Disclaimer. Los personajes qué aquí aparecen pertenecen a Walt Disney, lo demás es invención mía.
Capítulo 25. Te amaré
Rated M por si las dudas.
No lean, sí sus ojos son castos.
La boda de la princesa fue todo un éxito, pese al desastre qué hicieron Max y Pascal; con ayuda de todo el reino limpiaron y arreglaron todo de nuevo.
Finalmente el banquete dio inicio y los novios bailaron juntos al son de su primer vals como marido y mujer, y la dicha qué desbordaban sus ojos era infinita y plena. Era un sueño hecho realidad para ambos, un día qué parecía inalcanzable, pero qué a pesar de los obstáculos qué atravesaron, al fin llegó.
─ Todos nos están mirando, me siento rara─ le susurró al oído a su ahora esposo, mientras bailaban
─ Debe ser que nunca habían visto tal belleza─ dijo embelesado, a lo qué ella sonrió
─ No me gusta ser el centro de atención
─ A mí me encanta, mí princesa de pies descalzos ─ respondió haciendo alusión a su negativa de usar zapatillas incluso el día de su boda.
─ No tienes ni qué decirlo, ¿Cuándo dejarás de ser tan vanidoso? ─ preguntó sonriendo
─ Cuándo tú dejes de ser tan hermosa, además sé qué a ti te gusta─ la princesa rio ocultando su rostro contra su pecho, disfrutando de esa cálida velada.
Después de algunas horas, la celebración terminó y los novios asomados desde su carruaje se despedían de todos los presentes, encaminándose a su luna de miel.
El sol con sus últimos rayos, iluminaba el paisaje ante los ojos de la joven, quién entusiasmada preguntaba y admiraba cuanto veía a su esposo; y él con gusto aclaraba sus dudas.
─ Al fin solos─ le dijo tomándola de la mano y besándola con cariño
De pronto vino a ella la "platica" qué tuvo con él hace un tiempo, los libros que leyó y el miedo comenzó a embargarla.
─ ¿Eugene? ─ él la miró expectante- tú...quiero decir...yo─ balbuceó nerviosa
El joven entendió a qué se refería y apretó con suavidad su mano─ Rapunzel, yo jamás te haría daño ─ ella asintió y se abrazó a él durante todo el camino.
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Llegaron a su destinó: la casa de campo de sus Majestades, los Reyes de Corona. Para cuándo arribaron ya era de noche y no podían apreciarla en su totalidad pero era grande y elegante por dónde se viere. Él cochero se despidió de ellos indicándoles dónde podían encontrarle si necesitaban algo.
Eugene entusiasmado recorría el interior de la casa, admirando todo su esplendor; reliquias de incalculable valor qué en años atrás fácilmente seria su botín. Pero lo qué se robó su atención era la cocina, dotada para alimentar a un regimiento, pensó él.
─ Asaltaré esta cocina, tenlo por seguro─ bromeó, más no hubo respuesta.
Volteó hacia Rapunzel, aún parada en medio de la sala, mirando a su alrededor, acomodando su cabello con nerviosismo.
─ Rapunzel, ¿No me estas escuchando, verdad? ─ ella seguía ida en sus pensamientos─ ¡Rapunzel! ─ la joven respingó del susto
─ ¿Estas bien─ -preguntó tomándola de los hombros
─ Si, sólo estoy algo nerviosa, creo
─ No hay nada qué temer─ le sonrió y la sorprendió cargándola en brazos.
─ Eugene ¿Qué haces? ─ dijo riendo, olvidando por un momento sus temores.
Sin soltar a su esposa se las arregló para abrir la puerta de la alcoba. La habitación era iluminada por candelabros en las paredes, la cama matrimonial adornada con doseles y cortinas. Bajó con cuidado a la joven, quién no podía disimular su terror.
─ Y esta es la historia de mi muerte─ dijo con voz tétrica, causando qué la princesa le mirará interrogante.
─ ¿A qué viene eso?
─ Tu cara, preciosa─ la señaló ─ parece qué vas a la horca en lugar de tu luna de miel
─ Lo siento, es sólo qué esto es nuevo para mí y bueno... ─ él se acercó, levantó su barbilla y le miró a los ojos
─ ¿Quién es la que estaba emocionada por hacer las cosas del libro, eh? ─ dijo con humor
Ella esbozó una débil sonrisa─ Creó qué ya no estoy tan segura
─ ¿En serio? ─ preguntó decepcionado
─ ¡No! Bueno, ¡Sí! ─ llevó sus manos a su rostro─ Es complicado─ suspiró y le miró─ ¿Nunca has sentido miedo ante una situación desconocida?
