Fandom: Saint Seiya
Personajes: Todos los santos dorados, aunque el capítulo está centrado en Aioria, Aioros y Shaka.
Disclaimer: Saint Seiya y todos los personajes conocidos que aparecen aquí son propiedad de Masami Kurumada.
Advertencia: Post-Hades Saga.
Aioros = El centauro, el arquero, el castaño, el sagitariano, guardián de la novena casa, el de ojos turquesa.
Texto en itálicas o cursiva es tiempo pasado o pensamientos.
En el momento en que Saori Kido viajaba con rumbo a Japón, dentro de uno de los salones del templo del Patriarca se iniciaba un banquete para festejar el renacimiento de los caballeros dorados. Hacía un mes ya que los caballeros de plata y bronce que habían sido reclutados por Shion en el inframundo fueron revividos por la diosa griega en ese mismo lugar.
La comida era presentada como un gran buffet en otro salón del recinto del Patriarca, y los comensales podían servirse ellos mismos, la diosa Atena prefirió mantener dentro del salón solamente a los guardianes de las casas zodiacales para hacer la reunión más íntima.
Algunos caballeros favorecieron la barra de bebidas para empezar la velada antes de tomar cualquier alimento, entre los primeros en entrar a esta habitación y servirse unos tragos fueron Deathmask, Afrodita y Shura. Considerando las opciones que estaban a disposición, el italiano se quejó amargamente que nada ahí fuera lo suficientemente fuerte y de calidad para su gusto, bebiendo solamente una copa para enseguida arrastrar a sus compañeros a otra mesa para degustar los platillos.
Sin embargo el caballero de Capricornio no tenía apetito ya que se sentía exhausto, física y mentalmente, su cuerpo sólo quería descansar después de lo sucedido minutos antes, se limitó a picar sin interés unos canapés. El menor de los tres, Afrodita, comía sin prisa, él sació su apetito con un cóctel de frutas frescas y una rebanada de tarta de almendras.
Mientras ellos terminaban de consumir sus alimentos lentamente, Deathmask se abalanzó sobre la mesa donde se encontraba la lasagna y acabó de tres mordidas una gran porción del platón que lo contenía. Al terminar de satisfacer su antojo dirigió su atención a sus acompañantes, percibió que Shura volvió a encerrarse en sí mismo, y que Afrodita vigilaba de reojo al español revelando cierta preocupación.
Acabando de un solo trago el vino de su copa para depositarla luego sobre la mesa, el sueco se colgó del brazo libre del pelinegro y dijo con entusiasmo: "Vamos a saludar a los demás", sugirió observando a su alrededor, buscando un objetivo adecuado.
Hizo una señal con la cabeza para que el canceriano los siguiera y Deathmask los acompañó hasta llegar con Camus de Acuario y Milo de Acuario, que estaban disfrutando de un platillo que se veía algo extraño, el italiano supuso que era algo de la Haute cuisine y saludó de forma amigable, sintiéndose incómodo, puesto que no estaba acostumbrado a actuar con etiqueta y buenos modales. No era que temiera que los demás los fueran a rechazar o que los trataran con frialdad, hasta fue singular que el acuariano fuera el más gentil del dúo de caballeros, sino que tenía la sensación de hallarse en un universo paralelo.
Entrando por una puerta que comunica a las habitaciones privadas, al mismo tiempo que el trío anterior ensayaba a fraternizar con sus colegas, hizo su aparición otra terna conformada por el santo de Tauro: el brasileño Aldebarán, en compañía de Mu de Aries y su alumno Kiki.
Ellos se dirigieron a la barra de ensaladas con mucho entusiasmo, al terminar sus sendas porciones de vegetales el pequeño los condujo a los postres porque deseaba probar una rebanada de cada bizcocho que había en existencia. El ariano le advirtió a su pequeño alumno que probablemente le dolería el estómago si lograba comer todo lo que pretendía zamparse. Aldebarán sólo contemplaba divertido la situación sin dejar de comer.
Hicieron un trato al final, si Kiki elegía algunas frutas Mu le permitiría tener dos rebanadas pequeñas de su pastel favorito. Ya era tarde para consumir golosinas y el niño tendría energía de sobra antes de su hora de dormir. El santo de aries se preparaba mentalmente para desvelarse esta noche, así que se dirigió a la barra de platos fuertes para comenzar la vigilia, al fin y al cabo estaban en una celebración. El caballero de Tauro lo siguió gustoso y con ganas de satisfacer su apetito mientras veía feliz a Kiki comer por fin su plato de repostería.
