¡Feliz año nuevo a todos! Desde nuestros rincones, les deseamos a todos lo mejor para este 2016.
Lamentamos la tardanza, cosas de la vida. Pero ya el capítulo, ojalá les guste.
¡Gracias miles por estar!
Verde que te quiero verde
Capítulo VII
Qué días tan raros, pensó Harry. Raros y locos, y todo por culpa de Ginny.
Ginny, Ginny… No había vuelto a cruzar palabra con ella desde el incidente en la oficina de Malfoy. ¿Debía buscarla y decirle, como mero desquite, que se veía con la mierda hasta el cuello por ella? ¡Que se sintiera mal por su estúpida falta de control! Se lo merecía, por impulsiva y terca.
— Ginny, Ginny — suspiró, medio negando con la cabeza. Dos días desde aquella loca peripecia, y ya extrañaba charlar con ella.
Estudió la hora en su celular, Cho tenía treinta minutos de retraso. Se llevó una mano al pelo, echándoselo hacia atrás, y llamó al mesero para pedir otra naranjada.
Sorbiendo de su pajilla flexible, pensó en la plática con Cho en su departamento, las acciones de Malfoy buscando una demanda contra él… ¿Por qué no contra Ginny también? Se alivió al saber que el rubio no había mencionado el nombre de la muchacha cuando se comunicó con el abogado, pero ¿por qué? Si a leguas se notaba el desprecio profesado… ¿por qué razón la apartó de su desagravio, llevándolo todo hacia él? La duda le carcomía el cerebro.
— ¡Lamento la tardanza! —Cho llegó como un vendaval a la mesa. Su largo y liso cabello tenía muchos mechones dispersos, como si no se hubiese pasado siquiera un cepillo. — El bufet ha estado de locos. ¿Cuándo decidí ser abogada? — dejó su bolso a un lado.
— ¿Algo de beber?
— Lo mismo que tú — señaló la naranjada que hacía dos minutos le habían llevado.
Harry volvió a llamar al mesero y repitió la orden. Cuando Cho recibió su pedido, dio un largo y enorme sorbo, muerta de sed.
— ¡Excelente! — exclamó. — Bien, ahora…
— He estado pensando mucho en todo lo que me dijiste…
— He investigado un poco más — la mujer se inclinó a un costado para tomar su bolsa. Sacó un delgado sobre de manila. — Quizá te asusté de más, lo siento.
— ¿Malfoy no tomará acciones legales?
— Oh, claro que sí. ¿No lo conoces?
— ¿Entonces? ¡Es grave!
— Se trata solo de una orden de restricción, Harry. Nada del otro mundo. Draco vive solicitando ordenes de este tipo para todos. Es un arrogante completamente asocial.
— ¿No tomará acciones contra mi trabajo? — Harry apenas estaba emprendiendo con su pequeño negocio. Temía a la ideas de Malfoy, ¿si buscaba arruinarlo? Contaba con el dinero necesario para dar los primeros pasos, pero si Draco buscaba venganza, bien podría quitarle lo que con tanto esfuerzo había logrado conseguir.
— Por lo que pude averiguar, no — Cho revisó el sobre y sacó un par de cuartillas, engrapadas una con la otra por una de las esquinas. — Te quiere lejos de él.
— Eso no será un problema.
— Estaré en un gran lío si saben que saqué una copia de esto, Harry, así que por favor…
— Descuida. No diré nada — tomó el documento y lo ojeó por encima, leyendo el encabezado. Después miró a la mujer, ella volvía a beber de su naranjada — Cho — se fijó en él. — ¿Por qué te arriesgas? — podría perder su oportunidad en el bufet si se enteraban que sacaba documentos.
La mujer por poco se ahogó con el zumo. Carraspeó un par de veces y tomó una servilleta, se le había derramado un poco en la barbilla.
— Bueno… nos conocemos desde hace mucho, y pensé que… era la correcto.
