¡Capítulo! Porque, en serio, debo terminar el fic este año!
Gracias a quienes están al otro lado...
Verde que te quiero verde
Capítulo XIV
Pocas veces se había dejado vencer por la osadía de hacer algo que realmente anhelaba desde que sus padres murieron. Y allí estaba, insinuando cometer locuras de adolescente a una chiquilla igual de loca, que no paraba de provocarlo con su aleteo confundido de pestañas rojizas. Ella había desatado un tsunami arrasador, allí, en donde el corazón empezaba a latirle con demasiada prisa.
Curioso que en tan pocos días, ella le haya desestabilizado la rutina de tal manera... La rutina, la mente, el pecho, el estómago...
—¿Qué dices? — preguntó, levantando ambas cejas. Ginevra lo observó, aún pestañeaba como una muñeca y tenía las mejillas tan rojas que Draco pensó que se borrarían sus pecas, esparcidas por hasta encima de sus clavículas. Las mismas continuaban, mas el escote no era tan pronunciado como para regalarle la visión del inicio de sus pechos, y saber si las pecas dibujaban ahí también.
Ella se removió contra su cuerpo, pero él no se despegó ni un centímetro, disfrutando hasta el más mínimo roce. El trasero abultado de Ginny aun se frotaba contra la cara de Keanu Reeves.
—Que no puedo... yo... — habló con voz pastosa, tensa y quebrantada. El calor del cuerpo masculino la envolvía como una manta y le costaba hilar las palabras en su cerebro, apabullado por tanta calidez y tanto aroma a hombre limpio y soltero, canela y loción a base de caléndula.
—Vayámonos — él se apartó un poco, tomándole una mano, y la miró con ojos atrevidos. Una sonrisa altanera se alzó desde su comisura izquierda y Ginny fantaseó, por un segundo, en borrársela con su propia lengua. — Ven — la despegó del cartel de la película y la haló hacia la salida.
Ginny quería dejarse guiar, -por Dios que sí, joder- y saber qué clase de locuras había mencionado él, para divertirse en Londres esa tarde. No obstante, al pasar por el puesto de dulces y ver el aparador, se detuvo, presionando su mano. Sus ojos castaños divisaron los paquetes de ositos de gomita y recordó que Harry, su amigo, aún estaba en la sala de cine.
—Harry — dijo, y soltó la enorme mano de Draco Malfoy. Pero el hombre no la liberó, sus dedos seguían apretando alrededor de la de ella y la palma comenzó a sudarle pegada a la de él, producto de todos los nervios, la ansiedad, y las ganas de mandar a Harry al carajo, aunque eso no fuese lo correcto. — No puedo dejar a Harry.
Una sombra opacó las facciones del rubio y Ginny, respirando, sintió que se encogía unos centímetros más. Una sensación desagradable que solo duró un momento pequeño, pues no debía sentirse de esa forma y menos ante alguien que no conocía en lo absoluto.
Sí, Draco Malfoy tenía cierto poder sobre ella pero Ginny, siendo tan como ella era, no iba a dejarse dominar cual corderito. No a las primeras, al menos.
Lentamente, deslizó su mano por entre los largos dedos masculinos, tragando saliva. Cuando alzó la vista, él la escrutaba con ojos indescifrables; no supo qué pensar al respecto, no tenía idea de lo que podía estar pasando por su cabeza. Si tan solo...
—¿Podríamos vernos después? ¡O al salir la película! Podemos...
—Vete con Potter — soltó él, y aunque lo trató de decir sin emoción alguna, Ginny recibió la acidez de su voz como un aguijonazo insoportable.
—No tienes que ponerte así — expresó, arrugando la frente.
—No me he puesto como nada. Vete con Potter — dio la vuelta y termina por salir, quedando junto a la taquilla.
La vendedora de tikets los ojeó por encima de la revista juvenil.
—¡Draco! — Ginny fue tras él aunque sabía que no tenía por qué hacerlo. Menudo idiota, no le debía ninguna explicación. — ¿Se puede saber qué mierda...?
