Llegandito…

¡A leer!


Verde que te quiero verde.

Capítulo XIX


Ginevra notó su abrumadora obsesión por Draco Malfoy. Listo, estaba rebasando el límite de lo llamado "normal", así que se dio un par de bofetadas mentales y se obligó a poner los pies en la tierra.

Estaba descuidando a sus amigos, a sus intentos por continuar estudiando una carrera y en su lucha por los derechos de aquellos que no tenían voz para defenderse.

Pero era difícil volver al carril y centrarse, sin deliberar por ese engreído y orgulloso rubio. Lo pensaba a cada rato y hasta comenzó a soñarlo de la manera más indecente posible. Le era inevitable. Así que trataba de luchar un poco contra esa obsesión tan peculiar, por más que su cuerpo pidiese a gritos lo que él tan descaradamente le hacía, sin ninguna restricción de su parte.

—¡Llegué hace una semana, y no te he visto levantar ni un solo cartel contra la hambruna mundial! ¿Te está pasando algo, hermanita? — Ronald le tomó un mechón de pelo y lo haló, moviéndole la cabeza a un lado.

—¡No seas bruto, Ron! — lo apartó con un manotazo.

—Me iré en dos semanas y no he compartido con mi hermana favorita siquiera por media tarde — fingió sollozar, secándose un par de lágrimas imaginarias.

Pero ambos sabían que no todo lamento era una broma. Ginny siempre fue muy unida a su hermano Ron, más que con cualquiera de los otros, salvo Bill. Quizá llevarse un año de diferencia era la razón por la cual se compenetraban tan bien desde chiquitos, participando en bromas, llorando y riendo juntos, desvelarse robando comida de la alacena a media noche… había una camaradería especial.

—Tenemos tres semanas, Ronald.

—Dos, me voy en dos semanas — aclaró su hermano.

—¿No venías por tres?

—Ya pasó una semana, Ginevra. ¿Acaso no me estás escuchando? ¿Has estado consiente de mi presencia?

La joven se palmeó la frente. Definitivamente, Malfoy le tenía la mente arruinada.

—Pensé que me arrastrarías a una de tus protestas pacíficas. Bill me dijo que la última estuvo bastante interesante.

—Fue un caos — recordó Ginny, e inevitablemente, sonrió.

Pero Ronald era muy despistado para notar ese tipo de comportamiento.

—Quiero comer helado — dijo Ginny de pronto, tomando el brazo del pelirrojo. Ron era tan alto como Bill y musculoso. — Vamos, invitaré a Harry.

—¿Es el hombre con el que te mensajeas casi todas las noches? ¡Sería bueno! Debo aclararle unas cuantas cosas si pretende…

—Harry es solo un amigo — lo llevó hacia el porche. Su madre cantaba una canción mientras horneaba y no los escuchó salir. — Es un buen chico, te caerá bien.

—Por ley, no debe agradarme ningún ser que pretenda a mi hermana favorita — Ronald la siguió bajando los escalones.

Caminar desde la casa familiar hasta el destino seleccionado era agradable. El clima estaba fresco y Ginny aprovechaba de estirarse en cada paso por las aceras. Hacía mucho que no asistía a sus clases de yoga; no desde que casi matan a Draco.

—Pareces una demente — se burlaba Ron, viendo a su hermana realizar zancadillas.

—Deberías practicar el yoga conmigo.

En pocos minutos llegaron a la plaza Spring, compraron un cono con doble porción para cada uno y se sentaron bajo el árbol más frondoso de la zona. Ginny olvidó invitar a Harry, pero fue una tarde maravillosa hablando de todo con su hermano mayor.

Ronald se había ido por un tiempo a África, ayudando a su hermano Charlie en la reserva de cocodrilos para la cual se había postulado desde que cumplió los dieciocho años de edad.

Charlie Weasley era intrépido, arriesgado y con un profundo amor por los animales, especialmente los reptiles. Ronald siempre lo admiró y deseó seguirle el paso al terminar la secundaria. Los aires africanos le sentaron muy bien, estaba con el pelo rojo más brillante y la piel más bronceada, los ojos más despiertos y cierto aire de tipo rudo en todo su semblante.

