les asignaron los asientos de adelante cerca del escenario.
La ceremonia parecía que se iba a tomar su tiempo para empezar. Ulquiorra empezó a mirar a sus lados y pudo divisar a Grimmjow y Nelliel, quienes se encontraban a tres filas de butacas más atrás de él, sentados unos al lado del otro. ¿Grimmjow por fin lo había conseguido?, se preguntó Ulquiorra así mismo, le preguntaría después. No estaba de humor, quería que la ceremonia acabase rápido.
La mesa de honor encima del escenario empezó a llenarse con las personalidades de la universidad. Los ojos del chico no paraban de mirar el reloj. El maestro de ceremonia con su voz ronca solicitó que se pusieran todos de pie para dar inicio a la ceremonia. La misma inició cantando el himno nacional del país y luego el de la Universidad. Después de algunas palabras tediosas de los directores, empezaron a llamar a las personas para entregarles sus títulos. Primero empezaron por los médicos, luego ingenieros y por último, los psicólogos, después de un sin número de nombres llamaron a Ulquiorra, quien subió al escenario con parsimonia. Ulquiorra se acercó a la mesa de directores quienes le dieron la mano y le entregaron una sonrisa sincera, cuando este estuvo a punto de tomar su título de la mano del rector de la universidad, el profesor Aizen subió al escenario y tomó el micrófono y dijo:
— Yo quiero personalmente felicitar a Ulquiorra, por entregar un proyecto tan complejo, interesante e intrigante — este le miro — felicidades, recibirás todo mi apoyo de ahora en adelante.
Ulquiorra no dijo nada. ¿Felicidades, por qué? Por dañar a alguien. ¿Por qué lo premiaban? ¿No había hecho nada diferente? Este asintió con la cabeza a Aizen, para posteriormente recibir su diploma. Sus ojos se posaron en la puerta del lugar, donde vio una chica con cabellera naranja y un vestido blanco saliendo de este, sus ojos le seguían, ¿era ella? Imposible. No escucho el resto de lo que le tenían que decir, bajó del escenario al escuchar que llamaron a otra persona. Se fue directo a la puerta, era ella, lo sabía. Al salir la empezó a buscar con la vista, la vio a punto de abrir la puerta de la salida del recinto. Empezó a correr.
— Espera — dijo este en voz alta.
La chica volteo el rostro. No era ella. Ulquiorra paró en seco.
— ¿En qué te puedo ayudar? — preguntó la chica de ojos cafés y pelo naranja teñido.
— Creí que eras otra persona.
— Entiendo — dijo mientras abría la puerta para salir.
Ulquiorra se quedó parado allí de frente a la puerta de cristal. ¿Qué estaba pensando? Sintió una mano en su hombro. Este volteo ligeramente el rostro hacia atrás, era Grimmjow.
— ¿Qué sucede? — preguntó el chico de pelo celeste.
— Nada. Me quiero ir a casa — dijo mientras quitaba el brazo de Grimmjow de su hombro — no debí haber venido.
— Estoy aquí si quieres hablar.
— Es Innecesario — dijo negando con la cabeza — me voy.
Este abrió la puerta y se dirigió al estacionamiento. Encendió el auto y condujo al único lugar a donde no la había buscado, Cabeza de Toro. Este condujo de una manera imprudente hacia allí. Estacionó el carro en la acera de la calle y subió a donde ella lo llevó la última vez, corrió a pesar de la incomodidad de los zapatos. Había una silueta de alguien sentada allí. Este se acercó, era Álvaro, quien volteó el rostro y le sonrió, este tenía puesto un rashguard completo y se encontraba encima de su tabla de surf, fumando algo que por el olor tan fuerte, Ulquiorra pudo percatarse de que no era tabaco. La luna llena iluminaba la parte izquierda de su cuerpo, este al observar al moreno parado a su lado, le preguntó:
— ¿La buscas?
