Fandom: Saint Seiya

Personajes: Deathmask, Shura, Afrodita, Aioria.

Disclaimer: Saint Seiya y todos los personajes conocidos que aparecen aquí son propiedad de Masami Kurumada.

Advertencia: Saga Post-Hades.

Capítulo dedicado a Derama17, Patzylin-Donno, Elizabetha, AnimesNextGeneration SNYC, Zooropa y Normanda Lethar por sus reviews. Así me doy cuenta si les gusta lo que escribo, por si me falta continuidad o para que compartan sus perspectivas de la historia.


Afrodita de Piscis se sentía eufórico y tenía planes que llevar a cabo inmediatamente, todo le parecía un sueño, desde el discurso de la diosa Atena hasta el momento en que terminó la reunión dorada y casi todos se habían calmado de sus impresiones personales, algunas de las cuales fueron de gran asombro, y otras significaron conmociones fuertes para algunas almas.

Después de horas compartiendo experiencias, emociones o el sólo gusto de estar vivos de nuevo en la compañía de sus colegas, los santos dorados que estaban de pie cerca de la entrada del templo del Patriarca alcanzaban a escuchar las carcajadas de Aldebarán y Kanon, comparado con ellos Saga era más discreto, mientras bajaban rumbo a sus casas. Unos minutos después el guardián de Piscis se encaminó a su templo acompañado de Deathmask de Cáncer y Shura de Capricornio. Se despidió de ambos al llegar a la entrada de su casa con un abrazo muy fuerte asegurándoles que los visitaría después.

El sueco no sabía cuánto tiempo permanecería la diosa en el Santuario, así que se apresuró en crear y luego entregar personalmente en el decimotercer templo los arreglos florales para la diosa Atena y para el patriarca Shion. Minutos antes de salir de su templo, Mu de Aries, había atravesado por allá, con su discípulo, el pequeño Kiki.

Cuando arribó al templo del jefe supremo de la orden ateniense, frente a Shion, éste le explicó que la heredera japonesa había marchado hace un momento, pero a nombre de ella el patriarca agradeció la cortesía de Afrodita y señaló que colocaría el bouquet en el altar consagrado a ella. Le explicó que la diosa era capaz de saber quién le dedicaba alguna ofrenda y que ella le enviaría alguna señal de agradecimiento.

Afrodita se sintió desilusionado de no ofrecer personalmente el arreglo floral a Atena, pero con las palabras de consuelo de su superior aceptó su suerte sin mayor lamentación.

Se dirigió a su morada con paso lento, tenía objetivos próximos a llevarse a cabo lo más pronto posible, pero se permitió disfrutar del clima, del paisaje que le ofrecía una vista espectacular desde la cima de la montaña. En lontananza se avistaban las últimas luces del día extinguirse y sobre el firmamento comenzaban a distinguirse más estrellas, y entonces constató con una claridad en cada uno de sus cinco sentidos que todo lo percibía intensamente.

Estaba consciente de su respiración, podía hasta contar los latidos de su corazón, su piel era acariciada por el viento fresco que jugaba alborotando sus rubios cabellos y le traía el perfume de las rosas alojadas en su jardín. Abrió sus brazos y le dieron ganas de reír, no se pudo contener, inicialmente fue un murmullo, aunque fue aumentando lentamente hasta convertirse en una serie de carcajadas sonoras. Unas lágrimas recorrieron sus mejillas y le agradeció a la vida, a su diosa y al mundo su felicidad.


El santo de la cuarta casa estaba algo desconcertado cuando su acompañante pasó de largo por el templo del que estaba a cargo de proteger. Luego de despedirse de Afrodita, el canceriano acompañaría al español hasta la décima casa, se despediría de él y lo vería hasta el día siguiente, o eso creía.

Deathmask iba a separarse de Shura en la entrada de Capricornio, pero el español no se detuvo, y siguió bajando las escalinatas que conducían hacia el noveno templo. El de Cáncer fue detrás de él, confundido pero sin decir palabra, después de un rato pensando en el asunto dedujo que el hispano no querría encontrarse a Aioros y Aioria cuando pasaran por su templo con rumbo a sus respectivas casas en el Santuario. El pelinegro tuvo una clara reconciliación con el mayor de los hermanos griegos, pero el tema con el santo de Leo no se había zanjado por completo.

El italiano pensó con un dejo de sarcasmo que era una verdadera suerte para Shura tener un amigo cuyo templo un estuviera un lugar más abajo de la quinta casa. Aunque ese amigo se sintiera apesadumbrado por la actitud del español de no confiar en él sus preocupaciones. Al fin de cuentas era todo un caprichornio. Para el italiano se trataba de una tontería, pero cuando el ibérico se ponía nervioso se tornaba incongruente y testarudo.

Cruzaron las demás residencias en completo silencio y sin contratiempos ya que no se encontraban en ninguno de los templos sus respectivos dueños.