Era cansado el ejercicio de sociabilizar, de guardar recato y mesura en reuniones. Pero tenía que sobrellevar este proceso para corregir los errores pasados y comenzar de nuevo.
Durante un rato se ocuparon en saludar caballeros dorados que en contadas ocasiones había dirigido la palabra, siempre evitando al grupo donde estaba el santo de Sagitario. Si esto fue a propósito o no, eso lo ignoraba, ya que habían seguido en todo momento al pisciano.
Al cabo de un rato el italiano dejó escapar un suspiro y creyó que lo mejor sería dirigirse a sus respectivos templos a descansar mientras los demás caballeros de Atena continuaban en el convite.
Después de asegurarse que no llamarían la atención al salir, pastoreó a sus amigos como si fueran miembros de un rebaño, e incluso tratados así los santos de Capricornio y Piscis ni siquiera protestaron ante semejante manipulación. Deathmask se felicitó por su acción buena del día. Era su primera noche de la nueva vida, y ya contaba con una acción buena realizada. Eso lo dejaba tranquilo.
El arquero se admiraba al observar a su hermano, convertido en un muchacho alto, casi un adulto, quien era poseedor de una mirada dura y un semblante severo, muy diferente de aquel que recordaba. El centauro dorado prefería verlo como un niño dulce y alegre, quien junto a Milo conformaba la dupla de traviesos en el Santuario, siempre distinguidos por una sonrisa en el rostro.
Aioros no sabía cuánto tiempo había pasado desde que posó su mirada alrededor de la mesa donde la diosa los despertó del sueño eterno y reconoció las armaduras doradas y a los portadores de las mismas, él mismo vestía la armadura dorada de Sagitario la cual que le traía un remolino de emociones y memorias pasadas.
El castaño creía estar dentro de una obra del surrealismo, recordaba que a través de su mente llevó una breve conversación a través de su mente (o de su alma) con Atena minutos antes de abrir los ojos y renacer. Después que la diosa les dirigió a todos sus caballeros un breve discurso para enseguida salir del salón, el sagitariano algo mareado saludó a los santos más cercanos a él, que resultaron ser Shaka y Shion, quienes lo abrazaron.
Poniéndose de pie buscó a sus demás compañeros, siendo el siguiente Saga de Géminis, él se mostró genuinamente arrepentido por todo. Kanon lo acompañaba, dándole apoyo moral. Ambos tenían el rostro mojado por lágrimas de dolor. El sagitariano los envolvió en un abrazo cálido y les otorgó el perdón solicitado.
Aioros les tranquilizó explicando que él ya había olvidado lo sucedido, que todo estaba en el pasado y lo importante era el hoy. Para el sagitariano significaba obedecer las palabras de su Diosa: ella deseaba que sus santos disfrutaran por el resto de sus días de la paz que ayudaron a conseguir, sin rencores ni venganzas. Kanon confortó pasando un brazo por los hombros de su gemelo mientras se alejaron del arquero recorriendo el salón para reencontrarse con otros caballeros.
El centauro repartía palmadas en la espalda a cualquiera que se le acercara, sonriendo y siendo amable con todos, todavía sentía recorrer en su cuerpo el cosmo de su diosa que los envolvió antes de despedirse de ellos. Estaba eternamente agradecido con Seiya y los santos de bronce, el jovencito japonés se convirtió en un héroe con todos los actos que realizó para salvar a la señorita Saori Kido, la reencarnación de su diosa.
Unos caballeros más se acercaron y le daban la bienvenida cálidamente, como Aldebarán quien abrazaba con gusto a todos sus compañeros. El centauro dorado saludaba de lejos a otros con una inclinación de cabeza correspondiéndoles la cortesía. Después observó que Shura, Afrodita y Deathmask, estaban apartados de los demás y parecía que por el momento querían un poco de privacidad, así que decidió saludarlos después.
Entonces buscó entre los santos a la persona más importante en su vida, su hermano, y lo encontró. El dueño de la armadura de Leo se hallaba acompañado de Milo y Camus, éste último le indicó al león que el sagitariano se aproximaba, entonces Aioria se alejó de ellos para encontrarse a medio camino con el castaño, llegaron al centro en un segundo, así de rápido se movieron.
