La vida no es un problema a ser resuelto, es una realidad a experimentar ~ Soren Kierkegaard


Contigo

Parte 1

Más tarde ese mismo día

El olor a sopa caliente se hacía espacio en toda la habitación, una enfermera había entrado a la habitación dejando este plato encima de una mesa movible color azul al lado de Ulquiorra, en donde este tenía apoyada su laptop.

Orihime aún no despertaba de la anestesia general, su expresión era pacífica, no obstante el chico se había dado cuenta que ella tenía unas ojeras bastantes pronunciadas, el día que la vio no se percató al parecer porque tenía maquillaje.

El moreno había conversado con el cirujano, ya que él deseaba saber todos los detalles de la intervención a la cual la chica había sido sometida, incluyendo con esto los cuidados que debía ella recibir. El doctor un tanto excéntrico, en razón de que al hablar movía las manos como si tuviese un bisturí en ellas, le indicó que Orihime tenía una pequeña cicatriz en la parte baja del abdomen, la cual había trabajado lo más delicadamente posible y que los cuidados eran los usuales, evitar movimientos bruscos, tomar sus medicamentos prescritos y reposo.

Ulquiorra nunca antes había cuidado a alguien, siempre era su madre que tomaba la iniciativa para cuidar a cualquier familiar, él se sentía torpe en ese sentido, ya que no sabía realmente que hacer o si solo molestaba estando allí.

Este paró de escribir en su computadora para comenzar a comerse la sopa, la cual se encontraba tibia. Al probarla se percató del sabor insípido usual de toda la comida que se preparaba en ese hospital, aunque debía tolerarlo en virtud de que ya era bastante tarde para salir y debía continuar escribiendo.

Él siempre observaba a la mujer y verificaba que estuviese respirando, se preguntaba si cuando ella despertase iba alegrarse de verle o que iba a decirle. Él estaba seguro de lo que sentía por ella, pero no sabía si lo que hacía era correcto, porque era como mantenerla aislada en una torre en donde él era él carcelero que guardaba la llave de la celda de su "prisionera" y era el único autorizado a verla.

Estaba siendo egoísta, pero tenía sus razones se repetía a sí mismo, ellos nunca se han preocupado por ella realmente, vino la imagen de Ichigo a su mente mientras su cara tomaba una expresión estoica.

Este al terminar de comer la sopa, dejo el plato a un lado y volvió a escribir, pero se le ocurrió una idea sobre una nueva historia y sintió unas fuertes ansias de plasmarla. Esta se titularía el Rey Murciélago, el chico hizo una mueca similar a una sonrisa al solo pensar en la trama de esta.

La música de la habitación contigua se mantenía sonando un poco más alto mientras iba entrando la noche, Ulquiorra no perdía la esperanza de que alguna enfermera se percatara de esto, por otro lado le gustaría que la música se volviera lo bastante ruidosa y despertara a la mujer, pero sabía que la anestesia no funcionaba así.

Este al ver en la pantalla de su computadora portátil se pudo percatar que iban a ser las 4:00 a.m., aunque una parte de él no sentía prisa por irse a dormir, ya que al otro día no tendría la urgencia de conducir rápido en la mañana, solo sería bañarse, cambiarse y ¿desayunar?, si, tendría tiempo para hacerlo.

Este se levantó del sillón y fue a buscar en el armario con puertas de madera al fondo de la habitación unas sábanas y almohadas. El armario era estrecho y compacto, este también tenía pequeñas luces redondas en el cielo del mismo que se encendían por el movimiento de la de la puerta. Había también dejado sus cosas allí como la ropa de la mujer, tal vez también por eso se veía compacto.

Las sabanas se encontraban perfectamente dobladas, dentro de la misma se hallaba una almohada diminuta, esto ponía en duda que el lugar estuviese equipado para alguien además del paciente quedarse a dormir. El chico tomó ambas cosas y las puso arriba del sofá, se acomodó como pudo, ya que este mueble era bastante rígido, este cerró sus ojos, aunque tardo en caer rendido ante el sueño por la incómoda posición de su cabeza y la música de la habitación contigua.

7:00 a.m.

La alarma del teléfono de Ulquiorra aún no sonaba, pero él ya no podía seguir durmiendo. Los rayos del sol de la ventana caían directamente en su rostro, ya que las cortinas era translucidas, este corroboraba que efectivamente esa habitación no estaba preparada para albergar otra persona además del paciente. Este decidió levantarse, no sin antes doblar las sábanas y mover a un lado el simulacro de almohada, sus ojos verdes se posaron en Orihime, quien aún no despertaba, lo cual le estaba inquietando.

Él se acercó a la cama y toco su muñeca, comprobaba sus signos vitales, los cuales por los que podía sentir eran estables. Este se quedó con los ojos clavados en la chica delante de él, no sabía qué hacer ni tampoco como ayudar, solo estaba allí haciendo nada.

La puerta se abrió de golpe y una enfermera entró con un uniforme color blanco impoluto, con el pelo color castaño recogido en un moño y una sonrisa bastante amplia para esa hora de la mañana, esta se acercó a la cama, se puso al lado del chico de los ojos esmeralda y le dijo a modo de chiste:

— ¡Bo!