En la casa de Cáncer, su guardián lo invitó a pasar y le preguntó si deseaba tomar algo. El pelinegro negó con la cabeza y cuando por fin se detuvo frente a un sofá largo el ibérico dejó caer su cuerpo pesadamente sobre el mullido asiento.

"Siéntete como en tu casa", declara el anfitrión sin mirar al español y añade: "Ahora vuelvo." alejándose de ahí sin esperar respuesta.

El italiano se adentró en sus habitaciones privadas para guardar la armadura del Cangrejo dorado. Se detuvo un momento mirando la caja de Pandora, meditando un poco sobre la ocasión en que la armadura lo rechazó como su legítimo dueño. Cuando se despertó en la sala del patriarca y se halló portándola de nuevo, sintió un gran alivio, significaba que era otra vez merecedor de ser un guerrero de la diosa Atena.

Con una sonrisa que se dibujaba suavemente en su semblante, se vistió y tomó unas ropas de entrenamiento para su invitado, por lo menos lo convencería de hacer algo más que comerse la cabeza con sus temores infundados.

Al llegar a unos pasos de su invitado, Deathmask le lanzó las ropas al hispano, quien con un movimiento rápido las atrapó a la altura de su pecho. El italiano se dirigió a la mesa que tenía dispuesta para preparar bebidas, no encontró las botellas que acostumbraba guardar pero había un vino tinto y sirvió en dos copas lo suficiente para empezar la velada. El templo estaba con una temperatura fresca. También observó que los rostros en las paredes y suelo de la cuarta casa habían desaparecido.

Shura necesitaba distraerse y desahogarse, la bebida ayudaría a relajar a su amigo y esperaba que también lo alentara a hablar de sus preocupaciones.

Cuando el latino se volvió hacia su acompañante, éste ya había cambiado de ropas y la caja de Pandora descansaba a un lado de los muebles. Deathmask se acercó para depositar la copa de su invitado y la botella en la mesita de centro.

Antes de que el italiano comenzara a hablar, sintieron un cosmo pidiendo autorización para cruzar la casa. Cáncer contestó a través del mismo medio, consintiendo en la petición.

"Con el permiso concedido, Santo de Cáncer", se escuchó la voz del carnero dorado, Mu de Aries, al aparecer en la puerta de la estancia. El joven tibetano iba acompañado de su alumno.

Deathmask solamente asintió con un gesto y ellos atravesaron el templo, el pequeño aprendiz caminaba sin preocupaciones con los brazos hacia arriba y las manos entrelazadas en su nuca, observándolo todo, al final posó sus ojos sobre el dueño de la casa, sonriendo levemente. El italiano exhaló de golpe el aire en sus pulmones, no había notado que había retenido el aliento, su boca se torció en una media sonrisa y su incomodidad anterior se desvaneció.

"Buenas noches" se despidieron cortésmente en la puerta principal de la casa antes de cerrarla.

"Buenas" contestó el italiano. El de Capricornio apenas susurró un: "Que descansen" de manera distraída.

Esa interrupción le recordó al anfitrión de la casa lo abrumador que había sido para su psique el reencuentro efectuado en el salón del patriarca. Se acomodó en el sillón frente a Shura, levantó la copa de vino y gritó: "¡Salute!", con ese brindis esperaba que el ibérico por lo menos se animara a beber un poco, el italiano degustó la bebida con un sorbo y después de comprobar su calidad terminó en tres tragos el contenido restante.

Mientras se servía más alcohol observó a Shura dar pequeñas libaciones a su copa con la vista fija en algún punto inmaterial.

Será una larga noche, reflexionó Deathmask algo desanimado por el silencio de su compañero, y dejó escapar un largo suspiro. Deseó fumar un cigarrillo, pero al buscar ropa en su habitación no avistó ninguna cajetilla ahí. Al parecer su diosa juzgó conveniente alejarlos de los malos hábitos. Pensó que era muy perspicaz de parte de ella ahora que literalmente sus caballeros dorados, igualmente el patriarca, iban a comenzar una nueva vida.

Entonces, repentinamente, el español lo miró a los ojos, expresó en su mirada y también con palabras llenas de una emoción que el italiano no lograba identificar: "Muchas gracias, Angelo".


Obviamente Deathmask no era su nombre verdadero, pero le gustaba ese alias porque él mismo lo forjó. Al coleccionar máscaras de las personas fallecidas durante sus misiones no era muy ortodoxo de su parte, tomando en cuenta también que entre ellas había víctimas inocentes, quienes eran sorprendidas por los ataques contra los enemigos al Santuario. El canceriano las consideraba semejantes a las bajas civiles en una guerra, se trataban de sucesos inevitables, la norma en cualquier conflicto bélico.

El italiano era excelente en su técnica de combate, sentía que llevar a cabo su función como caballero de oro era la cosa correcta a hacer, que no importaba lo que otros dijeran, cosas tales como que él era cruel, y otras por el estilo. El italiano consideraba que con ese poder adquiría confianza, por consiguiente no podía ser ignorado.

