La felicidad es la certeza de no sentirse perdido ~ Jorge Bucay


Contigo: Rutina

Parte 2

La mañana juntos: 6:00 a.m.

El olor a café recién colado inundaba la habitación, lo cual provocó que el chico de los ojos verdes que se encontraba durmiendo despertara. Sus ojos se posaron en la cama, ella no estaba allí. Esto llevo a pensar a Ulquiorra si realmente ella había estado ahí con él, pero el olor a café no le permitió terminar de organizar sus pensamientos.

Este se levantó con pereza, la temperatura estaba helada. Tomo su teléfono móvil y vio que faltaba una hora para que su alarma sonara. El chico se estiró, ya que no le gustaba levantarse temprano, al abrir la puerta de la habituación se percató de que el manubrio de la misma se encontraba congelado lo cual hizo que el chico retirara la mano con rapidez.

Al salir pudo ver que la mujer se encontraba con la mirada fija en su computadora con una expresión bastante seria, lo cual impidió que se percatara de que Ulquiorra se encontraba observándola. Orihime había servido café en una taza color negro para el chico, la cual se encontraba tapada con un platillo de igual color, ubicada al lado contrario de donde se encontraba la chica sentada en la mesa. A ella le sorprendió que el moreno tuviese tantas tazas de color negro.

Ulquiorra se acercó a Orihime y puso su mano en la cabeza de ella, lo cual causó que la chica dejara atrás sus cavilaciones y mirara hacia arriba en dirección al rostro del moreno. Ella le sonrió tímidamente al moreno, quien tenia el pelo hecho un desastre. Esta pensó para sus adentros lo atractivo que se veía Ulquiorra recién levantado, quien le preguntó a Orihime sin ninguna expresión en el rostro:

— ¿Qué haces?

— Envió mi excusa a los profesores — esta dijo con un poco de vacilación en la voz.

— ¿Solamente eso?

— Reviso mis pendientes, no quiero atrasarme…

El moreno suspiró y puso sus mano en la cintura.

— No comprendes, mujer, que debes descansar.

— Lo sé, pero no creo que me entiendas.

— Te comprendo perfectamente, lo que pasa es que no comprendo porque eres tan cabeza dura.

La chica guardo silencio.

— Haz lo que desees solamente no te sobre esfuerces — musito el chico.

— No te preocupes, no tengo que asistir, puedo trabajar a través de la plataforma de la universidad.

— Comprendo — dijo el chico tomando asiento al frente de ella en la mesa.

El quito el platillo de arriba de la taza, el olor a café le hacia sentir relajado, cerro sus ojos para percibir el olor con más detenimiento, nunca tenia tiempo para hacer nada en la mañana. Este al abrir los ojos se encontró con los de Orihime observándolo, ella tenia una sonrisa de oreja a oreja en su rostro.

— No sabia que disfrutarías tanto el café que hice.

— Nunca tengo tiempo para desayunar, y no sé como explicarlo, pero el café del hospital sabe terrible… o bueno no sabe a nada en realidad.

Esto hizo sonrojar a la chica.

— Te preparé el café mientras este aquí — dijo con entusiasmo la chica.

— Te lo agradeceré — dijo el chico con una expresión similar a una sonrisa — no debes tomarlo aun, porque debes recuperarte.

— No me gusta tomar café, supuse que a ti te gustaría.

— Soy fácil de leer, supongo.

Esto hizo reír a la chica, quien continuó tecleando y observando con concentración total la pantalla de la computadora portátil. El silencio se hizo presente en la habitación, pero este no era molesto, mas bien era agradable. Ulquiorra había aprendido el valor del silencio gracias a su trabajo, ya que su trabajo más que nada consistía en escuchar de forma activa a sus pacientes.

Este escucho como la alarma de su teléfono comenzó a sonar lo que le indicaba que debía empezar a alistarse. El chico deseaba quedarse sentado y contemplar tanto a la chica como a la ventana, ya que el sol comenzaba a asomarse, pero las cosas no funcionaban así.

Se levantó de la mesa y camino con dirección a su habitación, al volver a entrar a la misma se percato que el aire acondicionado se encontraba encendido, eso explicaba la temperatura tan baja, pero no comprendía como había dormido tan plácidamente con esa temperatura, pero recordó que durmió cerca de la mujer y el cuerpo de la misma era bastante cálido. Recordó el olor de su pelo y la sensación de este cerca de su rostro.