Este observo a la enfermera con una expresión seria.

— Disculpa si no fue de tu agrado, pero es extraño entrar a una habitación de hospital y encontrarte con una persona mirando fijamente a un paciente.

— Comprendo — respondió el chico.

No podía discutir si sus acciones eran normales o no, ya que la verdad no lo sabía.

Esta procedió a quitarle la sábana a Orihime y bajar su bata para observar la cicatriz, Ulquiorra miró hacia otro lado, lo que extraño a la enfermera, ya que él se estaba quedando con ella, lo que debía significar que tenían una relación cercana, no obstante la enfermera había aprendido a no preguntar y circunscribirse a realizar su trabajo.

Luego al concluir de verificar la sutura, procedió a tomar su estetoscopio para verificar si los pulmones y el corazón de la paciente, los se encontraban funcionando de manera correcta. Esta siguió revisando el cuerpo de ella hasta concluir y dijo:

— Todo se encuentra correcto, en cualquier momento despertara.

— ¿Por qué ha tardado tanto en hacerlo?

— Todos los organismos son diferentes y la anestesia general desaparece en tiempos distintos, no te puedo responder esa pregunta con exactitud — sonrió.

Él asintió con la cabeza tratando de mostrarse tranquilo, pero realmente no lo estaba.

— No te estreses, ¿Okey?

— No lo hago.

— Eso no es lo que dice tu cara — pausó y le miró fijamente — no soy doctor, pero te vendría bien tomar un poco de sol, me retiró — dijo riendo.

Ulquiorra no supo que contestar a eso, por lo que prefirió guardar silencio. La enfermera cruzó por el lado del chico saliendo de la habitación sin más.

Este al escuchar la puerta cerrarse, busco la toalla en el armario, la cual era color blanco, se encontraba helada. Él se dirigió al baño, este se encontró escudriñándose en el espejo del mismo, tenía marcas por toda la cara a raíz de la posición en la cual había dormido. Entró a la ducha para ver si podía borrar estas, el agua estaba muy caliente, tanto que esto hizo al chico bañarse con apuro.

Al salir tomó la toalla y la amarró a la parte inferior de su cuerpo, no quería salir, ya que el aire de la habitación y el caliente de su cuerpo lo haría tiritar del frio, pero no había de otra, ya que había dejado colgada su ropa en el armario. Este salió y tomo su ropa la cual se encontraba colgando en el mismo y regresó al baño a cambiarse. Cuando termino de ponerse sus pantalones negros, salió preguntándose en donde se encontraba su bata, se había olvidado por completo donde la había dejado. Se reprochaba por qué no la había dejado en su consultorio.

Recordó que esta se encontraba doblada dentro del armario, este tomó la misma y se la puso, estaba bastante estrujada, pero no había de otra. Se la ajusto, arreglo la solapa de la misma, en donde encontraba un pin de un sol sonriente, saco la mangas de su camisa azul de puños para que sobresalieran, miro una vez más a la mujer y se dirigió a la salida.

Este caminaba con la vista fija en sus zapatos negros azabaches, ignorando sus alrededores. Intentaba desviar sus pensamientos de la mujer, ya que preocupándose no iba a lograr nada.

Este salió del edificio número tres y se dirigió como si de un autómata se tratará al edificio nueve donde estaba su consultorio, al llegar los olores usuales invadieron sus fosas nasales, el lugar estaba repleto de personas como siempre, el recepcionista le saludo y el chico devolvió el saludo con desgano, este tenía un aspecto prolijo, el parecía parte del mobiliario del hospital.

Este se acercó al elevador y presionó el botón para subir a donde se encontraba su consultorio. Ese día tenía muchas citas agendadas, solo dos eran pacientes usuales y el resto nuevos en su consulta.

El elevador llegó después de breves minutos de espera, los cuales se sintieron como una eternidad para el chico. Este presionó el botón del piso donde se encontraba su consultorio, al salir pudo escuchar una voz conocida gritando, al parecer hablando por su teléfono móvil, era Ichigo.

Esto fastidio a Ulquiorra, ya que no se encontraba del mejor humor, por lo que decidió ignorarlo, no era como que no lo hiciera usualmente, pero esta vez realmente estaba exasperado. Lamentablemente, debía pasar por delante de él, en razón de que era un pasillo único para poder llegar a su puerta.

Se podía ver que el peli naranja estaba muy molesto por el tono de voz como también los ademanes que este hacía con su mano libre, repetía de forma constante: "Se dónde está pero no me permiten poder verla"

Al peli negro acercarse a Ichigo, este lo observo de arriba abajo y luego las miradas de ambos se cruzaron, Ichigo dijo de manera despectiva:

— Esto debió ser obra de alguien sin escrúpulos.

Ulquiorra mantuvo su semblante impasible, ya que aunque sintiera que él se estaba refiriendo a él, la conversación no era con él. La mano de Ichigo le agarro el hombro, y cerró la llamada de golpe y dijo con un semblante enojado al moreno:

— ¿Fuiste tú, cierto?

— ¿A qué te refieres específicamente, Kurosaki Ichigo? — dijo el Ulquiorra sin variar la expresión.

