¡Capítulo!

Nuestras disculpas por la tardanza... pero ya saben, la historia continúa.

¡Gracias a quienes están ahí! =)€


Verde que te quiero verde.

Capítulo VIII


Ginny se sentó entre Harry y Cho con cierta reticencia, a pesar de que algo de alivio se había escabullido a su panza. Estaba cansada de pelear, de batallar con todo el mundo.
Se desplomó en la silla de aquella cafetería donde se habían citado la primera vez con Harry, éste la miró.

— Hola — la saludó viéndola curioso. Ella levantó la mano.

— Disculpa — dijo, él frunció el ceño — por todo el escándalo del otro día. Realmente no sé qué ocurrió conmigo. Creo que soy demasiado apasionada cuando se trata de defender lo que quiero… los animales, la naturaleza. Ver a Malfoy con una camisa de seda… no sé, sacó lo peor de mí…

— ¿Todavía usa esas camisas? — preguntó Cho con ligero asco, Ginny la miró y le sonrió.

— Hola, tú debes ser Cho — la saludó. No le dio la mano ni hizo ningún gesto formal ya que la mujer parecía incluso tener su misma edad, tal vez unos dos años más, un gesto amistoso era suficiente- sí, al parecer a Malfoy le gusta utilizar prendas de vestir hechas con sufrimiento de otros.

Harry miró a Cho y alzó una ceja significativamente, Ginny lo notó.

— ¿Tienes algo que decirme? — dijo a la defensiva. Harry agitó la cabeza.

— Le estaba indicando a Cho lo apasionada que eres cuando se te mete un tema en la cabeza — Ginny sintió que algo se enfriaba en su estómago. Podía notar el desencantamiento de Harry para con ella. Algo que en un principio parecía ser una buena relación de amigos que se prestaba para algo más, de repente se había transformado en una mera reunión de personas con un fin en común: Maloy.

— En efecto, ya lo noté — dijo Cho guiñándole un ojo a Ginny — me gustaría hablar del caso de la plaza Springs.

Ginny se soltó la cola de caballo y se pasó las manos por el pelo.

— Va a destruirla cómo sea — dijo abatida- al parecer es el dueño — crispó los puños y sus ojos se aguaron —¿cómo es posible que la gente con dinero siempre se salga con la suya? — gimió — Acabo de ir a hablar con él y…

— Espera — dijo Harry, sorprendido — ¿Fuiste a hablar con Malfoy? — miró a Cho con espanto — ¡Ginny! ¿En qué habíamos quedado?

Ella agitó la cabeza algo exasperada.

— ¡Fui a disculparme! — Exclamó, enojada- Fui a pedirle disculpas, por eso estoy vestida de payasa — se quejó — Pero el muy idiota me humilló como si fuera una escoria. El universo vio la oportunidad de darme un espacio para hablar con él y nos quedamos encerrados en el ascensor del edificio y…

— ¿Cómo dices? – exclamó Harry, Cho abrió tanto los ojos que se le pusieron redondos.

Ginny resopló.

— Fue una estupidez –contó- nos quedamos encerrados porque comenzó a apretar los botones cuando me vio — sacudió la cabeza — ¿es importante? ¡El idiota me humilló! ¡Me obligó a llamarlo 'señor Malfoy'! Me trató como una cucaracha, aunque les tengo mucho respeto a esos insectitos…

— ¿Y cómo saliste de ahí? – quiso saber Cho preguntando con amabilidad. Ginny se pasó una mano por los ojos.

— Llegaron los de seguridad — suspiró —. No conseguí nada, él va a destruirla cómo sea — apretó los labios y levantó los hombros, abatida — ya me cansé de batallar con él, no se puede con los ricos. Además, perdí mi sombrero — se quejó, emitiendo un tono sarcástico para poder darle algo de broma al asunto, sin embargo ni Harry ni Cho se veían satisfechos con la situación.

— Aún tenemos una oportunidad — intentó consolarla Cho, Ginny la miró frunciendo la nariz, como si no le viera el caso que existiera alguna alternativa — Esa plaza es patrimonio cultural, nadie es dueño de ella más que el gobierno, ahí se realizó la fiesta de la Natividad y un sinfín de eventos coloniales que quedaron registrados hace más de mil años. En la laguna que colinda los alrededores de Spring se casaron un sinfín de Reinas y Reyes, incluso se utilizó para la carrera de remos que ganó el rey Carlos. Si Malfoy pretende destruir la plaza necesitará pasar por encima del permiso real y conseguirse una orden del ministerio de bienes raíces nacionales — respiró profundamente y dibujó una sonrisa — Malfoy padre puede haber comprado un pedazo de tierra, pero no vale nada al lado de lo que le costaría pagar por el patrimonio. De eso tenemos que agarrarnos y llegar antes que él a solicitar una orden de alejamiento para la empresa constructora. Costará algunas libras, pero si todo sale bien, el gobierno aportará con algo.