Este entró al baño y cerro la puerta tras de sí, tratando de ignorar sus pensamiento. Las gotas de agua que caían por su cuerpo se sentía como pequeños témpanos de hielo que rasgaban su piel gota a gota. Al terminar este tomo su toalla color verde esmeralda y se la amarro en la parte inferior de su cuerpo, al abrir la puerta se encontró con la mujer quien se encontraba buscando dentro de su maleta.

Ella al escuchar la puerta del baño abrirse volteo el rostro y se encontró con el chico, ella se sonrojo, al observar su torso tan terso y pálido.

— Disculpa…disculpa..ya me voy — dijo la chica tapándose los ojos.

— ¿Qué buscas? — pregunto el chico ignorando el comentario de la chica.

— Mi calculadora científica — la expresión de la chica denotaba preocupación — no sé si la traje.

— Creo que hay calculadoras científicas en linea.

— No es lo mismo… — dijo la chica con rostro de incomodidad.

El chico suspiro y entro a su armario, cerrando la puerta tras de sí.

— Dame unos minutos — expresó en voz alta.

Ulquiorra al entrar se quito la toalla y comenzó a secar las gotas de agua que aun quedaban en su cuerpo. Tomo lo primero que encontró y se lo puso arriba, sin mucho cuidado. Las piezas de ropa eran una camisa negra y un pantalón de igual color con detalles de lineas blancas casi imperceptibles a la vista humana, como también una chaqueta de igual color con una textura rugosa. Al este salir, puso la toalla arriba de la cama sin cuidado y se acerco a la mujer, que se encontraba aun buscando, este le pregunto con calma:

— ¿Recuerdas haberla traído?

— Nunca la dejo, ella siempre esta conmigo.

Esta tomo la cartera con la cual fue a la universidad el día de su percance de salud, la cual se encontraba arriba de la maleta.

— ¡Esta aqui! — dijo esta avergonzada.

La chica comenzó a preguntarse el porque no busco primeramente allí. Esta al voltear se encontró al moreno detrás de ella, al observarlo se dio cuenta de que el chico aun tenia el cabello ligeramente mojado, ella sin pensarlo dejo la calculadora arriba de la cama y tomo la toalla que se encontraba en el mismo lugar y la puso en la cabeza de Ulquiorra y dijo:

— Debes secarte el cabello, te puedes resfriar — mientras frotaba la toalla con el cabello negro del chico.

El pelo de Ulquiorra se veía suave de vista, pero en realidad era bastante grueso y en ocasiones se podía sentir duro al tacto.

— Sí — dijo el chico agachándose ligeramente para ponerse al nivel de la chica.

Sus miradas se encontraron, el tiempo podía haber pasado, pero sus corazones se pertenecían el uno al otro. No había a dónde ir, era como si ambos hubiesen llegado a casa con la compañía del otro, no obstante de esto, Ulquiorra no sabia si dar el próximo paso de pedirle a la mujer ser su novia, pero no tenia dudas, no deseaba dejarla ir ni tampoco alejarse de ella.

Orihime al terminar doblo la toalla arriba de la cama, y le sonrió. Esta comenzó a arreglar el cuello de la camisa del chico, la cual murmuraba algo inaudible para Ulquiorra, pero en realidad no era inaudible era que el moreno no estaba prestando atención.

— ¿Me escuchaste? — expreso la chica.

— No, disculpa.

— ¿Por que vas de negro?

— No me fije — dijo el chico mirando su ropa.

Orihime le sonrió y le dijo:

— Tu armario es tan monocromático que no me sorprendes que no te dieras cuenta.

— No tengo tiempo para cambiarme — pausó — debo irme.

Este tenia una expresión seria, lo cual confundió a la chica. En realidad, era que los pensamientos de Ulquiorra se habían vuelto caóticos. Tenia muchas dudas, ya que no sabia cómo la mujer tomaría el ser su novia o si ella quería serlo.

Ulquiorra suavizo su expresión, y acarició la mejilla de Orihime de una manera delicada, y dijo en voz baja:

— Gracias.

Ella al sentir la mano del chico en su mejilla, llevo su mano a su cara y la puso arriba de la mano de él.

— Gracias a ti — dijo la chica mirando al moreno con ternura.