— ¿Llevaste a Orihime a una habitación privada con acceso restringido?

El moreno guardo silencio.

— Responde, Cifer

— Sí, lo hice — dijo sin un rastro de expresión.

— ¡Estas enfermo! — dijo con asco Ichigo — eres de estas personas que sienten placer con el sufrimiento de los otros, ¿No te cansas de hacerle daño a Orihime?

— Estoy tratando de enmendar mis errores, a diferencia tuya, Kurosaki Ichigo.

— ¿De que estas hablando?, siempre hemos estado con ellas, porque somos sus amigos.

— Es importante negar los hechos, para poder protegerte de la realidad, ¿Cierto? Te hace sentir mejor, ¿No?

— No empieces con tu basura… — este estaba exasperado gritando — ¿Quién te dio el derecho a ocultarla de las personas a quienes le importa?

— Si esto no hubiese pasado, no estuvieras preguntando o hablando de ella.

Ichigo cerro el puño e hizo silencio, estaba nublado por la ira debía mantener la calma.

— ¿Qué piensas hacer, golpearme? No cambiara la realidad, esto que haces es por ti, no por ella.

— ¡Cállate! — grito Ichigo.

Carlitos venia subiendo por las escaleras con su tía, ya que el ascensor se había descompuesto, algo que no era raro, quien al ver a Ulquiorra fue corriendo hacia donde este se encontraba para agarrarle la mano, al observar la escena, el niño miro con temor a Ichigo.

Al Ulquiorra sentir la mano del niño en la suya le hizo recordar donde se encontraba, como que también había cosas que él ya había trabajado y no era momento de retroceder. Por lo tanto el peli negro dijo:

— Ella está tranquila, descansando —le miraba fijamente mientras quitaba la mano derecha de Ichigo de encima de su hombro.

— Me alegra que lo esté — suspiro Ichigo, aún exaltado — necesito verla — pronunció como una orden.

— Ella necesita descansar — él pauso — Sé que ella querrá verte cuando despierte, pero por ahora sé paciente — decir esto último para Ulquiorra era amargo.

Esto sorprendió a Ichigo, ya que no comprendía porque él monopolizaba de esa manera a Orihime. Comprendía las palabras del chico, no habían sido muy atentos con ella, a pesar de conocer sus situaciones.

Ichigo asintió con la cabeza, se ajustó la bata y miro hacia abajo en donde estaba el niño quien le saco la lengua y le dijo:

— Cabeza de naranja.

La tía de Carlitos estaba detrás de ellos, y regaño al niño por sus acciones, quien se molestó. Esta se disculpó con Ichigo y pidió al niño que lo hiciera también, pero este se negó rotundamente.

— ¡No lo hare! — repetía.

Este haló a Ulquiorra para que caminara, al llegar a la puerta número cuatro este pidió al niño y su tía que esperaran afuera. Su secretaria aún no estaba, él pasó a la parte trasera de su consultorio y se sentó en su escritorio, puso sus manos sobre su rostro. Trataba de calmarse, ese encuentro con Ichigo lo había fastidiado en sobre manera, este escuchó la puerta abrirse y el sonido de tacones comenzó a resonar en el piso del consultorio, era su secretaria.

Esta encendió las luces del consultorio, lo que provocó que las luces del área en donde se encontraba Ulquiorra se encendieran también. Este gruñó al sentir la claridad, lo que causo que su secretaria fuera a la parte trasera donde él se encontraba, quien le dio los buenos días y el moreno le devolvió el saludo con parsimonia, luego ella pregunto:

— ¿Todo bien?

— Si…

Esta se fue al escuchar la respuesta del moreno, ya que entendía que él no iba a decirle nada más.

Ulquiorra se recompuso, no tenía tiempo para eso, lo único que debía hacer ahora mismo era escuchar a sus pacientes con atención plena. Este sacó sus lentes de dentro del cajón de su escritorio y se los puso, miró el reloj de su muñeca el cual indicaba que aún faltaba tiempo para las 9:00 a.m., pero prefería empezar antes para así mantener su mente ocupada.

Este dijo en voz alta a su secretaria que por favor empezara a llamar a sus pacientes, ese día iba a empezar temprano.

Tres horas después

Este se encontraba sentado en su escritorio observando el monitor de su computadora, habían muchas hojas organizadas que se encontraban arriba de mismo, eran dibujos. Había visto todos los pacientes de la mañana. Él disfrutaba escribir sus apreciaciones de los pacientes en un documento estilo matriz que llevaba en el programa Word, lo cual le permitía conocer más a fondo a sus pacientes y recordar las cosas que estos les indicaban observando tanto quien expresaba la situación, sean estos niños o como también los padres.

Al terminar de escribir, decidió ir a almorzar, se le había olvidado desayunar ese día, otra vez, no obstante no era como si tuviese mucho apetito. Debía comer porque debía hacerlo, pero antes debía regresar a la habitación a ver a la chica, eso era lo que lo mantenía intranquilo.

Este se apresuró al salir del consultorio, no medio palabras con su secretaria, no quería hablar con nadie, él tenía un semblante impasible, lo que evito que ella le hablase. Su secretaria no se sorprendía porque algo le decía que esa era su verdadera naturaleza, por lo que no le interrumpió.

