Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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Andrew Belle - The Enemy

Casi me cargué la puerta cuando entre a casa. Necesitaba hablar con alguien, la cabeza me estaba estallando y el no saber dónde estaba mi hijo me tenía al borde de otro ataque de furia. Esperaba que Emmett lo hubiera traído a casa.

El crepúsculo en Forks ya había caído para cuando me senté en medio de la sala de mis padres.

Había pasado la mayoría de la tarde dando vueltas en el pueblo, rememorando recuerdos tirados a la basura, intentando recordar cuando había sucedido lo que no vi. Cuando fui tan ciego para no darme cuenta que algo no estaba bien con mi hermana menor mientras yo estaba jugando al chico bueno y destrozándome la vida al mismo tiempo.

Tome mi cabeza entre mis manos, si este era la definición de un día normal, entonces no sabía cómo debería ser uno anormal. No solo había recibido una noticia que me tenía al borde de los nervios, si no que en medio de mis cavilaciones caí en cuenta de la verdad.

Ni siquiera conocía a mi familia. Todos y cada uno de ellos habían cambiado dúrate el tiempo que llevaba lejos. Quien sabe qué otra cosa podrían estarme ocultando.

—¿Edward? —la voz de Esme me trajo a la realidad. Su silueta estaba más o menos dibujada en la oscuridad— ¡Oh, hijo! ¡Me tenías tan preocupada!

—Ni siquiera puedo imaginar por qué... —mantuve la cabeza gacha, sin levantar la vista. La postura me hizo relajarme un poco, cerré los ojos y suspire profundamente.

—Edward... —susurro.

—Tú lo sabías, ¿no? Mi padre y tú lo sabían. —reclame. Me gire y trate de enfocarla entre la oscuridad. Mi madre estaba de pie al filo de las escaleras, con el cabello castaño caramelo brillando en la penumbra y los ojos mirándome tristes. Su postura era tensa y tenía agarrado fuertemente el pasamano de las escaleras, casi como si se contuviera de venir a mi lado.

La culpabilidad lleno por completo el rostro de Esme.

—Alice nos pidió que no dijéramos nada.

—¿Es cierto que lo sabe Bella?¿Renne?... ¿Clarie?—gruñí, encarándola. Yo sabía la respuesta, pero quería una confirmación verbal.

—Todos lo sabíamos, Edward. —dijo.

Imaginar el golpe de esta noticia siendo dirigido hacia Bella me produjo un escalofrío. Ni siquiera podía imaginarme como podía haber actuado yo si no me hubiera marchado de Forks. Si ahora estaba furioso, en el pasado nada me hubiera detenido para masacrar a Charlie Swan. Y de solo pensar que Clarie también lo sabía y en ningún momento lo menciono… me sentí totalmente traicionado.

—No quiero escucharte —me levante de un salto— No te quiero escuchar ni a ti, ni a mi padre, ni siquiera puedo quiero ni creo poder mirar a Alice a la cara... esto es una monstruosidad, se sale de m comprensión. Simplemente… no.

Me pare al pie de las escaleras, sintiéndome lo suficiente cansado como para no encontrar fuerzas ni para subir a mi habitación. Era como estar viviendo en otra vida que no era la mía, intentando comprender que las personas a mí alrededor no son quien yo pensaba. Mi madre, que ahora se encontraba a menos de un metro y paralelamente a mí, me tomo del brazo.

Me mantuve inmóvil.

—Max está con Rosalie, tu hermano pensó que tal vez necesitarías un poco de tiempo para ti, para nosotros. Necesitas escuchar a tu hermana.

Reí irónicamente.

—¿Escuchar que, mamá?¿Cómo comenzó a acostarse con Charlie Swan?¿Oh como paso de quererlo como un segundo padre a verlo como un hombre?