— Descansa y no te sobre esfuerces, mujer — pronunció estoico Ulquiorra.

Èl quito la mano del rostro de la mujer de inmediato.

— Me voy ya — dijo con prisa saliendo por la puerta de la habitación.

Orihime asintió con la cabeza, tomó la calculadora de arriba de la cama y siguió al chico hasta la puerta de salida, el cual salió sin mirar hacia atrás.

Ulquiorra se cuestionaba el porque experimentaba dudas de lo que ella sentía por él, ella le había expresado sus sentimientos, no solamente eso, ella había aprobado venir a la casa de él. Habían dormido juntos, pero su mente no dejaba de insistirle de que había algo que no estaba viendo.

Al llegar al estacionamiento, este camino rápidamente a su vehículo el cual puso en marcha, sin pensar mucho, piso el acelerador y salió del estacionamiento como si estuviese siendo perseguido por alguien, aunque de lo único que deseaba correr era de sus pensamiento intrusivos. Empezó a sonar en la radio This love de Maroon 5, canción que tarareaba.

En el hospital: 9:15 a.m.

La temperatura del hospital se sentía helada, este se ajustaba la chaqueta abajo de su bata blanca con la finalidad de combatir el frio y cubrirse el cuerpo lo más posible. Había dejado dentro del vehículo la bata y esta había absorbido la temperatura y el olor de los asientos del vehículo. Sus manos se encontraban heladas, podía sentir cómo se le dificultaba cerrar las mismas y procedió a entrar sus manos en los bolsillos de la bata sin mucho resultado.

Este observó que la sala de espera se encontraba llena, pero al parecer no todos eran sus pacientes, ya que veía más adultos que niños. Abrió la puerta del consultorio, su secretaria le observo con una expresión de disgusto y le dijo:

— ¿Por que insiste en vestir de negro?

— No me di cuenta — dijo Ulquiorra mirando a los alrededores, preocupado por la temperatura.

Esta suspiró y se levanto del escritorio, tomo un pin con forma de perro y lo puso en la solapa de la bata de Ulquiorra, este se alejo al sentir su cercanía. Se sentía extraño, esto provocó la sorpresa de la chica, la cual se alejo y volvió a su asiento.

— Hoy tenemos muchos pacientes — dijo tratando de romper la incomodidad del ambiente.

— Excelente, te aviso para que los dejes pasar.

Este al pasar a la parte trasera del consultorio se sentó al frente de su escritorio, todo se encontraba helado y suspiro por el frio y por sus pensamientos que sentía que lo acosaban.

Este le indicó a su secretaria que permitiera entrar a los pacientes, los cuales comenzaron a entrar en orden de llegada, este abrió el cajón de su escritorio y se puso sus gafas.

Ulquiorra trataba de concentrarse el doble, ya que su mente estaba divagando mucho. El tiempo se sentía que pasaba lento, pero esos eran los días en los cuales Ulquiorra solamente debía escuchar, y preguntar lo que necesitara saber.

El solamente era una presencia de confort dentro del consultorio, alguien que escucha atentamente sin interrumpirte. Muchas veces los padres de sus pacientes le hacían preguntas que él mismo no sabia cómo responder porque no conocía el futuro, solo podía hablar de lo que observaba y escuchaba en base de sus conocimientos. Tal vez eso era lo que debía tomar en cuenta con Orihime, enfrentar sus sentimientos y confrontarlos con los sentimientos de la chica, no podía controlar lo que pasaría, pero sí pudiese tener la satisfacción de que lo intento. El hecho de haberse encontrado con ella, significaba algo, bueno, no realmente, pudiesen ser coincidencias crueles de la vida.

Los manos de Ulquiorra no paraban de teclear en su ordenador, las cosas parecían ser más clara, al sus ojos observar la hora se había percatado de que ese era el ultimo paciente que debía ver antes de poder almorzar.

6:00 p.m.

Ulquiorra daba el ultimo sorbo de café en su taza, realmente el café del hospital no sabia nada, era un agua con color, no había otra explicación, pero el hecho del mismo encontrarse tan caliente le sentaba bien, ya que la temperatura con el paso de las horas seguía bajando y el aire acondicionado del consultorio no podía bajarse, ya que era un aire central, es decir si subían la temperatura para consultorio significaría que debían bajarla para el edificio completo.