Mirándose frente a frente, los verdes ojos del león dorado inmediatamente se dulcificaron y anegaron de lágrimas para luego fundirse en un estrechísimo abrazo, sin poder articular palabra alguna. El santo de Leo lo abrazaba como si al dejar de hacerlo su hermano pudiera desvanecerse. Al recobrar algo de compostura y despegarse, ambos se sonreían, sus expresiones irradiaban tanta luz y calor, que parecía desprenderse de ellos un destello comparable al resplandor del sol.
Una gran alegría embargó al centauro, ese hombre rubio y alto efectivamente era su Aioria, su querido hermano menor. El santo de Sagitario ni se dió cuenta cuándo comenzaron a reír y gritar de alegría por su reencuentro.
El guardián del quinto templo intentó varias veces empezar una oración pero la emoción lo sobrepasaba y le hacía interrumpir su intento, el corazón del centauro se llenó de ternura y con una mano le revolvió los cabellos suavemente. El rostro del rubio por un momento se indignó. El castaño le ordenó: "Respira", el león le obedeció para luego soltar una risa. Tantos años deseó volver a escuchar la voz de su hermano, oír de nuevo el mismo interés y amor como le hablaba, y unas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.
"Te extrañé mucho" murmuró en un hilo de voz el rubio.
Aioros se conmovió tanto que depositó un cariñoso beso en la frente del león dorado.
Posteriormente el centauro dorado se reuniría con el caballero de Capricornio, después de tener una breve reunión con Dohko, Camus y Milo.
Cuando concluyó la melodramática escena que se suscitó con Shura, el dueño de la novena casa agradeció a la diosa Atena porque ese encuentro no finalizó en hostilidades de grupos antagónicos, el arquero se dirigió de nuevo con su hermano, el castaño necesitaba de un pequeño descanso.
En el salón del patriarca se recobró la calma inicial de la reunión, el sagitariano lo aprovechó para pasear la vista por el lugar, no dejaba de admirarse: él en realidad recordaba como niños a todos los presentes allí, a excepción de Saga, Dohko y el patriarca Shion, y ahora el ariano era el de menor edad entre los trece, o bien, entre los catorce: Kanon también estaba ahí arropado por la armadura de Géminis.
El santo dorado de Libra era un punto aparte debido al rejuvenecimiento que obtuvo por la técnica llamada Misopethamenos, conservando su juventud y energía dentro del cuerpo marchito de un anciano, como si fuera una especie de crisálida. Pero en lugar de una mariposa surgió un tigre. El sagitariano se rió para sus adentros de sus desvaríos y pasó un brazo por los hombros de su hermano y lo encaminó a un par de sillones para sosegarse. De repente sus piernas le temblaban, no sabía si le dejarían caer al suelo como un costal de patatas o si empezaría a brincar o bailar, estaba extasiado y agobiado en igual medida.
El león dorado no le quitaba la mirada de encima a su hermano; tantos años sin tenerlo y ahora parecía que el sagitariano hubiera regresado un día después de su muerte. Portaba la armadura de Sagitario con la misma gallardía que lo había visto muchas veces.
Las armaduras doradas seguían produciendo resonancia, muy sutilmente, parecía una primorosa melodía de fondo, que junto a la atmósfera ahora apacible engañaban su percepción, todo aparentaba ser un sueño anhelado.
"Aioria, ¿estás bien?", indagó el centauro preocupado por el aspecto aturdido de su hermano.
El guardián de la quinta casa pestañeó y aseguró sonriéndole a Aioros que todo estaba bien, mejor que nunca.
En ese momento se acercó a ellos Shaka de Virgo. El rubio llevaba consigo un par de copas con vino, las cuales ofreció a los hermanos.
Agradecidos con el hindú empezaron a beber. Aioria probó la bebida, abruptamente él se detuvo y le gritó escandalizado al centauro no seguir consumiendo el líquido. El castaño estaba en ese preciso instante dando un gran sorbo que terminó tragándolo de golpe para no ahogarse. Aioros desconocía la alarma de su hermano.
Shaka hasta abrió sus celestes ojos por la urgencia en la voz del león, pero no dijo nada esperando que Aioria se explicara.
"Ya sabes cómo te pones cuando tomas alcohol." recriminó Aioria molesto.
