¡Disculpen la tardanza! De verdad, ambas lo sentimos.

Pero ¡ya está el capítulo! Agradecemos los comentarios y a buena onda, ¡gracias, gracias! cada duda con relación a la historia, la iremos aclarando a medida que avance. Como vaya viniendo vamos viendo, decía el dicho.

Los dejamos leer...


Verde que te quiero verde.

Capítulo V


— ¿En un mes? Harry, ¿estás seguro?

— Bueno, en veinticinco días exactamente. Hace cinco días dio el aviso a la empresa demoledora.

— ¡Hemos perdido cinco días! — Ginny se llevó las manos a la cara, apretándose las mejillas.

— No lo tomes así, aún nos quedan veinticinco.

— El tiempo es oro, amigo. ¡Es oro! Y con el imbécil de Malfoy, no hay que perderlo. ¿Pudiste concretar con tus bien guardados contactos? ¡Debemos encarar a ese engominado ya mismo! Dime, y reuniré a mis amigos para el ataque. Yo…

— Relájate un poco, Ginny — Harry sonrió, encantado con el matiz rojo adoptado por la blanca piel de la muchacha.

— Me ofusca estar sin hacer nada, mientras hijo de papi se regocija por creerse vencedor.

— ¡Leche y galletas! — Molly Weasley llegó a la sala, sorprendiéndolos. Los jóvenes dieron un saltito sobre el sofá. — Sírvete, querido. Y si quieres algo más, no dudes en pedirlo. — Dejó la bandeja en la mesita.

La mujer sonrió a Harry, después miró a su hija. El hombre notó lo mucho que se parecían, sobre todo en los ojos, en la mirada.

— Espero ese ceño fruncido, no sea por la planeación de una locura.

La joven relajó sus facciones, después sonrió, mostrando todos sus dientes, blancos y derechitos.

—Te dije que no tienes de qué preocuparte. Aquí el señor — señaló a Harry — es muy sensato e inteligente. Agradece que se cruzara en mi camino.

Molly alternó su mirada, de Ginny a Harry, y viceversa.

— Confiaré, ¡confiaré! — exclamó. Después volvió a Harry. — Mucha suerte, querido. — curvó su boca en una pequeña sonrisa que Harry no supo cómo calificar. — ¡Estaré en la cocina! — giró sobre sí y se perdió de la sala.

El hombre observó las galletas y el par de vasos llenos de leche. Se le hizo agua la boca, hacía años que no comía galletas de coco cien por ciento caseras. Estiró un brazo, maravillado con el aroma, y tomó una galleta que olisqueó con deleite antes de devorarla.

Ginevra rió a su lado.

— Y por un momento me avergoncé de esto. ¡Leche y galletas! Pensé que podría molestarte ser tratado como un niño de diez años — cogió una galleta y le dio un mordisco.

— Están deliciosas — Harry repitió el bocadillo.

— Sírvete con confianza — y él se lo tomó en serio. Se zampó casi la mitad del plato de galletas con el placer de un pequeño comiendo su helado favorito.

Ginevra se enterneció hasta la médula, al verlo con su incipiente barba azabache llena de migajas. Después con un bigote blanco, resaltando por encima de su labio superior. Agarró una servilleta de la bandeja y sin pensarlo, le tomó del mentón y limpio el rastro de aquella merienda. Fue algo muy espontáneo, nada meditado, y ambos se sonrojaron apenas notaron la acción.

Harry se sacudió las manos, creyendo posible tomar la suave mano que aún sujetaba su barbilla, mas Ginny abandonó el contacto y se desvió hacia la mesita central, hacia el plato de galletas prácticamente vacío.

— Y bien… — dijo ella, y él creyó percibir cierto temblorcito en el tono de su voz. — ¿Quieres más?

— No — también miró el plato. — ¡Lo siento! Prácticamente me las comí solo.

— Descuida — dijo riendo, distensando el ambiente. — Mi mamá ha de haber preparado una montaña de estas delicias. Siempre se emociona en la cocina cuando tenemos visitas. ¿Seguro no quieres más? ¿Otro vaso de leche?

— Así está bien, gracias — se acomodó mejor en el sofá, y se preguntó si acaso era el único con el corazón desbocado.