—¡La próxima vez, Charlie debe venir!

—Hará los arreglos para venir en navidad. Odia dejar a sus animales, no confía en casi nadie para su cuidado. ¡Hey! ¡Mira mi cicatriz! — se alzó la manga derecha de su camisa, sosteniendo el cono de helado a medio comer en su mano. — No me arrancó el brazo por estar protegido con un traje especial. ¡Pero mira! Dolió muchísimo.

Ginevra esperaba ver una cicatriz realmente impactante. Lo que Ron mostró era apenas un rasguño, comparado con las cicatrices que Charlie exhibía en ambos brazos, pecho y espalda.

Acercó el rostro al brazo expuesto de su hermano, alzando una ceja.

— ¿Dolió mucho? — preguntó, aguantando la risa.

— Fue peor de lo que se ve. Lo que sucede es que ya está curada — se acomodó la manga, alzando la barbilla. Se llevó el helado a la cara y le dio una lengüetada a los bordes del cono por donde el mantecado se derretía.

Ginny se carcajeó.

—¡Eso apenas es un arañazo, Ronald!

—No subestimes los vestigios de la mordedura de un caimán, Ginevra. Creí que iba a morir — exageró, y ambos se partieron de risa.

Era una de sus tardes favoritas. Y aunque tenía varios días sin hablar con Draco, compartiendo con su hermano, lo olvidó por unas cuantas horas.

No fue sino hasta la noche, después de cenar, que miró su celular y vio la llamada perdida. Se extrañó y su vientre cosquilleó. Draco Malfoy nunca la llamaba. Era ella quien discaba su número y le aseguraba su presencia para esa noche.

No quería emocionarse, pero Ginny era joven, risueña y llena de ilusiones. Desbloqueó la pantalla y llamó, con una sonrisa brillante.

El teléfono repiqueteó tres veces. Escuchó la voz de Draco como si la misma llegase desde una estación de radio.

—¡Draco! — exclamó, sin poder ocultar la alegría al saber que él pensó en ella, hasta el punto de tener que llamarla.

Quizá todo sí funcionaría. Quizá no debía preocuparse por estarse enamorando de él, si él estaba sintiendo lo mismo por ella.

Quizá.

Iba a continuar con su plan, que no era un plan realmente: dejarse llevar y ver hasta donde le arrastraría la marea.

—¿Qué sucede? ¿Estás bien? — escuchó la respiración al otro lado y un murmullo que no pudo descifrar. — Draco…

No has venido — dijo él, su voz demasiado neutra como para calificar alguna emoción.

—Yo pensé que te gustaría tu espacio — se mordió el labio. — No sé si sientes que he estado… ocupando mucho tu tiempo, y yo…

¿Acaso tienes algo mejor que hacer? — sonó indignado.

—Pues para que lo sepa, señor Malfoy, ¡tengo una vida!

Yo… — Ginny lo sintió respirar. Alzó una ceja en expresión despectiva, como si el pudiese verla. — Lo siento — susurró.

—¿Cómo?

Es que yo… — Ginny quiso reír. Se contuvo, apretando los labios en una línea.

Podría hacer una de sus jugadas tiernas y dejarlo fuera de base, pero deseaba que él, por lo menos una vez, mostrase algo más…

Tan solo algo más.

Quiero invitarte a cenar — dijo de pronto, sorprendiéndola.

—¿Có… cómo? — "nada de salidas en público", ése era una de sus términos.

Que… — su voz vaciló y Ginny temió que se arrepintiese.

Estaba actuando por impulso, ella debía aprovecharse de ello.

—¡Está bien! ¡Acepto! — dijo con velocidad, antes de que él volviese a su habitual modo de ser y recuperase el control de su mente.

¿Ah?

—Acepto tu invitación, sí. Iré a… emm… ¿mañana? — de pronto, se sintió nerviosa. Su estómago hormigueaba y su piel enrojecía.

Sí. Te enviaré la información. — fue lo único que dijo, antes de colgar de súbito.

Ginevra tragó saliva y después, asimilando todo, saltó sobre sus pies, dando un gritito tan agudo e infantil que bien pudo pasar por una quinceañera.

