Capítulo.

¡Gracias miles a quienes están!


Verde que te quiero verde

Capítulo VI


Harry no cabía en su asombro y algo de incomodidad había invadido su estómago. Ambos se mantenían en silencio mientras veían a Maggie correr y jugar a través de los senderos de Hyde Park.

Ginny intentaba controlar su respiración, pero al parecer la rabia aún no la abandonaba. Harry suspiró y se sentó en una de las bancas, Maggie agitó la cola y se recostó a sus pies. Ginny se dejó caer a su lado.

— Lamento el escándalo —dijo cohibida, Harry notó cómo apretaba los puños; se pasó una mano por la cabeza.

— Realmente tu madre tenía razón cuando nos deseaba suerte —dijo, con un tono medio en broma, pero el gesto no alcanzó sus ojos. Volvió a suspirar—. ¿Por qué hiciste eso, Ginny? ¿Qué habíamos hablado?

Ginny se pasó las manos por la cara.

— Disculpa Harry —dijo con la cara cubierta—. No quería causarte problemas, pero es que ese idiota me saca de quicio. ¿Cómo puede ocupar una camisa de seda? ¿Qué se cree? ¿Cómo puede no existir una pisca de benevolencia en su alma?

— ¿En algún momento te has puesto a pensar que hay mucha gente que no asocia de dónde viene todo lo que come y usa, Ginny? —dijo Harry, con un tono más brusco, ella lo miró ceñuda—. Todos sabemos que la seda viene de un gusano y que el cuero viene de la vaca, pero nadie realmente lo asocia al momento de comprarlo. La sociedad es así, Ginny. Es grandioso que existan personas como tú, que quieran cambiar esa perspectiva, pero no puedes andar por la vida golpeando a la gente porque utiliza esas cosas, o porque coma carne.

Ella bajó las manos, sonrojada.

— ¿Estás decepcionado, no?

— No —respondió, apoyándose en el respaldo de la banca—. Perturbado, más bien. Realmente tienes mucho espíritu, Ginny, pero tienes que controlar ese temperamento —ella lo miró perpleja—. Quiero ayudarte y realmente quiero poder desbancar a Draco, pero no así, no a gritos y actuando como un delincuente. Me gusta ser político, Ginny, quedar bien con la gente. Por esa razón no puedo participar contigo en una manifestación, aquello no te llevará a nada, solo a que la policía te lleve presa. Me gusta el dialogo, conversar, apelar a las emociones.

— ¡Pero Malfoy no tiene emociones ni corazón! Él…

— Es un ser humano que tomó malas decisiones —dijo enfático—. Lo conozco mejor que tú. Te has quedado con la imagen del empresario que venden las revistas, yo tengo la imagen del amigo que alguna vez fue y de su entusiasmo por cambiar el mundo. No te quedes con la primera impresión, se puede apelar a sus emociones y así quiero trabajar. Creí que eras más sensata.

Ginny abrió la boca, ofendida.

— ¡Soy sensata!

— ¡No! —gritó, enojado, Maggie levantó la cabeza. Se volvió a inclinar, apoyando los codos en las rodillas y hundiendo la cara entre sus manos—. ¡Eres impulsiva Ginny! No te gusta escuchar, simplemente actúas, con eso solo conseguirás meterte en problemas. ¡Tienes que aprender a controlarte! ¡La única oportunidad que teníamos de dialogar se fue el carajo por tu insensatez!

Ella se quedó estática un segundo. Miró a Harry, sus ojos verdes se perdían en el horizonte, donde se vislumbraban los edificios tras el sendero verde del parque.

El corazón se le apretó y se sintió inmensamente pequeña. No le gustaba que su energía se apabullara de esa forma. Siempre se había sentido poderosa e importante. Creía que luchaba por un ideal y que el mundo debía seguir su ejemplo, porque lo que ella hacía era lo correcto.

Sus padres y hasta Luna muchas veces le habían dicho que tenía que tomar las cosas con más control y calma, mas solo conseguía intensificar su rabia, terminando de enfocar esa energía en manifestaciones y ruido que terminaban por meterla en problemas.

Era la primera vez que alguien le decía en su cara que era una inmadura, que no le gustaba dialogar. Pudo entender entre líneas lo que Harry había querido decirle de forma políticamente correcta, como a él le gustaba. Apretó los labios.

— Anda, suelta —le dijo—. Dime lo que opinas —él la miró ceñudo—. ¿Crees que soy una niña, no? Una inmadura como todo el mundo cree.

— Yo no he dicho…

— Pero lo intentaste —dijo dolida—. Pude entender que quisiste decirme aquello —se puso de pie con rabia, Maggie se sentó en sus patas traseras moviendo la cola, como si creyera que la llevarían a pasear —. Soy impulsiva, soy intensa, me gusta el ruido y que me vean. Soy mujer y pequeña, no soy visible. La única forma de hacerme notar es con escándalo y lo seguiré haciendo. ¡Porque Malfoy debe entender por las malas que es un bastardo y que no merece la compasión de nadie! ¡Merece que sus proyectos se vayan a la mierda por ser tan hijo de puta y puto! ¡Ese desgraciado no se merece nada!

