Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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Radiohead – Creep

Forks Washington, Diciembre 1999

Mi cabeza cayó un poco atrás de mi cuello, mis ojos casi rodando detrás de mi cabeza. La voz del señor Banner me tenía al límite, haciendo lo que todos los días en sus clases: poner a prueba mi paciencia. Esta vez mucho peor que en otras oraciones.

Los próximos exámenes nos tenían absolutamente a todos al borde del desquicio. Kate a mi lado, rodo los ojos y me dio un puntapié con su zapato.

Deja de ser un imbécil y presta más atención a la clase —murmuro por lo bajo.

Las cosas serían diferentes si Bella estuviera a mi lado. Ladee la cabeza e intente fingir mejor o tal vez, debería de quedarme dormido de una vez por todas. Solo para mostrarle a Banner lo aburridas que eran sus clases. Pase mi mirada por el saloncillo de clases mientras trataba de distraerme, solo para encontrarme la misma expresión que yo tenía estampada en la cara en los otros estudiantes.

No los culpaba en absoluto.

Agradecí mentalmente cuando mi celular sonó. Un mensaje de Alice.

"Tú. Imbécil. Entraste a mi habitación. Vuelve a hacerlo y te arrancare las bolas, nadie pone sus sucias manos sobre mis cosas" —A. C.

Ignore por completo el mensaje. Dulce. Dulce, Alice. A veces mi hermana tenía días de mierda y hacia ese tipo de cosas, como llamar a medio mundo imbécil y comenzar a tener delirios de persecución. La edad la tenía como un sube y baja y tan feliz o triste como una adicta al crack. Recordé que todos pasábamos por esa edad, en la que todo parecía demasiado complicado y fácil como para delimitar cualquiera de las dos cosas con propiedad.

Un segundo después un mensaje de Emmett entro a mis notificaciones.

"Hare lo que quieras, solo no le digas a Alice que entre a su habitación durante el fin de semana que estuve en casa. Tal vez por error deje caer alguna de sus cosas, solo quería recuperar las malditas fotografías del mes pasado" —E.C.

Con un par de toques en el teléfono le respondí.

"Ok" —E.C.

Y así. Apague el teléfono. Dando gracias por esa distracción y riéndome internamente. Si tan solo Emmett supiera que aquellas fotos estaban en mi habitación, de bajo de mi cama y no en la de Alice. Considere traicionarlo un poco y jugar con la situación pero preferí esperar a que mi pequeña hermana descubriera que el causante del daño había sido Emmett. No que fuera a tardar demasiado en deducirlo.

Un carraspeo me saco de mis pensamientos.

¿Algo que quiera compartir con la clase, Cullen? —pregunto el profesor Banner.

Desee internamente responderle un "¡Si, su clase es horriblemente aburrida!¡Preferiría que mi hermana me arrancara las bolas a seguir escuchándolo, al menos sería más divertido!" En cambio, simplemente me encogí de hombros y le di una sonrisa amable.

Nada en absoluto. Lo lamento.

El asintió en aceptación y se giró para continuar hablando. A mi lado, Kate negó con la cabeza y me pareció escucharla decir algo más. No pretendí averiguarlo y finalmente preste atención a la clase, intentando con todas mis fuerzas no dormirme. Veinticinco minutos después y con una migraña masacrándome la cabeza pudimos salir de la clase de Banner. Kate iba a mi lado, concentrada en su celular. Supuse que hablaba con alguna de sus conquistas en turno, séase hombre o mujer.

Llegamos a nuestros casilleros, los que estaban justo a un lado del otro. Recargue mi cabeza en el frio mental y suspire. Estaba siendo un día de mierda sin Bella.

Oye, chico. Tienes la cara tan verde que podrías pasar por un zombi. ¿Te encuentras bien?

Kate se acercó, poniendo una mano en mi frente.

Bueno… anoche me la pase hablando con Bella por teléfono hasta las tres de la mañana y esta mañana comencé clases desde las siete. Probablemente sea solo yo siendo un llorón por no tener a mi novia a mi lado y no haber dormido lo suficiente.

Sé que es un asco que Bella no esté aquí para Navidad pero regresara, siempre lo hace. Creí que estarías acostumbrado después de tres años.

