Gracias A por tu experiencia y conocimientos.


En la oscuridad

Parte 1

Ese mismo día en la mañana: 5:00 a.m

La luz de la luna aun inundaba la habitación y el silencio que se hacia lugar en la misma se cortaba con la respiración de Orihime. Ulquiorra escudriñaba el lugar como si buscara algo que se le hubiese extraviado, aunque en realidad había despertado en razón de que sentía una sensación extraña en su corazón, la cual podía describir como una calidez inexplicable. A pesar de la temperatura baja de la habitación, el cuerpo del chico mantenía el calor, ya que ella no se había despegado de él, ni un segundo.

Este poso su mano derecha en el rostro de la mujer a su lado, trataba de memorizar este a través del tacto, era tan delicado como podía ser para no despertarla, pero esta abrió los ojos y le observo fijamente.

— Hola — expresó la chica bostezando — ¿Ya es hora de despertar?

— No todavía, solamente no puedo volver a dormir — dijo Ulquiorra con parsimonia.

Esta le sonrió.

— Es muy agradable dormir a tu lado.

Ulquiorra volteo el rostro, ya que estaba sonrojado.

— Gracias, supongo.

Ella apoyo el rostro en el pecho de Ulquiorra, este se sentía huesudo como sus manos, enredo sus manos alrededor del cuello del chico. Este procedió a acariciar la cabeza de la mujer.

— ¿Puedo preguntarte algo?

— Lo que sea — dijo la chica aún con su rostro enterrado en el pecho del moreno.

— ¿Cuándo te fuiste, dónde estabas? — el chico pauso — si puedo saber claro.

— No sé si me creas, pero estaba con la diosa luna y el dios sol — expresó la chica esperando una risa, pero esta nunca pasó.

— Interesante — dijo Ulquiorra, un tanto incrédulo, por lo que estaba escuchando, pero no podía negar que eso pudiese pasar.

La peli naranja levantó el rostro y le miro con seriedad

— Sé que es una locura, pero tenía una marca en la frente, y luego una en la mano, estaba muy débil porque estaba muriendo mi parte humana. El dios sol me ayudo a volver.

Ulquiorra escuchaba atentamente lo que la chica le decía.

— Tengo un anillo, que lo prueba.

El moreno recordó el anillo que la mujer llevaba en la mano el día que se reencontraron.

— ¿Qué significa el anillo? — esa pregunta salió de manera automática de los labios del peli negro, la pregunta se sentía como algo que hubiese cuestionado en consulta con uno de sus pacientes.

— Es la promesa del dios sol conmigo, por ayudarme a volver, aunque en realidad era un ritual para recibir la marca del dios sol.

— Comprendo.

— Sé que no me crees.

— No dudo ni una palabra de lo que me dices, es normal que sea una persona incrédula, porque nunca he visto eso que me cuentas antes, pero de acuerdo a lo que escucho fue una experiencia interesante.

— Me di cuenta de lo que siento por ti — pauso —y que no estaba lista para ser la diosa luna.

— Tuve mucho tiempo para pensar en eso también — este suspiró — qué bueno que estas de vuelta y que estés conmigo.

Esta presiono una vez más su rostro con el pecho del moreno.

— Cuando te vi en el hospital, pensé que estabas casada con Kurosaki, al ver tu anillo y el de él. Como también mi paciente con el mismo color de pelo tuyo, era tu hijo y que estabas en problemas legales, ya que eso sucede con los padres de ese chico — suspiro— Me comencé a culpar porque pensé que había causado eso.

Orihime rio.

— Ichigo está casado con Rukia, no sé si tengan hijos.

Este suspiro y no dijo nada al escuchar eso, pero lo aliviaba, en un cierto sentido.

— Volvamos a dormir — dijo el chico — debemos descansar para mañana.

— Estoy de acuerdo, pero antes — la chica subió el rostro a la altura del chico, posando sus labios en los de Ulquiorra.

Este beso aliviaba los sentimientos de ambos, era como si estos se aseguraran mediante el mismo que realmente eran pareja y que lo que hacían era correcto. No había nadie más, solo ellos, compartiendo un sentimiento común.