El deseo por hacerla suya, después de esperar por tanto tiempo era tal qué podía imaginar tomarla por la cintura, empujarla a la cama y arrancarle ese bello pero estorboso vestido de un jalón. Admirar ese diminuto cuerpo, tocarla como siempre había deseado y consumar su matrimonio una y otra vez toda la noche hasta qué no pudiera más, gimiendo su nombre como si no hubiese un mañana.
─ ¡Eugene! ─ dijo sacándolo de sus pensamientos, dando dos pasos hacia atrás al verle respirar agitado y empezando a sudar, pese a qué no hacía calor en esa época del año─ Dime, ¿lo has sentido?
─ No tienes idea de cuantas veces─ se acercó acariciando su mejilla─ Lo qué hago es enfrentar mis temores, sé qué no es fácil pero yo te ayudaré ─ respondió travieso
La princesa se sonrojó–Y se qué serás un buen maestro-respondió besándole en la mejilla ─ Bueno pues, empieza─ cerró los ojos temerosa
El trató de no reír, más no lo consiguió─ ¿Hice algo mal? ─ preguntó frunciendo el ceño
─ Rapunzel, esto no es un proceso mecánico, esto es…mmm…diferente─ respondió sintiéndose estúpido ante su mirada curiosa ─ Bueno es…estar a un nivel más…intimó─ explicó rascándose la nuca─ ¿Recuerdas lo qué te explique? Es algo así soló qué…mmm…─ era obvió qué el sabia sobre el tema pero hablarlo y explicarlo a ella era vergonzoso para él.
─ Si, sé qué nos uniremos ya qué tú…─ rio ruborizada, dio un suspiró y se acercó a él con decisión en sus ojos─ Soló enséñame, yo confió en ti y sé qué no me harás daño.
El deseo ardía en su interior con cada palabra de confianza expresada por ella, por esa boca qué le hipnotizaba y le pedía a gritos ser besada con toda la pasión qué llevaba acumulada por todo el tiempo qué hubo de esperar.
No tuvo qué decir una palabra más para qué acortará la distancia y la besara en los labios, primero como una suave caricia más poco a poco fue subiendo la intensidad, adentrando su lengua en el proceso, acariciándola como a ella le gustaba, bajó sus manos hasta su cintura, cargándola hasta la cama matrimonial. Ella respingó pero lo dejó hacer. Notando con fastidio qué esas cortinas le estorbaban una barbaridad, lo qué causó qué las arrancara de un tirón.
Ella se rio, no supo si por nervios o por lo cómico del asunto. Sus respiraciones se aceleraban con cada segundo qué pasaba, aunque ella no entendía muy bien la razón.
Eugene la besó nuevamente antes de separarse momentáneamente para deshacerse de su casaca qué lo estaba asfixiando de calor, botándola al suelo. La princesa no se resistió a aproximar sus dedos a su desnudo y fuerte pecho bajo la mirada de su esposo, qué disfrutaba cada caricia y cada cosquilleo qué comenzaba a nublar su juicio.
─ Ahora es tu turno─ dijo con ojos brillantes
─ Mi...¿Mi turno? ─ tras unos segundos entendió a lo qué se refería─ ¿Me podrías ayudar? Yo no alcanzo─ dijo tímida
─ No tienes ni qué decirlo─ se subió a la cama y comenzó a deshacerla de su corsé, sintiendo cómo se secaba su boca y sus manos comenzaban a temblar─ Ya esta
Con timidez se volteó y terminó por sacarse la prenda ante los ojos atentos de él. Instintivamente se cruzó de brazos tapando sus pechos.
─ No lo hagas, eres hermosa─ suplicó, ella un poco reticente los bajo poco a poco. Era la primera vez qué alguien aparte de su madre la veía desnuda y a pesar de confiar en él, la vergüenza la embargaba.
─ Bien, Tu turno─ dijo recuperando su confianza
Su marido sonrió y gustoso cumplió su orden, se levantó y se sacó las botas aventándolas a un rincón, desabrochó su pantalón y en sólo segundos quedó en ropa interior frente a ella.
Un creciente palpitar se hacía presente en su zona íntima, al verle semidesnudo e imaginarse lo qué estaba a punto de pasar. Le besó con lentitud en los labios y le susurró─ Te toca, princesa
─ Lo sé─ con dificultad se quitó la falda de su vestido y su esposo lo aventó a algún lugar de la alcoba─ Eugene, pero debó guardarlo─ replicó tratando de levantarse, algo qué él impidió
─ Rapunzel, olvídate del vestido, ahora sólo importamos nosotros─ le besó y ella asintió ─ Está bien…creó que ahora es tu turno─ dijo mordiendo su labio con sensualidad no intencional.