Ginny la miró muda. No podía ser tan fácil. Tanta lucha y marcha sin sentido para que finalmente derrocaran a Malfoy con un par de papeleos. No, eso no podía ser tan simple. Nada lo era.

— No puede ser tan simple — soltó. Cho parpadeó confundida.

— No dije que lo fuera — rectificó —. Conseguir una hora para el ministerio de bienes es sumamente difícil.

— No me refiero a la burocracia –indicó Ginny —. Si es patrimonio nacional entonces deberíamos dejar que Malfoy hiciera un agujero en a tierra, esperamos, se hace una demanda y el gobierno lo encarcela por tocar un terreno que pertenece a la nación — se cruzó de brazos y se apoyó en la silla — Es demasiado simple. No puede ser tan fácil.

Harry asintió.

— Ginny tiene razón, Cho, si fuera tan fácil deberíamos dejar que cometa sus propios errores y que la ley haga lo suyo.

Cho los miró y asintió con cautela.

— No están comprendiendo — dijo. Cerró los ojos y se pasó un mechón de pelo tras la oreja —. Efectivamente, para poder taladrar o cortar un árbol Malfoy necesita asegurarse los permisos, y si no lo hace, legalmente podría tener problemas — respiró —. Por esa razón Lucius Malfoy se aseguró un pedazo de terreno buscando en sus antepasados algo que le diera alguna pista que parte del terreno era suyo. Cierto es que solo un pequeño tramo de la plaza pertenece a la familia, pero aún sigue siendo patrimonio nacional. Para Draco es un proceso lento, pero conciso: No es idiota, sabe que no puede hacer un agujero en el suelo de la plaza sin los permisos y por eso se vale de sus papeles como dueño de una parte del terreno para acelerar los trámites. No va a escavar sin antes tenerlos. Por supuesto se jacta de que el terreno es suyo, pero solo una parte. Si consigue el permiso podrá hacer lo que quiera y debe estar cerca de conseguirlo — frunció el ceño y miró a Harry —. Necesitamos conseguir una hora con el ministerio antes que él lo haga. Tenemos que colocar una orden de alejamiento y de prohibición antes que él lo consiga.

Ginny se rascó los ojos.

— Disculpa que sea tan tozuda, pero no entiendo…— la miró observó cansada —. Si es un patrimonio, ¿cómo le van a entregar el permiso de destruirlo así como así? Aunque sea dueño de parte del terreno, sigue siendo una plaza que pertenece al gobierno. No me cuadra.

Harry lanzó una risa sarcástica, Ginny se giró a él con el ceño fruncido.

— Es obvio, ¿no? — dijo —. Su padre era poderoso, conocía a toda la gente dentro del ministerio. Las personas sensatas no le darán la orden por ningún motivo, pero basta con que mueva los hilos con ciertas autoridades para que repentinamente el patrimonio deje de ser nombrado como tal.

Finalmente Ginny comprendió. Pero algo dentro de ella se apagó lentamente. No era necesariamente algo malo. Pero esperaba, en algún lugar de su corazón, solucionar esto de una manera más… ¿osada?

Tener que pasar por una alta ola de burocracia y papeles no estaba en su mente. Ella quería luchar, y pasar encerrada en un lugar donde tendría que hacer fila por horas para conseguir su propósito no era algo que le llamara especialmente la atención. Podía comprender que tal vez el mejor modo de derrocar a Malfoy era a través del proceso legal, pero… ¿dónde quedaba la pasión, la lucha?

— Entiendo —dijo finalmente, algo desinflada. No era de las que disfrutaba con el sufrimiento de otros. Pero muy dentro de ella sabía que lo único que deseaba conseguir con esto además de salvar a la plaza, era humillar a Malfoy públicamente. Lo deseaba, era lo que quería conseguir, que los "hippies sicópatas" como él los llamaba, reinaran gloriosos sobre su cuerpo bañado de huevos podridos y que la gente los ovacionara por tal hazaña.

— Revisaré los horarios y veré qué puedo hacer esta semana para encontrar un momento disponible en el ministerio — dijo Cho sacándola de sus pensamientos. Notó que Harry la miraba. Ambos asintieron —. Ahora si me disculpan, me debo ir, tengo una reunión en veinte minutos.

Ambos se despidieron de ella y se quedaron solos en aquella mesita. Harry la miró.

— Quería disculparme – le dijo de repente —. No debí haber sido tan duro contigo.

Ella levantó los hombros.

— Descuida, me lo merecía —admitió algo ida, sintiendo mil pensamientos en su cabeza.