Las manos de Ulquiorra acariciaban la espalda de la mujer, su piel era suave bajo su tacto. Este abrió los ojos al sentir el tacto de las manos de la mujer bajo su camiseta, este se sentía bastante agradable. Ulquiorra despego los labios de la boca de la mujer, y los llevo al oído de esta y le dijo:

— Debemos dormir.

— No quiero.

— Comprendo — este suspiro.

— Esta bien.

Ulquiorra recostó el rostro en su almohada y cerró los ojos ignorando sus pensamientos y lo que le decía su cuerpo. Orihime rio ligeramente, antes de enterrar su rostro en el costado de Ulquiorra.

Los brazos del moreno se enrollaron en el cuerpo de la mujer. Este sonrió imperceptiblemente antes de volver a dejarse arrastrar por los brazos de Morfeo.

Dos semanas después: viernes

Ulquiorra al abrir la puerta, se encontró con Orihime sonriéndole.

— Bienvenido.

Este hizo una mueca similar a una sonrisa.

Este llevaba una bolsa en la mano color rojo satén, parecía una bolsa de regalo, ya que tenía un lazo de igual color a un lado.

— Tengamos una cita — dijo el chico — recuerdas que quedo pendiente nuestra cena juntos.

— No tienes que molestarte, en serio — expreso la chica con una sonrisa nerviosa — Tengo tareas pendientes.

— No es algo que me pesa o me molesta, solo será una hora fuera, luego puedes seguir con tu tarea.

— Bueno, está bien.

— Ayer fue el último día de descanso por tu operación, es decir que el lunes volverás a la universidad, celebremos que estas mejor y que somos novios — espeto el chico con felicidad imperceptible en el rostro. Aunque en realidad se preguntaba, si luego de esa noche ella volvería a su casa y las cosas volverían a ser iguales para él. Se había acostumbrado a dormir con ella a su lado, al ruido, a levantarse acompañado, volver a casa y que ella lo recibiera. No obstante, el moreno se había prometido no exigirle nada a la mujer, ya que no quería acelerar las cosas.

— ¡Sí! — respondió la chica sonriente — déjame terminar unos ejercicios y recoger un poco de la mesa, vete cambiando primero.

Ulquiorra al escuchar la respuesta, le entrego la bolsa negra a la mujer.

— Es para nuestra cita.

La chica abrió la bolsa y se pudo percatar de que dentro de la misma un pequeño paquete cubierto de papel de celofán color negro.

— ¿Qué es?

— Ábrelo — respondió el chico observando con mirada taciturna a la chica.

— Lo haré cuando me cambie, entonces.

— Esta bien, me iré a alistar.

El chico comenzó a caminar hacia su habitación, quitándose su bata blanca y el abrigo debajo de la misma mientras caminaba. La mujer se dirigío a la mesa, en donde procedió a tomar asiento, para terminar sus ejercicios. Esta dejo la bolsa arriba de la mesa a su lado, cuando esta subía la mirada para observar la bolsa de regalo, se sonrojaba, ya que no se esperaba que el tuviese esos detalles con ella.

En la habitación

Ulquiorra dejo arriba de la cama su bata como también su abrigo, cerró la puerta tras de sí. Entró al baño y se quitó todas las piezas de ropas restantes. Las gotas de agua caían por el cuerpo del moreno, estas estaban frías como el día, pero no le molestaba. Este recordó como todos en el hospital le decían que se veía más animado, aunque podía decir que las cosas que usualmente le molestaban no lo hacían y que le estaba yendo mejor.

En pocas palabras, estaba de mejor humor.

Al cerrar la llave de la ducha, tomó su toalla color verde esmeralda, y la enrollo en la parte inferior de su cuerpo. Entró a su closet, tomó unos jeans ligeramente ajustados color azul marino de gamuza y una camisa color gris oscuro mangas largas. Busco unas botas color marrón oscuro, que a simple vista parecían negras con cordones. Al terminar de secar su cuerpo, procedió a cambiarse, aunque este lo hacía inusualmente lento.