Harry agradecía su ayuda e interés, pero con Cho no llegó a entablar nunca una verdadera amistad. Su relación con Draco fue demasiado efímera como para ser tomada en serio, pese a que en alguna ocasión se habló hasta de matrimonio, y aún cuando él y el rubio eran amigos en aquel tiempo, Harry jamás se había tomado el tiempo de conocerla.
— Gracias — sonrió. — Pero no debiste…
— Draco es un bruto — injurió ella. — Cuando escuché las acciones contra ti, creí que sería algo más grande. ¡Ese idiota! ¡Siempre buscando dañar a quienes alguna vez se interesaron por él! ¿Olvidó lo buen amigo que eras? ¡Idiota! ¡Idiota! Me sorprende que aún conserve a Zabini… ¿Recuerdas a Theodoro Nott? ¡Eran inseparables desde los diez años! Cursaron toda la primaria y secundaria juntos. ¡Camaradas! Y lo demandó por más de cinco millones de dólares al creer que se había robado las ideas centrales para el nuevo emplazamiento de un centro comercial.
Harry recordaba el caso vagamente. Su padre, el temible señor Lucius Malfoy, aún vivía.
— Hace unos meses buscó dejar en quiebra al dueño de la cadena de reparaciones Macs, ¿sabes? Los que reparan artefactos electrodomésticos. Es gente modesta, tienen apenas cinco años con el negocio y solo dos establecimientos en la ciudad. Llamé al señor Tylor Macs apenas me enteré de todo. — Harry abrió la boca para decir algo, pero Cho continuó. — ¡La cara que debió poner ese engreído rubio al enterarse de un contraataque!
El moreno creyó entenderlo todo. Cho podía ser buena persona, pero más que ayudar a quienes Draco Malfoy buscaba afectar, trataba realmente de frustrarle sus planes, de arruinarle el oficio, de privarle de una buena tajada de victoria y de más dinero.
Sí, mujer indignada, mujer peligrosa. Harry se preguntó si de verdad ella estuvo enamorada de él… aquella hipótesis pensada hacia un minuto, le hacía creer que sí.
— Cho…
— Te han de llamar pronto para una citación. Solo tendrás que firmar el original de esto — señaló el documento — y alejarte.
— ¿Será todo?
— Sí, y no —él la miró por encima de sus gafas. — El problema detonó por una plaza, ¿verdad? Hicieron mención de ello en la oficina.
— La plaza Spring, sí — el nombre de Ginny volvió a resonar en su mente.
— Draco planea hacerla desaparecer. Y lo hará pronto.
— Sí — asintió con la cabeza.
— Ya veremos — los ojos orientales de la mujer brillaron, conforme su boca se curvaba en una media sonrisa. Harry no se atrevió a preguntarle qué planeaba, solo la observó sacar el celular y hacer una llamada.
OOoOoOoO
Ginevra no se había atrevido a llamar a Harry nuevamente. Le tenía mal aquella situación. ¡El hombre era maravilloso, y ella había echado todo a perder!
— Es tu culpa — señaló la revista sobre su cómoda — tu culpa, tu culpa, tu culpa — hizo un puño con una mano y lo estampó sobre la cara de la revista People, se sintió un poco mejor al recordar al hombre con su lastimada nariz. — Desgraciado — arrugó la cara y se lanzó a la cama. Tenía que hacer algo, no podía sentarse a esperar a que Luna creyese conveniente actuar. Parvati le había dejado el número de Cho Chang a la mano, ¿por qué no llamarla? Una nueva aliada, y más una como Cho, podía ser de gran ayuda. En la unión está la fuerza, decía siempre.
Buscó su celular y discó el número, la señorita Chang atendió de inmediato. Ginny se presentó, le explicó en pocas palabras la situación y sus ideas, y un no sabía qué en la voz de Cho al ofrecer su ayuda, le auguraron algo que prometía ser bueno.
Colgó, con una ancha sonrisa. Cho le había asegurado que se comunicaría con ella.
Al día siguiente, estaba de muy buen humor. Tarareaba canciones y sonreía bailando de allá para acá.
— ¿Qué planeas ahora? — su madre había entrado a la habitación. Cargaba un enorme cesto de ropa.
