Para Sol (the darkness princess) la única con el corazón tan grande y hermoso como para comentar, después de leer, eh! -Por favor, si hay alguien leyendo y siguiendo la historia, no vacilen en dejar una opinión. Sé que todas son almas buenas =)-

Dejo leer...


Verde que te quiero verde

Capítulo XVI


Quizá no fue la manera más romántica y sensible de entregarse, a Draco no le importaba y vale aclarar, que a Ginevra tampoco. Pero la verdad era, que ambos se sentían en la cima del puto mundo.

No estaban sorprendidos porque... ¡aún no creían que hubiese sucedido!, y apenas hubo el tiempo para compartir un beso suave después de la explosión. El toque de un puño sobre el parabrisas reventó abruptamente la burbuja mágica. Sobresaltados se miraron a los ojos. Con las mejillas al rojo vivo, Ginny trató de cubrirse los pechos y Draco, sorprendentemente, la estaba ayudando, cubriendo su casi desnudez con su propio cuerpo y sin importarle estar dando todo un espectáculo con sus nalgas pálidas al descubierto.

—¡Jóvenes! — era el vozarrón de un hombre maduro.

Ginny, haciendo uso de la flexibilidad de su cuerpo, estiró un brazo hacia el asiento trasero y recuperó su camiseta. Draco apartó su pecho para permitir deslizar la pieza de ropa sobre su cabeza y taparse. Después, arqueó la espalda, elevando un poco las caderas. Quiso reír ante el gemido casi animal del rubio, pero un carraspeo desde la ventana le hizo morderse la lengua, ahogando la risilla en la base de su garganta. Se mordió el labio inferior cuando el muchacho separó la pelvis de ella, observándola intensamente, y soltando de modo poco natural el aire desde su nariz, bajó las manos y se acomodó las bragas y los vaqueros.

Al verla lista, Draco se apartó otro poco y se arregló los pantalones, antes de girar su cuerpo y volver con velocidad al asiento del conductor. Ginny quiso enderezar su silla, mas la palanca estaba atascada. Presionó y presionó hasta que un clip curioso hizo a Draco resoplar.

—Tonta ... es aquí — el regresó ha inclinarse sobre ella y Ginny alucinó con volver a sentir su pecho desnudo aplastando sus blancos senos. Regresó a morderse el labio cuando estuvo nuevamente derecha en su silla, y lo miró, sin parpadear, su rostro a pocos centímetros y sus labios recios a una mordida de distancia. Él hacia lo propio, con la mano aún cerca de su muslo, sobre la palanca del asiento. La movió un poco, sin poder contenerse, y la tocó por encima de la rodilla, apretando levemente la piel bajo la tela del pantalón.

—¡Jóvenes! — dieron un respingo y observaron al hombre a dos pasos de la ventanilla. Era un cincuentón apuesto, alto, robusto y con corte de pelo estilo militar. El uniforme de oficial lucia muy pulcro y tenía el sombrero clásico de los oficiales aplastado entre su axila izquierda y su brazo. Los estudioó a través de sus gafas oscuras y Draco ni Ginny podían ver la expresión en sus ojos.

—Oh ... señor ... Nosotros ... — el rubor Weasley atacaba y Ginny sintió la vergüenza recorrerla desde la punta de los pies hasta la punta de su cabello más fino. El carmesí que adoptó su piel era impresionante y Draco no creyó haberla visto nunca tan linda como allí, a punto de un ataque al corazón.

El oficial se quitó las gafas. Su frente arrugada. Ginny se preguntó si la escena era habitual para él; encontrar una pareja teniendo relaciones en el auto, a un lado de la carretera...

—Les tendré que pedir que bajen del auto, por favor.

Los nervios en el vientre de Ginny empezaron a burbujear.

—Por favor, señor...

—Señorita ...

—¡Nosotros...!

—Yo me encargo — habló Draco. La pelirroja lo vio acomodarse el cabello hacia atrás antes de salir. El oficial lo interceptó al frente, alejados de la ventanilla abierta. El hombre hizo unas cuantas preguntas y el rubio respondió con seguridad. Ginny no escuchaba nada y aún sentía las perlas de sudor recorrer su espina ... aunque, podía decirse, no toda la transpiración era por el miedo a lo que el oficial pudiese hacer.

Dios, había tenido sexo con Draco Malfoy. Sexo de verdad. Y le encantó.

Cerró los ojos, recordando las sensaciones y casi gimiendo al recordar lo que era sentirlo dentro.

—Hey ... — abrió los ojos y él estaba allí, asomado por su ventana y sonriendo galantemente. Se veía fascinante. — Ya vuelvo — estiró una mano hacia los compartimientos junto a su asiento y sacó lo que parecía ser su billetera. Retornó hacia el oficial y Ginny vio cómo extendía lo que supuso, era su identificación y además, unos cuantos billetes.