La casa de Cáncer no poseía su toque personal cuando le asignaron su custodia, fue por esa razón que empezó a coleccionar rostros, eran algo que obtuvo por sí mismo, además tenía otra finalidad: su decoración inquietaba a cualquiera que osara entrar en su templo, parecía una exhibición macabra que presentaba permanentemente. Opinaba que esa era la mejor forma de ahuyentar alguna amenaza hacia el Santuario, o mejor dicho, hacia el patriarca usurpador.

Esos rostros le recordaban que la mejor opción era estar del lado de los poderosos, ya que así como a esas personas les sucedió, él en cualquier momento podía perder su vida si se asociaba con los débiles.

Asimismo, por ese motivo tenía miedo de tener a quien le era querido a su lado, porque sería una debilidad, porque es cuando él realmente tendría algo valioso que posiblemente podría perder.

Por eso comprendía de manera perfecta la conducta del hispano. Según el razonamiento del canceriano lo que Shura trataba de hacer era desligarse emocionalmente de todos a su alrededor, incluso de sus amigos cercanos.

Cuando el italiano abandonó el mundo de los vivos en su lucha contra el Dragón Shiryu, la cuarta casa recuperó un aire tranquilo al desaparecer los rostros y el ambiente lúgubre que cubría al edificio, sin embargo el italiano nunca olvidaría el significado que tuvieron para él esas máscaras mortuorias.

En la sala del Cangrejo dorado, su dueño observó que Shura reiniciaba su enfrascamiento mental, aislándose del mundo a su alrededor, por lo tanto el canceriano volvió a servirse más alcohol, mientras paladeaba su copa y se acomodaba en su asiento comenzó a recordar los tiempos pasados.

Un día, cuando todavía era pequeño, Deathmask llegaba de una misión y subía por los templos, algunos sin guardián aún, para entregar al patriarca un informe oral sobre los acontecimientos que sucedieron durante su encomienda.

Mientras andaba por el templo de Capricornio, escuchó una voz hablar de forma susurrante. El recién llegado era un chico curioso, quería saber de quién se trataba, que muy probablemente fuera el dueño de la casa. El español había sido demasiado reservado últimamente, y el italiano quería asustarlo, prefería verlo con otra expresión que no fuera la seriedad siempre presente en su rostro, aunque fuera por un instante y después lo viera con enfado. Se estaba hartando de su cara de mustio. Shura, después de cumplir la difícil misión que le encargó el patriarca, acerca de eliminar al supuesto traidor del Santuario, dejó de evidenciar alguna emoción positiva.

El Canceriano supuso que si el pelinegro estaba acompañado era casi seguro que se trataba de Afrodita, ellos tres se entendían bien, mejor aún, así asustaría a los dos.

El italiano escondió su cosmo y avanzó de puntillas hasta detenerse ante el umbral de una puerta que daba hacia un patio interior, escuchó con mayor volumen los susurros, espiando observó a Shura sentado sobre un banco de mármol, sin nadie acompañándolo, seguía murmurando y por un instante el de la cuarta casa se espantó: creía atestiguar la pérdida de la razón de su amigo.

Entonces se escuchó apenas un maullido suave, cuando comprendió lo que sucedía en realidad sintió cómo le volvió el alma al cuerpo. En el regazo del español se encontraba un bultito que se movía desesperado. Shura le hablaba bajito, acariciándolo para calmarlo y le hacía beber el alimento que le suministraba utilizando un gotero, a su lado tenía una taza con leche tibia.

El canceriano reparó en las facciones de Shura, no era el rostro impasible que había mostrado ante los demás, ahora reflejaba una cierta dulzura. El italiano salió de la casa como había entrado, creyó que había visto algo que no debía y ahora ya no quería molestar al español porque el capricorniano había encontrado algo real y duradero que le hizo cambiar su actitud.

Al recordar esto, el italiano hizo una mueca intentando sonreír, sin alcanzar del todo a lograrlo, pensó que eso podía darle pistas para ayudar a su amigo.

Pasó un tiempo indeterminado para él, durante el cual casi terminaron con la botella de vino, si bien el italiano fue el que más cantidad se dosificó, aproximadamente el doble de lo que Shura se bebió.

Súbitamente se sintió muy cansado y antes de irse a dormir, Deathmask elevó una plegaria a Atena, algo que había dejado de hacer por mucho tiempo, pidiendo paciencia para completar su reintegración a la orden dorada. Aspiraba poseer la valentía de Shura y la afabilidad de Afrodita, aunque fuera una mínima parte de la que sus amigos habían demostrado recientemente.


"¡Por los dioses, que ya pare de llover, por favor!" gritaba un caballero dorado en su ventana, avistando caer un diluvio en toda la región. El santo de Piscis estaba levantado desde primera hora y tomaba un desayuno ligero.

El sueco tenía dos actividades en mente: 1) Repartir los ramos de rosas que preparó un día antes y 2) Que su cabello no sufriera los efectos de esa horrible humedad en el ambiente.