— Nada — se detuvo para ayudar.
— No me gusta verte aquí, sin nada que hacer.
— ¿De qué hablas? Estoy…
— Sé que presentarás las pruebas de re-admisión a la universidad en Noviembre, pero mientras esperas, creo que podrías…
— ¡Estoy muy ocupada!
— Por supuesto que no — se sentó en la cama y comenzó a doblar pantalones. Ginny hacía lo propio con las camisas. — Entro acá y te veo sonriendo y bailando como una loca. Planeas cada cosa que hace que la policía llegue a ustedes… nada, necesitas tener la mente ocupada en algo productivo. ¿Por qué no buscas un empleo de medio tiempo? Te gusta trabajar, no sé por qué dejaste la tienda de perfumes, si hasta descuento te daban.
— El hijo de la dueña era un acosador.
— ¿Trató de hacerte algo alguna vez?
— No, pero no me gustaba como me veía el culo — apartó las camisas y empezó con las medias.
— ¿Cómo puedes saber cuando alguien te mira el culo? ¡Está detrás de ti! — ambas rieron.
— No te preocupes, mamá. Conseguiré algo, solo deja que solucione lo de la plaza.
— ¡Esa plaza! No está en tus manos, cariño. Deja que…
— Algo haremos.
— Ninguna estupidez
— Descuida — ya había sido suficiente con su impulsividad en la oficina de Malfoy.
— Hey, ¿Harry no planea volver de visita?
— Espero que sí — deseó Ginny.
— Es bastante apuesto — habló su madre, quien pensaba que de Ginny tener novio, no se tendría que preocupar tanto por sus creativas ideas.
Pero así era Ginny, siempre pensando alguna idea, una más creativa y chiflada que la otra.
Conforme terminaba de guardar su ropa interior, rememoró el encuentro con Draco, desastroso. Se le había ido la chaveta, lo admitía. ¡Culpa de Malfoy! Se repetía mentalmente. Ese hombre era un cínico, descarado y ambicioso. ¿Cómo no perder la compostura ante una persona así? ¡Era un pedante desgraciado!
— Pero no debiste actuar así — se dijo. Recordó los ojos de Harry, el tono de su voz… después, pensó en Malfoy. El hecho de que se tratara de una bestia engominada, no justificaba su actitud. ¡Ella era mujer civilizada! Dijeran lo que dijeran sobre los ambientalistas, animalistas, activistas, hippies…
¿Y si volvía a tratar de llamarlo? Imposible. Intentar comunicarse por teléfono con Draco Malfoy era casi tan difícil como tratar de hablar con la reina de Inglaterra. Sería todo más sencillo si…
Miró la revista People. Debajo de ella, había un par de revistas porno que había cogido de la casa de Luna. Menos mal su madre no las vio.
Sus ojos estudiaron por enésima vez la cara del rubio. No iba a pensarlo más; se arregló en media hora y salió hacia la corporación.
¿Qué podía esperar? Llegó a imaginarse su cara impresa en un papel y pegada en cada pared de la empresa.
Las oficinas de la compañía siempre tenían movimiento, gente entrando y saliendo. La mayoría de las personas se dejaban absorber por sus celulares, por lo que poco le prestaron atención. Había pensado en vestir su ropa más formal, para mezclarse; vestía un pantalón casual color negro, una camisa de algodón blanca y un par de zapatos con ligero tacón que sólo había utilizado una vez. Se recogió el cabello en una coleta y usaba un coqueto sombrero para ocultarse un poco más. Aquello le resultaba muy divertido. Inmaduro y absurdo, diría Harry, ¡pero divertido! Lo único que destacaba en su improvisado atuendo, era una cartera de cuero falso que colgaba hacia un lado de su cadera.
Entró a recepción sin inconveniente, los guardias miraron de reojo al pequeño grupo en el cual se había mezclado; todos hablaban por teléfono y revisaban carpetas. Al verse dentro, no sabía si dirigirse a la recepcionista, o ir directamente a la oficina de Malfoy. El hombre no iba a recibirla por las buenas, debía, como la primera vez, ingresar sin permiso ni espera. Y después ¿qué? No cargaba consigo ninguna ofrenda de paz, más que sus palabras.