Mis manos fueron hacia mi cabello, jalándolo furioso. Nuestro discreto toque se perdió totalmente. Me giré, mirándola. Ahora ella estaba completamente de frente y de cerca su rostro parecía totalmente destrozado. Pocas veces había visto así a mi madre. Que estuviera vistiendo una bata y pantuflas me reafirmo esa idea, ella nunca se dejaba ver vulnerable en ningún momento. Ella siempre se consideró a sí misma como un pilar, la única vez que la vi de esa manera fue cuando charlamos y le comunique mis decisiones y el porqué, cinco años atrás. Esa misma noche también me marche, dejándola con el corazón destrozado a ella y mi padre.

—¿Cómo estas parada ahí? ¡Tan tranquila! Como si nada hubiera o estuviera pasando, pidiéndome que escuche cosas que ni siquiera deberías pedirme que escuchara. ¡Por que no deberían haber pasado, mamá! ¡No así y de esta manera!

—¡Edward!

—¡Tu hija es una maldita depravada, mamá! —grite— No conoce los malditos límites.

—Vuelve a repetirlo —la voz de Alice resonó en la sala, al pie del principio las escaleras, tan solo unos tres metros a distancia de nosotros— Vuelve a repetir que soy una depravada.

Su aspecto me dejó inquieto. El maquillaje corrido por toda su pequeña cara me dijo que probablemente había pasado demasiado tiempo llorando. Su ropa estaba arrugada y no parecía la Alice que yo había conocido toda la vida.

—Alice...

—No, mamá. Déjalo que lo diga, me pude llamar como quiera. —bajo las escaleras lentamente— Es realmente curioso. Tú menos que nadie puedes venir a enseñarme la definición de lo correcto.

—No te atrevas. —dije, apretando los puños.

—¿Yo soy la depravada? Maldito doble cara. Tuviste dos hijos con dos hermanas, abandonaste a una porque la estabas engañando para casarte con la otra.

—¡Cállate, Alice! —exigí, no tenía el mandito derecho de mencionar ni a Bella ni a Clarie.

—Por favor, Alice... —sollozo mi madre. Esme nos miraba con lágrimas en los ojos.

—No, mamá. Él no va a escucharme. ¿No es así Edward?, porque solo tú eres capaz de cometer errores, solo tú puedes irte corriendo de este maldito pueblo y regresar cinco años después para pensar que todo sigue igual. Perdóname por no sentarme a llorarte, por tener problemas y una vida fuera de esta maldita casa, esta familia y de tu adorada hermana menor —una lágrima se derramó por su mejilla, sus ojos luciendo vacíos— Me equivoqué y lo voy a lamentar durante mucho tiempo, era una chiquilla de diciente años. No sabía mucho sobre la vida y me sentía necesitada de atención.

—No te quiero escuchar.

—Pues lo vas a hacer. Lo vas a hacer porque me lo debes, te largaste sin mirar atrás, Edward. No te importo como estaba tu familia. No sabes nada sobre nosotros.

—Claramente no sé nada de ustedes, Alice. Ahora eres la amante de un hombre veinte años mayor que tú, claramente no te conozco, no sé quién eres. —afirme, y aún que mis palabras no pretendían ser duras, exactamente salieron así. Alice se sentó en medio de las escaleras, abrazándose a sí misma, casi luciendo como si en cualquier momento fuera a caer hecha pedazos en el suelo.

—Lo sé, pero tengo derecho a que me escuches. Si después de eso piensas que soy la peor persona del mundo, entonces me alejare.

Negué, mirando hacia un punto en la oscuridad.

—El que debería marcharse de aquí soy yo, venir a Forks fue un error, remover la mierda del pasado solo nos está destruyendo, tal vez no pertenezco a esta familia, al fin puedo comprender que cinco años parecen ser demasiado tiempo.

—Bien, puedes hacer lo que quieras, pero no sin antes escucharme. Mi relación con Charlie no empezó de la manera en la que estás pensando.

—No encuentro otra manera. Fuiste su amante, conoces a Renne, Alice. Renne la que nos alimentó infinidad de veces en su casa, quien te daba regalos de cumpleaños y de navidad.