Algunos miembros del personal de servicio que cuidaba de su templo le ayudaron a preparar y después colocar los bouquets en unas canastas grandes, con el fin de no maltratar las flores. Cuando terminaron el rubio suspiró e hizo una nota mental para agradecerles con algo más que flores a todos ellos, pensó en comprar un pastel grande para repartir o dar bolsas con dulces, cualquiera de esas opciones le pareció buena idea.

Al recordar el día anterior suspiró una vez más, observaba la lluvia caer afuera y se animó diciendo: "Mejor ahora que después, aunque sufra este contratiempo, tenemos muchas entregas especiales que hacer."

Terminó de arreglar su peinado lo mejor que pudo y salió a cumplir su cometido del día, acompañado de algunos jóvenes que formaban parte de los aspirantes a santos del Santuario.


En otro lugar del Santuario, en la cocina del cuarto templo, estaba Shura preparando un desayuno para dos, era lo menos que podía hacer para agradecer la hospitalidad del italiano. Se había despertado acurrucado sobre el sofá y cubierto por una cálida y suave manta. El italiano no estaba en la sala.

Cuando estaba sirviendo a la mesa los alimentos que habían de ser ingeridos, y se disponía a llamar a su anfitrión, éste apareció en la puerta.

"Buenos días", saludó el ibérico.

El dueño de la casa solamente lanzó una especie de gruñido que se convirtió en un gran bostezo. La noche anterior no había bebido tanto pero le afligía una especie de resaca ligera. Tenía los cabellos de su frente húmedos porque antes había ido a lavarse la cara, quería sacudirse la somnolencia, dolor de cabeza y sed que experimentó al despertar. Pero si su nariz no lo engañaba había café recién hecho esperándolo a la mesa.

"¿Estás bien?", preguntó Shura alegre.

El italiano asintió con una inclinación de cabeza algo brusca, que divirtió aún más al santo de la décima casa.

Para Deathmask lo más pesado ya estaba superado, la detestable espera terminó, la paciencia no formaba parte de sus cualidades. Ahora el español quería hablar. Entonces hablemos, pensó el italiano, pero antes se tomaría el café con leche que tenía un olor delicioso. Tampoco le haría daño probar la comida que tenía enfrente, se trataba de una buena porción de tortilla de patatas.

Después de saborear un par de bocados declaró con voz ronca: "Está buenísima, gracias por el desayuno", para desquitarse con el español de la molestia que padecía agregó: "Ya te puedes casar, cabra" bromeando a medias.

Shura ignoró completamente la última parte, sabía que le debía una disculpa al canceriano y estaba dispuesto a pagarlo tolerando las impertinencias de su colega por el inconveniente que haya causado.

"Gracias a ti por el alojamiento, te debí haber pedido permiso con anticipación y no imponerme como lo hice."

Siguieron desayunando haciendo mención del clima y de cosas triviales en la conversación. Cuando Deathmask se estaba acabando la segunda ración, observó que el ibérico estaba por consumir todo su plato también. Se apresuró para así poder comenzar la charla pendiente que tenía con el pelinegro.

"¿Terminaste?" Shura preguntó al ponerse en pie y recoger la vajilla de ambos para lavarla. El canceriano no se molestó en protestar y le pasó la loza que utilizó, antes de salir de la cocina a sentarse a la sala.

Cuando el hispano entró a dicha habitación no percibió al italiano a primera vista, la habitación estaba envuelta en sombras porque las cortinas estaban cerradas.

"Hey", llamó tranquilo el italiano. Cuando el pelinegro localizó al canceriano, éste le indicó un sillón con un ademán y le urgió: "Toma asiento."

Shura asintió pero antes de obedecer caminó al ventanal y recorrió el cortinaje para dejar entrar un poco más luz, afuera todavía estaba débilmente iluminado porque el cielo se encontraba cubierto con nubes grises que dejaban caer una lluvia más ligera acompañada de truenos.

En el momento que el español tomó asiento, su anfitrión carraspeó un poco y tomó la palabra.

"Antes de nada, quiero aclarar que no te estoy echando de mi templo. Lo que quiero decir es: eres bienvenido a quedarte el tiempo que quieras en mi casa, pero no puedes quedarte aquí y esperar que ... los demás santos no crucen por aquí a cualquier momento."

Una cosa que caracterizaba a Shura una vez que salía de su ensimismamiento, era lo expresivo que podía ser su rostro cuando no estaba siendo esquivo o cauto. La cara del español evidenciaba absoluta confusión.

"¿No estabas escondiéndote de Aioria?" preguntó con sorpresa el santo de Cáncer al ver la reacción de su compañero.

"No," contestó Shura "No estoy evitando a nadie." Con un tono de tristeza explicó: "Ayer, cuando pisé el suelo del templo de Capricornio sentí que ya no merecía vivir en ese lugar, tuve una necesidad imperiosa de salir de ahí."