— Si.
— Ya veo. Yo tampoco la he visto en mucho tiempo — este miró hacia la luna con una sonrisa — desde que ella no está siento que la luna brilla más. ¿Una locura no crees?
Ulquiorra alzó el rostro y miro la luna que estaba llena, parecía que esta se iba estrellar con la tierra en cualquier momento.
El pánico inundó su ser, ella no se encontraba en el mismo plano terrenal que él. Podía sentirlo, la Luna lo llamaba, sentía su atracción y la calidez de la mujer en todo su ser.
No podía hacer nada, nunca la volvería a ver, eso era lo único que su mente podía pensar. Sentía ansiedad, pero esta era distinta, era como si algo faltara en él, había sentido una ansiedad similar cuando dejo de fumar, pero este no era el caso.
Este camino rápido a su vehículo, no podía seguir ahí, estaba abrumado por tal calidez. Entro a este con la misma rapidez con la cual salió. Sentía sus ojos ligeramente húmedos, no estaba llorando, se repetía en su mente, simplemente se dio permiso para sentir algo que no fuera indiferencia, recostó su rostro del volante y dejo salir del un poco de lo que sentía, tristeza y decepción de sí mismo, no era mejor que su padre, ni nunca lamentablemente lo iba a ser.
Muchas bendiciones y gracias por su tiempo
Continuara
Esta historia será publicada domingo o lunes
No tengo palabras para poder expresarles mis más sinceras disculpas por esta tardanza de cuatro años. Han pasado tantas cosas, me gradué de la universidad y ahora mismo me encuentro trabajando, gracias a Dios. Siempre tuve pendiente esta historia, pero en cierto sentido no encontraba palabras ni tampoco tiempo para trabajar en ella.
Este capítulo me fascino escribirlo, porque lo escribe pensando tanto en mi graduación del colegio como también hubiese querido que fuese mi graduación de la universidad, pero se pueden imaginar paso la pandemia. Espero que todos se encuentren bien y en salud como también sus familiares.
Muchísimas gracias por su paciencia.
Gracias a:
- .Sohma: ¡Gracias por tu apoyo! Wow, como pasa el tiempo esta historia ya tiene más de un año, pero me propongo concluirla dentro de las posibilidades en este y el otro, ya que no falta tanto. Aizen hace referencia a que el termino su trabajo como maestro y guía para sus estudiantes, aunque esto signifique, lo que paso con Orihime. Pienso exactamente lo mismo de Ichigo en esta situación, no son las maneras, aunque Ulquiorra lo merezca, comprendo que es un momento para que este reflexione sobre como él ha sido con ella, pero ya el tiempo dirá, inspire esta escena cuando Orihime fue secuestrada por Ulquiorra y Tatsuki le reclama a Ichigo. Sobre Selene, no puedo decir mucho sobre ella todavía, pero te puedo avanzar que no es una diosa compresible, ni un poco, pasaran muchas cosas. Espero en serio estés bien, ¡Un beso y un abrazo!
- V.R. Morales: Gracias por tu comentario, a mí también me fascina ese carro, en realidad me gustan muchos los carros. Siempre me imagino que auto conducirá Ulquiorra, o cual vehículo concuerda más para el momento. ¡Abrazos!
- Ulquihime: Wow, muchas gracias por tu apoyo, voy a continuar, disculpa la tardanza. ¡Abrazos!
- Misato Nara: Voy a continuar por la historia, disculpa la tardanza, gracias por tu apoyo, me encuentro bien, espero tu también. ¡Abrazos!
- Kaze Tsubaki: Voy a actualizar más seguido, oh Dios, realmente Ulquiorra sufrirá, jajajaj, no puedo decir más, gracias por tu apoyo. ¡Abrazos!
- Azrael Cifer: Lamento la espera, me comprometo a actualizar más seguido, gracias por tu apoyo.
y a todos los que leen.