—¡Lo sé! ¡Lo sé! —me gritó— Nunca me ajustara la vida para pedirle perdón. Yo... —titubeo, agachando la mirada— Solo no sabía lo que hacía, cuando menos me di cuenta estaba con la mierda hasta el cuello, Edward. Lo amaba, juro que me enamore de Charlie con cada gramo de mi cuerpo, él lo era todo para mí y yo era su Angel.

Decidí ignorar la parte del apodo cariñoso y el amor verdadero. Era… algo que no podía procesar en esos momentos.

—¿Y ahora? —pregunte, con aquello carcomiéndome la cabeza— ¿Lo sigues amando ahora?

—No, mi amor por él ha cambiado con el tiempo. —dijo las últimas palabras con un profundo dolor. Tanto, que me recordó un poco a mí. Lo difícil que era no poder estar al lado de la persona que amabas y tener que decirte mil veces que aquello es imposible. Vivir la vida tratando de convencerse a uno mismo era la peor de las torturas— Las cosas terminaron como tenían que terminar, él tiene una familia y una esposa, yo no podía competir contra eso.

—Tu hermana ha sufrido mucho, Edward. —Esme susurro, se dirigió a mí y toco mi mejilla. Su rostro sonrosado por las lágrimas— Ahora es diferente y está consciente de sus errores.

—No sé si puedo hacerlo...

—Tienes que escucharla.

Ver a mi madre rogarme de esa manera hizo mella en mi orgullo, si quiera imaginar lo que sería para mi ver a Thomas y a Max juzgarse el uno a otro me rompió el corazón. Lo cierto es que mi orgullo me estaba pasando una mala pasada. Pensar en darle la oportunidad de hablar a Alice me hacía sentir como si le estuviera diciendo que sus decisiones eran buenas y aceptadas. Mirar a la mujer frente a mí y saber que no era la misma chiquilla que dejé atrás me estaba partiendo el alma. ¿Pero no era esto también lo que quería? Tener respuestas y dejar de carcomerme el cerebro.

—Bien. —bese la frente de mi madre— Solo si prometes no llorar más, Lo siento, mamá. —la mire arrepentido— Siento haberte gritado —mis voz titubeo un poco, mientras susurraba solo pasa nosotros dos.

—No importa, solo necesito que le des una oportunidad a tu hermana. —sus ojos brillaron esperanzados.

Asentí, mientras miraba a Alice, que seguía con la cabeza gacha. Unas ganas infalibles de protegerla entre mis brazos al igual que a mi madre me llenaron. Si tan solo pudiera controlar mi enojo, mi orgullo... tal vez si la escuchara.

—Bien, lo haré.

Alice levanto la mirada sorprendida ante mis palabras, subí las escaleras lentamente, hasta situarme a unos cuantos escalones abajo de dónde estaba ella, y me preparé para escuchar, mirando a mi madre.

—Los dejaré solos. —asistió, marchándose a la cocina.

—¿Y bien, Alice? —puse mis codos sobre mis rodillas, preparándome para lo que estaba seguro no sería nada fácil de escuchar.

Alice suspiro entrecortadamente y comenzó a hablar. Su voz batallo un poco al iniciar y sonaba bastante rota, pero ella se esforzó por sacar las palabras desde el fondo de su garganta.

—Cuando Bella y tú se volvieron novios, yo estaba algo celosa. Me sentía abandonada y estaba acostumbrada a tener a mis dos hermanos solo para mí, no entendía tu constante necesidad de estar con ella, ¿sabes? —bajo la mirada, retorciendo los dedos— Comencé a volverme grosera con mamá, deje de sentirme amada y contenta con mi vida. Tenían solo quince años, pero estaba tan enojada. Todo parecía ir de maravilla contigo y con Bella, internamente siempre deseé que ustedes dos terminaran, recordaba cuando eran amigos y en ocasiones me convertían en parte de su amistad, deseaba recuperar a mi hermano y la que un día había sido mi amiga.