— Bien — Ginevra descansó su espalda en el respaldar del mueble y observó a su nuevo amigo. Un hombre que era naturalmente guapo, siempre se vería así, guapo, aún lleno de migajas de galletas y con un bigote de leche.

Se obligó a sacudir su mente y a concentrarse en el tema principal. ¡Tenían veinticinco días!

— De acuerdo, ¿qué haremos?

— ¿Sobre qué? — Harry la miraba atentamente.

— ¡Sobre Malfoy! Hay que ponernos en marcha.

— ¡Oh! Claro, claro. – Harry volvió en sí. – De acuerdo, veinte días.

— ¡Veinticinco!

— Sí, veinticinco. – sacó el móvil del bolsillo de sus jeans. Ginevra pensó que haría una llamada, mas notó que el joven solo enviaba un mensaje de texto.

Esperaron dos minutos exactos, sin decirse nada. Ambos miraban a Maggie, la cual se había dormido junto a la chimenea desde el instante en que llegó.

El móvil de Harry volvió a sonar, a quien sea que le hubiese escrito, respondía.

Ginny miró a Harry con atención, pendiente de sus facciones. El moreno sonrió anchamente, observando su celular.

— ¡Listo! Hoy tendremos una oportunidad. ¿Qué hora es?

Ginny miró el reloj de aguja encima de la chimenea.

— Las dos de la tarde.

— Es temprano, vamos — le tomó la mano con naturalidad y se levantaron del sofá.

— Espera, ¿a dónde?

— A ver a Malfoy, ¿no era lo que querías?

— Sí pero, ¿hoy? ¿Ya mismo? — Harry agarró la correa de Maggie e inmediatamente la despertó, lanzando un agudo silbido. La perra alzó las orejas y se puso en cuatro patas.

— ¿No querías ya poner manos a la obra?

— Sí pero… ¿Y si llamo a Bill? Mi hermano, él podría acompañarnos y…

— No sé si sea buena idea — Harry acomodó la correa de Maggie y le acarició tras las orejas. Después volvió a erguirse. — Puedo hacernos pasar a nosotros, pero con tu hermano… No queremos hacer notar que pretendemos luchar contra la corporación.

— ¿Pero qué vamos a hacer? ¿Qué le diremos a Malfoy?

— Aquello que pretendías decirle el día de la protesta. ¿No tenías preparado un plan de conciliación?

— Pues sí, pero… — percibió los nervios haciendo burbujitas en su estómago. Una cosa era tener la idea de enfrentarse cara a cara con Draco Malfoy, y otra era saber que en unos minutos lo haría, lo tendría frente a frente. — ¿No podemos llevar a Luna? — siempre que luchaba por los derechos ambientales, por la naturaleza y la vida de los animales, tenía el apoyo de una mano amiga sobre su hombro.

— Ginny — Harry caminó hasta ella. — No tienes por qué estar nerviosa. Malfoy no es un mal tipo.

— ¿Estás seguro?

— Ya te lo dije, algo bueno tiene. Quizá muy en el fondo, pero es suficiente. Yo voy a estar contigo, no tienes que estar asustada.

— ¡No estoy asustada!

— Bueno — el hombre largó una risita. — Frenética — elevó sus manos y las apoyó sobre los hombros de la muchacha, luchando contra las ganas que tenían sus dedos de rozarle el cuello. Ginny utilizaba una camiseta ligera de tirantes; Harry se extasió con la suavidad de su piel. — No voy a dejarte sola, ¿de acuerdo?

Ginevra asintió, arrasada por la cercanía del moreno. Exhaló un suspiro y sonrió con nerviosismo. Era un recién conocido, pero qué bien se sentían sus manos sobre sus hombros.

— Bien — Maggie trotó hasta colarse entre ellos. Ambos la miraron. — Vamos.

— Ok — Harry sonrió.

— ¡Nos vamos, mamá! — bramó Ginny, alejándose para tomar su bolso y un abrigo.

— ¿A dónde? — cuando Molly salió de la cocina, con las manos llenas de harina, ya Harry y Ginny estaban en la puerta.

— A luchar por lo correcto — dijo Ginevra, alzando un puño al aire. Agarró la mano de Harry y lo arrastró con la perra hacia el exterior, cerrando la puerta.