Aioros soltó una carcajada, lo que provocó que el otro griego se enojara más y que le espetara al castaño: "Eres menor de edad y no beberás alcohol", presentando así su ultimátum el león dorado.
"Puedo traer un jugo o agua simple", se ofreció el de la sexta casa.
"No te molestes, Shaka" le contestó el Leo "Vamos a comer algo para que no le afecte" razonó Aioria e hizo que el centauro se levantara de su asiento para después conducirlos hacia una de las mesas.
El hindú los acompañó con una mezcla de responsabilidad y curiosidad. Mientras los acompañaba Shaka degustó de una ensalada, un cóctel de frutas y un fusilli con vegetales, maridado con un vino blanco.
Los hermanos griegos probaron antipasto. El león aceptó a regañadientes que Aioros tomara otra copa de vino espumante, cedió cuando el castaño le aseguró que solamente bebería esa otra ración.
Se dedicaron a consumir el platillo con gusto, pero el arquero aprovechaba el momento que Aioria estaba distraído, e intercambiaba la copa medio vacía que tenía en la mano por una llena, la cual se bebía hasta la mitad del líquido contenido en ella para que el de ojos verdes no sospechara.
Realizó con éxito esta artimaña en cuatro ocasiones, su intención era gozar de la vida que recién le concedieron pero sin preocupar a su hermano, si es que estaba a su alcance y lo podía evitar. Si Shaka le pilló haciendo trampa no le delató. Después de un rato comenzó a sentirse eufórico.
Cuando los hermanos terminaban de consumir unas deliciosas rebanadas de pizza y con el apetito satisfecho el sagitariano notó la ausencia de un ambiente festivo y vociferó exaltado: "¿Y la música? Debe haber música en una celebración", algunos caballeros interrumpieron su plática para voltear a mirarlo, pero como nadie le resolvió ese problema él pensó que podría hacerse cargo del asunto, dio un último trago para animarse, se aclaró la garganta y se dispuso a cantar, inició con una melodía que le gustaba mucho, algo desentonado pero muy alegre.
"¿Qué ... ?", exclamó confudido el león mirando a Shaka, quien encogió los hombros por respuesta, sonriendo suavemente.
El arquero llamó inmediatamente la atención de Milo, Dohko y Aldebarán que se le unieron con aplausos o haciendo coro y Aioros se subió a una mesa para alentar a los demás a aproximarse y participar del espectáculo coral. Aioria no sabía si avergonzarse o disfrutar de la ocasión, al guardián de la novena casa no se le podía criticar por falta de entusiasmo, y eso le bastaba para perdonarle el atrevimiento.
El león dorado no lograba comprender cómo a su hermano pudo embriagarse con las dos copas de vino que bebió. Porque eso era lo que corroboraba al observar las acciones de su hermano, el arquero estaba intoxicado.
Cuando terminó el concierto improvisado, el león y el castaño le prometieron a Shion pagar por la loza que tiró al piso al realizar un descuidado giro mientras cantaba su versión rock de una exitosa balada.
Sin embargo, el público presente le ofreció una ronda de aplausos al concluir. El Patriarca les dijo que tuvieran más cuidado pero no los reprendió como él se lo esperaba.
El aire fresco de la noche despabiló un poco al sagitariano, mientras acarreaban una charola con rebanadas de pizza para seguir la fiesta en sus templos, aunque Shaka rechazó llevarse algo más al suyo.
Bajaron las escaleras rumbo a la casa de Leo, ya que Aioria no quería pasar la noche en el templo de Sagitario, le traía malas memorias y deseaba estar el mayor tiempo posible con Aioros, para cuidarlo de la futura resaca. Movieron al arquero a cuestas, entre Shaka y él, para prevenir que rodara escaleras abajo.
Antes de acomodar a su hermano en el cuarto de invitados, Aioria lo hizo beber agua para hidratarlo, y esperaba que durante la noche no se sintiera enfermo.
Regresando a la sala le ofreció una taza de té a su otro invitado, el cual aceptó. El león se alegró, porque pensó que el rubio prefería regresar a su templo a meditar o algo por el estilo.
Se sentaron a beber un té de manzanilla con miel, el único paquete disponible que halló en la alacena, pero a Shaka no le molestó probar la única opción.
"¿Cómo está Aioros?" preguntó el hindú cuando Aioria entró en la sala con el juego de té.