El día había terminado, pero aun no podía retirarse, porque tenia que actualizar sus archivos, Ulquiorra aplicaba a raja tabla el dicho de no dejar para mañana lo que pudiese hacer hoy, ya que así podía evaluar los avances de sus pacientes, aunque esto también era en razón de que no tenia nadie que le esperara en casa. Sus pensamientos se volcaron en la mujer, ella sí le estaba esperando, este al pensar en esto sintió una sensación de tranquilidad.

Al terminar de agregar la información faltante en su documento lo guardo, y apago la computadora, se quito las gafas y las guardo en el cajón. Este se levantó y puso en orden los documentos arriba de su escritorio. Apago la luces del consultorio, se fijo que una de los bombillos que iluminaban la parte delantera del consultorio, se encontraba dañado, debía notificarlo.

Al salir, observo que el pasillo se encontraba vacío, las luces eran tenues, ya que esa área no se usaba en las noches.

Este al salir comenzó a caminar con parsimonia por el pasillo que lo dirigía al elevador, puso sus manos en sus bolsillos, una vez más, el clima no había mejorado, todo seguía sintiéndose helado, deseaba salir de inmediato del edificio, y al llegar al elevador este se abrió inmediatamente tocó el botón que tenia una flecha que indicaba "bajar".

Todo fue rápido, en un abrir y cerrar de ojos se encontraba en el estacionamiento. No quedaba casi nadie en ese edificio del hospital, por lo que no tuvo que detenerse a despedirse de nadie.

Al poner en marcha el vehículo, sus pensamientos se volcaron en la mujer, quería verla, deseaba saber cómo estaba, no le había llamado porque no deseaba interrumpirla ni tampoco que ella se sintiese presionada.

Este condujo lo más rápido que pudo, ya que las calles se encontraban congestionadas por la hora que era. Las luces de la ciudad empezaban encenderse, podía ver cómo el viento movía las hojas de los arboles y las palmas como también la noche se hacia presente. Los cláxones de los vehículos hacían acto de presencia dandole a entender a Ulquiorra que no se encontraba solo.

Después de unos largos minutos, el trafico comenzaba a avanzar, este se desvió por una calle que parecía un callejón, esta era bastante estrecha, estaba repleta de comercios con fachadas vistosas, casi todos eran puestos de comida y uno que otro hotel de mala muerte.

Este al salir a la avenida principal, pudo visualizar la pastelería que estaba buscando, solía ir allí cuando trabajaba con Aizen, aunque la verdad es que nunca había sido un verdadero fan de los dulces, pero ellos tenían dos menús, uno salado y otro dulce, lo cual le permitía tener un lugar donde ir a comer y alejarse un poco.

Ulquiorra del lugar solo había probado un dulce y era extremadamente delicioso, bueno, para él. El cual le gustaría que la mujer probase también, aunque fuese un poco, ya que sabia que la dieta después de una cirugía a base de liquido provocaba cansancio.

El lugar parecía una casa que había sido remodelada para ser un negocio, tenia el techo en tejas naranjas, y ventanales rectangulares que permitían ver el interior del local, este estaba lleno de mesas color blanco y sillas de igual color con bases metálicas. Ulquiorra estaciono al frente del local, suspiro al pensar en cómo el tiempo había pasado y ya no tenia ni tiempo para pasarse por allí, lo mejor que le había pasado era alejarse de Aizen.

Al entrar al local se encontró con la dueña del lugar, quien lo reconoció de inmediato, y se sorprendió al verlo. Ella era una señora con ojos color café oscuro, su rostro denotaba su edad, su cabello corto era color blanco, tenia un mandril de cocina de color rojo con el logo del local, como también tenia una boina del mismo color y un vestido blanco por abajo de las rodillas.

— ¿Ulquiorra Ciffer?

— Sí — este puso una expresión similar a una sonrisa.

— No pensé volverte a ver — esta sonrió — ¿Estas más feliz?

Esta pregunta sorprendió a Ulquiorra.

— Me siento mejor.

— Se nota — esta puso sus manos arriba del mandril — ¿Que te trae por aquí?

— No recuerdo el nombre del postre, tenia glaseado color rosa y una cereza en el tope.

— Una trufa primavera — esta asintió con la cabeza con seguridad y mirando al chico — ¿Cuántas quieres?