— ¿Estás bien?

— Sí – aceptó. Aunque en realidad algo dentro de ella no estaba bien. No sabía qué era, pero le causaba una terrible sensación de desasosiego —. Estoy… procesando lo que ella dijo.

— Parece un buen plan, ¿no?

Ginny asintió lentamente. Ciertamente era el plan más sensato, pero a ella no le gustaba.

— Sí –miró alrededor — ¿Y Maggie?— preguntó, Harry sonrió.

— La dejé en casa de mi madre. Necesitaba tener un tiempo a solas para conversar el tema de Malfoy con calma.

Ginny lo miró fijamente.

— ¿Todavía tienes la esperanza de que cambie, no?

Harry sonrió con tristeza.

— Dicen que la esperanza es lo último que se pierde — acotó —. Me gustaría que volviera a ser la persona que era. Por eso quiero hacer las cosas bien, quiero demostrarle que no se consigue nada con violencia, dinero o poder.

Ginny se sonrojó al recordar sus propias ideas de venganza con humillar a Malfoy en público.

— ¿Realmente le tienes tanta Fé? — preguntó alzando una ceja, Harry alzó los hombros.

— No. Pero no quiero perderla.

OOoOoOoO

Se bebió lo último que le quedaba de Brandi y se preguntó por qué bebía esa porquería si jamás le había gustado.

Observó el entorno y súbitamente se sintió solo. Odiaba esa sensación. Toda esa tremenda y lujosa mansión para él solo al principio parecía ser una buena idea. Pero con el tiempo, recorrer los pasillos desolados y las largas alfombras rojas y tapices colgando de las paredes, se le hicieron tediosas y hasta escalofriantes.

Hacía pocas horas había hablado con su madre que estaba en Paris. Hace dos años que se había ido, y era mejor así. No lo vería caer en la miseria como él

Miró la última gota de Brandi bailar al final de la copa mientras la mecía, y recostó la cabeza en una butaca que daba a un alto ventanal. Bajo sus pies brillaban las luces de la capital londinense.
Solo. Se sentía más solo que la mierda y nadie lo podía ayudar con eso más que él mismo. Había olvidado qué cosas lo hacían sentir vivo. La adrenalina de una buena ola de surf, lanzarse por una Duna en motocicleta, volar en parapente. ¿Cuándo había dejado hacer esas cosas?

Oh sí… cuando había traicionado a Harry y abandonado a Cho el día del compromiso.

El día que su padre le hizo ver que nada de lo que hacía lo pondría en un lugar mejor si no cambiaba. Debía comenzar a mirar en grande. Le obligó a vender su amada motocicleta, le canceló los viajes a Australia donde surfeaba, y le demostró que casándose con la hija de unos agricultores no llegaría demasiado lejos.

El día que Lucius descubrió el proyecto de las aguas para pequeños pueblos de África, vio el poder y le recriminó ser tan débil por usar su inteligencia en algo estúpido que no le traería más que ruina.

Le mostró una forma de ganar dinero de manera fácil, utilizando el mismo proyecto en una fábrica en lugar de contribuir en un país que lo necesitaba. Harry no lo dejó, y él ¿qué hizo? Le robó el proyecto y lo patentó a su nombre. Un proyecto que a su amigo le había costado años y esfuerzos.

Apretó la copa y ésta se rompió en su mano izquierda.

— ¡Mierda!— exclamó. levantándose. Corrió al baño más cercano y se lavó la mano. No había sufrido un corte muy grande. Solo un rasguño en el borde de la palma.

Se miró al espejo y contempló su cara. Sus ojeras estaban demacradas. El cabello demasiado corto y engominado. Odiaba admitirlo, pero extrañaba el cabello largo y la barba desordenada que se apoderaba de él en aquellos años de surfista rebelde.

Lo sabía y no podía negarse: ese del reflejo no era él, era solo una mala copia de su padre.

Cerró los ojos y se miró la camisa que llevaba puesta. ¿Ceda? ¿Desde cuándo? Odiaba la ropa ajustada, suave y con costuras precisas. Se volvió a mirar al espejo y sin saber por qué, recordó a la pelirroja que se atrevió a gritarle por usarla.

Comenzó a reír. Se quitó la camisa y la arrojó lejos. En el reflejo del espejo sus ojos brillaron. Hacía mucho que no veía aquello. Se despeinó el cabello y se miró de lado a lado. Sí… se lo dejaría crecer, y también la barba. Su padre estaba muerto; no podría criticarlo más.

Solo entonces comprendió que aquella chispa era algo que tenía que ver con la adrenalina guardada por tantos años.

Adrenalina que curiosamente… había despertado la muchacha con la que había quedado encerrado en el ascensor.


Autora del Capítulo: Kate Cobac.

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