Jamás me acostumbrare a estar alejado de Bella, pero ella ama a su abuela Marie y está en su derecho si quiere ir hasta Los Ángeles a echarle un vistazo cada año.

Me encogí de hombros, sacando mi libro de comunicación social y cerrando mi casillero.

Solo que jamás lo había hecho por estas fechas.

Asentí.

Sí, es una mierda. Pero todos ya sabíamos que la salud de la abuela Marie últimamente no va muy bien, así que supongo que solo tengo que soportarlo un par de días más.

Kate levanto su brazo, revolviendo mi cabello y soltando unas risitas.

Eres como un cachorrito sin su dueño.

Gruñí por la broma, pero internamente mis hombros se relajaron y casi logro que soltara una sonrisa. Rodé los ojos.

No es algo que te pida que comprendas, Kate. No cuando tienes una pareja nueva cada semana.

Buen Dios, gracias por ello. Escucha, has estado así por lo menos los últimos cuatro días y Bella se fue hace cinco días, ¿has pensado siquiera en lo terrible que es tener que soportarte con este humor de mierda? Haznos un favor a todos y toma un avión a Los Ángeles.

Su silueta se perdió entre el pasillo, dejándome sin nada que decir.

Y en realidad es que no tenía mucho que decir. Si, Bella no estaba y sí, yo me estaba comportando como un señor gruñón de sesenta años desde la mañana de su partida hace cinco días. Fue inesperado y completamente sorpresivo cuando Bella había recibido una llamada en medio de nuestra case de biología avanzada mientras tratábamos de diseccionar un conejo sin cortarnos un dedo. Lo siguiente que supe fue que mi chica entraba por sus cosas, con lágrimas bajando por sus mejillas y las manos temblorosas.

No tarde mucho más en seguirla y tratar de escuchar mejor con quien estaba hablando. Internamente me pregunte si Clarie había hecho otra de las suyas.

Pero estaba equivocado.

Era Charlie, quien tenía noticias nada agradables. La abuela Marie había tenido un infarto y se encontraba hospitalizada. Lo unció que pude hacer por Bella fue sacar las llaves de mi coche y llevarla a casa. Esa misma noche empaco sus cosas, hablo con sus padres y la mañana siguiente la estábamos despidiendo en el aeropuerto de Seattle. Y aun que era algo que hacia cada año por dos o tres días a principios de enero, esta vez lo hizo a finales de noviembre y sin fecha de retorno. Pronto, me entere que la familia Swan completa le seguía los pasos a Bella.

Eso me dio una pista de lo que estaba sucediendo y cuando le pregunte a Carlisle por la abuela Marie simplemente bajo la mirada y comenzó a contarme todo sobre su historial médico. Tenía hipertensión y diabetes, casi setenta y ocho años y no era la primera vez que un infarto tocaba a su corazón. Así que si, técnicamente la familia Swan se preparaba para el golpe final.

Era algo horrible. Y si a mí se me rompía el corazón de solo imaginar a la bella mujer de piel pálida y ojos castaños que conocí en mi adolescencia, y me obligó a llamarla "abuela Marie", postrada en una cama no podía imaginar cómo esto golpearía a mi chica. Aun que tenía un par de respuestas al recordar su voz, cansada y baja mientras me contaba lo divertido que podía ser ver la televisión con Marie mientras ella estaba toda gruñona y enojada por no poder salir de una vez por todas del hospital.

Adjuntando todo eso a que pronto seria Navidad y yo me tendría que preparar para pasar las fiestas sin ella y sobre todo, sin poder sostenerla entre mis brazos ni darle el apoyo que yo sabía que necesitaba, me tenía al borde. El sonido de la campana que nombraba el inicio de la siguiente hora me hizo caminar de una vez por todas a mi siguiente clase.

La clase de la profesora Morgan fue más llevadera. Mientras pasaba otra hora y finalmente tomaba mi mierda para irme a casa.

Claramente la vida me odiaba, porque antes de que pudiera llegar a la puerta Jassica se paró enfrente de mí. Llevaba un vestido que dejaba poco a la imaginación, lo que imagine… era completamente inapropiado para llevar en el instituto. Sin embargo omití mis comentarios y espere a que me dijera lo que diablos quería.