— ¡Ya basta! —exclamó él poniéndose de pie. Los ojos de Ginny se habían anegado en lágrimas, producto de la irritación —Estás hablando en base a la ira, Ginny. No puedo ayudarte si lo que buscas es una venganza. Yo quiero cambiar el mundo, pero quiero hacerlo bien. ¿Qué quieres hacer tú?, ¿cambiar el mundo o vengarte de Malfoy?

Ginny apretó los puños, Maggie ladró. Agitó la cabeza y se secó las lágrimas con violencia.

— Quiero salvar esa plaza, y lo haré con o sin tu ayuda.

Y corrió alejándose de ahí. Harry la vio alejarse, totalmente sorprendido, no se esperaba aquella respuesta y mucho menos que saliera arrancando.

oOoOoOoO

Se sentía una idiota. Parecía gato enjaulado moviéndose de un lado a otro. Luna mientras, leía una revista recostada sobre la cama.

— ¿Quieres sentarte? Me estás poniendo nerviosa —le pidió. Ginny se detuvo y se sentó bruscamente en la cama. Elevó las piernas y las cruzó. Luna dio un bote.

— ¿Por qué no lo llamas? —le dijo sin elevar la vista de la revista. Ginny apretó los labios.

— Por orgullo —masculló. Abrazó un cojín y miró a su amiga por encima de las borlas que lo decoraban—. ¿Qué voy a hacer, Luna? Es un hombre increíble, pero me dijo todas esas cosas y…

— No te dijo más que la verdad, Ginny —habló Luna, soltando la revista finalmente. Se sentó frente a su amiga y la miró—. ¿Qué tiene de malo que haya dicho que eras impulsiva? ¡Lo eres! Y sabes que es un tremendo defecto en ti. Lo siento mucho, pero en ésta estoy con el bombón.

— ¡Luna! —profirió, arrojándole el cojín.

— ¡Piensa con la cabeza fría, amiga! —exclamó—. Harry te consiguió una cita en la misma oficina de Malfoy, dijiste que movió contactos, arriesgó su trabajo y todo ¿para qué?, para que lo arruinarás al primer intento. ¡Yo también te habría gritado! ¿Sabes?

Ginny se arrojó sobre las almohadas a su espalda y observó el techo de la habitación de Luna, que estaba repleto de calcomanías luminosas.

— Soy una idiota…—susurró.

— Sí, lo eres —acotó la rubia—. Ahora llámalo —dijo, entregándole un celular.

Ginny miró el aparato con incredulidad, pero entonces se sentó en la cama y lo tomó.

— Le demostraré a Harry que no soy una insensata —sacó una tarjeta de su pantalón y marcó un número. Al instante le contestaron, ella suspiró con los ojos cerrados—. Hola… ¿Me puede comunicar con el señor Draco Malfoy, por favor?

Luna abrió la boca, desencajándola. ¿Qué pretendía su amiga?

oOoOoOoO

Harry no podía terminar de beber su café y tampoco de leer su libro. Tenía su cabeza puesta en aquella muchachita que lo había sacado de quicio como nunca nadie lo había hecho. Había arriesgado su trabajo y reputación, aunque Ginny no debía saber aquello.

Maggie mordía un hueso y él la observaba en la soledad de la sala de su pequeño departamento.

Suspiró. Tal vez no debía haberle gritado.

— ¿Qué opinas, amiga mía, crees que actúe mal? —Maggie lo miró—. Siento que tal vez se me pasó un poco la mano, pero… es demasiado impulsiva, actúa por deseo de venganza, tal vez necesita que alguien le haga poner los pies en la tierra.

La perrita ladró, Harry sonrió.

— ¿Y si la llamo? —le preguntó, mirando su celular sobre la mesa, ella volvió a ladrar—. Es algo tarde, ¿no crees? —dijo, mirando el reloj de la pared, ella hizo un gemidito. Harry rió—. ¿Le dejo un mensaje? —Maggie se cubrió el hocico con ambas patas delanteras, Harry liberó una carcajada pequeña—. ¿La llamo entonces? —La perrita se sentó en sus patas traseras y ladró varias veces. Harry se levantó del sillón donde estaba leyendo y cogió el celular. Pero justo cuando tenía el aparato en sus manos, el timbre de la entrada de su edificio sonó con un pitido. La perrita ladró, Harry arqueó una ceja—. ¿Quién será a esta hora?

Cogió el auricular de la pared y contestó:

— ¿Diga?

— ¿Harry?...hola… disculpa la hora, ¿puedo pasar? Por favor… es urgente…

La perrita se colocó frente a la puerta y sacudió la cola. Harry se puso blanco.

— ¿Cho?

OOoOoOoO

Ginny no halló el modo de comunicarse con Malfoy, así que trató de idear un plan junto con Luna, Lavender y Parvati, dos chicas más del equipo verde anti atentados naturales.

Las cuatro muchachas se reunieron en la casa de Luna, cuyo padre amenazó con tener las puertas abiertas para escuchar cada idea desfachatada que se les ocurriera.