Miró las puertas del ascensor, el mismo descendía hacia planta. Un grupo de viejos con traje de etiqueta la rodearon, esperando. Cuando el elevador abrió sus puertas, los ancianos se apartaron. Ella se vio obligada a hacer lo mismo. Tras un joven alto, moreno y bastante atractivo, estaba Draco Malfoy.
Mierda, Ginny — se alteró. Algo brincó en su panza. Tomó el borde de su sombrero y lo haló hacia delante, tapando su cara lo mejor posible.
— ¿Tienes los contratos? — preguntó el rubio al otro joven. El moreno negó con la cabeza, sin apartar los ojos del celular. — ¡Joder, Blaise! Se supone que los tomarías de mi escritorio.
— Beth me dijo que tú los llevarías. — salieron del ascensor. El grupo de viejos entró de inmediato, Ginny se quedó de pie, cortada.
— ¿Desde cuándo le haces caso a una simple secretaria? ¡Tenías que…!
— ¡Bueno, ya! Voy por…
— Olvídalo, iré yo. Espérame en el estacionamiento.
Blaise Zabini se alejó, aún con el celular casi tocando la punta de su nariz. Draco Malfoy volvía frente al ascensor, aguardando su regreso. Ginevra Weasley estaba a punto de echar a correr.
¡Ahí lo tenía! Una oportunidad. Respiró hondo y esperó junto a él; el aire se perfumó con una colonia de marca que se le hizo familiar. Poco a poco se alzó el sombrero, buscando verlo. De reojo pudo estudiar su perfil, ya no tenía la férula en su nariz, sólo una pequeña bandita color piel.
Rezó, rezó y rezó para que nadie más llegase a ellos. Cuando el elevador llegó, agradeció con fervor la concesión a su deseo; nadie venía dentro, y nadie más que ellos esperaban para usarlo. Entró después de Draco, quien no la miró siquiera por curiosidad.
Respiró hondo, se quitó el sombrero y dejó caer su pelo rojo-naranja. Sentía que le sudaba el cuero cabelludo.
Miró al joven Malfoy, abstraído con los números que indicaban los pisos. Se arregló unos mechones rebeldes y carraspeó, llamando su atención. Draco parpadeó un par de veces antes de clavar sus grises ojos en ella.
— Pero qué demonios…
— ¡No vengo a pelear! ¡De verdad! Solo…
— ¡Largo de aquí! — el hombre vio el ascensor de arriba abajo. Estaba atrapado, con esa demente.
— Yo solo quiero…
— Mierda — su mano pulsó un botón del elevador, esperando a que abriese sus puertas en el próximo piso. — Joder — siguió pulsando.
— ¡Sólo quiero hablar! ¡Y deja de hacer eso, que vas a…! — un ruido metálico se escuchó arriba de ellos y de pronto, se detuvieron.
— ¿Qué coño pasó?
— ¡Lo averiaste! — estúpido, estuvo a punto de gritarle. Se mordió la lengua. Caminó hasta los botones y presionó el que indicaba "emergencia". — Se supone que esto hace sonar una alarma inmediata. Lo arreglaran en un momento.
— ¡Joder! — con un puño golpeó las puertas.
— Vas a dañarlo más.
— Una mierda, es mi puto ascensor — volvió a golpear.
— Después nos llamas a nosotros dementes incivilizados — murmuró entre dientes.
— ¿Qué?
— Nada — respiró para calmarse. — Yo vine a…
— Te quiero lejos de mi vista.
— Será difícil si no puedo salir —dio un paso pequeño hacia delante. — Malfoy, solo quiero…
— Una mierda.
— ¡Escucha, por Dios!
— ¡Nada bueno me ha pasado cada vez que te cruzas en mi camino! Así que…
— ¡Escúchame y ya!
— ¡No quiero escucharte!