Estaba sucediendo. Ella se estaba enamorando de Draco Malfoy, sí, y Draco Malfoy se estaba enamorando de ella.

Volvió a gritar infantilmente.

—¿Qué sucede, Ginevra? — su madre pasó a su habitación, Molly siempre a olía a pastelillos o a sopa de domingo. Allí, Ginny percibió el aroma de los pastelillos de mora que preparó durante toda la tarde.

La pelirroja la miró, sonriendo. Su madre no tenía idea de que ella se escabullía, mentía diciendo que estaría en casa de Luna y se iba corriendo al puesto de taxis, donde siempre tomaba el del señor Lino para llevarla hasta el lujoso edificio donde residía Draco Malfoy.

Escogió al señor Lino porque era un amable hombre italiano que no se metía en dónde no lo llamaban. Realmente, no le importaba la relación de Ginevra Weasley con alguien de aquella zona.

Molly colocó las manos sobre sus caderas.

—¿Algo qué contar, querida?

Ginny Amplió su sonrisa. En esa ocasión, no quería mentirle a su madre.

Y sabía que la noticia le alegraría, además.

—Tengo una cita, mamá. Una cita con un chico.

Y como lo predijo, Molly abrió los ojos y sonrió brillantemente.

—¡Una cita!

—¡Sí!

—¡Con Harry!

—Sí… es decir, ¡no! Harry es mi amigo, mamá. — blanqueó los ojos, alzando los brazos.

—¿Con quién saldrás? — cambió su sonrisa y se mostró sería. Ginny no creía conveniente contarle su relación con Draco Malfoy, no todavía.

Si bien su madre siempre le aconsejó salir a divertirse (creyendo fielmente que aquellas distracciones juveniles la mantendrían alejada de los problemas causados por sus manifestaciones y protestas), sabía que el deseo de Molly no apuntaba a lo que ella hacía con Draco.

¿Sexo y nada más? La sepultaría si lo supiese.

—Lo conocí en una manifestación — dijo, sin mentir del todo. — Hace unos meses, por aquella del uso de cuero, ¿recuerdas?

—Son tantas los escándalos que haces, que se me es difícil registrarlos todos.

—No son escándalos, mamá — se sentó en la cama. — Bien, nos conocimos allí. A veces nos escribimos y hablamos por teléfono. Me llamó y me invitó a salir mañana en la noche.

—Ya — Molly la observó, con unas cuantas arrugas de más en el centro de su frente ya marcada. — ¿Cómo se llama?

—Víctor — fue el primer nombre que cruzó por su cabeza.

—¿Y es un buen muchacho?

—Lo es.

—Confiaré en tu juicio — sonrió. — ¿Es apuesto?

—Muchísimo — asintió, sonriendo junto a su madre.

Al día siguiente, después de responder un tedioso y exagerado cuestionario de Ronald sobre "Víctor", ella y Luna se dispusieron a seleccionar su mejor vestido, porque seguramente, Draco Malfoy no la llevaría a un "sitio simple". También probaron maquillajes y peinados.

Ambas sentían como si estuviesen en la preparatoria y fuese la primera cita.

—Debimos llamar a Padma, ella sabe más de peinados y maquillaje que tú y que yo juntas.

—No quiero hacer de esto algo tan grande, Luna — Ginny se acercó al espejo y quitó los restos de lápiz labial de su boca. — No es conveniente que alguien más que tú sepa lo que tengo con Malfoy. No puedo exponerlo aunque…

—Querrás hacerlo — Luna soltó su cabello y la miró a través del espejo. — Te estás metiendo mucho en algo que él te aclaró, no duraría mucho. Te dijo que no podría darte nada más y…

—Me invitó a salir, Luna. Dijo que no podríamos hacernos ver en público, ¡y me invitó a salir!
¿No te parece eso señal suficiente, de que algo está empezando a sentir?

—Pues…

—Y cada vez es diferente — confesó, apoyando un codo en su tocador y descansando la barbilla en su mano. — Hay momentos, muy pequeños momentos, en los cuales él… no sé, se deja llevar y resulta ser muy… encantador. No se da cuenta, o qué sé yo, pero cuando eso sucede… — sonrió, sentía las vivas mariposas en su estómago — es muy tierno. ¿Puedes imaginarlo? Me acaricia y me mira como si yo verdaderamente le importara. ¿Me entiendes?