También busco en el armario, un perfume que había recibido hace un diciembre atrás en el hospital en un intercambio de regalos, era un perfume marca Kenzo, la botella era color azul marino con forma de caña aún se encontraba en su empaque original. El olor del perfume le había gustado mucho, ya que era una fragancia maderada. Este se lo echo por todo el cuerpo, realmente no sabía mucho de cómo usar perfume o si ese olor era conveniente para él.

Este se secó el pelo, y se peinó con las manos el mismo. Abrió la puerta y camino hacia el área del comedor donde se encontró a Orihime, aun terminando sus ejercicios.

Esta al sentir la presencia del moreno, alzo la vista y le dijo:

— Lo siento, ya me voy a cambiar.

— Te esperare lo que necesites.

— Te vez muy bonito.

Este volteo el rostro.

— Gracias.

— Amo también ese perfume…huele muy intenso.

— Es nuevo — respondió taciturno el moreno — vete a cambiar desde que volvamos puedes retomar tus ejercicios.

— Bueno, déjame irme — dijo la chica mirando preocupada sus ejercicios.

Esta se paró y tomo la bolsa negra de arriba de la mesa y se dirigió a la habitación.

Ulquiorra fue a la sala de estar en donde procedió a recostarse en el sillón, ya que tenía sueño. El aire frio arropaba la sala de estar y movía ligeramente el toldo del balcón haciendo un sonido similar a las hojas de las palmas cuando el viento las toca, el chico cruzó los brazos sobre su pecho, pensó en voz alta: "debo llevarme una chaqueta."

35 minutos después

La puerta de la habitación de Ulquiorra se abrió, se escuchaba el resonar de unos tacones mezclarse con el silencio del apartamento.

Esta camino a la sala donde pudo ver una cabellera negra derramarse en el sillón, el chico se encontraba durmiendo con una expresión pacífica. Orihime sintió lastima al despertarlo, pero debía hacerlo.

— Ulquiorra — llamo la chica en voz alta.

Esta repitió el nombre del moreno unas 5 veces, hasta que este pudo reaccionar. El moreno comenzó a bostezar, se sentó y dirigió sus ojos al lugar de donde provenía la voz, era la mujer. Este observo de arriba abajo a Orihime, le quedaba perfecto el vestido, este se adhería de forma perfecta a su silueta. Este era color rojo en tela de satén con tirantes finos con un escote cuadrado, el mismo tenía una abertura en la pierna izquierda que llegaba un poco más arriba del muslo.

— Te ves hermosa.

— Gracias — respondió sonrojada.

Ulquiorra le indicó a Orihime que se acercara a él, lo cual esta hizo sin dudar. Este toma la mano de la chica y la halo hacia a él, hasta que ella quedo sentada arriba de sus piernas, la mano de izquierda del moreno quedo arriba de la pierna descubierta de la chica. Este la observaba y ella le observaba también.

— ¿Te gusto? — este pauso — lo vi y pensé en ti.

— Me encanta, es muy hermoso — esta sonrió — me ajusta perfectamente, no tengo que usar sostén ni siquiera.

— Supongo que eso es perfecto — respondió el moreno — y los zapatos te quedan muy bonitos.

— Siempre traigo zapatos con tacones, ya que nunca sabemos, eso siempre decía mi madre — esta puso una expresión seria, ya que pensar en su madre no era agradable, bueno la mujer que la había criado en la tierra.

Ella puso sus manos en sus muslos, sus ojos se encontraban fijos en el paisaje del balcón. Ulquiorra se percató de que ella tenía el anillo que el dios sol le había regalado puesto en el dedo anular de la mano izquierda.

— ¿Te puedo pedir algo?

— Claro — dijo la chica saliendo de sus cavilaciones.

— Puedes quitarte ese anillo, no me agrada que lo uses, luego de lo que me comentaste, perdóname si es exagerado, pero quiero que mantengas ese dedo libre.

