¡DISCULPEN! La tardanza fue más larga de lo normal. Sucede que ambas estamos con ocupaciones, además de que una de nosotras tiene varios proyectos que le exigen su tiempo. Lo sentimos, pero la historia sigue. El fic continuará hasta su final. =)

Agradecemos mucho su tiempo para leernos y comentar. El capítulo es para quienes están aquí, dándonos su apoyo con este simple fic.


Verde que te quiero verde

Capítulo IX


Caminaban en silencio. Las aceras estaban un poco húmedas y Ginny se preguntó cuándo había llovido.

— Mientras estábamos en el café — respondió Harry, cuando formuló su interrogante en voz alta. Tenía las manos en el bolsillo del pantalón y su paso era ligero y relajado. Ginevra lo miró de reojo, sus brazos apenas se rozaban al andar.

— ¿Te acompaño a buscar a Maggie? —no quería dejar las cosas tan crudas con Harry, aún cuando la reciente relación se viese un poco fría, dado los acontecimientos y las diferencias de opinión.

El hombre sonrió de medio lado, volteando hacia ella. El color verde de sus ojos parecía cambiar de intensidad con el clima.

— ¿No tienes otros planes? Es decir, ¡me gustaría! Pero si estás ocupada…

— En realidad… — su único plan antes de la llamada de Cho era ir a su casa y seguir despotricando contra Malfoy… Dios, su madre tenía razón: necesitaba un novio, o un trabajo de verdad. — No, estoy libre — sonrió de vuelta.

— De acuerdo. Será rápido.

— ¿Dónde vive tu madre?

— En Brick Lane. Está cerca, pero si no quieres caminar…

— ¡Caminemos! Me hace falta algo de ejercicio.

Volvieron a mantenerse callados. Varios pensamientos seguían revoloteando en la mente de Ginny, medio aturdiéndola. Creía que comprimir su propia adrenalina, podría volverla loca. ¡Necesitaba acción en cuanto a Malfoy! Aún cuando sabía que el deber ser, era mantenerse serena y escuchar a Harry y Cho, quería moverse intrépida y volver loco al rubio egocéntrico. Le había clavado una espinita asfixiante en la garganta, y ansiaba soltarla en su cara para poder estar en paz el resto de su vida. ¡Quería movimiento! No sólo papeleo, quería lucha de verdad.

¿Y así te llamas pacifista? — habló una vocecilla chillona en su cabeza. — Malfoy es la excepción. — respondió de inmediato, creyendo fielmente que Draco Malfoy sería la excepción a más de una de sus costumbres.

Recordó su sonrisita burlona, el tono arrogante de su voz… sacudió la cabeza. En los recuerdos se había colado el perfume, bastante atrayente. Quizás era lo único bueno que Malfoy cargaba encima. Su perfume y la perfección de sus dientes, nada más.

Paró en seco y respiró a profundidad; Harry se detuvo a su lado.

— ¿Todo bien?

Ella asintió con la cabeza.

— Es en la otra esquina — el moreno señaló con el dedo. — ¿Escuchas? — paró el oído, colocando una mano cerca de su oreja. Ginny lo imitó, escuchando la música de una emisora de radio que su madre solía colocar cuando limpiaba la casa. — Mi madre siempre pone música a todo volumen, más cuando está sola. Mi padre está de viaje en Canadá, asuntos de trabajo, así que… — continuaron. Poco tardaron en llegar a un pórtico de lo más pintoresco, con maceteros a cada lado de los escalones y un móvil de pajaritos colgado arriba, frente a la puerta.

Ginny subió los peldaños tras de Harry. Creyó que él abriría y entraría directo, por lo que siguió hasta quedar justo detrás. Pero Harry giró su cuerpo rápidamente para quedar frente a frente, casi la hizo caer, por lo que se aferró a sus brazos cuando él la tomó por los hombros, evitándole el golpe de los escalones.

— ¿Estás bien?

— Sí, ¿qué…?

— Sólo quería decirte que… mi madre puede ser un poco… ¿molesta, será? Cuando traigo visitas a la casa.

— ¿Cuándo traes a una chica, querrás decir? — sonrió. — ¡Descuida, Harry! lidio con mi mamá todo el tiempo. Créeme, sé cómo es toda la cosa.

— Sí, bien — sonrió de vuelta.

Cuando abrió la puerta, la música los recibió con energía. Además, alguien cantaba a todo pulmón. Maggie salió correteando hacia las piernas de Harry, meneando la cola y dando un par de ladridos.