—¡Vete con Potter! — jamás, jamás, jamás y entiéndase bien: JAMÁS admitiría los celos hacia alguien, menos por una estúpida atracción pasajera... ella era tan solo una chiquilla molesta y ruidosa, con su pelo naranja y su aroma a colonia barata.
Con aplomo se acomodó las gafas de sol sobre los ojos y se cruzó de brazos. Ginevra se le plantó al frente, cortándole el paso. Cuando abría la boca para el mejor insulto planeado en tan solo dos segundos, ella le sonrió, mostrando todos sus dientes rectos, blancos y pequeños. Lo descolocó por completo y lo dejó con las palabras a mitad de garganta, evaporándose cual volutas de humo sin haber visto siquiera un poco de luz fuera de su boca. Ella levantó una mano y le hincó el dedo en el pecho, con la misma sonrisa triunfante aún bailando en sus labios rosados.
—Estás celoso.
—No seas estúpida.
—Celoso de Harry — y su sonrisa se ensanchó más y dos hoyuelos aparecieron en sus mofletes sonrosados. — Celoso por...
—¡Ridículo, Weasley!
—Puedes llamarme Ginny — seguía sonriendo y con los ojos brillantes. Draco se ahogó con su propia saliva. — Harry es mi amigo, no puedo dejarlo plantado a mitad de la película y desaparecer sin más. No es...
—¡Lárgate con Potter! A mi no me importa, niñata estúpida. Tengo mejores cosas qué hacer que perder el tiempo contigo. Es...
—¿Y por qué me insistías en que me fuese contigo? — Ginny no se perturbó por sus palabras. Seguía sonriendo altivamente y Draco sintió unos abominables deseos de golpearla... con un beso, y callarla de una maldita vez.
No podía estarle pasando aquello.
—Quiero irme contigo — el joven desencajó la mandíbula. Un poco más y su barbilla podría tocar su propio pecho. La chica rió, sintiéndose increíblemente victoriosa. — Pero no puedo dejar a Harry. Volvamos y...
—No voy a sentarme con Potter — no podía creer estar considerando regresar y compartirla. Y menos podía estarse llamándola "suya" aunque le hubiese metido la lengua en la boca.
¿Qué mierda sucedía?
—No tienes que sentarte con él — el rostro de la muchacha brilló con una nueva sonrisa. — Pero quédate — Ginevra no tenía la más remota idea de que lo estaba desarmando por completo, con simples gestos y palabras. ¿O sí? Draco Malfoy ya no sabía ni qué pensar sobre ella.
Podría tratarse de una maldita bruja, manipuladora hasta los tuétanos.
La observó detenidamente, quitándose de nuevo las gafas. Ginevra Weasley era luminosa y enérgica y demasiado sencilla a la vista, nada parecida a las mujeres con las cuales llegó a compartir más de un par de horas. Su boca seguía curvada en una sonrisa y los hoyuelos más pronunciados. Sus pecas le invitaban a contarlas y trazar el camino que se perdía bajo su escote, con los dedos y ¿por qué no? con los labios, comprobando si las mismas tendrían el sabor a crema pastelera, ese que probó la tarde en el parque, o a café con vainilla, el que disfrutó en su oficina. Podrían también saber a ositos de gomita, el sabor que degustó hacia tan solo unos minutos atrás.
Su cabello estaba con ligeras ondas despeinadas, pegándose algunos flequillos a los lados de su cara. Sus ojos despiertos y su nariz pequeña.
—Draco...
—Ginny — y él sonrió, descolocándola.
Tenía que tenerla entre sus brazos, toda inocente, desnuda y entregada, a como diera lugar.
Ginevra inspiró hondamente, disfrutando la sensación de victoria y de algo más acoplándose en su vientre, quemándola con la intensidad de una llamarada.
—¿Vendrás? — Y Draco terminó asintiendo, por verla a ella, por seguir cerca, y sí, por joder un rato a Potter.
N/A:
Se vendrán varias escenas absurdas que darán pie a que esta relación comience a formarse de una buena vez, ¡porque ya es la hora! ¿no creen?
¡Gracias a quienes leen y comentan! Aquí seguiré hasta finalizar... ¡Lo prometido es deuda!
Abrazos desde el alma,
Yani.!