En su opinión, el español renunció a la encomienda más importante: la de proteger a su diosa, tenía su orgullo herido. Unos santos de bronce lo habían sustituido, apenas unos niños pero que sacrificaron todo para socorrer a la encarnación de la diosa, demostrando que eran más dignos del título de santos de Atena que él. Ahora ya no tenía un propósito claro en esta nueva vida.

"No creo que la diosa Atena haya decidido revivirnos sin un propósito", el italiano pareció leer la mente del hispano en el momento que él empezaba otra vez a sumirse en sus pensamientos.

Al escuchar las palabras de su anfitrión, éstas captaron su completa atención.

El protector de la cuarta casa prosiguió: "Hay muchas cosas que puedes hacer aparte de pertenecer a la guardia personal de Atena; está Shion, que necesita también protección cuando requiera salir del Santuario; están las misiones del Santuario; todos los caballeros dorados vamos a continuar resguardando nuestros templos asignados; en fin, muchas cosas", enlistaba con ademanes agitados, buscando una razón para que su amigo recapacitara, para que tuviera motivos y recuperara su dignidad lastimada.

Shura no se veía confortado del todo. En aquel momento al italiano se le iluminó el rostro e inclinando el cuerpo hacia adelante dijo: "Puedes estar a cargo de un aprendiz, o de varios."

"¿Crees que podría cuidar de los aspirantes a santos de Atena?", era una enorme responsabilidad a fin de cuentas.

"Recuerdo claramente que tú me ayudaste con el maldito idioma griego, y tenías bastante paciencia. Eres buen maestro."

"Es que tú eras buen alumno." contradice el del décimo templo.

El italiano se frustra en hacerle entender su argumento, girando sus ojos al cielo se queja dramáticamente: "Shura, ¿eres capaz de aceptar un cumplido sin rechistar?"

El español se ríe de la habilidad teatral de su amigo, alzando las manos en ademán conciliador.

"Está bien. Si mi nueva función es ayudar a continuar con el legado de la orden, entonces estoy dispuesto a aceptar esa tarea… o las que me asigne el patriarca." declara resuelto el ibérico.

Grazie mille, Atena, el santo de Cáncer elevó a la diosa su complacencia.

Entonces un cosmo conocido se presentó en la puerta principal, pidiendo autorización del dueño para entrar a la residencia. El italiano se dirige a la puerta y le da la bienvenida a su amigo sueco que carga unos enormes ramos de flores que sujeta con dificultad.

"Buenos días, Deathmask." Saluda risueño e inmediatamente le acerca el arreglo que tiene a su derecha diciéndole: "Para ti." El regalo ofrecido es un gran bouquet de flores en tonos rosados.

Afrodita entregó el otro ramo a Shura, compuesto principalmente por rosas en color púrpura, ambos arreglos iban sujetos con sendas cintas de color blanco. El santo de Capricornio sólo atina a decir, igual de emocionado: "Gracias, Afrodita"

"No te encontré en tu casa, así que sospeché que estabas aquí, Shura."

"Sí, Deathmask me hizo el favor de alojarme por un tiempo."

Entretanto, el italiano se encontraba clavado a un lado de la puerta todavía, pasmado de asombro y con la boca entreabierta.

"No me digas que nunca te habían regalado flores", duda el rubio al reparar en el estado de conmoción del canceriano.

"¡Por supuesto que no! ¡Eso es de ...!", sale de su estupor el italiano para, según él, defender su honorabilidad.

"¡Hey, cuidado con lo que vas a decir...!", lo interrumpe el santo de Piscis, señalándolo con su dedo índice.

"¡Oh Mia dea, ni sabes lo que iba a decir!", gesticula dando manotadas al aire con su brazo libre.

"¡No, pero te conozco y me lo imagino!", entrecierra los ojos Afrodita.

"¡Pues no te imagines nada!", grita ofendido el dueño de la casa.

La inesperada discusión, graciosa a criterio del español lo hizo reír, discretamente, ya que no deseaba hacer enfadar a sus amigos, pero creció hasta convertirse en risitas mal contenidas.

Los dos detienen su riña al percibir la alegría del hispano para observarlo mejor.

Las facciones de Shura resplandecían con una sonrisa radiante, Deathmask lo había echado de menos, contemplar ese gesto en el rostro de su amigo le recordó épocas felices.

"No discutan por favor", dice más controlado el español. "Los extrañé mucho."

Los otros dos se miran entre ellos un instante y sonríen abiertamente. Todo olvidado entonces, recapacitó el italiano.

El santo de Cáncer cierra la puerta principal y se acerca hacia al español dando miradas desconfiadas a ambos arreglos, sin mostrar mucho entusiasmo todavía.

"Eh, están muy ... bonitas" elogia el capricornio con titubeos, después le da un codazo al italiano para que diga algo.

"¿Mmh? Ah, gracias" dice a regañadientes el italiano.

Entonces Afrodita aparece como por arte de magia una pequeña cámara fotográfica. Les anuncia que desea un recuerdo de ellos con los bouquets mientras mira a través del visor para enfocar las siluetas de sus compañeros, pero antes de oprimir el disparador los otros se mueven rápido.