El chico bajo las escaleras casi brincando los escalones, al llegar al primer nivel del edificio trato de no cruzar la mirada con nadie, para que nadie le saludara. Este camino rápido hasta el edificio donde se encontraban las habitaciones, al llegar estaba jadeando por la falta de aire, pero este siguió el paso hasta llegar a la recepción del área de las habitaciones, la enfermera de la recepción le obligó a inscribirse en el formulario, ya que debía registrar quien pasaba a esa habitación, en razón de que el acceso a la misma era restringido.

Este lleno la planilla, si ni siquiera estar totalmente seguro de haber llenado los datos de forma correcta, llego a la habitación 444 con pasos agigantados. Al abrir la puerta de golpe se percató que la mujer encontraba sentada en la cama mirando hacia la ventana, su mirada parecía triste y sus cabellos estaban desparramados por su espalda cubriendo una parte importante de la misma que se encontraba descubierta.

Ella al escuchar el ruido de la puerta, sus ojos se condujeron a esta dirección. Ulquiorra se acercó a ella, esta comenzó a llorar lo que extraño al chico quien pregunto:

— ¿Sientes dolor? ¿Llamo a la enfermera?

Esta negó con la cabeza.

— Me siento bien, solamente estoy triste.

— ¿Por qué?

— Porque no soy lo suficientemente fuerte, para cumplir mis metas.

— ¿A qué te refieres?

— Mis clases en la facultad.

Ulquiorra hizo una mueca parecida a sorpresa al escuchar las palabras de la mujer.

— Mujer, estás hablando sin sentido, si estas enferma, debes descansar y mejorarte, ¿Prefieres morir?

— No — esta dijo apretando las sábanas — siento mucha presión porque perdí mucho tiempo cuando me fui.

— Pero hacerte pasar por situaciones no va a cambiar nada.

— Eso lo sé.

— Si necesitas ayuda solo pídela — este le observo — si requieres una mano, puedo dártela.

— Pudiesen ser dos — dijo sonriendo entre lágrimas.

El chico la observó.

— ¿Me puedes abrazar por favor?

Este se acercó tímidamente a la chica y la abrazo con mucho cuidado para no lastimarla. Este sintió como el cabello de la chica se pegaba a su cara. Las manos de las chicas se deslizaron por debajo de su bata blanca y se aferraba a su camisa.

Ulquiorra se tranquilizó, todo iba a estar bien, ella ya estaba despierta.

El chico al tratar de despegarse de la chica sintió como ella se aferraba a él. Este beso su frente con ternura y procedió a secar sus lágrimas con la yema de sus dedos.

— No llores más, mujer — dijo el moreno como un susurro.

Al Ulquiorra lograr alejarse, la chica hizo gestos tendentes de querer decir algo, pero al parecer no le salía, el chico no la forzó a decirle nada. No querían romper la magia del momento.

Este se quedó sentando al lado de ella, se miraban, ella le sonreí y él hacia lo mejor que podía para devolverle el gesto.

Este observo su reloj había pasado una hora, al percatarse de esto dijo:

— Debería ir a comer, ¿Deseas algo?

Ella negó con la cabeza.

— Descansa — suspiro dirigiéndose a la puerta con desgano — Hablaré con tu doctor antes de volver para ver cuando puedes volver a casa, vendré a las 5:00 p.m. en punto.

La chica trago, no quería volver a ese frenético ritmo que estaba llevando, sentía que iba a volver a sentirse arrollada por el día a día. Ella se recostó una vez más, dejándose envolver por la comodidad del colchón. Sentía nauseas, pero sabía que eran los efectos colaterales de la anestesia.

Su mirada se encontraba fija en la pared, se preguntaba por qué Ulquiorra había ido a verla, sus mejillas tomaron un tono carmín al recordar el beso del chico, aunque le extrañaba también estar en una habitación privada. Esta suspiro y dijo:

— Ya tendrá tiempo para preguntar.

5:00 p.m.

Orihime despertó de su letargo y su mirada se encontró con el chico quien tenía a su lado a la enfermera. Esta se acercó a la chica y empezó a revisar su herida, se encontraba cicatrizando de forma correcta y la chica se encontraba animada. Esta le retiro la aguja de su brazo.

Ulquiorra se encontraba recogiendo sus pertenencias de la habitación sin parar de mirar por el soslayo del ojo lo que hacia la enfermedad, apartando la vista cuando sentía que había mirado demasiado.

— Eres muy suertuda que esto no escalo a mayores, hay personas que el apéndice le estalla dentro y te puedes imaginar.

El chico no se sorprendía de la manera tan poco delicada que esta hablaba, ya que no había tenido una buena impresión de ella.

— ¿Eso significa que puedo ir a casa?

— Sí, pero debes estar en reposo por cuatro semanas, tienes una herida por dentro y también por fuera.

— Entiendo.

— Puedes decirle a este amable chico que te acompañó todo este tiempo, que te asista en el proceso de recuperación.

Esto sonrojó a Orihime, quien expresó con timidez:

— Lo haré.

— Espero te ayude, me voy, mi trabajo concluyó — esta puso sus manos en su bolsillo — la llave de la suite debe ser entregada en la recepción.