— Bien, ¿cuál es el plan? — preguntó Ginny, mientras sus amigas se divertían viendo las revistas de Luna, repleta de hombres desnudos—. ¡Chicas!

Parvati levantó la cabeza y sacudió una mano.

— Danos un respiro, Ginny, acabamos de llegar.

— Están mirando porno, no es algo que alimente neuronas —dijo, cruzándose de brazos. Aunque se moría por ver esas revistas, tenía la cabeza demasiado caliente como para calentar otro lado del cuerpo con fotografías.

— ¡No seas tan amargada! —exclamó Luna, quien se encontraba recostada en el suelo, sobre un montón de cojines con bordado Indio. Lavender lanzó un gritito entusiasmado cuando encontró un poster gigante de un tipo completamente encuerado.

— ¡Ay Dios! Que me encuentre en un callejón oscuro y me agarre contra la pared, no pondré resistencia.

Todas rieron menos Ginny, que se había encaramado sobre el alfeizar de la ventana y miraba hacia el jardín repleto de lamparitas colgantes, lo que le daba al sitio un aspecto mágico y encantador. Un paisaje demasiado ajeno a sus sentimientos y al éxtasis de sus amigas.

Suspiró. Luna levantó la vista y llamó con el codo a las otras dos.

— Vamos, Ginny, ven a leer con nosotras.

Ella se giró a mirarlas.

— No —susurró—. Tengo que hacer algo, no puedo quedarme así.

Luna rodó los ojos.

— ¿Aún estás enojada? Han pasado horas.

— No viste sus ojos cuando me gritó, Luna…—susurró—. Me sentí tan… pequeña, insignificante.

—¡Pero claro! Ese bombón debe tener al menos diez años más que nosotras, mentalmente hablando. Eres una cría a su lado, amiga.

Ginny suspiró. Era cierto, era una cría inmadura, y odiaba la idea.

— Necesito un plan para limpiar mi reputación con él, no quiero terminar así —dijo con determinación, Lavender la miró, elevando los ojos de la fotografía que aún no soltaba.

— ¿Quieres limpiarla con él, o con Malfoy?

Las orejas de Ginny enrojecieron.

— ¡Quiero matar a Malfoy! —aulló, sorprendiéndolas a todas—. Pero más quiero ponerme de buenas con Harry.

Parvati alzó una ceja y miró a Luna, quien alzó los hombros. Ginny notó aquella conducta secreta, alguna idea estaban intercambiando.

— Ginny, si te cuento algo prométeme que lo tomarás con calma, ¿sí? —dijo Parvati. Ginny, intrigada, se bajó del alfeizar y se sentó entre sus amigas.

— ¿Qué? ¿Sobre Malfoy?

Las tres asintieron. Ginny repentinamente se sintió idiota.

— ¿Todas saben de qué se trata?

— Lo descubrí hace unos días y se los conté. No creía prudente decírtelo si andabas con la cabeza caliente —acotó Parvati, Lavender le dio la razón.

Ginny suspiró y cerró los ojos, no iba a explotar. Pavati tenía razón, era un buen punto.

— Está bien… —dijo, respirando con rudeza—. ¿Qué es?, ¿nos ayudará a desafiar a Malfoy?

— Mejor, será nuestra arma para luchar contra él —rió Parvati. Ginny se quedó estática.

— ¿Qué es?

— No qué, quién —interrumpió Lavender—. Malfoy estuvo comprometido hace algunos años con una mujer de nombre Cho Chang —contó, Parvati asintió.

— Y como la vida es justa, resulta que mi padre es el abogado personal de la familia Chang —agregó—, y su hija trabaja en el bufet junto con él. La conocí hace una semana, es un encanto. Me dio su teléfono para salir algún día.

A Ginny se le desencajó la mandíbula. ¡Tenían la jaula! Ahora solo faltaba la carnada y ¡Bamg!

Se arrojó sobre sus amigas, totalmente entusiasmada, no lo podía creer, ¿cómo podía tener tanta suerte?

— ¡No puedo creerlo! ¡Son geniales!

— Lo sé, ahora ¿quieres comportarte como alguien normal y disfrutar de estas maravillas naturales?—dijo Parvati, señalando las foto, Ginny sonrió y tomó una revista. Silbó con los labios bien juntitos.

— Guapo, pero no de mi gusto —rió. Luna le dio un codazo.

— Eso es porque quisieras ver al bombón en primera plana, y con sus atributos bien expuestos, ¿eh?

— ¡Luna! —Ginny soltó una carcajada, pero aunque creyó que sentiría algún movimiento pélvico por imaginarse a Harry tal cual la vida lo envió al mundo, lo cierto era, que nada ocurrió y no pudo más que extrañarse.

¿Qué estaba ocurriendo con ella?


Autora del capítulo: Kate Cobac

¡Gracias por leer!

¿Les está gustando? A nosotras nos divierte escribirlo, y esperemos les esté siendo entretenido la lectura. =)

¡Hasta el próximo cap!