"¡NOOO!" gritan al unísono y con caras aterradas los mayores. Deathmask hasta intenta arrebatarle el aparato fotográfico.

"¡Basta! ¡Está bien! No griten, no los voy a obligar" dice desanimado el sueco poniendo fuera del alcance del italiano la cámara. "Pero entonces me deben una, ¿aceptan mi invitación a cenar en el templo de Piscis?" dice con un mohín afectado.

"Ah, claro que sí" "Sí, Afrodita", contestan rápido y con ánimo pacificador los otros.

Entonces el sueco se despide de ellos y el ibérico le dice que lo acompaña hasta Capricornio, pero el rubio le comenta que antes de ir a su casa repartirá los últimos bouquets en los tres templos que le faltan. Shura le ofrece ayuda para hacer las entregas, pero el pisciano se niega, asegurándole que le asisten algunos aprendices, pero que si lo desea, cuando pase de vuelta por Cáncer, lo acompañaría en el ascenso hasta sus casas, el español acepta gustoso.

"Ahora regreso, no tardo", sale apurado Afrodita con rumbo a Géminis.

Shura lo encamina a la puerta. Antes de cerrarla se mantiene ahí un momento para sentir la brisa fresca de la mañana revolver su cabello, el aire se sentía limpio y húmedo. Hace rato que había dejado de llover.

Deathmask se aleja de ahí refunfuñando, sin embargo muestra su preocupación al querer acomodar las flores en un jarrón, si él recordaba bien, había visto uno en un rincón de la sala.

C'è, el italiano encontró el florero y se dirigió a la cocina para llenarlo de agua fresca. Al regresar al salón lo colocó en la mesita de centro y mientras acomodaba el ramo su invitado se aproximó para hacerle compañía.

Hablaron un rato sobre lo que cada uno llevaría a la cena con Afrodita y acuerdan la hora en que pasará Deathmask por el templo de Capricornio antes de subir hasta la casa de los peces dorados.

Al poco tiempo retorna Afrodita de su gentil misión.

"¿Ya desayunaste?" pregunta Shura al recién llegado. "Preparé algo para Deathmask y para mí, pero creo que me extralimité y ahora hay mucha comida."

"Sí, ya desayuné, pero gracias por el ofrecimiento", recapacita un momento, luego dice: "Ya sé, si Deathmask ya no desea más, podemos tomarlo."

El dueño del templo hace un ademán con la mano, indicando que tienen su aprobación. El canceriano ni había averiguado si tenía más comida almacenada, pero viendo que Shura se las arregló de forma espléndida en preparar el desayuno, él consideró que tenía la despensa llena. Además tenían invitación a cenar.

"Entonces, ¿me prestas unos platos para guardar la comida, Deathmask? Te los regreso sin demora." Asegura el capricorniano.

"Toma lo que sea y no te preocupes en la tardanza, ya sé que me los vas a devolver con algún platillo que prepares." asegura el italiano sonriendo y calcula: Muy bien, más comida preparada.

Cuando tienen todo listo para partir, el español le agradece a Deathmask por toda su hospitalidad y lo envuelve en un cálido abrazo.

El italiano se sorprende un poco por tantos abrazos repartidos desde el día anterior, pero no hay queja de su parte, él podría acostumbrarse a eso sin ningún problema.


Shura porta la caja de Pandora a su espalda y el ramo de flores entre sus brazos, en verdad estaba inmenso. El santo de Piscis lo ayudaba con el recipiente lleno de comida del desayuno.

Al subir por las escalinatas el capricorniano le comenta al sueco que tardó muy poco en entregar los arreglos a los santos de las primeras casas.

"Bueno, con los gemelos fue rápido, y en Tauro me recibió una muchacha que me insistió que le dejara el ramo ahí, aunque ella me había dicho que Aldebarán estaba con Mu, como tenía prisa acepté y en Aries le entregué las flores a Kiki, tenía cara de haber despertado hace poco, le pregunté sobre su maestro y no supo decirme si ya estaba levantado. No quise molestar, y luego volví rápido."

Después de esa plática arribaron al templo de Leo, por vía cosmo ambos piden la autorización del guardián para cruzar el lugar, la persona que les abre la puerta es el santo de Virgo, los invita a pasar diciendo que Aioria se encuentra junto a su hermano preparando el almuerzo.

"Entonces nos apresuramos a pasar" dice un inquieto Shura al encaminarse a la salida, "no queremos molestarlos." Siempre lo pone nervioso el hecho de que Shaka mantenga los ojos cerrados la mayoría del tiempo.

"No es molestia. Shura, Afrodita, si desean pueden quedarse a comer" se topan con un Aioros muy feliz que sale de la cocina acarreando viandas hacia la mesa del comedor.