— Eso mismo — pauso el moreno — diez, creo que serán suficientes.

— ¿Te gustaría probar las trufas de otoño?, son nuestro especial de temporada y son de chocolate fundido.

— Esta bien, cinco de cada una.

A Ulquiorra no le gustaba el chocolate, pero sabia que a la mujer sí le gustaba.

— Tomas, por favor empacalos para el cliente, pregúntale cómo desea que las envuelvas.

El chico detrás del mostrador observó a Ulquiorra, quien parecía estar incomodo, este tenia los ojos color avellana, el cabello teñido de rubio en su parte superior y la parte inferior del mismo era color negro, el delantal rojo y la boina del uniforme de la repostería no iban para nada con él. Este tomo las trufas del mostrador, el cual estaba repleto de dulces de distintos sabores y formas, ya que esa era la área dulce del lugar. El área salada se encontraba al lado izquierdo del local, era una pequeña vitrina repleta de delicias sin una pizca de azúcar.

Este mostró a Ulquiorra los empaques que tenían, todos eran bastantes "cursis" para el gusto del moreno, los diseños de las mismas eran corazones, ositos y pajaritos besándose. Este prefirió empacar los dulces en una bolsa de color café y que le pusiesen un lazo color rojo.

El chico le indico a Ulquiorra que se acercara a la caja registradora que se encontraba en medio del área dulce y salada, este espacio se encontraba lleno de brochures de tiendas y servicios diversos. Este le mostró el monto a pagar en la caja registradora. Ulquiorra abrió su cartera, saco su tarjeta de crédito y sé la paso al chico.

Este hizo un esfuerzo en sonreír al entregar el paquete a Ulquiorra conjuntamente con la tarjeta, pero realmente el hecho de que le sonrieran al pagar era tan poco necesario para él y no pudo evitar sentir un poco lastima por el chico, aunque en la actualidad al trabajar con niños debía verse accesible, así que comprendía.

Este al dirigirse a la puerta, la señora le agarro el brazo al moreno y le dijo:

— ¿Sigues fumando como chimenea?

— He mejorado.

— Me alegra — esta sonrió — espero verte pronto.

Este asintió con la cabeza y tomo la barra de la puerta de cristal y la halo, la cual se encontraba helada. Afuera del local se sentía una brisa helada, la cual al soplar desordenada el cabello del moreno, este abrió su vehículo y puso el paquete en el asiento del copiloto. Arranco el vehículo, no bajo los cristales, se estaba congelando.

El transito se encontraba despejado, las aceras se encontraban libres de transeúntes. Aun así los locales parecían estar repletos de personas por la cantidad de vehículos parqueados afuera de ellos.

Ulquiorra al sentir tal soledad en la calle, aceleró el vehículo. Este llego en media hora a su departamento, se estaciono, tomo el paquete y salió del vehículo. No se quito la bata, ya que debía mantener la calidez de su cuerpo. Este camino con parsimonia al elevador de este iba saliendo lo que parecía un grupo familiar. El chico espero que estos salieran para entrar, sin mas presiono el botón con el número 4, al llegar a su piso, salió del elevador y se encontró con el piso sucio, lo cual extraño a Ulquiorra, debía ser su vecino o vecina, ya realmente no sabia quien vivía a su lado, en la actualidad. No le importaba tampoco.

Este rebusco en sus bolsillos, la llave de su apartamento, al abrir la puerta vio que todo se encontraba oscuro, exceptuando la luz del comedor, este no hizo ningún ruido y dejo la llave de su vehículo en el bowl al lado de la puerta.

Podía escuchar la voz de la mujer, esta no se había percatado de que él había llegado. Parecía que se encontraba hablando por teléfono móvil.

— Sí, estoy mejorando, me siento muy bien— pronunció la chica con mucha emoción.

Hubo una pausa, Ulquiorra dejo el paquete en el piso, iba a quitarse la bata debía lavarla, ya que se había pasado el día completo con ella.

— Yo también siento eso por ti — una risa nerviosa se pudo escuchar por el departamento.

Ulquiorra seguía sin prestar atención.

— Yo también te quiero mucho, Kurosaki…digo Ichigo, de verdad, siempre lo he hecho.

Ulquiorra sintió como el calor regresaba a su cuerpo, no sentía frio, sentía molestia, fastidio y ¿celos?. No tenia palabras, trago en seco.