Molly esperaba que el chico estuviese preparado.

oOoOoOoO

Su pelo engominado, unos ojos la mayoría de las veces fríos, recién afeitado, con aliento fresco, y un espantoso vendaje nasal en todo el centro de su fina cara. ¡Qué mierda! Y así debía presentarse en el trabajo, porque todos eran unos inservibles, y aquella ineptitud se multiplicaba si el jefe mayor no estaba presente. Debía implantar a sus empleados la presión necesaria para que fuesen útiles, así funcionaba una empresa.

En unos días sería la reunión extraordinaria con los viejos. Debían finiquitar los pormenores del contrato para la inversión del nuevo edificio. Aunque ya Blaise había adelantado parte del trabajo, aún quedaban detalles por concretar.

Se recostó en su silla y la meció un poco, buscando relajarse. Su oficina era amplia, enorme, con un gran ventanal que daba una espléndida visión de casi todo Londres, podría decirse. En su escritorio de caoba, magníficamente barnizado y pulido, tenía un montón de carpetas que debía mandar a archivar. Una computadora mostraba un documento a medio finalizar, y había un portalápices de cristal brillante con varios bolígrafos azules, negros y rojos. Las paredes eran grises, un tanto frías, y había uno que otro cuadro decorándolas. Un par de sillas frente a su escritorio (los empleados las llamaban "las sillas del juicio", y cuidado cuando estuvieses sentado ahí), y un elegante y costosísimo sofá de cuero auténtico. Fue el último inmobiliario que compró para el lugar. Era muy fino y nadie podía sentarse en él, ya que de lo contrario, el material se hundiría y perdería su original forma.

Draco paseó la mirada por su ostentoso espacio, había mucho silencio fuera de la oficina, tal como le gustaba. Llevó una mano a su cuello e hizo un movimiento circular con la cabeza, relajando la musculatura, y recordó que no había almorzado. Llamó a Beth por el intercomunicador, sin recibir respuesta. Miró su reloj y descubrió que a su secretaria aún le quedaban diez minutos de su hora de almuerzo. Ese día salió un poco tarde, terminando de redactarle unos memorándums que debía él firmar para uno de los inversionistas.

Respiró, se acomodó la corbata y levantándose de la silla, tomó su localizador y se dispuso a salir. Debía comer algo.

No había dado ni dos pasos lejos del escritorio cuando la puerta sonó. Para su sorpresa, Beth había llegado antes de tiempo. Usualmente, solía tomarse dos minutos más.

— ¡Pasa, Beth! Estaba a punto de… — las dos personas entraron de inmediato y cerraron tras de sí.

A Draco casi se le detiene el corazón de la sorpresa. Ahí estaban, sujetos de la mano como un par de novios estúpidos, la loca pelirroja y quien una vez, fue un gran amigo.

— ¿Qué demonios…?

— Antes de que pierdas los estribos, Malfoy…

— ¡Cierra la boca, Potter! ¿Cómo seguridad los dejó pasar? ¿Y qué haces con ella? esa niña demente…

— ¡Oye!

— ¡Fuera de aquí! — iba a rodear el escritorio para llamar a seguridad.

— Malfoy, por favor — Harry caminó hacia él, con Ginny aún de la mano. — ¡Sólo queremos hablar! Unos minutos, por los buenos tiempos.

— Hablar, ¡HABLAR! Esta maniática y sus cochinos amigos… — señaló a Ginevra, quien tenía las mejillas como un par de manzanas en temporada. — ¡Mira lo que hicieron! — señaló su nariz. Bajo la venda, aún se veía un poco inflamada.

— ¡Fue un accidente! — Ginny se desprendió de la mano de Harry y dio dos pasos más. Draco retrocedió, automáticamente.

— ¿Accidente? ¡TU ASQUEROSO NOVIO…!

— ¡ES MI HERMANO, IDIOTA!

— ME DA IGUAL QUIEN SEA — respiró hondo y tragó saliva. Sentía la boca seca. — Ese imbécil se abalanzó sobre mí, ¿y dices que fue un accidente?

— Sólo queríamos hablar. Lo siento, no pretendíamos… — Ginevra sabía que debía, sí o sí, bajar la guardia. Harry se lo repitió durante todo el trayecto. Bajar la guardia y ser veloces. Filip, uno los más destacados empresarios de la corporación, era un muy buen amigo de él, y había prometido darles tiempo con el jefe mayor mientras los guardias principales se tomaban veinte minutos libres para una cerveza; veinte minutos "milagrosamente" aprobados por el mismo Draco Malfoy. — Lo siento. Por favor, sólo escúchanos y…

— No voy a escucharlos — Llegó al botón de seguridad.