Esto hizo que la chica se sonrojase al mirar la expresión de Ulquiorra, la cual era totalmente seria. Los planes de Ulquiorra desde que le había pedido que fuese su novia era tener una relación formal con ella, y en algún futuro o pronto casarse con ella.

Esta se quitó el anillo y lo puso en la mesa al frente de ellos.

— Esta bien

— Vámonos, pero guarda por favor el anillo antes de irnos, sé que significa mucho para ti.

— ¡Sí! — dijo la chica levantándose de las piernas del chico.

Orihime empezó a caminar hacia la habitación que había estado compartiendo con el moreno. Ella guardo el anillo en el bolsillo delantero de la maleta mientras Ulquiorra tomaba de su closet una chaqueta de color marrón, el interior de la misma era acolchado por dentro.

Este se puso la misma por arriba de su camisa. Orihime le estaba mirando, y esta le dijo de forma imperativa:

— ¡Estoy lista!

Ulquiorra le dio la mano a Orihime, estos caminaron agarrados de la mano a la puerta del apartamento. El moreno tomó la llave que se encontraba dentro del bowl al lado de la puerta, y procedió abrir la misma para Orihime, quien salió de primero y le espero mientras cerraba la puerta.

El lobby antes del elevador se encontraba pulcro y las luces del mismo permitían denotar esto. Al entrar al elevador se percataron que las luces en el mismo se sentían más brillantes de lo normal, lo que hacía que el ambiente dentro de este se sintiera caliente, algo que agradaba en sobre manera a Ulquiorra

El edificio se veía desierto, pero lo más seguro era por la hora, ya que muchas personas no terminaban de llegar a sus casas después de las 5:00 p.m. los viernes. El estacionamiento se encontraba en igual situación.

Estos caminaron hacia el vehículo, el color negro del mismo se veía reluciente, Ulquiorra abrió la puerta del asiento del copiloto para permitir que la chica entrase al auto, posteriormente ella quito el seguro de la puerta del conductor para que el chico pudiese entrar con mayor facilidad, este al percatarse de esto y entro con prisa.

Este encendió el vehículo y lo puso en marcha, se podía escuchar en la radio la canción Unwritten de Natasha Bedingfield, Orihime empezó a cantarla en voz baja y tarareando una que otras partes.

Las calles estaban muy congestionadas, pero esto no le quitaba el encanto a la ciudad. La chica de pelo naranja miraba por la ventana del carro con atención, ya que tenía mucho sin ver esas calles o bueno la ciudad en general. Los edificios de más de cuatro pisos sustituían las casas y la vegetación, haciendo que la misma se viera como una verdadera selva de cemento.

Estos se dirigieron a una parte de la ciudad bastante comercial, a pesar de los nombres de las calles encontrarse bastantes señalizados Orihime no tenía idea de a dónde se dirigían.

Ulquiorra condujo por aproximadamente unos 30 minutos, hasta que llegaron a una plaza llamada "Island", esta tenía una fuente en el medio del estacionamiento, diferentes tiendas y restaurantes se extendían alrededor de la misma, sus exteriores era de diversos colores como si fuesen fachadas de casas. El estacionamiento se veía a su máxima capacidad y realmente lo estaba.

El chico tuvo que aparcarse en el parqueo subterráneo de la misma, ya que no había espacio para hacerlo en la parte superior. Este estaba bastante iluminado, a pesar de ser un sótano, se extendían a simple vista unos 500 parqueos y las entradas bien iluminada que daban entrada a la plaza.

Este al parquear su vehículo, suspiró, lo cual hizo que la chica le mirase. Este dijo:

— Creí que no encontraríamos espacio.

— Pensé lo mismo.

— Bueno, ya estamos aquí.

Este apagó el vehículo y se desmonto del mismo, abrió la puerta del copiloto permitiendo así a la chica salir del mismo.

Orihime al sentir bajo sus tacones las piedrecitas del pavimento del estacionamiento se le empezó a hacer difícil caminar, situación de la cual el moreno se percató y procedió a poner sus brazos alrededor de los hombros de las chicas, ayudando a esta a caminar, lo que provocó el sonrojo de la chica al sentir tal cercanía con él.