— Te extraño también — ella pronunció con dulzura.

Ulquiorra respiro profundo, coloco su bata en el ante brazo y tomo el paquete del piso. ¿Qué le hacia pensar que podía competir con él? Se preguntó con furia a sí mismo. Comenzó a caminar con lentitud. Al este llegar a la sala de estar se encontró con la mujer, quien se levanto de la mesa para recibirlo.

— No te escuche llegar — dijo la chica sonriendo.

— No importa realmente — dijo el moreno sin mirarle la cara a la mujer, tratando de tragarse su fastidio.

Este empezó a dirigirse a la parte trasera de la cocina donde se encontraba la lavadora secadora, esta era de color gris, la cual hacia que la misma se viera moderna. No chocaba para nada con el departamento. Había dejado los dulces arriba de la meseta de la cocina sin cuidado de que estos se cayeran o no.

Orihime le siguió en silencio. El chico entro en la lavadora la bata, le echo detergente, este era nuevo, olía a vainilla, le repugnaba ese olor en la ropa.

Al voltear, se encontró con el rostro de la mujer, ella se encontraba detrás de él con una expresión extraña.

— Ulquiorra, sé que estas ocupado, pero ¿me puedes ayudar en algo?

Los sentimientos del chico se calmaron al verla, esta llevaba puesto un vestido corto color blanco con los hombros caídos y se encontraba descalza. Tenia el pelo recogido en un moño desordenado.

— Cuéntame

— Debo entregar 50 ejercicios para mañana, no los podemos dividir en 25 y 25, ¿Te parece?

— No soy bueno con las matemáticas, pero si me muestras, veré que puedo hacer.

— Son ejercicios simples, lo que pasa es que son largos.

Esta agarró la mano de Ulquiorra y lo empezó a arrastrar a la mesa. Este al sentarse, se percató de que ella le había dejado un poco de sopa de la cual había preparado.

— Come primero, porque necesito que estes a toda tu capacidad.

— Traje dulces están arriba de la meseta — expreso el chico mientras destapaba la sopa.

— Gracias — respondió la chica parándose a toda prisa a buscarlo.

Esta tomo la trufa de otoño, esta cerro los ojos al sentir el chocolate derretirse en su boca al momento de morderla.

— Esto esta demasiado delicioso, ¿no vas a comer? — dijo la chica pasándole la bolsa a Ulquiorra.

— No, por ahora — este pausó, se sentía agradable de que a ella le gustaran — envíame a mi correo electrónico los ejercicios.

— Okay — respondió Orihime.

Ulquiorra le dicto su correo electrónico a Orihime, ya que esta le miro con una cara que daba a denotar que no tenia idea cuál era.

Este sorbía la sopa, la misma sabia buena, pero estaba muy picante para su gusto.

Al este sentir su teléfono móvil vibrar en el bolsillo de su pantalón, verificando la notificación de su correo electrónico, en donde vio el correo de la mujer y su adjunto en formato pdf. Al abrirlo, Ulquiorra solo vio letras, números y símbolos agrupados en algún orden que no terminaba de descifrar. Recordó cuándo casi reprobó matemáticas básicas, y ahora se disponía a ayudar a alguien con su tarea, ironías de la vida.

— Esto me supera, mujer.

— Es fácil, déjame explicarte.

— ¿Tomaste tus medicamentos?

— Sí — la chica sonrió — pero no me cambies el tema.

La chica se acerco a Ulquiorra, y le empezó a explicar con una expresión casi divertida a Ulquiorra lo que debía hacer. Este asintió con la cabeza, pero le exigió a esta que realizara el primero y este le observara.

2:00 a.m.

El desorden que había debajo de la mesa era inexplicable. Ulquiorra en muchas ocasiones ofreció a la mujer utilizar su escritorio para trabajar, el cual se encontraba en el cuarto que esta la primera vez que fue a su casa vio, pero ella insistía que en la mesa se encontraba cómoda.

Ulquiorra sabia cuales eran sus limites y los había alcanzado, pero no podía simplemente pararse e irse a dormir, trato como pudo de ayudar a la mujer, pero era algo que lo superaba.

La chica insistió que eran ejercicios fáciles, pero a pesar de la hora que era solo habían hecho 35 ejercicios, pero para Ulquiorra no eran nada fáciles. Orihime seguía trabajando como si el tiempo no pasara. El chico se cuestionó en mas de una ocasión si realmente ella era humana, porque nadie después de tal esfuerzo mental podía estar tan "fresca".

