¡Lamentamos la tardanza! Debo decir que lo más probable es que tardemos en publicar, ya que cada una anda en sus ocupaciones, trabajo y demás... Mas no vamos a dejar la historia inconclusa, hablaría muy feo de nosotras, ¿cierto?. Y además, ambas no hubiésemos siquiera pensado en publicar un nuevo fic, si no pretendiésemos culminarlo. Tarde o temprano, jejeje.
Ya está el capítulo. ¡Gracias por su tiempo!
Verde que te quiero verde
Capítulo IV.
Harry se detuvo frente a The Ritz. Se observó en la vitrina del restaurante y se pasó una mano por la cabeza, para ordenar ese cabello indomable que con la corrida se había desordenado aún más. A la derecha había una terraza con varias mesas de madera y adornos de tipo irlandés. La recepcionista le sonrió y se acercó a él con un menú.
— ¿Desea comer adentro?
Él miró a Maggie que se había sentado a sus pies. Sonrió moviendo la cabeza.
— Comeré afuera, gracias.
— ¿Menú para uno? —preguntó la mujer, apuntando a una mesa con una sola silla. Harry rió.
— No, para dos, por favor.
— ¿La pequeña, comerá con usted? —se rió ella, acuclillándose para acariciarle detrás de las orejas, la perrita se dejó, moviendo la cola.
— Le gustas —sonrió Harry, la recepcionista le devolvió la sonrisa con coquetería.
— Me gustan los animales.
— Ah, ¡qué bien! Como mi amiga con la que almorzaré —dijo, imaginándose a Ginny. Supuso que si la pelirroja luchaba por los derechos medioambientales, tenía que tener algún cariño particular por los animales. La muchacha frente a él pareció vacilar. Simplemente sonrió apretando los labios.
— Por aquí, por favor —indicó. Harry miró a Maggie y levantó los hombros, sin entender la actitud de la chiquilla.
Cuando estuvo instalado pidió un agua mineral con gas para zacear su sed mientras esperaba. La cachorra a sus pies se quedó dormida, Harry miró el reloj y se pasó una mano por la nariz.
— Está algo atrasada nuestra amiga, ¿no? —farfulló, la perra simplemente movió las orejas. Entonces escuchó que alguien decía su nombre. Sus ojos se dirigieron hacia la entrada, ahí la vio.
La muchacha fue dirigida por la misma mujer que lo recibió. Pudo notar, no sin reírse internamente, cómo la anfitriona miraba a Ginny de pies a cabeza, y es que la chica en cuestión era completamente diferente a sus habituales citas —si es que podía llamarse a eso una cita—.
Ginny tenía el cabello anaranjado, no rojo como otras pelirrojas, su piel era blanca y su nariz estaba bañada de pecas. Le llamaba la atención especialmente que sus cejas y pestañas fueran del mismo tono de su cabello, ya que le daba un aura más sutil y delicada. Comprendía la mirada curiosa de la mujer de la entrada, Ginny vestía un pantalón de mezclilla con agujeros y una camiseta holgada sin mangas que estaba abierta a los costados —un peto negro le cubría el pecho— , y llevaba un gran tigre impreso en la pechera. Nada de vestidos, ni tacos, ni maquillaje. Aunque podía notar algo de brillo labial y un toque de sombra en sus ojos. Ambos se sonrieron, pero la mueca de ella era especialmente tímida y… desconfiada.
— No te voy a morder —rió, y luego señaló a la dormida Maggie —y ella tampoco.
— Disculpa por haberte hecho esperar, pero el metro estaba atascado —dijo, sentándose con cuidado de no pisar la cola del animal. Harry sonrió, fijándose especialmente en cómo lucía.
No. No era una fashionista, no vestía como para matar, pero en el andar desde la entrada hasta la mesa pudo notar las piernas largas y el talle estilizado. Dejó su bolso, grande y abultado, a un lado de las patas de la silla. Hizo un gesto con la cabeza acomodándose el cabello hacia un costado y Harry súbitamente se dio cuenta de que había dejado de respirar.
¿Cómo alguien tan sencilla podía haber causado semejante reacción corporal en él? No era habitual, él no era así.