"Dormido, le hice beber agua y después se abrazó de la almohada y le cantó una canción de cuna, salí del cuarto hasta que lo ví adormilado" reportó el león.
El de la sexta casa se sonríe y le desea un buen descanso al centauro.
Prepararon sus infusiones al gusto y mientras esperaban que se enfriara un poco hablaron de nimiedades, después bebieron en silencio hasta que Shaka le explica al griego: "Discúlpame si molesto imponiendo mi presencia mientras cuidas de tu hermano. Pero quería aprovechar la ocasión para hablar de algo importante"
"No eres ninguna molestia, eres mi invitado" asegura el dueño de la casa, como su vecino no prosigue en su plática, el griego le exhorta a continuar: "Te escucho"
"Yo sé que tienes muchas razones para no querer envolverte con ciertos caballeros dorados, yo también creí tener motivos válidos, pero hoy me dí cuenta de mi equivocación", continuó el de Virgo.
"Me equivoqué en juzgarlos sin comprender el origen de sus acciones: Saga estuvo sufriendo mucho tiempo por su enfermedad, al igual que Kanon; los demás solamente obedecimos ciegamente órdenes que supuestamente eran del Patriarca, como los soldados que somos. Eso también afecta tu noción de la justicia. Los demás santos tampoco hicimos nada para mejorar la situación en el Santuario, estábamos imposibilitados, pero creo que con un poco más de comunicación nosotros hubiéramos advertido las malas decisiones que tomaron nuestros compañeros de armas y habríamos actuado en consecuencia."
Aioria rumió las palabras de Shaka por un momento y el hindú continuó: "Se perdieron algunas batallas pero al final de la guerra todos estuvimos del lado de nuestra diosa. Todos los santos dorados estuvimos en el muro de los lamentos, incuso Aioros, él apareció cuando más lo necesitábamos"
"¡¿Y todos los años que me trataron como un paria?!", exclama amargado el griego, después recuerda que su hermano duerme cerca y lanza un suspiro para calmarse. "Fue una injusticia lo que me hicieron, no entiendo cómo tuvieron la cobardía de llevar a cabo las órdenes que les dieron."
"No estoy pidiendo que los perdones o que olvides lo que hicieron, pero piensa en tu hermano y en lo que nos aconsejó Atena. Piensa que para estos caballeros es muy difícil corregir los errores pasados pero recuerda lo que hizo Shura hoy con tu hermano. También ten en cuenta que hoy se presentaron ante mí la comitiva de los supuestos renegados, pidiéndome disculpas."
"Eso es lo que debemos hacer, esforzarnos en comprender. Es muy fácil recordar lo que te causó sufrimiento, y es difícil recordar los momentos felices, porque el dolor deja huellas en nosotros y la armonía se olvida rápido, sólo recordamos que un día la tuvimos. Si vives sin disfrutar el momento actual, seguirás enfrascado en el dolor. El perdón no solamente es un alivio para ellos, sino para ti también. Eso hizo tu hermano hoy, él no guarda resentimientos, por eso es feliz, ¿no recuerdas cómo se divirtió?", sonríe el hindú.
"Haré mi mejor esfuerzo, Shaka" le promete Aioria "Pero ni pude hablar con todos ellos hoy, no quería ni verles. Solamente a Camus lo saludé, más que nada por Milo, y al otro que me aproximé fue Shion, por Dohko."
"Entonces es falta de amistades comunes", dice el de Virgo bromeando. "Yo puedo arreglar eso", Shaka se alegró más al ver la sonrisa del león dorado. Aioria se sorprendió cuando el hindú los catalogó como amigos, eso era muy importante para el león.
Acabaron de tomar sus respectivos tés y Aioria proveyó a su vecino de sábanas y almohadones para que durmiera en un sofá de la sala, ya que Shaka aceptó dormir en el templo de Leo, dijo que se sentiría más tranquilo si estaba cerca para ayudar en caso de alguna necesidad, aunque rechazó dormir en la cama de su anfitrión cuando el León se ofreció en dormir en un sillón para dejarle su recámara al invitado.
Shaka fue el primero en despertar, o eso pensó Aioria, ya que cuando él se levantó lo vió en la misma posición de loto en que lo dejó la noche anterior, haciendo meditación. Las sábanas que le prestó estaban sobre un sillón, pulcramente dobladas. Tenía los ojos cerrados.