—No puedo imaginar por qué te sentías así, Alice. Mamá, papá, Emmett, yo, nunca te faltó nada.

—Ese era el problema, Edward. Tenía tanto a mi alrededor que me volví superficial, obstinada y obsesiva. Si las cosas no pasaban como yo quería, entonces me ponía furiosa. Las cosas no mejoraron, todo lo contrario. Mi comportamiento me llevo a hacer cosas aún peores que haber sido la amante de Charlie Swan. Hice amistades que no eran las más sanas. Tenía quince años para cuando conocí a María y ambas estábamos en el instituto. Ella era la chica genial con la que todos querían estar, si con genial entiendes follar a medio instituto y manejar todo tipo de sustancias. —se rió sórdidamente— La vi como mi oportunidad para dejar atrás todo lo que se suponía que tenía que ser. Quería divertirme y olvidarme un poco de mi aburrida e insuficiente vida. Me volví su amiga, había ocasiones en la que me invitaba a una que otra fiesta y yo aceptaba. No era nada difícil para mí seguirle el ritmo, era bastante fácil ser aceptada en su grupo de amigos. Todo se basaba en seguir el tema de conversación, tomar un poco y fumar algunos cigarrillos. Una noche un tipo se presentó a una de estas fiestas. Jasper era su nombre. Lo vi y mi mundo se sintió diferente.

Le miré dejar la mirada perdida, con una vaga sonrisa en sus labios.

—Él fue una de las cosas más hermosas que yo nunca vi en la vida. El sueño y la pesadilla de cualquier adolecentede. Alto, rubio, con unos profundos ojos azules, francamente demasiado lindo para ser verdad. Y así fue, él estaba podrido por dentro, sin embargo tarde demasiado en descubrirlo. Era el primo de María y yo me sentí inmediatamente atraída, María comenzó a notarlo y organizo algunas citas para nosotros dos. Al principio yo me sentía cohibida porque él era mayor por cuatro años pero con el tiempo y mi creciente curiosidad, lo acepte. —giro la cabeza, cerrando los ojos— Fue el principio de mi ruina. Al principio salir con él se sentía bien, era algo nuevo y estimulante, él parecía sentirse atraído también por mí. Hacíamos lo que se supone que las parejas normales hacían; salir, beber y meternos mano en cualquier lugar posible. Meses después comencé a notar cosas extrañas... el tipo de cosas que me decían que algo no marchaba bien, pero las ignore. Fui confiada y estúpida.

—¿Qué cosas?

—Él desaparecía, primero por uno o por dos días, después por semanas. Trataba de no preguntar mucho, después de todo no éramos exactamente oficiales. Solo me di cuenta de que él consumía hasta que comencé a sentir los estragos de sus adicciones. Comenzó con cosas como llamarme todo el tiempo o esperarme afuera de instituto para después llevarme a su apartamento. Me presionaba por sexo, se lo di. Me gritaba, se lo permití. Me pedía más atención, se la daba. Todo al ritmo que él quisiera... —se encogió de hombros— Pensé que si le dejaba, algo malo pasaría, quería dejarlo pero no podía. No solo le tenía miedo. También tenía esta codependencia hacia él que me mantenía completamente fuera de combate. Él lo notaba y lo sabía, y lo saboreaba. Las cosas no pararon ahí, todo lo contrario.

Endurecí mi mandíbula, imaginándose al pequeño hijo de perra lastimando a mi hermana.

—¿Drogas?

—De todo. Drogas, alcohol, sexo... a mí, lo que fuera que lo hiciera sentirse bien, accedí y me embarque en una relación tóxica y abusiva. Peleábamos todo el tiempo, nos gritábamos, nos golpeábamos y muchas cosas más que ni siquiera puedo decir.

—¿Por qué no me lo dijiste, Alice? —susurre, tratando seguir su mirada.