— Por favor — suspiró, cansada. — Por favor, sólo quiero disculparme.
Draco la observó, respirando fuerte. Esa mujer estaba cumpliendo con su maldita promesa, era peor que una piña debajo del brazo.
¿A qué jugaba yendo nuevamente? ¿Qué pretendía? ¿Realmente disculparse, o tenía alguna otra sorpresita bajo la manga?
— ¿Viniste sola? — ella asintió con la cabeza. — ¿Y Potter? ¿Ya notó la clase de gente con la que…?
— ¡NO EMPIECES! — bramó, Draco saltó en su sitio. — Ya. Lo siento, lo siento. Dije que no gritaría y no gritaré. ¡Ya! — sacudió sus manos. — Lo siento.
El hombre alzó una ceja, detallándola con ferviente intensidad. Con la guardia baja, parecía una mujer casi normal.
— Malfoy…
— Señor — dijo él, relajando su postura y metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón. Sonrió internamente… podía sacarle algo de provecho a la pequeña "rendición" de aquella muchachita.
— ¿Cómo? — Ginevra había escuchado bien, mas no quería…
— Señor Malfoy, soy el señor Malfoy — ahora sí, su boca sonrió de verdad, más cuando la joven resopló entre dientes, totalmente ceñuda.
— Bien, SEÑOR Malfoy — Ginny hizo uso de todas sus energías, para no mandar todo al carajo. — Vine a decirle que lo siento.
— ¿Qué sientes?
— Todo.
— Enuméralo.
Ginevra apretó la mandíbula.
— Siento… — exhaló hondo, parte de su orgullo se sentía ya aplastadito como una masa — siento mucho el revuelo creado afuera de su empresa. Se suponía que todo sería pacífico, no pensé…
— Ve al grano — exigió él. Quería escucharla pedirle perdón, no justificando sus actitudes. — ¿Por qué te disculpas?
— Por todo el revuelo, y el golpe que mi hermano le dio en la nariz — Draco movió la cabeza, como señal para que continuara.
— ¿Y…?
— Discúlpame por…
— Señor Malfoy, dirígete a mí como señor Malfoy.
— Discúlpeme, señor Malfoy, por haber venido a su oficina y halarle de su camisa. ¡Pero entienda! Era seda auténtica y…
— ¿Algo más?
— Yo… — la mujer pensó. Ya estaba con muchos puntos menos, Malfoy le había dado y exclamaba el touche en toda su cara, pues sonreía, genuinamente, mostrando sus dientes bien alineados y muy blancos. — Yo… lamento haber arruinado su sofá — musitó, apretando las manos. Nunca había cedido tanto ante una persona tan vil y falta de toda moral. Pensó que podría vomitar, pues en su estómago algo comenzaba a retorcerse.
— Muy bien —el hombre alzó la cabeza, victorioso. Ginny quiso darle un puñetazo en la mandíbula. Respiró hondo, buscando controlarse.
— Y ahora…
— Cerrarás la boca y aguardarás a que nos saquen de aquí.
— ¡Un momento! Tenemos que hablar de la plaza. Por favor, yo quería…
— El futuro de esa plaza está decidido.
Las mejillas de Ginny se colorearon. Infló los cachetes, Draco la vio con los ojos bien abiertos.
— ¡Me disculpé, señor Malfoy! Así que ahora…
— ¡Te disculpaste porque la cagaste! ¡Me lo debías! Y yo no tengo por qué…
— ¡Por favor! — alzó los brazos, acercándose al hombre. Éste retrocedió, dando con un lado del ascensor. — ¿Qué tengo que hacer para que me escuche? — ella nunca suplicaba, nunca, jamás… — Esa plaza… —¿Cómo apelar al lado bueno que Harry decía, tenía Malfoy? — esa plaza es importante no solo para mí, sino para muchísima gente. ¿Siquiera la ha visto?
— Es mi plaza.
— ¿La ha visto? — repitió, bajando los brazos. — ¿La ha caminado? ¿Se ha sentado y la ha observado? No puede…
— Es mi plaza.