Frunció el ceño y bufó, negando con la cabeza.

Todo era demasiado fácil para los ricachones.

El oficial le lanzó una mirada antes de volverse hacia Draco y le tendió la mano, sacudiéndola con tanto ahínco como si saludara a uno de sus más allegados amigos.

Fueron solo segundos antes de tener a Draco nuevamente en el auto y el oficial despidiéndolos con una mano arriba, mientras caminaba hacia su motocicleta.

Cuando el vehículo policial cogió marcha, Ginevra soltó el aire.

—¡Qué horrible! — soltó en un alarido, repentinamente indignada. El rubio la miró sin entender — ¡Ese hombre ni siquiera me preguntó si estaba bien! Si estaba aquí por cuenta propia o tú me habías secuestrado para violarme ... ¡Nada! ¿Y si fuese una chica drogada y lista para ser abusada? ¡Dios! ¿Qué clase de policías tenemos? ¡Nadie nos protege! ¡Nadie! Esto es ...

—Ginny ... cálmate.

—¡Por supuesto! — infló los cachetes. — ¡Ustedes no tienen que andar por el mundo con el temor de que los violen y los maten y los desechen en una zanja abandonada! ¡Menos cuando se tiene tanto dinero que pudieses cagar encima de él! Es que ni siquiera se se preocupó por ...

—Ginevra...

—¡Esto no puede ser así!

—¡Por Dios, ya cállate!

—¿Acaso no me entiendes?

—¡Tú no estás drogada y menos estabas siendo abusada! Por lo que vi, estabas muy feliz gozando de todo. ¿No?

Ginny volvió a pintarse cual tomate maduro.

—Pu ... pues sí, pero ... ¡Ese no es el punto! ¿Cómo puede estar seguro de que es así, si no se tomó la molestia de hablar conmigo? ¿Cuántas chicas no habrán sufrido abusos de esta forma?

—Tienes toda la razón — Ginny iba a refutar, pero al verlo, parecía sincero. Lo encaró con los labios ligeramente entreabiertos y los ojos castaños brillantes, por diversas razones. — Él debió preguntarte y protegerte, pero no fue así. ¿Sabes qué debes hacer? Escribir una queja al departamento principal, al gobierno, a la reina si lo crees necesario, y después protestar en cada comisaría del país y después frente al palacio real.

—Es ... eres ... ¡No te burles! — le pegó con un puño en el hombro.

—¡Auch! ¡No me burlo, mujer! ¡Tienes toda la razón! De verdad, te apoyo — la chica detuvo el puño a medio camino, dispuesta a repetir el golpe. — Tienes toda la razón - recitó Draco, queriendo tranquilizándola. — Tienes toda la razón. Basuras como él no deben ser llamados oficiales, tienes razón.

—Lo sobornaste y se fue sin más. Bastó con saber que eres una especie de celebridad y un ricachón para dejarte hacer lo que te diese la gana, así fuera un crimen espantoso.

—Quise evitarnos un momento incómodo tanto con la policía como con la prensa.

—Entiendo, solo...

—Yo sé — dijo. — Respira. No dejemos que esto arruine nuestros planes.

—Querras decir tus planes.

—¿Solo míos? — se vieron a los ojos y por vez primera, pensaron en todo lo ocurrido antes de la intromisión del oficial, y después de que él saltara sobre ella. — Eh... Ginny... —Y sí, Draco todavía se creía en la cima del puto mundo, porque ese orgasmo había sido idílico y jamás se había sentido tan a gusto dentro de una mujer.

Listo, estaba hecho. La había follado (follado, porque no hay otras palabras para decir lo que habían hecho), y ahora podría pintarle pajaritos en el aire, o insultarla como bien estuvo haciendo desde que la conoció, y que se largara de su vida.

—Yo... — ella sonríó. Una curva preciosa que le dividió la cara en dos y le infló las mejillas de modo adorable. Su piel cálida continuaba ruborizada y el se tentó por una caricia poco sutil. Ahuecar su rostro y vorverla a atraer, seduciéndola con su lengua a lo largo de toda su mandíbula.

Se enderezó y mirando al frente, aferró con sus manos el volante, absteniendose a su verdadero deseo adsurdo. Serás estúpido.

—¿Cambridge? — dijo Ginny, deslizándose cómodamente en el asiento. Él la observó; la muchacha seguía sonriendo y aquello lo descolocaba más que cualquier otra cosa. No sólo porque no dijera que había sido el mejor sexo de su vida -después de todo, él tampoco se atrevería a confesárselo-, a las apuradas y con prácticamente toda la ropa puesta, sino porque aquella curva preciosa estaba siendo mucho para él. ¿Cómo desplantarla?

Respiró hondo, respondiendo a su gesto con una curva menos pronunciada. Habló antes de que la razón le inundara su cerebro empresarial.