Esta después de explicar esto salió de la habitación.

Ulquiorra al terminar de empacar sus cosas, miro a la peli naranja y le dijo:

— ¿Estas lista para irnos?

Esta se sorprendió, no era que le desagradara, pero no sabía cómo sentirse, esta al tratar de bajar de la cama, se percató de que tenía una bata con la parte trasera descubierta.

— Mi ropa...

— Si, cierto — dijo el chico.

El chico se dirigió al armario y busco en la parte inferior del mismo donde se encontraba la ropa de chica, esta se encontraba doblaba prolijamente y sus zapatos estaban a un lado. Él tomo la ropa tratando de no estrujarlas y con la mano izquierda agarro sus zapatos, estos se veían delicados.

Este puso las piezas arriba de la cama, Orihime con prisa trato de alzar los brazos para desamarrarse los lazos que mantenían la bata sobre su cuerpo, en la parte superior de su cuello, una expresión de dolor se dibujó en su rostro, ya que le dolió el brazo que había sido canalizado y su abdomen, al Ulquiorra percatarse de esto, se dirigió al baño y trajo la toalla que había usado esa mañana, aun se encontraba húmeda, la cual entregó a la chica cuya expresión denotaba confusión.

— Déjame ayudarte — este señalo la toalla — cúbrete el cuerpo con ella.

— Está bien — dijo la chica sonrojada, cubriéndose con la toalla la parte delantera del cuerpo.

Este se sentó detrás de ella en la cama, quien de forma delicada movió el sedoso pelo naranja a la parte delantera del cuerpo de la mujer. Los dedos del chico comenzaron a desabrochar los lazos de la bata, esta comenzaba a caer por sus hombros.

Los ojos de Ulquiorra se perdían observando su tersa espalda, pero debía enfocarse. Esta se puso sus bragas como pudo, tratando de que el moreno no le viese el trasero.

Ella con mucho esfuerzo tomo su sostén e invitó al moreno a ayudarle a abrochárselo, este no tenía mucha maestría poniendo este tipo de prendas de ropa, pero hizo lo mejor que pudo con la ayuda de la lógica.

La chica tomo su vestido y se lo puso por encima, Ulquiorra le ayudo a entrar los brazos en el mismo y posteriormente este se arrodillo ante la chica para ayudarle a ponerle sus zapatos, al terminar este le miro la cara a Orihime, quien tenía una expresión de sonrojo.

El moreno se levantó y procedió a echarse el pelo hacia atrás con nerviosismos.

— ¿Nos vamos? — dijo el chico.

— Si, ¿Dónde están mis cosas? — esta dijo pensando en su cartera, el anillo y sus accesorios.

— Están en la recepción.

La chica lentamente empezó a deslizarse de la cama para levantarse. Esta se puso de pie y Ulquiorra le mostró su mano a la chica, esta se quedó observándola, y este al darse cuenta dijo:

— Tómala.

— Está bien.

La chica tomo la mano del chico sin pensarlo, sentía frialdad en la misma, pero esta no le asusto. El chico tomó una mochila color negro de arriba del sillón de cuero donde había dormido, en donde había traído sus pertenecías y se la colocó en la espalda.

Se dirigieron a la puerta, Ulquiorra la abrió permitiendo a la chica salir primero y este saliendo detrás de ella cerró la puerta tras de sí. Quitó el letrero que estaba en el manubrio de la puerta, para entregarla en la recepción.

La chica observaba el pasillo con curiosidad, ya que no tenía ni la más mínima idea de cómo había llegado allí, pero su mirada terminaba en la espalda del moreno, él no había cambiado en nada físicamente.

Al llegar a la recepción, Ulquiorra se detuvo e intercambió breves palabras con la recepcionista, puso el letrero de no molestar arriba del escritorio con la mano que no tenía agarrada por Orihime, y procedió a rebuscar en el bolsillo de su pantalón negro la llave de la habitación, al encontrarla la puso también arriba de la superficie del escritorio.

La enfermera con cara de molestia busco debajo del mismo las cosas de la chica, estas estaban dentro de una bolsa plástica trasparente que permitía observar el contenido del interior, el moreno la tomó con su mano libre y se la entregó a la mujer.

El chico se despidió e indicó a la chica el camino, ella le seguía, sus ojos seguían fijos escudriñando el lugar, viendo a las personas pasar al lado de ellos. Ellos al llegar al elevador, el moreno presionó el botón para bajar, este se mantenía callado, pero apretaba la mano de la chica de manera aleatoria. Cuando la puerta del elevador se abrió, estos entraron permitiendo salir a los que estaban llegando al piso. Los ojos de Orihime se posaron en la mano del moreno.

Ulquiorra al llegar al primer piso del edificio aceleró el paso. La chica se aferró al brazo de Ulquiorra para poder seguirle.

Estos caminaron con una rapidez que la chica no entendía, al llegar al estacionamiento, el chico procedió a buscar en su bolsillo la llave de su vehículo, y tocó el botón de la alarma para quitar el seguro de las puertas, este pidió de manera casi inaudible a la chica que parara de apoyarse de él.