"Buenos días, Aioria ¿cómo te encuentras?", saludó el de larga cabellera.
"Buenos días, Shaka, descansé muy bien, creo que la lluvia me arrulló, me desperté cuando se oyeron truenos, pero volví a dormir, ¿cómo lo pasaste tú?"
"Muy bien, tuve un sueño reparador, ¿Aioros está bien?"
"Sí, lo acabo de ver y dice que tiene mucha hambre, ahora está tomando una ducha" dice el griego "Voy a preparar el desayuno, por favor acompáñanos"
En ese momento un visitante llamó a la puerta, era Afrodita de Piscis, llevaba entre sus brazos unos ramos de rosas. Los entregó al dueño de la casa y a su hermano, diciendo que el de Shaka lo había dejado en su templo.
"¿Estás entregando rosas a todos los caballeros dorados?, indagó el león incrédulo.
"Sí", afirmó el de ojos celestes con una bella sonrisa.
Entonces el dueño de la casa percibió no muy lejos de ahí a aprendices del Santuario, seguramente ayudando con la hermosa carga del pisciano.
Aioria se dio cuenta que se quedó sin palabras por demasiado tiempo cuando Afrodita lo malinterpretó como una mala señal y cambió su semblante risueño por una cara triste, declarando que no era necesario aceptar las flores si el griego no lo deseaba.
El león dorado se recuperó de su lapsus y le explicó al pisciano que nunca le habían regalado flores tan hermosas, que se había sorprendido por el amable gesto, esto pareció agradar bastante al sueco, ya que irradió tal felicidad que fue incapaz de disimular.
Afrodita pidió autorización para pasar hacia los templos que se encontraban escaleras abajo. El griego le concedió el paso, reiteró su agradecimiento y recibió a nombre de su hermano el otro ramo que cargaba. Afrodita se despidió pidiéndole a Aioria que le trasmitiera un mensaje al hindú sobre un obsequio esperándolo en su templo.
El griego seleccionó dos de los varios jarrones que se hallaban en la sala para acomodar los ramos en ellos. Shaka elogió los hermosos arreglos florales y ayudó al león a llenar con agua fresca los floreros.
El pisciano seleccionó rosas color amarillo de tipo Gloria Dei de flor grande, color amarillo suave con los bordes rosados para el león. Las primorosas rosas de Aioros eran de la variedad Herero, eran flores color naranja iluminadas con amarillo, y en la orilla de los pétalos un tono ámbar oscuro.
En eso estaban cuando Aioros entró a la cocina y saludó alegremente a los dos caballeros.
"Veo que estás muy bien Aioros" dice el hindú complacido.
"Sí, Shaka. Tuve un muy buen descanso, pero tengo mucha hambre" contesta el castaño buscando algo de comer en un frutero, terminando una manzana de pocos mordiscos. "¿Y esas flores?"
"Regalo de Afrodita. Este es el tuyo" informa el de ojos verdes señalando el que estaba ya en un jarrón.
"Wow. Nunca me habían regalado flores tan hermosas. ¡Qué bien!" dice Aioros jubiloso, y mirando las rosas de su hermano observa: "Tu ramo también es bellísimo, Aioria"
"Así es" dice el león pensativo acariciando un pétalo de la flor más cercana a él.
Después de engalanar la mesa con los elegantes floreros, Aioria le pide a Shaka sentarse a la mesa o si él deseaba seguir meditando en la sala podía hacerlo, ya que los griegos se encargarían del desayuno. Aunque por la hora debería ser un almuerzo se dispuso a elaborar algo ligero para después tener temprano una comida completa. En la cocina alistó una cafetera y té para Shaka y los llevó a la mesa en una bandeja.
En la cocina Aioria se dispuso a tostar pan, y acompañarlo con rebanadas de queso. También tenía miel y distintas mermeladas por si a alguno de sus invitados le apetecía algo dulce. Su hermano le ayudó preparando huevos duros y llenando una jarra con jugo de naranja.
"Ayúdame llevando todo al comedor, para empezar el desayuno", le ordena Aioria.
"Sí, señor" le saluda Aioros con gesto militar, tratando de esconder una risita, sin éxito.
Aioria solamente sonríe de buen humor, negando con la cabeza, apenas siente una nostalgia por tiempos pasados. Su hermano le seguía el juego cuando el león era un niño y este le ordenaba hacer algo como si el pequeño fuera el jefe de la casa.