—Me sentía muy avergonzada, yo misma me había buscado todo lo que estaba viviendo —su voz tembló— Yo permití que él me destruyera.

—¿Qué fue lo que pasó, Alice? —su silencio me dejó un nudo casi doloroso en la garganta— ¿Alice? —me erguí, tomando su mentón entre mis dedos, necesitaba que me siguiera hablando— ¿Qué más paso?

—Seguimos con nuestra relación a pesar de todo. Una noche llegué que su casa, acababa de pelear con mamá. Pensé que ir y tal vez tomar un poco de alcohol con él me calmaría, entre a su apartamento y él estaba... acostado en su cama —su mirada vidriosa me enfoco finalmente— con otro chica. Me puse como una desquiciada y le comencé a gritar. La chica despertó inmediatamente y salió corriendo. Toda drogada y asustada. Las cosas se pusieron más rudas cuando trato de desnudarme y yo me negué —un jadeo salió de su garganta— Jamás lo vi así de molesto y él… logro quitarme toda mi ropa. No me importo, le grite que era un bastardo y que no quería verlo más. Supe que las cosas estaban peor de lo que yo creía cuando puso sus manos alrededor de mi cuello.

—¿Qué estas decidiendo? Alice…

—Sí, intentaba asfixiarme. Y cuando le mire a los ojos, no encontré por ningún lugar al chico del que me había enamorado. Solo era el hombre que estaba dispuesto a violarme y asesinarme. —sollozo— Sus pulgares estaban firmemente encima de mi tráquea y a pesar de que lo intentaba con todas mis fuerzas no podía quitármelo de encima. E incluso a pesar de eso, él se restregaba encima de mí, casi como si lo estuviera disfrutando. Sentí que moriría y rogué a la vida por no morir de aquella manera. Lo único que estaba en mi mente era el dolor que eso provocaría en todos ustedes. —se limpió las lágrimas con sus manos y respiro profundamente. Me dolió el alma de solo saber por lo que mi pequeña hermana, mi Ally había tenido que vivir. Ella continuo hablando— Ni siquiera estoy segura de que fue, pero algo lo hizo titubear. Vi mi oportunidad y le golpe las bolas. Tan fuerte como pude. Y corrí, no me importo ir semidesnuda y llena de golpes, corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron y me refugie en una cafetería al frente de su departamento. Afortunadamente ahí trabajaba una chica de mi clase de biología y cuando me miro hizo todo lo que pudo para ayudarme. Lo único que le pedí fue un teléfono.

Asentí, tomando sus manos entre las mías.

—Le llamaste.

—Sí, llame a Charlie tan pronto como toque el teléfono, su número fue el único que podía recordar por algún motivo. Le rogué que no les contara a nuestros padres, él me hizo prometer que dejaría esas amistades, que mejoraría. En cambio, él se encargaría de Jasper y de todo lo demás —una leve sonrisa se dibujó en sus labios— Y lo hizo. De alguna forma logro que lo detuvieran sin que yo me viera involucrada en el asunto y un mes después su caso fue cerrado. Fue trasladado a prisión y jamás volví a saber otra cosa. Charlie me construyo de nuevo. Formo una nueva Alice. Me acompaño en todo el proceso. Busque ayuda terapéutica y decidí volver a ser yo misma. Charlie me convenció de comenzar a acompañarle en algunos paseos de vez en cuando para distraerme. A veces me llevaba a pescar o pasaba por mí al instituto, todo desinteresado. Siempre, siempre fue un caballero. Fui yo quien noté que mis sentimientos por él cambiaron con los meses, y nuestra relación se tornaba distinta. —bajo la mirada hacia nuestras manos— Él también lo noto tiempo después y las cosas siguieron su cauce —me di cuenta de su necesidad de no dar destalles y respete su decisión. No estaba dispuesto a presionarla más— Los dos comentamos un error, y me arrepiento porque lastime a su familia, pero jamás me arrepentiré de haber amado de la manera en que lo hice. Él me enseñó el amor dulce, sano y la manera correcta en la que yo debía ser amada. Jamás le pedí que dejara a Renne, él jamás hablo de terminar su matrimonio, los dos sabíamos que lo nuestro tenía fecha de caducidad.