Ulquiorra abrió la puerta del lado del copiloto y le pidió a la chica que entrará, al ver a la chica acomodada en el asiente, este procedió a colocarle el cinturón de seguridad sin mediar una sola palabra con ella. Este al concluir cerró la puerta y entró por el otro lado, a través de la puerta del pasajero, y puso el auto en marca.

La chica se sentía extraña, no era porque no le gustara que la tratara de esa manera sino porque se cuestionaba el por qué él se había molestado tanto. Sus ojos se posaron en el chico quien tenía su atención plena en el camino.

— ¿Por qué haces esto?

— ¿Qué cosa?

— Esto — esta pausó — o sea tratarme como lo estás haciendo.

— Porque deseo hacerlo.

El chico puso la mano en la palanca de cambios, la chica puso sus manos arribas de las del chico y le miró con una expresión seria.

— ¿Esa habitación fuiste tú que la costeaste?

— Sí — este le miro por el soslayo del ojo — no es nada que no pueda hacer, no debes preocuparte por eso.

— Ulquiorra, eso es demasiado, yo no podré pagártelo.

— No quiero que lo hagas — pausó — ¿Sigues viviendo en Karakura Town?

— Sí.

La chica puso sus manos arriba de su regazo, no sabía que decir.

— Solo preocúpate por mejorar — dijo el chico.

— Eso haré — esta suspiró — no sé cómo haré ahora con el retraso que tengo de la universidad.

— Nada, hacer lo que puedas.

— No sé si pueda manejar esto sola — dijo la chica mirando su regazo.

El chico aumento la velocidad de su vehículo, esas palabras le preocupaban, pero más le preocupaba la idea que había surgido en su cabeza, debía estar loco.

Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse al caer prontamente la noche, la brisa se hacía a cada minuto más fría, pero esto no era de extrañar, ya que el otoño estaba haciendo acto de presencia.

Los asientos en cuero del vehículo que Barragan le había regalado conservaban la temperatura cálida.

Este al encontrarse a una calle de donde vivía la chica, le miró y dijo, su expresión estaba impasible:

— Si deseas mujer puedes quedarte en mi casa hasta mejorarte, si no lo deseas no lo debes hacer — dijo sin pensar.

— Estaría bien — dijo con la chica mirada fija en su regazo.

Esto alivio al moreno, no quería que ella se quedara sola. Sus sentimientos estaban mezclados, pero de algo estaba seguro y era que quería mantener a la mujer a su lado, pero para eso debía demostrarle a ella que él era digno de su amor. Quería ser un hombre digno de ella.

Este aceleró para llegar lo más pronto posible a Karakura Town, el lugar no había cambiado del todo, pero este le traía malos recuerdos, en razón de que allí le había dicho a la mujer que ella era parte de su proyecto. Este trato de desviar sus pensamientos, no había porque seguir recriminándose por eso, ella lo había perdonado, pero este no terminaba de perdonarse a sí mismo. Ella no debería aceptarlo tan fácil, se repetía en ocasiones en su cabeza.

Este estacionó al frente de la casa de la mujer, esta se quitó el cinturón de seguridad, abrió la puerta del vehículo y pidió al moreno que no le acompañara, en razón de que había dejado su casa en condiciones de desorden que no quería explicar a nadie.

Esta al entrar a su casa encendió las luces, las cosas habían quedado como esta las había dejado. Esta pasó a su habitación, entró a su closet tomó una cantidad prudente de ropa y tres pares de zapatos contado los que tenía puestos, y los puso todo arriba de su cama. Ella entro al baño, trataba de evitar encontrarse con su reflejo, tomó su desodorante y su toalla, pero al tomar su cepillo vio su reflejo, se veía pésima. Su rostro se encontraba adornado con ojeras, se veía pálida y su aspecto era de cansancio, se sentía avergonzada de que Ulquiorra la viera en esas condiciones, tal vez por eso quería cuidarla.

Esta arrastró una maleta del fondo de su armario, la cual volteó y arrojó con cuidado al piso, por el peso de la misma. Ella se sentó en el piso, este se sentía frío, esto con la finalidad de abrir la maleta, luego ella comenzó a doblar la ropa que se encontraba arriba de su cama con cuidado de no hacer demasiada fuerza. Al terminar, esta se levantó del piso, se estiro, comenzó a arrastrar la maleta tras de sí. Observó el desorden de arriba de la mesa del comedor, esta se dijo a si misma que por ahora no necesitaría eso, ya que debía recuperarse.

Al apagar las luces y casi abrir la puerta, sintió un nudo en la garganta, solo atinaba a preguntarse en que estaba pensando, iba a irse vivir a la casa de un hombre y no con cualquier hombre, Ulquiorra. Esta abrió la puerta sin pensar, había tomado una decisión y en ese momento no debía estar sola, y era solo por un tiempo ¿No?

Ulquiorra abrió la puerta de su vehículo al inmediatamente ver a la mujer y tomó la maleta de Orihime, sin antes preguntarle:

— ¿Te sientes segura de hacer esto?

— Sí Ulquiorra, estoy segura.