—Te entiendo, y como te dije en un principio, nada me gustaría más que verte feliz con alguien a quien realmente le importaras, Ginny. Pero no olvides quién es él. Si…

—Todo saldrá bien — sentenció, sacudiéndose sobre la silla. Alzó sus manos y tomó su abundante mata de pelo rojo y liso, alzándolo en puños como una cola de caballo. — ¿Y si exponemos un poco el cuello? Me vería muy sensual, ¿no crees?

Luna sonrió, sin otra idea que apoyar a su amiga, y prometer estar allí en caso tal, de que nada resultara como Ginevra lo imaginaba.

La sesión de belleza con Luna fue refrescante y estimulante. Su madre ayudó a que su cabello luciese unas lindas y sutiles hondas, suelto para que resultara más casual, y vestía uno de sus más lindos vestidos. En su guardarropa no guardaba nada muy elegante salvo el vestido que utilizó en la boda de Bill a sus dieciséis años y ese, por supuesto, estaba descartado.

El que escogieron para esa noche le hacía verse casual y a su vez, sofisticada. Corto hasta por encima de las rodillas, ajustado en la cintura y suelto en la falda y torso, abotonado al frente. Y como todo en ella, tenía su toque hippie y fresco; sus brazos estaban cubiertos por unas mangas vaporosas tres cuartos con estampados de flores de cerezo que resaltaban sobre el color negro del vestido, también estampado con las misma flores. Se veía muy bonita.

—No soporto los tacones — decidió utilizar unas coquetas sandalias de suela plana, tejidas al frente con un cruce de líneas negras que hacían lucir a sus pies más finos.

Se maquilló con apenas un poco de base y polvo, rubor y brillo color cereza. Se perfumó no con su colonia barata, sino con un perfume que solamente utilizaba en ocasiones especiales… su cuñada Fleur se lo había traído de Francia y sabía por las páginas de internet, que era costosísimo.

A Draco le gustaría.

—¡Lista! — sonrió al espejo. Tras ella, su madre y Luna alzaban ambos pulgares.

—¿A qué hora vendrá a recogerte? — preguntó Molly.

—Nos veremos en el restaurante — Ginny miró la hora en su reloj de mesa. — ¡Debería irme! Luna, llama al señor Lino, por favor. Su número está en mi celular.

—Me sentiría más tranquila si ese muchacho viniese para poder conocerlo. — habló su madre.

—Confía en mí, es un chico increíble. Mira… — acercó a ella un par de cuartillas. — Ronald me hizo llenar esto, ¿puedes creerlo? Pero en fin… aquí está el número de teléfono de Víctor, su email, su dirección y hasta el número de su mamá y el del restaurante donde estaremos. ¿Ves? No era necesario tanto atosigamiento, pero…

—De todas formas… — Molly tomó los datos. Solo Ginevra y Luna sabían que el único número verdadero, era el del restaurante. — ¿Tú lo conoces, Luna?

La rubia saltó desde la silla del tocador. Se estaba aplicando a sus muñecas un poco del costosísimo perfume francés.

—Eh… sí, señora Weasley. También lo tengo en Facebook y Twitter. No se preocupe, Víctor es un chico… increíble. — repitió. — ¡Ginny! Creo que el señor Lino llegó.

Ciertamente, escucharon la bocina del taxi en la entrada.

—Bien, ¡me voy! — Luna le deseó mucha suerte, su madre le lanzó una plegaría y Ronald casi la obliga a golpearlo para poder salir.

Su piel se mantenía enchinada bajo el abrigo y cuando el señor Lino aparcó frente al restaurante, su vientre empezó a burbujear.

Había extrañado a Malfoy más de lo que pensó. Ojalá y él, al verla, se sintiese de igual manera.


N/A: ¡Feliz navidad! ¡Feliz año nuevo! ¡Feliz día de reyes! Que Dios me los bendiga a todos.

Si alguien sigue por allí, que sepa que le dedico el capítulo.

Besos desde el alma,

Yani.!