¡Tarde, tarde! Pero aquí estamos.

Nota importante al final del capítulo. Por ahora, lean.

¡Gracias por estar!


Verde que te quiero verde

Capítulo XI


Ginny no sabía si odiar a su madre o estarle eternamente agradecida. Estaba confundida, en parte enojada y totalmente estupefacta, al pensar que estuvo a unos muy exiguos centímetros de la boca del rubio. Lo iba a besar, Madre Santa. O ¿era él quien la besaría? Daba igual, porque estaba dispuesta a responderle, sin dudas. ¿Qué más? ya después le echaría la culpa a su colonia… la misma se había impregnado en sus sábanas y el aroma de su champú había quedado en la almohada… el olor del alcohol y demás ungüentos que utilizaron para curarle las heridas, no pudieron suprimir su particular aroma.

—Que mierda — espetó, tirada en la cama con los brazos y las piernas extendidas. — Que mierda — repitió, aún sin definir sus emociones inmediatas.

Su madre había terminado de ayudar al rubio. Ginny no sabía si se habría dado cuenta de lo que a punto estuvieron los dos de hacer, pero había roto todo el encanto. Espichó la burbuja con una de sus jeringas, ¿lo habría notado? Después de interrumpir la fantasía, había acomodado al joven nuevamente en la cama, aplicando su autoritario tono de general que evita que cualquiera le chistee (incluyendo a un Malfoy), para que éste obedeciera sin ninguna pataleta. Cuando le permitió irse, con apenas unas vendas en su brazo derecho y una bandita en la comisura de los labios, Ginevra creyó verla lanzar una significativa mirada hacia ella. Dios, ¿lo habría notado?

—Dios… — suspiró, llevándose las manos a la cara, incluso sus palmas olían a Draco Malfoy. Se estremeció, con una incauta sensación en su vientre bajo — No puede ser…

OOoOoOoO

El muchacho estaba tanto o más embrollado que la chica, por supuesto. Y aunque había estado buscándole justificación a su anterior comportamiento con aquella loca, lo cierto era, que odió no cumplir con su reciente y más extraño objetivo; beber de su boca hasta llenarse de esa curiosa calidez.

Joder, estaba picadísimo. No podía pasar, no podía estar pensando en esa demente chiquilla como lo estaba haciendo. No podía ser cierto. Y lo peor de todo era saber ahora en dónde vivía… porque, cielos, estaba tentado a ir hasta allá. ¿Era eso posible? ¡No podía estar más liado!

—¡Mierda!

—Gracias, Blaise — respondió, sarcástico. Acomodó el montón de papeles en sus manos y los dejó a un lado sin siquiera ojearlos por encima.

—¿Qué te pasó?

—¡Esa demente! — Vociferó, repentinamente irritado. Si concentraba su energía en el violento ataque ocasionado por los gritos de esa bruja pelirroja, evitaría pensar tanto en su maldita boca. — Esa maldita demente — escupió, con las mejillas encendidas.

—¿Ella te hizo eso? — señaló la inflamación en su quijada. Si bien las heridas fueron superficiales y al principio la vendita cubría todo, con el pasar de las horas su mandíbula se fue hinchando. Menos mal se había permitido aceptar la pomada que la señora Weasley le había ofrecido antes de largarse.

—Fue todo su culpa — rumió, haciendo puños con sus manos. — Estoy harto, ¡harto! — dio un salto en su silla que exaltó a su amigo. Blaise lo miró con una ceja casi confundiéndose con su pelo negro.

—De acuerdo, ¿qué pasó?

—Un montón de hippies, ¿ves? ¡Y se hacen llamar pacifistas! Esos vagabundos ignorantes… ¡Y todo fue por su culpa! — se levantó tras el escritorio y señaló su sillón. — ¡Estoy harto de ella! — el sofá descansaba con la enorme huella del trasero de Ginny. — De ella y su… ¡Mierda! — fue al sillón y le lanzó una patada.

—¡Vaya, Draco! Nunca te había visto perder los estribos así, por una mujer…

—No es una mujer — musitó, respirando por la boca. — Es una loca — apuntó, echándose el pelo hacia atrás. El tenerlo largo era un poco molesto, las puntas del flequillo se le metían en los ojos. — Una loca.