Este guardó el equipaje de la chica en el maletero del vehículo, este se sentía pesado. Él abrió la puerta para la chica y le ajusto el cinturón. Este entró al vehículo y puso en marcha el mismo,

Departamento de Ulquiorra

Ulquiorra encendió las luces, el color blanco característico de ese departamento chocaba con la vista de Orihime, ya que tenía bastante tiempo sin estar allí. Él puso su mochila arriba del mueble, ya tendría tiempo para recoger, primero debía acomodar a Orihime, por lo que le preguntó:

— ¿Deseas tomar un baño o cenar primero?

— Quiero tomar un baño.

Este le indicó el camino hacia su habitación, el chico iba arrastrando la maleta de Orihime, quien llevaba en sus manos la bolsa que le entregaron en el hospital con sus pertenencias. Esta puso la bolsa arriba de la cama, y procedió a sentarse en esta para quitarse sus zapatillas.

Las luces de la habitación eran color blanco, lo que hacía sentir más frío el lugar de lo que ya estaba, este se encontraba parado en el portal de la habitación con sus ojos fijos en la mujer, como si estuviera esperando que esta le dijese algo. Este al reaccionar que no debía mirarla fijamente, entró a la habitación y se quitó la bata, la cual puso arriba de la cama. Orihime vio como este entró a su armario y cerró la puerta tras de sí, esto era para quitarse la ropa, y ponerse más cómodo, este se puso unos pantalones de pijama con cuadros verdes con negro y un t-shirt color blanco. Al salir Orihime aún continuaba quitándose sus zapatos, y este le dijo:

— ¿Necesitas ayuda?

— No — dijo con sorpresa la chica.

— Está bien, prepararé la cena.

Este salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Este solo pensaba que tal vez ella necesitaba privacidad.

A Orihime le temblaban las manos, esta trataba de calmarse, nunca había estado en la habitación de un chico, bueno si había estado en la de Ichigo, pero era diferente porque siempre estaba con sus amigos. Esta al terminar de quitarse los zapatos, entró al baño y dejo caer su ropa al piso, era más fácil quitarse la ropa que ponérsela, esta se encontraba sintiéndose energética.

El agua tibia permitía a su cuerpo sacar el cansancio, al terminar de bañarse se percató de que no había sacado nada de su maleta, esta se encontraba donde Ulquiorra la dejo cerca de la puerta, por lo que tuvo que tomar la toalla del moreno para no mojar el piso, esta olía a él, era un olor embriagante, está seco sus pies con la alfombra y salió del baño, abrió su maleta y se percató que no trajo pijama, ni tampoco ropa que sirviera para dormir, se puso ropa interior limpia, y tomo valor y entró en el armario del chico, vio que este solo tenía tonalidades similares negros, blancos y grises, no comprendía como el chico buscaba ropa dentro de su armario, era imposible, demasiada tonalidades monocromáticas. Ella luego después de mucho buscar encontró los pantalones de pijama pegados a la pared, esta los tomos tratando de no hacer fuerza como también un t-shirt blanco, todo olía a él.

Esta fue a la cama a sentarse para ponerse los pantalones cuando escucho que el chico tocaba la puerta para avisarle que la cena estaba lista, lo que hizo que la chica se acelerara, se puso el t-shirt con mucho esfuerzo, no quería pedir ayuda del chico, y posteriormente sacó su computadora portátil de adentro de la bolsa que se encontraba arriba de la cama

Esta abrió la puerta, salió descalza, despeinada y con la computadora agarrada con ambas manos, lo cual parecía pesarle, las luces todas se encontraban encendidas, el lugar estaba casi vacío. Había una diminuta mesa de madera con dos sillas, la cual no recordaba de aquella vez que había venido a su apartamento, en esta había un bowl blanco con unos palillos chinos al lado derecho de este y Ulquiorra se encontraba sentado en el lado izquierdo de la mesa, se encontraba terminando de comerse la sopa instantánea con unos palillos chinos al frente de su computadora, este le miró con una expresión de ligera sorpresa al verla vestida como él, quien le dijo:

— Te queda bien mi ropa.

— Gracias, somos dos Ulquiorra — esta dijo riéndose.

— Espero que no — expresó el chico seriamente.

Esta tomó asiento al frente de Ulquiorra y dejo su computadora a un lado, y comenzó sorber los fideos de manera muy sonara. Ulquiorra tenía la mirada fija en su teclado, aunque a veces subía la vista para observar a la mujer.

— ¿Escribes un cuento de niños? — pregunto la peli naranja con curiosidad.

Este no es un cuento para niños, fue algo que se me ocurrió en el hospital mientras te cuidaba.

— Cuéntame — dijo la chica terminando de sorber los fideos.

— Es sobre un monstruo murciélago que tiene atrapada a una princesa en una torre que se encuentra en un lugar donde siempre es de noche, me fascinaría eso, y bueno, él la retiene allí por órdenes de otro, pero él no permite que nadie la vea, ya que quiere apoderarse de su corazón.

— ¿Quiere sacarle el corazón de forma literal, enamorarla o someterla?

— No lo sé aún, pero creo que más las dos últimas cosas.

— Eso es terrorífico.

— Creo que si.