¡Hey, Edward! —mi nombre salió en algún tipo de ronroneo extraño de su boca.

Levante una ceja y suspire, pasándome la mano entre mi desordenado cabello. Otra razón por la que necesitaba a Bella aquí.

Hola, Jessica —le respondí.

Su mirada siguió el movimiento de mi mano y sus ojos brillaron con un extraño destello dentro de ellos. Y aquello siguió, hasta que gimió, se mordió el labio inferior e hizo un extraño movimiento con sus caderas.

¿Qué. Diablos?

Abrí los ojos sorprendido cuando se abanicó con una mano. Sus uñas, largas y rojas eran como garras.

¿Era mucho pedir poderme marchar a casa sin más inconvenientes?

Tú sí que sabes cómo dejar a una chica sin aliento, Edward. —dijo— En fin, tal vez algún día podamos hacer algo sobre ello, la invitación siempre estará abierta, cariño. La cuestión es que abra aun fiesta en…

Antes de que pudiera seguir hablando bufe desde lo profundo de mi garganta. No tenía que soportar esa mierda. Decidí seguir mi camino y comenzar a ignorarla.

Sin embargo, algo en mi expresión no debió ser claro. Ella me siguió por el pasillo, batallando por mantener el ritmo de mis pasos con sus altos y muy visiblemente incomodos zapatos de tacón alto.

Sera una fiesta en mi casa, estoy segura de que te encantara ir. ¡Estará casi todo el instituto y Kate ha confirmado su asistencia!

Kate confirmara su asistencia a cualquier lugar donde allá alcohol y mujeres lo bastante borrachas como para quitarse la blusa y mostrar los pechos. No es lo que a mí me interesa. Estoy ocupado el fin de semana.

¡Oh, sí! —su mano tomo mi brazo, clavando sus uñas en mi bíceps. Intente contener mi irritación y no darle un puntapié para alejarla de mí. En cambio, gire mi rostro y le preste la atención que tanto moría por que le diera. Tal vez así dejara de molestarme.

¿Qué quieres, Jessica?

Esbozo una sonrisa ladera en sus labios. Bien. Quizás finalmente nos dejaríamos de rodeos e iría al punto. Entonces yo podría mandarla a la mierda.

Solo quiero un poco de lo que Swan ha podido probar durante todos estos años. Vamos, Edward. —se acercó un poco más a mí. El olor de su empalagoso perfume me revolvió el estómago. Si no se alejaba muy seguramente comenzaría a vomitar sobre ella. —Yo podría calentarte mientras Bella no está… —poso su mano sobre mi pecho a pesar de que intente evitarlo poniendo mi mano sobre su muñeca. Entonces ella aprovecho mi distracción y apoyo su asquerosa otra mano sobre mi entrepierna.

Aquello fue mi límite.

Sus ojos se abrieron y un chillido salió de sus labios cuando la arrastre hacia atrás y la estampe contra los casilleros.

Ahora era yo quien la tenía acorralada. Rostro contra rostro y sin embargo, sus mejillas se sonrojaron y sus ojos se llenaron de lujuria. Intento mover sus manos, las cuales estaban aferradas por mis manos.

Escucha, maldita acosadora. Mantén tus manos alejadas de mí. —la solté, mi cara era una completa mascara dura. —No tienes el maldito derecho a tocarme y asegúrate de estar lo bastante lejos de mí la próxima vez que nos encontremos. No me interesas Jessica. Ni tú, ni las tetas que bamboleas todos los días por los pasillos. Bella Swan es la única que tiene derecho a tocar mi polla cuando y donde le plazca. La próxima vez que pongas tus sucias manos sobre mí no seré tan amable, asegúrate de contarle lo que te acabo de decir a tus amigas.

Con un gruñido de fastidio me di la vuelta. Vaya día de mierda, no hacía más que empeorar junto con el dolor de cabeza, y ahora —gracias al asqueroso perfume de Jessica— las náuseas también. Desee internamente haberme quedado en casa por la mañana y por lo menos haber podido hablar un poco más con Bella.

Antes de salir de una vez por todas del instituto, el cual parecía casi haberse vaciado por completo mientras Jessica me tocaba los cojones, una voz a mis espaldas me paro en seco.

