¡Gracias, gracias por los comentarios!
El capítulo 2, esperamos les guste.
Verde que te quiero verde
Capítulo II
La muchacha se llevó las manos a la cara cubriendo su boca y nariz. Los guardias fruncieron las suyas al notar probablemente de dónde provenía el olor que hace rato los molestaba. Draco sintió su cara arder, ella se alejó un paso.
— ¡Maldita sea! —exclamó la portada de People mirando sus pies, buscando de dónde provenía la peste. La muchacha se volteó hacia atrás, algunos de sus compañeros intentaron reír burlonamente, pero ella les hizo señales con su cabeza para que se detuvieran.
— Señor Malfoy…—dijo apretando los labios, volviéndose a él, Malfoy levantó su rostro con la nariz y labios crispados.
— ¡¿Qué?! —espetó, furibundo. No sabía por qué, era una simple plaga de hippies, él estaba muy por encima de pestes como esa y sin embargo, se sentía increíblemente pequeño ante aquella absurda situación.
— ¿Podemos hablar? —preguntó la muchacha con amabilidad.
Draco sintió un tic nervioso recorrer su mejilla izquierda que levantó poco a poco la esquina de su boca hasta mostrar los dientes, y eso solo sucedía cuando su enojo alcanzaba proporciones épicas.
— ¡LARGO! —gritó frenético, haciendo a un lado a los mastodontes que tenía por guardias, la chiquilla retrocedió asustada cuando él avanzó y sujetó con fuerza el brazo bajo la tela transparente. Atrás, el hombre que la había llevado en sus hombros se adelantó por entre la multitud—. No quiero verlos más frente a mi oficina—espetó con los diente apretados. La acercó a él hasta pegar su nariz con la de ella. Era bastante más baja, así que se vio obligado a encorvase un poco, lo que ayudó a verse más amenazante—. Dile a tus mugrientos hippies que se larguen o llamaré a la policía por daños y perjuicios contra mi persona.
La muchacha pareció sorprendida, intentó zafarse del agarre del hombre, mas se había quedado paralizada del miedo. ¡Ella sólo quería hablar civilizadamente!
— ¡Suéltala! —exclamó el corpulento. Draco elevó por un instante la vista y fijó sus ojos en el sujeto. Tenía los brazos gruesos, la espalda ancha, una cadena de madera con un diente de tiburón y el cabello de un anaranjado intenso que caía por sus hombros.
Con una sonrisa déspota soltó a la mujer de un empujón. No alcanzó a caer al suelo porque el otro la atrapó antes de que sucediera. Se volvió a erguir en su postura regia, y con aquel ceño fruncido y labios levantados, miró a aquellos dos pelirrojos.
— Llévatela —le dijo al gigante, y los miró a ambos de pies a cabeza—. Sé ve que se reproducen como conejos —se burló—. Dos pelirrojos por metro cuadrado, ciertamente es una peste que hay que erradicar.
El altercado que se armó a penas mencionara esas palabras fue monumental. El sujeto de pelo largo lo había alcanzado y caído con él al suelo a pesar de la protección de los guardias, con una gran mano de dedos largos lo agarró por el cuello mientras que con la otra le daba golpes en la cara.
La muchacha corrió hacia ellos mientras los guardias dispersaban a la multitud que había comenzado a gritar, defendiéndose con golpes de pancartas.
— ¡No, Bill! ¡Detente! —gritó, saltando a la espalda del pelirrojo de cabello largo, intentando apartarlo de su víctima— . ¡No vale la pena, hermano! ¡Nos meterás en problemas y la protesta se irá al carajo! ¡Detente!
El hombre pareció reaccionar y se irguió en toda su postura alcanzando varias cabezas por encima de su hermana. Malfoy apenas pudo equilibrar su peso para poder sentarse. El puño de su camisa fue a parar a su boca sangrante y su sien amoratada. Los ojos grises destellaron hielo y la pelirroja retrocedió temblorosa, aferrándose a su hermano para que éste no atacara de nuevo.
— ¡Esta me las pagas, maldita rata de alcantarilla! ¡Piojentos mugrosos! ¿Cómo se atreven? ¡No tienen idea de quién soy! ¡Ustedes se la buscaron! —del interior de su chaqueta extrajo un teléfono celular y marcó un solo número— Blaise, llama a la policía.
— ¡No! —exclamó la muchacha y lo miró, suplicante—. Lamento lo que hizo mi hermano.
Malfoy la miró de reojo con el labio superior alzado a un costado señalando un colmillo, como un lobo apunto de atacar. Al otro lado de la línea Blaise contestó un "de inmediato". La mueca se transformó en una sonrisa siniestra, cortó el celular y se lo volvió a guardar. Con ayuda de uno de los paquidermos que tenía por guardias, se puso de pie. Se sacudió el traje como si nada hubiese pasado y miró a la muchacha desde arriba.
—Te estás metiendo con gente poderosa, mocosa. Te cruzaste en el camino de un Malfoy, ahora asume las consecuencias —escupió. Ella dio un paso adelante, alzando el mentón. La chiquilla tenía el rostro anguloso y la nariz puntiaguda, como una rata, pensó.
—Tú no sabes con quién te metes — dijo ella apretando los puños, atrás, su hermano la sostuvo por el hombro—. No soy una mocosa y sé muy bien lo que hago y por qué lucho. Si hay una rata aquí, eres tú, y sí, te tuteo, porque no mereces ni una pisca de mi respeto.
Malfoy abrió los ojos con mesura, hizo a un lado a uno de los guardias y se colocó frente a ella. Sus ojos la recorrieron de pies a cabeza, para reducirla, humillarla. Sin embargo, la mujer no se amedrentó.