Ulquiorra se levantó y comenzó a estirarse, su cerebro había parado de funcionar y tenia una migraña que le estaba matando. Orihime alzo la vista y dijo:

— ¡Puedes irte a dormir, debes trabajar mañana!

— Se que si, pero ya dije que te iba a ayudar.

— Comprendo — dijo la chica sonrojada.

El chico volvió a sentarse en la mesa, tomo una vez mas las hojas de papel rayado y comenzó a calcular con la ayuda de una página web.

Una hora después: 3:00 p.m.

Orihime grito a todo pulmón:

— ¡Termine!

Ulquiorra tenia las manos cubriendo su rostro, la migraña se había intensificado, no comprendía cómo ella podía estar tan bien, aun se encontraba sentado porque no tenia la fuerza para levantarse. La chica se acerco a Ulquiorra con una expresión de felicidad, no obstante a diferencia de ella, el chico tenia una expresión de molestia.

— ¿Te sientes mal? — expresó esta mientras se levantaba de la mesa.

La mujer quito las manos del rostro del chico, la cercanía era tal que el chico podía sentir la calidez del cuerpo de esta, pero este recordó la conversación que la misma tuvo con Kurosaki, no podía competir, eso le fastidiaba y hacia que el dolor se volviese más punzante. No podía comprender cómo esos labios podían decirle eso y al mismo tiempo expresar palabras que para el sonaban tan afectuosas a quien le había hecho tanto daño, pero él también le había hecho daño.

Ulquiorra se levanto de la mesa y se dirigió a su habitación, sin mirar a Orihime. Ella le había perdonado, pero él no se había perdonado a si mismo.

La chica se extrañó por la reacción del chico, pero recordó que desde que él había llegado en la tarde se encontraba distante. La chica siguió a Ulquiorra, pero este iba de salida de su habitación y sus pasos de dirigían al balcón de la propiedad.

Orihime observo a Ulquiorra entrar al balcón, recordaba lo hermosa que era la vista a través del mismo, pero estaba muy oscuro y nada podía distinguirse.

Orihime tomo valor y siguió al chico.

Al salir se percató de que el chico se encontraba fumando, ya que aunque la luz estuviese apagada el olor y el humo que salía de los labios de Ulquiorra, chocaba con el rostro de la chica, ya que la brisa soplaba fuerte.

Nada se podía distinguir solamente las luces de los edificios aledaños, la luna estaba cubierta por nubes, las estrellas no brillaban, en razón de las nubes y las luces. Parecía una oscuridad que engullía todo a su paso.

— ¿Qué te pasa Ulquiorra? — preguntó Orihime con preocupación.

— Nada que deba perturbar tu mundo.

— Eso no es cierto, me importas mucho.

El chico no contesto, solo se concentro en seguir fumando.

— Mujer, no debes esforzarte — dijo sin mirarla, pero esas palabras iban más allá del esfuerzo físico, hacían referencia al ella tener cercanía con él.

Orihime agarro la mano libre de Ulquiorra, en donde tenia su encendedor, el cual se sentía frio. El chico solo pensaba para sus adentros porque no te alejas. Había sido una pésima idea que ella estuviese allí con él.

— No lo hago, solo hago lo que mi corazón desea hacer.

El chico volteo el rostro a la chica,

— ¿A quién pertenece tu corazón? — este dijo con una expresión de fastidio, pero esta era imperceptible por la oscuridad.

Orihime le miró con sorpresa.

— Mi corazón siempre ha pertenecido a la misma persona — esta miro fijamente a donde se encontraba Ulquiorra.

— A Kurosaki Ichigo, ¿cierto?

— Le perteneció por mucho tiempo a él — recordó el rostro del chico — pero ahora, solamente le pertenece a Ulquiorra Ciffer.

Ulquiorra tomó una bocanada de su cigarrillo antes de apagarlo arriba del cenicero que se encontraba en la mesa plástica color negro, si Ulquiorra no supiera dónde la misma se encontraba no la hubiese podido ubicar por la oscuridad. Este abrazó a Orihime, y le dijo al oido

— Yo también me siento igual — este suspiro, su aliento se sentía caliente — pero no me logro perdonar por lo que paso.