—Vamos — Ginevra rió como una niña y Draco lo adoró sin querer hacerlo. Sonrió mucho más, y eso sí, ya era demasiado.

—La radio no paró nunca de sonar — el rubio detalló la delgada mano que se estiró hacia su costosísimo equipo de sonido. Algunas pecas se dibujaban como pintitas canela. Ginny alargó un dedo y cambió la emisora. — ¡Adoro a Cher! — bramó, y comenzó a cantar, alegre.

Draco no sabía qué mierda estaba sucediendo, así que solo negó con la cabeza y encendió el motor.

Todavía sonreía y no le importaban las razones. Estaba de muy, muy buen humor.

OooOooOooO

No muy lejos de la Universidad de Cambridge se alzaba una enorme feria de atracciones de todo tipo. Había puestos de juegos y espéctaculos alucinantes. Comida chatarra por doquier y concursos espeluznantes.

Ginevra palmeó sus manos repetidas veces, saltando en su sitio. Sus pies en punta le daban el aspecto de una bailarina en pleno número musical. Su blusa alzándose y sus pechos...

Un momento...

—¿Lo ves, Malfoy? ¡Todo está en la coordinación! — Ginny recibió con risas el enorme oso panda que el joven encargado le tendió, como premio por derribar la torre de botellas de metal. Lo achuchó contra su pecho, y el chico, de no más de diesiseis años, la miraba estupidamente.

—Eso es... — Draco miró el pecho de Ginny, alarmado. — Joder — escupió, molesto. Tomó un brazo de la chica y la atrajo hacia él, pegando torso contra torso.

—¿Qué...? — Ginny inclinó la cabeza hacia atrás, buscando su rostro. Soñó con un beso arrasador entre tanto alboroto y azúcar.

—No te pusiste el sujetador — masculló él entre dientes, observando al niñato por encima de la coronilla pelirroja. Ginny, sujetando su oso panda con una sola mano, bajó los ojos y ciertamente, no llevaba su brassier. Sus senos se erguían pequeños contra la camiseta, y las múltiples luces de la feria, hacían ver a la tela un tanto transparente.

—Está en tu auto — dijo en voz baja, alzando sus hombros.

—Vamos a buscarlo.

—¡No! El estacionamiento está lejísimos. ¡Y acabamos de llegar! — se apartó, apretando a su osito contra sí. — No importa, ¡vamos a divertirnos!

—¡No andarás por la feria en tetas! — la idea no le desagradaba del todo... verla saltando, con sus lindos senos de arriba abajo. Lo que no le gustaba, era la idea de que todo el mundo se la estuviese comiendo con la mirada...

Mierda, ¿por qué debía importarle?

—¿Te importa? — Ginny alzó la barbilla, sonriendo.

—Es... no... ¡No! Es decir, has lo que quieras — rumió, volteando hacia otro lado.

—Bien, ¡vamos! — lo tomó de la mano y Draco casi se ahogó con su propia saliva. No podía eso sentirse tan bien... — Quiero ver en qué más soy mejor que tú — lo arrastró hacia los carritos chocones.

El rubio se dejó hacer, con la cabeza más ligera, y el pecho imprevistamente más lleno.

OooOooOooO

—¡Lo siento mucho, mamá! ¡Estoy bien! No te preocupes — Draco rió, al verla despegarse el celular de la oreja. La señora Weasley gritaba a pleno pulmón desde el otro lado de la línea. — ¡Dios! ¿Harry está allí? Por Dios, ¡dile que lo siento! ¡No, de verdad! ¡No llames a la policía! ¡Estoy bien! ¡Llegaré en menos de una hora! Sí... ajá... en... — la vio sonrojarse. — En Cambridge. Sí, ¡Dios! Dile que lo siento mucho, muchísimo. ¡Se lo voy a compensar! No, mamá, no estoy... ¡Llegaré pronto! — colgó, soltando el aire retenido.

Draco se reía a mandíbula suelta.

—¡No te burles! — y pareció volverse costumbre el puño contra el hombro. Draco no se detuvo; tocándose la zona maltratada de su brazo, seguía carcajeándose. — ¡Qué verguenza! ¿Cómo pude olvidarme de Harry?

—¿Te recuerdo cómo fue? — sonrió, orgulloso, al verla colorearse.

—Debo ir a casa — le devolvió el celular y abrazó a su oso a un costado. Roja y apenada, toda linda e inocente, se veía preciosa. — Por favor — susurró, evadiendo sus ojos grises y escrutadores.

El joven exhaló el aire en un suspiro, asintiendo. Llevarla a casa sería sencillo, despedirla para siempre, era otro asunto.

Creyó que sería suficiente, pero una follada alocada con ella, pareció despertar su apetito por más.


N/A: No hay gran cosa en nada, pero allí vamos.

¡Gracias por leer, almas hermosas! Ahora pueden comentar, eh!

Cariños,

Yanii.!