El castaño siempre pensó que era un comportamiento que vió su hermano en su convivencia con el futuro santo de escorpión, Milo. Nunca le molestó obedecer a su hermano menor mientras fueran peticiones razonables, pero cuando era alguna exageración Aioros lo hacía desistir con una mirada fija y rostro serio.
Mientras Shaka espera a los hermanos en el comedor tomando una taza de manzanilla se siente la llegada de otros santos de Atena pidiendo permiso para pasar por el templo. El hindú se pone de pie para atender a los recién llegados.
Era Afrodita de Piscis de regreso, acompañado de Shura, el santo de la sexta casa los invita a pasar y les explica que el dueño de la casa está junto a su hermano preparando el almuerzo.
El español se encamina a la salida diciendo que no quieren molestar. En ese momento sale el Aioros de la cocina y los invita a comer. El centauro tiene la convicción de que mientras más personas compartan una comida es mejor, también cree que es la manera más adecuada de agradecer el obsequio del santo de Piscis.
El castaño no percibe el cambio de humor en el hispano, quien se entristece. Aioros se queda en espera de que acepten la invitación a desayunar si es que ellos todavía no habían tomado alimentos.
Aioria sale de la cocina cuando advierte un par de cosmos conocidos pidiendo permiso para atravezar el templo. Lo primero que nota es el enorme arreglo que Shura lleva entre sus brazos, y declara sin pensar: "Afrodita, otra vez gracias por las flores que nos obsequiaste. Pero ya veo que tienes a tus favoritos"
El griego no lo hizo como reproche o para molestar a Shura, pero el efecto en el caballero de Capricornio fue abrazar fuertemente al bouquet y con su actitud corporal ponía una barrera protectora entre ellos.
El santo de Piscis roba la atención hacia él alzando un recipiente a la vista de todos, y lo presenta como un obsequio de parte del español. Afrodita vió que el pelinegro se mostraba inquieto y quiso ayudarlo.
"¿Es lo que huele sabroso?" pregunta Shaka acercándose.
El sueco hace entrega de la vianda al dueño de la casa. El león dorado acepta levantando las cejas y agradeciendo el detalle. Él no sabía que Shura pudiera cocinar algo que oliera tan bien. Él se dió cuenta que no conocía por completo a sus compañeros de profesión, antes Afrodita con sus rosas y ahora Shura con su arte culinario.
De repente el ibérico se despidió con apuro y torpeza, a Aioria le pareció algo molesto. El caballero de Piscis lo siguió despidiéndose en un tono dulce y sereno, se dirigió a la salida con un paso más lento que su amigo.
El dueño de la armadura de Leo lo acompaña y se vuelve a despedir del sueco en la puerta. El griego observa al rubio apresurar el paso para alcanzar al español.
El santo de Leo siente en su piel la brisa fresca después de la tormenta matinal y el aire limpio lo hace sentir renovado.
El ambiente le hizo añorar las mañanas cuando salía a entrenar con su hermano y Shura, le gustaba ejercitarse en este clima, que no era agobiante como en el verano o invierno, aunque ellos acabaran cubiertos de barro, pero felices por el progreso y por la compañía.
También recordó cuando recién llegó Shura al Santuario que su hermano le decía que considerara a ese niño serio y callado como otro hermano, y así lo llegó a sentir Aioria, por eso le dolió tanto la traición del pelinegro. Aún le dolía, pero por su hermano trataría de esforzarse en recuperar ese sentimiento. No sabía si dejaría de tenerle rencor, o si alguna vez sería lo mismo que una vez fue, pero no lo sabría hasta intentarlo. El león también estaba convencido de que tomaría mucho tiempo pero lo más difícil era dar ese primer paso.
También se percató que le gustaría mucho recobrar la amistad de Shura.
Sus pies se mueven en un impulso repentino y urgente que lo llevan a los caballeros que se detuvieron a intercambiar palabras en las escaleras antes de llegar a la casa de Virgo. Aioria no era un caballero cobarde y haría lo que fuera necesario.
Con el corazón latiendo rápido, el de Leo los alcanza y les pide que lo esperen. Salió sin pensar en lo que iba a decir lo cual lo avergonzó un poco. Se decide a pedir disculpas al español por haberlo incomodado.