— Draco, por favor — Harry miró el dedo a punto de presionar la alarma. — Solo un minuto.

El joven Malfoy los miró, el cuadro era patético… y algo le hizo sentir. Harry Potter se acercó, quedando junto a la mujer. Draco miró como volvía a tomar su mano con confianza. ¿Desde cuándo se conocían? ¿Estaba Potter implicado con esa manga de vagabundos desde hace tiempo?

— Me sorprendes, Potter. Por un tiempo creí que tus gustos eran más… elegantes. No sé, más agradables y…

— No seas un imbécil.

— ¿De dónde se conocen? ¿Estabas aquí hace unos días, con ese montón de delincuentes?

— Escucha solo unos minutos y después…

— ¡No pierdan su tiempo! — cortó con autoridad. — Sé a qué vienen. Y debes saber ya, Potter, que no daré mi brazo a torcer, digan lo que digan. ¡Me conoces!

— ¡Sí! ¡Te conozco! Y por eso sé que…

— ¿Qué sabes? ¡Voy a destruir esa plaza! ¡Se hará escombros delante de todo el mundo! ¡Es MI plaza! ¡Es Mi dinero! Y nada de lo que digan o hagan, podrá evitarlo. — Pulsó el botón. — Maldita sea, esta mierda no sirve — masculló. — ¿Dónde están esos incompetentes?

— Es un hijo de puto, ¡te lo dije! — la voz de la muchacha actuó como aguijón sobre su cerebro. La encaró, altivo.

— ¿Qué has dicho?

— Hijo de puto — repitió ella, sin asomo de temor.

— Eh, Ginny, creo que es…

— Cállate, Harry — Ginny volvió a dejar su mano y caminó alrededor del escritorio. Se situó frente a Malfoy, envalentonada. Sentía una inesperada adrenalina correr por sus venas. — Hijo de puto.

— ¿Cómo te atreves a…? Mi padre… — Draco sintió que ardía. Una desagradable sensación se desplegaba por su vientre, comprimiéndole el estómago.

— Tu padre, hijo de otro puto, seguramente. Y tus hijos serán…

— ¡Cierra la boca! — levantó la mano, mas no la tocó. La cerró en un puño junto a su cara, y volvió a bajarla. — Fuera de aquí. — escupió con acidez.

La muchacha se acercó otro poco, muy segura de sí misma, muy valiente, muy decidida. Y Draco, por un segundo, se sintió impresionado.

— Nos vamos — dijo ella, respirando sobre él. El aliento de hierba buena penetró en sus fosas nasales. — Sí, nos vamos. Sin condiciones, sin nada. Pero a ti te dejaré una promesa — los ojos grises relampaguearon. Ginevra sintió un nuevo estremecimiento recorriendo su espina. — Quería conciliar, no sé… negociar, porque soy una persona inteligente, capaz, y trato de ser lo más justa posible en la vida. Pensé, por un momento, que tú podías ser igual. Harry cree, incluso, que eres… así, tal como dije. Pero no, ya veo que no. Y para no hacernos perder el tiempo aquí, en esta insípida oficina tuya, nos iremos. Pero te digo, Malfoy, que esto no se acaba aquí. ¡No que no! ¿Soy una delincuente? ¿Una vagabunda? ¡Pues bien! Ya verás lo que una delincuente y una vagabunda es capaz de hacer, cuando se meten con aquello que defiende justamente. ¡Ya verás!

— Ginny… — Harry la miraba, estupefacto. — Ginny, creo que mejor… — la muchacha parecía querer comerse a Malfoy. Ciertamente, parecía una loca.

— Seré la mosca en tu sopa — continuó la joven. — la piedrita en tus zapatos, la pestaña en tu ojo, el maldito pelo pegado al jabón de baño. Sí, ¡será una molestia! ¡Ya verás! Esa plaza permanecerá intacta. — Draco Malfoy no dijo nada, estaba tan pasmado como el mismo Harry Potter, incluso un poco más. — Sí. — Ginny recorrió su rostro, desde sus cejas fruncidas, formando arrugas profundas encima de su blanca y lisa piel, hasta la boca apretada en una línea. Se desvió hacia el nudo de su corbata y… — ¡DESGRACIADO! — Bramó como una auténtica lunática. Draco y Harry saltaron en su sitio, asustados. — ¡Una camisa de seda auténtica! ¡Auténtica!