El español no deja de sorprenderse del hecho que Aioros haya revivido, y sea tal y como él lo recordaba, la misma sonrisa, el mismo carácter alegre. También se da cuenta que a pesar de tener casi 15 años, porque era la edad cuando él lo hirió de muerte, que el sagitariano era y sigue siendo uno de los santos dorados más altos. Siempre lo vería más alto, literal y metafóricamente. Inesperadamente le entraron ganas de llorar por el tiempo de vida que le arrebató, por haber abandonado a Aioria a su suerte, por haber traicionado a su Diosa. Aunque la misma Atena los haya perdonado, él todavía no se lo hacía. Esperaba que formando a la nueva generación de santos sea suficiente retribución. Parpadeó rápido y clavó su mirada en el suelo muy avergonzado.

"Afrodita, otra vez gracias por las flores que nos obsequiaste. Pero ya veo que tienes a tus favoritos", Aioria de Leo hace su presencia notar, sin embargo su voz no expresa reproche.

En un movimiento reflejo el hispano abraza más fuerte el bouquet.

"Sí, por eso traemos esto", el sueco eleva a la vista de todos la bandeja con la tortilla de patatas. "Un pequeño obsequio de parte de Shura."

"¿Es lo que huele sabroso?" se acerca Shaka a comprobar su suposición.

"Sí, eso es", el sueco le entrega la loza al dueño de la casa.

"Gracias", el león dorado acepta sorprendido.

"Entonces nos retiramos", se apura el español en salir de ahí. "Hasta lue…e… adiós", sale acelerando el paso.

"Nos vemos", el de Piscis se despide con un tono dulce, en compensación por el tono brusco de Shura.

Afuera lo persigue Afrodita subiendo por las escalinatas un tramo más arriba y le pide al ibérico que debe calmarse, que no debe tomar a pecho las bromas de los demás, que debe confiar más en ellos, que Aioria dijo eso porque se siente a gusto con sus compañeros, que en la opinión del pisciano, el leonino está siendo amistoso. Shura continúa subiendo los escalones hacia Virgo sin parecer escucharlo.

Entonces el de Capricornio se detiene de pronto y el sueco lo alcanza.

"No es eso, Afrodita", dice el del décimo templo con la mirada baja y continúa: "es que comprendí la razón por la que todos los años estuve evitando a Aioria", manifiesta el español más agitado.

"Siempre pensé que fue porque era el hermano del supuesto traidor," confiesa el pelinegro, "pero mi error fue juzgarlo por lo que hizo alguien más," y termina de explicar: "mi verdadero motivo fue que yo no quería ver a diario el rostro de Aioros en él, son muy parecidos físicamente y también en su carácter bondadoso y alegre, porque yo siempre dudaría de la validez de mis acciones al asesinar al santo de Sagitario."

Entonces se escucha el grito del guardián de Leo un trecho más abajo: "Esperen, por favor."

Aioria se detiene unos escalones antes. Con una mano acariciándose la nuca y la vista al suelo le pide que lo perdone por haberlo incomodado, ya que no fue su intención. Sin embargo para el capricorniano el de Leo no tuvo culpa alguna y así se lo hace saber.

Shura lo volvió a ver como el niño de cinco años que alguna vez le pidió disculpas por alguna travesura que le haya jugado en complicidad con Milo, siendo obligados por el arquero dorado a disculparse.

El español bajó un escalón para apoyar su mano sobre la rubia cabellera, como cuando eran niños y el pequeño Aioria de cinco años lloraba de vergüenza y tristeza porque había hecho enojar al ibérico y creer perdido su cariño o respeto en su inocente imaginación.

El león dorado aprieta los párpados un momento para luego abrirlos y dirigir una mirada húmeda a su frente y ver a Shura sonreírle del mismo modo que él recordaba. Aioria le devuelve la primera sonrisa genuina que ve el pelinegro dedicada a él en mucho tiempo.

El español reconoce que Deathmask tuvo razón en asumir que estaba evitando al santo de Leo de algún modo.


Afrodita fue recibido a la entrada de su templo por un aprendiz joven, le informó que había ido a entregar un paquete que recibió durante su ausencia. Le agradeció al muchacho y le encargó avisar a sus compañeros, a los que ayudaron al santo dorado más temprano, para que pasaran por su templo al atardecer.

Al entrar a la sala, en una mesita le esperaba su envío. En realidad no era un único paquete, eran varios de distintos tamaños y formas dentro de uno más grande que los contenía.

Extrañado, comenzó a abrir una caja de las más grandes, al reconocer el contenido dentro del estuche sus ojos brillaron de emoción.

De reojo descubrió un sobre y dentro una tarjetita, la nota adjunta decía: Gracias por tu hermoso ramo de flores, Afrodita... Espero que disfrutes este regalo... Con afecto, Saori Kido.


La velada en el templo de Afrodita con sus dos mejores amigos fue un éxito. Se pasaron horas recordando las travesuras, las misiones, la noche que simularon ser espectros de Hades, además de las experiencias del día anterior, y compartir las expectativas en sus vidas a partir de mañana. El patriarca les había dicho que tenían dos días libres, pero que los esperaba sin falta y a primera hora del tercero.