— ¡Hola, bonita! — Ginny se enterneció hasta la médula. Harry era un chico encantador, no cabía duda. — ¿Cómo estás? ¿Cómo te trató la señora Lily Potter? — acarició tras las orejas de la perra, la misma movía la cabeza para darle lamidas en las manos. — ¿Recuerdas a Ginny? — Harry la señaló. Ginny se inclinó hasta estar de rodillas y aceptó un par de lamidas de Maggie en sus muñecas.

— Es toda una monada. ¡Quisiera tener uno!

— Me sorprende que no tengas una mascota, amando tanto a los animales.

— Tuve un conejillo de indias, Arnold. Era la cosita más adorable que había visto en mi vida. Murió hace un par de años; lo tuve desde que tenía doce.

— Siete años contigo.

— Sí, dicen que su promedio de vida es de cuatro a ocho años. Después de él, quise tener otro, pero entre cosa y cosa — le rascó el lomo a Maggie — Pronto.

— ¡Harry! — bramó una mujer. Ambos jóvenes se levantaron de sopetón, sorprendidos. Ginny descubrió que era la mujer quien cantaba hacia un minuto; tenía un delantal de cocina sobre sus ropas casuales, y bajo unas cuantas fibras canosas, se vislumbraba el cabello rojo cereza, recogido en un moño. Junto a sus patas de gallo se veían unos ojos muy sinceros e iluminados, de color verde esmeralda, tal como los de Harry. — ¿Por qué no te anuncias?

— Dudo que nos hubieses escuchado — Ginny notó como los ojos de Lily Potter pasaban de su hijo a ella, y cómo su boca se curvaba en una sonrisa radiante.

— ¡Oh! ¡Una chica!

— Es una amiga, mamá — Ginevra casi rió, al ver a Harry casi tan rojo como el pelo de su madre. ¡Era adorable!

— Una amiga — Lily amplió su sonrisa, yendo hacia Ginny. Se presentó con un abrazo, sorprendiendo a la muchacha. — ¿Se quedan a merendar?

Lo tenía claro, Harry era el hombre de los sueños de cualquier mujer: apuesto, caballero, inteligente, con respeto por los animales y el medio ambiente… ¡lo tenía todo! El paquete completo. Sería el novio ideal…

Pero, claro estaba, Ginevra requería de algo más que un "paquete completo". Si bien Harry le gustaba, el hombre no generaba en ella algo que consideraba, era sumamente vital. Y lo peor de todo, era que no sabía qué era ese "algo". No estaba del todo claro, pero faltaba.

De regreso a casa lo pensó mucho; su mamá estaría eufórica si se llegaba a enterar de esa linda tarde, con Harry y su madre. La misma Lily Potter la despidió con una energía voraz, haciendo que el pobre joven se coloreara desde los pies hasta la punta de las orejas. Dicho, era adorable.

— Pero no creo que vaya al baile, Ginny — se dijo, tirada en su cama. — ¿O sí? — recordó a Luna y a sus amigas, sonriendo divertida. Todas la empujarían a los brazos del moreno sin esperar siquiera su consentimiento.

Respiró y tomó a tiendas una revista de su mesita. Las pornos que le había quitado a Luna estaban muy completas, había para todos los gustos. Entrecerró los ojos en la imagen de un hindú, con una barba de días y el cabello poco más arriba de los hombros. Posaba mostrando todos sus atributos bien distribuidos, sin pena ni vergüenza… se mordió el labio, aplicando la técnica de Luna; trató de imaginarse a Harry sin prenda alguna… y nada… no sentía nada. Apenas un calorcito perceptible, que bien pudo ser ocasionado por cualquiera de esas imágenes de la revista.

Resopló, dio vuelta a la página y un rubio le sonrió de medio lado…

No quería encapricharse con absurdos; aquello era solo una mera casualidad.

El hombre de la foto estaba en la playa, de espaldas al fotógrafo, con el agua hasta más abajo de los glúteos; el pelo mojado hacia atrás, la piel blanca y la vivacidad de la mirada que mostraba al tener la cara de perfil… le recordaron a Malfoy.

Con un gritito, arrojó la revista hacia el otro extremo de la habitación… aquella corriente enérgica en su entrepierna que esperaba, sucediese con la imagen de Harry, pasó con el recuerdo de Draco Malfoy.