Su mirada triste terminó por partir el poco orgullo que me quedaba, la tome de los hombros y la atraje hacia mí en un abrazo reconfortante. Sus delgados brazos se enredaron en mi cintura y sus lágrimas mojaron mi camisa. Aun así siguió hablando, con su voz sofocada contra mi pecho.

—Lo dejamos poco antes de yo cumpliera diecinueve, solo nos dejamos de ver poco a poco. Yo tenía que tomar una decisión sobre la universidad. Decidí irme lo más lejos posible, claro que no podía pedirle que dejara a su familia, pero lo amaba. Y ya había dejado que mi amor por un hombre me llevara a los lugares más oscuros, no estaba dispuesta que sucediera de nuevo. Una semana antes de partir nos encontramos —hablo contra mi pecho— Pasaron cosas y... una cosa llevo a la otra. Las cosas se salieron de control y parece que Bella había notado algo raro en su padre. Nos descubrió —se alejó un poco de mi— Fue un duro golpe para ella, me sentí como la persona más horrible de mundo y esa misma noche Charlie me confeso que Clarie lo sabía también. No quiso decirme muy bien lo que paso, y yo decidí no preguntar mucho sobre el tema. Me fui una semana después, y jamás volví a saber más de Charlie. Esme y Carlisle entendieron después de contarles todo y me dejaron marchar, lo demás es historia. Jamás volvimos a hablar y cuando volvía de vez en cuando a Forks nos evitamos mutuamente, si nos era imposible simplemente nos comportábamos como si nunca hubiera pasado nada. Solo nos saludamos cordialmente. Él siguió adelante y yo también. —se limpió de nuevo las lágrimas, aún que eso no impidió que se volviera a mojar por otras nuevas— Sé que fui mezquina y egoísta. Lo lamento tanto, Edward. Sabía que te lo tenía que contar, pero me sentía aterrada de como reaccionarias, no quería que me miraras de otra manera… solo quería seguir siendo tu hermana pequeña. No está mujer que es un desastre, y que... solo...

Negué, rodeándola de nuevo con mis brazos. El peso de la culpa cayó sobre mis hombros conforme los minutos fueron pasando, pero no le solté. Escuchar a mi hermana describir el infierno por el que había pasado, como pudo haber sido una víctima más tendida en una cama sin vida y destrozada me dejo sin aliento. Creer que la única persona que había estado para ella era Charlie Swan, el que la ayudó a volver a ser un poco ella, y a amar de nuevo. Yo mismo sabía las raras formas que tenía de actuar la vida y sobre todo el amor. Los difíciles caminos por los que a veces uno se tenía que ver obligado a caminar cuando amabas cosas se entremezclaban.

—Soy un completo pendejo. Lo lamento, Alice. No soy nadie para juzgarte.

Su cabello me hizo cosquillas en la barbilla cuando se acurruco contra mí.

—Solo abrázame y no me sueltes, por favor.

—Nunca, pequeña. —bese su coronilla— Jamás. Nunca más, Alice. De ahora en adelante estaré aquí, te lo prometo.

—Es lo único que pido.

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"No intentes seguirme. Te sostendría si pudiera. Te haría el enemigo, te decepcionaría."

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Y bueno, aquí acaba nuestro capítulo quince. Un secreto menos y una historia más descubierta. Parece que Alice y Charlie tuvieron una linda pero trágica historia, ojalá hubieran podido tener otro final. Las cosas siguen marchando a su ritmo, Edward está aprendido a conocer a su familia de nuevo, y tal vez muy pronto sea capaz de recuperar un poco más su vida.

Espero haber resuelto sus dudas. Déjenme sus comentarios, preguntas e ideas en los reviews y recuerden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.