Estos se dirigieron a la entrada subterránea de la plaza donde se encontraban los elevadores que llevaban al primer nivel de la misma, este espacio se encontraba lleno de carteles de conciertos próximos a presentar en la ciudad entre estos muchos grupos de música pop y uno que otro de música menos comercial.

Al llegar al primer nivel, tuvieron que esperar que salieran todas las personas que se encontraban delante de ellos. Nunca hubiesen imaginado que un lugar tan pequeño entrasen tantas personas.

Ulquiorra, quitó el brazo de los hombros de la chica y le agarró la mano, este le señalo un local cerca de la entrada, este tenía una puertas de cristal ahumado, el marco de la misma era color azabache. Estos caminaron sin prisa al lugar, Ulquiorra abrió la puerta del lugar, en la entrada los recibió una chica con un uniforme negro y con un moño alto, los ojos muy maquillados dando la impresión de que después de ahí iría a una fiesta de gala, esta llevaba un mandril negro igual que su uniforme y zapatos, quien preguntó:

— ¿Mesa para dos?

— Sí — respondieron ambos a unísono.

— Entendido, por favor por aquí— dijo la chica caminando delante de ellos.

Las luces del restaurante eran tenues dando la impresión de que allí había un ambiente cálido. Había un bar al frente de la puerta, atrás de la barra se encontraba un barman vestido de forma similar a la chica que los recibió, mezclando un trago al ritmo de la música instrumental que sonaba en el lugar.

La mesera los llevo al fondo del restaurante donde se encontraban las mesas, el lugar estaban relativamente vacío, ya que había una mesa repleta de personas, pero las demás se encontraban vacías.

Habían cuadros y pergaminos colgados de las paredes que no eran de cristal, el lugar tenía una temática asiática. Habían arboles de cerezos plásticos delicadamente cuidados arriba de las mesas creando un ambiente un tanto oscuro, pero al mismo tiempo romántico.

La chica de ojos muy maquillados dirigió a la pareja a una mesa con dos asientos en el área más iluminada del local, esta dejo dos menús arriba de la mesa y sin mediar palabras se fue al ver que ambos se encontraban sentados.

El menú se veía muy elegante, este era color negro con detalles dorado, debajo del nombre de cada platillo había una descripción del producto y la foto del mismo.

Orihime miro a Ulquiorra quien se encontraba con la vista fija en el menú. La chica le pregunto a Ulquiorra:

— ¿Que vas a pedir?

— Aun no me decido — expreso el chico murmurando.

— Yo…bueno…me parecen deliciosos estos rollos de sushi — dijo la chica señalando el nombre del mismos en el menú.

Ulquiorra observó el contenido del plato y este lo dejo sin palabras era una combinación demasiado extraña para él.

— Creo que es un plato interesante, no para mí, pero lo es.

— Puedes probarlo.

— No es necesario — dijo el chico — Pediré unos rollos de sushi también.

Este le señalo el platillo a la chica.

— Creo que son un poco simple esos ingredientes.

— Sí — respondió el chico un poco sorprendido.

Este hizo una seña a un mesero que iba pasando, este de inmediato se dirigió a la mesa, estos les dijeron sus pedidos mientras este los apuntaba en un pequeño fichero color blanco que llevaba en su mandril de cocina. Este ofreció el Sauvignon Blanc como tipo de vino mas recomendable para acompañar el sushi, a lo cual Ulquiorra asintió. Orihime le miro de reojo, ya que no toleraba mucho el alcohol ni tampoco sabía mucho de vinos era un mundo nuevo para ella. El mesero felicito a Ulquiorra por su selección de vino y se fue.

— No sabía que conocías de vinos

— No sé cómo explicar — dijo Ulquiorra rascándose la cabeza — Aizen me hacía comprar vinos para él, ya que mensualmente hacia seminarios y actividades, y te puedes imaginar. Tuve que aprender.

— Aprendiste mucho de él.