OOoOoOoO

Cómo odiaba el papeleo. Dios, era insoportable. Para esa semana quería empezar a hacer las construcciones en la maldita plaza. Mierda, estaba perdiendo el tiempo, y lo peor era que alguien parecía estarse moviendo con la misma eficacia, para retrasar sus planes. Le estaban jugando chueco en el ministerio, lo sabía.

— No es tan simple como quieres, Draco — dijo Blaise. — Parece que esa plaza es algo más que tu propiedad.

— ¡Joder, Blaise! Sólo quiero acabar con esto de una vez — no quería decirlo en voz alta, pero ansiaba unas vacaciones. Desde que decidió dejarse crecer el cabello y volver a su pasión por el surf, había ya planificado un viaje a Australia apenas la construcción hubiese iniciado. No quería dejar a Blaise encargado de todo antes de que demoliesen la plaza.

— ¿Por qué tanta prisa? Debo recordarte que no has recibido más "visitas indeseadas" — sonrió burlón. — Ni te han vuelto a romper la nariz. Dime, ¿qué tienes?

— Quiero acabar con esto — se reclinó en su silla — Quiero irme al carajo.

— ¿Agotado?

— Volveré a surfear — confesó, con el brillo de la añoranza en los ojos. Blaise lo miró atento, sorprendiéndose a buen grado.

— ¡Enhorabuena, compadre! ¡Claro! Debí suponerlo. La ropa, la barba… aunque aún parece pelusa en tu cara. Te pasa por ser un rubio de mierda, rayando a lo albino.

— Lo decidí, apenas empiecen con la construcción, estarás a cargo.

— ¡Aguarda! ¿No crees que también necesite vacaciones?

— No me jodas — tomó la botella de cerveza (sí, ¡cerveza!) y le dio un largo sorbo. Aún cuando no hacía calor, le estaba sentando muy bien.

— ¿De dónde ha venido esta iluminación? — cuestionó Blaise después de un segundo. Draco lo miró, un poco más relajado después del trago. — El cambio de imagen, irte… ¿de dónde?

No se iba a mentir, había pensado en más de una ocasión en la loca pelirroja. Le era difícil olvidarla del todo, cuando su trasero aún se veía remarcado en su carísimo sofá.

Impulsivamente, miró el mueble, sonriendo sin proponérselo. Blaise siguió cada movimiento. El moreno dio un largo silbido, entre sorprendido y divertido.

— ¡No lo puedo creer!

— No pienses estupideces — dijo. — Pero… desde que esa demente me alteró, sólo pienso en volver a lo que antes era. La playa, mi tabla... peinar una ola…

— Tener una novia.

— En lo absoluto — negó con la cabeza. — Quiero alejarme de todos, olvidarlos. Necesito relajarme.

— ¿Ni siquiera una chica para pasar el rato? — Draco chascó la lengua y cogió la botella. Se terminó el contenido de un solo trago. — Es muy curiosa esa pelirroja. — Dijo el moreno por decir, alzando ambas cejas.

— Es una bruja.

— Ni que lo digas. ¿Por qué conservas el sofá, dado que ya está arruinado?

— Costó una fortuna.

— ¿Y? fácilmente puedes comprar otro. Déjate de falsa humildad, hermano. Tienes tanta plata que podrías limpiarte el culo con ella.

Draco lo ignoró y dejó la botella con un sonido sobre el escritorio. Llevó una mano hacia el cuello para acomodar la corbata, cuando recordó que ya no utilizaba; costumbre. Desabotonó el segundo botón de su casual camisa y presionó el intercomunicador.

— Beth, cancela mi próxima cita. Me iré a dar una vuelta — no esperó respuesta de la secretaria; se levantó de un brinco y fue a la puerta.

— ¿A dónde vas?

— Daré una vuelta, me tiene jodido esta oficina. Quedas a cargo mientras vuelvo. ¡Es más! muévete con los papeleos sobre la plaza. Mañana mismo iré al ministerio, esa gente necesita presión, y quizá una buena tajada de dinero.

Estando tras el volante, deseó algo que muchos considerarían absurdo, o no, ¿a quién no le gustaba el helado? Y el amaba el de Ron con Pasas, era su favorito. Sí, se daría el gusto.

Condujo unos cuantos kilómetros hasta que divisó el camión de helados estacionado al borde de una plaza. Oh, y no cualquier plaza, era su plaza, la plaza Spring. Muchas personas caminaban en pequeños grupos y parejas, los niños jugueteaban en los caminos y daban de comer a los patos de la laguna que lindaba el espacio.