─ Vaya quieres ir directo al grano─ rio nervioso, situándose sobre ella- me temó qué tendrás qué esperar un poco más
─ Pero entonces ¿cuándo vamos a consumar? ─ dijo haciendo un puchero
─ Vamos a consumar…sólo espera un poco─ le susurró al oído
─ ¿Esperar qué?
Él sonrió ante su inocencia y curiosidad ─ Es usted muy impaciente, princesa─ ella le dio un golpecito en el hombro─ Y si sigues de preguntona, más va a tardar.
Deslizó sobre su piel, una línea de besos, desde su cuello hasta sus pechos. Con una mano los apretó y los chupó haciéndola estremecer ante esa nueva sensación.
─ Eu…Eugene ─ dijo en un suspiró
─ Sshh… sólo disfruta─ dijo acariciando su cintura y besando su vientre, bajando cada vez más, hasta qué finalmente la deshizo de su ropa interior.
Rapunzel podía ver una mirada diferente en él, una mirada llena de deseo, de pasión y eso la hacía sentir extraña pero poderosa al mismo tiempo. Él miedo la invadía sí, sin embargo también la curiosidad y el deseo qué crecía en ella con cada beso, con cada caricia. Un deseo del qué ni siquiera ella misma se había percatado.
Fue sacada de sus pensamientos al sentirlo estimular y besar una zona en ella qué jamás pensó podría hacerla sentir de esa manera.
─ Qué… ¿qué haces? ─ preguntó sin mucha convicción
Él levantó el rostro con una sonrisa ─ ¿Te gusta?
─ Si…es sólo qué─ la frase quedó al aire, al arrancarle otro gemido de placer.
Segundos después, el placer la invadía y de manera inconsciente movía sus caderas de arriba a abajo .El la detenía para continuar su labor, quería qué disfrutara cada momento qué fuese posible.
─ Ahhh…Ahhh ─ gimió al alcanzar su primer orgasmo, sintiendo cómo su cuerpo temblaba de placer.
Besó de nuevo su cálido vientre haciéndose camino hasta sus labios, unos labios qué le respondieron con la misma pasión.
─ No…no hemos consumado ¿verdad? ─ preguntó mirándole a los ojos, sin dejar de acariciar su pecho hasta llegar a la ropa interior de él.
─ Nada se te escapa, princesa─ la besó de nuevo, para luego encontrarse con sus delicadas manos sobre sus bóxers.
Se miraron y sin decirse nada, la princesa reprimiendo el temblor de sus manos, comenzó a bajarle la prenda. Momentos después su esposo le ayudó a terminar su tarea, aventando la prenda lejos de ellos. Dejando a su vista aquél miembro qué tanto la asustó aquella vez qué sin querer lo encontró desnudo.
Su respiración se entrecortó de pronto, al mirar su miembro erecto, tenía ganas de tocarlo, pero el joven leyendo sus intenciones la detuvo.
─ Aún no…aún no ─ dijo enterrando su rostro en su cuello, besando cada centímetro de su piel
Ella comenzaba a perder el miedo y se unió a las caricias y a los besos que repartía por todo su cuerpo. Por primera vez se dio cuenta de lo musculoso de su abdomen y de su fuerte espalda qué no perdía oportunidad en tocar y sintiendo mayor confianza poco a poco descendió sus manos hasta tocar su trasero. Desdé hace tiempo moría por hacer eso, poder apretarlo, sentir su forma y ahora por fin podía hacerlo. Él joven respingó ante su atrevimiento y le miró travieso, respondiendo de la misma manera a lo qué ella se sonrojó.
Sin dejar de acariciarla, bajó sus manos hasta su sexo y lentamente fue introduciendo un dedo dentro de ella. La princesa no tardó en sentir la invasión y a sentirse incomoda.
─ Me...me duele─ dijo sintiéndose presa del pánico
─ Pasará, lo prometo─ susurró en su oído
Sacó el dedo y sintió su humedad, ella no lo sabía pero su cuerpo estaba listo.
─ Confías en mí, ¿cierto? ─ preguntó conteniendo su deseo
─ Con mi vida
Continuó con el juego de caricias y la besó profundo en los labios, mientras con pasmosa lentitud comenzaba a adentrarse en ella. La joven no pudo evitar quejarse púes el dolor qué sentía no se comparaba a nada qué hubiese sentido antes.
─ ¡Ahhh! Duele…duele─ sus ojos comenzaron a humedecerse por las lágrimas─ Eugene… me duele
Le dolía escucharla sufrir pero sabía qué debía seguir ─ Relájate….te lo prometo…dejará de doler
Cerró los ojos con fuerza soportando el dolor, aferrándose a las sábanas de la cama, quería creer en sus palabras, pero él dolor no cesaba ─ Me…lástimas…me...lástimas ─ dijo empujándolo suavemente con sus manos─ por favor…duele ─ se removía incómoda soportando el dolor─ Eu…Eugene
─ Me…duele…por favor…duele
Él por su parte, tenía que contener sus impulsos y se mantuvo dentro de ella por dolorosos segundos hasta qué se acostumbrase a sentirlo de esa manera.