— Sí, pero no sé mientras más aprendía más vacío me sentía era como si tuviese un hueco en el pecho. Solo fumaba, recibía pacientes, no sentía una conexión con ellos, simplemente eran personas que necesitaban ayudas en ocasiones simplemente números. El ambiente no me ayudaba a ver a mis pacientes como personas, creo que la mejor decisión fue alejarme de Aizen.

—Creo que sí, no pudiese sentirme así — Orihime le miro con ternura — me sentiría triste todo el tiempo — esta tomó la mano de Ulquiorra — estoy feliz de que estés mejor.

— Gracias — dijo el chico mirando fijamente los ojos de la mujer — estoy mejor también porque estás aquí.

Estos se dieron un casto beso que fue interrumpido por una tos incomoda del mesero quien venía trayendo los platos.

— Disculpen…— dijo el chico con una sonrisa en sus labios.

— No hay problema — respondieron ambos a unísono, una vez más.

Este dejo los platos arriba de la mesa, cerciorándose de que cada uno correspondía a quien lo pidió. Esto Ulquiorra lo aprecio en sobre manera, ya que no tenía ganas de probar nada con canela y pescado.

— Les traigo el vino enseguida.

Este se retiró unos segundos, trayendo una botella en la mano derecha y dos copas con la izquierda, las cuales dejo de inmediato encima de la mesa, este procedió a descorchar la botella color transparente con una etiqueta que tenia un nombre extraño y servirlo en las copas.

— Gracias — dijo Orihime mientras este lo hacía.

Este dejo la botella arriba de la mesa y se retiró. Orihime probo el vino de inmediato, sabia bastante seco y amargo para su gusto.

Ulquiorra al probarlo se veía extasiado por el sabor del mismo.

— Tómalo despacio, por favor — expresó Ulquiorra al observar lo rápido que la chica tomó la copa.

Estos empezaron a comer, mientras conversaban sobre lo delicioso que sabían sus platos, aunque Orihime le insistió en cada oportunidad que tuvo al chico que probase los rollos, a lo cual el chico se negó de manera amable.

Orihime seguía tomando grandes sorbos del vino, ya que hacia un sabor interesante en su boca. Esta pidió a Ulquiorra que le sirviese un poco más, a lo cual este accedió, pero no dejo de recalcarle que no estaba tomando agua.

30 minutos después

Orihime tenía una sonrisa en el rostro y las mejillas sonrosadas a causa del vino, aunque Ulquiorra no podía comprender cómo tres copas de vino habían causado eso.

Al terminar de comer, Ulquiorra pidió que retiraran la botella de la mesa, ya que no quería que la chica siguiera tomando. Había pedido un helado de sésamo, ya que Ulquiorra deseaba que ella probara el mismo.

Esta empezaba a moverse a los compas de la música instrumental del restaurante, sin en ningún momento perder la sonrisa de su rostro. Esta se acercaba a Ulquiorra y le susurraba algo que el chico no lograba entender, pero por el tono en que lo que decía no parecía ser nada que pudiese decirse en voz alta. Esta tomó las manos del chico y le guiño un ojo.

Este miró a la chica con preocupación, aunque le sonreía. El hizo una seña con la mano al mesero, quien se molesto, ya que los había atendido con anterioridad y le dijo en un tono casi inaudible:

— Tráeme la cuenta y empaca el dulce para llevar.

Este asintió con la cabeza y se fue sin mas.

Orihime observó a Ulquiorra, y preguntó:

— ¿Pasa algo?

— Estas tomada — este le observó — es mejor que nos vayamos a casa y descanses.

— Pero, yo me siento bien — dijo la chica poniendo una mirada triste.

— Si, sé que te sientes bien, pero es mejor ir a casa.

— Está bien, capitán Ulquiorra Ciffer — expresó la chica con un tono de voz alto.