¿Qué pensaría mi hermana si le dijera que te vi por el pasillo, mientras Jessica Stanley te daba una mano, literalmente hablando, dentro de los pantalones?

Finalmente, durante y por todo el día, sonreí. Una sonrisa del tipo, deja de joderme y cállate. Me encogí de hombros, girándome y encontrándome con Clarie Swan recargada en la pared.

Su largo cabello rubio caía como cascada sobre sus hombros y sus ojos azul eléctrico brillaban con diversión. La ropa oscura suelta, el maquillaje exagerado y las grandes botas de plataforma alta que adornaban sus pies haciéndole perder cualquier parecido con Bella. Me pregunte por un segundo que hacía en Forks, suponiendo que todos estaban en Los Ángeles.

Entonces quizás Bella te chille y luego te mande a la mierda. —contente su pregunta.

Una ceja perfectamente rubia se arqueo.

Casi temí por tu virtud.

Sin embrago te quedaste mirando… —murmure tentativamente.

Fue bastante interesante verte por fin ponerla en su lugar —sonrió. Sus dientes blancos hicieron un extraño contraste con el labial negro de sus labios— Mi hermana debió hacerlo en algún momento durante todo su noviazgo, alejar a las perras lascivas de ti.

Entrecerré los ojos, dejando ir el tema.

¿Cómo has llegado aquí?

En un avión, tonto.

¿Bella? —pregunte.

En Los Angeles.

¿Cómo se encuentra?

¿Francamente? Destrozada. —suspiro— Pero creo que todos lo estamos un poco, sin embargo, ella está bien físicamente y papa trata de que coma a sus hojas. De cualquier modo no se separa de la abuela Marie.

Sentí deseos de hacer en verdad lo que Kate me había aconsejado y tomar un avión a Los Ángeles. Mi chica me necesitaba. Mire a Clarie, preguntándome que hacía en Forks.

¿Qué haces aquí, Clarie?

Has tardado en hacer la pregunta. Te necesito.

¿Exactamente para qué?

Y aquí estaba yo, hablando tranquilamente con Clarie Swan. Al menos con la parte de ella que me agradaba. Cuando no estaba totalmente ebria, con la droga hasta la coronilla o gritándole a Bella. Así era desde hace tres meses. Ella parecía haber dejado cualquiera de las cosas que la hacían estar en un constante frenesí y tenía por lo menos dos meses oficialmente limpia de cualquier sustancia. Se comportaba mejor y después de asistir todos los viernes con un terapeuta recomendado por Carlisle todo marchaba mucho mejor. Incluso su relación con Bella. Ahora pasaban más tiempo juntas y solía acompañarnos los sábados mientras salíamos a Port Ángeles mientras veíamos una película, visitábamos la biblioteca favorita de Bella o mi tienda favorita de discos.

Solo necesito hablar con Alec.

El nombre de su antiguo novio me dejo pensando por largos minutos. ¿A caso necesitaba comprarle algo de drogas?

No te ayudare si se trata de ir a conseguir algo totalmente ilegal.

Uh. Uh. Deje esa mierda, Edward. Solo necesito hablar con él. Si me llevas, hablare con él y después me regresare con mi madre.

¿Renne está en Forks?

Sí, ambas regresamos ayer por la noche. Papá quería que ella arreglara algo aquí, creo que es sobre alguna cuenta bancaria de la abuela Marie. Bella manda saludos, por cierto.

Me guiño un ojo.

Medite unos segundos si debía o no ayudarla. Internamente supuse que podría hacerlo, asegurarme que no hiciera alguna cosa terrible y de paso saber un poco más de Bella.

Bien, si me estas engañando me enterare y daremos media vuelta sobre el camino. ¿A dónde necesitas que te lleve?

Seattle.

Me encogí de hombros, metiendo una de mis manos en mis bolsillos y sosteniendo mi libro de comunicación social nunca regresado a mi casillero, y joder, por ningún motivo pensaba regresar en camino solo para guardarlo. De solo pensar en tener otro encuentro con Jessica las náuseas regresaban. La próxima vez no sería tan amable. Con un movimiento de cabeza disipe todo pensamiento y guie a Clarie hasta mi auto. Extrañamente ella me agradeció cuando le abrí la puerta y también me pidió permiso para poder poner algo de música en mi equipo de música.