Que aprovechen mientras puedan, pensó. Aparcó el auto cerca de una esquina despejada y buscó sus lentes de sol. ¿Pensarían alguna vez esos plebeyos, que Draco Malfoy paseaba entre ellos? Caminó, pensando que podría pasar desapercibido, pues la ropa, el pelo y sus gafas oscuras lo ocultaban bastante bien. No era el Draco Malfoy de las revistas; con esa pinta, parecía un joven normal.

Llegó hasta el camión de helados y pidió un cono doble; tenía años sin hacer eso. El heladero lo observó con ojos redondos al ver el billete de cien dólares.

— Conserve el cambio — dijo sin más; podría tomar aquello como la buena acción del año. Giró sobre sí y continuó caminando.

En el centro de la plaza se alzaba un árbol enorme, sus hojas eran frondosas y sus ramas largas, larguísimas, daban sombra a más de un metro del tronco. Bajo éste, había un grupo de jóvenes sentados en círculo, parecía una especie de meditación. Todos, en posición de flor de loto, tenían las manos apoyadas en sus rodillas. Se acercó un poco, picado por la curiosidad, y apresuró el paso al reconocer una cabellera roja-naranja, plantada entre un par de chicos de color. Tenían los ojos cerrados, por lo que nadie reparó en su presencia.

Draco bajó la mirada, tenía a la chica demente sentada frente a él. Estuvo tentado a plantarle el cono de helado en la cabeza y salir corriendo… soltó una carcajada ante la simple idea, desconcentrando al grupo.

— Oh, hermano, ¡únete! — dijo la voz aflautada de un sujeto en medio de todos. Iba vestido con un pantalón ligero de algodón que dejaba al descubierto sus tobillos, unas sandalias de hilo y una camisa holgada de vivos colores, con el símbolo de la paz pintado al frente. — ¡únete, hermano! Aquí todos son bienvenidos. — los demás muchachos lo miraron, saliendo del excéntrico trance.

Draco se aplaudió por su cambio, realmente no tenían idea de quién era él.

— ¡Mierda! — vociferó la pelirroja a sus pies. Vio su mano, el cono de helado empezaba a derretirse y las gotitas del mantecado caían sobre la coronilla de la joven. Volvió a lanzar una carcajada. — ¿Qué…?

Ginny se levantó y lo tuvo frente a frente. Draco se regocijó con la reacción de la muchacha; estaba más que aturdida.

— Oh, Ginny querida — habló el hombre del centro. — Empiezo a percibir una vibra distinta que emana de ti. ¿Qué sucede?

— Este hombre… —lo señaló. Draco sonrió con descaro.

— Siempre hay espacio para uno más. ¡Vamos, hermano! Únete. ¡Todos, denle la bienvenida al hermano! Bien, una palmada, ahora dos — todos aplaudieron, exceptuando a Ginny, por supuesto. — Listo, hermano. Después dirás tu nombre. Siéntate, anda, allí. Ginny querida, dale espacio, vamos. Tranquila, todos son bienvenidos. ¡Todos! ¡Vamos, hermanos! Cierren los ojos, concentrémonos. Vamos, hermanos, la vibra está cerca.

Todos los muchachos volvieron a lo suyo, menos Ginny, quien aún de pie, acuchilleaba a Malfoy con la mirada.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó en un murmullo, no quería volver a romper la conexión de los hermanos.

— Es mi plaza.

— Es…

— ¿Se están drogando? — Ginevra quiso abofetearlo. Aquella escena era de lo más rara e inverosímil, no podía creer que estuviese pasando. — ¿Eso hacen? ¿Se drogan?

— ¡Nosotros no…!

— ¡Hey, hey, hermanos! — el líder los señaló. — Por favor, silencio. Y siéntense, siéntense. ¡Vamos! Sean parte de esta experiencia. ¡Vamos! Ginny querida, dile al hermano que se siente.

La muchacha no lo podía creer. Draco Malfoy fue hasta el bote de basura más cercano y tiró el cono de helado, volviendo en dos pasos y sentándose en la grama, como parte del grupo. Ginny se quedó con la boca abierta, aún cuando decidió volver a su puesto bajo el árbol.

Miró al hombre de hito en hito, estupefacta. ¡Seguro era él quien se drogaba!


Autora del cap: Personaggio (Yanii)

¿Qué les pareció? Rápido dejaremos el siguiente, probablemente esta misma noche, (como disculpas por la gran tardanza) Pero sepan que no abandonaremos. Resistiremos, no fallaremos... jajajajaja.

¡Pronto nos leemos! =)