El mesero se acercó a la mesa con una carpeta de cuentas y el postre envuelto en un papel con rayas verdes gruesas. Este dejo ambas cosas arriba de la mesa, pero antes de que el mesero pudiese retirarse, el moreno ya había sacado la tarjeta, la había puesto dentro de la carpeta, la cual posteriormente le entregó. El mesero se sorprendió por la rapidez y sin mediar palabras tomo la misma y se fue.

Orihime se encontraba con la mirada seria fija en la mesa, la sonrisa en su rostro se había esfumado. Ulquiorra se quedó en silencio observándola.

El mesero regresó entregándole la tarjeta a Ulquiorra quien la guardo en su cartera. Este tomó la mano de Orihime quien salió de su letargo y le observo. Ella se levantó con la ayuda de Ulquiorra, este guiaba sus pasos, aunque la misma seguía en silencio.

Al salir del restaurante caminaron agarrados de la mano hacia donde se encontraron los elevadores, la plaza se encontraba más concurrida que cuando llegaron.

En los estacionamientos estos siguieron caminando hasta llegar al vehículo de Ulquiorra, al encontrar el mismo, este abrió la puerta del copiloto para permitir a la chica entrar, este se percató de que todo estuviese en orden antes de cerrar la puerta. Al este entrar al vehículo y ponerlo en marcha, observaba de reojo a la chica en el asiento contiguo. Ella se encontraba mirando el camino hasta que rompió el silencio.

— ¿Crees que no veo lo que tratas de hacer? — dijo la chica con una sonrisa en el rostro observando a Ulquiorra.

Este la observaba sin quitar los ojos del camino

— ¿A qué te refieres? — pregunto Ulquiorra con sorpresa.

— El helado, lo compraste y me dijiste que nos fuéramos porque no querías compartirlo conmigo, ¿cierto?

— ¿Qué? — expresó el chico con confusión — lo pedí para llevar porque estas muy tomada y debes descansar.

— Eso no es cierto — dijo la chica cruzando los brazos sobre el pecho.

— Claro que sí, escúchate.

— Tratas de monopolizar el helado.

— Imposible — el chico se percato de que estaban conversando sobre la monopolización de un helado.

Esta abrió los ojos como sí hubiese descubierto unos de los misterios más grandes del planeta.

— Todo tiene sentido, el vestido, la cena, el helado y el vino…

Ulquiorra nunca había estado con Orihime en esa situación, no era desagradable, solamente diferente, estaba conociendo una nueva faceta de la chica, aunque no tenía duda que la mejor decisión en ese momento había sido ir a casa.

Orihime se sonrojo, y trato de decir algo, pero las palabras no salían de sus labios.

— Quieres hacer el amor conmigo — dijo la chica con la mayor seriedad que el alcohol le permitió.

Ulquiorra se sonrojo, pero esta vez no la miro de reojo. Apretó las manos en el volante y no dijo nada.

— ¡Responde Ulquiorra! — esta cruzo las manos en el pecho una vez más —no te gusto lo suficiente.

— Claro que me gustas, pero este no es momento para hablar de ese tipo de temas.

—¿Por qué? ¿No quieres?, sé que quieres — repitió la chica hasta el cansancio.

—Sí quiero, pero eso debemos discutirlo cuando no estés en este estado.

El silencio se hizo presente en el vehículo, la chica se encontraba con las manos en el rostro, pero esta parecía estar sonrojada, pero el chico no podía distinguir si era en razón del alcohol o ¿vergüenza? Aunque era un tema que a este no le avergonzaba, pero no sabía qué pasaba por la cabeza de la chica bajo los efectos del alcohol que había hecho que ella reaccionara así.

Ulquiorra condujo con calma, ya que tenía temor de que si conducía a alta velocidad haría que la chica a su lado se mareara.

En el apartamento

Orihime se encontraba con la cabeza recostada del hombro de Ulquiorra, ella parecía dormitar. Este le agarraba la cintura tratando de evitar que la chica se cayera, pero ella caminaba como podía.