Besó cada una de las lágrimas derramadas por ella, pese qué aún permanecía con los ojos cerrados. La apretó contra él y sacó su miembro con rastros de sangre, prueba de la virginidad de la princesa, para volver a adentrarlo, robando un gemido por ambas partes.
De manera instintiva envolvió con sus piernas las caderas del joven. Con cada embestida el dolor desaparecía poco a poco hasta qué el placer nubló su mente por completo.
─ Eu…Eugene…Eugene─ gimió su nombre contra su oído, como tantas veces el soñó qué lo haría.
─ Rapunzel─ respondió de una manera qué la hizo estremecer
El placer se convirtió en éxtasis y la princesa mordió su hombro, sintiendo como su cuerpo era presa de una nueva ola de sensaciones qué la electrificaban de pies a cabeza. Él se estremeció y buscó sus labios ahogando un gemido de placer en ellos.
No dejando de moverse dentro de su cuerpo, ambos explotaron de placer. Por fin el colapsó sobre ella, disfrutando al sentir su pequeño cuerpo bajo de él, sintiendo como su pecho subía y bajaba con rapidez y cómo sus corazones se movían al mismo latir.
La tomó de la cintura dándose vuelta, quedando la princesa sobre su pecho.
─ Estas… ¿estás bien? ─ preguntó controlando su respiración
─ Si…estoy bien─ dijo sonriendo─ aunque me tiemblan las piernas─ dijo riendo avergonzada
─ Es normal, preciosa─ dijo quitándole un mechón de cabello del rostro
La princesa asintió con una sonrisa─ Te amo, Eugene
─ Yo te amo más ─ dijo besando con ternura su pecosa nariz
─ No, ¡Yo te amo más! ─ dijo juguetona
─ No, ¡yo te amo mucho, mucho más!
─ No, Eugene, yo te amo mucho, mucho, mucho más─ dijo sin perder la sonrisa
El joven rio ─ Está bien, tú ganas
Rapunzel frunció el ceño─ ¿Tan fácil te das por vencido?, Entonces no me quieres─ tomó la sábana y se cubrió con ella por completo
─ Rapunzel ¿Es en serio? ─ preguntó tratando de quitarle la sabana de encima, cosa qué no consiguió
─ Ya no te quiero─ dijo destapándose por unos segundos para luego volver a cubrirse.
─ Estás jugando, ¿cierto? ─ El no daba crédito a qué se enojase por algo tan insignificante
─ ¡No! ¡Ya no te quiero! ─ se destapó sólo para sacarle la lengua y volvió a ocultarse
─ Rapunzel, ¡pero si no te hice nada! ─ respondió indignado─ Bueno, nada qué no quisieras─ dijo jugando pero no recibió respuesta─ ¡Rapunzel! ─ dijo tratando de encontrarla entre las sábanas pero ella se escabullía ─ Señora Fitzherbert, se está usted comportando como una niña ─ al no responderle, le dio la espalda indignado por su comportamiento – ¡Bien! ¡Cuándo dejes de jugar me avisas!
No tardó mucho tiempo en sentir unos dedos caminando por su espalda ─ Sabes qué no me gustan las cosquillas
La princesa se rio ─ ¿ah no? ─ continúo deslizando sus dedos desde su espalda hasta llegar a su retaguardia, causando qué se volteara al instante.
─ ¿A sí qué .quieres jugar, princesa? ─dijo sonriendo, devolviéndole la mirada a esos ojos verdes, esos ojos tan grandes, tan claros, llenos de inocencia y una sonrisa pícara en su rostro.
La luz de la luna se filtraba por la ventana, iluminando tenuemente la frágil figura de su princesa, su piel de porcelana la hacía brillar como la más bella estrella qué haya visto jamás. Dándose cuenta qué al fin la niebla se levantaba de sus ojos, y qué a su lado todo era claridad, con ella era fácil ver dónde quería estar, porqué ella es la luz…su luz.
N/a: ¡Hola!
Ya tenía tiempo sin actualizar, por las ocupaciones diarias y principalmente porqué esté capítulo me daba terror escribirlo, ya qué es mi primer intento de lemon, espero les haya gustado.
Y por sí sé lo preguntan, esté no es el final, aún quedan unos cuántos capítulos (calculó unos 6 o7).
Y ya saben comentarios, sugerencias, quejas y demás tomatazos en el botoncito de abajo.
¡Nos leemos!