Este continuó escribiendo, al momento de observar la hora en el reloj de su computadora se levantó de la mesa y se dirigió a la cocina, donde este había dejado dos envases plásticos color naranja llenos de pastillas arriba de la meseta, eran parte del tratamiento de la chica. Ulquiorra las había comprado muchos antes de que la mujer despertara, ya que trato de estar preparado para ese momento, y cuestionó bastante al doctor sobre el tratamiento que esta debía llevar como también los alimentos que esta tenia permitidos consumir, entre los cuales estaban las sopas.

El abrió estos envases y tomó las pastillas correspondientes como también una servilleta del servilletero que se encontraba arriba de la meseta, este era metálico, colocó las pastillas en esta, tomó el jarrón de agua de adentro de la nevera y tomó un vaso que se encontraba en el mismo lugar, y al llenarlo procedió a llevárselo a la chica a la mesa.

— ¿Es parte del tratamiento? — preguntó Orihime.

— No, es para quedarme con tu corazón — dijo el chico con una expresión seria.

Esto hizo sonrojar a la chica.

— Espero funcione — dijo mientras tomaba las pastillas y el agua.

Él no esperaba que ella le dijese eso, por lo que no supo que responderle. Esta continúo comiendo su sopa hasta sentir que sus ojos comenzaban a cerrarse, al parecer eran medicamentos más fuertes de lo esperado, Ulquiorra al percatarse de esto y le dijo a Orihime:

— Vete a dormir, mujer, necesitas descansar.

— Creo que sí.

Esta se levantó de la mesa y comenzó a estrujarse los ojos con la palma de su mano como también a bostezar.

— Gracias Ulquiorra.

— No hay de qué.

— ¿Dónde voy a dormir?

— En mi habitación

— Está bien — dijo la chica con los ojos cerrados no prestando atención a lo que este le dijo.

Esta se dirigió a la habitación sin pensarlo y se recostó en la cama de Ulquiorra, el olor del moreno estaba impregnado en sus sábanas.

Dos horas después

Los ojos de la chica se abrieron como dos platos, y observo a su alrededor no había nadie. Esta se levantó de golpe, lo que le provocó dolor a la chica, salió de la habitación tratando de buscar a Ulquiorra, ya que no quería que este durmiese incómodo.

Este se encontraba trabajando en su computadora con sus audífonos puestos, estos eran color negro y bastantes grandes. La chica se acercó sigilosamente a él, aunque era por los medicamentos, sentía que se movía más lento de lo normal. Al acercarse lo suficiente pudo ver que el chico se encontraba aún trabajando en su historia. Ella puso su mano en su hombro derecho, este se sentía firme, pero huesudo.

Este se quitó los audífonos, le observo y dijo:

— ¿Te duele algo, mujer?

— No, ¿Por qué no duermes?

— Estoy terminando algo.

Esta asintió con la cabeza, está aún se veía soñolienta

— ¿Dónde vas a dormir?

— En el sofá — dijo este volviendo a dirigir su mirada a la pantalla.

— Puedes dormir conmigo — esta se sonrojo — no conmigo, o sea en tu cama, aunque yo esté allí.

— No es necesario, estoy bien en el sofá.

Esta tomó su mano

— No lo puedo permitir, yo iré a dormir al sofá y tu duerme en tu cama, si no lo aceptas dormiremos los dos en el sofá.

— No, está bien.

Ella vio el reloj de su computadora y vio que marcaba las 11:00 p.m., y esta le dijo:

— Debes dormir.

— Sé que sí, pero siempre duermo tarde.

— Pero puedes hacer excepciones.

Ella volvió a sentir como el sueño se apoderaba de ella, empezó a bostezar y dijo:

— Me volveré a acostar, pero recuerda irte a dormir también.

Esta se fue casi arrastrando los pies a la habitación.

Cuando el moreno se percató que la mujer había entrado a la habitación guardó su trabajo en la nube, ya no guardaba nada en la computadora, habían pasado situaciones y no deseaba que se repitieran.

Apago su computadora, procedió a apagar todas las luces y entró a la habitación. La mujer se encontraba arropada con una cara relajada, la luz de la luna dejaba ver su silueta, el chico se acercó a la cama, se quitó los zapatos y halo delicadamente la sábana la cual estaba siendo acaparada por la chica, procedió a acostarse y ponerse la sábana, la cual olía a la mujer, era un olor delicioso.

La chica sintió la presencia del moreno, y en su ensoñación se acercó a este para abrazarle, la calidez del cuerpo del chico contra el suyo, le hacía sentir mejor, era como la pieza faltante. El chico le devolvió el abrazo y le dio un casto beso en la cabeza, este cerró los ojos y se durmió en esa posición, reposando su cabeza sobre la de la chica.

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Continuará

Esta historia será publicada domingo o lunes.


Ame escribir este capítulo, no tengo mucho que agregar. Me fascino el recrear situaciones anteriores de la historia en este capitulo, como por ejemplo: Orihime ir al apartamento de Ulquiorra, la reacción de Ichigo...etc. pero ahora es diferente porque ambos aceptan que "hay" algo entre ellos, aun sin nombre, pero existe un sentimiento común.

Las canciones de este capitulo son: Creo en tu carne de Cultura Profética y You Make Loving Fun de Fleetwood Mac.

Espero hayan disfrutado el capítulo y muchas gracias a todos los que leen.