— ¿Qué…? — Draco abrió los ojos como un par de huevos fritos. Harry hizo lo propio. La pelirroja había alzado las manos y tomado las solapas de la camisa de Malfoy.

— ¡Es seda! ¿Acaso sabes cómo se obtiene la seda? ¡Matan vida por hacer esta seda! Toman los capullos de aquellas orugas que aguardan la transformación, los calienten en hornos para matarlas, ¡y así obtienen su bendita seda! ¡De los capullos!

— ¡POTTER, AGARRA A TU LOCA!

— Ginny… — Harry se obligó a salir de su estado de estupefacción. Rodeó el escritorio y tomó un brazo de Ginny. — Linda, creo que ya… — Ginevra largó un bufido. Soltó a Malfoy de sopetón, haciendo que este perdiera el equilibrio. El hombre se tambaleó, apoyó una mano sobre la mesa, y trató de coordinar sus ideas.

— Ya — Ginevra respiró, echándose el pelo hacia atrás. Miró a Harry y después a Malfoy, ambos la observaban con un extraño brillo en sus ojos. Quizá se había extralimitado. — Bien, bien — tomó la mano de Harry, e hizo que se alejaran hacia la salida.

Pensó que Draco Malfoy diría algo más, por ello le lanzó una última mirada. El hombre aún no salía de su asombro. Sonrió internamente, y sus ojos chocaron con el costosísimo mobiliario de cuero. Lo conocía, lo había visto en un programa que hablaba sobre las mejores casas de famosos en todo el mundo. Con una sonrisa enorme, caminó hasta él. Harry la apresuró, ya con el pomo sujeto.

— Ginny, ¿qué…? — el moreno la miró, nuevamente pasmado. Ginevra se desplomó sobre el mueble, arrojando todo su peso.

— ¡LEVÁNTATE DE AHÍ! — gritó Malfoy.

— Es muy cómodo — se movió de un lado a otro, como queriendo asegurarse de dejar la marca de su torneado trasero. — Sí, muy cómodo — se levantó de un salto y arrancó hacia Harry cuando Malfoy trotó hacia ella, echando fuego por los ojos y hasta humo por su inflamada nariz.

El moreno y la pelirroja cruzaron el pasillo en volandillas, nunca habían corrido tan rápido, llevándose a quien sea por delante. Quien los viese, podría creer que huían después de cometer un asesinato.

Afortunadamente, el elevador los estaba esperando.

— ¡Estás loca! — exclamó Harry, recuperando el aliento en el ascensor. La mujer reía, aparentemente muy divertida.

— Ha sido fabuloso, ¿viste su cara?

— Estás loca — repitió Harry, rezando para que en planta, ningún guardia los estuviese esperando. Debían ir por Maggie y salir de allí lo más pronto posible.

Observó a Ginevra, apoyado a un lado mientras el elevador descendía, y notó su inmensa sonrisa, llena de orgullo y autosuficiencia.

¿Qué otra sorpresa le traería esa jovencita? La señora Weasley tenía razón; iba a necesitar mucha buena suerte.

oOoOoOoO

Draco Malfoy nunca había sentido a su orgullo tan herido, tan mancillado y ofendido. ¿Qué mierda había sucedido? Su cerebro aún no llegaba a asimilar del todo la escena más inesperada y rara de toda su joven existencia; ni siquiera había vuelto a llamar a los guardias, aún preso del estupor.

Miró, iracundo, su carísimo sofá. Ahí estaba, la perfecta marca de un trasero bien redondo y abultado. Maldita sea.

Esa mujer debía tener cuidado, ya estaba en su lista negra.


Autora del cap: Personaggio (Yanii)

Volvemos a pedir disculpas por la tardanza. Como mencionamos ya, ambas tenemos nuestras ocupaciones. ¡Pero así como la vida sigue, las historias también deben continuar! =)

¡Gracias por la paciencia y el apoyo! Pronto nos leeremos..