—¡Calma, hombre! ¿Quieres oír algo, que te hará sentir mejor? — Draco respiró hondo y volteó hacia su amigo; Blaise se atragantó con la saliva al aguantar una carcajada, Draco lo miró con un ojo más chico que otro.

—¿Qué demonios pasa?

—Na… nada — respiró. — Bien… Te conseguí una cita en el juzgado para el próximo lunes por la mañana. Podrás exponer el caso de la plaza y conseguir el permiso para iniciar la construcción.

Eureka. ¡Al fin!

—Excelente — dijo, de sopetón, un poco más animado. — ¡Excelente! — bramó, corriendo hacia el teléfono. — ¡Beth! — vociferó hacia el auricular. Su secretaria tuvo que alejarse un poco. — Un pasaje para Australia, cómpralo ya mismo. ¡Por supuesto, mujer! ¡Primera clase! Para el miércoles. No, mañana no, ¡el próximo! Sí, ¡vamos! ¡Pronto! — colgó con un estruendo. — ¡Me largo!

—¡Aguarda un momento, Draco! No puedes irte así, sin…

—Conseguiré el permiso el lunes…

—Eso no…

—El martes comenzaremos a demoler, y tú estarás a cargo.

—¡Espera! No puedes dar por sentado que obtendrás el permiso así como así, sin…

—¡Lo conseguiré, Blaise!

—¡Eres un hombre de negocios! Sabes cómo se manejan estas cosas. ¿Crees de verdad que todo será así de sencillo? Es apenas una cita para…

—¡Lo conseguiré! Tengo dinero, Zabini. Más que suficiente para hacer bailar a cualquier mono.

—No creo que…

—Suficiente — dio una palmada. Giró el cuello y sus ojos regresaron al sofá marcado; un nuevo rubor se extendió por sus pálidas mejillas, llegando hasta su cuello.

Quería irse lejos, alejarse lo más que pudiese de todo lo que le recordara a Ginevra Weasley. Ginevra Weasley. Ginevra Weasley…

—Draco… — llamó Blaise, él no lo escuchó. Tratar de no pensar en Ginevra Weasley le hacía rememorarla cada vez con más intensidad en su mente… y lejos de recordar el atentado sufrido por aquella cuerda de violentos "pacifistas" por culpa de ella, pensaba más bien, en aquel pequeño momento en su diminuta habitación, en el aroma que desprendía de su cabello, en la calidez de su tacto y en el sabor de su aliento, que nunca llegó a disfrutar. Pensaba en su bien formado trasero dentro de esas calzas, y en la notoria flexibilidad de su cuerpo con cada movimiento que hizo bajo aquel árbol…

El rubor siguió extendiéndose, apoderándose de él. Estaba caliente, y no era por la rabia precisamente.

—No puede ser…

OOoOoOoO

—Me niego a pensar en estupideces, Luna. Me niego, me niego, me niego — Ginny caminaba como un animalito enjaulado, dibujando círculos invisibles por toda la habitación de la rubia.

—¿Puedes dejar de bailar por todos lados y decirme qué pasó?

—¡Nada! ¡No pasó nada! — ¿Y era eso lo que verdaderamente lamentaba? No había pasado nada.

—¿Nada? ¡Casi matan a Malfoy por tu culpa!

—¡Por favor! No te pongas como mi madre.

—Acéptalo, Ginny. Fue por tu culpa… y además, ¡lo traes a tu habitación! — Luna dio un brinquito en la cama. — ¡Y lo viste sin camisa!

—¡Por Dios, Luna! ¿No puedes ser un poco más madura?

—¿Está buenísimo? — preguntó la chica, Ginny blanqueó los ojos. — Tiene una cara muy distinguida y en traje se ve muy bien, aunque no tan musculoso. ¿Cómo es?

—Es… — recordó, sin mucha dificultad. Draco tenía un torso delgado pero bien marcado, lampiño y muy blanco. Sus abdominales se veían precisos bajo el pecho y la musculatura de sus brazos bien definida.