El pelinegro le dice que ese no es el caso, que él no estaba enojado, todo había sido un malentendido. Shura observa en el griego el recelo ante sus palabras, y en un arrebato irrefrenable de ternura se acerca al león para confortarlo acariciando la rubia melena, con un poco de miedo, porque no estaba seguro de hacer lo correcto. El español sin darse cuenta aprieta fuertemente contra sí el ramo de rosas.
El león dorado recuerda tan bien ese sentimiento de ayer, es una emoción dulce, suave y familiar; aprieta los párpados para intensificar el momento. Al abrir sus verdes ojos el griego dirige una mirada llena de lágrimas a su frente y descubre a Shura sonriendo de la misma forma que había sido entre ellos cuando eran unos niños. Aioria le corresponde de igual manera.
Aunque hoy no pueda otorgar el perdón a Shura porque todavía no olvida el dolor que provocó, en este momento Aioria siente una nueva esperanza.
El griego piensa en las palabras que Shaka le dijo con respecto a los caballeros renegados, y cree que le comprende un poco más.
Luego de consumir por entero el platillo que les llevó Shura y de despedir al hindú que se retiraba a su templo, los hermanos se sentaron a tomar una taza de café después de admirar otra vez los ramos de rosas que les llevó Afrodita. El dueño del quinto templo recordó en el último momento informar a su vecino que el santo de Piscis también le hizo un regalo que lo esperaba al volver a su casa.
Fue una sorpresa para el león dorado la visita de Shura y Afrodita esa mañana. No se esperaba tener tan rápido la oportunidad de relacionarse sanamente con dos de los caballeros renegados, y además que ellos fueran los que iniciaran el acercamiento era otra causa de consideración.
"Puedes quedarte el tiempo que desees, considera este templo como tu casa" invita el rubio a su hermano.
"Gracias, me quedaré este día, pero creo que debo estar en mi lugar" reflexiona el centauro, "además yo puedo cuidarme solo. Ayer fue un día especial, por eso quise aprovechar y celebrar. El Santuario estaba protegido y la diosa Atena igual, podíamos relajarnos un poco."
"Pero ahora yo soy el mayor, tengo que ser el responsable" objeta el león.
"Sigo siendo más alto que tú, y más fuerte", eso era cierto, pero por muy poco ya que Aioros era más alto por un par de centímetros nada más.
"Pero yo todavía voy a crecer, tengo 20 años"
"Yo también puedo argumentar lo mismo, no dices que soy menor que tú casi seis años", y el castaño le enseña su lengua.
"¡Ah, qué maduro eres!, lo demuestras muy bien", le responde sarcástico el rubio.
Se rieron con ganas por un momento y el castaño empieza a explicar su sentir: "No tienes que ser responsable por mí", le asegura el arquero, "puedo ser prudente y confío en mi juicio todavía. Recuerda que me hice cargo de tu entrenamiento. Además, por lo que me enteré durante mi breve entrevista con nuestra diosa, me siento orgulloso de tí, te admiro grandemente" le dice un emocionado Aioros a su hermano menor. Enseguida piensa el arquero: Que ahora es mayor que yo, qué complicado es eso.
Aioria no sabía que el castaño hubiera tenido ocasión de hablar personalmente con la diosa Atena.
"Conseguir tu armadura teniendo en tu contra a la mayoría de las personas dentro del Santuario demuestra tu gran valor." especifica el de Sagitario.
"Aioros..." el guardián de Leo no logra decir más debido a la emoción que le causaban las palabras de su hermano.
"Yo no me arrepiento de nada de lo que hice en mi vida pasada, más bien tengo remordimientos por cosas que quise hacer y no las hice."
"Así que mi decreto es que a partir de hoy voy a aprovechar esta nueva oportunidad para vivir mi vida haciendo las cosas que deseo sin miedo."
Recordando algo que le confió la diosa, dijo a un león desprevenido: "Hablando de cosas por hacer en el futuro" dice el centauro curioso,"¿quién es Marín?, quiero conocerla."
El león dorado se pintó de un bonito tono carmesí y al verlo el arquero soltó una carcajada sonora.
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Continuará...
Haute cuisine.- Alta cocina
N. de la a.: Cada vez falta menos para el final. Espero no tardar tanto en actualizar como en este capítulo, pido disculpas a todo s ustedes, pero la inspiración no se compadeció de mí por muchos meses.
Gracias a todos los que les gusta el fic y lo siguen.
Hasta la próxima.