Horas antes, los santos dorados de Aries y Tauro pasaron por la casa de Piscis para obsequiar Gundain y brigadeiros al dueño de la casa. Afrodita los sirvió de postre en la cena con sus amigos.

Afrodita proveyó de buenos vinos a sus invitados durante la cena y después tomaron ouzo, los iba a embriagar para que decidieran quedarse a dormir en su casa y llevar a cabo su plan, el rubio se sirvió solamente dos copas de vino durante toda la noche.

La botella de ouzo fue regalo de los gemelos griegos, quienes también visitaron su templo por la tarde, haciendo hincapié en la cita que tenía con ellos para el desayuno.

Pensaba conseguir esas fotos a como diera lugar. Se lo debían.


Le tomó un par de horas la preparación de su sesión de fotos, ya que era un inexperto en esas artes: entre cargar y colocar adecuadamente entre clics del disparador a sus forzados modelos hasta la pose ideal. Asimismo consumió varios minutos acertando el tono perfecto de base, al aplicar un toque de rubor, además de la crema para labios ya que el sueco no sea atrevió a usar labial. Sin embargo sí utilizó máscara negra para Shura y de la versión trasparente para Deathmask, en pestañas y cejas; el delineador negro para el español y uno marrón para el italiano, fue un experimento maravilloso para Afrodita, y al terminar le fascinó el efecto general. El pisciano lo había conseguido con éxito.

Los situó sentados entre cojines blancos en un enorme sillón de mimbre y caña con el fondo del jardín de rosales en su patio interior y entre los brazos les colocó un ramo igual al que les regaló ese mismo día, con la enorme cinta blanca envolviéndolos.

Se alegró de haber esperado a tomar esas fotografías, ya que sus amigos se presentaron a la cena con ropas casuales, más formales que la ropa de entrenamiento que vestían por la mañana. El italiano con una camisa blanquísima de corte deportivo arremangada, por fuera de los pantalones y que le favorecía mucho, en conjunto con unos jeans del mismo color. El ibérico optó por una camisa color índigo con cuello y puños blancos, con las mangas igual de enrolladas que el italiano, su estilo lo complementó con unos jeans negros.

Los fotografió con flash, sin flash, con lámparas o solamente con la luz artificial del patio, logró captar muchas fotografías sin despertarlos. Pero el santo de Piscis quería además una foto con sus ojos abiertos. Para lograrlo intentó pellizcarlos, darles palmadas en las mejillas, o tirones en las cabelleras, el resultado fueron fotos con las miradas desenfocadas, párpados entornados y labios entreabiertos. En resumen: resultaron ser las mejores imágenes.

Se enteró de éste descubrimiento la semana siguiente que acudió al pueblo a revelar el rollo fotográfico.

Eran excelentes retratos pero tenía que cuidarse de mostrarlos. Planeó repartir las fotografías o hasta venderlas entre las amazonas, pero no tardo en desechar esa idea.

Si algún día ataban cabos sueltos, Shura y Deathmask lo acorralarían hasta hacerlo confesar y le confiscarían todas las fotografías impresas junto a los negativos.

Tuvo especial cuidado en quitar toda evidencia de los rostros de sus amigos, se tranquilizó al comprobar que después roncaban a pierna suelta, pero no estaba seguro si alguna vez recordarían el momento cuando los obligó a despertarse a medias.

Después de dos semanas sin novedades, Afrodita mira a sus demás compañeros dorados con ojo experto y piensa en invitarlos a cenar algún día.

Continuará…


N. de la a.

Me tardé en subir el capítulo porque cada vez que lo revisaba añadía otro párrafo. (6,200 palabras aprox.)

1) Caprichornio.- Caprichoso + Capricornio

2) Salute! .- ¡Salud!, en italiano.

3) Tortilla de patatas.- El desayuno que preparó Shura no sé si es típico en cualquier parte de España, lo googlee y la comida que describí fue de una que aparecía en los resultados de la búsqueda.

4) Grazie mille.- Muchas gracias, en italiano.

5) Las rosas del ramo de Deathmask son de la variedad Sweet Unique.

6) Las rosas del ramo de Shura son de la variedad Ebb Tide.

7) Mia dea.- Mi diosa, en italiano.

8) C'è.- Ahí está, en italiano.

9) Gundain.- Es un tipo de pastel hecho de granos de cebada y levadura, con tsampa (un tipo de harina), queso fresco, ginseng silvestre y azúcar moreno. Este pastel se sirve a menudo durante el Año Nuevo tibetano.

10) Brigadeiros.- Dulces típicos brasileños que se elaboran con leche condensada, chocolate en polvo, mantequilla y chocolate granulado.

11) Ouzo.- Es un licor anisado de origen griego con fuerte sabor dulce y olor a regaliz. Hecho a base de uvas maduradas y anís. Tiene entre 37° y 50° de alcohol. Es cristalino e incoloro.