Y la ropa que lo ataviaba… Luna tenía razón, en traje se veía muy bien, pero lucía mucho mejor con los jeans levemente desgastados y una camisa ligera, sin chaleco ni corbatas. Se veía muy relajado; y la barba de días con el pelo ligeramente despeinado, mucho mejor.

—Es…

—¡Estás pasmada! ¡El tipo no debe estar nada mal! — exclamó Luna.

—No — admitió, sentándose al bordillo de la cama.

—¿Viste algo más?

—¡Claro que no!

—No aprovechaste la oportunidad.

—¿Qué querías que hiciera? Además…

—¿Lograste algo?

—¿Cómo?

—Referente a la plaza — dijo Luna, un poco más seria. — Si no viste nada más que su pecho, al menos dime que algo conseguiste con relación a la plaza.

—No hablamos de nada de eso.

—Entonces, ¿qué hicieron?

—¡Nada! Mi madre curó sus heridas y ya, se fue. No pasó nada, Luna. — Tomó el bordillo de su camisa con la punta de los dedos.

—Está bien, algo te pasa — señaló la rubia, apuntándola con un dedo. — Cuenta.

—No… — exhaló. — No sé — admitió, arrojándose hacia atrás. Luna le dio un almohadazo en la cara.

—¡Sé más específica!

—¡Es que no lo sé! Él me miró de una manera… y yo… no sé. Y usa ese maldito perfume que… no sé, Luna, realmente no lo sé.

—¡Te gusta!

—No digas estupideces.

—No es una estupidez, Ginny. Es algo completamente normal. Te gusta, no digo que estás enamorada. Físicamente, Malfoy atrae, no es tu culpa.

—¿Lo crees? — abrazó la almohada contra el pecho.

—Por supuesto — asintió su amiga. — Y creo que tú también puedes gustarle. — Ginny se incorporó rápidamente, mareándose.

—Nada que ver — expresó, cerrando los ojos para calmar el vértigo.

—Dices que te miró de una manera nada natural en él. No quería matarte, no quería herirte… ¿qué buscaba entonces?

—Creo que quería besarme — confesó, sintiendo un cosquilleo en la panza.

—¡Menudo momento, amiga! Primero se quieren matar y después…

—¡Pero nada! él sigue siendo Draco Malfoy, el que va a destruir nuestra plaza. Y yo…

—¿No me dirás que te crees muy insignificante para él?

—¡En lo absoluto, Luna! Sabes cómo soy.

—Muy bien — Luna sonrió.

—Más bien… él…

—Necesita que le señalen el norte.

—Pero yo no estoy para eso — sentenció Ginny, levantándose. — No. Yo solo debo salvar esa plaza, y listo.

—¿No crees que Draco declinaría un poco hacia nosotros, si tú…? — Luna hizo un gesto erótico con el cuerpo, abriendo y cerrando las piernas.

—¿ACASO ESTÁS LOCA? — gritó Ginny, más roja que un tomate. Luna se desbarató de la risa.

—¡Te encantaría! — Ginny la golpeó con la almohada, repetidas veces, iniciando así una guerra de cojines y peluches.

OOoOoOoO

Había llegado demasiado temprano. Veía su reloj y el tiempo parecía ir en retroceso, qué más. Lamentó no haber llevado a Maggie. Inhaló y exhaló, llenándose de paciencia, y se dispuso a distraerse con el panorama. La plaza Spring era muy bonita, siempre le gustó. Aire fresco, mucha vegetación y diversas actividades. Sería una gran pérdida si Malfoy lograba su cometido.

Sacó el celular cuando lo sintió vibrar en su bolsillo. Cho le respondía, llegaría un poco tarde. Se iba a levantar por un cono de mantecado cuando notó que Ginny llegaba hacia él, presurosa. Sonrió apenas la tuvo al frente.

—¿Llevas mucho rato esperando? — lo saludó con un beso en la mejilla; Harry se lo devolvió, tomando su mano para volverse a sentar en la banca.

