Fandom: Saint Seiya

Disclaimer: Saint Seiya y todos los personajes conocidos que aparecen aquí son propiedad de Masami Kurumada.

Advertencia: Post Saga de Hades.

¡Continuación! No creí seguir este fic con otro capítulo, pero me dí cuenta que sí se puede. Lo que pasa es que no me llegaba la inspiración.

Dedicado a todas las personas que lo marcaron como favorito, o me enviaron algún review, espero que disfruten este capítulo tanto como el anterior.


Shion sentía la adrenalina correr por sus venas. Cuando participó en guerras santas también había experimentado sus efectos recorrer por su cuerpo durante las cruentas batallas, pero ahora era distinto, era enfrentarse ante una gran expectación, hacia lo desconocido, pero sin la amenaza de algún ataque.

El tibetano tenía deseos de correr, de llorar, de reír, de hacer todo eso al mismo tiempo. Después de que Dohko lo abrazara antes de salir del decimotercer templo, cuando dejó a sus santos dorados en el salón principal, él siguió a Atena y su cortejo de bronceados hacia las habitaciones privadas del patriarca.

Todavía sentía en la piel el apretón del chino, fue un breve instante, pero el santo de Libra fue muy eufórico en su gesto amistoso.

No tuvieron ni tiempo de intercambiar una conversación propiamente dicha, sólo fue un saludo de cortesía, no la declaración de añoranza que ambos arrastraban y que necesitaban expresar.

Ahora, Atena y él se adentraron en la habitación, entonces estuvo solo ante la diosa de la sabiduría, ella le explicó que su transporte no tardaría en llegar. Entonces el patriarca decidió hacerle una solicitud y se dirigió a ella conforme a su posición de subordinado, arrodillándose a su frente.

"Diosa Atena, si me permite, deseo hacerle una pregunta."

"No tienes que pedirme permiso, Shion, puedes preguntar cualquier cosa y por favor no sigas postrado delante mío, acompáñame y toma un asiento conmigo."

Se sentaron alrededor de una mesita decorada con un exquisito mantel situada junto a un ventanal con una vista envidiable del Santuario y la diosa habló entonces:

"Dime Shion, ¿Cuál es tu petición?"

Shion estaba un poco ansioso todavía, aclaró su garganta, suspiró un poco y realizó su consulta:

"No quiero parecer grosero con mi cuestión, pero ¿por qué motivo nos devolvió a la vida?", continuó explicándose: " Es decir, con los chicos de bronce a su lado, no era necesario hacerlo, ellos han demostrado su valía como verdaderos guardianes de Usted."

"No era necesario para mí, Shion. Pero sí para todos ustedes."

Después de semejante respuesta Shion se quedó sin palabras, de tal magnitud impresionado.

"Ustedes son seres humanos únicos, especiales, pero dejaron de lado su crecimiento espiritual por cuestiones terrenales, tales como la traición, el poder, la venganza, los celos, o la avaricia, que los sedujeron en sus redes por decisiones equivocadas. Entiende bien esto, Shion, yo no los juzgo, yo solamente aprovecho la oportunidad que mi padre Zeus me otorgó de devolverles su tiempo perdido."

Atena le explicó que todos los seres humanos tienen un propósito en esta vida, y que sus amados santos dorados no lograron llevar a cabo esa trascendencia espiritual para la evolución de sus almas.

Shion quedó meditabundo, asimilando las palabras de la diosa, su razonamiento lo hizo temer que sus vidas durarían solamente el tiempo que les tomaría cumplir ese objetivo.

Saori al advertir la seria expresión de su patriarca adivinó ese pensamiento y lo sacó de su error: ella los revivió para que disfrutaran sus vidas como jóvenes normales, en la medida de lo posible, que aprovecharan sus días sin la constante responsabilidad de su obligación como guerreros de una diosa.

Ella le aseguró que las Moiras serían las encargadas del hilo de sus destinos. Éstas divinidades, de acuerdo a la mitología, hilaban, medían y cortaban la hebra de la vida, por lo tanto, ellas dictarían cuánto tiempo tendrían de existencia. No dependía de ella en absoluto.

El jefe supremo del Santuario pareció tranquilizarse con la respuesta de su deidad y por último pidió permiso para retirarse a sus habitaciones. En realidad esperaba encontrarse con su alumno y su amigo otra vez.

Entonces sucedió algo que Shion jamás atestiguara antes, su diosa pareció ahora más humana: Saori se sonrojó y le pidió disculpas por retenerlo tanto tiempo.

Rápidamente Shion se inclinó ante ella, también sintiéndose abochornado, y le manifestó que no fue así, que es su deber aclarar la situación actual del Santuario y sus ocupantes. Aunque la diosa procure que sus caballeros disfruten de su nueva vida, él mismo todavía tiene responsabilidades y deberes referentes al buen funcionamiento de la orden, y el antiguo santo de Aries piensa que eso lo disfrutaría de igual manera, por la única razón de que a él le gusta su trabajo.

Escuchando esto, Atena le sonrió y le deseó buena suerte en su reincorporación al Santuario como jerarca supremo de su orden.

Después que Shion le agradeciera, la custodió hacia la salida del templo donde afuera la esperaba Seiya, quien abrazó a Shion antes de correr a abrir la puerta del helicóptero a Saori y ayudarla a subir. Arriba se encontraban acomodados en sus asientos, el santo de Andrómeda, Shun, junto con su hermano Ikki, el caballero del fénix, y en un asiento amplio donde se colocaron la diosa y Seiya se encontraba además el caballero del dragón, Shiryu.

Saori, como heredera de Matsumasa Kido, tenía muchos negocios que atender y era necesario salir hacia Japón. Después de dejarlos en el aeropuerto de la ciudad, un avión particular la llevaría junto a su corte personal de inmediato hacia allá.

Con las últimas luces naturales del día, con un cielo despejado y lleno de colores del arrebol, Shion vió partir la nave hacia el norte, y suspirando se dirigió hacia sus habitaciones.

Adentro lo esperaban impacientemente Dohko, Mu y el pequeño aprendiz de Aries, Kiki.

El primero en reaccionar fue el chino, quien se acercó sonriendo a Shion y lo abrazó con la misma fuerza que antes. El tibetano correspondió con el mismo ánimo.

El niño hizo un movimiento para unirse al abrazo, pero Mu lo retuvo del hombro, Kiki entendió el mensaje, su maestro le pedía que ese significativo abrazo fuera compartido solamente por el patriarca y el santo de Libra, después habría tiempo para unirse.

"Te extrañé " exclamaron ambos con emoción.

Soltaron una carcajada, y al mismo tiempo se callaron y miraron, para en seguida reír con más ganas. Pareció algo ensayado, hacerlo tan perfecto, en unísono, era muy divertido. Kiki corrió para abrazar a ambos y saltó a los brazos de Shion, el joven tibetano se acercó y fue su turno de repartir abrazos. Shion y Dohko tenían lágrimas en los ojos a punto de caer, pero ninguno las dejó escapar.

Entonces sin que nadie hablara, pero con sonrisas dibujadas en los cuatro rostros, se movieron lentamente, para no romper el contacto físico, ni la magia que se sentía en el aire, hacia el salón privado del patriarca.

Tenían muchas cosas que hablar.

Y después a descansar, si es que lo lograban.

¿FIN?


Nota de la a. Espero que lo hayan disfrutado y me perdonan cualquier error gramático u ortográfico. Me dejan algún review por favor. No sé si lo voy a continuar con los demás santos.