Otra "gran" improvisación…
Gracias por su tiempo.
Verde que te quiero verde
Capítulo XVIII
Draco se había dicho, muy enfáticamente, que solo serían un par de semanas. Creyó que era el tiempo suficiente como para disfrutar y después desencantarse.
Qué equivocado estaba.
Pasaron dos semanas y un poco más y la situación era, si no para alarmarse hasta morir (todavía), sí para espantarlo bastante. No obstante, continuaban, porque era el mejor sexo de su vida y la chica más bella que sus necios ojos hubiesen visto.
Y no era solo así, bonita e intensa. Ginevra Weasley era un cúmulo de cosas divertidas y sorprendentes… O bien, quizá la idealizaba mucho.
Pero era fascinante.
—Tienes un lunar aquí — le dijo ella, y acarició con la punta de su dedo índice alguna marca cerca de su oreja.
—No eras la más indicada para señalar marcas de piel, Weasley — la apretó a su regazo. Estaban en su cama, su enorme, cómoda y suave cama. La oficina había sido descartada desde que el sofá no fue más que una masa de cuero, amorfa y fea.
Sí, estaban en su lujoso departamento. Y sí, le había abierto las puertas de su mundo más íntimo y solitario… pero era necesario si quería seguir disfrutando de su hermoso cuerpo. En la oficina además, Beth no dejaba de joder, Zabini de entrometerse y los periodistas de fastidiar.
Desde que todos se dieron cuenta de su nuevo aspecto y se familiarizaron con su cambio de look, las cámaras regresaron a atosigarlo. Ginevra no parecía afectada, sin embargo, no podía permitir que la prensa divulgara una relación que no iría nunca a ningún lado.
Así que la llevo a su casa, a su propio hogar, a su habitación privada, y le pidió la más absoluta discreción. Ella se vio aceptando los términos, ocultándose cuando fuese necesario y guardando absoluto silencio.
A Ginny no le importaba que la viesen o no con Draco Malfoy, solo quería estar con él.
Y Draco adoraba ser solo un amante sin un pase a la atención. Las modelos y actrices siempre buscaban enfilar los artículos de revistas, saliendo con uno de los jóvenes más ricos de todo el país. Ginny no quería eso y por ello, Draco se encandilaba un poco más.
Sin darse cuenta, le permitía destruir de apoco todas sus barreras.
—Eres tan lampiño — murmuró ella después, pasando sus manos por uno de sus brazos.
—¿Y qué? ¿Te propusiste a señalar todas mis fabulosas características físicas ahora? ¿Buscas las razones por las cuales caíste rendidita ante mí?
—En realidad, busco la razón por la cual pasó todo esto. No eres ni remotamente atractivo, Malfoy. Aún no sé cómo es posible que esto suceda — lo miró, burlona. — No tienes ni una pizca de encanto.
—Pecas de mentirosa, Weasley — le acarició la espalda desnuda. Sonrió al sentirla estremecerse, vibrando entre sus brazos. — ¿Ves? Tengo tanto poder sobre ti… — y volvió a tocarla, presionando los dedos contra su piel pecosa.
Ginevra cerró los ojos, dejando caer la cabeza sobre su hombro y ocultando el rostro en el cuello blanco. Draco la escuchó suspirar y el aliento le ocasionó un agradable cosquilleo. Cerró los ojos sin querer, saboreando las sensaciones; el pecho presionando sus senos desnudos, los muslos acariciándose, el calor de su intimidad… e incluso su cabello jugaba al mejor de los placeres, suelto a un lado entre ella y él, permitiendo un tenue pero satisfactorio hormigueo en su epidermis.
Respiró su aroma y por muy poco logró reprimir un suspiro. No, él no era de los que gozaban de esas cosas después del sexo. No, no, no… Lo que allí se vivía era simple y llanamente carnal. Sin pausas para el cariño y la ternura.
Sería un sacrilegio.
Abrió los ojos. Estaba dispuesto a apartarla cuando un beso en su garganta le hace sacudirse. La piel antes transpirada se erizó, dejándolo fuera de base. Cumplir con su cometido le estaba costando demasiado. Pronto no tendría la voluntad de permitirle siquiera alejarse para ir al baño.
La querría a cada segundo allí, expuesta sobre su regazo, cabalgándolo y después, relajada, floja entre sus brazos y risueña.