— No… —carraspeó— descuida. Pedí agua mineral, ¿deseas otra cosa para beber?
Ella parpadeó.
— No… agua está bien —parecía impresionada.
— Cuando hago deporte no me gusta tomar tragos elaborados, ni alcohol ni jugos con azúcar —dijo sorbiendo de su vaso, Ginny asintió algo cohibida.
Ella también carraspeó y fijó sus ojos en la mesa de al lado.
— Bien… esto… Malfoy —dijo, Harry parpaeó.
— ¿De inmediato al grano, eh?
Ella se sonrojó, Harry la encontró encantadora, sin embargo algo dentro él lo alertó ¿qué sabía de esta chiquilla?, ¿y si era menor de edad? Sus manos sudaron.
— Sí, quiero que me cuentes qué fue lo que sucedió exactamente con Malfoy.
Ginny se colocó un mechón tras la oreja, gesto que Harry no perdió de vista, aunque intentó poner atención en el relato de la muchacha. La manifestación pacífica, la falta de respeto de Malfoy, el interés nulo de querer escuchar. Ciertamente era un sujeto que buscaba pleito.
Suspiró cansado. Extrañaba al colega que alguna vez fue su amigo y compañero en la universidad, desconocía aquel comportamiento, aunque con el padre que tenía, tampoco era de extrañarse.
— Mira, sé que sonará extraño pero aquí podemos apelar a dos cosas, la primera —dijo alzando un dedo—, es pelear contra Malfoy, algo que puede costarnos muchas cosas, y la segunda —dijo alzando el otro dedo—, es volver a sacar de él lo que antes era, hacerlo entrar en razón.
Ginny lo miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.
— ¿Hacerlo entrar en razón? ¿Es que no escuchaste nada de lo que dije? ¡El tipo es un desgraciado! ¡No escatimara dinero en destruir todo por lo que hemos luchado! ¿Cómo se puede hacer entrar en razón a alguien así?
Harry sonrió con tristeza.
— Hace algunos años Draco y yo fuimos muy amigos. Teníamos varios proyectos y uno de ellos era la maquina extractora de agua para llevarla a África —contó—. Íbamos bien hasta que su padre, Lucius, lo convenció de venderle el proyecto cuando ya estábamos a punto de legalizarlo para hacerlo funcionar —suspiró y tomó un sorbo de agua, Maggie a sus pies levantó la cabeza y lo miró inclinándola, Ginny lo hizo fijamente—. Cuando estábamos con el papeleo avisé a varias comunidades que pronto les llevaríamos la maquina a su país, sin costo alguno, por supuesto. Bueno, cuando tuve la reunión con el abogado para legalizar, Draco nunca apareció. Siendo él el socio capitalista, porque yo era el ingeniero, no pude firmar los papeles, ya que necesitaba su firma para hacerlo legal.
— Déjame adivinar —suspiró Ginny, con una cierta mueca de compasión en su rostro—. Malfoy le vendió la mitad el proyecto a su padre, y como tú no eras el del dinero, bastó que ese tal Lucius pusiera más y él se quedó con el proyecto.
— Adivinas bien —dijo Harry elevando la mano para llamar a uno de los garzones—. Nunca creí que me haría algo así, cuando quise pedirle explicaciones simplemente me cerró la puerta en la cara.
— ¡Entonces entiendes mi punto, el imbécil es un desgraciado! —exclamó Ginny. El garzón que había llegad a su lado dio un salto de sorpresa.
— Oh, disculpa —dijo Harry —. Quisiera pedirte un Panini Caprese, ¿y tú linda?
Ginny se sonrojó.
— Este… ¿lo mismo? —dijo alzando una ceja. No tenía idea qué había pedido, pero si a Harry le gustaba, debía ser delicioso.
El garzón se alejó con el pedido. Ambos se volvieron a mirar.
—Es, en efecto, un desgraciado —rió Harry, Ginny casi se derrite ante el sonido encantador—. Pero si su padre ya no está, debe estar haciendo todo lo que hace como favor a él. Lo que quiero decir es…—Harry se pasó una mano por el cabello, Ginny apretó los labios—… rayos… Sé que Draco es una buena persona, lo era cuando estudiábamos juntos y sé que no quiso cagarme con el proyecto, fue su padre. Él tenía buenas intenciones, llevarle agua a las familias de África lo había vuelto un hombre diferente, pero… tener un padre como Lucius puede cambiarlo todo.