— Haz un esfuerzo.

— Lo haré, lo prometo.

Estos duraron unos 10 minutos abrazados, los olores de ambos de mezclaron era como un olor a fresa con tabaco, como si dos mundos hubiesen colisionado. Ulquiorra se alejo de ella, y le observo.

— Necesito preguntarte algo…

— Dime — dijo Orihime agarrando la mano de Ulquiorra.

— Quieres tener una relación — este titubeo — romántica, más que amigos…conmigo.

— Me encantaría que fuéramos más que amigos — dijo riéndose Orihime.

El beso a Orihime inmediatamente esta termino de pronunciar la presente oración, la cual puso sus brazos alrededor del cuello de Ulquiorra. El beso se volvía mas apasionado con el paso de los minutos, parecía como si tuviesen hambre el uno del otro.

El moreno empezó a acariciar el pelo de Orihime, y esta llevaba su rostro hacia atrás, despegando sus labios de los de Ulquiorra.

Los labios del moreno bajaron al cuello de la chica, quien besaba tratando de no dejar ningún espacio del cuello de la misma sin ser tocado por sus labios, acerco su nariz al cuello de ella, la fragancia embriagante que emanaba de la misma hacia perder el control a Ulquiorra. Este escucho un ligero gemido salir de los labios de Orihime.

Esto hizo reaccionar al moreno, que debía parar o iba a llegar al punto del no retorno. Este se alejo de la mujer y le dijo tratando de calmarse:

— Debemos irnos a dormir

— Es tarde — dijo la chica como un jadeo.

Este agarro la mano de Orihime, y la llevo a su habitación, pero este no entro con ella, ya que necesitaba calmarse y hacerse cargo de su erección. Este entro al baño que se encontraba fuera de su habitación y se duchó, no le importo que el agua se encontrase como un témpano de hielo, necesitaba "enfriarse". Este al terminar de ducharse, tomo la toalla roja cereza que se encontraba colgada, la cual amarro a su torno y la ropa que se había quitado, y se la llevo a la habitación principal. Este observo que la mujer se encontraba acostada, por lo que procedió a llevar la ropa sucia al baño y a entrar a su closet en donde se cambio, se puso unos pantalones de cuadros verdes con negros y una camiseta blanca, y este fue acostarse a la cama.

— ¿Esta bien si te abrazo? — preguntó

— No hay ningún problema, Orihime, menos ahora.

El chico acerco a la chica a su cuerpo, quedando ambos de frente el uno del otro. Ella le sonrió a Ulquiorra, quien puso su mano en el rostro de la chica, este acaricio su mejilla hasta esta finalmente dormirse.

Ulquiorra le besaba la frente con ternura, tratando de procesar lo que había pasado hasta quedarse dormido.

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Continuara

Esta historia será publicada domingo o lunes


Disculpen mi ausencia, estaba muy resfriada, pero ya me encuentro mejor, sigo mejorando. Nada muy grave, pero el cambio de temperatura me mata lentamente.

Ame este capitulo, lo escribí pensando en la rutina de la vida, que en ocasiones puede parecer aburrida, pero cada día es diferente, a su propia manera, ya sea porque nos sentimos distintos o hacemos cosas distintas dentro de nuestra rutina.

Ulquiorra en este capitulo, nos muestra cómo todo ha cambiado en su vida, exceptuando su amor por Orihime. La situación de la pastelería la inspire en mi primer trabajo, ya que una quedaba cerca y solía ir allí a estudiar para la universidad o simplemente tener unos minutos de soledad.

Cómo pueden darse cuenta por el desarrollo de la historia prontamente la misma concluirá, faltan dos o tres capítulos, aunque pueden haber sorpresas.

Gracias a:

Juvia: Hola, espero estes muy bien. Disculpa la tardanza, la verdad es que no pensé que duraría tanto tiempo enferma, pero estoy mejor. Wow, sabes he amado estos últimos capítulos, ya que nuestros personajes se acercan, poco a poco y comparten sus espacios y vidas. Espero te guste también este capitulo, Ulquiorra dio un paso gigante. Me derriten los sentimientos de Ulquiorra, no sé ni como explicarlo, y como Orihime es receptiva a estos. Muchas gracias por tu seguimiento, besos y abrazos.

Gracias a todos los que leen.