—No tanto — la miró. Tenía el pelo recogido en una coleta; era la primera vez que la veía así, lucía muy bonita. Su cuello podía verse más, y sus pecas también.

—¿Y bien?

—¿Quieres un helado?

—No, gracias. Hace frío — se frotó las manos, parecía nerviosa.

—Cho llegará un poco tarde — informó, viendo a la pelirroja más detenidamente. — ¿Estás bien?

—Sí, solo… no sé qué podrá decirnos. ¿Crees que Malfoy haya hecho algún vivo movimiento?

—No lo sé — Harry la veía sin pestañear. Estaba diferente; algo había cambiado en ella. No sabía qué, pero algo no estaba igual.

Tampoco era que llevaba mucho tiempo conociéndola. Debía tomar eso en cuenta. En ciertas cosas, Ginevra continuaba siendo una especie de enigma.

Pasó una ráfaga de aire entre ambos, erizándoles la piel. Un mechón rojo se salió de la coleta de Ginny; Harry extendió un brazo y con los dedos se lo acomodó tras la oreja, rozando su mejilla.

—Gracias — sonrió Ginny, levemente coloreada. Harry no sabía si por el viento, o por su tacto. Pero la cosa era que él quería tocarla, y el mechón fuera de sitio fue la excusa perfecta.

Le devolvió la sonrisa, sin apartar los dedos de su mejilla, e hizo algo que quería desde que habló con ella la primera vez. Se lanzó, a ver qué respuesta obtendría. Abarcó con su mano su blanco cuello y por la nuca la atrajo hacia sí, plantándole un beso en los labios, entreabiertos por la sorpresa.

OOoOoOoO

Ese día no se aguantaba ni el mismo. Se aburría, se estresaba, se irritaba por cualquier estupidez… y solo la pobre de Beth se aguantaba su mal carácter. Era el jueves más fastidioso del mundo. ¿Qué hacer? Tomó su chaleco y salió a trompicones de la oficina. Inclusive la corporación estaba sumida en un tedio total. Siempre lo mismo; gente archivando, tecleando en sus computadores o caminando de allá para acá con carpetas en mano.

Ya no quería ese ambiente, desde hace mucho tiempo había perdido el encanto.

Manejó sin un rumbo fijo en mente. Cuando aparcó el auto y bajó, notó que había llegado al mismo sitio en el cual una turba de dementes lo había perseguido para cagarlo a patadas hacia tres días. La plaza no estaba tan iluminada, pues el día estaba frió y nublado. No obstante, había muchas personas disfrutando de los espacios.

¿Por qué la plaza? Una maldita necesidad… Dios, necesitaba ver a de nuevo a Ginevra Weasley. No lo admitía, pero, ¿por qué otra razón conduciría hasta allá? ¿Por qué miraría constantemente el árbol donde los vagabundos solían meditar? ¿Con qué ideas "inconscientes" había llegado hasta allá?

—Esto es pura mierda — se dijo, siguiendo el caminillo del centro de la plaza. Se ajustó el chaleco y se dispuso a ir a su auto, cuando la cabellera roja-naranja que tanto anhelaba ver, se cruzó en su campo de visión.

Sus mejillas volvieron a prenderse, pero lejos de tratarse de una arrebolada excitación, aquel bochorno vergonzoso se debía a una especie de rencor extraño y antes desconocido. ¿Qué pasaba? En su estómago sentía como si algo se enredara entre sus tripas, retorciendo. Apretó las manos en puños, ¿qué era esa sensación? No sabía cómo llamarla, pero por primera vez desde que lo hizo, se alegró por haberle robado su idea a Harry Potter, pues él le estaba quitando algo mucho más valioso; la calidez que tanto necesitaba.

OOoOoOoO

Ginevra tardó en reaccionar. Cuando Harry finalizó con un mimo a la comisura de sus labios, abrió los ojos. Tenía los mofletes coloreados y no sabía qué decir.