Toda educada y tranquila. Algo más que agradecerle a la terapia.

Pronto, los acordes de Radiohead llenaron mi auto y con ello, algún que otro tarareo por parte de Clarie.

El camino fue básicamente fácil. Paramos en una gasolinera, luego en una hamburguesería barata cuando Clarie proclamo que estaba a punto de comenzar a comerse un brazo y cometer auto canibalismo si no comíamos pronto. Finalmente y a mitad del camino ella decidió que estaba lista para charlar y que yo pudiera satisfacer mi curiosidad y urgencia por Bella.

Me conto con voz baja lo que ya había escuchado de los labios de mi padre antes. Marie tenía una salud realmente jodida y la posibilidad de un segundo infarto fatal era inminente. Por su puesto, ni Bella ni Charlie se separaban de ella, mientras que ella y Renne iban y venían del hospital. Me conto sobre lo cuerda o en ocasiones casi inconsciente que lucía la abuela Marie y lo que ya me suponía antes, para Bella estaba siendo sumamente duro ver a su abuela irse poco a poco.

—…. sí, es solo que creo que la abuela Marie siempre se llevó mejor con Bella después de que yo deje mi obsesión por el rosa chic y comencé a interesarme por los chicos. Creo que cree que soy un prostituta o algo parecido, entonces he tratado de mantenerme fuera de su camino y dejar que Bella este ahí para apoyarla. —se encogió de hombros, mirando por la ventana— De todos modos no hay mucho que hacer más que sentarse y esperar.

Cambie la velocidad del auto y maniobre con el volante para girar en una curva. Ella siguió hablando.

De todos modos estaría preparado si fuera tú, creo que de los cuatro Bella es la menos preparada para perder a Marie. Y aunque para todos seria fabuloso que ella se recuperara, eso simplemente no pasara. Bella lo sigue negando de uno u otro modo.

Aquello coincidió exactamente con lo que yo pensaba.

Ella habla como si fuera a salir del hospital y poder seguir con su vida. Incluso se enojó con papá, cuando le sugirió a mamá que volviera para organizar las cuentas y algún papeleo. De todos modos las cosas entre Charlie y Renne están un poco más que tensas últimamente, supongo que la salud de Marie nos tiene a todos con los pelos de punta, incluso a ti. Bella te extraña todos los días.

Su última frase me dio un poco de consuelo, casi como si lo poco que hacia realmente ayudara a Bella.

Realmente desearía estar ahí para poder ser un apoyo más real.

Ella sabe que es imposible que vayas a Los Ángeles. De todos modos, es casi un milagro que la escuela nos vaya a dejar hacer los exámenes en cuanto volvamos. Solo trata de no mencionar a nadie que me viste por aquí, no estoy segura de si eso podría afectarnos de algún modo.

Me sorprendió que a Clarie realmente le preocuparan ese tipo de cosas, después de todo ni siquiera me acordaba cuando fue la última vez que la vi en el instituto. Solía faltar demasiado y reprobar casi un ochenta por ciento de las clases. Me pregunte si su terapeuta era tan bueno y supuse que sí.

Cinco minutos después, finalmente estábamos entrando a Seattle. Le pedí las indicaciones de hacia dónde exactamente nos dirigíamos.

Sus palabras nos llevaron hasta un barrio bajo de la ciudad, donde los chicos se sentaban a las orillas de las aceras y fumaban marihuana. Fruncí el ceño cuando nos paramos fuera de una destartalada casa de dos pisos color naranja.

Vamos, Edward. —rodo los ojos— No todos pueden vivir en una linda casa como tú y como yo. Sé que parece que en cualquier momento alguien nos asaltara y pondrá un cuchillo en tu garganta, pero te aseguro que son personas buenas. ¿Podrías esperar un minuto aquí afuera mientras hablo rápidamente con Alec? Luego puedes llevarme al sur de la ciudad y librarte de mí.

Bien. —accedí.

Ella se bajó del auto con una última sonrisita y corrió al porche de la casa. Subió con la familiaridad de quien estuvo muchas veces en un lugar y de su chaqueta saco unas llaves. Al siguiente momento ella ya estaba dentro de la casa y la puerta cerrada.