— Usted… — alzó una mano. Draco se cubrió la nariz, como un auto reflejo de protección. — ¡No voy a pegarle!
— Es suficiente — se giró y presionó el botón de emergencia. — Esta basura… ¿por qué tardan tanto? — sintió la pequeña mano de Ginny sobre su hombro. Draco se tensó, respiró profundamente, inhalando un cítrico aroma que provenía de la chica.
— Lo invito, señor Malfoy, a que vaya un día y…
— ¡Aléjate de mí! — se sacudió el hombro como quien repele a una peste. — ¡Apártate! — giró con violencia, empujándola a un lado. — ¡No vuelvas a tocarme!
— ¡Es un bruto! Podrá tener toda la plata del mundo, pero eso no le da derecho a…
— ¡No digas algo de lo que luego te arrepentirás! — le apuntó. — Ya ha sido suficiente.
Una voz se escuchó desde un pequeño parlante ubicado en una esquina superior del elevador. Algo decía, pero ellos no la escuchaban. Se miraban como si recién se hubiesen caído a trompadas con cocos en las manos.
— Pierdes tu tiempo —murmuró, a punto de un colapso nervioso. Odiaba sentirse así, tan fuera de base, como si aquella chiquilla tuviese el poder de hacerle perder todo su raciocinio y bajarle la compostura.
La admirada. Jamás lo admitiría y mucho menos lo diría en voz alta, pero esa mujer tenía un halo especial que le hacía sentirse distinto. Quizá era su locura mezclada con un poquito de cordura. Y es que era curiosa.
Inhaló y exhaló con fuerza, llenándose con aquel aroma a frutos cítricos. ¿Qué cosa era? Volvió a respirar, patidifuso. Cuando olfateó el aire por tercera vez, se alteró. ¿Qué estaba pasando? ¡Aquel perfume no podía gustarle!
— ¡Solo es colonia barata! — emitió, tratando de volver en sí. Ginevra lo miró sin entender.
— ¿Qué…?
— ¡Colonia barata! — repitió. La joven enrojeció; ciertamente, su agua de colonia era económica, pues no tenía para más. Sin embargo olía rico, a ella le gustaba mucho.
— Usted…
Abrieron las puertas. Un par de guardias estaban apostillados a cada lado y el electricista estaba en todo el frente. Draco se tropezó con él cuando salió, casi despavorido.
— ¡Señor Malfoy! ¿Se encuentra bien? ¡Lamentamos haber tardado! Pero el sistema se…
— ¡IDIOTAS! — gritó. — ¡Debería despedirlos a todos! ¡A TODOS! —casi corrió lejos de Ginny. Los empleados se apartaban sin más. Parecía un caballo en plena corrida, con un cohete accionado en el culo.
Los dos guardias y el electricista observaron a la mujer. Ella sólo se alzó de hombros, inocentemente, y se cambió de elevador para regresar a planta.
Ya fuera del edificio, pensó en su próximo paso. Malfoy era un cavernícola, no se podía negociar con él.
Se llevó una mano a la cabeza, lamentando haber olvidado su sombrero. Todo había sido muy raro y humillante e inútil.
— Estúpido Malfoy — su celular sonó. Contestó al ver en el identificador que se trataba de Cho. — ¡Diga! Sí, ¡Por supuesto! Estoy cerca. Dame diez minutos — colgó y ajustando su cartera de cuero falso, se encaminó hacia la cafetería.
No le fue difícil reconocer a Cho Chang; estaba sentada en una de las mesas centrales. La saludó con una mano al llegar, dejando el brazo congelado al identificar al segundo ocupante.
Harry la miró entre sorprendido y alegre. Ella estaba igual, incluso sintió alivio al por fin poder hablar con él. ¡Precisaba arreglarlo todo!
Observó a Cho, y se preguntó qué estaría tramando al citarla a ella y a Harry.
Parvati dijo que era encantadora… Ojala y tenga razón, pensó.
Autora del capítulo: Personaggio (Yanii)
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