—Tienes toda la razón — susurró Ginny, rozando con sus tersos labios su nuez de Adán. — Peco de mentirosa — ascendió por su mandíbula. Draco apretó los dientes, evitando otro gruñido de completo deleite. — Eres muy apuesto — envolvió los brazos en torno a su cuello y sonriendo tímidamente, apoyó su frente en la de él. Sus ojos brillaron y la sonrisilla los achinaba, haciéndola lucir como una niña traviesa.
Él tragó saliva, impactado. Siempre le sorprendía, lo cegaba y le hacía no pensar en nada que no fuera el momento vivido.
Sus teorías sobre ese tipo de relación, burdas y gélidas, perdían consistencia.
Ginny bajó el rostro, rozando nariz con nariz, y Draco se preguntó desde cuando permitía aquello… trató de recordar la primera vez que alguna mujer se osara a acariciarle el rostro de esa forma… no encontró siquiera ápices de alguna escena parecida en su memoria. No había roces afectuosos ni nada remotamente parecido al amor.
La joven volvió a sonreírle y sobre el roce en su nariz, dio un beso pequeño. Draco tembló y su estómago se retorció, en el buen sentido.
Aunque él no era diestro en el tema del amor, algo se suponía.
Mierda, debía poner los pies en la tierra…
—Me gustas mucho — confesó Ginny, rozando sus labios.
Y él no debía sentirse tan dichoso por ello. Excitado, sí. Caliente y duro.
Pero ese cosquilleo en el pecho no debía acentuarse por encima de todo el deseo físico. No, no, no.
Sexo y nada más, ¿no era así?
Una mano femenina le iba a tocar la mejilla y él la retuvo, oprimiendo la muñeca. Con la otra mano capturó su nuca y la besó, erráticamente, restando toda la ternura y eliminando el cariño que toda ella emanaba con sus sutiles actos. Apretó la espalda contra la cabecera de la cama y alzando las caderas, se adentró en ella, tomándola por sorpresa, mas lista para acogerlo.
Resguardaba una docena de preservativos en la gaveta junto a su cama, después de ambos asustarse al caer en cuenta que no se habían protegido en sus primeros encuentros desesperados. Pero Ginny le había pedido no usarlos, si ella prometía cuidarse.
Y eso le resultó extraordinario, porque nada era más delicioso que piel contra piel, friccionando hasta desfallecer.
Ambos explotaron al mismo tiempo, se soltaron, gritaron y disfrutaron plenamente de la idílica sensación... y de pronto, los alrededores se callaron. Apenas y escuchaban el goteo que dejó Ginevra caer del lavabo del baño. Las cortinas no se movían, el aire acondicionado se mantenía funcionando, la televisión encendida pero en silencio…
Draco solo percibía el pecho acelerado de la mujer apretada a él, los muslos ahora blandos y las caderas enervadas.
Eso era todo.
Tomó sus brazos y la alejó, antes de perderse en cosas que se tenía prohibidas.
—Ya deberías volver a casa — dijo, sonando lo más impersonal posible. Respiró una gran bocanada de aire y deseó que aquello fuese suficiente para tranquilizar los galopes enloquecidos de su terco y mañoso corazón. — Ya es hora, Ginevra.
Era una de las reglas; no podía nunca, jamás, quedarse a dormir.
Nunca. Jamás.
—Sí… yo… — ella estaba sonrojada, sudorosa y terriblemente hermosa. El pelo rojo se le pegaba a los costados de su rostro y unos cuantos mechones arropaban uno de sus pechos. Draco reprimió el impulso de liberarlo y acariciarlo. Volvió a respirar y el aroma a perfume cítrico y transpiración le invadió la nariz.
Lo degustó con deleite, pese a todo lo que estaba tratando de evitar. Ella olía divino después de cada polvo.
—Voy a… — Ginny se alejó de a poco, separando sus caderas y echándose a un lado. — Voy a usar tu baño — tomó una de las sábanas y se envolvió en ella, colocándose apresuradamente de pie y perdiéndose tras la puerta de su baño privado.
Draco regresó a respirar profundamente. No terminaba de recuperarse del último encuentro y aún así, se excitó al imaginarla bajo su ducha.
—Suficiente — el sexo nunca sería suficiente pero ella debía largarse y permitirle descansar de su presencia, de todo ese inesperado revoltijo estomacal y la inquietud en el centro del pecho. — Suficiente.
Se levantó al notar el cierre del agua y se colocó los primeros pantalones de pijama que vio, dirigiéndose a la sala. Esperaría a estar solo para prepararse un café. Lizzie, la señora contratada para su limpieza y cocina, debió dejarle el almuerzo listo.