Harry le agradaba muchísimo, y le gustaba también, pero ese beso no había sido ni la mitad de lo que se había imaginado. O sea, fue un buen beso, pero…

—Harry…

—Lamento si… yo… — ni él mismo sabía qué decir. El moreno pensó que sería un momento de ensueño, pues Ginny le llamaba poderosamente la atención, le gustó desde el instante en que la vio y admiraba sus ideales, aunque fuese un poco intensa y lanzada a locuras por defender su punto. Pero era hermosa, y muy lista y buena persona. Creyó que al besarla, reventaría de tantas chispas en su interior, pero solo…

—¡Me agradas mucho, Harry! Y te estoy agarrando tanto cariño que dentro de poco no sabré que hacer sin ti, pero… como…

—¿Amigo? — completó el joven, sonriendo a medias. Ginny lo miró, suspirando. Ojalá el beso hubiese sido más mágico.

—Sí — dijo. No había nada más. ¡Y realmente lo lamentaba! Porque de estar pensando en Harry, no tendría metido en la cabeza a Malfoy, y bien metido. Qué insoportable. — Lo lamento.

—No te preocupes, Ginny. Yo también… es decir, me gustas, pero…

—¿Amiga?

—Sí — ambos botaron el aire.

—Entonces, ¿todo bien? — preguntó Ginny, brindándole una sonrisa. Harry se la devolvió, era muy agradable, serían excelentes amigos. Y en un futuro, ya se vería si habría algo más.

—¡Todo bien! — besó su mejilla, Ginny rió. — Y como amigos, creo que puedo preguntarte… ¿qué tal beso? — Ginny largó otra carcajada.

—¡Muy bien! — bramó, despeinándole el cabello. — Realmente muy bien, Harry. Gracias — el muchacho volvió a sonreírle. Era un encanto.

—¡Llegué! — Cho se desplomó en el banquillo junto a Ginny, se veía agitada y transpirada. — Hoy fue una locura en la oficina. — Se peinó el cabello con las manos.

—¿Está todo en orden? — preguntó Ginny.

—Ya veremos. — Cho se sujetó su largo y negro cabello con una pinza. — Necesito beber algo, ¿vamos? Hay un bar cerca.

Los tres se levantaron. Ya estaban llegando al final de la plaza cuando Ginny notó que había olvidado su bolso.

—No puede ser — refutó, viendo por todos lados. — ¡Mi bolso! — Cho y Harry voltearon hacia ella. — Debí dejarlo en el banquillo.

—¿Te acompañamos? — preguntó Cho.

—¡Iré corriendo! — no lo había terminado de decir cuando ya sus pies habían iniciado la carrera. — ¡Ojalá nadie lo haya cogido! — gritó a pleno pulmón.

Y Draco se había quedado allí, plantado como una palmera. Vio como Potter probaba de aquella calidez añorada y después vio cómo se reían, tan felices y frescos.

—Estúpidos — siguió apretando los puños. Observó cómo Ginevra le despeinaba el cabello a Potter y cómo volvían a reírse, tan rozagantes y ajenos a todo su ilógico malestar.

Porque era tremendamente ilógico sentirse así por algo como eso. ¿Qué le estaba pasando?

Y para añadirle más condimento a la extraña escenita, su ex-novia había llegado a ellos, instalándose junto a Ginny y hablando como si fueran muy buenos amigos. ¿Qué demonios ocurría?

—Idiotas — escupió hacia el trío. Los tres jóvenes se levantaron e ignorando su presencia, caminaron hacia la salida de la plaza al otro extremo. — Malditos idiotas — relinchó entre dientes.

Tardó más de tres minutos en calmar sus aires, cuando vio que la pelirroja regresaba corriendo hacia la banca. Había olvidado su bolso.

La ira volvió, junto con ese otro sentimiento extraño. Y no lo pensó mucho. Parecía situación del destino; quería verla y ahí la tenía. Sin Potter y sin nadie más que algunos mocosos jugando a la pelota en el pasto.

—¡Tú! — saltó hacia ella, asustándola. Ginny se llevó una mano al pecho.

—¿Qué…?

—Me las vas a pagar — musitó, tomándola por los hombros y buscando su boca.