— ¿Tienes agallas para enfrentarte a mí y a todo el conglomerado Malfoy, eh? —la sujetó por el codo, ella exhaló un gritito cuando apretó el agarre y la acercó a su nariz—. Escucha. rata inmunda: tú y tus malditos hippies tienen las horas contadas, la policía ya viene y tengo pruebas suficientes para enviarte a ti y al imbécil de tu amigo a la corte. Tú eliges, o te llevas a todos estos rastreros de mi territorio y olvidas el tema del parque, o te enfrentas a la justicia como la vil delincuente que eres.
— ¡No somos delincuentes! —gritó alguien. Las voces empezaron a manifestarse hasta que repentinamente ella se vio alejada de un tirón de Malfoy.
— ¡Ginny, corre! —la voz de su hermano la hizo reaccionar, una chica rubia la agarró por la muñeca y corrió con ella por delante mientras atrás se producía una batalla.
— ¡No, no, no! ¡Van a arruinarlo todo! ¡Tenía que ser pacifico!
— ¡Nada puede ser pacifico si te enfrentas a un Malfoy, tu madre te lo advirtió! — exclamó la muchacha que corría con ella. Ginny se pasó la mano libre por la cara, la tenía húmeda.
— ¿Cómo puede existir alguien tan vil? ¿Viste cómo nos trató? ¡Nos denigró a mí y a Bill! Trató a todos nuestros amigos como escorias, ¿qué se cree que es?
— Ya te lo dije —dijo la otra deteniéndose. Ambas doblaron varias esquinas hasta llegar a la entrada de una cafetería. Se apoyaron en la pared y respiraron profundo—. Malfoy es el hijo de un empresario importante que deforestó decenas de bosques y zonas protegidas en Reino Unido, incluso pagó influencias para obtener carne de ballena en Islandia, a pesar de estar en peligro de extinción. Cuando las personas tienen dinero y poder les da igual quien se interponga en su camino, si el oponente tiene dinero, lo compran, si es pobre, lo aniquilan. Ya viste cómo terminó lo nuestro, tu madre te lo dijo.
Ginny suspiró, se abrazó a sí misma y agachó la cabeza.
— Lo sé, Luna, lo sé…— se quejó. Recordaba las múltiples reclamaciones de su madre en cuanto a esa fascinación por la protección de la naturaleza que tenía desde niña, pero aún así la apoyaba en sus manifestaciones. Por suerte en más de una había conseguido algo—. Es que me cuesta creerlo… He enfrentado empresarios poderosos antes, me han insultado, solo que…—derramó un par de lágrimas y tembló—. Jamás me habían humillado tanto, nunca me había sentido tan intimidada por alguien antes.
Luna, su amiga, la miró de reojo.
— Creo que te afectó ver a alguien de tu edad en una posición de poder —suspiró—. Si es joven, su alma estará aún más corroída, pero si fuera un viejo apestoso de esos con los que hemos combatido, no estarías así —frunció los labios—. Creíste que te entendería, te asustó ver que alguien así no se ablanda si ve a alguien de su misma edad.
Ginny asintió con lentitud. Se pasó ambas manos por la cabeza y esperó que su hermano y amigos estuvieran bien. Algunas sirenas de policía sonaban a lo lejos, suplicaba por que hubieran logrado escapar.
— Disculpen, pero no pude evitar escucharlas —dijo un muchacho, sentado en una de las mesas de la terraza, ambas se giraron hacia él. Ginny, repentinamente, se sintió vulnerable. El tipo era apuesto, de cabello negro y ojos verdes, vestía con ropa deportiva, y un precioso Boyero de Berna descansaba a sus pies—.¿Están hablando de Draco Malfoy? —Ambas asintieron sin hablar—, era amigo mío en la universidad, el desgraciado me traicionó con un proyecto para extraer agua en zonas necesitadas —explicó frunciendo los labios, a Ginny el corazón le latió con rapidez—. Lo hicimos juntos, pero él se quedó con los derechos y las ganancias. Se lo vendió a su padre y, misteriosamente, lo hizo desaparecer. Aún hay gente en Etiopia esperando por el proyecto que les prometí hace cuatro años.
Ginny boqueó para decirle algo, pero ninguna palabra salió de su boca. Fue su amiga quien le evitó la humillación.
— Nosotros acabamos de escapar de una hecatombe a los pies de su edificio—dijo sonriente—. Soy Luna Lovegood, y ella es Ginevra Weasley.
— Ginny, para los amigos —dijo sonrojada. ¡Dios, se estaba comportando como una adolescente! Pero ¿cómo iba a imaginarse que se iba a topar con un chico guapo y más encima noble con los necesitados y la naturaleza? Claramente el perro que dormía a sus pies significaba algo.
— Un gusto, soy Harry Potter —dijo levantándose y dejando algunos billetes sobre la mesa. Tiró de la correa que tenía amarrada en la silla y el perro se levantó, moviendo la cola—. Ella es Maggie, mi mejor amiga.
Ambas suspiraron, estuvieron a punto de deslizarse por la pared. Harry metió la mano al bolsillo de su pantalón y extrajo un lápiz, anotó algo en una servilleta y se la entregó a Luna, ya que la otra parecía demasiado anonadada con lo ocurrido en la empresa de Malfoy como para reaccionar.
— Llámenme, podemos enfrentar a Malfoy juntos.
— Cla…claro —dijo Ginny.
Con un saludo de la mano se alejó trotando con su perro. Ginny soltó el aire, como si no se hubiera dado cuenta de que estaba aguantando la respiración.
— ¡Dios mío! — suspiró Luna.
— Y qué lo digas…—susurró Ginny.
Las sirenas de la policía comenzaron a sonar cerca de ellas. Se miraron asustadas y arrancaron de la cafetería antes de que fueran vistas.
Autora del capítulo: Kate Cobac.
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