Encendió las luces del comedor, para saber por dónde iba. Al llegar a su habitación de manera delicada soltó a la chica arriba de la cama, no encendió la luz de la misma, ya que no quería molestarla. Este entró a su armario, cerrando la puerta tras de sí, en donde procedió a quitarse la ropa para ponerse más cómodo, la habitación estaba helada por lo que se puso un pijama cubierto, este tenía unos pantalones negros con anclas blancos y una camiseta blanca mangas largas con un ancla en el pectoral derecho, además tomó unos pantalones y una camiseta color gris igual que el pantalón para la mujer.

Este tomó la ropa que se quitó y la colgó una vez más con cuidado, las piezas se sentían frías.

El chico al abrir la puerta del closet, se encontró con la mujer desnuda arriba de su cama, el vestido estaba desparramado en el piso igualmente con sus zapatos. Esta se sento en el borde de la cama con la mirada fija en Ulquiorra.

La luz de la luna iluminaba de manera ligera el cuerpo de la chica, su espalda, los cabellos desordenados sobre esta y parte de su rostro como también el cabello pegado a este, era un semblante hipnotizante. Los ojos de Ulquiorra querían despegarse de ella, pero era complicado.

— ¿No era esto lo que querías?

— No — expresó el chico apartando la mirada de la chica.

Se dibujó una sonrisa en el rostro de la mujer, quien de manera torpe trato de levantarse de la cama con la finalidad de alcanzar a Ulquiorra, este agarró la mano de la chica al ver que esta iba a caerse al piso por levantarse de manera tan brusca.

— Ponte ropa, te vas a resfriar — dijo el chico entregándole la ropa a la mujer, tratando de no mirarla.

Esta se sentó en el piso, aun mareada con la ropa agarrada con ambas manos.

— Vísteme, tengo mucho frio — expresó la chica alzando los brazos a la dirección donde se encontraba Ulquiorra dejando caer la ropa a un lado.

— Esta bien — dijo el chico agachándose a recoger la ropa.

No obstante, la chica le halo un brazo y lo hizo caer sobre ella. Esta puso sus labios arriba de los de Ulquiorra y empezó a enredar sus piernas con las suyas.

—¡Te engañe! — musito la chica risueña, despegando sus labios de los del chico.

— Tranquila, mujer — expresó el chico mientras se levantaba y suspiraba sonoramente.

La chica tomó la camiseta que había dejado y se la puso, esta se levanto apoyada en la cama.

— No me siento bien — dijo esta con nauseas — el baño.

Ulquiorra le ayudo a terminar de levantarse y llevarla al baño. Al llegar Ulquiorra posiciono a Orihime al frente del inodoro, subió la tapa del mismo, agarró el cabello de la chica mientras esta se deshacía del contenido de su estomago.

— No volveré a comprar vino — dijo Ulquiorra como un susurro.

La chica al terminar suspiro, y dijo:

— Quiero dormir.

— Sé que sí — dijo el moreno.

Orihime se levanto, salió del baño y dejo caer su peso en la cama. Ulquiorra, ayudo a la chica a acomodarse y a ponerse los pantalones.

Este se recostó a su lado, pero no pudo dormir hasta cerciorar de que la chica estuviese completamente dormida.

— Qué bueno que mañana no me toca trabajar — expresó el chico como un alivio.

Muchas bendiciones y gracias por su tiempo

Continuara

Esta historia será publicada domingo o lunes


Disculpen la tardanza, editar en ocasiones se vuelve tedioso. Espero hayan pasado unas felices fiestas con sus familias y seres queridos, les deseo también una feliz navidad.

Me divertí mucho al escribir el capítulo. Ulquiorra cumplió su promesa, pero las cosas no fueron nada como esperaba, ya veremos el próximo capítulo.

Gracias a:

Juvia:Hola, espero te encuentres bien como también hayas pasado unas felices fiestas con tus seres queridos. Gracias siempre por tu apoyo, de verdad me haces siempre sonreír. No diré nada, pero tengo eso pendiente. A mí también me fascina su relación es tan tierna y amo ver como estos crecen y se comprenden. Muchas gracias, besos y abrazos. Espero este capítulo te haya gustado y nos leemos el lunes.

Y a todos los que leen