Se descargó contra ella, utilizando su lengua, mordiendo sus labios… no lo pensó dos veces. La atrapó con sus brazos y le impidió cualquier otro movimiento que no fuera el de su boca contra la de él. Y la sensación era más que cálida, sentía que se quemaba, sentía que eso era todo; el mundo, la vida... Ginevra respondía, aparentemente, sin intenciones de apartarse. Draco aguardó unos segundos antes de permitirse bajar la presión de sus brazos, dejando sus manos en torno a su estrecha cintura. Ella lo agarró por el cuello, intrépida, decidida, y él se dejó hacer sin pensar en nada más. Se besaban con ganas, desesperados.

El muchacho nunca se imaginó que podían existir besos así… y aunque él siempre solía llevar la batuta ante sus conquistas, para esa ocasión, Ginevra se lo impedía. La chiquilla besaba ardientemente, jugueteando con su lengua, imparable, poseyendo el desorbitado control. Draco la sentía en su boca como lo más placentero del mundo… no quería detenerse.

Ambos sentían la electricidad. Cuando el aire se volvió escaso y se vieron en la necesidad de bajar la adrenalina, sus labios apenas se acariciaron, acabando el contacto como quien no quiere, tiernamente.

Todo parecía mentira. Draco Malfoy no sabía ni donde estaba parado.

—¿Qué…? — Ginny susurró, abriendo los ojos. El joven magnate la miraba sin pestañear; parecía arrancado de una fantasía. — Malfoy…

Él se apartó, incómodo, atónito y asustado. Dio la vuelta y se alejó a paso veloz; casi corría, como Ginny hacia unos minutos.

La pelirroja se quedó allí, incapaz de apartar la mirada del punto donde antes estaba el rubio. Tenía dos dedos en sus labios y aunque no sonreía, un encantador fulgor relampagueaba en sus pupilas.


Autora del capítulo: Personaggio (Yanii)

NOTA:

¡Lamentamos mucho la tardanza! Particularmente, cada una se ha visto metida en sus ocupaciones y proyectos personales. Hablo por Cata y por mí cuando digo que sentimos mucho tardar aquí.

Quizá no haya muchos lectores, pero sé que hay lindas personitas que nos están leyendo y no es justo hacer creer que hemos abandonado este fic, pero quiero explicar algo que sí cambiará. La idea central de la trama fue mía, muy general y por encimita; la compartí con Cata con el fin de desarrollarla entre ambas para darle un giro bonito y divertido y pasarla bien. De eso pasó ya mucho tiempo, parece mentira, y durante ese tiempo, varias cosas cambiaron; Cata está publicando en Wattapd su primera novela original y yo me he visto enfocada en otras actividades, además de momentos de cero inspiración. Sin embargo, la idea de dejar una historia inconclusa me genera angustias, no puedo (soy un poco maniática con eso). Quienes me conocen en este mundo del fanfic, sabrán que yo, Yanii, puedo tardar pero NUNCA abandonar. Por ende, aquí tienen el capítulo, escrito por mí, y los que siguen, probablemente también sean de mi autoría. Conversando con Cata le aclaré que no debía sentirse obligada a continuar con esto, ya que entendía que tenía otros asuntos más importantes que atender. Y si bien esta historia refleja su escritura, me dijo que no tenía problema alguno en que yo la continuara y, si se veía ella con la inspiración y las ganas adecuadas para seguir, volvería a unirse al ruedo (si no la finalizo antes).

En resumidas cuentas, el fic sigue y los capítulos a continuación serán de mi parte. Cata regresará cuando lo desee y tenga el tiempo, si la historia no ha llegado a su final.

Y a todo esto, los invito a leerse su nueva novela publicada en Wattapd, como dije anteriormente. Saben que ella escribe genial y merece todo el apoyo del mundo para llegar muy, muy, muy lejos. Pueden encontrarla en sus redes y en la página con el mismo seudonick: Kathleen Cobac. Su libro se llama "Crossroads" Destinos cruzados... ¡Es una genia mi amiga!

Ya, eso es todo. ¡A quien siga ahí, muchas gracias! Volveré con otro capítulo, tarde o temprano (ejemmtardeejemmm)

Abrazos desde el alma,

Yanii.!