Regresaba el sonido a la televisión cuando Ginevra salió de la habitación, luciendo sus vaqueros descoloridos, su camisa de mangas floreadas y su pelo húmedo goteando en las puntas.
Sus sandalias de cuero falso estaban desperdigadas cerca del sofá y su bar personal. Las tomó y se sentó en un sillón.
—No vuelvas a dejar tus cosas tiradas así. Ésta no es tu casa, Weasley. Ten un mínimo de respeto.
—Yo… — se abrochó la sandalia del pie izquierdo y alzó el rostro, aun inclinada hacia su otro pie. Sus uñas estaban pintadas de violeta — lo lamento, señor — Draco la percibía tensa, mas ella sonrió, socarrona. — Eres como un vejete, ¿te lo habían dicho? — se levantó de un salto, buscando su bolso. Lo ubicó debajo de una pródiga mesa ratona. — Supongo que… nos veremos después — se colgó la bolsa de uno de sus hombros. Su cabello aún goteaba, dejando pozos diminutos en su piso pulido.
—Sí — la miró mirarlo y por un momento, sus ojos se conectaron.
Draco quería invitarla a comer y también prepararle una taza de café…
Un anhelo que llegó tan rápido como le obligó a irse.
—Nos veremos después — repitió él, desviando la vista y yendo a la puerta. — ¿Tienes para el taxi?
—Sí — Ginny pasó a su lado, despidiendo un aroma diferente al de su colonia barata. — Gracias — le sonrió antes de irse, y a diferencia de las otras sonrisas, ésta resultó ser particularmente genuina y bonita.
Cerró la puerta después de verla desaparecer en el ascensor. No se toparía con nadie salvo el portero y el par de guardias de seguridad. Lo mejor de ese edificio, ubicado en la zona más privilegiada del centro de Londres, era que apenas contaba con cinco habitantes, tan ricos como Draco Malfoy, pero no tan importantes.
Soltó el pomo y giró sobre sí, pensando en la taza de café. La televisión ya no estaba en silencio y la misma pasaba un episodio viejo de Los Simpson, sin embargo, él seguía sin escuchar nada más que su respiración, y los aún acelerados latidos de su corazón.
OooOooOooO
Ginny estaba en una nube, verdaderamente feliz. El sexo le resultaba más satisfactorio de lo que había pensado y Draco Malfoy más espléndido aún. No le importaba lo que se pensara de ella o lo que él le dijese después, tratándola con indiferencia.
Estaba contenta y satisfecha.
Qué más.
No estaba requiriendo de mayor compromiso de su parte. Las pautas estaban dichas y claras.
Pero él se estaba colando cada vez más en sus pensamientos y ella no podía evitar sentir lo que estaba sintiendo.
Se cuestionaba muchas cosas, claro está. ¿Toda su admiración se debía al simple acto sexual? Porque él aun se mostraba muy cerrado y aunque logró pillar uno que otro acto gesto sincero de su parte, lo cierto era que Malfoy no se dejaba penetrar tan fácil. Su muro de contención era tanto o más sólido que una maldita piedra.
Pero ella sería constante. Estaba segura que detrás de su perfil antipático, había algo que realmente valía la pena descubrir y atesorar.
—Ronald llegará esta noche, Ginevra. ¿Dónde estabas? — su madre la interceptó apenas entró a la casa. — ¿Acompañarás a tu padre a buscarlo en la estación?
—Oh, ¡por supuesto que sí! — exclamó. — ¿A qué hora llega su tren?
—A las seis — Molly Weasley se sacudió la harina de las manos contra el delantal. — ¿Dónde estabas?
—Donde Luna — mintió, sonriente. Fue a su habitación, todavía en su nube, y pensó en Draco Malfoy hasta que fue hora de buscar a su hermano.
N/A: ¡Gracias a todos por leer!
Improvisado a lo descuidado, seh. Un capítulo que muestra cómo se van moldeando los sentimientos de Draco y Ginny, sobre todo los de Draco. Tenemos que ir amasando esa relación de una forma más concisa, ¿no creen?.
¡Nos leeremos en el próximo capítulo, corazones! Voy acelerando, porque no es un fic con mucha trama como para durar tantos capítulos, ¿verdad? Al menos mi mente no da para mucho en estos últimos días, lo siento. Igualmente, espero la historia sea de entretenimiento para ustedes. Me gusta escribirlo, pese a la falta de tiempo y a veces de inspiración. Esto me ayuda mucho.
Besos desde el alma,
Yani.!