Me recargue finalmente en el asiento. Mi dolor de cabeza disminuyo considerablemente durante el camino, sin embargo, las náuseas estaban ahí, casi como si solo esperaran cualquier estímulo para que finalmente me doblara sobre mi cuerpo y vomitara.

Deseoso de borrar la sensación subí un poco más la música y cerré los ojos. Tal vez esta noche finalmente seria valiente y hablaría con mi padre sobre mi falta de sueño. Necesitaba endemoniadamente dormir antes de los exámenes. Imagine que si insistía lo suficiente, tal vez Carlisle accediera a darme un par de pastillas para dormir. Después de que pasaron cinco minutos baje la ventanilla del auto, suponiendo que Clarie estaba alargándose un poco. A los diez minutos abrí la puerta por el sofocante calor que comenzaba a concentrarse dentro del auto y a los veinte, finalmente vomite. Agradecí que por lo menos nadie estuviera cerca y limpie mi boca con un par de servilletas que siempre guardaba en la guantera.

Fue cuando estaba intentando limpiar un poco de mi desastre en el piso cuando la puerta se abrió de un tirón. Clarie la azoto a sus espaldas y bajo las escaleras corriendo.

¡Enciende el auto!

Clarie…

El sol le dio en la cara cuando estaba a medio metro. Su mejilla izquierda tenía una pequeña marca, como si alguien la hubiera golpeado. Me grito mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas.

¡Arranca el maldito auto!

No sabía si era lo correcto o no, pero lo hice. Su pequeña figura se encorvo en el asiento, mientras sollozaba.

Partimos calle abajo.

Hija de puta. —jadeo.

¿Qué es lo que sucedió, Clarie? Me aseguraste que solamente hablarías con…

No digas su nombre —levanto sus azules ojos, llenos de una tristeza que no pude entender en aquel momento— Solo… —se sentó mejor sobre el asiente del copiloto y rebusco algo entre sus pantalones— Llévame aquí. Después puedes marcharte, de ahí en adelante me las arreglare sola.

Su pálido rostro me dijo que algo no estaba bien, sin embargo seguí conduciendo. A pesar de su constante llanto y palabras murmuradas por lo bajo. El presentimiento dentro de mi pecho creció cuando se quitó la chaqueta y comenzó a hacer arcadas.

Al parecer alguien se iba a unir al club de vomita-en-el-auto.

Rápidamente detuve el auto y ella abrió la puerta. Lo siguiente que vi fue su cuerpo inclinado entre sus rodillas. Y por los sonidos, estaba claramente vomitando. Tome algunas servilletas con las cuales yo me haba ayudado y salí del auto. Su cabello estaba alrededor de su pálido rostro mientras seguir regresando hasta su primera papilla. Lo único que pude hacer por ella más allá de dejar un par de servilletas en su mano derecha fue sostenerle el cabello, tal como mi padre lo hacía cada vez que mi madre tenía aquellas espantosas nauseas por Alice. Ni siquiera supe porque había de comparar ambas situaciones.

Finalmente, Clarie pareció parar y suspiro, aunque las lágrimas seguían cayendo. Con otro sollozo se recargo en el asiento de mi auto como pudo, mientras soltaba la chaqueta de entre sus manos y la dejaba caer sobre el vómito en el suelo.

Aquella fue la imagen más surrealista de mi vida.

Porque mientras pensaba en lo asqueroso que sería lavar aquella chaqueta o lo aparatosos que ambos parecíamos en medio de la calle o lo idiota que debía yo de verme. Mis ojos se mantuvieron clavados en un solo lugar.

El vientre de Clarie.

El muy abultado vientre de Clarie.

Y luego ella, con la mirada perdida en mi rostro. Sus ojos azules parecían vacíos mientras el maquillaje corrido en su rostro le agregaba más dramatismo al asunto.

Un segundo después llevo ambas manos a su vientre, casi abrazándolo con ternura.

Clarie…

Solo sácame de aquí, Edward. Por favor…

Asentí, avanzando hacia la puerta del piloto de mi auto y subiendo. Le pase un par de servilletas más, se asegure de que cerrara la puerta de su lado correctamente y aun que por un motivo desconocido, tome el cinturón de seguridad y yo mismo se lo puse.