Ginny suspiró, entendiendo finalmente el punto de Harry.
— Crees que todavía queda algo del Draco que conociste, ¿no?, por eso quieres apelar a sus emociones.
— Quiero que sea sensato, que se dé cuenta que si sigue los pasos de su padre terminará con muchísimo dinero, pero solo y odiado por todo el país.
— ¿Y en qué te puedo ayudar yo con eso? Ya debe de haberme fichado —rió Ginny con amargura. Entonces Harry la sorprendió tomando su mano sobre la mesa.
— A Draco le gusta la gente con carácter. Tú fuiste a su propia empresa y lo enfrentaste, creo que lo mejor que puedes hacer es… volver a intentarlo.
Ginny sintió que algo amargo bajaba por su tráquea. Alejó la mano y lo miró ceñuda.
— ¿Y cómo haré eso? Probablemente mi fotografía ya la tiene la policía, había cámaras de seguridad por todos lados.
Harry sonrió con un matiz esperanzado.
— Yo te ayudaré, me uniré a tu comunidad y juntos llegaremos hasta Malfoy —dijo sonriente.
Ginny alzó una ceja y se apoyó en el respaldo de la silla cruzándose de brazos.
— Eres intrigante, ¿sabes? —dijo divertida—. Puedo saber ¿qué ganas tú con todo esto?
Harry sonrió, nuevamente con esa expresión lejana, soñadora.
— Quisiera recuperar mi proyecto, poder cumplir mi promesa a todas esas familias.
La muchacha sintió sus piernas de gelatina y agradeció por estar sentada.
— ¿Cómo harás para que entre a la empresa de Malfoy? Si te soy sincera, temo por mi seguridad y la de mis amigos que me acompañen.
Esta vez la sonrisa de Harry fue envuelta en un halo de misterio que le quitó el aire a la chica. Un escalofrío recorrió su espalda, dándose cuenta que sin querer había hecho un trato con alguien que apenas conocía.
— Tengo mis contactos —dijo.
Maggie acurrucó su cabeza en las piernas de su amo. Él la acarició.
Ginny asintió. ¿Qué más podía hacer? ¿Quería salvar la plaza Springs? Pues sí, ¿Entonces? Entonces no le quedaba más remedio que aceptar toda la ayuda posible, y ese Harry parecía saber más de Draco de lo que imaginaba.
oOoOoOoO
Draco miró por enésima vez los papeles esparcidos sobre la cama. Lo había hecho, había adelantado la destrucción de esa maldita plaza para un mes. Odiaba tener que esperar treinta días para poder cumplir su cometido, pero ¿es lo que habría querido su padre, no? Treinta días más, o treinta días menos, ese lugar iba a desaparecer de la faz de la tierra sucediese lo que sucediese.
Sin embargo algo dentro de él se retorcía como gusano en el anzuelo. Una de las carpetas estaba mezclada con las de la plaza, sus ojos se fueron directamente a esa que tenía la portada azul. La tomó con manos temblorosas, el título estaba ajado y las páginas sucias y arrugadas, las letras a medio borrar decían: Proyecto Matter, agua para comunidades en riesgo.
Sus manos apretaron la carpeta y la arrojó lejos, hasta que las hojas volaron al estrellarse con la puerta. Entonces se levantó. Se culpó a sí mismo por ser débil, se repetía constantemente que debía ser más como su padre. Miró las hojas desde arriba y recogió una sola, donde él y otro muchacho salían vestidos de traje en una elegante fotografía.
Fue inevitable, una lágrima cayó por su mejilla, y se odió como nunca por seguir alojando sentimientos nobles.
Autora del capítulo: Kate Cobac.
Nota: *Pannini Caprese; Tradicional sandwish Inglés de Mozzarela, albahaca y tomate.
¡Gracias por leer.! Quienes esperan ver el intercambio de parejas, pues, ya se verán las sorpresas, después de todo el fic es Draco/Ginny, ¿no? Jeje.