Los minutos pasaron, confundiéndome cada vez más.

Clarie…

Solo. —ella cerro los ojos y se recargo en el asiento— Solo… por favor no le digas a nadie.

Sollozo.

¿Me estás diciendo que nadie sabe de esto?¿Ni siquiera Bella?

¡Bella menos que nadie!¿Sabes lo que hará en cuanto se lo mencione? Correrá y le contara a Renne y Charlie.

¡Eso no es cierto! —detuve el auto en una tienda de servicio. Me estacione rápido y me gire a mirarla.

Amas demasiado a Bella como para ver sus defectos. ¡Claro que es cierto! Y lo menos que quiero es a mi familia encima de mí, haciendo preguntas y con cara de padres decepcionados. Si hubiera querido que lo supieran, ¡se los diría!

Si tú no lo haces…

¡No te atreverías! —el color se perdió de sus mejillas completamente— ¿Cómo puedes amenazarme?¡Es mi bebe y yo decido quien sabe de él!

Claramente no sabes ni decides bien. Regresas de Los Ángeles, me pides que te lleve a un barrio de mala muerte, entras con una sonrisa y sales hecha un mar de lágrimas… —me esforcé por hablar en tono tranquilo, no menos que necesitaba ella eran más emociones. Ella… tenía un bebe que cuidar, por surrealista que pudiera sonar— Te llevare con Renne.

Renne no está aquí.

¿Me mentiste?

¿Sabes qué? —sus azules ojos se llenaron de fuego— Si, te mentí. Porque malditamente necesitaba un amigo que me acompañara, tengo los medios para llegar aquí por mi propio pie, ¡pero necesitaba de alguien! Jamás crei que fueras tan superficial, Edward Cullen.

Clarie… —intente tocarla. Rápidamente se hizo a un lado. Pego su frente al espejo de la puerta y su cuerpo se estremeció.

No necesito esto, Edward. En medio de ese barrio de mala muerte, como tú le llamas, me acaban de sacar el corazón. Tú has descubierto mi embarazo. Soy una ex drogadicta y alcohólica ¿Sabes lo que dirán mis padres?¿Lo que todas las personas dirán? Que no voy a ser lo suficientemente buena madre, no tendrá padre, que no soy nadie y no tengo nada para ofrecerle. —su voz disminuyo, hasta casi ser un susurro— Me he esforzado para ser suficiente. Nunca basto.

¿Qué ha pasado? Saliste corriendo.

Pensé que podría arreglarlo, decirle a Alec y tener una verdadera familia. Y si eso no sucedía, entonces él podría ser un participante activo en la educación de nuestro bebe, pero el…

¿Él que?

No es lo correcto. Alec nunca quiso ser padre, nunca lo ha mencionado. Fue un error, un descuido mío. Ahora, él está muy feliz con su nueva conquista. Eso está bien para mí, no es la primera vez que alguien me traiciona, ¿sabes lo que más duele? De él lo esperaba, de otras personas no.

Supuse que se refería a mí.

¿Qué puedo hacer para ayudarte?

Giro su rostro finalmente. Sus labios pálidos, mejillas mojadas y ojos rojos hicieron un contraste escalofriante en su rostro. Parecía… rota.

Aquella fue la primera vez y no la última, que vi a Clarie Swan caer en mil pedazos frente a mis ojos.

Solo necesito tiempo, un poco de tiempo.

Y yo acepte, dispuesto a darle el tiempo que necesitara. Sin embargo, ninguno de los dos sabía, que sentados en aquel coche mientras ella lloraba, el tiempo se terminaba.

Para ambos.

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"Pero yo soy un desgraciado. Soy un bicho raro. ¿Qué diablos estoy haciendo aquí? No pertenezco aquí. No me importa si hiere."

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Hagan sus apuestas sobre lo que paso y prepárense, porque estamos a punto de descubrir como sucedió toda esta situación. Este es solo el comienzo y como vemos, algo pasó con Clarie ¿Y ahora? ¿Dónde está ese bebé que debería tener casi la misma edad que Thomas?

Déjenme saber sus opiniones, preguntas y sugerencias en los reviews. Y recuerden que #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.